De antigüedad milenaria, el patrimonio cultural de la Ciudad de México contiene muestras significativas de las culturas que se han sucedido en el tiempo en su territorio. Los sitios arqueológicos en el Distrito Federal son muchos, aunque algunos de ellos son prácticamente desconocidos. Entre los más importantes hay que señalar a Cuicuilco, que posee la construcción más antigua de la entidad,[57] y el Templo Mayor. En este último sitio se han encontrado piezas de estatuaria magnífica, como la estatua de Coatlicue o la Piedra del Sol, dos iconos representativos del arte mexica precolombino. Y aunque con la conquista se interrumpió la producción literaria de los pueblos nativos, algo de ella ha subsistido hasta nuestros días a través de las crónicas coloniales, que han sido investigadas y traducidas por autores como Ángel María Garibay K. y Miguel León-Portilla.[58]
Aunque la colonización española significó la desaparición del modo de vida de los mesoamericanos, también implicó el punto de partida en la formación de la cultura mexicana de nuestros días.[59] En aquel tiempo tuvo lugar un proceso de mestizaje que se observó desde el idioma[60] hasta las expresiones artísticas. Por ello, y sobre todo en el siglo XVI, la plástica y la arquitectura de la ciudad de México y los pueblos aledaños —notablemente Xochimilco— fue mezclando elementos indígenas y europeos. El Centro Histórico de la Ciudad de México se llenó de grandes construcciones a lo largo de su historia, al grado que existen ahí 1.436 edificios históricos repartidos en 9 km² superficie,[61] muchos de ellos de origen colonial. Esto ha valido para que el Centro Histórico fuese declarado patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO. En otros sitios del Distrito Federal fueron construidas edificaciones religiosas —como el convento de La Asunción en Milpa Alta, la Catedral de Xochimilco o la Antigua Basílica de Guadalupe— y seculares —como el Castillo de Chapultepec o el Ayuntamiento de Coyoacán—. En la literatura, figuras como Sor Juana Inés de la Cruz y Carlos de Sigüenza y Góngora dieron brillo a las letras en lengua española. El siglo XIX fue una época de constantes conflictos nacionales. Por ello, en la primera mitad de la centuria, no se ejecutaron grandes obras arquitectónicas en la ciudad ni en sus inmediaciones. En contraste, el gobierno porfirista se empeñó en modernizar la ciudad, y para ello adoptó la moda arquitectónica francesa de la que son ejemplos el Palacio de Bellas Artes, el Palacio Postal y las colonias de clase media que se desarrollaron en el tiempo aquél, como la Roma y Santa María la Ribera. En el siglo XIX, la Academia de San Carlos formó a muchos de los arquitectos y pintores mexicanos más representativos de la época,[62] entre los que hay que señalar la obra pictórica del mexiquense José María Velasco, productor de una amplia colección de estampas del paisaje decimonónico del Distrito Federal. En la literatura destaca la novela El Periquillo Sarniento, de Lizardi, la obra de los escritores liberales de la Reforma y poetas modernistas del Porfiriato como Manuel Gutiérrez Nájera.
Luego de que la Revolución se instaló en el poder, los gobiernos emanados de ella en la primera mitad del siglo XX se dieron a la tarea de fomentar la cultura como un mecanismo de legitimación. Obras arquitectónicas como el Edificio El Moro,[63] Torre Anahuac, Torre Latinoamericana,[64] Edificio Miguel E Abed, Torre Insignia y la Torre de Tlatelolco pretendían dar una imagen de una ciudad moderna. Se construyeron obras públicas como la Ciudad Universitaria y se entubaron los ríos que pasaban por la zona central del Distrito Federal. Pero fue especial el desarrollo del muralismo mexicano con clara vocación socialista, entre cuyos principales representantes se encontraban Rivera, Siqueiros y Orozco. El muralismo se proponía el desarrollo de un arte que sirviera público para instruir a las clases trabajadoras.[65] Aunque no participó del movimiento muralista, también hay que llamar la atención a la obra de la coyoacanense Frida Kahlo, compañera de Rivera, que alcanzó fama mundial especialmente en la década de 1990; y a la de la catalana Remedios Varo, exiliada española cuya producción más importante fue producida en México.
