Décadas más tarde, cuando los conquistadores españoles abatieron al Imperio Inca, intentaron someter también a los mapuches. Sin embargo, la resistencia de los mapuches llevaría a un prolongado conflicto conocido como la Guerra de Arauco. Así, personajes como Lautaro (destacado líder militar mapuche, hecho prisionero de niño por los españoles, sirvió a Pedro de Valdivia como paje) y más tarde la sublevación de Pelantaro en la década de 1590, llevarían a fijar la frontera militar entre españoles y mapuches en el río Biobío. El desastre de Curalaba, en 1598, donde perdió la vida el gobernador Martín Óñez de Loyola, marca la derrota de las fuerzas ibéricas en territorio mapuche.
El poema épico La Araucana (1569, 1578 y 1589) del conquistador español Alonso de Ercilla, dedicada al Rey Felipe II, es una epopeya que destaca la resistencia realizada por el pueblo mapuche.
En los siglos siguientes, los españoles fueron cautelosos en adentrarse en territorio mapuche. En un comienzo lo hicieron a través de misiones religiosas (pacíficas) lideradas por el padre Luis de Valdivia en la llamada Guerra Defensiva, que no dio resultados, dando paso a los "parlamentos". En estos encuentros ambos bandos intercambiaban regalos y firmaban pactos que juraban respetar.
Fue así como, en el Parlamento de Quillín, en 1641, se acordó terminar con la guerra y fijar la frontera en el río Biobío, con el consiguiente despoblamiento de las ciudades españolas al sur de este; los mapuches prometieron liberar a los cautivos y a hacer frente a enemigos de la Corona. Posteriormente se celebraron otros parlamentos, con aprobación del Rey de España; en que se reiteraba el reconocimiento de la independencia de los mapuches frente a la Corona española, y las partes se comprometían a dejar de lado las acciones bélicas. Estos tratados fueron reconocidos por el gobierno republicano del General Ramón Freire en Tapihue, el 7 de enero de 1825 en el Parlamento General de Tapihue. En sus artículos 18 y 19 se reconoce la soberanía mapuche sobre los territorios comprendidos al sur del Bío Bío.
Durante la Guerra de Independencia de Chile, lo más habitual fue que los mapuches tomaran partido por los realistas, aunque no participaron mucho de las batallas, porque estas tuvieron lugar fuera de su territorio. Después de su independencia de España, Chile siguió una política de no agresión y cautela. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XIX, se ideó un plan de expansión estatal sobre el territorio mapuche. Por esa misma época se produjo el nombramiento por parte de los principales loncos del Ngulumapu ("territorio occidental", Chile) de Orélie Antoine de Tounens como Rey de la Araucanía dando lugar al Reino de la Araucanía y la Patagonia el 17 de noviembre de 1860.
Así, de 1861 a 1883, el ejército chileno ensayó diferentes estrategias, desde las alianzas con clanes enemigos entre sí, hasta la guerra, pasando por el soborno a base de bebidas alcohólicas. Las operaciones militares estuvieron fundamentalmente a cargo de Cornelio Saavedra (militar chileno nieto del presidente de la Primera Junta de Gobierno argentina instalada el 25 de mayo de 1810), que culminaron con el completo sometimiento de los mapuches en 1883. A todo este proceso se le dio el nombre de Pacificación de la Araucanía.
En diciembre de 1866, el Congreso chileno aprobó una ley que reconocía los derechos propietarios de los mapuches en el "Territorio Indijena", creando una Comisión de peritos - la Comisión radicadora de Indígenas- cuya misión era deslindar las posesiones indígenas. De acuerdo a esa ley, aquellas tierras donde los mapuche no pudiesen probar posesión serían consideradas tierras baldías, por tanto fiscales de acuerdo al artículo 590 del Código Civil de 1857. La constitución de la propiedad, de acuerdo a la ley de 1866, solo pudo realizarse tras el triunfo militar chileno en 1883, tras el cual el Estado tomó el control militar de territorio mapuche, y trató las tierras como si fuesen fiscales, contraviniendo el sentido de su propia legislación, y se desconocieron masivamente los derechos propietarios de los mapuche. De esta manera, los mapuche pasaron de controlar unas 10 millones de hectáreas, a tener que sobrevivir en apenas 500 mil, es decir, en un 5% de su territorio anterior. Por otra parte, las políticas de colonización de las tierras del sur terminaron por marginarlos, y propiciaron la usurpación irregular de muchas de sus tierras; incluso de las reconocidas en los Títulos de Merced.
