Viernes, 13 de febrero de 2009

Diego Velázquez

Diego Velázquez

Autorretrato de Velázquez (c. 1650),
Museo de Bellas Artes de Valencia
Nombre real Diego Rodríguez de Silva y Velázquez
Nacimiento 6 de junio de 1599
Sevilla, España
Defunción 6 de agosto de 1660 (61)
Madrid, España
Nacionalidad Español
Área Pintor
Movimiento Barroco
Obras destacadas Las Meninas
La rendición de Breda
Las hilanderas
Para otros usos de este término, véase Diego Velázquez (desambiguación).

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (Sevilla, 6 de junio de 1599Madrid, 6 de agosto de 1660) fue uno de los mayores exponentes de la pintura española, tanto en su período barroco, como a lo largo de toda su historia y está considerado como uno de los mayores pintores que España ha aportado al arte internacional.

Contenido

[editar] Reseña biográfica

[editar] Primeros años en Sevilla

Su casa natal en Sevilla.

Velázquez nació en Sevilla y fue bautizado el 6 de junio de 1599 en la Iglesia de San Pedro. Su padre era Joao Rodríguez de Silva de origen portugués pues sus abuelos se habían establecido en la ciudad procedentes de Oporto. Su madre, Jerónima Velázquez, era de ascendencia sevillana. La familia figuraba entre la pequeña hidalguía de la ciudad y, según manifestó Zurbarán, vivían de rentas.[1] Adoptó el apellido de su madre según la costumbre portuguesa, también habitual en Andalucía.[2]

La Sevilla en que se formó el pintor era la ciudad más rica y poblada de España, así como la más cosmopolita y abierta del imperio. Disponía del monopolio del comercio con América con una importante colonia de comerciantes flamencos e italianos que generaba un gran dinamismo.[2] También era una sede eclesiástica de gran importancia y disponía de grandes pintores.[3]

[editar] Aprendizaje

Su talento afloró a edad muy temprana. Recién cumplidos los diez años comenzó su formación en el taller de Francisco de Herrera el Viejo, pintor prestigioso en la Sevilla del siglo XVII. Herrera tenía muy mal carácter y el joven alumno no pudo soportarlo, así que unos meses después, en 1610, cambió de maestro y formalizó contrato de aprendizaje con Francisco Pacheco con él que permaneció seis años.[4]

Los pintores de los que fue aprendiz
Francisco de Herrera el Viejo.
Curación de San Buenaventura niño por San Francisco.
Francisco Pacheco.
Retrato de Benito Arias Montano.

Pacheco (1564-1644) era un hombre de amplia cultura, autor de un importante tratado El arte de la pintura. Era un pintor bastante limitado, fiel seguidor de los modelos de Rafael y Miguel Ángel, interpretados de forma dura y seca. Sin embargo como dibujante realizó excelentes retratos a lápiz. Aún así, supo dirigir a su discípulo y no limitar sus capacidades.[4] Pacheco es más conocido por sus escritos y por ser el maestro de Velázquez que como pintor. Tenía un gran prestigio entre el clero y era muy influyente en los círculos literarios sevillanos que reunía a la nobleza local. En su importante tratado, publicado póstumamente en 1649 e imprescindible para conocer la vida artística española de entonces, se muestra fiel a la tradición idealista del anterior siglo XVI y poco proclive a los progresos de la pintura naturista flamenca e italiana, también informa sobre la gran influencia de la religión en los encargos de los artistas.[5]

Justi, reconocido especialista sobre el pintor, señala que se conviene en considerar que en el breve tiempo que pasó con Herrera debió transmitirle el impulso inicial que le dio grandeza y singularidad. Le debió enseñar la libertad de mano, aunque la ejecución libre era ya un rasgo conocido en su tiempo y anteriormente se había encontrado en El Greco, Velázquez no la alcanzaría hasta años más tarde en Madrid. Posiblemente su primer maestro le sirviese de ejemplo en la busqueda de su propio estilo. Las analogías que se encuentran entre los dos son solo de carácter general. En sus primeras obras se encuentra un dibujo estricto atento a percibir la exactitud de la realidad del modelo, de plástica severa, totalmente opuesto a los contornos sueltos de la tumultuosa fantasía de las figuras de Herrera. Continuó con un maestro totalmente diferente, así como Herrera era un pintor nato lleno de temperamento, Pacheco era un hombre culto pero poco pintor que lo que más valoraba era la ortodoxia. Para Justi si se comparan los cuadros de Pacheco y Velázquez se concluye que poca influencia ejerció en su discípulo.[1]

