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La pirámide capitalista original fue creada en Cleveland, EEUU, en 1911, por un sindicato de trabajadores. A la que aparece ante tus ojos yo sólo le he añadido algunos de los medios de comunicación actuales, imitadores de Goebbels. Varias de las grandes mentiras de los imperialistas-capitalistas y sus mass medias:
Primera gran mentira: Exagerar los asesinatos del stalinismo para dar golpes de estado con el cuento de evitar males mayores e incluso asesinar con el mismo cuento Segunda gran mentira- Ganaron la guerra fría a varios lisiados de guerras y los muy necios se creen supermán. Millones de aneciados superficiales, de analfabetos políticos y alienadores periodistas también creen ver a superman en estos supermanes de hojalata made in USA. A este club de superficiales pertenece también Mario Vargas Llosa Tercera gran mentira para negar lo evidente mientras se ejerce a diario |
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Pirámide capitalista. Haz clic en la imagen si deseas verla al completo Ver mural de la pirámide original al completo |
| La explotación capitalista es evidente cuando a una mujer se le paga menos por igual trabajo; es decir, se la explota más que al varón. También es evidente la siguiente: compro un robot por 10000 dólares y le saco a su trabajo 15000; 5000 proceden de su explotación. Imaginemos que los obreros son máquinas. Su explotación consistiría justo en el beneficio obtenido tras pagar los gastos de uso de cada una de ellas y los requeridos para adquirirlas. Más fácil de entender para algunos: contratas a un obrero por 10000 dólares anuales y te produce 15000, 5000 que le has explotado Leer más |
| Cómo se explota a los jornaleros, braceros |
| El principio fundamental de la no violencia se basa en abstenerse de la explotación en todas sus formas. Gandhi |
| Capitalismo: cada empresa una dictadura o dictablanda que ordeña a las vacas: obreros, pequeños campesinos, artesanos, etc, con el cuento del riesgo, no muy distinto a los usados por los esclavistas siglos atrás. Si cada empresa es una dictadura o una dictablanda, el capitalismo será ambas aunque convoque elecciones de accionistas a diario.. El contenido lo es todo y no el nombre ni las autocalificaciones a su favor mientras demonizan a cualquier sociedad sin explotación que se intente construir |
| Laissez Faire, bonitas palabras para un timo |
| Atentado en 1976 contra el vuelo 455 de cubana de aviación. 73 muertos |
| Los más de 7000 artículos del blog |
| El oso espera, al acecho, a que la foca salga a tomar aire. Imítalo en cada uno de los siguientes recuadros. Si posa la flecha del ratón en cualquier artículo, se detendrá la aparición de los siguientes. Si esta está detenida, con un clic en el fondo de la ventana, bastara para que ésta se ponga en marcha y aparezcan nuevos enlaces a artículos, en los que podrá entrar con uno o dos clic en ellos. |
| Artículo donde el diario El Mundo confunde sus deseos con la realidad o a sus lectores? |
| Cuando se comparte dinero... queda la mitad del dinero. Cuando se comparte comida.... queda la mitad de la comida; Cuando se comparte conocimiento ....queda el doble. Telesur |
| Las Venas Abiertas de América Latina |
| ¿Quién te lava el cerebro? ¡Descúbrelo! |
| El Che Guevara en los juicios de Nuremberg |
| ¿Por qué se bloquea a Cuba y no a Arabia, a China, etc? |
| ¿Por qué Hugo Chávez es Líder en Venezuela? |
| Todos mis escritos pueden ser usados bajo licencia Copyleft, Recomiendo traducción a otros idiomas y su correspondiente divulgación |
Mentir sobre el cambio climático
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| Si deseas poner la encuesta en tu blog o web, encontrarás el código en este enlace. |
| Lo más parecido al socialismo somos los organismos pluricelulares más evolucionados. Varios ejemplos de la gran obra realizada durante millones de años por ese “socialismo”: Corazón, pulmones, venas, músculos y huesos equivalen a sectores publicos al servicio de los millones de células que te constituyen y nos constituyen. Entra con un clic en cualquiera de las cuatro imágenes |
