Lunes, 14 de abril de 2008
SOCIALISMO Y COMUNISMO. Los Premarxistas. Responder citando

SOCIALISMO Y COMUNISMO.

DEL PRIMER TEXTO ES AUTOR IRING FETSCHER

Por socialismo y comunismo deben entenderse aquí las dos
formas de sociedad por las que, en último término, se lleva a
cabo la revolución proletaria, y que encuentran en ella su justi-
ficación. Marx y Engels se negaron siempre a hacer afirmacio-
nes de detalle sobre esta sociedad futura, pero han dado, sin
embargo, —aunque esparcidos— suficientes puntos de apoyo
para poder al menos reconstruir los rasgos fundamentales.
Como introducción he elegido una serie de textos de Gracchus
Babeuf, Robert Owen y del Saint-Simonismo conocidos por
Marx y Engels y que podrían haber influido tanto en ellos
como en los socialistas posteriores. Los pocos pasajes de refe-
rencia aducidos no pueden proporcionar, desde luego, más que
indicaciones: naturalmente, se podrían añadir también otros
autores como Fourier o Dézamy. En Marx y Engels leemos
que la sociedad socialista del futuro no tendrá clases, ni divi-
sión del trabajo ni orden político (estado), que en ella existirá
para todos la posibilidad de desarrollar libre y comprensiva-
mente sus aptitudes. Ya hemos visto, en el primer tomo, que,
para Marx, en la futura sociedad sin clases se acabará la
oposición entre ascesis y moral, porque cada hombre sentirá la
necesidad espontánea de obrar en la manera que resulte
provechosa tanto para él como para los demás hombres.
Frente a esto. Engels se inclinaba más bien por la tesis de que
en la sociedad futura comunista se produciría una máxima (y
óptima) moralización de las personas que convertiría en super-
flua toda regulación externa impuesta. Probablemente, tam-
bién Lenin esperaba para este. tiempo una "planificación de la
moral" y en otro texto —citado más adelante— habla de que
"los hombres se habrán habituado" a respetar las reglas fun-
damentales de la convivencia social.
El cambio del hombre en la sociedad comunista futura su-
puesto por Marx tenia claramente mucho mayor alcance que
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las moderadas esperanzas de Engels y. y sobre todo, de Lenin.
Para Karl Marx se convierte en superflua no solo una ordenación
externa impuesta, sino también toda imposición interior (fren-
te a la propia "Naturaleza") y se supone como fin del proceso
una armonía espontánea entre los hombres esencialmente
buenos": para Engels y Lenin (y más claramente todavía para
sus seguidores), la moralización radical, en el mejor de los
casos, hace superflua la regulación externa de la convivencia
Y aunque para Marx (como para Engels) la meta consistía
en la creación de un "imperio de la libertad", ambos recono-
cieron. sin embargo, como etapa intermedia insoslayable en el
camino hacia él, una fase de la dictadura del proletariado, la
"etapa inferior de la sociedad comunista", "el socialismo" en
la que muchas de estas formas plenas de libertad no estarían
todavía realizadas. Sobre todo en su Crítica al Programa de
Gotha, Marx pone en claro esta diferencia y acentúa la
necesidad de este "período político de transición" como un
correlato de la transición económica del capitalismo al comu-
nismo. En la primera fase los medios de producción pasan ya
efectivamente a ser propiedad de la comunidad, pero los
bienes de consumo son distribuidos todavía de acuerdo con
normas jurídicas burguesas (formalmente, igualdad), según la
cantidad (¿y calidad?) del trabajo. Otro tipo de repartición no
es —debido a la insuficiencia de la cuantía de la producción—
en absoluto posible todavía. El estado (como "aparato de
opresión") es tan necesario para asegurar esta desigualdad tác-
tica (con una igualdad puramente formal) como para someter
a los antiguos opresores (los "capitalistas" y sus aliados en la
pequeñoburguesía y en la Intelligenz). Sobre todo Lenin, en su
obra El Estado y la Revolución, conecta aquí y convierte este
aspecto de la teoría marxiana en el fondo de anclaje de su
concepción acerca de la "dictadura del proletariado" que, de
hecho, se transformó en una dominación de los jefes del
partido. La sociedad comunista, según Marx, será sólo realiza-
ble cuando se produzca lo suficiente como para que "cada
uno" pueda recibir "según sus necesidades" y trabaje volunta-
riamente "de acuerdo con sus capacidades". Tanto lo uno
como lo otro presupone —como subraya Lenin— un cambio en
los hombres, que deben abandonar el horizonte de provincia-
nos egoístas característico todavía hoy en la mayoría (y, por
tanto, también en los obreros). Aquí nos encontramos otro
tema de la primera parte: la "superación de la alienación", la
esencia del hombre de una "sociedad no alienada", en la que
cada uno se afirma y se realiza a si mismo, al mismo tiempo


