Mi?rcoles, 06 de agosto de 2008

 
El hombre: Realidad y posibilidad

Mi vida transcurre entre cuatro paredes de un cuarto de baño que bien podría ser el tuyo. Una ventana situada a mi izquierda me comunica con el exterior y con la luz del día. No muy lejos de ella se encuentra la taza del retrete y la cisterna, cantar súbito de catarata en ciernes. Su color blanco destaca tanto como el de la bañera, situada junto a la misma pared de la que cuelgo, con una extensión aproximada de uno ochenta por setenta y cinco centímetros de ancho. En ambas, bañera y retrete, los humanos hacen desaparecer la suciedad diariamente, especialmente durante veranos tan calurosos como éste. En las paredes el color predominante también es el blanco de los azulejos. Sí, el blanco me ambienta y me da vida al conseguir que todo me sea mucho más visible y hermoso. En este mundo, los humanos suelen desnudarse de cuantos traumas sociales e individuales les afectan, y comprender que son de carne y hueso, que se deben a sus necesidades y no a la moral de los represores de la carne. Durante casi treinta años he tenido tiempo de sobra para comprender a los humanos, para comprender que en un cuarto de baño no hay lugar para la hipocresía. Sí afirmo tal cosa es porque lo sé de sobra. La experiencia avala cuanto digo. Bueno, seguiré describiendo mi mundo: bajo mi dulce presencia hay una pequeña repisa de madera de roble, ocupada por varios peines, cepillos de dientes de diversos colores, tan diversos como los botes de perfume. Finalmente, en un poyato situado justo a mi derecha, se amontona la ropa sucia en espera de ser lavada de un momento a otro, unas botellas de plástico, con detergente, gel y champú; varios rollos de papel higiénico y algunos trozos de jabón de sosa. Frente a la bañera, una percha cargada de toallas naranjas, verdes y amarillas, cada una de ellas de usos y tamaños muy variados.
Y ahora, pasen y contemplen otra parte de mi mundo, sin duda la más importante:
Yo soy Anabel. Soy la meta inalcanzable de algunos hombres, quizás al más preciado objeto de deseo; mundo imaginado de maravillas por conocer. El espejo me mira y me dice:
Estás muy guapa, puedes llenar tu cama de hombres y tu hogar de hijos, con tan sólo proponértelo.
Estimado espejo, sé todo eso más que tú y, sin embargo, aún no he conocido varón.
Si tontearas con los hombres menos e hicieras más el amor, no tendrías ese problema.
Me encanta sentirme deseada, comida por los ojos de los hombres, pero es pronto para convertirme en un campo de placer.
Pronto, nunca es para nada, si lo deseas.
Hay un muchacho al que sé que le gusto. De hecho, no hace más que tirarme los tejos, pero es tan feo que jamás me tendrá. A mí me gustan los tíos que están como un tren, en concreto, uno que se llama Paco.
No creas que eres una excepción. Por lo que sé, hay muchas mujeres a las que les sucede lo mismo que a ti, y lo mismo digo de los hombres, por lo que te aconsejo que elijas al que te guste y dejes de lado a todos los demás. Lo único importante es que goces plenamente de la vida y que hagas lo que te apetezca. Jamás te unas por lástima a nadie, y más si deseas ser feliz.
Sí, ¿pero qué pasará si al que me gusta yo no le gusto?
Aprende a saber arriesgarte; de lo contrario, serás un ser vivo realmente muerto.
Tengo miedo.
Teniendo ese cuerpo, no sé cómo es posible.
Ni con este cuerpo ni con otro tengo garantizado que me ame el ser que yo amo.
Niña, también has de saber perder, sólo así podrás sobrevivir a tus propios sueños.
Que pierdan los feos. Yo tengo que ser ganadora siempre.
La vida te enseñará a comprender que, el hecho de que lo tengas más fácil que otras, no significa que vayan a cumplirse todos tus sueños. Quien no comprenda tal cosa, terminará sufriendo más de lo que él mismo se imagina, por no decir que más que todos los que supuestamente están abocados a sufrir, por ejemplo, ese ser que es feo y te tira los tejos, y que según tú misma, quizá no lo recuerdes ya, me has contado, lo único que en ti provoca es tu desprecio más absoluto.
No es por desprecio, es para que se dé cuenta que, antes que de él, seré de cualquier otro.
Sí, y también de cualquier otro que al final te odie más de lo que jamás te amó, y nunca llegue a valorarte ni a entenderte.

