En el año 19 a. C. Augusto procura un nuevo pacto, por el cual asume nuevos poderes, sin renunciar a los anteriores, lo que implica la total consolidación del poder de Augusto:
Con el tiempo, asumirá o se le concederán nuevos cargos y honores:
La audacia de Augusto le llevó al poder y su gobierno se caracterizó por la prudencia con la que gobernó. A cambio del poder absoluto y la confianza que el pueblo había depositado en él, Augusto dio a Roma 40 años de paz cívica y de prosperidad constante, el período conocido históricamente como la Pax Augusta, o paz augusta. Creó el primer ejército permanente y la marina de guerra de Roma y colocó a las legiones a lo largo de las fronteras del imperio, donde no podrían involucrarse en la política. También reformó las finanzas de Roma y los sistemas fiscales.
La política exterior de Augusto, ha sido definida como de "redondeo de fronteras", y evitó tanto renovar el enfrentamiento finisecular con el Imperio Parto como las guerras de entidad, exceptuando la incursión en Germania.
Así, la primera ampliación territorial, corresponde a esta política de aseguramiento de fronteras, con la conquista del resto del territorio de la Península Ibérica. Las primeras acciones de las Guerras Cántabras empezaron en el 29 a. C. y se consideró oficialmente cerrada en el 24 a. C., aunque un rebrote de rebelión en el 22 a. C. obligó al envío de Agripa, que acabó con la rebelión en el 19.
Otra ampliación, en el 25 a. C., deriva del legado del rey Amintas de Galacia, cuyo reino había sido confirmado por Marco Antonio en el 36 a. C. y aumentado con territorios de Pisidia, Licaonia y partes de Frigia y de Isauria. Vencido en el 31 a. C. por el propio Octavio Augusto, se le mantuvo en el trono como vasallo, con la condición del legado testamentario.
Los territorios alpinos fueron conquistados después de las incursiones de los galos y las fronteras se extendieron al Danubio Superior. La tarea fue encomendada a sus hijos adoptivos Tiberio y Druso, que conquistaron el Nórico en el 16 a. C. y la Retia en el 15 a. C.
El avance hacia el Danubio Medio continuó con la reconquista de Panonia en la Guerra de Bato entre los años 6 y 9.
El interés por región de Germania (Alemania moderna) es la política expansiva más mantenida en el tiempo, desarrollándose en varias campañas:
En el este, cambió la política de agresión al Imperio Parto por otra de contemporización, bien simbolizada por la devolución por parte de Fraates IV de las águilas e insignias tomadas a Marco Licinio Craso y Marco Antonio tras el acuerdo de no intervención en las áreas de interés.
En África, en el año 26 a. C., se sometió a vasallaje la Mauretania.
En el Este, se satisfizo con establecer el control romano sobre Capadocia y Armenia y el Cáucaso, a partir del año 20 a. C.
El grupo de reinos vasallos se completa el 14 con el del Bósforo.
En materias domésticas, Augusto canalizó la abundancia enorme traída de todo el imperio para mantener al ejército feliz con pagos abundantes, y a mantener a los ciudadanos de Roma contentos con juegos magníficos y obras que embellecieron la capital. Según unas fuentes, Augusto se jactó que había "encontrado a Roma de ladrillo, y la había dejado de mármol". Asimismo, construyó la Curia, un nuevo hogar para el Senado, construyó los templos de Apolo y del Divino Julio, así como una capilla cerca del Circo Máximo. El templo Capitolino y el teatro de Pompeyo se registran como proyectos de Augusto, cuyo nombre no fue mencionado a propósito. Fundó un ministerio de transporte que construyó una red extensa de calzadas que mejoró la comunicación, el comercio y el servicio de correos. Augusto también fundó la primera brigada de bomberos del mundo, y creó una fuerza regular de policía para Roma.
Los gobernantes romanos entendían poco sobre la economía, y Augusto no era ninguna excepción. Como todos los emperadores, exigió demasiado a la agricultura y gastó el rédito en los ejércitos, los templos y los juegos. Una vez que el imperio dejó de extenderse, y no había nuevos botines de las conquistas, la economía comenzó a estancarse y a declinar con el tiempo. El reinado de Augusto se considera así, en cierta manera, como el punto alto del poderío y prosperidad de Roma. Pero, aunque Augusto colocó a los soldados jubilados a través del imperio en un esfuerzo de restablecer la agricultura, la capital siguió siendo dependiente del grano traído de Egipto.
