Mi?rcoles, 06 de agosto de 2008

El Presidente y la primera dama apenas llevarían media hora en la casa blanca cuando fueron interrumpidos por uno de sus asesores, para comunicarles que les llamaba por teléfono el doctor Harry, especialista en hematología, desde el hospital de la marina. El Presidente, en cuanto le fue pasada la llamada al teléfono que tenía a su lado, lo cogió apresuradamente.
-¡Al habla el Presidente!
- Siento tener que molestarlo, pero debo darles, tanto a usted como a su esposa, una noticia desagradable, claro que antes me gustaría preguntarles si, a lo largo del día, en algún momento se han sentido indispuestos.
- Yo no sé qué clase de noticia desagradable tiene que darnos, pero si, como imagino, se trata de nuestro estado de salud, solamente tengo que decirle que desde nuestro regreso del hospital me siento tan bien que me parece tener veinte años. En cuanto a Rose, si se sintiese mal, ya me lo habría dicho - le dijo mientras miraba a su esposa, que se encontraba a su lado, para asegurarse de que era del todo cierto lo que acababa de decirle al doctor.
- Me alegro de que así sea. La noticia consiste en lo siguiente: hace unos cuarenta minutos descubrí en su sangre una extraña mutación de los glóbulos blancos. Dicha mutación consiste, concretamente, en que éstos tienen forma de ovejas enanas. No obstante, pese a éste hecho tan extraño, más extraño resulta aún el que tal cosa no parezca tener repercusiones en el resto del organismo, al menos eso es lo que los demás doctores participantes en la revisión me han confirmado. Sin embargo, para asegurarnos de que la mutación no afecta a su salud, necesitamos volver a realizarles mañana una nueva revisión. Esperamos poder contar con los mejores especialistas en el campo de la hematología y que nos ayuden en el estudio de la enfermedad. Pese a todo esto, lo mejor para ustedes es que, por ahora, no se preocupen. Pero si se sienten mal, no duden en llamarnos en seguida.
- De acuerdo, llamaremos en cuanto notemos algo raro, pero como ya le he dicho, por ahora nos sentimos estupendamente. Respecto a lo de la revisión que nos harán mañana, sólo díganos a qué hora debemos estar en el hospital.
- Vengan mañana por la tarde a eso de las cinco.
- Por mí estupendo, pero, por favor, dígame usted si es cierto que no saben nada de las repercusiones de dicha mutación o si en verdad lo que padezco es alguna enfermedad grave.
- Yo le aseguro que es cierto todo lo que le he dicho y les pido que no se dejen llevar por la imaginación, ya que eso puede ser peor que la mismísima mutación.
- Intentaremos que así sea, por nuestro bien.
- Eso es lo que deben hacer, conque procuren seguir como si no hubiesen recibido noticia alguna.
- Esa exigencia ya es demasiado para ambos.
- Bueno, señor presidente, les espero mañana a las cinco. Por ahora, debo despedirme de usted, que por aquí tenemos mucho trabajo y no puedo ni debo perder el tiempo.
- ¡Hasta mañana!
- ¡Hasta mañana!, doctor y que le vaya bien en sus investigaciones.
- Así lo espero yo también, mejor dicho, lo esperamos todos sus doctores y doctoras.
Tras esto, ambos colgaron el teléfono. El presidente se acercó a su esposa sin poder disimular su preocupación. Ésta le preguntó sobre el porqué de la llamada, para asegurarse de que era cierto lo que le parecía haber escuchado o si tan sólo le había parecido a ella. El se lo contó todo sin omitir detalles e incluso le dijo lo que sospechaba sobre las posibles causas de dicha mutación:
- A mí parece que en una mutación de ese estilo se esconde un complot contra los dos, por parte de los tiranos de los países sin libertad, en especial por los soviéticos.
- Ese es un complot muy raro, porque todavía estamos vivos.
- Porque sus efectos no serán rápidos, claro que también, en realidad, lo que pretenden es convertirnos en comunistas y no eliminarnos, y de esa forma poder controlar mejor nuestro país.