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Capitalismo patronista, otra forma de esclavitud: Poco importa la proclamación del trabajo, porque con el nombre de proletariado el esclavo perdura. El que carece de propiedad en nuestras sociedades individualistas, vive obligado a someter su libertad y su fuerza productora al que mejor le pague. El salario es el precio de la servidumbre. Se contrata actualmente en el mercado público al jornalero poco más o menos como se contrataba antes al esclavo. Si la demanda sobrepuja a la oferta, el obrero puede hacerse pagar regularmente el alquiler de la fuerza. Si la demanda es inferior a la oferta, el precío del alquiler baja y queda a unos cuantos la libertad de despedazarse en la disputa por el apetecido mendrugo. Los más deben resignarse a perecer de hambre. Tal es el resultado efectivo de las conquistas democráticas. . Ricardo Mella Cea. Escrito en 1904 |
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El Líbelo Negro del comunismo A la pregunta: ¿Y dónde están las fosas comunes de los inocentes ejecutados, que se suponen millones? tampoco escucharán ninguna respuesta convincente Después de la propaganda antiestalinista de la Perestroika, lo lógico hubiera sido que hubiesen salido a la luz los lugares secretos de enterramientos masivos de millones de víctimas, donde poder levantar obeliscos y memoriales. Pero no hay ni huella de nada de eso. P Krasnov. Leer artículo completo |
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El imperialismo de EE UU surgió de la guerra con una enorme capacidad industrial, agrícola y financiera al mismo tiempo que todos sus competidores potenciales estaban postrados económicamente. Esto era especialmente cierto en el caso de la Unión Soviética. Horowitz cita una notable descripción aparecida en The Observer escrita por el experto ruso Edward Crankshaw: Viajar tan lentamente por tren sobre las recién abiertas vías férreas desde Moscú hacia la nueva frontera en Brest Litovsk en los días posteriores a la guerra, era una experiencia terrible. En cientos, en miles de millas, no había objeto en pie o viviente a la vista.. Cada pueblo estaba arrasado, cada ciudad. No había graneros; no había maquinaria. No había estaciones ni torres de elevación de agua. No había un solo poste de telégrafo en todo ese vasto campo y las amplias fajas de bosques habían sido cortadas por los guerrilleros a lo largo de la línea como protección Leer artículo fuente, de Ernst Mandel A partir de los anteriores hechos históricos, los ideólogos capitalistas han construido una de las mayores mentiras de la historia; su afirmación de que el socialismo fracasó.: La gran mentira del capitalismo: fracasó el socialismo |
| Para ser un 70% de agua, como sucede con el primate bípedo lector, es indispensable la previa existencia del agua. Lo que nos constituye es anterior a nosotros. Por consiguiente, Dios no puede ser un ser vivo consciente creador de todo. Para que él exista es necesario que existan previamente la energía o la materia X de la que estaría hecho. Sólo hay un creador: materia y energía en evolución. Darwin y Walace fueron sus descubridores a nivel de los seres vivos. Los panteístas, a nivel de la materia y la energía. Los seres vivos conscientes o inconscientes somos hijos de ambas. |
| El principio fundamental de la igualdad y el socialismo es la democracia; de lo contrario, la vida social se regiría por la ley del más fuerte o más astuto. Se podría hablar de socialismo pero existiría sólo en el nombre y no en el contenido. Blasapisguncuevas |
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Una critica desde la izquierda rusa. Superar a Chomsky Y mira por donde, que al poco tiempo abre Gorbachov los archivos y se aclaran las auténticas dimensiones de las “atrocidades bolcheviques”, y queda en evidencia que la creación inmortal de Solzhenitsyn no es ninguna “literatura del hecho”, sino más bien literatura fantástica, y, por tanto, acientífica. Leer más |
| Transformación del dinero en capital |
| Albert Einstein: Por qué el socialismo. Entrevista publicada en 1949 |
| Evolución Hacia una Sociedad sin Explotación |
| Efectos agente naranja. Vídeo, 16 segundos que te impactarán |
| Los tres personajes que oprimen a la humanidad |
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Autores Marxistas, Anarquistas, etc Escritos de León Trotsky |

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EL PRINCIPIO DE LA