Durante la segunda mitad del siglo XX y a principios del siglo XXI, han sido numerosos los proyectos de renovación de la arquitectura en la capital. Entre ellos hay que señalar la construcción de Ciudad Santa Fe, la Torre Pemex, la Torre Prisma, Torre del Caballito, la Torre WTC, la Torre HSBC, la Torre Libertad, la Torre Mayor y la Plaza Juárez, obras que están destinadas al alojamiento de sedes de importantes corporativos económicos y dependencias gubernamentales. En la escultura y la pintura, a partir de 1970 hubo un rompimiento con las tendencias nacionalistas y el compromiso político del muralismo mexicano, cuestión en la que mucho tuvo que ver la crítica que José Luis Cuevas planteara en su texto La cortina de nopal. Por su parte, los escritores han intentado acercarse más a las cuestiones de la vida cotidiana, los problemas urbanos, pero también han convertido a la capital en escenario de las más variadas historias de ficción. Entre los ejemplos más representativos, hay que señalar a La Onda, las crónicas de Monsiváis o la poesía de Efraín Huerta.
En 1987, la UNESCO inscribió al Centro Histórico y a Xochimilco en la lista del Patrimonio de la Humanidad,[66] honor que se repitió para la Casa-Taller de Luis Barragán en 2004[67] y para el campus de la Ciudad Universitaria de la UNAM en 2007.
En la Ciudad de México es posible encontrar una amplia gama de alimentos. Existen zonas especializadas en la oferta de comida preparada, como el caso de la colonia Condesa, donde han proliferado los pequeños restaurantes y cafeterías. En otros sitios de la ciudad es posible encontrar restaurantes internacionales y de alta cocina, representando las tradiciones culinarias de países tan diversos como Francia, Italia, Portugal, Polonia, España (incluyendo las cocinas regionales de Castilla, Asturias, Galicia y el país Vasco), Tailandia, Japón, Corea, China, Marruecos, Líbano, Perú, Argentina y Brasil. Desde luego, también existen importantes establecimientos dedicados a la gastronomía mexicana de todas las regiones del país.
En lo que respecta a la gastronomía local, ella misma es un resumidero de las tradiciones culinarias del país. La antigua tradición gastronómica del Valle de México ha venido desapareciendo, acompañada por una creciente dificultad para conseguir los ingredientes que eran nativos de la cuenca lacustre. En la actualidad, conseguir ahuautle —hueva de mosquitos lacustres— es prácticamente imposible, amén de los patos silvestres y las guías de calabaza que eran básicas en la gastronomía de Iztapalapa. El mixmole —mole de pescado— que se prepara en Míxquic ha tenido que sustituir las lenguas de vaca —una especie de quelite— por acelgas y los pescados nativos, por carpas.
Por otra parte, el Distrito Federal es sede de eventos gastronómicos de envergadura nacional como la Feria Nacional del Mole que se celebra durante las tres primeras semanas de octubre en San Pedro Atocpan (Milpa Alta).
En el Distrito Federal se alojan algunas de las instituciones deportivas más importantes del país. Es la sede del Comité Olímpico Mexicano, de la Escuela Nacional de Educación Física y de la Escuela Nacional de Entrenadores Deportivos. Cuenta con varias unidades deportivas, de entre las que la mayor es La Magdalena Mixiuhca, construida en lo que fueron los ejidos del pueblo del mismo nombre (en Iztacalco). Justo es en este espacio donde se encuentran instalaciones como el Autódromo Hermanos Rodríguez, el Foro Sol, el Palacio de los Deportes, el Velódromo Olímpico y la Sala de Armas. En otras partes de la ciudad se encuentran una Alberca y Gimnasio Olímpicos (Benito Juárez), la Pista Olímpica de Canotaje (Xochimilco), así como tres estadios de fútbol: el Azteca, el Azul y el Olímpico Universitario.
La Ciudad de México recibió en 1968 los Juegos Olímpicos, en los que la delegación deportiva nacional cumplió la mejor actuación de su historia, con nueve medallas en total; siendo además la única ciudad latinoamericana sede de unos juegos olímpicos.
En 1970 y 1986 también fue una de las ciudades mexicanas en las que se realizaron los partidos de las dos copas mundiales, incluyendo los dos juegos de la final, siendo junto con Roma la única en tener dos finales. La Ciudad de México es la ciudad con mas partidos de Copa Mundial de Fútbol (24).
Además, ha sido sede de los Juegos Panamericanos en 1955 y 1975, de los Juegos Centroamericanos y del Caribe en 1926, 1954 y 1990; así como de la Universiada de 1979.
La ciudad de México es la sede de algunos equipos de primera división de la Liga mexicana de fútbol: Club América, Cruz Azul, Pumas de la UNAM. Dentro de la ciudad está el Estadio Azteca, sede del Club América y de su filial el Club Socio Águila F.C., con capacidad de hasta 110.000 espectadores.
El Distrito Federal también es sede del mejor equipo en la historia de la Liga Mexicana de Béisbol: los Diablos Rojos del México, los cuales han ganado 14 títulos y juegan en el Foro Sol de la Ciudad Deportiva.