- A mí me parece que en eso estás profundamente equivocado. Seguro que para nuestra desgracia, o fortuna, solamente se trata de alguna enfermedad que ha sido detectada en nosotros antes que en nadie más; conque déjate de esas sospechas, no vayan a influir en las relaciones con los soviéticos y las empeoren todavía más. Claro que eso no significa que no deban los doctores estudiar esa posibilidad. Pero solamente como posibilidad, nada más.
- Tienes razón en lo que dices. Les propondré que estudien esa posibilidad y no me dejaré llevar por meras sospechas sin comprobarlo antes.
- Yo pienso que quizá esa mutación se puede deber a la evolución de la especie humana, una evolución no se sabe si buena o mala, aunque sospecho que en realidad debe ser buena, ya que toda evolución, a la larga, lleva a una perfección de la especie.
- O también lleva a todo lo contrario; a nuestra desaparición.
- ¿Y si nos llevara a ser eternos?
- Eso es ya más difícil.
- Bueno, será mejor que nos dejemos de sospechas y nos vayamos a cenar y a ver la televisión; así podremos alejarnos más fácilmente de la preocupación que nos domina, ya que, sin duda, como me ha dicho el doctor, puede ser peor el preocuparse que la mutación en sí.
- Tienes razón, es lo mejor que podemos hacer, además, esta noche echan una buena película sobre la guerra de independencia, que me gustaría ver entera.
- ¿De qué trata?
- Más o menos de lo necesaria e importante que fue la revolución para el mundo y en especial para nosotros.
- Entonces me gustaría verla a mi también. Venga, vamos a verla mientras nos sirven la cena.
- Sí, ya faltará poco para que la sirvan, si es que no se retrasan por alguna causa.
Ambos se dirigieron mientras charlaban al salón comedor, donde enseguida les sirvieron la cena.

A las cinco de la tarde del día siguiente, el presidente y su esposa acudieron al Hospital acompañados de sus respectivos hijos, a los que se les podía ver hondamente preocupados por la salud de ambos, y de un número considerable de asesores y amigos, atraídos por la extraña mutación y el deber de estar junto a ellos en un momento tan crucial.
En éste fueron recibidos por el director y los doctoras encargados de sus revisiones trimestrales, entre los que se encontraban, cómo no, el doctor Harry, descubridor de la mutación, su estimada colega, la doctora Catherine, así como la docena de doctores llegados desde distintos puntos de la Unión a ayudarles en el análisis de la nueva enfermedad y sus repercusiones en el organismo humano, de tal forma que el presidente y su querida esposa recibieran cuanto antes el tratamiento adecuado y recobrasen la salud.
Tras los saludos y presentaciones de rigor, el presidente preguntó por la mutación descubierta en sus leucocitos y en los de su esposa. EI doctor Harry, como descubridor de dicha mutación y portavoz de los doctores ante los medios de información y el mismo presidente, les explicó pormenorizadamente su descubrimiento, finalizando ante las muestras de preocupación que mostraban los familiares, a los que intentó tranquilizar diciéndoles que, pese a todo, tan poco debían dejarse llevar por las apariencias de la mutación, ya que, en realidad era solamente una gran desconocida y no era bueno adelantar suposiciones sobre su peligrosidad. Lo mejor que podemos hacer ahora es realizarles la revisión lo antes posible.
- Como para eso es para lo que hemos venido, empiecen cuanto antes - opinó el presidente, deseoso de acabar rápidamente con la nueva revisión a la que debería someterse tanto él como su esposa.
- ¡Sí, venga, que tenemos prisa y el tiempo no se puede ni se debe perder en charlas! - saltó la primera dama.
