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Hombre de Neandertal Rango fósil: Pleistoceno Medio - Superior |
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Reconstrucción de un hombre de Neandertal |
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| Estado de conservación | |||||||||||||||||||||||
| Extinto en época prehistórica desde ca. 25.000 a. C. | |||||||||||||||||||||||
| Clasificación científica | |||||||||||||||||||||||
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| Nombre binomial | |||||||||||||||||||||||
| Homo neanderthalensis King, 1864 |
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El Hombre de Neandertal (Homo neanderthalensis) es una especie del género Homo que habitó Europa y partes de Asia occidental desde hace 230.000 hasta 29.000 años atrás, durante el Pleistoceno medio y superior y culturalmente integrada en el Paleolítico medio.
Sus características definidoras, a partir de los huesos fósiles descubiertos hasta ahora (unos 400 individuos), son: esqueleto robusto, extremidades cortas, tórax en barril, arcos supraorbitarios resaltados, frente baja e inclinada, faz prominente, mandíbulas sin mentón y gran capacidad craneal —1.500 cm³—. Vivían en grupos organizados, formados por alrededor de unos treinta miembros.
Los neandertales fueron una especie bien adaptada al frío extremo. En ellos se notan cráneos alargados y amplios, complexión corta y robusta, y nariz grande;[1] rasgos que denotan adaptación a climas fríos, como se puede observar actualmente en las poblaciones del Ártico. Sus cerebros eran igual o más grandes que los del hombre moderno. Un neandertal promedio tendría una altura de 1,65 m, de contextura pesada, y musculatura robusta.
El estilo de herramientas líticas utilizadas en el Paleolítico medio por los neandertales es la cultura Musteriense, así llamada por haber sido encontradas por primera vez en el yacimiento arqueológico Le Moustier. La cultura musteriense está caracterizada por la utilización de la técnica de talla Levallois. Estas herramientas fueron producidas usando martillos de percusión blandos, como huesos o madera. En los últimos tiempos de los neandertales se nota en el registro arqueológico el estilo Châtelperroniense, considerado como más "avanzado" que el musteriense.
El término "Hombre de Neanderthal" fue creado en 1863 por el anatomista William King. Neanderthal hoy se escribe de dos maneras: La ortografía de la palabra alemana Thal, que significa valle, fue cambiada a Tal a principios del siglo XX, pero la primera forma de escribirlo es la que a menudo se utiliza en inglés y siempre en la nomenclatura binomial, mientras que en alemán y español generalmente se usa la forma moderna.
El comienzo de la historia del Hombre de Neandertal es también el inicio de la paleoantropología. En agosto de 1856 fue descubierto el espécimen que luego sería conocido como Neanderthal 1. El lugar fue la cueva Feldhofer en una zona encañonada del valle del río Düssel, cerca de Düsseldorf, Alemania, que se llama valle de Neander (en aleman Neandertal) según el compositor y teólogo Joachim Neander.
Los primeros fósiles fueron encontrados en Engis (Bélgica), en 1829. Le siguen los de Gibraltar, en la cantera de Forbe en 1848, pero no se reconoció el significado de estos dos descubrimientos hasta bastante después de que se diera a conocer el famoso Neanderthal 1. Este fue hallado en 1856 cerca de Düsseldorf en el valle del río Düssel en Alemania, tres años antes de que Charles Darwin publicara El origen de las especies.
El descubrimiento de 1856 fue realizado por Franz Mayer, de la Universidad Bonn, y para explicar dicho hallazgo inventó una teoría curiosa. Según Franz el esqueleto pertenecía a un cosaco ruso que perseguía a Napoleón a través de Europa. Explicaba que el cosaco sufría raquitismo, lo que explicaría la forma arqueada de sus piernas, y que el dolor del raquitismo le hacía arquear tanto las cejas que le produjeron unos fuertes arcos supraciliares.[2]
William King le asignó en 1864 el nombre Homo neanderthalensis, dándole condición humana pero considerándolo una especie diferente. Posteriormente y debido a su elevada capacidad craneal equivalente a la del humano actual (y muchas veces superior), se le denominó Homo sapiens neanderthalensis durante la mayor parte del s.XX, a pesar de las notables diferencias anatómicas. Su lugar en la clasificación científica ha sido fuertemente debatido, pero el consenso actual lo ubica como una especie aparte (Homo neanderthalensis). La genética ha demostrado que el Hombre de Neandertal evolucionó paralelamente al Homo sapiens desde antepasados comunes lejanos. Los científicos han tenido éxito en extraer el ADN de varios esqueletos de neandertales. Después de un cuidadoso análisis, particularmente del ADN mitocondrial y además de una cantidad de ADN nuclear, parece que el ADN de los neandertales es muy diferente al del H. sapiens. Al medir el grado de diferencia filogenética entre el ADN de los neandertales y el de los humanos modernos, los investigadores sugieren que estas dos especies surgieron de linajes separados hace por lo menos 400 mil años y hasta 1 millón de años atrás. Aunque no se descarta un pequeño aporte neandertal al acervo genético del Homo sapiens, el reciente estudio del material genético procedente de la muela de un niño neandertal de hace 100 mil años ha concluido que el hombre de Neandertal no es antepasado del Homo sapiens.[3] Si bien un reciente estudio[4] aporta datos para creer que los seres humanos actuales tienen genes neandertales y el cruce entre especies podría haber ocurrido.
