Jueves, 03 de abril de 2008

Terrorismo mediático: la guerra perdida
Por: Marlon Zambrano
Fecha de publicación: 02/04/08


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Los contenidos informativos que diariamente se distribuyen por el mundo, se encuentran monopolizados por las grandes corporaciones de los países más industrializados que participan en un amplio espectro de actividades comunicacionales globales. Unos 500 gigantes controlan aproximadamente el 70% del comercio mundial, lo cual se refleja en la producción y control de insumos culturales como la televisión, el cine, la prensa, la publicidad, la industria del disco, patrimonios de los colosos del entretenimiento que cada día amplían más sus dominios en el desenfreno de las llamadas megafusiones.

En los últimos 15 años las comunicaciones mundiales se digitalizaron, consolidaron, desregularon y globalizaron (implícito en el término globalización está la supremacía de lo trasnacional sobre las formas nacionales y locales de economía, sociedad, política y cultura) al hilo del cambio de dirección desde las regulaciones del Estado a las del mercado.

El flujo informativo es unidireccional y sobre todo, muestra una clara subordinación del Sur al Norte, en palabras del investigador español Fernando Quirós. Pese a los esfuerzos del informe MacBride a favor del libre flujo de la información "equilibrado", desde mediados de los '80 reinan en el planeta tres grandes agencias noticiosas: AP, AFP y Reuters, además de agencias intermedias como ANSA, DPA, EFE, Canadinpress, mientras que sólo una agencia, la IPS, tiene la idea de informar sobre procesos sociales, buscando contextualizar la información.

Además, las grandes corporaciones globales de medios de USA y Europa que tienen una presencia mundial y consolidan y extienden esa presencia, como son News Corporation de Murdoch, AOL Time Warner, Walt Disney Co., Bertelsmann AG, Viacom y Vivendi Universal, entre otras pocas, extienden bajo su poder una amplia gama de especialidades productivas que pasan de la industria cultural a los electrodomésticos e insumos para armamentos.

"El sistema de Información Internacional tiene las mismas simetrías y asimetrías del sistema económico internacional: los recursos están desigualmente repartidos; la propiedad está cada vez más concentrada; los flujos principales son unidireccionales y benefician al primer mundo" señala Quirós.



Terrorismo global

La irrupción de la globalización ha puesto de relieve una visión que no alude sólo a la internacionalización económica movida por el neoliberalismo, sino también a un estadio post-industrial en el cual las líneas de montaje y la propiedad pierden su ímpetu frente a la creciente marcha de la sociedad de la información, mientras que los Estados-Naciones dan muestras de un protagonismo menos relevante, y el mercado, a los fines prácticos, se convierte en el modelo lógico para toda acción humana.

"Fundamentalmente -explica Joseph E. Stiglitz en su obra El Malestar en la Globalización- la globalización es la integración más estrecha de los países y los pueblos del mundo, producida por la enorme reducción de los costes de transporte y comunicación, y el desmantelamiento de las barreras artificiales a los flujos de bienes, servicios, capitales, conocimientos y (en menor grado) personas a través de las fronteras (...) La globalización es enérgicamente impulsada por corporaciones internacionales que no sólo mueven el capital y los bienes a través de las fronteras sino también la tecnología".

La lógica de este proceso, resumida en la expresión "libre competencia", se adecua a los parámetros esbozados por el nuevo orden económico neoliberal, el cual tiende a eliminar las fronteras de los Estados-Naciones, con un lenguaje globalizador que asume y entiende lo cultural como la permanente búsqueda del equilibrio entre lo universal y lo regional; al fin y al cabo, lo importante es entrar en el juego de la oferta y la demanda, apartando cualquier noción "rancia" del territorio, lo cual, según Ignacio Ramonet, no ha hecho sino abrirle espacio a una minoría de grupos poderosos en detrimento de la escala nacional.

