SOCIALISMO Y COMUNISMO.
DEL PRIMER TEXTO ES AUTOR IRING FETSCHER
Por socialismo y comunismo deben entenderse aquí las dos formas de sociedad por las que, en último término, se lleva a cabo la revolución proletaria, y que encuentran en ella su justi- ficación. Marx y Engels se negaron siempre a hacer afirmacio- nes de detalle sobre esta sociedad futura, pero han dado, sin embargo, —aunque esparcidos— suficientes puntos de apoyo para poder al menos reconstruir los rasgos fundamentales. Como introducción he elegido una serie de textos de Gracchus Babeuf, Robert Owen y del Saint-Simonismo conocidos por Marx y Engels y que podrían haber influido tanto en ellos como en los socialistas posteriores. Los pocos pasajes de refe- rencia aducidos no pueden proporcionar, desde luego, más que indicaciones: naturalmente, se podrían añadir también otros autores como Fourier o Dézamy. En Marx y Engels leemos que la sociedad socialista del futuro no tendrá clases, ni divi- sión del trabajo ni orden político (estado), que en ella existirá para todos la posibilidad de desarrollar libre y comprensiva- mente sus aptitudes. Ya hemos visto, en el primer tomo, que, para Marx, en la futura sociedad sin clases se acabará la oposición entre ascesis y moral, porque cada hombre sentirá la necesidad espontánea de obrar en la manera que resulte provechosa tanto para él como para los demás hombres. Frente a esto. Engels se inclinaba más bien por la tesis de que en la sociedad futura comunista se produciría una máxima (y óptima) moralización de las personas que convertiría en super- flua toda regulación externa impuesta. Probablemente, tam- bién Lenin esperaba para este. tiempo una "planificación de la moral" y en otro texto —citado más adelante— habla de que "los hombres se habrán habituado" a respetar las reglas fun- damentales de la convivencia social. El cambio del hombre en la sociedad comunista futura su- puesto por Marx tenia claramente mucho mayor alcance que 305
las moderadas esperanzas de Engels y. y sobre todo, de Lenin. Para Karl Marx se convierte en superflua no solo una ordenación externa impuesta, sino también toda imposición interior (fren- te a la propia "Naturaleza") y se supone como fin del proceso una armonía espontánea entre los hombres esencialmente buenos": para Engels y Lenin (y más claramente todavía para sus seguidores), la moralización radical, en el mejor de los casos, hace superflua la regulación externa de la convivencia Y aunque para Marx (como para Engels) la meta consistía en la creación de un "imperio de la libertad", ambos recono- cieron. sin embargo, como etapa intermedia insoslayable en el camino hacia él, una fase de la dictadura del proletariado, la "etapa inferior de la sociedad comunista", "el socialismo" en la que muchas de estas formas plenas de libertad no estarían todavía realizadas. Sobre todo en su Crítica al Programa de Gotha, Marx pone en claro esta diferencia y acentúa la necesidad de este "período político de transición" como un correlato de la transición económica del capitalismo al comu- nismo. En la primera fase los medios de producción pasan ya efectivamente a ser propiedad de la comunidad, pero los bienes de consumo son distribuidos todavía de acuerdo con normas jurídicas burguesas (formalmente, igualdad), según la cantidad (¿y calidad?) del trabajo. Otro tipo de repartición no es —debido a la insuficiencia de la cuantía de la producción— en absoluto posible todavía. El estado (como "aparato de opresión") es tan necesario para asegurar esta desigualdad tác- tica (con una igualdad puramente formal) como para someter a los antiguos opresores (los "capitalistas" y sus aliados en la pequeñoburguesía y en la Intelligenz). Sobre todo Lenin, en su obra El Estado y la Revolución, conecta aquí y convierte este aspecto de la teoría marxiana en el fondo de anclaje de su concepción acerca de la "dictadura del proletariado" que, de hecho, se transformó en una dominación de los jefes del partido. La sociedad comunista, según Marx, será sólo realiza- ble cuando se produzca lo suficiente como para que "cada uno" pueda recibir "según sus necesidades" y trabaje volunta- riamente "de acuerdo con sus capacidades". Tanto lo uno como lo otro presupone —como subraya Lenin— un cambio en los hombres, que deben abandonar el horizonte de provincia- nos egoístas característico todavía hoy en la mayoría (y, por tanto, también en los obreros). Aquí nos encontramos otro tema de la primera parte: la "superación de la alienación", la esencia del hombre de una "sociedad no alienada", en la que cada uno se afirma y se realiza a si mismo, al mismo tiempo
