martes, 17 de febrero de 2009
África, Asia y la parte oriental de Sudamérica (el extremo de Brasil). Los castellanos recibieron los territorios que se encontraban al occidente de ese meridiano –tierras prácticamente desconocidas hasta ese momento– principalmente la zona occidental del Continente Americano así como algunas islas del Océano Pacífico.

Al principio, Colón y otros exploradores españoles quedaron decepcionados por el resultado económico de sus descubrimientos. A diferencia de África o Asia, los habitantes de las islas del Caribe no poseían oro ni tenían bienes que los españoles consideraran de valor, aunque sí poseían gran cantidad de productos agrícolas desconocidos por el mal llamado Viejo Mundo, como el maíz, la mandioca, el algodón, el maní (cacahuete), la pimienta, la piña, la batata y el tabaco. Tiempo después, al explorar más el continente, los europeos fueron hallando nuevos productos y comenzaron a percatarse del valor comercial que los productos de las culturas americanas podían tener en los mercados de Europa, para competir con los bienes que portugueses e italianos llevaban desde Asia y África: a los productos ya mencionados se sumaron nuevas especias como la vainilla, el tomate, la papa, el cacao y su derivado el xokolatl o chocolate, la llamada pimienta de Jamaica, o la cochinilla, que da un apreciado tinte. Cuando el comercio con España de este insecto se volvió corriente, los piratas ingleses u holandeses, que buscaban principalmente oro, tiraban los cargamentos al mar, desconocedores de su valor comercial.

En el interior de América los españoles encontraron dos grandes imperios, el Azteca y el Inca que eran tan extensos y estaban tan o más poblados que los de Europa. Su conquista se vio facilitada por las alianzas que los conquistadores españoles establecieron con los pueblos sojuzgados por dichos imperios y por la catástrofe demográfica que sufrieron provocada por las enfermedades llevadas inconscientemente por los europeos. En otros casos, la resistencia de las culturas indígenas fue tan tenaz, que su conquista por parte de los europeos exigió largas guerras o se hizo imposible.

Ya en 1510, Vasco Núñez de Balboa fundó la primera ciudad permanente del continente americano: Santa María la Antigua del Darién. Él mismo se convertiría más tarde en el primer explorador europeo en divisar el Océano Pacífico.[24]

[editar] Los recursos de América

Como se ha dicho más arriba, luego de que Colón llegara a América, las diversas culturas africanas, europeas, y asiáticas, comenzaron a utilizar y consumir una gran cantidad de productos desarrollados por las culturas americanas, como el maíz, la mandioca, el algodón, el maní (cacahuete), el ají, la piña o ananá, la batata, el tabaco, la vainilla, el tomate, la papa, el cacao y su derivado el xokolatl o chocolate, el cautchuc o caucho y el látex, el aguacate, así como variedades diferentes de otros frutos ya conocidos en el Viejo Mundo. Ya en el siglo XVI, gallegos y manchegos discutían sobre la calidad de las papas cultivadas en sus tierras.

Una vez asegurada la conquista, los principales focos de interés fue el comercio de especias que hasta allí los había llevado, así como la explotación de otras riquezas como los metales preciosos, principalmente oro y plata, cuya acumulación haría posible el despegue de la sociedad industrial a partir del siglo XVIII.

[editar] La vuelta al mundo

Artículo principal: Primera vuelta al mundo

De todos modos, como las especias más apreciadas en Europa no aparecían en el nuevo continente, la corona española siguió con sus miras puestas en las Indias orientales. Por ello, en 1519, año en que Hernán Cortés desembarcaba en México, financió la expedición del marino portugués Fernando de Magallanes. El objetivo del viaje era encontrar las Islas de las Especias (las Molucas) navegando hacia poniente para comerciar con ellas en beneficio de Castilla, dado que por el Tratado de Tordesillas correspondían a su zona de influencia. Magallanes había intentado antes que la expedición la financiase Portugal, pero respetuosos los portugueses del Tratado, se negaron a ello.