Paralelamente a la "Pacificación", se llevaba a cabo por el Ejército argentino lo que se denominó la Conquista del Desierto, muy perjudicial para los mapuches. Hubo un primer intento en 1833 que permitió a las tropas argentinas ocupar casi todo el territorio al Norte del río Negro y del Limay e incluso la zona de Valcheta[cita requerida], pero la guerra civil en Argentina permitió que los mapuches y mapuchizados se rehicieran, de modo que a inicios de 1870 estos pueblos realizaban sus correrías casi hasta las inmediaciones de las ciudades de Mendoza, San Luis, Río Cuarto, sur de la provincia de Santa Fe y gran parte de la provincia de Buenos Aires hasta unos 70 km de la ciudad de Buenos Aires. Su derrota fue total a partir de la llamada Conquista del «Desierto», iniciada formalmente en 1879 y dirigida por el general Julio Argentino Roca (al año siguiente, en 1880, fue elegido presidente del país).
El pueblo mapuche desde el siglo XX a la actualidad
En la siguientes generaciones de mapuche, emergieron diferentes organizaciones, tales como la Corporación Araucana de Venancio Coñoepan, Federación Araucana de Aburto Panguilef, la Sociedad Caupolicán y la Unión Araucana de Antonio Chiwailaf. Entre estas organizaciones mapuche existían diferentes posiciones, desde el tradicionalismo hasta el catolicismo asimilacionista, pero todos compartían la idea de recuperar las tierras usurpadas para poder conservar la cultura propia. De esta manera el "movimiento mapuche" ingresó a la escena pública chilena, entremezclándose con la política y sus partidos; aunque siempre conservando su especificidad. Este proceso llegó a su clímax a finales de la década de 1960 y principios de la de 1970.
La crítica radical al statu quo por parte de vastos sectores de la sociedad chilena, permitió a los mapuches incorporarse con sus demandas por la tierra. Fue así como en 1969 comenzaron las tomas de tierras reclamadas por los mapuche en la provincia del Cautín, proceso conocido como "el Cautinazo".
Con el proceso de Reforma agraria acelerado por el gobierno de Salvador Allende, muchas comunidades mapuche se radicalizaron e iniciaron una inédita recuperación de tierras, al margen de los programas de gobierno. Hacia 1972, los latifundistas afectados se organizaron en los comités de retoma, grupos paramilitares armados que fueron perseguidos por el gobierno mediante la Ley de Seguridad Interior del Estado.
El Gobierno Militar fue cruento en la Araucanía, donde cientos de personas desaparecieron o fueron torturadas. Las organizaciones reaparecieron hacia 1978, como reacción al Decreto Ley 2675 liquidaba la figura jurídica de la propiedad comunal sobre la tierra, que era el último resguardo sobre sus propiedades, y además la calidad de indígena de sus ocupantes. Surgieron así los Centros Culturales Mapuche, única forma de organización permitida por la dictadura, que más tarde darían paso a la organización Ad Mapu.
Desde 1978 en aplicación del artículo 25 del decreto ley Nº 2.568, de 1978, se dispuso la ampliación de las tierras indígenas, traspasando a 2.639 indígenas un total de 51 predios agrícolas durante el período, que eran propiedad del Fisco, SAG, ex CORA, CORFO y CONAF, con una superficie total de 113.342,07 hectáreas. Con la aplicación de dicha normativa, desde 1978 a 1990 se entregaron, en total, 69 mil 984 títulos de dominio individual a los indígenas, y en virtud de las demás disposiciones de ese texto legal y las nuevas tierras traspasadas, se completaron 72.931 títulos de dominio.
En 1989, dirigentes de diversas organizaciones mapuche se reunieron en Nueva Imperial con el candidato de la opositora Concertación de Partidos por la Democracia Patricio Aylwin Azócar. En ese "parlamento" se acordó que el Estado daría reconocimiento constitucional a los derechos económicos, sociales y culturales de los Pueblos Indígenas, se formaría una Comisión Especial en conjunto con las organizaciones indígenas para elaborar un proyecto de ley indígena. A cambio de esto, las organizaciones indígenas se comprometían a utilizar la vía institucional para canalizar sus demandas.