Experto
Experto

  1. Registrado: Lun Dic 18, 2006 12:10 am
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    Ubicación: Andalucía, España y la Humanidad.  
    Lo que no gusta, no gusta, y si lo que gusta es peor que lo que no, que cada cual aguante su mal trago como pueda; nada es peor que la comprensión de la gente que te importa un comino. Antes sola que mal acompañada.
    Por supuesto, mi querida amiga; si te dijera lo contrario, sería tu peor consejero , pero tampoco olvides que tras la máscara de la fealdad y de la belleza existen seres reales que no se miran en mí, sino en su alegría, en estar bien consigo mismos y con los demás. No olvides nunca la belleza que no se ve. No olvides que la belleza de la cara se pierde siempre antes que la del alma.
    Yo soy lo suficientemente bella como para pensar que eso es realmente así. En cambio, todas y todos los que se sienten descontentos con su cuerpo, sueñan con amar a quien representa su ideal de belleza y que ellos no poseen. Conozco a demasiada gente poco agraciada que no puede evitar tal cosa y que, cuando se enamoran de alguien tan poco agraciados como ellos, lo hacen como último recurso, por no decir que se casan con unos y siguen soñando con otros.
    Todos deseáis poseer lo que no tenéis, sobre todo cuando lo consideráis mejor.Aunque también es cierto que la belleza persigue a la belleza y no a la fealdad. Por otra parte, el hecho de que se esté casada con uno y se sueñe con otro, significa que no se tiene lo que se desea, sino un sustituto que en menor o mayor medida os hace sentir toda una mujer o todo un hombre.
    Ese creo que, en el fondo, es precisamente nuestro gran problema. Y todo porque en realidad no sabemos vivir con nosotras mismas y pocas veces nos sentimos satisfechas de nuestros actos. Reconozco que lo que dije antes respecto a que los poco agraciados se casan con una mientras sueñan con otras, puede sucederle incluso a los que nuestra belleza es más que manifiesta.
    En esta vida hay cosas de las que no te salvará ni tu belleza ni tu fealdad y entre ellas, todo lo que separa los sueños de la realidad. Todos los espejos nos romperíamos, ¿Qué sería de nuestro mundo sin la fealdad disfrazada de belleza mediante un perfecto retoque allí, otro retoque allá. La fealdad es lo único que nos hace sentir felices; sin ella nos aburriríamos soberanamente.
    ¿No me estarás diciendo que te aburres conmigo?
    Si me aburriera contigo, hace tiempo que me habría roto en mil pedazos.
    Si conmigo no te sientes feliz, mejor será que no volvamos a decirnos nada, además, estoy muy contenta de no ser fea.
    Yo no miro tu belleza ni tu fealdad. Después de tantos años juntos, lo que me une a ti está por encima de todo eso. Además, me encanta reflejar tanto tu piel como tus múltiples disfraces. Hagas lo que hagas, lo cierto es que yo siempre te reflejaré como sólo lo puede hacer quien en verdad te ama. Tu hermana es mucho más fea que tú. La quiero también mucho, pero me resulta divertido verla florecer súbitamente: hasta parece más guapa que tú; ver lo feliz que se siente al contarte lo mucho que liga enmascarada, y ni pensar en comerse una rosca, en caso contrario. Eso me hace darme cuenta de algo esencial: que la especie humana, cada uno de sus individuos, sois únicamente aquello que los otros , ente sin rostro, desean: siempre tenéis en cuenta lo que lo otros pueden pensar de vuestros actos. Vuestras vergüenzas nacen de la mofa ajena, vuestros miedos, de las pesadillas de otros, y vuestra envidia, de lo poco que os amáis. Vuestros deseos y sueños solo son un reflejo de la realidad social que os envuelve y, sin embargo, os creéis tan libres e importantes como no sois.
    - Me está saliendo una espinilla y tengo la cara un poco reseca. Me echaré un poco de crema hidratante.
    - ¡No sé cómo te permito que te reflejes en mí! - gritó el espejo, algo irritado con ella.
    - ¡No sé por qué te mosqueas tan pronto! ¡Ni qué siempre tuviese que estar atenta a tus palabras!
    - Prefiero deleitarme en tu voz y no en tu imagen, aunque te parezca extraño.
    - ¿No sé por qué te gusta más mi voz que mi imagen?
    - Porque tu voz consigue que mi imaginación vuele y, en cambio, tu imagen ya me dice bien poco.
    - ¿No será que te habrás enamorado de mí?
    - Yo diría, pensándolo bien, que sólo estoy enamorado de tu voz.