[editar] Magallanes y el «Paso»

Magallanes había participado activamente en la colonización de la India y Malaca,[26] filones que Vasco de Gama puso a disposición de Manuel I de Portugal el Afortunado. En el verano de 1513 es enviado por Don Manuel a Marruecos para limpiar las costas de piratas, y allí resulta lisiado de una pierna en un combate. De nuevo en Portugal se entrevista con el rey para solicitar un aumento de su sueldo, en consideración a sus servicios, lo que se le niega.[27] Decepcionado, se retira, pero permanece en suelo patrio durante un año más, frecuentando los barrios marineros y el archivo particular del rey,[28] y traba amistad con un personaje que será importante en su futuro: Rui Faleiro,[29] cartógrafo y astrónomo.

Las Molucas, en el archipiélago indonesio, entre Nueva Guinea y Sulawesi, con Australia al Sur. Esas pequeñas islas fueron el objetivo de ambiciosas expediciones.

Desde tiempo atrás Magallanes se ha ido convenciendo de la existencia de un paso por poniente a las Molucas, cruzando el mar del Sur.[30] El tal paso se había buscado con denuedo sin conseguirlo. Expedición tras expedición se topaba con una pared de tierra y roca que parecía inacabable, tanto que algunos cartógrafos imaginaban las tierras americanas extendidas hasta el polo Sur. Pero Magallanes sabe que existe una comunicación entre ambos mares.[31] Sólo es cuestión de conseguir una flota. Y Faleiro[29] lo apoya. El 20 de octubre de 1517 llega a Sevilla con la intención de ponerse al servicio de la corona española. Propone su plan[32] ante la Casa de Contratación, que sanciona Carlos I el 22 de marzo de 1518 en la oportuna Capitulación. Se inicia una de las páginas más brillantes y emocionantes[33] de la historia de las exploraciones marítimas.

El rey Manuel, sabedor de lo que se prepara, trata de sabotear el viaje desde el primer momento. Portugal, que ha conquistado Malaca, ve peligrar el último y definitivo objetivo: las Molucas. Envía a su embajador Álvaro de Costa con instrucciones muy concretas al efecto. Pero ambos monarcas tienen mucho cuidado en salvar las apariencias, porque por aquellas fechas Manuel I iba a casarse con Leonor de Austria, hermana del rey español.[34] Los intentos de Costa por emponzoñar la situación dieron con un Magallanes roqueño, y un Carlos I decidido a tomar la delantera en la empresa de La Especiería. Fue en vano.

[editar] «La Armada de Magallanes»

Réplica de la nao Victoria, única de la Armada de Magallanes que regresó a España.

De acuerdo con las Capitulaciones la armada tendría dos capitanes generales, en pie de igualdad: Magallanes y Faleiro,[29] el astrónomo, quien se encargaría de la construcción de los instrumentos náuticos necesarios y, sobre todo, de la espinosa cuestión de la longitud.[1] Faleiro proponía tres formas de obtenerla: la latitud de la Luna, las conjunciones y oposiciones de Sol y Luna , y la declinación de la aguja magnética. Sin que esté claro el porqué, Faleiro es apartado de la expedición,[35] y sustituido por Andrés de San Martín como cosmógrafo, que se valdrá de la segunda proposición de aquél para determinar la posición en alta mar, con resultados satisfactorios para la época.

Apartado Faleiro, el mando de la flota recae únicamente en Magallanes, el capitán general. Sin embargo, al frente de la mayor de las naves, San Antonio, se pone a Juan de Cartagena, primo del obispo de Burgos, quien recibe además cédula de Veedor General y conjuncta persona -«adjunto»- del portugués, con el encargo de velar por la buena marcha general de la expedición y de cuidar que no haya negligencias. Semejante decisión, un tanto política, resulta envenenada, porque si bien Magallanes recibe todo el mando, Juan de Cartagena se ve con unas atribuciones de límites ambiguos e imprecisos. Ambos hombres se enfrentarán, y con consecuencias muy graves.