Recién comenzada la década de 1990 y vuelta parcialmente la democracia, el Consejo de Todas las Tierras llevó a cabo varias tomas simbólicas de tierras ancestrales mapuches en manos de privados. La respuesta del gobierno fue el requerimiento de aplicación de la Ley de Seguridad Interior del Estado, dictada durante la guerra fría por el presidente Gabriel González Videla, lo que terminó con 141 mapuches condenados y con sus derechos políticos suspendidos.
En 1993 se aprobó la Ley de Desarrollo Indígena 19.253. Sin embargo, la nueva institucionalidad que consagraba operó con la cooperación de los principales referentes mapuche hasta que en 1997 sobrevino una nueva crisis. La empresa ENDESA España comenzó la construcción de una segunda central hidroeléctrica en la zona del Alto Bío Bío (con el nombre de Ralco). Algunos de los mapuche-pehuenche que habitaban la zona se negaron a abandonar sus tierras, amparados en la nueva legislación que exigía la autorización de la Corporación de Desarrollo Indígena (CONADI) para poder permutar tierras indígenas. Ante la negativa de este organismo gubernamental a aprobar dicha permuta, por ser atentatoria contra los derechos de los pehuenches, el Presidente Eduardo Frei destituyó al director de la CONADI y a la autoridad ambiental que también se oponía el megaproyecto. De esta manera, se inundaron miles de hectáreas de tierras y sitios sagrados para el pueblo mapuche-pehuenche de una manera totalmente autoritaria.
Al mismo tiempo, en los valles centrales comenzaba la explotación de las plantaciones forestales sembradas a mediados de la dictadura, en predios que habían sido recuperados por los mapuches durante el gobierno de Allende, pero que posteriormente pasaron a manos de grupos económicos. Los intereses de las grandes empresas madereras que explotan plantaciones forestales en territorio mapuche; el temor de los agricultores que explotan predios considerados como usurpados por las comunidades mapuche; y el aumento de la violencia hacia fines de los años 1990 en la zona, motivó al Senado a expresar en un informe su preocupación por la grave amenaza a la seguridad jurídica en la zona del conflicto (S 680-12). Sin embargo este informe ha sido cuestionado ya que contiene declaraciones de más de 15 agricultores afectados y sólo de un representante mapuche. Además el informe no ahonda en las causas del conflicto.
Durante el gobierno de Ricardo Lagos la respuesta estatal al conflicto mapuche, adquirió dos principales vías. Por un lado a través de la represión policial de las acciones de los activistas mapuches, cuyo momento más critico ocurrió en 2002, durante una ocupación ilegal de tierras en el Fundo Santa Alicia en la comuna de Ercilla, Provincia de Malleco, el joven comunero Alex Lemun Saavedra perdió la vida por la acción de Carabineros de Chile, quienes hicieron uso de escopetas antimotines cargada con balines de plomo. Por otro lado, mediante una operación de inteligencia llamada "Operación Paciencia" dirigida desde la Sub Secretaría del Interior presidida por Jorge Correa Sutil se sindicó a la Coordinadora de Comunidades en Conflicto Arauco-Malleco, como una organización de carácter terrorista y fue perseguida como tal, encarcelándose a sus dirigentes. Ejemplos paradigmáticos de estos cuestionados juicios fueron el llamado "Caso Loncos" -donde los Lonkos Pascual Pichun y Aniceto Norin fueron condenados a 5 años y 1 día de prisión por "amenaza de incendio terrorista" y el "Caso Puluco-Pidenco" -donde cuatro comuneros fueron condenados a 10 años y un día de prisión por "incendio terrorista".