que sus relaciones con los demás, por medio del trabajo (Cf. Pp. 88-90 del original alemán). En Karl Kautsky y August Bebel nos encontramos con des- cripciones más o menos originales de la futura sociedad socia- lista-comunista. entre las cuales produce simpatía la fórmula kautskyana: "comunismo en la producción material, anarquis- mo en la espiritual", porque anticipa lúcidamente el peligro de la "planificación" de la producción incluso intelectual y artísti- ca. En Kautsky —y más claramente aún en Leon Trotski— se encuentra también la idea de los hombres de esta sociedad futura, en comparación con nuestros coetáneos, serán super- hombres capacitados para realizaciones inconcebibles. "El tipo humano medio se elevará al nivel de un Aristóteles, un Goethe, un Marx. Tras esta cordillera sobresaldrán las nuevas cum- bres" (Trotski). A este respecto, piensa Trotski también en cambios biológicos. Y August Bebel piensa, en este mismo contexto, en los grandes genios que han sido anticipaciones de aquello que. bajo mejores condiciones de vida, podría surgir de todo el conjunto de la Humanidad. Eduard Bernstein —igual que los demás reformistas— no se ha representado una "sociedad comunista del futuro". En lugar de esta prognosis nos encontramos en él con la predic- ción de un estado de cosas de armonía social, conseguido por medio de reformas y compromisos y que posibilitará la "decadencia del parlamentarismo". En medio de tantas visio- nes entusiásticas del futuro, su prognosis aparece como relati- vamente realista. Por lo menos ha previsto muy bien, hace casi cincuenta años, algunos rasgos de las sociedades actuales. Con Lenin ponemos de nuevo firmemente los pies sobre el suelo de la historia. Su interés fundamental es la justificación de la constitución soviética (según el modelo de la Comuna de París, recomendada en 1871 por Marx y en oposición al parla- mentarismo encarecido en 1895 por Engels). Lenin desvaría, sin embargo, cuando supone que ya en la sociedad capitalista de transición podría prescindirse de los funcionarios de profesióm porque las funciones administrativas en las empresas estatales (como Correos) y en la gran industria se habrían simplificado tanto, que todo el que supiera leer y escribir podría compren- derlas. La famosa "fregona" de Lenin, que hace superfluo el aparato administrativo, se mostró.como un error enorme- mente peligroso. En tanto que se tratará de problemas referen- tes a la conquista y consolidación del poder —es decir, proble- mas de la revolución proletaria— era Lenin excepcionalmente clarividente y mucho más realista que sus camaradas; pero se 307
equivocó al calibrar las posibilidades futuras, y los intentos desesperados de los últimos años de su vida por contener la burocratización que amenazaba con imponerse por medio de un "control" (igualmente burocrático) "de obreros y campesi- nos". terminaron al fin en la resignación. Rusia se convirtió en la "utopia burocrática". Mientras que Lenin partía todavía de que las formas de ad- ministración se habían simplificado tanto que ya no sería nece- saria ninguna capa especial de funcionarios de profesión, Nikolay Bucharin, que al menos reconoce en el presente sovié- tico (1922) "gérmenes de clase" en una nueva clase rectora, cuenta con una "superproducción" de administrativos merced a los acrecentados esfuerzos de la sociedad soviética en pro de la educación. Este exceso de oferta de administrativos adecua- damente formados haría imposible toda situación privile- giada de esta capa. Con ello se habría refutado también la tesis, sostenida por Robert Michels, de que en toda democracia se llega necesariamente al surgimiento de una oligarquía de los dirigentes. Para no hacer surgir la impresión de que únicamente el camino de la Unión Soviética puede conducir al socialismo y al comunismo, añado un texto de Karl Korsch en el que se reco- miendan otros métodos de socialización y de democracia socia- lista, para los mismos trabajadores más efectivos y sensibles. Algunos de ellos han surgido de forma semejante en Yugosla- via después de 1948. mientras que el acuerdo con Lenin (la idea de los consejos) se limita únicamente a lo superficial. La idea que el marxismo crítico actual se hace de los rasgos fundamentales de una sociedad comunista futura realmente libre aparece en las manifestaciones de Herbert Marcuse citadas en la primera parte (p. 276 ss del original alemán).