Este estado de cosas encuentra fuertes críticos, incluso provenientes de sus propias fauces. Stiglitz, premio Nóbel en economía 2001, profesor de la universidad de Columbia, ex asesor económico del gobierno de Bill Clinton y quien también ha sido economista jefe y vicepresidente senior del Banco Mundial, no tiene dudas en darle razón a los críticos de la globalización cuando señalan de "hipócritas" a los países occidentales: "Forzaron a los pobres a eliminar las barreras comerciales, pero ellos mantuvieron las suyas e impidieron a los países subdesarrollados exportar productos agrícolas, privándolos de una angustiosamente necesaria renta vía exportaciones (&hellipGui?o la globalización actual no funciona. Para muchos de los pobres de la tierra no está funcionando. Para buena parte del medio ambiente no funciona. Para la estabilidad de la economía global no funciona".

En el marco de la globalización, los grandes grupos de la Tríada (Estados Unidos-Unión Europea-Japón), mantienen una presencia planetaria, sobre todo Estados Unidos, aprovechando la desreglamentación de las economías, convertidos en actores fundamentales en todos los países y copando partes significativas de sus mercados. Y lo han logrado de tal manera, que no se puede desvincular el desarrollo del siglo XX y lo que va del XXI sin marcar la tremenda incidencia de la hegemonía norteamericana en el concierto de las naciones.

En tal sentido, tal como concluyó el foro alternativo realizado en Caracas frente al encuentro semestral de la SIP, el terrorismo mediático es la primera expresión y condición necesaria del terrorismo militar y económico que el Norte industrializado emplea para imponer a la humanidad su hegemonía imperial y su dominio neocolonial. A la vez, es su arma más poderosa y definitivamente un escenario donde hasta ahora tenemos la guerra perdida.



Los antivalores

Utilizando los medios masivos de comunicación se crea un patrón del "buen vivir", se estandarizan las marcas y se homogenizan las aspiraciones, configurando elites y clases medias globalizadas que siguen los mismos estilos de consumo, mostrando preferencias por las mismas marcas globales. Los viajes de turismo, las visitas a Disney World, los paseos por los "shopping-centers", forman parte de un mismo imaginario. Grupos de clases medias mundializadas pueden así aproximarse, comunicarse entre sí, compartir los mismos gustos, las mismas inclinaciones y antivalores, sectores altamente permeables que pueden ser fácilmente penetrados por la propaganda antinacional. Esto es aún más común en los territorios urbanos, en las metrópolis, en donde la "marca" expuesta convierte al individuo que la ostenta en portador de una identidad colectiva con la cual le resulta imposible destacar, pero le ayuda a pertenecer, al menos de forma ficticia: utilizar las mismas marcas es reconocerse en lo mismo, es comunicarse por medio de un símbolo.

Se entiende que la incertidumbre genera miedo, y eso, en el mercado de valores es un signo de desestabilización, por lo que no es difícil entender que lo que la globalización (financiera, cultural, etc.) necesita es uniformar los gustos y saberes, que permitan penetrar fácilmente en el consumidor promedio. Los indicios de este supuesto son aplastantes en la publicidad y el mercadeo.

Este andamiaje le permite a Estados Unidos exportar numerosos mensajes culturales (noticias, películas, música, moda, programas televisivos, etc.) e incluso sus propios sistemas de comunicación (agencias de publicidad, estaciones radiofónicas y televisivas, periódicos y revistas). La asimetría es tan grande que los países dominantes logran tener la propiedad o por lo menos el control de muchos de los medios masivos de comunicación en los países en desarrollo, y más que nada imponer sus valores, en detrimento de los valores de identidad local que gracias al influjo mediático y al corpus teórico que suele acompañarle, no pasan de ser el producto maniqueo y folclórico de las tierras exóticas del sur.

El terrorismo mediático es quizás la forma más aplastante -por quirúrgica y aséptica- de dominación imperial, la cual hoy igual que ayer domina prácticamente todos los espacios del acontecer público, con la salvedad de grupos progresistas impulsados por el Gobierno que están intentando construir modelos alternativos, con mucha dificultad y torpeza para imponerlos.
Evolución hacia una sociedad socialista Por Blasapisguncuevas.

Tags: terrorismo, evolución, corporaciones, televisión, cine, prensa

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