Mientras el Homo sapiens evolucionó en África, desde donde migró hace entre 100 mil y 60 mil años hacia el resto del planeta, el Hombre de Neandertal se cree que desciende del Homo heidelbergensis. Estudios recientes[5] indican que su origen podría estar en la Península Ibérica.
El hallazgo del Homo antecessor en Atapuerca ha esclarecido el significado de la mandíbula aparecida en 1907 en Mauer, cerca de Heidelberg (Alemania), la cual coincide cronológicamente con los Homo erectus, pero difiere de estos y de los neandertales, concluyéndose que quizás fuera un estadio intermedio entre Homo erectus u Homo ergaster y neandertales. Un cráneo exhumado en Steinheim (Alemania) datado en 250 mil adC podría corresponder a la misma especie de Homo heidelbergensis o preneandertaliense. En dichos casos hablamos de la glaciación de Mindel o del interglaciar Mindel-Riss, respectivamente. El último de estos cráneos está más evolucionado aún que la mandíbula del primero, pero su capacidad craneal es baja (poco más de 1.150 c.c.).[cita requerida]
Las diferencias con sus antecesores no son sólo morfológicas, sino también de comportamiento: por ejemplo, practicaban enterramientos de cuerpos en compañía de alimentos, armas o utensilios. Se discute si utilizaban ciertos adornos, así como trozos de bióxido de manganeso y de ocre rojo afilados como lápices o bien reducidos a polvo, para dibujar en las paredes.
No se han hallado restos de neandertales del periodo de la glaciación de Riss (200.000-125.000 a. C.), durante el cual debió producirse una lenta evolución, pero después de esta época fría, en el interglaciar Riss-Würm (125.000-100.000 a. C.) ya se encuentran varios restos de protoneandertales en diversos puntos de Europa, entre ellos los de Gibraltar.
En la Península Ibérica hay pruebas de su existencia desde los primeros estadios (hace unos 600 mil años) hasta hace aproximadamente 28.000 años, como indican estudios recientes.[6]
Surgieron hace por lo menos 150.000 años en el Paleolítico inferior y desaparecen del regístro fósil hace unos 28.000 años, después de haber creado y desplegado la importante y extendida cultura Musteriense, que se considera como la expresión del Paleolítico medio, y también el Châtelperroniense, que actualmente se cree que habría sido autóctono. Las causas de su extinción son todavía motivo de debate: ¿Los sapiens compitieron intensamente con ellos por recursos?, ¿los mataron y exterminaron en combate? ¿los contagiaron de enfermedades para las cuales carecían de defensa? o ¿no soportaron, los neandertales, determinados cambios climáticos o ambientales? O está la posibilidad de la hibridación, o sea que haya existido un cruce entre las dos especies y los Homo sapiens los hayan absorbido.
La hipótesis de mixogénesis Homo sapiens /Homo neanderthalensis resulta, por los mapeos de secuencias de ADN, prácticamente descartada; la extinción masiva de Homo neandertalensis por la rigurosidad de la última gran glaciación hasta la fecha también parece descartada ya que los neandertales habrían estado muy bien adaptados al clima glacial, de modo que lo más probable (reforzada tal probabilidad por la rápida desaparición de los neandertales tras la irrupción de los Homo sapiens en Europa) es que el principal motivo para la extinción fuera la competencia con los H. sapiens. Los últimos reductos de neandertalensis se encontraron en el sur de territorios actualmente españoles (Andalucía).
Cada uno de los rasgos tomados en consideración puede aparecer por separado en cualquiera de los dos grupos, variando en grado y en frecuencia, pero la tendencia es que se den de forma conjunta.