RECOMPENSA Y LA LEY DE LAS NECESIDADES La organización social y política del mundo civilizado descansa en una variable noción del Derecho. Los pueblos salvajes se rigen todavía por el invariable derecho de la fuerza. Teóricamente, estas dos aspiraciones, que son toda la filosofía y toda la ciencia en boga, se resuelven en una radical oposición que supone como triunfo definitivo de la Justicia el régimen perpetuo del Derecho. Los programas políticos y las tesis filosóficas parten del prejuicio universal de que la realización del Derecho es la finalidad tangible del progreso humano. Los tiempos bárbaros corresponden a la fuerza bruta; los tiempos modernos a la evolución indefinida de la Justicia. ¿Estamos seguros de la legitimidad de esta idea? ¿No será el producto bastardo de un concubinato infame? Se considera al hombre como miembro social cuyas funciones están dadas de antemano por la ley común. El Derecho es el resultado de una legislación y un producto de la combinación numérica. Los metafísicos sutilizan hasta reducirlo a una nebulosa. Toda irreverencia hacia el moderno ídolo, traducción política del indeciso dios de los idealistas, es gravísimo pecado que la sociedad castiga con mano fuerte. Admira la facilidad con que una palabra gobierna al mundo. ¿Qué es el Derecho más que la fuerza organizada? Apenas un pueblo abandona, el estado salvaje y se constituye en nacionalidad, se apresura a codificar la fuerza, regulando su ejercicio. Antes la fuerza era el elemento de lucha de que todos disponían a su antojo; es, luego, patrimonio conferido a unos pocos, mediante leyes y decretos del Poder, creado y mantenido por la fuerza. Todos los reglamentos y códigos no son más que reconocimiento y sanción de actos de fuerza; la Constitución, su ley suprema. Existen ciertamente diferencias, pero más aparentes que reales; consisten en que cada ley o constitución, código o reglamento, reflejan no el concepto cerrado de la fuerza primitiva, sino aquel otro que cada tiempo elabora para el gobierno del mundo; consisten también en la diferente manera del ejercicio de la fuerza. La suavidad en las formas. el disimulo al exterior distingue esta época de las precedentes. Cierto que el señor de horca y cuchillo, de vidas y haciendas, no se parece al panzudo burgués de nuestros días que envenena con los productos que fabrica o vende, o mata por avaricia, o sacrifica en el pozo de una mina centenares de existencias con tal de obtener mayores rendimientos. En el fondo, el burgués, como el señor feudal, se amparan en la fuerza. Hoy se llama a ésta Código, Ley, Constitución. El progreso se reduce a la exaltación del barbarismo primitivo a principio de justicia inmutable. ¿Cómo ha escapado a la crítica de la filosofía y de la democracia este hecho evidente? La tradición sirve de punto de partida al progreso, y, naturalmente, si las causas de la injusticia prevalecen, prevalecerá la injusticia también. Dar a cada uno lo suyo, ¿equivale a instituir una serie de preceptos con arreglo a los cuales pueden morirse de hambre millares de personas? El error es grave. Se dice que el hombre viene al mundo social con derechos y deberes. Mas, ¿no nace en el mundo físico con necesidades que satisfacer? Por lo menos, en un principio, el ejercicio de la fuerza tenía su excusa en la satisfacción de las necesidades. Hoy se pretende escudarlo en una ficción metafísica, estamos por decir teológica. A fuerza de hablar de derechos y deberes, a fuerza de edificar castillos sobre una preocupación universal, a fuerza de sutilizar sobre la naturaleza de esta preocupación, se ha olvidado al hombre como organismo fisiológico, como animal. El ciudadano no es una individualidad orgánica, que siente necesidades reales y efectivas: es un ente de razón producto de elucubraciones extravagantes. ¡Con qué cómica gravedad se habla de los derechos del ciudadano! ¿Con qué huera palabrería se encarece la libertad individual! Los derechos del ciudadano son siempre ilusorios, palabras bien sonantes que acarician el oído engañando al oyente. La libertad es el cebo con que se caza a los incautos o jaula de pájaro hambriento. En el orden político el Derecho es la consagración de la esclavitud voluntaria: el ciudadano se somete hasta el punto de elegir sus amos. En el económico, la libertad es la cábala de la servidumbre: el ciudadano, para vivir, ha de someterse al jornal o sufrir la miseria: ni aun le queda la facultad de valorar su trabajo, puesto que si no le acomoda al patrón tendrá que cruzarse de brazos. En el social, resumen y compendio de la vida política y económica, el espíritu de casta, todavía poderoso, y la efectiva existencia de clases, son la más completa confirmación de que la fuerza es el único derecho que subsiste a través de los siglos es un mundo semibárbaro que se precia de civilizado. No hablemos del orden religioso. Nacemos y morimos con la envoltura teológica de lo trascendente, sometidas la conciencia y la acción a los mandatos y sugestiones de la casta