domingo, 21 de junio de 2009

En estos años, el centro de la ciudad se consolidó como un barrio netamente comercial, financiero y administrativo, con el establecimiento de diversos portales y locales alrededor de la calle Ahumada y del Barrio Cívico en el entorno inmediato del Palacio de La Moneda. Este último proyecto significó la construcción de diversos edificios modernistas para el establecimiento de las oficinas de ministerios y otros servicios públicos,[13] dando el puntapié inicial para la construcción de edificios de mediana altura. Por otro lado, los habitantes tradicionales del centro comenzaron a emigrar fuera de la urbe hacia sectores más rurales como Providencia y Ñuñoa, que acogieron a la oligarquía y a los inmigrantes europeos profesionales, y San Miguel para las familias de clase media. Además, en la periferia comenzaron a construirse diversas villas para los asociados de diversas organizaciones sindicales de la época. La modernidad se expandió en la ciudad, con la aparición de los primeros cines, la extensión de la red telefónica y la inauguración del Aeropuerto Los Cerrillos en 1928, entre otros adelantos.

Mujeres preparan ollas comunes, en 1932.

La sensación de una era de crecimiento económico reflejada en los avances tecnológicos contrastaba profundamente con las clases sociales más bajas. El crecimiento de las décadas anteriores se convirtió en una explosión demográfica sin precedentes desde 1929. La Gran Depresión generó el desplome de la industria salitrera del norte, dejando a 60.000 desempleados, los que sumados a la caída de las exportaciones agrícolas, totalizaron cerca de 300.000 cesantes a nivel nacional. Éstos, en su mayoría, vieron a la gran ciudad y su pujante industria como la única oportunidad de sobrevivir. Muchos migrantes llegaron sin nada a la ciudad y miles debieron sobrevivir en las calles ante la imposibilidad de arrendar alguna habitación. Las enfermedades se expandieron y la tuberculosis cobró la vida de cientos de indigentes. El desempleo y el costo de la vida aumentaron de importante manera, mientras los sueldos de los santiaguinos cayeron.

La situación sólo cambiaría varios años más tarde con un nuevo auge industrial fomentado por la CORFO y la expansión del aparato estatal a partir de fines de los años 1930. En esta época, la aristocracia perdió gran parte del poder que ostentaba y la clase media, compuesta por comerciantes, burócratas y profesionales, adquirió el protagonismo de la política nacional. En este contexto, Santiago comienza a desarrollarse hacia las masas, mientras las clases acomodadas tienden a refugiarse en los barrios altos de la capital. Así, los antiguos paseos de la clase adinerada, como el Parque Cousiño y la Alameda, pierden hegemonía frente a recintos de esparcimiento popular, como el Estadio Nacional surgido en 1938.

[editar] El Gran Santiago

Crecimiento relativo de Santiago por comunas[7]
1940 1952 1960 1970
Barrancas 100 223 792 1.978
Conchalí 100 225 440 684
La Granja 100 264 1.379 3.424
Las Condes 100 197 506 1.083
Ñuñoa 100 196 325 535
Renca 100 175 317 406
San Miguel 100 221 373 488
Santiago 100 104 101 81

En las décadas siguientes, Santiago siguió creciendo de forma imparable. En 1940, la ciudad acumulaba 952.075 habitantes, en 1952 esta cifra llegó a los 1.350.409 habitantes y el censo de 1960 totalizó 1.907.378 santiaguinos. Este crecimiento se reflejó en la urbanización de los sectores rurales de la periferia, donde se establecieron familias de clase media y baja con viviendas estables: en 1930, el área urbana tenía una extensión de 6.500 hectáreas, que en 1960 llegaron a las 20.900 y en 1980 llegó a las 38.296. Aunque la mayoría de las comunas seguían creciendo, éste se concentró principalmente en comunas periféricas como Barrancas al poniente, Conchalí al norte y La Cisterna y La Granja al sur. En el caso de la clase alta, ésta comenzó a acercarse al sector de la precordillera de Las Condes y La Reina. El centro, por el contrario, perdió habitantes dejando más espacio para el desarrollo del comercio, la banca y las actividades gubernamentales.