Se aparejó una flota de cinco naos[36] con una tripulación de 265 hombres: Trinidad -la capitana-, San Antonio, Concepción, Victoria y Santiago. Desplazaban entre 144 toneladas -San Antonio- y 90 toneladas -Santiago. Se dotaron adecuadamente con armas, útiles diversos, mercaderías para trueques, y bastimentos abundantes: bizcocho, vino, vinagre, pescado seco, tocino, habas, garbanzos, lentejas, harina, ajos, quesos, miel, almendras, anchoas, sardinas, pasas, ciruelas, higos, azúcar, membrillo, mostaza, alcaparras, arroz. Incluso se embarcaron seis vacas[37] para disponer de leche fresca, y como reserva de carne. El costo total[37] de la Armada de Magallanes ascendió a 8.751.125 maravedíes. Al amanecer del martes 20 de septiembre de 1519, Magallanes y sus hombres asisten a misa en Sanlúcar de Barrameda, e inmediatamente después parten.

[editar] Primera parte del viaje. El motín

Antonio Pigafetta, cronista de la expedición.

Navegando hacia sudoeste el 26 de septiembre hacen escala en Tenerife para abastecerse de agua, carne y leña. Permanecen en las Canarias hasta el amanecer del 3 de octubre, fecha en que zarpan a medianoche en dirección sur hasta las costas africanas de Sierra Leona. Juan de Cartagena se extraña de que no se enfile el sudoeste desde el primer momento, hacia Brasil, y pide explicaciones al capitán general. Parece ser que Magallanes no las da[38] y mantiene el rumbo apelando al mando. Aparentemente, el incidente no tiene consecuencias, pero después de catorce días sin vientos favorables el descontento de Cartagena va a más y niega el saludo protocolario al capitán general.[39] En un primer momento Magallanes, que sabía ser templado según las circunstancias, opta por comunicar a Cartagena que debe ser saludado debidamente, mas ello no es suficiente. En un cara a cara entre los dos hombres Cartagena se insubordina abiertamente y Magallanes no lo duda: lo destituye y ordena prenderlo. Luis de Mendoza se ofrece a responsabilizarse del capitán destituido, para evitar que un hidalgo español fuera al calabozo, a lo que Magallanes accede. Antonio de Coca es nombrado capitán del San Antonio. Este grave incidente va a tener peores consecuencias más adelante.

Tras cruzar el Atlántico tocan tierras brasileñas en el cabo de San Agustín,[40] a 23 grados y medio de latitud Sur,[41] donde se proveen de carnes, fruta, patatas, y traban contacto amistoso con diversas tribus. Son los últimos días placenteros y de solaz. Hay que seguir. Pasados los 34 grados creen haber llegado al paso, mas no, es Río de la Plata. Después de quince días de exploración en aquel inmenso estuario[42] continúan. Cada entrante, por pequeño que sea, se explora. El 24 de febrero avistan el golfo de San Matías,[43] más allá de los 40 grados, también de importantes dimensiones. Lo recorren metro a metro, y nueva desilusión. Siguen adelante. A los 49 grados dan con otra espaciosa bahía en la costa patagona. Es el 31 de marzo de 1520, festividad de San Julián, y así la bautizan.[44] Magallanes decide invernar allí.

La primera vuelta al mundo. Por vez primera se accede a los mercados de Oriente navegando hacia Poniente.

