para todos. Los supervivientes acumularon inesperadamente capital en forma de herencias, que pudo en algunos casos invertirse en empresas comerciales, o acumularon inesperadamente patrimonios nobiliarios. Las alteraciones de los precios de mercado de los productos, sometidos a tensiones nunca vistas de oferta y demanda cambió la forma de percibir las relaciones económicas: los salarios (un concepto, como el de circulación monetaria ya de por sí disolvente de la economía tradicional) crecían al tiempo que las rentas feudales pasaron a ser inseguras, obligando a los señores a decisiones difíciles. Alternativamente primero tendieron a ser más comprensivos con sus siervos, que a veces estuvieron en situación de imponer una nueva relación, liberados de la servidumbre; mientras que en un segundo momento, sobre todo tras algunas rebeliones campesinas fracasadas y duramente reprimidas, impusieron en algunas zonas una nueva refeudalización, o cambios de estrategia productiva como el paso de la agricultura a la ganadería (expansión de la Mesta).[88]
El negocio lanero produjo curiosas alianzas internacionales e interestamentales (señores ganaderos, mercaderes de la lana, artesanos de paños) que suscitaron verdaderas guerras comerciales (en ese sentido se ha podido interpretar las cambiantes alianzas y divisiones internas Inglaterra-Francia-Flandes durante la Guerra de los Cien Años, en la que Castilla se implicó en su propia guerra civil).[89] Únicamente los nobles con más capacidad (demostrada la mayor parte de las veces por el despojo de nobles con menos capacidad) pudieron convertirse en una gran nobleza o aristocracia de grandes casas nobiliarias, mientras que la pequeña nobleza se empobrecía, reducida a la mera supervivencia o a la búsqueda de nuevos tipos de ingresos en la creciente administración de las monarquías, o a los tradicionales de la Iglesia.
En las instituciones del clero también se va abriendo un abismo entre el alto clero de obispos, canónigos y abades y los curas de parroquias pobres; y el bajo clero de frailes o clérigos vagabundos, de opiniones teológicas difusas, o bien supervivientes materialistas en la práctica, goliardos o estudiantes sin oficio ni beneficio.
En las ciudades, la alta burguesía y la baja burguesía viven un similar proceso de separación de fortunas, que hace imposible mantener que un aprendiz o incluso un oficial o un maestro de taller pobre tenga algo que ver con un mercader enriquecido por el comercio a larga distancia de la Hansa o las ferias de Champaña y de Medina, o un médico o un letrado salidos de la universidad para entrar en la alta sociedad. Se va abriendo paso la posibilidad (antes inaudita) de que la condición social dependa más de la capacidad económica (no necesariamente ligada siempre a la tierra) que del origen familiar.
Frente al mundo medieval de los tres órdenes, basado en una economía agraria y firmemente ligada a la posesión de la tierra, emerge un mundo de ciudades basado en una economía comercial. Los centros de poder se desplazan hacia los nuevos burgos. Estos reequilibrios se vieron reflejados en los campos de batalla, ya que los caballeros feudales empezaron a ser superados por el desarrollo de técnicas militares como el arco de tiro largo,[90] arma que los ingleses usaron para barrer a los franceses en la Batalla de Agincourt, en 1415, o la pica, usada por la infantería de mercenarios suizos. Es en esta época cuando aparecen los primeros ejércitos profesionales, compuestos por soldados a los que no les une un pacto de vasallaje con su señor sino la paga. A partir del siglo XIII se registran en Occidente los primeros usos de la de pólvora, invención china extendida desde la India por los árabes, pero de forma muy discontinua. Roger Bacon la describe en 1216) y hay relatos del uso de armas de fuego en la defensa musulmana de Sevilla (1248) y Niebla (1262, véase El cañón en la Edad Media). Con el tiempo, el oficio militar se envilece, devaluando las funciones de la nobleza con las de la caballería y los castillos, que quedan obsoletos. El aumento de los costes y las tácticas de batallas y asedios traerá como consecuencia el aumento del poder del rey frente a la aristocracia. La guerra pasa a depender no de las huestes feudales, sino de los crecientes impuestos, pagados por los no privilegiados.
Mismo díptico, Panel derecho: La Virgen con el Niño. La modelo fue
Agnès Sorel, amante del rey
Carlos VII de Francia, lo que aumenta el atrevimiento de la representación, que aun así resultaba asumible por la sensibilidad de la época.