Extensión del Gran Santiago, en 1965.

Este crecimiento se realizó sin ningún tipo de regulación y sólo comenzaron a aplicarse durante los años 1960 con la creación de diversos planes de desarrollo del Gran Santiago, concepto que reflejaba la nueva realidad de una ciudad mucho más amplia. En 1958 fue lanzado el Plan intercomunal de Santiago y que proponía la organización del territorio urbano, fijando un límite de 38.600 hectáreas urbanas y semiurbanas, para una población máxima de 3.260.000 habitantes, la construcción de nuevas avenidas (como la Avenida Circunvalación Américo Vespucio y la carretera Panamericana), el ensanche de las existentes y el establecimiento de "cordones industriales". La celebración de la Copa Mundial de Fútbol de 1962 dio un nuevo empuje a las obras de mejoramiento de la ciudad. En 1966 se creó el Parque Metropolitano de Santiago en el cerro San Cristóbal y el MINVU dio inicio a la erradicación de poblaciones callampas y la construcción de nuevas viviendas como la Remodelación San Borja, en cuyas cercanías fue construido el Edificio Diego Portales.

En 1967 fue inaugurado el nuevo Aeropuerto Internacional de Pudahuel y, tras años de discusión, en 1969 se daría inicio a la construcción del Metro de Santiago, cuya primera etapa correría bajo el tramo occidental de la Alameda y que sería inaugurada en 1975. El Metro se convertiría en una de las construcciones más prestigiosas de la ciudad y en los años siguientes seguiría expandiéndose, llegando a dos líneas perpendiculares a fines de 1978. Las telecomunicaciones tendrían además un importante desarrollo, reflejado con la construcción de la Torre Entel, que desde su construcción en 1975 sería uno de los símbolos de la capital al ser la estructura más alta del país por dos décadas.

Tras el golpe de Estado de 1973 y el establecimiento del Régimen Militar, la planificación urbana no tuvo grandes cambios hasta inicio de los años 1980, cuando el gobierno adoptó un modelo económico neoliberal y el rol de organizador pasa del Estado al mercado. En 1979 se modifica el plan regulador, extendiendo el radio urbano a más de 62.000 hectáreas para el desarrollo inmobiliario, provocando una nueva expansión descontrolada de la ciudad, llegando a las 40.619 ha de extensión a comienzos de los años 1990, especialmente en la zona de La Florida, que en el censo de 1992 se convirtió en la comuna más populosa del país, con 328.881 habitantes. En tanto, un fuerte terremoto azotó la ciudad el 3 de marzo de 1985, que aunque causó escasas víctimas, dejó numerosos damnificados y destruyó muchas edificaciones de antigüedad.

[editar] La metrópoli en los inicios del siglo XXI

Vista nocturna del llamado Sanhattan, el centro financiero de Santiago.

Con el inicio de la Transición en 1990, la ciudad de Santiago ya sobrepasaba los cuatro millones de habitantes, que habitaban preferentemente en la zona sur: La Florida era seguida en número de habitantes por Puente Alto y Maipú. El desarrollo inmobiliario en estas comunas y otras como Quilicura y Peñalolén se debió en gran medida a la construcción de conjuntos habitacionales para familias de clase media. En tanto, las familias de altos ingresos avanzaron hacia la Precordillera y el llamado Barrio Alto, aumentando la población de Las Condes y dando origen a nuevas comunas como Vitacura y Lo Barnechea. Por otro lado, si bien la pobreza comenzó a bajar considerablemente, se mantuvo la fuerte dicotomía entre la pujante urbe globalizada y los barrios marginales dispersos a lo largo de la capital.

La Torre Telefónica, uno de los símbolos del crecimiento de los años 1990.