sacerdotal. Empeñado el idealismo político y filosófico, remedo del religioso, en despojarnos de los atributos de la materia, nos ha convertido y ha convertido las ideas en sutiles abstracciones que sólo viven en las sublimidades inaccesibles de la mente de un puñado de visionarios. A una noción metafísica del Derecho, corresponde la metafísica noción del ciudadano. Pero el hombre de carne y hueso subsiste vive poderoso con la excitación constante de necesidades físicas, morales e intelectuales. En vano que demande satisfacción a los forjadores de leyes y códigos. El Derecho, que es toda la filosofía de éstos, permanecerá insensible, sordo, ciego y mudo ante los aldabonazos de la naturaleza. La fisiología de 1as funciones es una nigromancia para los sabios del clasicismo El estómago, el corazón, el cerebro, ¿qué les importan? Ellos no ven, no quieren ver en el hombre un animal que come, siente y piensa. Prefiriéndolo ciudadano que vota, obedece y trabaja. Por eso su lógica es la lógica de la propiedad individual, del privilegio político y de la sugestión religiosa. Su mejor argumento es el fusil. El principio de la recompensa, de donde se deriva el Derecho, es el alfa y el omega de la ciencia social. En teoría se remunera el trabajo por el gasto de energía que la labor representa. Prácticamente, el trabajo es una mercancía cuyo valor oscila a merced de la oferta y la demanda Si el gasto de energía no está en relación con las necesidades ni el mercado da un precio suficiente a cubrir aquéllas, ¿qué les importa a los teorizantes? La, sociedad, según ellos, no debe hacer más que esto: premiar el mérito, pagar el trabajo, asalariar las actividades disponibles. La obra comienza en la escuela. Se estimula a los niños con el higuí de un premio y por temor al castigo; correlación necesaria se llama esta figura. Así, la cuna del hombre se mece de la ambición al miedo. Después se entrega el individuo al jornal, aumentando éste a medida que la máquina humana produce más y mejor Así, el trabajo no es para el hombre ejercicio saludable por cuyo medio subviene a la satisfacción de necesidades que no se tienen en cuenta, sino el potro donde se prueban sus fuerzas para concederle o no un certificado de bestia. Para aquéllos a quienes se supone excepcionalmente dotados, se reserva el incentivo de la ganancia, del tanto por ciento. Comerciantes e industriales cobran el premio de un latrocinio. Ni aun los artistas y los sabios escapan a esta regla. El aplauso público y el favor oficial agradan porque significan una recompensa positiva inmediata. Sin el acicate de la recompensa, no habría, según la tesis, niños aplicados, hombres trabajadores, estudiosos, amantes de la belleza y de la ciencia. Parece que la humanidad tiene sobre la tierra el destino fatal de disputar un premio en un récord sin fin. Puede suceder o sucede que con tales enseñanzas se pervierta o se destruya la naturaleza, del niño y se condene al hombre al sacrificio de su organismo y de su personalidad, en holocausto de organismos superiores, individualidades privilegiadas que se degradan por la avaricia o perecen por el hartazgo. El amor al trabajo, al estudio, al arte, se desvía por la bajeza de los más ruines sentimientos. Nadie piensa en la natural satisfacción de las necesidades propias y generales, sino en la orgía de las riquezas, en la bacanal de todos los placeres fáciles. El sabio y el artista, lo mismo que el obrero y el niño, se pervierten por la corrupción que engendra el estímulo, trasunto de un egoísmo insano que divide a los hombres y los lanza a una guerra sin cuartel donde prevalecen la fuerza y la astucia. La humanidad se cansa ya de tanta ficción. Comienza a comprender que cuando habla del derecho de manifestación, que nada ni nadie puede destruir; que cuando se le encarece, la libertad de pensamiento y de acción, habría de hablársele de la necesidad imperiosa de pensar y de obrar, que nada ni nadie puede cohibir; que cuando se le canta el derecho al trabajo, el derecho a la vida con música agradable de sirena, debiera simplemente reconocerse la necesidad de trabajar por la necesidad de vivir. Son funciones fisiológicas respecto de las que la política y la filosofía representan una intrusión. Y no es éste un asunto de palabras sino cuestión honda de la cual las palabras no son más que signos exteriores de divergencia. El hombre es ante todo y sobre todo, un animal que come, piensa y habla. Como todo ser organizado, tiene necesidades que satisfacer; como animal, necesidades físicas: como