    - Preferiría que estuvieses enamorado de mi imagen. Me sentiría una mujer y no una voz. Me sentiría amada por un hombre y no por un espejo.
    - Te engañarías a ti misma. Te engañarías, porque olvidas que los espejos jamás nos enamoramos de imágenes.
    - ¡Me sorprendes! Estaba segura de que únicamente os enamorabais de ellas.
    - Eso creen los que imaginan saber de nosotros sin saber.
    - Yo te conozco bien, pero hasta ahora no sabía tal cosa.
    No me conocerás lo suficiente.
    La culpa será tuya, que no me lo permites.
    Si no tuviese secretos contigo, me ignorarías por completo. Por eso mismo, es preferible que no llegues a saber de mí más de lo necesario.
    Quizás tengas razón. Quizás la magia de la relación se encuentre en que no se pueda poseer al otro por completo.
    Jamás podrás amar a quien te aburre.
    En eso tienes totalmente razón.
    Tus ojos necesitan ser pintados. No olvides que con ellos también se conquista a los hombres.
    En parte tienes razón, pero sin un buen resto del cuerpo, tampoco se va a ninguna parte. Miles de ojos tan bellos como los míos, miles de ojos que incluso no necesitan maquillaje, lloran por no poder atraer a nadie a su lado, ya sea por la falta de otras bellezas en su rostro o en el resto del cuerpo - contestó ella mientras buscaba el delineador de ojos a fin de darse algún que otro pequeño retoque.
    Pese a lo guapa que eres, tan poco te vendría mal retocarte las mejillas. La verdad es que cada día que pasa pareces más vieja. No te extrañe que dentro de poco te encuentres envuelta en arrugas y que cada día te parezcas más a tu madre.
    Con vivir mi tiempo, me conformo. El día que deba encontrarme envuelta en arrugas, será señal de que sigo viva.
    Si alguien te dijera que te saldrán a los veinte años, seguro que no te daría igual.
    A nadie le daría igual. Claro que eso es difícil que le suceda a alguien, por no decir que totalmente imposible.
    A todos les duele perder lo que poseen. Y como tú no serás menos, a ti también te dolerá perder la belleza de la que gozas, belleza que hace felices a cuantos les gustaría amarte.
    Es posible, pero seguro que me dolerá menos que a quienes no acepten de buen grado el hecho de envejecer.
    ¿Cómo estás segura de que tú lo aceptas de buen grado?
    Porque me conozco como si me hubiera parido a mí misma, como diría mi madre.
    Tu madre y tu padre también pensaban lo mismo y, cuando empezaron a envejecer, no podían disimular el terror que tal cosa les provocaba. Sí, una cosa es teorizar desde la lejanía de la juventud y otra, encontrarse con el día a día del envejecimiento. Nadie sabe mejor que yo de tales cosas. Por algo soy el que ve todos los rostros, todas las tristezas y alegrías de la soledad ante mí.
    Tampoco creas que los demás no somos capaces de ver tales cosas, porque no es así; hay cosas no se pueden ocultar a nadie. Tarde o temprano, quien más y quien menos, sabe descubrirlas.
    Yo no digo que los demás no sepáis, lo que digo es que no sabéis mejor que yo, que es distinto.
    Bueno, mejor será que acabe de maquillarme y que salga un rato a dar una vuelta - dijo ella.
    Sí, a ver si ligas esta noche algo y me vienes más contenta que ayer noche.
    Ayer todo lo que deseaba me salió mal.
    Conforme menos sueñes, más cerca te encontrarás de la realidad - dijo el espejo mientras ella se disponía a acabar de maquillarse.
    Para concluir tal cosa, tampoco habrás tenido que pensar nada del otro mundo - dijo ella al tiempo que tomaba la barra de labios.
    Pintó ambos labios con sumo cuidado y presteza y, luego de asegurarse de que habían quedado presentables, volvió a guardarla en el lugar de siempre
    Jamás comprenderé por qué las mujeres os pintáis los labios, incluso pienso que ni vosotras sabéis por qué hacéis tal cosa.
    Yo tampoco comprenderé jamás por qué los espejos os enamoráis de la voz y no de las imágenes.
    Aunque generalizase antes, en realidad me estaba refiriendo tan sólo a mí. Analizándome, puedo llegar a la misma conclusión que puede llegar cualquier ser humano; es decir, el amor también es, para mí, ciego y lo mismo podemos decir de las razones por las que nos enamoramos de alguien. En resumen, si me preguntase a mí mismo por qué me he enamorado de tu voz, lo único que podría decirte es que no lo sé, sólo sé que me hace soñar, que es la voz que debe tener todo dios que se precie de tal cosa.
