Efervescencia del racismo
Jesus González Pazos
A cualquier persona que interrogáramos sobre el racismo nos
señalaría, con casi total seguridad, hechos ejemplificadores del mismo
como el practicado en los EE.UU. contra la población afroamericana,
especialmente durante los años 50 y 60 del siglo XX. Se citaría del
régimen de apartheid practicado en Sudáfrica por parte de la minoría
blanca. Saldrían otros ejemplos históricos pero, casi todos ellos, con
el denominador común de considerárseles superados, aunque reconociendo
la existencia de un racismo latente que se muestra de forma puntual en
diferentes expresiones de violencia.
Sin embargo, en los
últimos tiempos sale a la luz un racismo practicado por centurias pero,
permanentemente ocultado. Incluso a día de hoy sigue siendo
invisibilizado en gran medida. Me refiero al sentido y practicado por
importantes altos estratos políticos y económicos en el continente
americano contra los pueblos indígenas y que tiene ahora su punto
álgido y más visible en las actuaciones recientes de la oligarquía
blanca boliviana contra la mayoritaria población indígena de ese país.
Durante trescientos años de colonia española ese racismo y marginación
permanente se llevó adelante de forma brutal; con el llamado proceso
independentista y la proclamación de la república se inicia una fase de
casi doscientos años en los cuales se proclamaba que la marginación de
la mayoría indígena había desaparecido. Así se ha tratado de mostrar a
través de diferentes medios y los libros de historia presentan la
independencia como la eliminación del poder colonial y, por lo tanto,
el fin de la discriminación anteriormente practicada. La realidad es
más terca y a poco que se revise esa historia se nos muestra en toda su
crueldad. No es hasta la revolución de 1952 cuando la población
indígena en Bolivia, junto con las mujeres, ven reconocidos sus
derechos ciudadanos; hasta ese año incluso pies indígenas no podían
pisar la plaza central de La Paz, donde se ubican todavía hoy el poder
legislativo, el ejecutivo y el religioso católico. Pero a pesar de ese,
y de otros, reconocimientos la situación de marginación permaneció viva
y se traslucía en el permanente control y acaparamiento de los poderes
políticos, sociales y económicos en manos exclusivas de la minoría
blanca. Diciembre de 2005 marca el momento de la ruptura de este largo
proceso. Las mayorías indígenas y mestizas llevan a la presidencia a
uno de los suyos, al líder sindical, de origen aymara Evo Morales. Se
rompe con el colonialismo psicológico que impedía concebir en las
mentes indígenas esa posibilidad cierta de que uno de los suyos pudiera
ejercer el gobierno del estado-nación. Y se abrían así las puertas para
romper definitivamente con toda una sería de medidas, normas y valores
explícitos e implícitos y poder realmente desterrar la marginación y
exclusión largamente sufrida. Recientemente se ha celebrado el 60
aniversario de la proclamación de la Declaración de Derechos Humanos
con grandes discursos, pero todavía hoy el racismo es una constante en
Bolivia. El ejercicio del poder en manos indígenas ha sacado a la luz
el racismo semioculto de la oligarquía económica. Demócratas e
incluyente mientras controlaban los poderes políticos y económicos,
golpistas y racistas cuando han visto peligrar ese control. De esta
forma, la hasta ayer tan proclamada defensa a ultranza de la unidad de
la patria se transfigura hoy en el intento de secesión del territorio
donde la oligarquía boliviana se ha hecho fuerte, a fin de salvar a
éste de la “indiada” y de sus decisiones, las cuales no operan sino en
contra de sus intereses económicos. Y esto se pretende realizar de
facto a partir del domingo, día 4 de mayo, en el que se ha convocado
unilateralmente un llamado referéndum por la autonomía del departamento
de Santa Cruz. Referéndum declarado ilegal por el Tribunal Electoral y
desconocido, pese a los intentos, por parte de Naciones Unidas y la
Organización de Estados Americanos, así como por la práctica totalidad
de instituciones regionales e internacionales. Ello a pesar de que
destacados intereses transnacionales operan desde la sombra en su
favor, a fin de conseguir la desestabilización del actual proceso de
transformaciones sociales, políticas, económicas y culturales de vive
Bolivia.
En este proceso insultos escandalosamente racistas
incluso al presidente constitucional se han visto acompañados de una
campaña de acciones cada día más agresivas y coercitivas contra los
sectores indígenas, las cuales se concretan en los ataques,
apaleamientos y atentados fascistas por parte de los grupos de choque
(Unión Juvenil Cruceñista) de la oligarquía, escondida en instancias
como el Comité Cívico, la Prefectura o la Cámara Agropecuaria. Por
supuesto, la práctica totalidad de los medios de comunicación, también
controlados por ese mismo sector, olvidaron cualquier atisbo de
objetividad y se han convertido en un instrumento más de esas mismas
campañas.
Pero la pregunta clarificadora es qué se esconde
detrás de este racismo, ya no latente sino, una vez más, explícitamente
ejercido, y del referéndum secesionista de Santa Cruz. El fin del ciclo
neoliberal más ortodoxo del continente americano, que abocó a la
miseria a más de la mitad de la población de Bolivia durante los
últimos veinte años, no es aceptado por esas poderosas minorías. Y
ahora los valores democráticos hipócritamente defendidos mientras
controlaban el poder, se disuelven como un azucarillo en agua cuando,
precisamente a través de los instrumentos de la defendida democracia
representativa, los pueblos indígenas y otros sectores sociales les
desalojaron del poder.
Como bien declara la Alianza Social
Continental, aquellos que han convocado el referéndum son quienes se
oponen sistemáticamente al programa democrático llevado adelante por el
actual gobierno boliviano. Todo ello en la pretensión de mantener los
privilegios disfrutados durante décadas. Tras el proceso que se ha
llevado recientemente se ha alcanzado la definición de una nueva
Constitución que proclama a Bolivia como un estado plurinacional y
democrático, que defiende la soberanía, los recursos naturales y los
derechos de los pueblos indígenas. Esto es lo que la oligarquía
boliviana no acepta, pretendiendo desencadenar un conflicto que pueda
hacer fracasar este proceso, les devuelva el poder político y económico
perdido y de nuevo coloque a “la indiada” en el lugar que estuvieron
los últimos quinientos años, en servidumbre de quienes todavía hoy se
consideran raza superior.
.
Tags: racismo, afroamericana, apartheid, violencia, Bolivia, régimen, indígenas