La vida no vale nada
La vida no vale nada
si no es para perecer
porque otros puedan tener
lo que uno disfruta y ama.
La vida no vale nada
si yo me quedo sentado
después que he visto y soñado
que en todas partes me llaman.
La vida no vale nada
cuando otros se están matando
y yo sigo aquí cantando
cual si no pasara nada.
La vida no vale nada
si escucho un grito mortal
y no es capaz de tocar
mi corazón que se apaga.
La vida no vale nada
si ignoro que el asesino
cogió por otro camino
y prepara otra celada.
La vida no vale nada
si se sorprende a mi hermano
cuando supe de antemano
lo que se le preparaba.
La vida no vale nada
si cuatro caen por minuto
y al final por el abuso
se decide la jornada.
La vida no vale nada
si tengo que posponer
otro minuto de ser
y morirme en una cama.
La vida no vale nada
si, en fin, lo que me rodea
no puedo cambiar cual fuera
lo que tengo y que me ampara.
Y por eso, para mí,
la vida no vale nada.
Para vivir
Muchas veces te dije que antes de hacerlo
había que pensarlo muy bien,
Que a esta unión de nosotros
le hacia falta carne y deseo también,
Que no bastaba que me entendieras
y que murieras por mí,
Que no bastaba que en mi fracaso
yo me refugiara en ti,
Y ahora ya ves lo que pasó
al fin nació, al pasar de los años,
el tremendo cansancio que provoco ya en ti,
Y aunque es penoso lo tienes que decir.
Por mi parte esperaba
que un día el tiempo se hiciera cargo del fin,
si así no hubiera sido
yo habría seguido jugando a hacerte feliz,
Y aunque el llanto es amargo piensa en los años
que tienes para vivir,
que mi dolor no es menos y lo peor
es que ya no puedo sentir,
Y ahora tratar de conquistar
con vano afán ese tiempo perdido
que nos deja vencidos sin poder conocer
eso que llaman amor para vivir.
Para vivir...
Llegaste a mi cuerpo abierto
Llegaste a mi cuerpo abierto
y yo todo me entregué,
por más que reí, lloré
porque romper es comienzo,
comenzar es desacierto,
pisar en parajes blandos
y aunque me hunda hasta el fango
caminaré largo trecho.
Tal vez sean ilusiones
pues si algo llega a pasar
yo no me voy a callar,
ni tú me harás concesiones,
amor que encierra perdones
mal tiene que terminar.
Cuando la esperanza ajena
se clava en tu porvenir,
me empeño en verte reír
para conocerte plena,
me empeño y encuentro buena
tu alma y llego a pensar
que amor y belleza van
contra las malas ideas.
Si algún día terminara
este sueño que he vivido,
te estoy muy agradecido,
nunca pensé que así amara:
vale más, poco con ganas
que mucho, sin ser querido.
Hoy la vi
Hoy la vi,
y tenía un rostro ajeno al que yo amaba;
el que dan
unos años de no ser feliz.
Hoy la vi,
y recordé la historia de un pedazo de mi vida
en que abrí
la primavera bruta de mis años al amor.
Hoy la vi,
y tenía un rostro ajeno al que yo amaba;
el que dan
unos años de no ser feliz.
Junto a ti, mi futuro de sueños llené,
logré identificar tu belleza y el mundo al revés;
nos miraban de muy buena fe,
nada cruel existía, si yo te veía, reía después.
Desperté la mañana en que no pudo ser
no sin antes jurar que si no era contigo, jamás,
que esta herida me habría de matar,
y heme aquí, ¡qué destino!,
que ni el nombre tuyo pude recordar.
Hoy la vi,
y tenía un rostro ajeno al que yo amaba;
el que dan
unos años de no ser feliz.
Yo pisaré las calles nuevamente
Yo pisaré las calles nuevamente
de lo que fue Santiago ensangrentada,
y en una hermosa plaza liberada
me detendré a llorar por los ausentes.
Yo vendré del desierto calcinante
y saldré de los bosques y los lagos,
y evocaré en un cerro de Santiago
a mis hermanos que murieron antes.
Yo unido al que hizo mucho y poco
al que quiere la patria liberada
dispararé las primeras balas
más temprano que tarde, sin reposo.
Retornarán los libros, las canciones
que quemaron las manos asesinas.
Renacerá mi pueblo de su ruina
y pagarán su culpa los traidores.
Un niño jugará en una alameda
y cantará con sus amigos nuevos,
y ese canto será el canto del suelo
a una vida segada en La Moneda.
Yo pisaré las calles nuevamente
de lo que fue Santiago ensangrentada,
y en una hermosa plaza liberada
me detendré a llorar por los ausentes.
De niña aquellos juegos te importaban poco
De niña aquellos juegos te importaban poco,
como si hablarle al mar fuera de locos,
y reírse en el sol fuera fatal.
Después, cuando tu quieta inquietud te hizo pasar
de un día gris a un cielo alegre oscuro,
donde pudieras moverte como un muro.
Te das cuenta que no hay nada que amar
y que es terrible ese tener que dar
y que esperar de una fruta bien podrida
y sus hojas similares
que te envuelven, que te pierden
en el triste camino de fango
que tú has hecho hoy,
que tú ensucias de tus pies hasta tu frente
blanca, negra, muerta.
Evolución hacia una sociedad socialista Por Blasapisguncuevas.