GRACCHUS BABEUF
"Explicación de la doctrina de Babeuf. que fue desterrado por el Directorio gobernante porque dijo la verdad. ART. I: La naturaleza ha dado a cada hombre el mismo derecho al goce de todos los bienes. Pruebas tomadas de la dis- cusión que ha dado ocasión para este escrito: 1. Antes de sus primeras aproximaciones, todos los hombres eran de la misma manera señores de los productos que la natu- raleza repartía pródigamente entre ellos. 2. Tan pronto como los hombres se acercaron entre sí sobre
una tierra sin cultivar, ¿qué pudo provocar entre ellos la desigualdad de este derecho? ¿Acaso su natural desigualdad/ Todos tienen los mismos órganos. ¿Quizá la dependencia de los unos con respecto a los otros? Pero ninguno era lo suficien- temente fuerte como para someter a su prójimo. 3. Si las familias fueron los primeros modelos de la comuni- dad también constituyen las pruebas más claras del derecho de que estamos hablando. La igualdad era en ellas la garantía de la ternura de los padres, de la armonía y la dicha de los hijos... 4. En los primeros contratos tuvo que ser sancionada la más rigurosa igualdad; pues ¿qué pudo hacer que aceptasen priva- ciones y sometimientos las gentes que hasta entonces habían sido enemigas de toda diferencia? 5. El olvido de la igualdad ha producido entre los hombres: —las falsas ideas de la felicidad. —la decadencia de la especie. —las violencias, trastornos, guerras. —la tiranía de los unos y la opresión de otros. —las instituciones civiles, políticas y religiosas que aprue- ban la injusticia y que, al final, disuelven las comunida- des. después de haberlas desgarrado largo tiempo... Si la igualdad de los bienes es una consecuencia de la igual- dad de nuestros órganos y de nuestras necesidades; si la des- gracia general y personal, si la corrupción de las comunidades son efectos necesarios de los ataques contra esa igualdad, ésta es, pues, el derecho natural. ART. 2: El objetivo de la comunidad es defender esta igual- dad atacada frecuentemente, en su estado natural, por los fuertes y los malos, y aumentar, por medio de la colaboración de todos, los goces de la vida comunitaria... ART. 3: La naturaleza ha impuesto a todos el deber de traba- jar; nadie ha podido, sin crimen, librarse del trabajo. Pruebas: I. El trabajo es una ley natural para todos. a) Porque el hombre que vive aislado en el desierto no podría procurarse su manutención sin algún tipo de trabajo. cool.gif Porque la actividad provocada por el trabajo comedido es una fuente de salud y de distracción para el hombre. 2. Esta obligación no pudo ser debilitada por la comunidad, ni para todos ni para uno solo de sus miembros. a) Porque su conservación depende de ello. cool.gif Porque el esfuerzo de cada uno es el menor posible cuando todos toman parte de ello. ART. 4. Los trabajos y los goces deben ser comunitarios. Explicación: Es decir, que todos deben responsabilizarse de 309
una parte igual del trabajo y recibir por ello una misma cantidad de disfrutes. ART. 5: Existe opresión cuando el uno perece debido al traba- jo y a la carencia de lo más necesario mientras el otro nada en la abundancia sin hacer nada. Pruebas: 1: Desigualdad y opresión significan lo mismo. Si el oprimir a alguien significa infringir una ley, entonces los sobrecargados por la desigualdad son oprimidos, porque la desigualdad infringe la ley natural a la que no deben enfrentarse las leyes humanas. 2. Oprimir quiere decir, o bien limitar las capacidades de alguien o bien multiplicar sus cargas. Eso es precisamente lo que hace la desigualdad al disminuir los goces de aquél cuyas obligaciones multiplica. ART. 6: Nadie puede, sin cometer un delito, apropiarse con exclusividad de los bienes de la tierra o de la industria... ART. 7: En una auténtica comunidad no puede haber ni ricos ni pobres. ART. 8: Los ricos que no quieren renunciar a su abundancia en favor de los indigentes, son los enemigos del pueblo. Art. 9: Nadie puede, por medio de la acumulación de todos los medios, privar a otro de la enseñanza necesaria para su dicha. La enseñanza debe ser comunitaria. Pruebas: I. Esta acumulación priva a los hombres que tra- bajan incluso de la posibilidad de conseguir los conocimientos necesarios a todo buen ciudadano. 2. Aunque el pueblo no necesita una formación desorbita- da. sí la necesita en cierta medida, para no convertirse en ta presa de los sabihondos y de los falsos sabios. Es importante que conozca exactamente sus derechos y sus obligaciones. ART. 10: El objetivo de la revolución consiste en eliminar la desigualdad y restaurar la dicha general... ART. 11: La Revolución (desde 1789 ss. I.F.) todavía no está terminada, porque los ricos se apoderan de todos los bienes y ordenan con exclusividad, mientras que los pobres trabajan como verdaderos esclavos, se consumen en la miseria y no tienen ninguna intervención en el estado." (Cit. por: Ph. Buonarotti, Babeuf y la conspiración por la igualdad (alemán de A. y W. Blos). Stuttgart, 1909; Piezas probatorias: 1. Expli- cación de la doctrina de Babeuf. Pp. 307-314).