[editar] Sus comienzos como pintor

Terminado el plazo de aprendizaje, en 1617, aprobó el examen ante el gremio de pintores de la ciudad de Sevilla. Recibió licencia para ejercer como maestro de imaginería y al óleo pudiendo practicar su arte en todo el reino, tener tienda pública y contratar aprendices. No se sabe si abrió taller pero es posible dadas las numerosas copias existentes de los bodegones que pintó en Sevilla. Antes de cumplir los 20 años, en abril de 1618, se casó con la hija de Pacheco y luego nacieron en esta ciudad las dos hijas del pintor.[4] [3]

En estos primeros años desarrolla una extraordinaria maestría dominando el natural, al conseguir la representación del relieve y de las calidades, empleando los nuevos metodos del claroscuro, influido principalmente por el naturalismo de Caravaggio: fuerte luz dirigida que acentúa los volumenes y da importancia a objetos sencillos destacándolos en primer plano. El cuadro de género o bodegón, de procedencia flamenca, con su representación de objetos cotidianos y tipos vulgares, le sirve para desarrolar estos aspectos. La obra clave de esta época es El aguador de Sevilla realizada en 1620. Pero la producción del pintor en este tiempo se vuelca en los encargos religiosos como la Inmaculada Concepción de la National Gallery de Londres y la Cena en Emaús del Metropolitan Museum de Nueva York. También esa forma de interpretar el natural le permite llegar al fondo de los personajes, demostrando tempranamente una gran capacidad para el retrato transmitiendo la fuerza interior y temperamento de los retratados. Como el retrato de sor Jerónima de la Fuente de 1620, del que se conocen dos ejemplares de gran intensidad, donde transmite la energía de esa monja que con 70 años parte de sevilla para fundar un convento en Filipinas.[6]

Vieja friendo huevos (1618)
National Gallery of Scotland, Edimburgo

Primer estilo
El aguador de Sevilla (1620)
Apsley House, Londres
eJerónima de la Fuente (1620)
Museo del Prado, Madrid

El pintor gustaba de incluir en sus primeros cuadros elementos de naturaleza muerta, como panes, frutas, objetos de barro, metal o cristal, colocados sobre mesas o aparadores. No son sin embargo los objetos principales como hacían los pintores especialistas en naturalezas muertas, sino que aprovechaba estos elementos para narrar una historia. Los personajes de estos cuadros estaban tomados de las capas sociales más bajas.[5]

[editar] Pintor en la corte: rápido reconocimiento

Detalle del retrato que pintó al poeta y dramaturgo Luis de Góngora en su primera visita a Madrid en 1622.

A consecuencia del cambio de reinado que había tenido lugar por aquellas fechas, en el que Felipe IV sucede a su padre, Felipe III, toda la corte real, que durante el reinado de Felipe III había estado inundada de nobles castellanos, cambia de fisonomía, surgiendo como principal figura real el Conde-Duque de Olivares, don Gaspar de Guzmán. Éste, oriundo de Andalucía, abogó por que la corte estuviera integrada mayoritariamente por andaluces. Considerando Diego de Velázquez que ésta podría ser una oportunidad idónea para conseguir un puesto de pintor en la corte real madrileña, viajó a Madrid, de donde, tras una primera tentativa, regresó con las manos vacías. En este viaje conoció a Luis de Góngora, de quien haría el retrato años más tarde. Corría el año 1622.

Pacheco, su mentor y suegro, quería a toda costa que Velázquez alcanzara el puesto de pintor del Rey, pues sabía que esto supondría la madurez en la rica vida artística de su discípulo. Esto haría que, en 1623, con la intercesión de Juan de Fonseca, uno de los andaluces en la corte de Felipe IV, Pacheco lograra del Conde-Duque de Olivares una orden de presentación en Madrid para que Velázquez pintase al monarca. No cabe duda de que el retrato de Velázquez fue magistral, pues constituyó el aval que le aseguró la tan ansiada presencia indefinida en la corte real. Tras unas semanas de acomodación, trae a su mujer y a su hija (la otra había muerto un año antes), así como al servicio, a vivir a la capital, en una casa de la calle Concepción Jerónima.