que sus relaciones con los demás, por medio del trabajo (Cf.
Pp. 88-90 del original alemán).
En Karl Kautsky y August Bebel nos encontramos con des-
cripciones más o menos originales de la futura sociedad socia-
lista-comunista. entre las cuales produce simpatía la fórmula
kautskyana: "comunismo en la producción material, anarquis-
mo en la espiritual", porque anticipa lúcidamente el peligro de
la "planificación" de la producción incluso intelectual y artísti-
ca. En Kautsky —y más claramente aún en Leon Trotski— se
encuentra también la idea de los hombres de esta sociedad
futura, en comparación con nuestros coetáneos, serán super-
hombres capacitados para realizaciones inconcebibles. "El tipo
humano medio se elevará al nivel de un Aristóteles, un Goethe,
un Marx. Tras esta cordillera sobresaldrán las nuevas cum-
bres" (Trotski). A este respecto, piensa Trotski también en
cambios biológicos. Y August Bebel piensa, en este mismo
contexto, en los grandes genios que han sido anticipaciones de
aquello que. bajo mejores condiciones de vida, podría surgir de
todo el conjunto de la Humanidad.
Eduard Bernstein —igual que los demás reformistas— no se
ha representado una "sociedad comunista del futuro". En
lugar de esta prognosis nos encontramos en él con la predic-
ción de un estado de cosas de armonía social, conseguido por
medio de reformas y compromisos y que posibilitará la
"decadencia del parlamentarismo". En medio de tantas visio-
nes entusiásticas del futuro, su prognosis aparece como relati-
vamente realista. Por lo menos ha previsto muy bien, hace casi
cincuenta años, algunos rasgos de las sociedades actuales.
Con Lenin ponemos de nuevo firmemente los pies sobre el
suelo de la historia. Su interés fundamental es la justificación
de la constitución soviética (según el modelo de la Comuna de
París, recomendada en 1871 por Marx y en oposición al parla-
mentarismo encarecido en 1895 por Engels). Lenin desvaría,
sin embargo, cuando supone que ya en la sociedad capitalista de
transición podría prescindirse de los funcionarios de profesióm
porque las funciones administrativas en las empresas estatales
(como Correos) y en la gran industria se habrían simplificado
tanto, que todo el que supiera leer y escribir podría compren-
derlas. La famosa "fregona" de Lenin, que hace superfluo
el aparato administrativo, se mostró.como un error enorme-
mente peligroso. En tanto que se tratará de problemas referen-
tes a la conquista y consolidación del poder —es decir, proble-
mas de la revolución proletaria— era Lenin excepcionalmente
clarividente y mucho más realista que sus camaradas; pero se
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equivocó al calibrar las posibilidades futuras, y los intentos
desesperados de los últimos años de su vida por contener la
burocratización que amenazaba con imponerse por medio de
un "control" (igualmente burocrático) "de obreros y campesi-
nos". terminaron al fin en la resignación. Rusia se convirtió en
la "utopia burocrática".
Mientras que Lenin partía todavía de que las formas de ad-
ministración se habían simplificado tanto que ya no sería nece-
saria ninguna capa especial de funcionarios de profesión,
Nikolay Bucharin, que al menos reconoce en el presente sovié-
tico (1922) "gérmenes de clase" en una nueva clase rectora,
cuenta con una "superproducción" de administrativos merced
a los acrecentados esfuerzos de la sociedad soviética en pro de
la educación. Este exceso de oferta de administrativos adecua-
damente formados haría imposible toda situación privile-
giada de esta capa. Con ello se habría refutado también la
tesis, sostenida por Robert Michels, de que en toda democracia
se llega necesariamente al surgimiento de una oligarquía de los
dirigentes.
Para no hacer surgir la impresión de que únicamente el
camino de la Unión Soviética puede conducir al socialismo y al
comunismo, añado un texto de Karl Korsch en el que se reco-
miendan otros métodos de socialización y de democracia socia-
lista, para los mismos trabajadores más efectivos y sensibles.
Algunos de ellos han surgido de forma semejante en Yugosla-
via después de 1948. mientras que el acuerdo con Lenin (la
idea de los consejos) se limita únicamente a lo superficial.
La idea que el marxismo crítico actual se hace de los rasgos
fundamentales de una sociedad comunista futura realmente
libre aparece en las manifestaciones de Herbert Marcuse
citadas en la primera parte (p. 276 ss del original alemán).