hombre, necesidades morales e intelectuales. Sin el alimento que mantiene en pie el organismo, las necesidades morales e intelectuales no existirían. La necesidad de alimentarse es pues para el hombre el primer mandato imperativo de la naturaleza. De este mandato se derivan los demás, como una cadena sin fin. El trabajo es una necesidad más que satisfacer. Los fisiólogos que saben mucho que ignoran los políticos y los filósofos, prueban que el ejercicio es una necesidad del cuerpo hasta el punto de que, para los que desdeñan mancharse las delicadas manos con el trabajo material, se ha inventado la gimnasia, los juegos al aire libre, las regatas, las carreras y demás especies de deporte elegante. ¿Qué relación puede establecerse entre las necesidades individuales y las energías gastadas en el trabajo? Juan, que es más forzudo que Pedro, llevara a éste ventaja en un trabajo de resistencia. Una misma unidad de obra la hará Juan mucho más pronto que Pedro y, en una misma unidad de tiempo realizará el primero mayor cantidad de trabajo que el segundo, lo cual quiere decir que siempre ganará más Juan que Pedro. Pero Pedro, por lo mismo que es más débil, necesitará seguramente mayor y más nutritivo alimento, porque en 1a relación de las necesidades y de las energías gastadas habrá para él un gran déficit siempre. Luego puede establecerse como regla general que las necesidades estén en razón inversa de las fuerzas. ¿Condenaremos a Pedro a perpetua debilidad y a consunción eterna? Antonio, más débil que Diego, realizará una obra cualquiera mejor que éste. Pero una mayor habilidad implica la realización más fácil de dicha obra. Entonces, Antonio gastará menos energías, trabajará menos que Diego, en una misma unidad de producción- Así Antonio se hallará en el caso de restaurar una menor cantidad de energía gastada. Pero, según la teoría, ganará más que Diego, cualesquiera que sean las necesidades de uno y otro, se paga más al que menos fuerza gasta. Luego, también la retribución del trabajo está en razón inversa de la energía gastada, y como las necesidades guardan idéntica relación con las fuerzas, debemos establecer que se paga mejor al que menos necesidades tiene Rosendo, que es más inteligente que Joaquín aprenderá más pronto que éste cualquier lección o cualquier faena. Luego, Joaquín, para, aprender lo mismo que Rosendo, tendrá que hacer un mayor esfuerzo intelectual. En suma: Joaquín gastará, más fuerza, más energía, tendrá, por tanto, necesidad de reponer una mayor cantidad de fuerza empleada, a fin de devolver a su organismo el equilibrio. Pero, según las leyes anteriormente deducidas, Joaquín dispondrá de menos elementos para satisfacer sus necesidades, para reponer sus fuerzas quebrantadas, Luego, finalmente, se condena a Joaquín a creciente incapacidad fisiológica y progresiva miseria económica. Resultado: que el principio de la recompensa, no estimula ni al más fuerte, ni al más hábil, ni al más inteligente; pero sí reduce a impotencia, absoluta, y miseria perpetua al débil, al inhábil y al torpe. Si para, los primeros es fácil obtener un buen premio, es claro que la promesa, de éste no los estimula. Si para los segundos es casi imposible conseguir el mismo premio, y de hecho lo obtienen cada vez menor, es evidente que les empuja hacia la desesperación y al suicidio. Se paga, se nos dirá, la aptitud, se retribuye el mérito, se recompensa, la inteligencia. Y bien: una, mayor aptitud, una mejor disposición para el trabajo, significa siempre menor gasto de energía; por tanto, menos necesidades que satisfacer. Organismos más ricos en propiedades vitales aquéllos, se mantienen más fácilmente que éstos. Dar más al que menos necesita equivale a colocar lo superfluo al lado de la miseria, en constante oposición. ¿Qué papel desempeña en esta tremenda antinomia una noción cualquiera, del Derecho? Toda la filosofía idealista se derrumba ante observaciones tan elementales. Ciencia que olvide que el hombre es un animal con necesidades físicas, morales e intelectuales, vendrá forzosamente a tierra. Juristas y abogados, filósofos y políticos, necesitan unas cuantas lecciones de fisiología. Cualquier organización social para ser duradera y equitativa, ha de descansar en el reconocimiento de necesidades individuales y ha, de tener por objeto su mejor y más fácil satisfacción. Organizar el trabajo es igual a organizar los medios de satisfacer debidamente las necesidades generales. De aquí resulta, que la organización de la sociedad se reduce a, la del trabajo y la