ROBERT OWEN En un ambiente bueno los hombres se hacen buenos
"Las causas de acciones malas y criminales no radican, evi- dentemente, en la naturaleza de los hombres individuales, sino en el sistema según el cual son educados y en las circunstancias en las que viven. El experimento descrito muestra que esto no es hipótesis ni teoría: los principios aplicados por primera vez en New Lanark, invariablemente durante dieciséis años, en las circuns- tancias más descorazonadoras, tuvieron como efecto un cam- bio total en el carácter de la aldea, que tenía 2.000 habitantes y un crecimiento constante debido a los forasteros que llegaban. Educad a un pueblo en la razón, y será razonable. Procu- radle trabajo decente y útil, y lo preferirá a las actividades inútiles y nocivas. El procurar una educación y un trabajo tales es el mayor interés de todo gobierno, y ambas cosas son fácil- mente posibles. La educación debe ser asegurada por un sistema nacional de la formación del carácter. La creación de trabajo ha de ser conseguida, cuando la demanda general no corresponda a la oferta, por medio de reservas de trabajo, es decir, el gobierno ha de tener tareas útiles a la nación a disposición de los traba- jadores desocupados". (Robert Owen y el socialismo, P. 66). La preocupación por el trabajo y por los trabajadores, deber de los gobiernos "El trabajo humano es la fuente de todos los ingresos; sin embargo, es malgastado de la forma más absurda. • Este despilfarro constituye no sólo una mala política nacio- nal, sino también una crueldad enorme contra los inmediata- mente afectados, a los que deja sin trabajo. En lugar de tener esto en cuenta, se contentan con leyes cuyos resultados hablan de un lenguaje inconfundible y dicen a aquellos a los que se priva de protección y formación: Seguid siendo ignorantes y dejad que vuestro trabajo sea dirigido por esta ignorancia; mientras que con ello podáis pro- curaros la más estrictamente necesaria manutención, no nos preocuparemos de vuestro hacer o dejar de hacer, aunque viváis en la pobreza, en la enfermedad y en toda clase de mise- ria; si no podéis procuraros trabajo suficiente como para libra- 311
ros de morir de hambre, ello atañe entonces a la protección co- munitaria y deberéis ser mantenidos en el ocio. Y sin embargo, una leyes y unas medidas educativas meditadas y adecuadas podrían poner a todos los hombres en disposición de producir más de lo que necesitan para su propia manutención y disfrute de la vida. " También la productividad de la agricultura puede aumentarse infinitamente "Malthus tiene razón en la afirmación de que la población del mundo se adecúa siempre a la cantidad de alimentos que produce para su manutención; pero con ello no nos dijo cuán- tos mas medios de alimentación obtiene del mismo suelo un pueblo inteligente y trabajador que otro desconocedor y mal dirigi- do. Y sin embargo, la relación es la de uno con el infinito El hombre todavía no es consciente de su ilimitada capacidad para la producción de alimentos. En los últimos tiempos ha experimentado un gran incremento, y sin embargo se encuen- tra todavía dando sus primeros pasos. Todavía es imprevisible en qué magnitud podrá multiplicar la Química nuestra alimentación. E incluso sin eso se puede afirmar tranquilamente que la población puede multiplicarse naturalmente durante muchos siglos todavía, sin que la necesidad v la corrupción tengan que frenar su crecimiento. Con la aplicación de los principios expli- cados. el trabajo humano podrá producir mucho más de lo que es necesario para mantener el conjunto de toda la población en el mas alto bienestar". (Op. cit., p. 73 s).