La NASCAR organiza desde el 2005, la competencia anual Busch Series races en el Autódromo Hermanos Rodríguez, dentro de la ciudad.
También hay diversos teatros experimentales y auditorios de menor capacidad, que son usados por estudiantes de teatro y escuelas; como por ejemplo el Teatro el Granero, ubicado a espaldas del Auditorio Nacional, en donde se encuentran otros teatros de menor capacidad de espectadores.
Así mismo quedan algunos teatros auspiciados por el Instituto Mexicano del Seguro Social como parte de sus actividades culturales para el público en general y sus agremiados.
En la ciudad de México comenzaron a construirse edificios de más de 50 metros a principios del siglo XX, siendo el primero el Edificio La Nacional, que rebasó los 50 metros (mide 55 metros de altura, con un total de 13 pisos), cuya construcción comenzó en 1930 y finalizó en 1932. Fue el edificio más alto de México hasta 1946, año en que finalizó la construcción del Edificio Corcuera. Éste medía 81 metros hasta el último piso y, si se tomaba en cuenta el anuncio que tenía colocado en lo alto, medía 100 metros. Contaba con 20 pisos, y se volvió uno de los más conocidos de la Avenida Paseo de la Reforma. Su construcción dio inicio en 1931 y finalizó en 1934. Sería demolido después del terremoto de 1957, debido a los graves daños que presentaba en su estructura.
Desde finales de la década de los 40 se generó en la ciudad un boom de edificaciones de más de 120 metros, obteniéndose así seis récords por los rascacielos más altos de América Latina.
En 1940 tuvo fin la construcción del Edificio Miguel E. Abed Apycsa, que mide 48.1 metros hasta el último piso y, con la estructura de la antena, alcanza 78.1 metros. Fue, al menos hasta finales de la década de 1950, el edificio más alto de la ciudad.
Entre los edificios más significativos que aún se encuentran de pie se cuentan el Edificio El Moro, ubicado en el Paseo de la Reforma. Mide 70 metros y tiene 20 pisos. Para 1946 era uno de los más altos y modernos de América Latina, debido a que fue el pionero en cuanto a tecnología sísmica se refiere, ya que incorporó un sistema de flotación elástica, además de contar con el primer letrero de gas neón en América Latina.
Ese mismo año también tuvo fin la construcción de la Torre Anáhuac, para convertirse en el edificio más alto de América Latina hasta 1947, cuando sería superado por el Altino Arantes en Brasil. La Torre Contigo mide 125 metros, y es un ejemplo de la arquitectura modernista. En el año 2001 el edificio fue renovado en la totalidad de su fachada y fue equipado para ser uno de los llamados edificios inteligentes.
Un año después terminó la construcción de las Oficinas Centrales del IMSS, que mide 60 metros en 13 pisos. Se encuentra ubicado en el Paseo de la Reforma, frente a la Torre Mayor. Está equipado con 35 amortiguadores sísmicos y 40 pilotes de concreto reforzado y acero, y es un ejemplo de la arquitectura postmodernista.
En 1950 dio inicio la construcción del Torre Miguel E Abed, este ubicado en el Eje Central, el edifico mide 125 metros y tiene 29 pisos.
Entre los edificios más representativos del país por su arquitectura se encuentra la Biblioteca Central de la UNAM, que mide 50 metros y tiene 14 pisos. Su construcción finalizó en 1953 y abrió por primera vez sus puertas en 1955. Es uno de los edificios más representativos de los años del modernismo. Sobresale por su belleza y funcionalidad y, sobre todo, su riqueza plástica, a través del espectacular mural Representación histórica de la cultura, del reconocido pintor y arquitecto mexicano Juan O’Gorman. La obra, de cuatro mil metros, contribuyó a que el edificio fuese declarado Monumento Artístico Nacional, y a que, a principios del 2006, fuese propuesto ante la UNESCO para que fuese declarada Patrimonio de la Humanidad (nombramiento que finalmente recibió en julio de ese mismo año).
Dentro del complejo de la Ciudad Universitaria se encuentra también la llamada Torre de Humanidades II, de 55 metros de altura (o 65 metros, si se incluye la antena) y con 14 pisos. Alberga oficinas diversas de la UNAM, y su construcción es también un ejemplo de arquitectura modernista.
En 1956 concluyó la construcción de la Torre Latinoamericana que, con sus 204 metros de altura, se convirtió en el rascacielos más alto de América Latina durante 16 años. Fue, a nivel mundial, el primer rascacielos construido en una zona sísmica. Además, se inauguro como el edificio con cristalería más alto del planeta.
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