El presidente y la primera dama, también los hematólogos venidos desde los distintos puntos de la Unión, siguieron al doctor Harry y a la doctora Catherine adonde se encontraban la sala de extracciones y el laboratorio. EI resto de los doctores, en cambio, se dirigieron a sus consultas a preparar todo cuanto fuese necesario para volver a estudiar, en cuanto el presidente y la primera dama se presentase en ellas, el estado de salud de ambos, por si la mutación que sufrían sus glóbulos blancos incidía en él. El día anterior ninguno había observado nada que indicara algo en ese sentido. Claro que sólo el tiempo vendría a mostrar qué clase de síntoma traería consigo tan extraña mutación. Casi todos ellos consideraban que lo más prudente era seguir de cerca los posibles pasos evolutivos de ésta, y así poder controlarla mejor y luchar contra ella más fácilmente.
El director, los hijos e hijas del presidente, los asesores y amigos que les acompañaban, en cambio, decidieron aguardar en la sala de espera a que les comunicasen el resultado de dicha revisión, sin abandonarles ni por un momento la preocupación.

En la sala de extracciones, contigua al laboratorio, y conectada con él por una puerta, las enfermeras extrajeron a ambos las muestras de sangre. La pusieron a disposición de los distintos hematólogos. Estos enseguida penetraron en el laboratorio decididos a averiguar todo lo que estuviese en sus manos respecto a la extraña mutación. EI presidente y Rose los siguieron llenos de curiosidad.
El doctor Harry, decidió aconsejarles:
- Para no perder tiempo, lo que ambos deberían de hacer es dirigirse al servicio y llenar cada uno lo menos la mitad de un recipiente como ésos - indicándole con la mano el lugar donde se hallaban éstos.
- ¡Mientras que yo no vea por mis propios ojos esa maldita mutación, no he realizo ninguna prueba más! - saltó el presidente, adentrándose con paso decidido en el laboratorio.
- ¡Eso,eso! ¡Tenemos que verlo nosotros mismos! ¡Si no, no me lo creeré nunca! - añadió la primera dama, siguiendo sus pasos.
- Por nosotros no veo inconveniente, pero si tienen tanta bulla como decían antes, ¿no sé por qué desean perder el tiempo?
- Si para usted es una pérdida de tiempo que queramos ver con nuestros propios ojos lo que hay dentro de nuestra venas, para nosotros no lo es - le replicó el presidente.

- Por mí pueden hacer lo que quieran. Si quieren ver sus glóbulos en el nuevo estado en que se encuentran, no se preocupen, los verán en unos minutos. ¡Por favor!, esperen mientras ahí sentados. -- Cuando esté preparado el microscopio, yo mismo les avisaré.
- De acuerdo doctor, nos quedaremos mientras aquí sentados.
Los doctores prepararon los microscopios en un santiamén.
Minutos después, el presidente y la primera dama pudieron ver las formas ovinas de sus glóbulos blancos. Al comprobar que los doctores estaban en lo cierto, se sintieron un poco ridículos y no les quedó más remedio que reconocer que era así y pedirles perdón por haber desconfiado de ellos, aunque, eso sí, intentando justificar el motivo de su desconfianza anterior respecto a lo que los doctores le decían, añadiendo que, pese a todo, ellos se sentían mejor que nunca. A los doctores que aún no habían tenido tiempo de observar la mutación, se les oyó exclamar que jamás en su vida habían visto una cosa tan extraña.
- Yo no sé qué pensar sobre una cosa tan rara; lo mismo puede ser que debilite la salud o que la fortalezca, ojalá la fortalezca, y mejor que mejor, pero me temo que será lo contrario - opinó el doctor Robert.
- Como la función de los glóbulos blancos es la de defender el organismo contra los ataques de los virus, las bacterias y de todo tipo de posibles gérmenes que lo pongan en peligro, podemos estar seguro de que repercutirá en la salud de los que la padezcan - opinó el doctor Carl.
- En esa gran labor defensiva de los leucocitos es donde posiblemente se esconda todo el misterio de la enfermedad, y no sería mala idea controlarlo de cerca - opinó el doctor Jesse.