[editar] Nuevas ideas
Las nuevas ideas religiosas -que se adaptan mejor a la forma de vida de la burguesía que a la de los privilegiados- ya estuvieron en el fermento de las herejías que se habían producido previamente, a partir del siglo XII (cátaros, valdenses), y que habían encontrado eficaz respuesta en las nuevas órdenes religiosas mendicantes, insertas en el entorno urbano; pero en los últimos siglos medievales el husismo o el wycliffismo tienen una mayor proyección hacia lo que será la Reforma protestante del siglo XVI. El milenarismo de los flagelantes convivía con el misticismo de un Tomás de Kempis y con los desórdenes y corrupción de costumbres en la Iglesia que culminaron en el Cisma de Occidente. Fue devastador el impacto que tuvo en la cristiandad occidental el espectáculo de dos (y hasta tres) papas excomulgándose mutuamente (y a emperadores, reyes y obispos, y con ellos a todos sus sacerdotes y fieles), uno en la llamada cautividad de Avignon a la que le sometía el rey de Francia (fille ainée de l'Eglise -hija mayor de la Iglesia-), otro en Roma y un tercero elegido por el Concilio de Pisa (1409). La situación no se recondujo totalmente ni siquiera con el Concilio de Constanza (1413), que si hubieran prosperado las tesis conciliaristas se habría convertido en una especie de parlamento europeo supranacional, cuasi-soberano y competente en toda clase de temas. Hasta la humilde Peñíscola se llegó a convertir por algún tiempo en el centro del mundo cristiano -para los escasos seguidores del Papa Luna-.
Los intentos de imprimir mayor racionalidad al catolicismo ya venían estando presentes desde la cumbre de la escolástica de los siglos XII y XIII con Pedro Abelardo, Tomás de Aquino o Roger Bacon; pero ahora esa escolástica se enfrenta a su propia crisis y cuestionamiento interno, con Guillermo de Ockham o Duns Scoto. La mentalidad teocéntrica iba lentamente dando paso a una nueva antropocéntrica, en un proceso que culminará con el humanismo del siglo XV, en lo que ya puede denominarse Edad Moderna. Ese cambio no se limitó únicamente a las élites intelectuales: personalidades extravagantes, como Juana de Arco, se convierten en héroes populares (con el contrapunto de otras terribles, como Gilles de Rais -Barba Azul-);[91] la mentalidad social va alejándose del conformismo temeroso para acoger otras concepciones que implican una nueva forma de afrontar el futuro y las novedades:
Hoy comamos y bebamos y cantemos y holguemos, que mañana ayunaremos.
El anonimato conscientemente buscado en el que vivieron silenciosamente generaciones durante siglos
Non nobis, Domine, non nobis, sed nomini tuo da gloriam |
¡No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria! |
Salmos 115:1, musicalizado y utilizado muy frecuentemente para uso litúrgico. Se adoptó como lema de los templarios y aparece en la obra
Enrique V de
Shakespeare.
[92]
y que seguirá siendo la situación de los humildes durante los siglos siguientes, da paso a la búsqueda de la fama y de la gloria personal, no sólo entre los nobles, sino en todos los ámbitos sociales: los artesanos comienzan a firmar sus productos (desde las obras de arte a las marcas artesanas), y cada vez es menos excepcional que cualquier acto de la vida deje su huella documental (libros parroquiales, registros mercantiles, escribanos, protocolos notariales, actos jurídicos).
El desafío al monopolio económico, social, político e intelectual de los privilegiados, creaba lentamente nuevos espacios de poder en beneficio de los reyes, así como un lugar cada vez más amplio para la burguesía. Aunque la mayor parte de la población siguió siendo campesina, lo cierto es que el impulso y las novedades ya no provenían del castillo o el monasterio, sino de la Corte y la ciudad. Entre tanto, el amor cortés (procedente de la Provenza del siglo XI) y el ideal caballeresco se revitalizaron y pasaron a convertirse en una ideología justificativa del modo de vida nobiliario justo cuando este empezaba a estar en cuestión,[93] viviendo una época dorada, obviamente decadente, localizada en el período de esplendor del ducado de Borgoña, que reflejó Johan Huizinga en su magistral El otoño de la Edad Media.