GRACCHUS BABEUF

"Explicación de la doctrina de Babeuf. que fue desterrado
por el Directorio gobernante porque dijo la verdad.
ART. I: La naturaleza ha dado a cada hombre el mismo
derecho al goce de todos los bienes. Pruebas tomadas de la dis-
cusión que ha dado ocasión para este escrito:
1. Antes de sus primeras aproximaciones, todos los hombres
eran de la misma manera señores de los productos que la natu-
raleza repartía pródigamente entre ellos.
2. Tan pronto como los hombres se acercaron entre sí sobre


una tierra sin cultivar, ¿qué pudo provocar entre ellos la
desigualdad de este derecho? ¿Acaso su natural desigualdad/
Todos tienen los mismos órganos. ¿Quizá la dependencia de
los unos con respecto a los otros? Pero ninguno era lo suficien-
temente fuerte como para someter a su prójimo.
3. Si las familias fueron los primeros modelos de la comuni-
dad también constituyen las pruebas más claras del derecho de
que estamos hablando. La igualdad era en ellas la garantía de
la ternura de los padres, de la armonía y la dicha de los hijos...
4. En los primeros contratos tuvo que ser sancionada la más
rigurosa igualdad; pues ¿qué pudo hacer que aceptasen priva-
ciones y sometimientos las gentes que hasta entonces habían
sido enemigas de toda diferencia?
5. El olvido de la igualdad ha producido entre los hombres:
—las falsas ideas de la felicidad.
—la decadencia de la especie.
—las violencias, trastornos, guerras.
—la tiranía de los unos y la opresión de otros.
—las instituciones civiles, políticas y religiosas que aprue-
ban la injusticia y que, al final, disuelven las comunida-
des. después de haberlas desgarrado largo tiempo...
Si la igualdad de los bienes es una consecuencia de la igual-
dad de nuestros órganos y de nuestras necesidades; si la des-
gracia general y personal, si la corrupción de las comunidades
son efectos necesarios de los ataques contra esa igualdad, ésta
es, pues, el derecho natural.
ART. 2: El objetivo de la comunidad es defender esta igual-
dad atacada frecuentemente, en su estado natural, por los
fuertes y los malos, y aumentar, por medio de la colaboración
de todos, los goces de la vida comunitaria...
ART. 3: La naturaleza ha impuesto a todos el deber de traba-
jar; nadie ha podido, sin crimen, librarse del trabajo.
Pruebas: I. El trabajo es una ley natural para todos.
a) Porque el hombre que vive aislado en el desierto no
podría procurarse su manutención sin algún tipo de trabajo.
cool.gif Porque la actividad provocada por el trabajo comedido es
una fuente de salud y de distracción para el hombre.