| Neandertales | Primeros humanos modernos |
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| gran moño occipital | pequeño moño occipital |
| frente huidiza | frente levantada |
| reborde supraorbitario marcado | débil reborde supraorbitario |
| prognatismo | cara vertical |
| ausencia de mentón | presencia de mentón |
| espacio retromolar | sin espacio retromolar |
Ya se ha secuenciado por completo el Genoma del Neandertal mitocondrial,[7] y se está por completar el genoma nuclear.[8]
Homo sapiens y Homo neanderthalensis comparten el 99,5% del genoma, según los últimos[9] estudios genéticos realizados sobre un individuo neandertal del yacimiento de Vindija, Croacia. Gracias al estudio del Genoma Neandertal, también se sabe que podían llegar a ser pelirrojos, ya que tenían el gen necesario.[10] También se ha descubierto que tenían el grupo sanguíneo O, o sea uno de los cuatro que se manifiestan hoy en día en los humanos modernos.[11]
El canibalismo es algo probado en diferentes yacimientos neandertales,[12] como Moula-Guercy o Vindija. Los restos óseos presentan marcas de corte realizadas con herramientas de piedra, y están muy bien conservados por haber sido eliminada de sus huesos toda la carne. No era un canibalismo antropofágico sino ritual, según se cree. Ya que al parecer la carne se quitaba de los huesos para ser enterrados, y no para ser comida. Esto se sabe por comparación etnológica. Bajo un microscopio se nota la diferencia de los cortes realizados en animales de caza para ser comidos, y en los que se practican en huesos de los miembros fallecidos del grupo.
Esta sería una práctica que se habría realizado a lo largo de largos períodos y en diferentes regiones. Los yacimientos mencionados están uno en Francia y el otro en Croacia; el primero está datado en 100 mil años y el segundo en 30 mil. También se han encontrado evidencias de canibalismo ritual en El Sidrón y Atapuerca (España), en Combe Grenal (Francia), en Krapina (Croacia) y en la cueva de Guattari (Italia).
Aunque en el caso de la cueva del Sidrón se cree[13] que podría ser un canibalismo con fines alimenticios, debido a hambrunas. Al parecer, en los dientes de esos individuos se pueden ver períodos de hambruna, y los huesos están triturados como para quitarles el tuétano, es decir, los "limpiaba" con fines alimenticios, y no rituales.
Es polémica la cuestión de qué forma de comunicación manejaban los neandertales: si un lenguaje relativamente similar al moderno (con estructura compositiva y reglas gramaticales, de modo que un número limitado de palabras se combina para crear un número ilimitado de frases posibles) o algunas formas menos desarrolladas y, en cierto sentido, más próximas al sistema de comunicación de los simios.
Entre los autores que consideran que los neandertales no usaban un lenguaje como tal está el arqueólogo Steven Mithen, de la Universidad de Reading, que defiende la teoría de que tenían un sistema de comunicación "Hmmmm" (esto es, holístico, manipulador, multimodal, musical y mimético. Véase The Singing Neanderthals). Lieberman realizó un modelo coincidente con la opinión de Mithen: la situación del cuello adelantado y la disposición de la laringe parecerían haber dificultado un lenguaje articulado, sin embargo otros estudios suponen que el hiodes estaba lo suficientemente desarrollado y posicionado como para la emisión de fonemas discretos con capacidad simbólica, aunque de un modo mucho más tosco que en el Homo sapiens.
El arte (musteriense) de los neandertales aún presenta controversias: André Leroi-Gourhan, entre otros, observó que podían, y de hecho solían hacerlo, rendir homenajes a sus difuntos (elaborando sencillas tumbas), bastante tardíamente, cuando ya podrían haber entrado en contacto con los H. sapiens los neandertales parecen haber estado dotados de la suficiente habilidad como para copiar rudimentariamente el arte de los H. sapiens primitivos: en yacimientos correspondienes a neandertales se han hallado algunos pocos objetos de cuerno pulido que parecen haber tenido un valor estético e incluso una muy tosca máscara confeccionada con una basta placa de piedra a la cual se le practicaron dos oquedades a modo de ojos.
En El Sidrón (yacimiento localizado en Asturias, de 43.000 años de antigüedad), se han podido tomar muestras (estudiadas por Carles Lalueza) que permiten reconstruir dos importantes genes neandertales: el FoxP2, relacionado con la posibilidad del habla, y del MCR1, de la pigmentación, que indicaría color del pelo rubio y pelirrojo.[14]
Se han propuesto muchas explicaciones para la extinción de los neandertales, en relación o no con la expansión de los cromañones con los que convivieron en Europa en los últimos milenios de su vida como especie. El paleobotánico José Carrión, de la Universidad de Murcia, propone una tesis de extinción por cambio ambiental ligado a los cambios climáticos.
Aunque es muy improbale, algunos mantienen que el recuerdo de la coexistencia con los neandertales se mantiene en lo que ambiguamente se denomina memoria colectiva, en la figura de ogros, trolls y otros seres mitológicos. Estos seres, representados como peludos, fuertes y habitantes del bosque más profundo, y que los viejos héroes exterminaron,[16] parecen coincidir más bien con las reconstrucciones clásicas del aspecto físico de los neandertales (sujetas a prejuicios cognitivos muy arraigados) que los representaban como un estadio evolutivo intermedio. Las reconstrucciones más actuales no coinciden con esa visión tradicional, que no obstante, sigue presente en la cultura popular.
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