distribución. Los infinitos modos de arribar a este organismo que produce, distribuye y consume, son el objeto de la sociología, nueva ciencia que nace por oposición al empirismo rutinario de la economía política. En vez de historiar los hechos cantando himnos de triunfo al capitalismo y a la explotación, trátase hoy de indagar las leyes naturales que rigen el funcionalismo social, cual es la tendencia de la evolución económica y cómo se conquistará más rápida y seguramente el bienestar. No se estudia lo que ES sino para llegar a lo que debiera ser o, más propiamente, a lo que SERÁ. El mundo actual se desmorona bajo los certeros golpes de la crítica. El mundo del porvenir asoma en el horizonte sensible del positivismo científico. Nadie más que los politicastros se ocupa ya de la organización de los poderes y de la reglamentación de la vida social. La investigación va por senderos más despejados. Se inquiere afanosamente la forma de organizar la solidaridad humana, haciéndola efectiva. Necesidades que satisfacer, funciones que desempeñar, relaciones mutuas que convenir propendiendo abiertamente a la libertad total del individuo y a la igualdad de las condiciones, son los verdaderos términos del problema que preocupa a la generación presente. Y en orden tal de ideas novísimas y de aspiraciones generosas la jerga político-filosófica de los derechos y deberes, el aquelarre de las leyes civiles, la grave y sesuda jurisprudencia y el arrogante militarismo quedan descartados por inútiles y por rancios. El sacerdote, el soldado, el magistrado, el capitalista y el gobernante han sido arrinconados al par que la rutina de pretendidas ciencias. La ciencia nueva ocúpase preferentemente del pueblo en general y de sus necesidades y demandas. Ella, no dice ni dirá, tal vez en mucho tiempo cómo y en qué forma un próximo porvenir realizará la Justicia. La experiencia, por un proceso de selección irá determinando la forma o formas más equitativas del desenvolvimiento del bello y positivo ideal que implica una amplia satisfacción de las necesidades generales. Nadie intenta. ya forjar el mañana con arreglo a moldes de exclusiva invención, porque se ha comprendido que la humanidad no se ha conformado, no se conforma, no se conformará, jamás a los caprichos de inventores de los sistemas sociales. Los decretos lanzados a la posteridad son como burbujas de jabón que se disipan en el aire. Retrotraer el mundo a las condiciones regulares de un funcionalismo natural es, probablemente, la verdadera solución del problema, ya que todos los artificios han fracasado. El régimen gubernamental absoluto o parlamentario, personal o colectivo, no puede dar de sí más que la pantomima de la libertad civil y de la caricatura de la igualdad al par que una anacrónica noción de la Justicia arrancada al principio de la recompensa. Por otra parte, el comunismo tradicional, lo mismo que la servidumbre y el proletariado, no produce ni producirán otra cosa que la miseria organizada. A pesar de todo, los hombres superiores continuarán la cantinela de nuestros derechos y deberes, más atentos, de seguro, a estos que a aquéllos. Poco importa que todo cuanto se deriva del derecho no haya logrado aumentar en una parte infinitamente pequeña el bienestar de los pueblos; nada dice a los sentidos que no haya hecho más que poner impedimentos a una regular satisfacción de las generales necesidades. Gobernados por la teología primero, por la política después, se nos ha olvidado como hombres, para esclavizarnos como bestias. La representación gráfica del derecho es el látigo empuñado por un capataz de ingenio. Continúen los hombres superiores su letanía. Rezan en el desierto, predican para sordos, pues que nadie los escucha. De nuestra parte, sacudiendo toda pretendida inferioridad, recabamos obediencia a las leyes físicas que la ley civil desconoce; pretendemos reintegrarnos a la naturaleza anulada por el artificio gubernamental; tratamos de restituirnos a la Justicia por la libertad de acción más completa y la más plena igualdad de condiciones económicas para la vida. Seres dotados de órganos adecuados a funciones físicas, morales e intelectuales, reclamamos la independencia total de nuestra personalidad, condición indispensable a la integración de sus elementos constituyentes. Romperemos todas las ligaduras que nos atan y seremos, después de un largo cautiverio como esclavos, HOMBRES en la plenitud de sus facultades. («CIENCIA SOCIAL». Barcelona 1895.) Ricardo Mella. |
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