2. Esta obligación no pudo ser debilitada por la comunidad,
ni para todos ni para uno solo de sus miembros.
a) Porque su conservación depende de ello.
cool.gif Porque el esfuerzo de cada uno es el menor posible
cuando todos toman parte de ello.
ART. 4. Los trabajos y los goces deben ser comunitarios.
Explicación: Es decir, que todos deben responsabilizarse de
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una parte igual del trabajo y recibir por ello una misma
cantidad de disfrutes.
ART. 5: Existe opresión cuando el uno perece debido al traba-
jo y a la carencia de lo más necesario mientras el otro nada en
la abundancia sin hacer nada.
Pruebas: 1: Desigualdad y opresión significan lo mismo. Si
el oprimir a alguien significa infringir una ley, entonces los
sobrecargados por la desigualdad son oprimidos, porque la
desigualdad infringe la ley natural a la que no deben enfrentarse
las leyes humanas.
2. Oprimir quiere decir, o bien limitar las capacidades de
alguien o bien multiplicar sus cargas. Eso es precisamente lo
que hace la desigualdad al disminuir los goces de aquél cuyas
obligaciones multiplica.
ART. 6: Nadie puede, sin cometer un delito, apropiarse con
exclusividad de los bienes de la tierra o de la industria...
ART. 7: En una auténtica comunidad no puede haber ni ricos
ni pobres.
ART. 8: Los ricos que no quieren renunciar a su abundancia
en favor de los indigentes, son los enemigos del pueblo.
Art. 9: Nadie puede, por medio de la acumulación de todos
los medios, privar a otro de la enseñanza necesaria para su
dicha. La enseñanza debe ser comunitaria.
Pruebas: I. Esta acumulación priva a los hombres que tra-
bajan incluso de la posibilidad de conseguir los conocimientos
necesarios a todo buen ciudadano.
2. Aunque el pueblo no necesita una formación desorbita-
da. sí la necesita en cierta medida, para no convertirse en ta
presa de los sabihondos y de los falsos sabios. Es importante
que conozca exactamente sus derechos y sus obligaciones.
ART. 10: El objetivo de la revolución consiste en eliminar la
desigualdad y restaurar la dicha general...
ART. 11: La Revolución (desde 1789 ss. I.F.) todavía no está
terminada, porque los ricos se apoderan de todos los bienes y
ordenan con exclusividad, mientras que los pobres trabajan
como verdaderos esclavos, se consumen en la miseria y no
tienen ninguna intervención en el estado." (Cit. por: Ph.
Buonarotti, Babeuf y la conspiración por la igualdad (alemán
de A. y W. Blos). Stuttgart, 1909; Piezas probatorias: 1. Expli-
cación de la doctrina de Babeuf. Pp. 307-314).