Augusto promovió la religión tradicional romana, especialmente el culto a helios, y presentaba la derrota de las fuerzas egipcias ante los romanos, como la derrota de los dioses de Egipto por los de Roma.
Durante su gobierno llevó a cabo una cruzada de valores morales, regulando el matrimonio (prohíbe el casamiento entre senatoriales y descendientes de libertos), la familia y la procreación, a la vez que desalentaba los lujos, el sexo desenfrenado (incluyendo la prostitución y la homosexualidad) y el adulterio. La campaña, iniciada el 18 a. C., llevó a su propia hija Julia al destierro bajo cargos de adulterio, y posteriormente a su nieta, también llamada Julia.
Como patrón de las artes, Augusto dotó de favores a poetas, artistas, escultores, y arquitectos. Se considera que durante su reinado la literatura romana (latina) alcanzó su edad de oro. Horacio, Tito Livio, Ovidio, y Virgilio prosperaron bajo su tutelaje, pero a su vez, tuvieron que pagar tributo a su genio y adherirse a sus normas. (Ovidio fue desterrado de Roma a lo que hoy es Rumanía por haber violado los códigos de moralidad de Augusto).
Fue patrocinador de la Eneida de Virgilio con la esperanza que ésta aumentara el orgullo de la herencia romana en el pueblo. Con el pasar del tiempo, se ganó el aprecio de la mayoría de la clase intelectual romana aunque, en privado, muchos todavía deseaban volver a los tiempos de la República. Usó los juegos y las fiestas públicas para su propia gloria y la de su familia y para consolidar su popularidad con las masas. Cuando murió, una vuelta al viejo sistema de la República era inimaginable. La única cuestión que quedaba sin resolver a su muerte, era quién le iba a suceder.
El control que Augusto ejerció sobre el imperio, fue tal que le permitió preparar su sucesión, introduciendo, si bien imperfectamente, el principio hereditario.
Inmediatamente después del Primer Pacto, Augusto enfermó, haciendo patente los problemas de sucesión. El propio Augusto cedió el control de los símbolos y documentación del Gobierno a Agripa y Mecenas, integrantes del círculo más cercano, los “Amigos del César” (Amici Caesaris).
Una vez recuperado, en año 24 a. C., Augusto empezó a preparar los mecanismos de sucesión.
El primer sucesor considerado fue su sobrino Marco Claudio Marcelo, hijo de su hermana Octavia. A tal efecto, lo convirtió en su yerno, casándolo con su hija Julia la Mayor en el año 23 a. C. y que falleció al poco, víctima de una intoxicación. Aunque las fuentes antiguas tienden a acusar a Livia, esposa de Augusto, de su muerte, así como de otras varias, no existen pruebas al respecto.
El siguiente candidato pareció ser Agripa, su mano derecha desde los primeros tiempos, al que casó con la recientemente enviudada Julia la Mayor. Fruto del matrimonio nacieron cinco hijos:
Una señal que confirmaría su consideración como posible sucesor, es el haber sido el único personaje con el que Augusto compartió la Potestad Tribunicia, con la que gobernó el Oriente del Imperio, a partir del 18 a. C., en principio por un plazo de 5 años. La muerte de Agripa en 12 a. C., impide saber si se le hubieran renovado las competencias.
Los hijastros que Livia había aportado al matrimonio con Augusto, fruto de su anterior marido Tiberio Claudio Nerón, no fueron en ningún caso postergados, siendo adoptados por Augusto y encomendándoseles diversos cargos y misiones de alto rango, como por ejemplo las Campañas en Germania.
Asimismo, Augusto propició el matrimonio de Tiberio, al que ordenó divorciarse, con su hija, recién enviudada de Agripa, Julia la Mayor. Augusto prefería claramente al hijo menor, Nerón Claudio Druso Germánico, hasta el punto de presionar al Senado para permitir a Druso ejercer cargos 5 años antes de la edad reglamentaria. Sin embargo, Druso morirá en Germania el 14 de septiembre de 9 a. C.; mientras, Tiberio mantendrá tales diferencias con Augusto que dimitirá de sus cargos en el 6 a. C. y se autoexiliará en Rodas en el año 5 a. C.