Estos juicios han sido denunciados por la Organización de Naciones Unidas, a través de su Relator Especial para Pueblos Indígenas Rodolfo Stavenhagen, y por organizaciones como Amnistía Internacional, que los denuncian como juicios que presentan una legalidad cuestionable. Los hechos fueron denunciados a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, por infracción al debido proceso, entre otras razones, consagrado en la Convención Interamericana de Derechos Humanos. Este órgano decretó la admisibilidad de la denuncia[32]
Por su parte, en marzo de 2007, el Comité de Derechos Humanos, órgano encargado de la supervigilancia del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966, en sus observaciones al informe de Chile, también denunció las prácticas criminalizadoras contra el movimiento social mapuche. En este sentido, instó al Estado chileno a modificar la Ley N° 18.314 (conocida como ley antiterrorista). Además, en relación a los artículos 1 y 27 del Pacto, el Comité lamentó la información de que las "tierras antiguas" continúan en peligro debido a la expansión forestal y megaproyectos de infraestructura y energía, expresando que el Estado chileno debía realizar todos los esfuerzos posibles para que sus negociaciones con las comunidades indígenas lleven efectivamente a encontrar una solución que respete los derechos sobre las tierras de estas comunidades de conformidad con los artículos 1, párrafo 2, y 27 del Pacto, debiendo agilizar los trámites con el fin de que queden reconocidas tales tierras ancestrales, debidamente demarcadas. También exhortó al Estado chileno a efectuar consultas con las comunidades indígenas antes de conceder licencias para la explotación económica de las tierras objeto de controversia y garantizar que en ningún caso la explotación de que se trate atente contra los derechos reconocidos en el Pacto.[33] El 2004 el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales ya había formulado observaciones en el mismo sentido.[34]
En marzo de 2006, 4 de los 9 presos mapuches condenados por ley antiterrorista iniciaron una huelga de hambre indefinida, que alcanzó más de 62 días sin lograr que el gobierno de Michelle Bachelet acceda a revisar el polémico juicio llevado a cabo bajo el gobierno de su antecesor.
En 2007 muchos grupos mapuches no han renunciado a sus demandas territoriales y muchas de sus organizaciones exigen autonomía para sus territorios, devolución de sus tierras y más oportunidades de representación política. En octubre de 2007 año se inició una nueva huelga de hambre; al finalizar el año se continuaba sin que el gobierno chileno haya dispuesto la mesa de negociación demandada por los huelguistas.
En el año 2008, ejerciendo el cargo de Jefe de Estado Michelle Bachelet Jeria, Matías Catrileo (n. 11 de septiembre de 1985 - † 3 de enero de 2008), estudiante de agronomía, chileno de origen mapuche, muere el 3 de enero de 2008 , cuando una subametralladora Uzi perforó por la espalda el pulmón. Matías Catrileo se encontraba participando de una ocupación ilegal de un fundo de propiedad privada que las comunidades mapuche reclamaban como territorio ancestral, razón por la cual, la fuerza pública fue llamada a actuar.
Actualmente el carabinero sindicado como el autor del asesinato se encontraría detenido mientras se realizan las investigaciones pertinentes.[35] Se han elevado críticas[36] en contra del fiscal militar, José Pinto Aparicio, que investiga la causa al ser el mismo que indagó acerca del asesinato de Alex Lemún el año 2002, que permanece impune, pues la causa fue sobreseída por la Corte Marcial en 2004.[37]
Reclamo del derecho de autodeterminación
Varias organizaciones mapuche están reclamando el reconocimiento del derecho a la autodeterminación que les corresponde en su calidad de pueblos, según reconoce la Carta de Naciones Unidas.[38] Con la adopción de la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 13 de septiembre de 2007[39] la comunidad internacional ha reconocido expresamente el caracter de pueblos de los indígenas, como ya lo afirmara el Relator Especial de Naciones Unidas Miguel Alfonso Martínez quien en su estudio encargado por la ONU sostuvo que “no he podido hallar argumento jurídico suficiente para que pueda defenderse la idea de que los indígenas han perdido su personalidad indígena internacional como naciones/pueblos”.[40]
Si bien la amplitud de la autonomía y beneficios reclamados varían entre los distintos sectores mapuche, muchas de las organizaciones mapuches que la reclaman, la relacionan y la piden de la misma forma que la autonomía obtenida por el pueblo inuit en Groenlandia, desde la década de 1990; o como los beneficios obtenidos por los indígenas de Bolivia a partir de la más reciente elección de un presidente aymara en ese país (Evo Morales). Además organizaciones mapuches como Wallmapuwen han entablado vínculos con el Bloque Nacionalista Gallego (BNG) y Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), proponiendo replicar el sistema de comunidades autónomas en Chile, así como el reconocimiento de los pueblos indígenas en la constitución (similar caso al reconocimiento de las administraciones y lenguas regionales en España).[41]
Poseen representación en la UNPO.