La zona de Avenida Providencia se consolidó como un importante eje comercial en el sector oriente y hacia los años 1990, este desarrollo se extendió al Barrio Alto que se convirtió en un atractivo polo para la construcción de edificios de gran altura. Las principales empresas y corporaciones financieras se establecieron en la zona, dando origen a un moderno y pujante centro empresarial conocido como Sanhattan. La partida de estas empresas al Barrio Alto y la construcción de centros comerciales alrededor de toda la ciudad, provocaron una crisis en el centro urbano, el cual debió reinventarse: sus principales calles comerciales se convirtieron en paseos peatonales (como el Paseo Ahumada) y se instituyeron beneficios tributarios para la construcción de edificios residenciales, atrayendo principalmente a adultos jóvenes.

En estos años, la ciudad comenzó a enfrentar una serie de problemas generados por el desordenado crecimiento experimentado. La contaminación atmosférica alcanzó niveles críticos durante los meses de invierno y una capa de esmog se instaló sobre la ciudad, por lo que las autoridades debieron establecer medidas legislativas para las industrias y la restricción vehicular a los automóviles. A eso se sumó que la gran extensión de la ciudad hizo colapsar el sistema de transporte. El Metro debió ser ampliado considerablemente extendiendo sus líneas y creando tres nuevas líneas entre 1997 y 2006 en el sector suroriente, mientras una nueva extensión hacia Maipú a inaugurarse en 2010 dejará al ferrocarril metropolitano con una longuitud de 105 km. En el caso de los autobuses, el sistema sufrió una importante reforma a comienzos de los años 1990 y luego en 2007 con el establecimiento de un plan maestro de transportes conocido como Transantiago, el cual ha enfrentado una serie de problemas desde su puesta en marcha.[14]

A medida que entra en el siglo XXI, Santiago persiste en su acelerado desarrollo. Diversas autopistas urbanas han sido construidas, el Barrio Cívico fue renovado con la creación de la Plaza de la Ciudadanía y se comienza la construcción de la Ciudad Parque Bicentenario para la conmemoración del bicentenario de la República. El desarrollo de la edificación de altura continúa en el sector oriente, el cual culminará con la apertura de los rascacielos Titanium La Portada y Torre Gran Costanera en el complejo inmobiliario Costanera Center. Sin embargo, la desigualdad socioeconómica y fragmentación sociogeográfica, permanecen como uno de los problemas más importantes, tanto de la ciudad, como del país.

[editar] Geografía

[editar] Geología y relieve

Relieve de la Región Metropolitana, con la ciudad de Santiago y los principales cerros a su alrededor. Otro mapa con más detalle puede verse aquí.
Vista de la Cordillera de los Andes desde Santiago.

La ciudad de Santiago está emplazada principalmente en un llano conocido como «cuenca de Santiago». Esta cuenca es parte de la Depresión Intermedia y está delimitada claramente por el cordón de Chacabuco por el norte, la Cordillera de los Andes por el oriente, la angostura de Paine por el sur y la Cordillera de la Costa. Aproximadamente, tiene una longitud de 80 km en dirección norte-sur y de 35 km de este a oeste.

Hace cientos de millones de años, el actual territorio de la ciudad estaba cubierto por el océano y sedimento marino, siendo la única masa terrestre cercana la ya existente Cordillera Costera. La morfología de la región comenzaría a tomar su aspecto actual desde fines del Paleozoico, cuando comienza la subducción de la Placa de Nazca bajo la Placa Sudamericana, perteneciente en ese entonces al continente de Gondwana. Esta subducción generaría el plegamiento de la corteza terrestre a partir del Triásico, levantando las rocas que darían origen a los Andes. Posteriormente, nuevas actividades tectónicas generarían el hundimiento de la gran masa rocosa levantada formando la Depresión Intermedia.[15]

La morfología regional seguiría cambiando. Los períodos glaciares cubriría la región con hielo formando morrenas. El fuerte vulcanismo presente en dicha época, generaría una serie de erupciones volcánicas lanzando grandes flujos piroclásticos y provocando el derretimiento de los glaciares. Esto generaría el depósito de más sedimentos en el valle, complementado posteriormente por el arrastre fluvial. La sedimentación del valle continuaría por miles de años e incluso los últimos grandes acontecimientos, correspondientes a violentas erupciones volcánicas, se remontarían a menos de 5.000 años atrás. Estos sedimentos permitirían la existencia de una fértil cuenca y cubrirían al relieve anterior a la formación andina, dejando expuestas únicamente las cimas de algunos cerros, conocidos como "cerros islas".