El favor que Augusto había concedido a Agripa, se trasladó a su descendencia, y así, adoptó rápidamente a sus dos hijos mayores, Cayo César y Lucio César, en el mismo año 12 a. C. Que los preparaba para ser sus sucesores parece claro, por cuanto al alcanzar los 15 años, al vestir la toga virilis, fueron nombrados Príncipe de la Juventud, (Principem Iuventus), el primero en el año 4 a. C. y el segundo en el 2 a. C.
El tercer hijo varón, Póstumo César o Agripa Póstumo, no fue inicialmente adoptado, al parecer por el deseo de Augusto de que hubiera continuidad del apellido familiar, pero debido a las tempranas muertes de Cayo Julio en 4 hallándose en Licia y de Lucio César en 2 en Marsella, también acabó siendo adoptado por Augusto el 26 de junio del año 4
La temprana edad de Agripa Póstumo, impelió a Augusto a reclamar a Tiberio en Roma, que fue adoptado el mismo 26 de junio de 4, aunque con la condición de que adoptaría a su sobrino Nerón Claudio Druso, lo que hizo el 27 de junio de 4, esto es al día siguiente.
La doble adopción, no confirió estabilidad a la sucesión, antes bien, enfrentó a ambos herederos.
El 19 de agosto del 14, Augusto muere en Nola. Póstumo Agripa y Tiberio habían sido nombrados coherederos. Sin embargo, Póstumo había sido desterrado y muere antes de poder acceder al trono por una conspiración fomentada por Livia quien quería a su hijo como emperador pero para Tiberio fue fácil asumir los mismos poderes que había tenido su padrastro.
Poco tiempo después de morir Augusto, el 19 de septiembre del 14, fue deificado (consecratio) adorado como un divus, dos de sus nombres, César y Augusto, se convirtieron en títulos permanentes de los gobernantes del imperio por los próximos 400 años y aún en el siglo XV se usaban en Constantinopla. Los títulos zar (en ruso, "Царь" - Tsar' - que proviene de "Цесарь" o César, dado a los emperadores Bizantinos que siguieron usándolo, indicando así la continuidad del imperio romano) y káiser (alemán, Kaiser) son derivados del nombre o título César y continuaron en uso hasta el siglo XX. El culto al Divino Augusto continuó hasta que la religión oficial del imperio fue cambiada a la cristiandad en el siglo IV. Testamento de su legado, son las tantas estatuas y bustos eregidos en su honor, así como también el mausoleo que originalmente contenía las columnas de bronce con las obras de la vida de Augusto llamada Res Gestae Divi Augusti.
Muchos consideran a Augusto el emperador más grande de Roma; sus políticas extendieron la vida del imperio e iniciaron la Paz romana, también conocida como Paz Augusta. Era guapo, inteligente, decisivo, y un político sagaz, pero quizás no tan carismático como Julio César; como resultado, Augusto no posee tanto renombre como los anteriores, y a menudo es confundido con el primero. No obstante, su legado demostró perdurar más en el tiempo.
El mes de agosto (en latín Augustus), conocido hasta ese entonces como sextilis recibió su nombre actual en honor a Augusto.
En una visión retrospectiva del reinado de Augusto y su legado al mundo romano, su longevidad no debe obviarse como un factor clave en su éxito. Hubo gente que nació y alcanzó la madurez sin conocer otra forma de gobierno que el principado. Si Augusto hubiera muerto a edad más temprana, la historia podría haberse desarrollado de distinta forma. El desgaste de las guerras civiles en la oligarquía republicana vieja y la longevidad de Augusto, por lo tanto, debe verse como uno de los mayores factores en la transformación del estado romano en una monarquía en estos años. La experiencia de Augusto, su paciencia, su tacto, y su perspicacia política jugaron un papel fundamental a lo largo de su mandato. Puso las primeras piedras de lo que sería el Imperio Romano, desde la creación de un ejercito profesional que estableció en las fronteras, al principio dinástico que tan a menudo se utilizó en la sucesión imperial, pasando por el embellecimiento de la capital mediante el culto al emperador. Su legado último fue la paz y prosperidad de la que el imperio gozó durante los siguientes dos siglos. Su memoria se consagró durante la época Imperial como el paradigma de buen emperador, y aunque cada emperador adoptara su nombre, Cesar Augusto, sólo unos pocos, como Trajano, pudieron compararse con él. Su reinado fundó las bases de un régimen que perduró 250 años.
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Templo de Marte en el Foro de Augusto, Roma |
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