- Puede ser que tenga razón y, es por eso, por lo que me parece que lo mejor que podemos hacer, si queremos controlarlo de cerca, es hacerles todos los días, durante una semana, un análisis - les dijo el doctor Harry.
- No es mala idea, así lo haremos, pero para eso creo que lo mejor es internarlos a los dos; así evitamos, de paso, posibles contagios y, lo que es más importante, podremos realizar un control mucho más cercano - le dijo la doctora Catherine.
- ¡Si ustedes se creen qué me puedo permitir el lujo de abandonar mi puesto durante unos días por una enfermedad tan pacífica como esa, están muy equivocados! ¡No, no me lo puedo permitir ; conque pueden ir pensando en otra cosa, que eso no lo acepto! - intervino el presidente, oponiéndose a cuanto acaba de decir la doctora.
- ¡Cómo qué no lo acepta! ¡Ni qué fuera un chiquillo! ¡De modo qué nos hace llamar y ahora se niega a que los internemos! - exclamó el doctor Carl, sin dar crédito a que el presidente pudiera negarse a tal cosa, y más en un momento tan poco propicio.
- En primer lugar, yo no he hecho llamar a nadie. No obstante, si así lo quieren, me dejaré internar; pero a mí me parece que quizá,detrás de la enfermedad es posible que se esconda un arma bacteriológica inventada por los soviéticos con el fin de acabar con los hombres al servicio de los derechos humanos - le dijo el presidente, cambiando de opinión.
- Eso ya es otra cosa. Veo que es un hombre razonable. En cuanto a lo que dice respecto a que la enfermedad posiblemente se deba a un arma bacteriológica que han inventado los rusos, usted, que conoce tanto su carácter, tal vez esté en lo cierto, por lo que no sería mala idea estudiar esa posibilidad - profirió el doctor Harry.
- ¡Por favor, dejen de decir tonterías y estudiemos el problema como lo requiere el método científico, no por medio de sospechas tontas! Por ejemplo, muy bien podemos realizar las revisiones diarias de las que hace un momento ha hablado el doctor Harry y estudiar si afecta a algún órgano determinado, en mayor o en menor cuantía, al tiempo que mantenemos un control mayor de la enfermedad; claro que, mientras se realizan esas posibles revisiones, podemos aprovechar el tiempo y ampliar también nuestro estudio de la enfermedad a sus posibilidades de contagio a otros seres humanos. Si no lo hacemos y en verdad es contagiosa, podemos cometer una de las mayores imprudencias de la historia.
- También podemos llamar a varios especialistas en armas bacteriológicas y que estudien la posibilidad de que se trate realmente de un arma de ese tipo.
Puestos a estudiar las causas de una mutación de tal género, no me parece ninguna barbaridad el sospechar que las causas reales se encuentren en ese mundo de intriga y perversión.
- Al menos hay alguien que me comprende. Pero eso sí, lo he pensado mejor, y respecto a que nos hagan una revisión completa diariamente, lo cierto es que, al menos yo, no estoy dispuesto en lo más mínimo a que me conviertan en un campo de prueba. Si quieren un conejillo de indias, búsquense a otro.
-Lo mismo opino yo; conque con nosotros no cuenten para eso – dijo la primera dama.
-¡Pues saben ustedes que ponen las cosas fáciles! ¡Siempre están poniendo dificultades! ¿No sé cómo se las apañan?
-Yo decido lo que hago con mi cuerpo y no ustedes, ¡De modo que hagan el favor de no decirme más nada sobre si lo pongo fácil o difícil!
-Yo vuelvo a repetir lo mismo que mi marido; si quieren investigar la enfermedad, esperen a que aparezca algún enfermo más e investíguenlo a él, si es así como lo desean. Por ahora, bastante tienen con las pruebas que nos hicieron el otro día y con las que nos van a hacer hoy!
-Quizá no les parezca mal que les hagamos una revisión cada semana, y además de eso, les prometemos que no pasarán, ni hoy ni hasta dentro de dos semanas, por los rayos x. Yo al menos me conformo con eso, puesto que sería excesivo realizarles demasiadas revisiones con la edad que tienen y, al mismo tiempo, pueda ser peligroso para su salud no seguir de cerca la evolución de la extraña enfermedad que padecen.