Sentido comunitario en lugar de provecho individual, principio del bienestar del pueblo.
"La opinión tradicional de los economistas oficiales ha sido y es que el hombre cuida mejor de sí y más ventajosamente para la comunidad si se le abandona a la pugna individualista con sus semejantes que si se conectan, por medio de instituciones de ca- rácter social, al interés individual y al común. El provecho individuales, para los más famosos economistas oficiales, la piedra angular de la economía del pueblo, sin la cual no puede existir la comunidad, aunque en realidad el orden social actualmente existente, basado sobre él, es el más antipolítico, carente de sentido e inmoral que se pueda pensar. Existe una doctrina de vía estrecha más contraria a la verdad 312
que cualquier otra, a saber; que el interés individual, tal como ahora es entendido, es socialmente más ventajoso que la reci- procidad y camaradería. Hasta ahora, los hombres sólo conocen la acción individual para la defensa de su vida y la aniquilación de otros en la guerra; desde ahora, una necesidad no menor hará forzosa la producción comunitaria de bienes para la conservación de su vida en la paz. El sistema de los intereses en liza ha alcanzado la cima de la estupidez y de lo absurdo: en medio de las más grandes posibilidades de crear riqueza, todos se encuentran o bien en la pobreza, o bien directamente amenazados por sus efectos. En teoría, se admite que los hombres son el producto de su entorno; pero precisamente la ciencia que trata del influjo del entorno sobre los hombres, la más importante de todas las ciencias, es la que deja completamente de lado la vida prácti- ca. La plena realización de sus conocimientos ha de mostrar que es más fácil unir a los hombres para objetivos pacíficos y' civiles que para grandes preparativos bélicos. En el sistema actual existe una clara línea de separación entre las fuerzas intelectuales y el trabajo productivo. Los inte- reses privados están en oposición constante con el bien común, Y en toda nación se enseña a los hombres desde la niñez que su bienestar es incompatible con los progresos del bienestar de otras naciones. Estos son los caminos por los que la antigua sociedad buscaba la consecución de los apetecidos medios de vida. Los nuevos principios se orientan hacia una praxis totalmen- te opuesta. Lo que pretenden es unificar en los trabajadores todo el conjunto de sus capacidades intelectuales y corporales, identificar plenamente el interés particular y el comunitario; quieren educar a las naciones para que comprendan que su poder y su dicha sólo pueden desarrollarse plena y naturalmen- te por medio de una adecuada multiplicación del poder y la dicha de las demás naciones. Estas son las auténticas diferen- cias entre lo que es y lo que debería ser". (Op. cit., p. 111 s). "La ciencia del influjo del entorno sobre la Humanidad hará reconocer a todas las naciones no sólo el carácter nocivo de las guerras, sino también su estupidez. De todos los métodos humanos para conseguir ventajas en el estado actual de la so- ciedad. la guerra es el que con más seguridad hace fracasar sus objetivos. Es el sistema de la desmoralización y destrucción inmediatas, mientras que el mayor interés de todos los indivi- duos y de todos los países está en levantar la moral y en la pro- 313
pía conservación. Los hombres no pueden ser llamados seres racionales mientras no hayan encontrado y pisado los caminos que posibiliten el seguir adelante sin guerras". (Op cit p.118).