En la actualidad, Santiago yace principalmente en el llano de la cuenca, con una altitud entre los 400 en las zonas más occidentales y llegando a los 540 en la Plaza Baquedano,[16] presentando algunos lomajes en el sector de Cerrillos. El área metropolitana ha rodeado a algunos de estos cerros islas, como en el caso del cerro Santa Lucía, el cerro Blanco, el Calán y el Renca, que con 800 msnm es el punto a mayor altitud de la ciudad. Al sudoeste de la ciudad existe un cordón rocoso de varios cerros islas, dentro del que destaca el cerro Chena. Hacia el poniente también se presentan algunas de las principales alturas de la Cordillera de la Costa, como el cerro Roble Alto con 2.185 metros de altitud, siendo la zona del río Maipo la única en que la cordillera pierde altitud.

Durante las últimas décadas, el crecimiento urbano ha expandido los límites de la ciudad hacia el sector oriente acercándose hacia la Precordillera andina, habitando los conos de deyección existentes. Incluso en zonas como La Dehesa, Lo Curro y El Arrayán, se ha llegado a superar la barrera de los 1.000 metros de altitud.[16] Algunas estribaciones de baja altura se desprenden de los Andes y se adentran en la cuenca, como es el caso del cordón montañoso del cerro La Pirámide y el cerro San Cristóbal, en el sector nororiente de Santiago.

Al oriente, se alza maciza la llamada Sierra de Ramón, una cadena montañosa formada en los contrafuertes de la Precordillera debido a la acción de la falla de Ramón, alcanzando los 3.296 msnm en el cerro de Ramón. 20 km más al oriente, se encuentra la Cordillera de los Andes con sus cadenas de montañas y volcanes, muchos de los cuales superan los 6.000 msnm y en los que se mantienen algunos glaciares. El más alto es el volcán Tupungato con 6.570 msnm,[17] ubicado cerca del volcán Tupungatito, de 5.913 metros de altitud. Hacia el nororiente se ubican el cerro El Plomo (5.424 msnm) y el Nevado El Plomo con 6.070 metros de altitud.[17] Hacia el sureste de la capital, en tanto, se ubican el Nevado Los Piuquenes (6.019 msnm), el volcán San José (5.856 msnm) y el volcán Maipo (5.323 msnm). De estas cimas, tanto el Tupungatito como el San José y el Maipo son volcanes activos.

[editar] Hidrografía

Vista del río Mapocho en el sector oriente de Santiago.

La ciudad de Santiago está enclavada en la cuenca hidrográfica del río Maipo, que abarca una superficie aproximada de 15.380 km². El cauce principal nace en la cordillera al sureste de Santiago, en los faldeos del volcán homónimo y desciende por la cordillera en forma de un cañón conocido como el Cajón del Maipo. En esta zona confluyen tres importantes cauces tributarios: el río Volcán que nace bajo el volcán San José y presenta algunas termas como Baños Morales, el río Yeso en cuyo cauce superior se localiza el embalse El Yeso, que es la principal reserva de agua potable para toda la Región Metropolitana, y el río Colorado. Tras salir de la zona de la precordillera, el Maipo ingresa a la cuenca de Santiago, acercándose al radio urbano de la ciudad marcando la frontera entre la comuna de Puente Alto y la recién incorporada comuna de Pirque. Posteriormente el río se aleja hacia el suroeste, siendo de gran importancia para el desarrollo agrícola en las zonas rurales en torno a Santiago, para seguir finalmente su camino hacia el Océano Pacífico, desembocando en la localidad de Llolleo, en la V Región de Valparaíso.