Las dificultades del viaje, la cada vez mayor incertidumbre en el éxito de la expedición, y las inclemencias crecientes de un Invierno que se avecina,[45] con borrascas de vientos gélidos cada vez más frecuentes, en medio de un paraje desolado, hacen que cunda el descontento. Los capitanes se quejan del silencio de Magallanes: «Ni tomaba consejo de sus oficiales ni les daba la derrota que habían de seguir».[37] Y por si fuera poco se ordena un racionamiento más estricto de los víveres. Consciente de lo malo de la situación, Magallanes dispone que el día siguiente de la llegada al Puerto San Julián, 1 de abril de 1520, Domingo de Ramos, se celebre una misa,[46] y después una comida. A la misa asiste parte de la tripulación, y el convite lo rechazan los capitanes Luis de Mendoza -Victoria-, Gaspar Quesada -Concepción-, y Antonio de Coca -San Antonio-. La situación se ha vuelto insostenible. Viendo lo que puede avecinarse, Magallanes sustituye a Coca por su primo Álvaro de Mesquita como comandante del San Antonio, la mayor de las naves, que no podía arriesgarse a perder.

Quesada, Coca y Cartagena toman la iniciativa durante la noche. Seguros de contar con partidarios en el San Antonio lo abordan en bote. Encaramados a cubierta, se dirigen al camarote de Mesquita, a quien reducen enseguida. Juan de Elorriaga, el Maestre, que presenta resistencia, es acuchillado por Quesada. Sin pérdida de tiempo los tripulantes portugueses son presos. Convidan a comida y vino a quienes no se oponen. La acción, rápida, resulta un éxito. Los amotinados pueden regresar a sus naves, dejando el San Antonio al mando de Juan Sebastián Elcano.[47] En el Trinidad no se sospecha nada, hasta la mañana siguiente en que Magallanes cae en la cuenta de que ha perdido tres navíos: Concepción, Victoria y San Antonio.

El capitán general percibe indecisión y debilidad en los amotinados, porque no han hecho exigencia alguna en las últimas horas, y urde un plan. Envía al Victoria a cinco hombres en un bote mandados por Gonzalo Gómez de Espinosa, alguacil del Trinidad, con una carta para Luis de Mendoza, quien no ve peligro en que los emisarios suban a bordo. Mientras la lee ante Espinosa es abatido, a la vez que otros sesenta hombres al mando de Duarte Barbosa suben a cubierta desde un segundo bote que pasó inadvertido.[48] Con el Victoria recuperado el motín fracasa.

[editar] El Paso: «Canal de Todos los Santos»

Estrecho de Magallanes. En su boca oriental, atlántica, el Cabo Vírgenes, y en la occidental, pacífica, el Cabo Deseado. En medio, 560 km de curso recortado y difícil escudriñados por Magallanes durante más de un mes.

Estando en la Bahía San Julián el Santiago mandado por Joan Serrano[49] es enviado al Sur en solitario para reconocer las proximidades. Llega a la desembocadura del río de Santa Cruz, importante vía fluvial cuyas aguas son de origen glaciar.[50] Una tempestad hunde el Santiago. El 24 de agosto zarpan las cuatro naves restantes y dos días después se detiene en la desembocadura descubierta por Serrano, donde permanecerá dos meses aguardando la llegada del Verano. Magallanes no sabe que está a tiro de piedra del paso.

Por fin el 18 de octubre levan anclas y prosiguen hacia el Sur. Tres días después, festividad de Santa Úrsula y las Once mil Vírgenes, llegan a un cabo[51] y una bahía de aguas oscuras, encajonada entre riscos y montañas coronadas de hielo, aparentemente sin salida. Sin embargo, siguiendo la rutina de tantas otras ocasiones, Magallanes dispone que el San Antonio y Concepción se internen cuanto puedan, mientras el Trinidad y Victoria exploran el exterior. Esteban Gómez, capitán del San Antonio, se insubordina y sin que nadie lo sospeche regresa a España. La Armada Magallánica pierde la mayor de sus naves. Un temporal hace temer nuevos naufragios, pero esta vez la Concepción retorna con esperanzadoras noticias: en el canal las aguas son saladas y con mareas. No se trata de otro río. El día de Todos los Santos[52] las tres naves se internan en aquellas aguas. El curso es enrevesado con multitud de ramales, recodos y bahías, muchas sin salida. El avance es lento y peligroso. La navegación se complica aún más por un viento persistente, gélido, que obliga a extremar los cuidados para no estrellarse contra las rocas, o varar en un arenal. Descubren la desembocadura de un río que llaman de las Sardinas, desde donde se adelanta un bote que tres días después retorna con la buena nueva: al pasar un último cabo, Cabo Deseado, de nuevo el mar.