"El hombre fue hasta ahora esclavo de una trinidad de los más tremendos males: propiedad privada, sistemas religiosos irracionales y el matrimonio, sobre la base de los otros dos. Es difícil decir a cuál de estas grandes fuentes de sufrimientos y crímenes corresponde el primero o el último lugar. Esta terrible tríada es el único demonio que puede haber martirizado a la Humanidad. La revolución que ahora hay que llevar a cabo está encami- nada a la destrucción de la hidra del mal. Las muchas pobres y miserables criaturas deben dejar ya de ser dependientes de los pocos ricos y poderosos, el hombre no debe ser más un idiota supersticioso que siempre muere del estúpido miedo a la muerte. De ahora en adelante, nadie debe unirse con el otro sexo por avaricia, ni prometer lo que no está en su poder realizar. El mal triplemente terrible ha sido exteriormente adornado con el mayor lujo para mantener a la masa en el temor y para impe- dirle ver el negro veneno que había bajo esa máscara. Fue necesaria la Inquisición, con la ayuda de la terrible y absurda palabra "sagrado", para mantener a los hombres durante tanto tiempo en la esclavitud espiritual y lejos del descubri- miento del engaño". (Op. cit., p. 126) La clase trabajadora como reformadora de la sociedad. "De la energía y la unidad de las clases trabajadoras es de lo que tenemos que esperar la realización de nuestros planes. El pueblo ha descubierto por fin el gran secreto; que él mismo es el auténtico creador de riqueza. Los gobiernos y la aristocracia de Europa poseen el viejo y caduco poder sobre la sociedad y, durante corto tiempo, podrán mantenerlo todavía en gran medida, en el supuesto de que se unan estrechamente entre sí. Pero el pueblo empieza ahora a adquirir los conocimientos que posibilitarán también su unificación, la resistencia al poder de la aristocracia y el cambio total de la situación actual de la sociedad. Dos poderes muy fuertes están, pues, implicados en el pro- ceso. Los individuos de estos dos bandos viven en unas condi- ciones que les obligan a pensar y a sentir que sus intereses se encuentran en rigurosa oposición. Las clases altas pueden 314
tener la seguridad de que las bajas no se harán ya marinos ni soldados más que por objetivos nacionales y racionales y de que, en lo sucesivo, esperan auténticos conocimientos por parte de los que dirijan sus asuntos. Las clases medias pueden estar igualmente seguras de que su actividad de repartición de bienes y de enseñanza será sustituida por instituciones muy superiores, regidas por las clases trabajadoras, que muy pronto llegarán a poseer más conocimientos de los que actualmente poseen las tres clases juntas. El poder y la dirección de los asuntos humanos no pertene- ció a los no-productores durante largo tiempo, pero pronto pertenecerá a los productores. Hasta ahora, en todos los tiempos y en todos los países, la sociedad no ha sido más que un caos. Nunca ha sido concebida como objeto de la ciencia. Jamás se hizo ni siquiera el más leve intento de introducir orden y sistema en las instituciones para la unificación de los hombres. Frente a ello, la nueva ciencia de la sociedad se propone la clarificación de este caos. Sus elementos son: 1. El conocimiento de las leyes de la naturaleza humana; que muestran al hombre como un ser social; 2. el conocimiento de los principios correctos de la producción o de la creación suficiente de lo razonablemente necesario a la comunidad en la mejor calidad y con el más corto y más agra- dable trabajo; 3. el conocimiento de la mejor y más ventajosa distribución de bienes; 4. el conocimiento de la mejor educa- ción; 5. del mejor modo de gobierno; 6. la unificación de los diversos elementos de la ciencia de la sociedad en un sistema general". (Op. cit.. p. 133 s). SAINT—SIMONISMO Economía planificada socialista como ideal del futuro. "No queremos afirmar que la Humanidad, después de haber alcanzado ese estado, no pueda progresar más; al contrario, entonces se acercará más rápidamente que nunca a su planifi- cación: pero esta época tendrá para ella un carácter definitivo, en cuanto que habrá realizado la constelación política más favorable para el mismo progreso. El hombre querrá amar y conocer más, y por ello tenderá a asimilar cada vez más perfec- tamente el mundo exterior: en el campo de la ciencia y de la producción industrial se conseguirán cada día cosechas más ricas que le proporcionarán la posibilidad de dar a su amor 315
