Una herejía, para el cristianismo, es una opinión o doctrina errónea opuesta al dogma considerado ortodoxo. El diccionario de la Real Academia Española (DRAE) recoge hasta cinco acepciones de carácter más amplio y general del término herejía[1] [2]
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Basándose en la etimología griega de la palabra, que proviene de "hairesis", que significa una elección o un grupo de creyentes, es una escuela del pensamiento. La herejía es la expresión de una visión desde algo preestablecido, un credo. Por ejemplo, los católicos creen herejes a los protestantes, mientras que para algunos no católicos el catolicismo es considerado como la "Gran Apostasía". En la antigüedad no tenía un significado peyorativo. Los herejes no definen su creencia como herética. La traducción latina es secta.
La herejía califica una situación compleja de conflicto y ruptura, que comprende la herejía propiamente dicha, de carácter doctrinal por ser una desviación sobre el contenido de la fe, y el cisma, de carácter disciplinario por la insumisión a la autoridad eclesiástica considerada legítima.
La herejía nace de una divergencia entre escuelas sobre el significado de la verdad (formulada por el dogma). Se desarrolla a la vez en el plano intelectual, por la oposición irreducible de las tesis y en el plano comunitario, por la imposibilidad práctica de vivir en hermandad con los pertenecientes a la otra escuela.
A partir del edicto de Constantino I el Grande en el año 313 y más particularmente a partir del concilio de Nicomedia en el año 317, erigido en tribunal destinado a imponer a Arrio una primera confesión de fe bajo pena de excomunión el dogma se define como norma de la «fe verdadera» como reacción a las desviaciones heréticas.
En el año 313 se declaró por el Emperador Constantino la Libertad de culto.
San Agustín combatió las herejías cristianas.
Más tarde, en el primer concilio de Nicea, se define como herética una doctrina divergente de la enseñanza oficial de la Iglesia y de sus dogmas consagrados por su autoridad (obispo, concilio) en la base a las Escrituras y la Tradición.
La herejía (casi sinónimo de heterodoxia) es la ocasión de crear una nueva forma de ortodoxia. En el contexto del desarrollo de las heterodoxias de los siglos II y III, una heterodoxia se convierte en herejía a partir del momento de su condena por medio de un concilio.
La bula Gratia Divina (1656) define la herejía como « la creencia, la enseñanza o la defensa de opiniones, dogmas, propuestas o ideas contrarias a las enseñanzas de la Santa Biblia, los Santos Evangelios, la Tradición y el magisterio ».
La Inquisición, el tribunal de excepción encargado de combatir la herejía es la obra del papa Gregorio IX (1231).
Para la Iglesia Católica, las principales herejías o corrientes cuyos seguidores son considerados herejes son las siguientes:
Agustín de Hipona, a petición de Quodvultdeo, escribe sobre las herejías que existen en su época, para lectura de quienes deseen evitar los dogmas contrarios a la fe. Este es su catálogo:[3]
La palabra heterodoxia, de origen griego es la cualidad del heterodoxo, el cual está disconforme con el dogma de una religión.[4]
Para el dogma católico (Gálatas 1.6) es la asunción de un presunto error asumido en la enseñanza que diverge de la ortodoxia, y es a menudo una posición honesta y corregible que provendría de una educación incompleta.
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