    Sean los que sean, tus motivos, lo cierto es que yo me pinto los labios para sentirme más bella de lo que ya soy.
    La verdad es que lo único que haces es ocultarle al mundo el verdadero rostro de tus labios, un rostro, a mi parecer, mucho más bello al natural de lo que jamás podrá estarlo pintado. Seguro que los hombres desean besarte más sin pintura en los labios que con ella.
    Seguro que los hombres sólo son concientes de que una mujer los ha besado, cuando al mirarse en tus semejantes, tras una noche con la mujer de sus sueños, ven las señales manifiesta de que realmente ha sido así.
    No me dirás ahora que la pintura de labios viene a ser lo mismo que una hormona sexual con la que atraer al sexo contrario.
    No, eso jamás, claro que, en realidad, si se piensa detenidamente en la razón por la cual nos pintamos los labios, quizá se deba a que somos conscientes de que el rojo es un color con gran atractivo sexual.
    Si es por eso, entonces comprendo perfectamente porqué os pintáis.
    Si tú me comprendes, entonces será por eso.
    ¿Tanto confías en mi sabiduría?
    Para confiar en la de otros, prefiero creer en la tuya - dijo Anabel mientras se maquillaba las pestañas.
    Será mejor que aprendas a cronfiar en ti misma
    Cuando alguien sabe más que uno, la mejor sabiduría es aprender de él y dejar la envidia para los tontos y los que se dejan llevar por orgullos que sólo ahogan su propia evolución o, mejor dicho, desarrollo personal. Sin los demás y sus enseñanzas, nuestra personalidad sólo se encontraría cerca de la mayor de las pobrezas mentales. Sin comunicación nada nos distinguiría de una roca.
    En todo lo que dices tienes razón, pero, no por eso, tengo que creer en ti. Yo también sé guiarme en la oscuridad, sé hacerte creer que eres más guapa de lo que eres.
    Eso último es mentira. La belleza no la das tú, la belleza la da el mundo y de éste depende. De hecho, yo soy guapa porque todo el mundo lo ve así. Si tuviese una nariz como un templo, y todo el mundo le dedicase loas, puedes estar seguro de que, para mí, sería la nariz más bella de las narices.
    La belleza suele ser más objetiva de lo que tú te piensas. En muy pocos sitios el templo de tu nariz sería bello. Una nariz es bella cuando ni es demasiado grande ni demasiado pequeña, cuando no rompe con el molde de la normalidad.
    Bueno, pues entonces mi nariz sería bella cuando las narices como templos fuesen la norma - dijo ella prodigándose los últimos retoques.
    En eso estoy más de acuerdo que en lo que has dicho anteriormente.
    Tras esto, Anabel prefirió guardar silencio y acabar de una vez de maquillarse. El espejo la observaba atentamente, sin atreverse a soltar palabra; prefería no perder detalle respecto a la belleza recién adquirida por ella.
    Cuando Anabel acabó de maquillarse, le dijo:
    Siendo tan guapa como soy, eso es imposible.
    Está visto que no estás satisfecha de tu propia belleza.
    ¿Entonces por qué mierda te maquillas todos los días?
    Quizá sea por imitar a mis amigas, pero jamás porque me sienta más guapa, que es lo que le sucede a las feas.
    No creía yo que los seres humanos fueseis tan parecidos a los espejos. Ahora resultará que no sois más que un reflejo de los demás y que actuáis por imitación.
    En cierto sentido, así es.
    Si te pintaras por necesidad y no por gusto, te comprendería.
    Se dice que de gustos no hay nada escrito; por consiguiente, deberías comprenderme: yo también lo hago por gusto.
    Tengo la ligera sospecha de que por lo único que verdaderamente lo haces es por
    hablar conmigo un rato: sólo reflejándote en mí podrás adentrarte en lo más profundo de ti.
    Ya sé que soy muy narcisista, ¿pero qué le voy a hacer, si no lo puedo evitar?
    El narcisismo es un reflejo del excesivo amor que los humanos soléis sentir por vosotros mismos. En todo narcisista suele reinar un neurótico, una neurosis, por supuesto, insoportable para los demás pero perfectamente asimilable por uno mismo, especialmente si sabemos estimarnos suficientemente como personas.

Tags: humanidad, realidad, vida, hemosa, hipocresía, espejo, mujer

Publicado por blasapisguncuevas @ 18:42
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