La expedición no solamente consiguió su objetivo, al encontrar un paso por el sur de América y una ruta por el Océano Pacífico, sino que acabó siendo la primera expedición que, a su regreso, tres años más tarde y al mando de Juan Sebastián Elcano, había circunnavegado el globo.

[editar] El declive del monopolio portugués

La exploración y la colonización portuguesas continuaron a pesar de la rivalidad con España. Los portugueses fueron los primeros occidentales que llegaron al Japón y establecieron comercio con él.[53] Bajo el reinado de Manuel I la corona portuguesa inició un ambicioso proyecto para poner bajo su dominio los territorios y rutas comerciales que habían sido declarados suyos. El plan consistía en construir una serie de fuertes que permitirían a Portugal controlar las principales rutas comerciales hacia Oriente. De esta forma, se establecieron fuertes y colonias en la Costa del Oro africana, Luanda, Mozambique, Zanzíbar, Mombasa, Socotra, Ormuz, Calcuta, Goa, Bombay, Malaca, Macao y Timor. Los portugueses también dominaban Brasil, que había sido descubierto en 1500 por Pedro Álvares Cabral,[54] y que quedaba en parte en la zona portuguesa según el "reparto" del Tratado de Tordesillas de 1494.

Portugal encontró dificultades a la hora de extender su imperio tierra adentro, más allá de las regiones costeras, en las cuales hubo de concentrarse. El tiempo demostró que el país era demasiado pequeño como para sostener la dotación económica y de hombres que eran necesarias para una empresa tan colosal. Las fortalezas establecidas por todo el mundo enfrentaban una falta de hombres y de equipamientos crónica. No fue posible competir con naciones más potentes que poco a poco fueron irrumpiendo en los dominios portugueses. Sus días de cuasimonopolio comercial con Oriente estaban contados. La hegemonía portuguesa en Oriente fue quebrada por los exploradores holandeses, franceses e ingleses, que no tomaron en consideración el reparto del mundo hecho por el Papa. En 1580 el rey español Felipe II accedió también al trono portugués como heredero a la Corona tras el fallecimiento sin descendientes de su primo Sebastián (Felipe II era nieto de Manuel I de Portugal). La combinación de ambos imperios era demasiado enorme como para seguir incontestada y también como para hacer frente al desafío de responder.

Algunas posesiones portuguesas se perdieron o quedaron restringidas por las colonias holandesas y británicas vecinas, principalmente en África Occidental, Oriente Medio y el Lejano Oriente. Bombay fue entregada a los ingleses en calidad de regalo de bodas. Las colonias en las que la presencia de los portugueses fue real (Macao, Timor Oriental y Goa, Angola, Mozambique y Brasil) siguieron en manos portuguesas. Los holandeses llegaron a controlar casi la mitad de Brasil, siendo finalmente rechazados.[55]

[editar] Competencia de las naciones noreuropeas

Los países no ibéricos no reconocieron el Tratado de Tordesillas. Francia, los Países Bajos (tras su independencia de España) e Inglaterra contaban con una tradición marinera y –pese a las prevenciones ibéricas– la nueva técnicas y los nuevos mapas acabaron llegando al norte.

La primera de estas expediciones fue la de Juan Caboto, un navegante italiano, que había navegado con los castellanos, financiado esta vez por Inglaterra. Sería la primera de una serie de misiones francesas y británicas que exploraron América del Norte. En gran parte, España había ignorado la parte norte del Continente Americano ya que, poblado por tribus nómadas y sin grandes imperios, era mucho más difícil de dominar que América Central. Los viajes de Caboto, Jacques Cartier y otros pretendían encontrar el Paso del Noroeste y, mediante él, tener acceso a las riquezas de Asia, no tuvieron éxito: jamás se descubrió dicho paso, pero las exploraciones revelaron otras posibilidades y a principios del siglo XVII empezaron a asentarse los primeros colonos del centro y el norte de Europa en la costa oriental de Norteamérica.