Sin embargo, el río más importante para la ciudad es el río Mapocho, en cuyas riberas se forjó la urbe en la época colonial. El Mapocho es el principal afluente del Maipo, juntándose con éste en el sector de El Monte, al suroeste de la conurbación, luego de su largo recorrido desde su nacimiento. El río surge por la confluencia de varios esteros de la zona nororiente de los Andes de la Región Metropolitana y posteriormente baja hasta el llano a través de desfiladeros de la Precordillera y penetra directamente en la zona oriente de la ciudad. El Mapocho cruza en sentido este-oeste cerca de veinte comunas metropolitanas antes de salir por la zona de Pudahuel para luego recorrer zonas agrícolas hasta llegar a El Monte. El régimen del río es mixto, variando entre nival en las zonas más altas y pluvio-nival en las más bajas; durante el año, su caudal puede variar entre los 13,6 m³/s durante noviembre y los 2,3 m³/s de abril.[18]

Con el fin de poder tener más cerca el agua para el desarrollo agrícola de la cuenca, fueron construidos durante el siglo XIX diversos canales de regadío que conectaban el Mapocho con el Maipo, como es el caso del canal San Carlos y el canal Las Perdices. Otros cauces fueron construidos para la canalización de las aguas lluvias provenientes de la cordillera, como el zanjón de la Aguada.

[editar] Clima

Climograma de Santiago.
Santiago en verano.

El clima de la ciudad de Santiago corresponde a un clima templado-cálido con lluvias invernales y estación seca prolongada,[19] más conocido como clima mediterráneo continentalizado.

Dentro de las principales características climáticas de Santiago se encuentra la concentración de cerca del 80% de las precipitaciones durante los meses del invierno austral (mayo a septiembre), variando entre 50 y 80 mm de agua caída entre estos meses. Dicha cantidad contrasta con las cifras de los meses correspondientes a una estación muy seca, producida por un dominio anticiclónico ininterrumpido por cerca de siete u ocho meses, principalmente durante los meses de verano, entre diciembre y marzo. En esta estación, el agua caída no supera en promedio los 4 mm. Estas precipitaciones son generalmente compuestas únicamente por lluvia, puesto que la caída de nieve y granizo se produce principalmente en los sectores de la Precordillera sobre los 1.500 msnm; en algunas ocasiones, las nevazones afectan a la ciudad pero sólo en sus sectores más orientales, siendo en muy raras oportunidades extendidas al resto de la urbe.

En cuanto a las temperaturas, éstas varían a lo largo del año, pasando de una media de 20 °C durante el mes de enero a los 8 °C de junio y julio. En el verano, Santiago es caluroso, llegando con facilidad por sobre los 30 °C y su máximo histórico es cercano a los 37°C, mientras que las noches suelen ser agradables y ligeramente frescas sin bajar de los 15 °C. Por su parte, en los meses de otoño e invierno la temperatura desciende y se sitúa algo más bajo de los 10 °C; la temperatura incluso puede bajar levemente de los 0 °C, especialmente durante la madrugada, siendo su mínimo histórico de -6,8 °C en 1976.[20]

Clima de Santiago de Chile[21]
EneFebMarAbrMayJunJulAgoSepOctNovDecAño
Temperatura media (°C) 20,0 19,3 17,0 13,8 10,5 8,0 7,8 9,1 11,3 13,8 16,6 19,1 13,9
Precipitación (mm) 1,2 2,1 4,2 13,7 58,0 78,2 75,5 54,2 26,7 13,6 6,1 3,9 338,2

La ubicación de Santiago dentro de una cuenca es uno de los factores más importantes del clima de la ciudad. La cordillera costera sirve como "biombo climático" al oponerse a la propagación de la influencia marina, lo que contribuye al aumento de la oscilación térmica anual y diaria (la diferencia entre las temperaturas máximas y mínimas diarias pueden llegar a los 14 °C) y el mantenimiento de una humedad relativa baja cercana a un promedio anual de 70%.[19] Además, evita el ingreso de masas de aire a excepción de cierta nubosidad baja costera que penetra a la cuenca a través de los valles fluviales.