ROBERT OWEN
En un ambiente bueno los hombres se hacen buenos

"Las causas de acciones malas y criminales no radican, evi-
dentemente, en la naturaleza de los hombres individuales, sino
en el sistema según el cual son educados y en las circunstancias
en las que viven.
El experimento descrito muestra que esto no es hipótesis ni
teoría: los principios aplicados por primera vez en New
Lanark, invariablemente durante dieciséis años, en las circuns-
tancias más descorazonadoras, tuvieron como efecto un cam-
bio total en el carácter de la aldea, que tenía 2.000 habitantes
y un crecimiento constante debido a los forasteros que
llegaban.
Educad a un pueblo en la razón, y será razonable. Procu-
radle trabajo decente y útil, y lo preferirá a las actividades
inútiles y nocivas. El procurar una educación y un trabajo tales
es el mayor interés de todo gobierno, y ambas cosas son fácil-
mente posibles.
La educación debe ser asegurada por un sistema nacional de
la formación del carácter. La creación de trabajo ha de ser
conseguida, cuando la demanda general no corresponda a la
oferta, por medio de reservas de trabajo, es decir, el gobierno
ha de tener tareas útiles a la nación a disposición de los traba-
jadores desocupados". (Robert Owen y el socialismo, P. 66).
La preocupación por el trabajo y por los trabajadores, deber de
los gobiernos
"El trabajo humano es la fuente de todos los ingresos; sin
embargo, es malgastado de la forma más absurda.
• Este despilfarro constituye no sólo una mala política nacio-
nal, sino también una crueldad enorme contra los inmediata-
mente afectados, a los que deja sin trabajo.
En lugar de tener esto en cuenta, se contentan con leyes
cuyos resultados hablan de un lenguaje inconfundible y dicen a
aquellos a los que se priva de protección y formación:
Seguid siendo ignorantes y dejad que vuestro trabajo sea
dirigido por esta ignorancia; mientras que con ello podáis pro-
curaros la más estrictamente necesaria manutención, no nos
preocuparemos de vuestro hacer o dejar de hacer, aunque
viváis en la pobreza, en la enfermedad y en toda clase de mise-
ria; si no podéis procuraros trabajo suficiente como para libra-
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ros de morir de hambre, ello atañe entonces a la protección co-
munitaria y deberéis ser mantenidos en el ocio.
Y sin embargo, una leyes y unas medidas educativas
meditadas y adecuadas podrían poner a todos los hombres en
disposición de producir más de lo que necesitan para su propia
manutención y disfrute de la vida. "
También la productividad de la agricultura puede aumentarse
infinitamente
"Malthus tiene razón en la afirmación de que la población
del mundo se adecúa siempre a la cantidad de alimentos que
produce para su manutención; pero con ello no nos dijo cuán-
tos mas medios de alimentación obtiene del mismo suelo un
pueblo inteligente y trabajador que otro desconocedor y mal dirigi-
do. Y sin embargo, la relación es la de uno con el infinito El
hombre todavía no es consciente de su ilimitada capacidad
para la producción de alimentos. En los últimos tiempos ha
experimentado un gran incremento, y sin embargo se encuen-
tra todavía dando sus primeros pasos.
Todavía es imprevisible en qué magnitud podrá multiplicar
la Química nuestra alimentación.
E incluso sin eso se puede afirmar tranquilamente que la
población puede multiplicarse naturalmente durante muchos
siglos todavía, sin que la necesidad v la corrupción tengan que
frenar su crecimiento. Con la aplicación de los principios expli-
cados. el trabajo humano podrá producir mucho más de lo que
es necesario para mantener el conjunto de toda la población en
el mas alto bienestar". (Op. cit., p. 73 s).

Sentido comunitario en lugar de provecho individual, principio
del bienestar del pueblo.