Tras cuatro años, Felipe IV le nombra Ujier de Cámara, por lo que recibiría una mayor asignación.

[editar] Primer viaje a Italia

Las Meninas, nombre con el que es conocido popularmente este cuadro desde el siglo XIX, es considerada la obra más importante del pintor.

Pero todavía estaría por llegar el hecho que marcó para siempre la vida artística del genial pintor: en 1628, Peter Paul Rubens, pintor de la escuela flamenca, visita Madrid y, de la mano de Velázquez, visita el monasterio de El Escorial y accede a la pinacoteca real y al conocimiento de los grandes pintores renacentistas italianos, especialmente Tiziano, que fue uno de los pintores favoritos de Carlos I y que tanta influencia ejerció en la pintura de Velázquez. Para continuar su formación, Rubens aconseja a Velázquez que visite Italia, que no se centre únicamente en el influjo español, y que indague en la pictórica renacentista, para poder dar un giro completo a su carrera. Quizás fuera también Rubens quien le aconsejara sobre la ejecución de Los Borrachos, obra que marcó un cambio de rumbo en la vida artística de Velázquez. Otras teorías afirman que también fue él quien intercedió ante el rey para que permitiera a Diego su viaje a Italia.

Partió del Puerto de Barcelona con un buen salario en sus bolsillos, acumulando su sueldo de los dos años siguientes a su partida, el 10 de agosto de 1629. Esto marcaría un antes y un después en la vida artística del pintor, pues no se concebía, en pleno siglo XVII, que un pintor no acudiera a Italia como parte de su formación. Llegó a Génova el 23 de agosto de 1629, desde donde empezó una gira por los principales estados italianos, hasta llegar a Roma. Se alojó en un principio en el Palacio Vaticano, bajo la protección del Cardenal Barberini, pero enfermó de unas fiebres y se le hospedó en la Villa Médicis, enclavada en una de las colinas romanas, un lugar más salubre y desde donde tenía unas vistas maravillosas. Allí pintó Velázquez sus dos famosas Vistas de la Villa Medicis, considerados los dos primeros ejemplos de pintura au plein air (al aire libre) que no alcanzó su máximo desarrollo hasta el período del Impresionismo. En uno de ellos, puede verse una copia de La Ariadna dormida, que se conserva en el Museo del Prado, adquirida posteriormente por el propio pintor. Allí entró en contacto directo con la teoría y la práctica del arte italiano de su tiempo y de su esplendoroso pasado. Y así, pudo medir su conocimiento anatómico, piedra de toque de todo gran artista, realizando obras como La fragua de Vulcano. Seguramente bajo la influencia del clasicismo temprano, con referencias a la estatuaria clásica, y un recuerdo a Guercino. O realizando La túnica de José, con mención a Guido Reni. Tras caer enfermo, decidió marcharse de Roma para ir a Nápoles. Allí conoció a personalidades como la reina de Hungría María Ana de España, a quien retrató (1630), o al gran estandarte de la pintura española en Italia, José de Ribera.

Con el retrato de María de Austria culmina una etapa artística (1623-1631) que estaría marcada por la sencillez y la elegancia en su pintura.

[editar] Madurez en Madrid

La rendición de Breda (1635), obra cumbre del Barroco pictórico.

En 1631, en su regreso a España, recibe el encargo de retratar al príncipe Baltasar Carlos, que había nacido durante su estancia en el extranjero. Quizás sea este encargo el que haga al mundo artístico ver el cambio que había experimentado la pintura de Velázquez, que ya no es tenebrista, ni influida como anteriormente: se iluminan los ambientes, se llenan de modernidad las figuras y las escenas, y la libertad artística se hace más patente que nunca. El color se aviva, renace y surge intenso.