Véase también: Gótico tardío, Gótico flamígero, Gótico internacional, Primitivos flamencos, Trecento, Quattrocento, Dante, Petrarca, Bocaccio, Chaucer, y Jean Froissart
[editar] El fin de la Edad Media en la Península Ibérica
Mientras que para el Mediterráneo Oriental el fin de la Edad Media supuso el avance imparable del islámico Imperio Otomano, en el extremo occidental, los expansivos reinos cristianos de la Península Ibérica, tras un periodo de crisis y ralentización del avance secular hacia el sur, simplificaron el mapa político con la unión matrimonial de los Reyes Católicos (Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla), los acuerdos de estos con el de Portugal (Tratado de Alcáçovas, que suponían el reparto de influencias sobre el Atlántico) y la conquista de Granada. Navarra, dividida en una guerra civil entre bandos orientados e intervenidos por franceses y aragoneses, sería anexionada en su mayor parte a la creciente Monarquía Católica en 1512.
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Portada manuelina de la iglesia de Golega. El retorcimiento de las columnas imita el de las gruesas maromas de los barcos, en una nación marinera volcada en la Era de los descubrimientos.
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Decreto de la Alhambra por el que se expulsa a los judíos de España, el mismo año que se conquista Granada, se descubre América y Nebrija publica su Gramática Castellana: 1492. Es el final de la Edad Media y el comienzo de la Edad Moderna, con una unidad religiosa que acompañó a la unión de los reinos de la Monarquía Católica.
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[editar] Véase también
[editar] Referencias
[editar] Bibliografía
- Anderson, Perry (1979). Transiciones de la Antigüedad al Feudalismo. Madrid: Siglo XXI. ISBN 84-323-0355-0.
- Duby, Georges (1976). Guerreros y Campesinos. Desarrollo inicial de la economía europea (500-1200). Trotta. ISBN 84-323-0229-5.
- Fourquin, Guy (1977). Señorío y feudalismo en la edad media. Madrid: EDAF. ISBN 84-7166-347-3.
- Gilson, Étienne (2007). La filosofía en la Edad Media: desde los orígenes patrísticos hasta el fin del siglo XIV. versión española de Arsenio Pacios y Salvador Caballero. Madrid: Gredos. ISBN 978-84-249-2861-2.
- Le Goff, Jacques (2007). La Edad Media explicada a los jóvenes. Barcelona: Paidos. ISBN 978-943-1988-4.
- Heers, Jacques (2000). La invención de la Edad Media. Trotta. ISBN 978-84-8432-032-6.
- Hilton, Rodney (ed., artículos de Maurice Dobb, Karl Polanyi, R. H. Tawney, Paul Sweezy, Kohachiro Takahashi, Christopher Hill, Georges Lefebvre, Giuliano Procacci, Eric Hobsbawm y John Merrington) (1976, 1977 en español). La transición del feudalismo al capitalismo. Barcelona: Crítica. ISBN 84-7423-017-9.
- Huizinga, Johan (2006). El otoño de la Edad Media. Torre de Goyanes. ISBN 978-84-95101-36-5.
- Pernoud, Régine (1986). ¿Qué es la Edad Media?. Magisterio Español. ISBN 978-84-265-2512-3.
- Pirenne, Henri. Mahoma Y Carlomagno. Madrid: Alianza. ISBN 9788420622149.
- Romano, Ruggiero y Tenenti, Alberto (1971). Los fundamentos del mundo moderno. Edad Media tardía, Renacimiento, Reforma. Madrid, Siglo XXI. Depósito Legal M. 23.301-1970.
- Valdeón Baruque, Julio y García de Cortázar, José Ángel, en Fernández Álvarez, Manuel; Avilés Fernández, Miguel y Espadas Burgos, Manuel (dirs.) (1986). Gran Historia Universal (volúmenes 11, 12 y 13). Barcelona: Club Internacional del Libro. ISBN 84-7461-654-9.
- ↑ Edad media 476-1492 [1]
- ↑ Perry Anderson, op. cit.