"La opinión tradicional de los economistas oficiales ha sido y
es que el hombre cuida mejor de sí y más ventajosamente para la
comunidad si se le abandona a la pugna individualista con sus
semejantes que si se conectan, por medio de instituciones de ca-
rácter social, al interés individual y al común.
El provecho individuales, para los más famosos economistas
oficiales, la piedra angular de la economía del pueblo, sin la
cual no puede existir la comunidad, aunque en realidad el
orden social actualmente existente, basado sobre él, es el más
antipolítico, carente de sentido e inmoral que se pueda pensar.
Existe una doctrina de vía estrecha más contraria a la verdad
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que cualquier otra, a saber; que el interés individual, tal como
ahora es entendido, es socialmente más ventajoso que la reci-
procidad y camaradería.
Hasta ahora, los hombres sólo conocen la acción individual
para la defensa de su vida y la aniquilación de otros en la
guerra; desde ahora, una necesidad no menor hará forzosa la
producción comunitaria de bienes para la conservación de su
vida en la paz.
El sistema de los intereses en liza ha alcanzado la cima de la
estupidez y de lo absurdo: en medio de las más grandes
posibilidades de crear riqueza, todos se encuentran o bien en
la pobreza, o bien directamente amenazados por sus efectos.
En teoría, se admite que los hombres son el producto de su
entorno; pero precisamente la ciencia que trata del influjo del
entorno sobre los hombres, la más importante de todas las
ciencias, es la que deja completamente de lado la vida prácti-
ca. La plena realización de sus conocimientos ha de mostrar
que es más fácil unir a los hombres para objetivos pacíficos y'
civiles que para grandes preparativos bélicos.
En el sistema actual existe una clara línea de separación
entre las fuerzas intelectuales y el trabajo productivo. Los inte-
reses privados están en oposición constante con el bien común,
Y en toda nación se enseña a los hombres desde la niñez que
su bienestar es incompatible con los progresos del bienestar de
otras naciones. Estos son los caminos por los que la antigua
sociedad buscaba la consecución de los apetecidos medios de
vida.
Los nuevos principios se orientan hacia una praxis totalmen-
te opuesta. Lo que pretenden es unificar en los trabajadores
todo el conjunto de sus capacidades intelectuales y corporales,
identificar plenamente el interés particular y el comunitario;
quieren educar a las naciones para que comprendan que su
poder y su dicha sólo pueden desarrollarse plena y naturalmen-
te por medio de una adecuada multiplicación del poder y la
dicha de las demás naciones. Estas son las auténticas diferen-
cias entre lo que es y lo que debería ser". (Op. cit., p. 111 s).
"La ciencia del influjo del entorno sobre la Humanidad hará
reconocer a todas las naciones no sólo el carácter nocivo de las
guerras, sino también su estupidez. De todos los métodos
humanos para conseguir ventajas en el estado actual de la so-
ciedad. la guerra es el que con más seguridad hace fracasar sus
objetivos. Es el sistema de la desmoralización y destrucción
inmediatas, mientras que el mayor interés de todos los indivi-
duos y de todos los países está en levantar la moral y en la pro-
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pía conservación. Los hombres no pueden ser llamados seres
racionales mientras no hayan encontrado y pisado los caminos
que posibiliten el seguir adelante sin guerras". (Op cit
p.118).