Su cultura se basaba en la tradición oral. Los mapuches vivían predominantemente de la agricultura (horticultura). La conducta social y religiosa estaba regida por el Admapu (conjunto de antiguas tradiciones, leyes, derechos y normas). Su idioma es el mapudungun, una lengua aglutinante que hasta ahora no se ha relacionado de modo satisfactorio con ninguna otra.[42] Como deporte juegan a la chueca o palín, un deporte que se presenta más o menos parecido al hockey, como también en su tiempo al linao, especialmente por los hulliches.
Su organización social estaba basada principalmente en la familia y la relación entre ellas, la familia estaba conformada por el padre, su (s) mujer (es) y sus hijos. La línea de parentesco más fuerte era la materna. Al no considerarse parientes a los hijos del padre con otras mujeres, no existía el tabú sexual respecto de ellos. Esta creencia, y las conductas que permitía, fue interpretada por los españoles como una práctica generalizada de incesto. Actualmente la poligamia tradicional ya no existe entre los mapuches.
Los grupos de familias relacionados en torno a un antepasado común se denominaban los lof, a menudo escrito lov, levo o caví por los historiadores. Las familias que conformaban un lof vivían en rucas vecinas y se ayudaban entre ellas; cada uno tenía como jefe a un lonco ("cabeza" en mapudungun),
En tiempos de guerra se unían en grupos más amplios denominados rehues, que eran formados por varios lofs, que conformaban un grupo equivalente al de una tribu, a cargo de cada rehue existía un jefe militar llamado toqui.
En tiempos de grandes calamidades como sequías, epidemias, invasiones u otros grandes problemas que afectaban una gran extensión de territorio; se reunían varios rehues y conformaban unas agrupaciones denominadas aillarehues. Su jefe era el Mapu-toqui (jefe militar de una comarca en estado de guerra). Los aillarehues adquirieron gran importancia para enfrentar a los españoles.
Debido a la lucha en contra de los conquistadores españoles, los mapuches se vieron obligados a formar alianzas entre varios aillarehues. Los grupos formados por la unión de los aillarehues, se denominaron Butalmapus o Zonas de guerra. Los jefes de los Butalmapus eran elegidos por los toquis, y este jefe era conocido por los españoles como Gran toqui. Existieron tres Butalmapus históricos principales:
Actualmente en su organización social, a los grupos de familias cercanas ubicadas en un sector geográfico específico se les denomina comunidades.
La "Religion Mapuche", no es fácil de entender, ya que todo esta interconectado, entendiéndose esto como necesario para la supervivencia del Pueblo como tal. Se basa en términos generales en la ligación del Mundo espiritual Mapuche, que juega un rol muy importante y crucial, con el Mundo tangible, en el sentido de que conjuntamente sustentan de buena y correcta forma la vida en la tierra espiritual y la tierra material, ubicándose ambas en un mismo espacio y fusionadas. La creencia del pueblo Mapuche se basa principalmente en el respeto al mundo espiritual que es grandemente amplio, considerándose al Mapuche netamente espiritual y esta parte como necesaria obligadamente para el substento de la vida en la Tierra conjuntamente al mundo material, tangible o naturaleza; en el culto a los espíritus y antepasados, llamados Pillanes (espíritus o todo del tipo espiritual, de mayor o menor rango), Wangulén, Antu, etc, o estos en su naturaleza genérica Ngen. Actualmente por la Conquista de Chile y el Cristianismo, mecanismo que fue utilizado como otras para someter y erróneamente "civilizarlos", creen en un ser superior que los gobierna, llamado Ngenechén, que está formado principalmente por cuatro aspectos o personas, ya que éste antes de la Conquista de Chile, hacía parte de las cuatro formas que controlan, crean, corrigen y cuidan a: la naturaleza o Mapu, a los espíritus o pillû; lo que se traduce al español como pillán, y a las personas o Che respectivamente, encontramos entonces a quien crea a la naturaleza, a quien crea a los espíritus, a quien crea a las personas o Che, a quien controla a la naturaleza, a quien controla a los espíritus, etc.; de ahí Ngenechén, aquella parte del Ser Superior Mapuche que controla a las personas del Mundo Mapuche o Mapuche Wallmapu y de las que es dueño, véase Ngen; antes de la influencia cristiana en esta cultura, conformaban espíritus de cierta forma "individuales". A pesar del número de seres presentes en sus creencias, nunca erigieron un panteón de dioses propios, a la manera de los griegos o los germanos.