-Sí, es verdad, tienen razón, lo de una revisión diaria es excesivo para la edad que tienen -reconoció el doctor Harry.
-Si damos con alguien que también esté enfermo, sería un error que ustedes no nos dejaran estudiar su estado de salud, y lo sería porque nadie sabe que clase de síntoma puede guardar, tras su aparente pasividad, la enfermedad que padecen; conque, por favor, desistan de su posición; no tenemos pensado convertirlos en un campo de pruebas, y menos a su edad. Solo pretendemos seguir la evolución de la enfermedad con las máximas garantías posibles. Sin ir más lejos, en nada perjudicaría a su salud dejarse hacer cada día un análisis de orina y de sangre.
- De acuerdo, se harán la prueba de la orina y la de la sangre todos los días y el resto de la pruebas, una a la semana, excepto la de rayos, que será cada dos semanas. Y ahora os dejamos con vuestros estudios de la enfermedad, que el doctor George estará ya impaciente por nuestra tardanza.
- Sí, es lo mejor que pueden hacer - les dijo el doctor Harry.
- Ya nos vamos, pero no olviden la posibilidad de que la mutación que sufren nuestros glóbulos blancos se pueda deber, ante todo, a un arma bacteriológica.
- Si no descubrimos nada, entonces tendremos, o no, en cuenta esa posibilidad, que en ese terreno más vale ser cautelosos.
- Estoy de acuerdo con usted.
- Bueno, dejémonos de tanta charla. Señor presidente y señora, necesitamos su orina. Hagan el favor de pedirles a las enfermeras un bote y de llenarlo de orines.
Ambos dirigieron sus pasos a la sala de extracción y le pidieron a las enfermeras cuanto necesitaban para ello. Se dirigieron rápidamente a los servicios, donde cada uno llenó, o medio lleno el suyo. Poco después, regresaron a la sala de extracción y entregaron la orina a las enfermeras.
Poco más tarde, los doctores pudieron comenzar a realizar los análisis de orina tranquilamente. EI presidente y Rose, en cambio, por fin acabaron dirigiéndose a cardiología.
Los análisis de orina no aportaron nada nuevo respecto a las posibles repercusiones de la mutación en el organismo de los afectados por ella. Nada indicaba que tuviese ni siquiera una mínima peligrosidad para su salud.
- Bueno, en vista de que no parece peligrar la vida del presidente y de su esposa, bien podríamos estudiar la posibilidad de que sea contagiosa - fue lo primero que se le ocurrió decir al doctor Harry, al meditar profundamente sobre los datos obtenidos tanto de los análisis de sangre como de los de orina.
- Será todo lo contagiosa que sea, pero si no es peligrosa, de nada debemos preocuparnos.
- Eso es lo que parece, pero las enfermedades en la sangre siempre puede ser peligrosas, aunque todavía ni lo parezca.
- ¿Y quién dice que sea una enfermedad? Yo estoy seguro que esa mutación no tiene importancia alguna en lo que se refiere a su posible peligrosidad. En otras palabras, es una mera mutación y no una enfermedad.
- Sea peligrosa o no lo sea, lo cierto es que debemos averiguar si es contagiosa; de esa manera, ataremos todos los cabos mucho mejor. Si, no vayamos a sacar conclusiones demasiado anticipadas, y más aún cuando es muy posible que nos encontremos ante una enfermedad en desarrollo y que, por lo mismo, todavía no ha dicho todo lo que le queda posiblemente que decir.
- Yo no lo soy, es más, es muy posible que el presidente y su esposa sean extraterrestres.
- ¡No diga usted tonterías, que bastante trabajo tenemos ya como para que ahora nos vengan con ésas!
- En vez de hablar tanto, ¿por qué no estudiamos la posibilidad de su contagio y la posibilidad de que se deba a algún tipo de arma bacteriológica?