Fueron los países del norte los grandes rivales de los portugueses en África y en el Océano Índico. Los navíos holandeses, franceses e ingleses empezaron a competir con el monopolio portugués, fundando fuertes y colonias propias. Poco a poco aumentó el comercio de los países nórdicos sin que por eso disminuyese el comercio oceánico de portugueses y españoles. Los recién llegados llegaban a rodear sus dominios más valiosos (como con Hong Kong, frente a la colonia portuguesa de Macao). También les tomaron la delantera en la exploración de las últimas regiones desconocidas del Océano Pacífico y de la costa este de América del Norte, que eran parte de la "zona española" del reparto del Tordesillas. Exploradores holandeses como Willem Jansz y Abel Tasman exploraron las costas de Australia (que los españoles buscaron y no habían conseguido encontrar) mientras que en el siglo XVIII fue el marino británico James Cook quien cartografió gran parte de la Polinesia. También cabe destacar que en ese mismo siglo fue cuando el danés Vitus Bering descubrió el estrecho que lleva su nombre.[56]

[editar] Exploraciones británicas

Bandera del Imperio Británico.

Cabe destacar que fue un inglés, Sir Francis Drake, quien dio la segunda vuelta al mundo, entre 1577 y 1580.[57] Otro famoso explorador inglés fue Henry Hudson (1565 - 1611), que descubrió un río y una bahía los cuales llevan su nombre.[58]

El marino británico James Cook (1728 - 1779) consiguió llevar a cabo tres viajes a través del Océano Pacífico, durante los cuales se cartografiaron con precisión grandes áreas, y muchas islas y costas fueron documentadas por primera vez en mapas europeos. Sus mayores éxitos fueron el descubrimiento y reclamo para el Imperio Británico de la costa este de Australia, el descubrimiento europeo de Hawaii y la circunnavegación y mapeo de Nueva Zelanda y Terranova.[59]

[editar] Exploraciones francesas

Cavelier de La Salle.

Un célebre explorador francés fue René Robert Cavelier de La Salle (1643 - 1687) el cual realizó incursiones en América del Norte, donde recorrió la región de los Grandes Lagos, después el río Mississippi, explorando los territorios situados entre la región de Quebec y la desembocadura del Mississippi.[60]

La primera circunnavegación francesa la llevo a cabo Louis Antoine de Bougainville (1729 - 1811), quien además exploró las Islas Malvinas, Tahití, Samoa, las islas Salomón y las Nuevas Hébridas.[61]

Otro importante marino francés fue Jean-François de La Pérouse (1741 - 1788 ). Jean-François intentó continuar los trabajos de Bougainville y Cook en el Océano Pacífico. Exploró las Filipinas y Macao, descubriendo el estrecho que lleva su nombre. Las últimas noticias suyas que llegaron a buen puerto procedieron de Nueva Holanda en 1788, y a partir de ahí desapareció sin dejar rastro. En 1826, se hallaron los restos de su expedición en Vanikovo, al norte de las Nuevas Hébridas.[62]

[editar] Exploraciones neerlandesas

Imagen de la Isla de Pascua.

El primer neerlandés que consiguió circunnavegar el mundo fue el pirata Oliverio van Noort (1558 - 1627).[63] En 1596, Willem Barents (1550-1597) descubrió el archipiélago de Svalbard y dio nombre al Mar de Barents.[64] El Cabo de Hornos fue descubierto en 1616 por los marinos Willem Schouten y Jacob Le Maire, durante un viaje de exploración que realizaban a lo largo del Pacífico.[65]


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