La figuras más importantes dentro de la religión son por excelencia el Machi, el Lonko y el Ngenpin, encargados del culto, el conocimiento y de la celebración de variados rituales, según el Territorio Mapuche; en el que destaca un ritual mezcla de adoración y diversión, llamado guillatún, según el territorio en dónde se celebre, siendo de carácter netamente religioso en la zona de precordillera y CordilleramismA; y el machitún, que es una ceremonia de sanación y augurio. En el pueblo Mapuche, no existen claros indicios donde se celebracen sacrificios humanos, y se cree actualmente que al haber ocurridos pudieron haber sido siempre como una manera de expiación frente a grandes cataclismos naturales (la última vez registrada, ocurrió después del terremoto de Valdivia de 1960, el más devastador en la historia de Chile).
La mitología mapuche se caracteriza por ser muy variada. Ejemplo de ello es la leyenda de la creación de la geografía de Chile; denominada la historia de Cai Cai y Tren Tren o Ten Ten. Además su mitología presenta numerosos seres mitologcos, tales como el Chonchón; y personajes semimíticos como el Calcu.
En relación a la religión cristiana y el pueblo mapuche, en noviembre de 2007 fue la beatificación del primer mapuche, el argentino "Ceferino Namuncurá".
Como vivienda tradicional de los mapuches, contruían viviendas de gran tamaño denominadas Rucas, con superficies que varían entre los 120 y 240 metros cuadrados; las cuales estaban formadas por paredes de adobe o tablas o de varas de colihue, reforzadas por dentro con postes de madera y se tapizan con totora. El techo es de junquillo o de algún pasto semejante a paja brava. Usualmente no tienen ventanas.
Una estructura ritual importante son las estatuas de madera denominadas chemamüll o chemamull (del mapudungun: che, persona y mamüll, madera, Persona de madera), las cuales utilizaban en ritos funerarios.
El 2007 el arqueólogo Tom Dillehay identificó la existencia de alrededor de 300 túmulos funerarios en las vecindades de Purén y Lumaco, llamados cuel. Estas colinas artificiales cónicas, de piedra y barro, superan en algunos caso los 40 metros de altura. Según la hipótesis del autor, en la "ciénaga de Purén" se habría desarrollado un núcleo altamente poblado, que permitió la edificación de monumentos. Dillehay data los cuel a las dos centurias anteriores a la llegada de los españoles: el siglo XIV y el siglo XV. Como hipótesis, postula que las estructuras serían fruto de la influencia inca o de las culturas de los Andes centrales en general.[43]
La música tradicional mapuche es principalmente religiosa, como las cantadas en Nguillatun, por ejemplos las Tallilfes, quienes acompañan al Choike con cantos en su danza, aunque también existen composiciones amorosas y canciones acerca de los sucesos de la tierra natal siendo sus melodías de temple monótono y triste. Puede ésta estar cantada a modo de monólogo o estar acompañada de algún instrumento musical ceremonial, haciendo de la música en si un cuerpo fusionado, se usan instrumentos de percusión como el cultrún, de uso exclusivamente ritual, y las cascahuillas o cdcahuillas según el territorio del Wallmapu, que son una especie de cascabeles. Dos instrumentos característicos son la trutruca, una caña hueca de coligüe con un cuerno en su extremo, y el trompe, que usa la garganta y boca como caja de resonancia. Producto de la mal llamada Pacificación de la Araucanía, y como forma de demostrar las victorias entonces, actualmente se han incorporados otros instrumentos como el acordeón y la trompeta, aquella que era apropiada en combate al ganarse una batalla. Una cantante destacada de música mapuche es Aimé Paine. Ver también Instrumentos musicales mapuches.
El pueblo mapuche cuenta con una dilatada literatura oral, alentada por el tradicional aprecio de este pueblo por el uso estético del idioma y la capacidad oratoria como suprema destreza social. Las principales formas de relato son el epew y el nütram.
Durante la segunda mitad del siglo XX numerosos poetas mapuches decidieron cruzar la frontera entre oralidad y escritura. Muchos de ellos publican sus poemarios en ediciones bilingües, en castellano y mapudungun, pero el uso de la lengua vernácula y los tópicos literarios propios de la etnia, como las referencias al entorno natural, la simbología y la cosmovisión mapuche, son características centrales de la mayoría de estos autores.
Entre los poetas mapuches contemporáneos se encuentran:
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