una expresión todavía más imponente: extenderá constante- mente el campo de acción de su inteligencia y de su fuerza físi- ca... pues la vía de sus progresos es ilimitada (indefinida). Pero la combinación social que fomenta al máximo sus progresos morales, intelectuales y físicos y bajo la que cada individuo, sea cual sea su nacimiento, será amado y considera- do, y recompensado según sus obras, es decir, según sus esfuerzos en pro de la mejora moral, intelectual y física de la situación de las masa, y, por tanto, también de su propia mejora, esta combinación social que mantiene a todos en cons- tante desarrollo en las tres direcciones descritas, ya no es sus- ceptible de ninguna corrección que la mejore. Con otras palabras: la organización futura será definitiva, porque sólo entonces estará organizada la sociedad directamente para el progreso." (La doctrina de Saint-Simon (exposition premiére année 1829). Nueva ed., Bouglé y Halévy, París, 1924, p. 221 s). La eliminación de la propiedad privada de los medios de pro- ducción, una exigencia de los moralistas. "El objeto de nuestra investigación... será la explotación del hombre por sus semejantes, representada y continuada hoy por las relaciones entre propietarios y trabajadores, entre patrones y asalariados; podremos observarla en los hechos que la domi- nan y que son su causa directa: en la institución de la propie- dad. en su transmisión entre las familias por medio del dere- cho hereditario." (Op. cit., p. 243) "Hoy día se ha hecho necesario un último cambio: en primer lugar, corresponde al moralista prepararlo, luego será el legis- lador el que tenga que imponerlo. La ley del progreso, cuyos efectos pudimos observar, tiende a la constitución de un orden de cosas, en el que ya no las familias, sino el estado... hereda- rá las riquezas acumuladas... en la medida en que constituyan medios de producción..." (Op. cit., p. 248). 'Si la Humanidad —tal como nosotros proclámanos— camina hacia un estado en el que todos los individuos serán clasificados según sus capacidades y recompensados según sus obras, entonces, evidentemente, la propiedad, tal como ahora existe, ha de ser erradicada, ya que proporciona a una clase de hombres la posibilidad de vivir en pleno ocio del trabajo de otros y mantiene a la parte más útil de la población, la que trabaja y produce, en total dependencia de aquél que sólo sabe destruir. Bajo este punto de vista, podemos considerar el 316
cambio anunciado como legitimado por el derecho divino o natural, pues a los ojos del hombre religioso todos los hombres son miembros de una familia y por ello no deben explotarse los unos a los otros, sino amarse y apoyarse mutuamente; y a los ojos del partidario del derecho natural, la "naturaleza de las cosas" incita a los hombres a la libertad y no a la más cruel de todas las esclavitudes, la de la necesidad, ni al más injusto de los despotismos, aquél que se fundamenta en el simple azar del nacimiento, sin legitimación por medio del trabajo, de la capa- cidad o de la moral". (Op. cit., p. 255 s). "Trasladémonos a un nuevo mundo. Allí ya no son propie- tarios, capitalistas aislados, ajenos a los hábitos del trabajo industrial, los que determinan la elección de las empresas y el destino de los trabajadores. Una institución social lleva a cabo esas funciones, tan mal realizadas hoy día; ella es la deposita- ría (dépositaire) de todos los intrumentos de producción, ella dirige todo el conjunto de la producción material, y posee, por tanto, una visión de conjunto que le permite abarcar simultá- neamente todas las partes de la totalidad de la actividad industrial... Por ello puede darse cuenta tanto de las necesida- des particulares como de las generales, y enviar fuerzas de trabajo y medios allí donde son necesarios; en una palabra, está en disposición de dirigir la producción, de ponerla de acuerdo con las necesidades y de confiar las fuerzas de trabajo a los industriales más merecedores de ello, ya que constante- mente intenta conocer sus facultades y se encuentra en la mejor situación para desarrollarlas. En... este nuevo mundo todo está cambiado, todo ha adqui- rido otro aspecto; existen garantías morales e intelectuales exactamente igual que las materiales; el trabajo es realizado de la mejor manera que el estado de la humanidad lo permite; el círculo de los hombres que pueden contar con llegar a ser jefes, dirigentes de empresas industriales, abarca ahora a toda la Humanidad; las oportunidades de una buena elección se multiplican y son mejorados los medios para conseguir la elección correcta; el desorden que resultaba de la general carencia de comprensión y de la ciega distribución de los intru- mentos de producción desaparece y con él, la desgracia, los retrocesos y las catástrofes económicas, ante lo cual ningún pacífico trabajador está hoy seguro. En pocas palabras: toda la industria está organizada, todo está conexionado entre sí, todo esta previsto: la distribución del trabajo se ha perfeccionado y la unificación de los esfuerzos se hace cada día más poderosa..." (Op. cit.. p. 261). |