Algunas obras de esta etapa son los numerosos retratos ecuestres para el Palacio del Buen Retiro, así como otra de sus obras cumbres, Las lanzas (o La rendición de Breda) (1635). Para la Torre de Parada efectuó retratos de caza, como el del infante Fernando o el del príncipe Baltasar Carlos. También encontramos otros retratos de esta etapa como el de Felipe IV, en castaño y plata, o el de Isabel de Francia, la reina consorte.

Disposición de los retratos ecuestres de Felipe IV, la reina y el principe heredero en el Salón de Reinos, según estimación de Brown (entre las tres obras había una puerta):

En 1633 se casa la hija de Velázquez, de nombre Francisca, con Juan Bautista Martínez del Mazo, pintor también. Un año después, su suegro le cedería su puesto de ujier de cámara, para asegurar el futuro económico de su hija. Velázquez ocupará durante nueve años, tras su cesión, el puesto de Ayudante de Cámara, que supone los favores reales, dado que se convierte en una de las personas más próximas al monarca. Por otra parte, tras este nombramiento, se suceden una serie de desgracias en la corte y en las proximidades del monarca: caída del poder del valido del rey, el Conde-Duque de Olivares (que había sido protector suyo), la muerte de la reina Isabel en 1644, la muerte de su suegro y maestro Francisco Pacheco, el 27 de noviembre de ese mismo año, y la defunción del príncipe Baltasar Carlos, a los 17 años de edad.

[editar] Segundo viaje a Italia

Tras todos estos sucesos, Velázquez, consternado, decide irse en 1648, por segunda vez, a Italia, ya no como aprendiz, sino como embajador y artista español, ya que llevaba entre sus manos misiones oficiales también, y también por motivos personales, buscando el reconocimiento social que en Italia, desde el Renacimiento, los artistas habían conquistado, el cual en España se les negaba. Tras salir de Málaga, llega a Génova el 21 de enero de 1649. Otra vez realiza un recorrido por los principales estados italianos, aunque en dos etapas: la primera, que llega hasta Venecia, donde adquiere obras de Veronés y Tintoretto para el monarca español; y la segunda, que llega hasta Roma, tras pasar por Nápoles, donde se reencuentra con Ribera. En Roma retrata al pontífice Inocencio X, obra en la que, utilizando como medio el contraste de luces, consigue llenar de expresividad todo el cuadro. Hay teorías que adjudican la famosa Venus del Espejo a esta etapa en Italia. Ciertos autores creen que es el retrato de su amante, y madre de un hijo ilegítimo del pintor. El tema de la Venus ya había sido tratado en multitud de versiones por dos de los maestros que más influencia tuvieron en la pintura velazqueña: Tiziano y Rubens. La Venus de Velázquez aporta al género una nueva variante: la diosa se encuentra de espaldas y muestra su rostro al espectador en un espejo.

Se puede observar que, desde que Velázquez desembarcara en Génova, y tal como le ocurriera en su primer viaje, vuelve a transformar su estilo pictórico, dotándole de la luz que tanta ausencia había tenido, mediante la cual exagera la perspectiva y llega a conseguir la perspectiva aérea. Estas transformaciones estarían vigentes hasta el fin de sus días.

[editar] Última década: su cumbre pictórica

Velázquez regresó a España en 1651, dos años después de su partida. Tras su regreso, Felipe IV lo nombra Aposentador Real, cargo que le quita gran cantidad de tiempo para desarrollar su labor pictórica. No obstante, es en la etapa final de su pintura cuando alcanza su máximo desarrollo y Velázquez realiza sus dos obras maestras: La familia de Felipe IV o Las Meninas (1656) y La fábula de Aracné, conocida popularmente como Las Hilanderas.

Habiéndole sido concedida la Orden de Santiago, a la cual él tanto aspiraba, en 1659, murió en Madrid el 6 de agosto de 1660, tras haber padecido una larga enfermedad. Fue enterrado al día siguiente con todos los honores de la Orden de Santiago en la iglesia de San Juan Bautista.[7] Su mujer, Juana Pacheco, murió siete días después.

[editar] Obras

Artículo principal: Cuadros de Velázquez

Tags: Diego Velázquez, pintor, las meninas, bellas, Autorretrato, pintura, costumbre

Publicado por blasapisguncuevas @ 21:40  | ESPA?A
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