- ↑
Aunque el primero que señaló la existencia de unidad en el periodo comprendido entre el siglo V y el XV fue el humanista
Flavio Biondo, la gloria de haber utilizado antes que nadie el término Edad Media le corresponde al
obispo de Alesia,
Giovanni Andrea dei Bussi. En una carta suya del año 1469 se dice expresamente lo siguiente: «sed mediae tempestatis tum veteris, tum recentiores usque ad nostra tempora». Esa
media tempestas era el esbozo de unos «tiempos medios», que servían de puente entre la gloriosa
antigüedad clásica, a la que se mitificaba, y los nuevos tiempos, que habían vuelto sus ojos hacia aquel período de esplendor. Expresiones como
medium aevum,
media tempestas,
media aetas, etc., aparecen en historiadores o filólogos desde comienzos del siglo XVI. Asi, por ejemplo, las utilizaron
Joaquin de Wat, en 1501, o
Juan de Heerwagen, en 1532. Más avanzado el siglo, en 1575, las encontramos en
Marco Welser y
Adriano Junius. El uso de dichas expresiones puede, asimismo, rastrearse en el transcurso del siglo XVII:
Conisius, en 1601;
Goldats, en 1604;
Vossius, en 1662; etc.
Du Cange, en su célebre
Glosario, aparecido en 1678, habló de la «mediae et infimae latinitatis». Puede decirse que el término Edad Media había sido plenamente admitido, por más que su origen no fuera propiamente obra de los historiadores, sino de los filólogos. No obstante, en el mismo siglo XVII se produjeron algunas precisiones de gran transcendencia acerca de los «tiempos medios». En 1665,
Jorge Horn, en una obra titulada
Arca Noé, llamaba «medium aevum» al período comprendido entre los años 300 y 1500. Poco tiempo después, en 1688, apareció un libro que iba a desempeñar un papel destacado en la fijación del concepto de Edad Media. Se trata de la
Historia medii aevi a temporibus Constantini Magni ad Constantinopolim a Turcis captam, del que era autor
Cristóbal Keller, profesor de la
universidad alemana de Halle. Fue Keller, cuyas precisiones cronológicas sobre el Medievo son bien significativas, el punto de partida de la difusión y generalización de la expresión Edad Media.
Valdeón, op. cit., vol 11 pg. 11.
- ↑ Riu, Manuel (1978): Prólogo a la edición española en La historia del mundo en la Edad Media (The Shorter Cambridge Medieval History, The Later Roman Empire To The Twelfth Century). Madrid, Sopena, tomo I pg. XXIV.
- ↑
Incluso en la actualidad se juzga a la Edad Media como una época mala o "fea", a la vez violenta, oscra e ignorante. Ahora sabemos que esta imagen es falsa, aunque hubo una Edad Media de la violencia, y no únicamente la de los conflictos y las guerras entre grupos y entre países, sino también las violencias contra los judíos, con el comienzo del antisemitismo, y la represión de los rebeldes a la doctrina de la Iglesia... Evidentemente, las Cruzadas también forman parte del balance negativo. Pero la Edad Media fue igualmente, y pienso que incluso ante todo, un gran peródo creador. Se puede apreciar en el terreno el arte, de las instituciones, por supuesto primordialmente en las ciudades (por ejemplo con las universidades), o incluso del pensamiento, en el que la filosofía que se ha llamado "escolástica" alcanzó altas cumbres del saber... la Edad Media creó "lugares de encuentro" comerciales y festivos (las ferias, los mercados y las fiestas), en los que seguimos inspirándonos.
Le Goff, op. cit., pgs. 115-116
En esta época, la noche se vive en ambientes poco luminosos: en cabañas alumbradas a lo sumo por el fuego del hogar, en las estancias amplísimas de castillos iluminados por antorchas o en la celda de un monje a la débil luz de un candil, y oscuras (además de inseguras) eran las calles de los pueblos y de las ciudades. No obstante, esta es una característica propia también del Renacimiento, del Barroco y -más tarde aún- del período que se prolonga al menos hasta el descubrimiento de la electricidad. En cambio, al hombre medieval se le ve -o, al menos, se le representa en poesía y en pintura- en un ambiente muy luminoso. Lo que llama la atención en las miniaturas medievales es que, habiendo sido realizadas tal vez en ambientes ocscuros apenas iluminados por una única ventana, están llenas de luz, incluso de una luminosidad especial, producida por la proximidad de colores puros: rojo, azul, oro, plata, blanco y verde, sin matices ni claroscuros.
Umberto Eco, Historia de la Belleza, pg. 99-100
- ↑ Rodney Hilton, op. cit.