"El hombre fue hasta ahora esclavo de una trinidad de los
más tremendos males: propiedad privada, sistemas religiosos
irracionales y el matrimonio, sobre la base de los otros dos. Es
difícil decir a cuál de estas grandes fuentes de sufrimientos y
crímenes corresponde el primero o el último lugar.
Esta terrible tríada es el único demonio que puede haber
martirizado a la Humanidad.
La revolución que ahora hay que llevar a cabo está encami-
nada a la destrucción de la hidra del mal. Las muchas pobres y
miserables criaturas deben dejar ya de ser dependientes de los
pocos ricos y poderosos, el hombre no debe ser más un idiota
supersticioso que siempre muere del estúpido miedo a la
muerte.
De ahora en adelante, nadie debe unirse con el otro sexo por
avaricia, ni prometer lo que no está en su poder realizar. El
mal triplemente terrible ha sido exteriormente adornado con el
mayor lujo para mantener a la masa en el temor y para impe-
dirle ver el negro veneno que había bajo esa máscara. Fue
necesaria la Inquisición, con la ayuda de la terrible y absurda
palabra "sagrado", para mantener a los hombres durante
tanto tiempo en la esclavitud espiritual y lejos del descubri-
miento del engaño". (Op. cit., p. 126)
La clase trabajadora como reformadora de la sociedad.
"De la energía y la unidad de las clases trabajadoras es de lo
que tenemos que esperar la realización de nuestros planes.
El pueblo ha descubierto por fin el gran secreto; que él
mismo es el auténtico creador de riqueza.
Los gobiernos y la aristocracia de Europa poseen el viejo y
caduco poder sobre la sociedad y, durante corto tiempo,
podrán mantenerlo todavía en gran medida, en el supuesto de
que se unan estrechamente entre sí. Pero el pueblo empieza
ahora a adquirir los conocimientos que posibilitarán también
su unificación, la resistencia al poder de la aristocracia y el
cambio total de la situación actual de la sociedad.
Dos poderes muy fuertes están, pues, implicados en el pro-
ceso. Los individuos de estos dos bandos viven en unas condi-
ciones que les obligan a pensar y a sentir que sus intereses se
encuentran en rigurosa oposición. Las clases altas pueden
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tener la seguridad de que las bajas no se harán ya marinos ni
soldados más que por objetivos nacionales y racionales y de
que, en lo sucesivo, esperan auténticos conocimientos por
parte de los que dirijan sus asuntos. Las clases medias pueden
estar igualmente seguras de que su actividad de repartición de
bienes y de enseñanza será sustituida por instituciones muy
superiores, regidas por las clases trabajadoras, que muy pronto
llegarán a poseer más conocimientos de los que actualmente
poseen las tres clases juntas.
El poder y la dirección de los asuntos humanos no pertene-
ció a los no-productores durante largo tiempo, pero pronto
pertenecerá a los productores.
Hasta ahora, en todos los tiempos y en todos los países, la
sociedad no ha sido más que un caos. Nunca ha sido concebida
como objeto de la ciencia. Jamás se hizo ni siquiera el más leve
intento de introducir orden y sistema en las instituciones para
la unificación de los hombres. Frente a ello, la nueva ciencia
de la sociedad se propone la clarificación de este caos. Sus
elementos son: 1. El conocimiento de las leyes de la naturaleza
humana; que muestran al hombre como un ser social; 2. el
conocimiento de los principios correctos de la producción o de
la creación suficiente de lo razonablemente necesario a la
comunidad en la mejor calidad y con el más corto y más agra-
dable trabajo; 3. el conocimiento de la mejor y más ventajosa
distribución de bienes; 4. el conocimiento de la mejor educa-
ción; 5. del mejor modo de gobierno; 6. la unificación de los
diversos elementos de la ciencia de la sociedad en un sistema
general". (Op. cit.. p. 133 s).
SAINT—SIMONISMO
Economía planificada socialista como ideal del futuro.
"No queremos afirmar que la Humanidad, después de haber
alcanzado ese estado, no pueda progresar más; al contrario,
entonces se acercará más rápidamente que nunca a su planifi-
cación: pero esta época tendrá para ella un carácter definitivo,
en cuanto que habrá realizado la constelación política más
favorable para el mismo progreso. El hombre querrá amar y
conocer más, y por ello tenderá a asimilar cada vez más perfec-
tamente el mundo exterior: en el campo de la ciencia y de la
producción industrial se conseguirán cada día cosechas más
ricas que le proporcionarán la posibilidad de dar a su amor
315