- A mí me parece que es lo mejor que podemos hacer.
- Por mí, estupendo, pero para estudiar tal posibilidad necesitamos la ayuda de cuatro o cinco científicos que trabajen en su estudio y producción.
- Se lo propondré al presidente, él los hará venir hasta aquí sin dificultad. En cuanto a si es contagiosa, no seria mala idea llamar a las personas que más contacto tengan con los dos, por ejemplo: sus hijos, sus amigos y sus asesores, y comprobar si ellos también se hallan afectados.
- También nosotros deberíamos comprobar si estamos o no afectados - propuso el doctor Carl al tiempo que pensaba en su anterior sospecha: "Será mejor que no insista en lo de los extraterrestres, no vayamos a que me manden al manicomio. ”
- Estoy también con usted de acuerdo en que nos hagamos nosotros también dicha prueba, pero me parece que eso lo podemos dejar para después, no vaya a ser que los hijos del presidente y los de la primera dama, así como los amigos y asesores que han venido con ellos al hospital, regresen a la casa blanca y tengamos entonces que esperar a mañana a poder hacérselas.
- Por mí no existe ningún inconveniente en que así sea. Si nadie lo ve mal, llame a esas personas y en seguida les haremos las pruebas que necesitamos.
- No, no existe ninguno - gritaron al unísono casi la totalidad de los doctores.
- Entonces, esperen aquí un momento - profirió el doctor Harry,
Abandonó el laboratorio y se encaminó a la sala de espera a informar al presidente de lo que habían decidido hacer y, cómo no, a los demás interesados.
Harry, nada mas encontrarse ante éste, le pidió que llamase a varios científicos en armas bacteriológicas y que procurasen estar en el hospital mañana por la mañana. EI presidente se mostró de acuerdo y le pidió a uno de sus asesores que se pusiera en contacto con el secretariado de defensa y se encargase de tal cosa.
Luego de convencer al presidente, Harry decidió pedirles a los hijos de éste, amigos y asesores, que se dejasen analizar la sangre, ya que necesitaban saber si era contagiosa o no.
- Por mi parte no hay ningún inconveniente en ayudarles a descubrirlo - opinó Caty, la hija mayor del presidente.
- Ni por mí- profirió John, su hermano.
- Yo estoy también dispuesto a que me analicen la sangre; nada perderé con ello.
- Y yo, pero antes me gustaría que nos informaran de los resultados concretos de las revisiones hechas a mi madre y a mi padre - le pidió el hijo menor de ambos, que al parecer deseaba saber lo más posible sobre los estudios realizados a sus padres.
- Por supuesto que yo también estoy de acuerdo en someterme a dicho análisis, faltaría más - dijo Robert Kendall, asesor del presidente para la sanidad y la higiene, aceptando de ese modo la propuesta de los doctores.
- Ya que veo que nadie objeta nada, pasen a la sala de extracción de sangre: allí las enfermeras les sacarán cuanta necesiten para el análisis - y tras una pequeña pausa añadió, dirigiéndose al hijo menor del presidente a fin de darle los informes que momentos antes le había solicitado : En cuanto a las informaciones que usted solicita, solamente le diré que no hemos descubierto nada que indique la peligrosidad de dicha mutación, cosa que, por cierto, resulta

Continúa.


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Publicado por blasapisguncuevas @ 19:00
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Comentarios
Publicado por para ti
S?bado, 20 de junio de 2009 | 11:40
Que facil escribir pero no abrimos los ojos........ muy bonito eso del socialismo me parece perfecto pero parece ser que no tienes ojos para ver que cada vez que estan los socialistas en el poder este pais desvanece, nos meten en la miseria y ya te digo que si que es muy bonito lo que escribes pero con el socialismo que vivimos hay mas diferencias entre el rico y el pobre, entre otras cosas porque producir profucimos una mierda. Menos libro y mas sentido comun que esta lleno esto de ladrones a consta de esas lecturas que haces
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