- ↑ Le Goff, op. cit., pg. 63-64
- ↑ Romano y Tenenti, op. cit.
- ↑ El debate entre las distintas concepciones del feudalismo es uno de las clásicas discrepancias entre las escuelas institucionalista o restrictiva (François-Louis Ganshof Qu'est-ce que la féodalité? -Qué es el feudalismo-, 1947); y la materialista (Georges Duby Señores y Campesinos). Para el caso español es muy ilustrativo este texto de Salustiano Moreta, (1978) Señores contra labradores: el malhechor feudal en la literatura:
Respecto al feudalismo castellano, dado que la historiografía oficial y academicista partió de los presupuestos teórico-metodológicos positivistas y de una idea jurídico-política del feudalismo, no se dudó en asegurar «sin riesgo de error, que el sistema feudal no alcanzó en los Estados de la Reconquista su completo desarrollo y que la estructura social y política de la mayor parte de la España cristiana nunca llegó a constituirse según las formas políticas de los Estados feudales» (
Luis García de Valdeavellano,
Las instituciones feudales en España, pág. 231). En esta misma línea, a partir de la consideración del feudalismo como un fenómeno esencialmente político y superestructural, se formularía una distinción mixtificante entre régimen feudal y régimen señorial como categorías excluyentes y contrapuestas (Luis García de Valdeavellano, op. cit;
Grassotti,
Las instituciones feudo-vasalláticas en León y Castilla. Partiendo desde presupuestos positivistas,
Salvador de Moxó ha puesto de manifiesto algunas de las limitaciones de las causas y razones aducidas por los dos autores anteriores para mantener la no feudalización castellana.
Sociedad, estado y feudalismo, págs. 193-202.). Por fortuna la visión académico-oficial del feudalismo en general y del feudalismo castellano en particular resulta cada vez menos inapelable y su cuestionamiento crítico se halla en marcha, precisamente desde las perspectivas teórico-metodológicas derivadas -en unos casos simplemente invocadas y en otros asumidas directa y conscientemente, aunque con desigual acierto y rigor de la otra concepción del feudalismo: el feudalismo entendido como modo de producción. (Pese a no contar todavía con una sola monografía rigurosa sobre el feudalismo en Castilla analizado desde las categorías y métodos derivados de su consideración como «modo de producción» se han publicado ya algunos trabajos y se van ensayando, poco a poco, ciertas observaciones y problemas que apuntan hacia esa dirección:
Bartolomé Clavero,
Mayorazgo: propiedad feudal en Castilla (1369-1836), págs. 60 y ss.;
Señorio y hacienda a finales del antiguo régimen en Castilla;
Julio Valdeón Baruque,
Prólogo en
El modo de producción feudal, Akal, págs. 7-14;
Sebastiá Domingo,
Crisis de los factores mediatizantes del regimen feudal;
Reyna Pastor de Togneri,
Del Islam al Cristianismo, págs. 12 y ss.)
- ↑ Pirenne, op. cit.
- ↑ Le Goff, op. cit., pgs. 116-117
- ↑ DRAE
- ↑ Persona versada en el conocimiento de lo medieval. DRAE
- ↑ Honoré de Balzac El público está harto de España, del Oriente y de la historia de Francia al modo de Walter Scott.
- ↑ Véase todo lo referente a El código da Vinci.
- ↑ Pirenne, op. cit.
- ↑ Wolfram Eberhard (1952) Conquerors and Rulers. Social Forces in Medieval China ISBN 978-90-04-00515-0; Early Medieval China, revista historiográfica dedicada a la dinastía Han y el comienzo de la Tang; Bao Gan, Gabriel García-Noblejas Sánchez-Cendal, Ning Yao (2000) Cuentos Extraordinarios De La China Medieval, Madrid : Lengua de Trapo, ISBN 84-89618-47-X
- ↑ Sociedad en el Japón medieval, en Artehistoria.
- ↑ Literatura granadina (referencia a la embajada de Ibn Jaldún en la corte de Castilla en 1363 y en la de Tamerlán en 1401). Ibn Jaldún: Auge y decadencia de los Imperios (sobre Ibn Jaldún y su paralelismo con Ruy González de Clavijo). Vida y hazañas del Gran Tamorlán, con la descripción de las tierras de su imperio y señorío, de Ruy González de Clavijo (español moderno) en Cervantesvirtual.
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