una expresión todavía más imponente: extenderá constante-
mente el campo de acción de su inteligencia y de su fuerza físi-
ca... pues la vía de sus progresos es ilimitada (indefinida).
Pero la combinación social que fomenta al máximo sus
progresos morales, intelectuales y físicos y bajo la que cada
individuo, sea cual sea su nacimiento, será amado y considera-
do, y recompensado según sus obras, es decir, según sus
esfuerzos en pro de la mejora moral, intelectual y física de la
situación de las masa, y, por tanto, también de su propia
mejora, esta combinación social que mantiene a todos en cons-
tante desarrollo en las tres direcciones descritas, ya no es sus-
ceptible de ninguna corrección que la mejore. Con otras
palabras: la organización futura será definitiva, porque sólo
entonces estará organizada la sociedad directamente para el
progreso." (La doctrina de Saint-Simon (exposition premiére
année 1829). Nueva ed., Bouglé y Halévy, París, 1924, p. 221
s).
La eliminación de la propiedad privada de los medios de pro-
ducción, una exigencia de los moralistas.
"El objeto de nuestra investigación... será la explotación del
hombre por sus semejantes, representada y continuada hoy por
las relaciones entre propietarios y trabajadores, entre patrones
y asalariados; podremos observarla en los hechos que la domi-
nan y que son su causa directa: en la institución de la propie-
dad. en su transmisión entre las familias por medio del dere-
cho hereditario." (Op. cit., p. 243)
"Hoy día se ha hecho necesario un último cambio: en primer
lugar, corresponde al moralista prepararlo, luego será el legis-
lador el que tenga que imponerlo. La ley del progreso, cuyos
efectos pudimos observar, tiende a la constitución de un orden
de cosas, en el que ya no las familias, sino el estado... hereda-
rá las riquezas acumuladas... en la medida en que constituyan
medios de producción..." (Op. cit., p. 248).
'Si la Humanidad —tal como nosotros proclámanos—
camina hacia un estado en el que todos los individuos serán
clasificados según sus capacidades y recompensados según sus
obras, entonces, evidentemente, la propiedad, tal como ahora
existe, ha de ser erradicada, ya que proporciona a una clase de
hombres la posibilidad de vivir en pleno ocio del trabajo de
otros y mantiene a la parte más útil de la población, la que
trabaja y produce, en total dependencia de aquél que sólo
sabe destruir. Bajo este punto de vista, podemos considerar el
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cambio anunciado como legitimado por el derecho divino o
natural, pues a los ojos del hombre religioso todos los hombres
son miembros de una familia y por ello no deben explotarse los
unos a los otros, sino amarse y apoyarse mutuamente; y a los
ojos del partidario del derecho natural, la "naturaleza de las
cosas" incita a los hombres a la libertad y no a la más cruel de
todas las esclavitudes, la de la necesidad, ni al más injusto de
los despotismos, aquél que se fundamenta en el simple azar del
nacimiento, sin legitimación por medio del trabajo, de la capa-
cidad o de la moral". (Op. cit., p. 255 s).
"Trasladémonos a un nuevo mundo. Allí ya no son propie-
tarios, capitalistas aislados, ajenos a los hábitos del trabajo
industrial, los que determinan la elección de las empresas y el
destino de los trabajadores. Una institución social lleva a cabo
esas funciones, tan mal realizadas hoy día; ella es la deposita-
ría (dépositaire) de todos los intrumentos de producción, ella
dirige todo el conjunto de la producción material, y posee, por
tanto, una visión de conjunto que le permite abarcar simultá-
neamente todas las partes de la totalidad de la actividad
industrial... Por ello puede darse cuenta tanto de las necesida-
des particulares como de las generales, y enviar fuerzas de
trabajo y medios allí donde son necesarios; en una palabra,
está en disposición de dirigir la producción, de ponerla de
acuerdo con las necesidades y de confiar las fuerzas de trabajo
a los industriales más merecedores de ello, ya que constante-
mente intenta conocer sus facultades y se encuentra en la
mejor situación para desarrollarlas.
En... este nuevo mundo todo está cambiado, todo ha adqui-
rido otro aspecto; existen garantías morales e intelectuales
exactamente igual que las materiales; el trabajo es realizado de
la mejor manera que el estado de la humanidad lo permite; el
círculo de los hombres que pueden contar con llegar a ser
jefes, dirigentes de empresas industriales, abarca ahora a
toda la Humanidad; las oportunidades de una buena elección
se multiplican y son mejorados los medios para conseguir la
elección correcta; el desorden que resultaba de la general
carencia de comprensión y de la ciega distribución de los intru-
mentos de producción desaparece y con él, la desgracia, los
retrocesos y las catástrofes económicas, ante lo cual ningún
pacífico trabajador está hoy seguro. En pocas palabras: toda la
industria está organizada, todo está conexionado entre sí, todo
esta previsto: la distribución del trabajo se ha perfeccionado y la
unificación de los esfuerzos se hace cada día más poderosa..."
(Op. cit.. p. 261).


Evolución hacia una sociedad socialista
Por Blasapisguncuevas.

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