Los vientos predominantes tienen una dirección desde el suroeste, con una intensidad media de 15 km/h, especialmente durante el verano puesto que en el invierno predominan las calmas.

[editar] Medioambiente

El Parque Metropolitano de Santiago es la principal área verde existente en Santiago y una muestra de la vegetación de tipo esclerófilo propio de la región.

La ciudad de Santiago se ubica en una zona ecológica de tipo esclerófilo conocida como matorral chileno, la cual ha sido fuertemente modificada debido a la utilización de los suelos con fines agrícolas o de expansión urbana. Esto ha producido una rápida degradación de los suelos y la erosión de éstos,[22] lo que ha generado un proceso de desertificación, agravado por la utilización de las aguas subterráneas para el consumo humano, los incendios forestales y el secado de pantanos, entre otros.[23] A pesar de ello, aún quedan algunos reductos de gran importancia para la biodiversidad, como la quebrada de la Plata o la quebrada de Ramón,[24] a lo que se suman las áreas silvestres protegidas ubicadas en los sectores interiores de los Andes.

Dentro de la ciudad, en tanto, el número de áreas verdes alcanzaba hacia 1992 una superficie de 2.686 ha públicas y 2.625 privadas, equivalentes al 2,5% del área urbana consolidada. Considerando dichas cifras, el promedio por cada santiaguino era de 5,7 m² de área verde, por debajo de los 9 recomendados por la OMS. Sin embargo, dicha cifra es mucho más baja en la actualidad: mientras la ciudad crece cerca de 1.000 hectáreas al año, sólo 8 hectáreas de áreas verdes se crean. A esto hay que sumar el hecho de que del número de hectáreas de espacios verdes, la mitad corresponde a cerros islas que poseen poca vegetación o carecen de ella. Así, descontando estas zonas las cifras se acercarían a 1,5 m² de áreas verdes por habitante. Las cifras, además, presentan gran variación dependiendo de la zona de la ciudad: mientras en el sector oriente se llega a los 20 m² por habitante, en el sector sur apenas logran superar 1 m².[23]

Desde los años 1980, el esmog es uno de los problemas más importantes que enfrenta Santiago.

Un grave problema medioambiental que sufre Santiago corresponde a la contaminación atmosférica existente. El enclaustramiento de la ciudad produce la acumulación de una capa de esmog sobre la ciudad desde las últimas décadas, lo que se ve agravado durante los meses invernales debido a diversos fenómenos climáticos como la inversión térmica y la vaguada costera y la considerable reducción de las masas de aire circulante en la cuenca. Esto, sumado al frío propio de la temporada, produce un aumento considerable de las afecciones respiratorias, principalmente de infantes y adultos mayores, que llegan incluso a colapsar el sistema de atención de salud de Santiago.

Esta contaminación posee diversos componentes químicos tóxicos, como SO2, CO, O3 y NO2, sumado a los diversos tipos de material particulado en suspensión (producido en un 49% por fuentes móviles y un 29% por fuentes fijas). Los niveles de acumulación de estas sustancias son medidas por siete estaciones de monitoreo de calidad del aire instaladas entre 1988 y 1977 en toda la ciudad.[25] Las mediciones de estas estaciones sumado a los análisis meteorológicos permiten a las autoridades encargadas decretar medidas extraordinarias para la disminución de la contaminación, que son denominadas "alerta ambiental", "preemergencia ambiental" y "emergencia ambiental". En los últimos años, los niveles de contaminación ambiental han descendido considerablemente: en 1989, el nivel promedio de material particulado respirable era de 103,3 μg/m³, mientras en 2004 la cifra llegó a los 60,9 μg/m³, lo cual aún es muy superior a la norma de 50 μg/m³ establecida por el gobierno. En el caso del material particulado más fino (MP 2.5) las cifras muestran una reducción de 68,8 a 29,3 μg/m³ en el mismo período, mientras las situaciones de alerta ambiental bajaron de 38 en 1997 a 9 en 2004, las preemergencias de 37 a 4 y las emergencias de 4 a ninguna.[25]


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