Mi?rcoles, 05 de agosto de 2009
Por: Javier Biardeau R.
Fecha de publicación: 05/08/09
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¡Democratización de la información y la comunicación!: es una hermosa consigna. Casi puso en el cadalso institucional a la UNESCO. Sin embargo, se trata de plantear una formulación que elude dos opciones negativas: el control del pensamiento por parte de los oligopolios empresariales, con su cacareada “libertad de prensa”, así como el control del pensamiento por parte de monopolios estatales, encarnando “razones de Estado”.

Ni la “dictadura mediática” privada ni la “monopolio mediático” estatal, por allí van los tiros, para quienes consideramos que cualquier monopolio de poder sobre la información-comunicación reduce las posibilidades de una democracia socialista.

La comunicación bajo control democrático de los movimientos sociales y populares, sigue hundida en el espiral del silencio, régimen de visibilidad y atrapada en un falso debate entre Capitalismo Liberal y Socialismo de Estado. Lo cierto es que no habrá hegemonía democrática y socialista sin que el peso específico del debate se desplace hacia el fortalecimiento de una esfera pública democrática-radical, construida desde la potencia de prácticas de comunicación popular, alternativa y comunitaria. La contra-hegemonía comunicacional no propone otra cosa que disolver los monopolios de poder en el terreno de la información comunicación. Desmontar no solo grandes relatos y voces, sino grandes poderes sin control ni regulación democrática de base.

La filosofía de la ciencia y la epistemología contemporáneas indican que las representaciones y cogniciones sociales de “sentido común”, como las representaciones y cogniciones científicas, son configuradas desde “comunidades de comunicación”. Redes, colegios invisibles, comunidades científicas, climas de opinión, tribus de sentido, todos los ambientes donde se configuran y circulan cogniciones, significaciones e informaciones, están atravesadas por relaciones de poder y control.

Desde que la cibernética apoyó la fantasía del poder, se pretende generalizar una ciencia del control político, manufacturando el consenso activo o pasivo de masas. La manipulación del lenguaje, cogniciones, actitudes y pensamientos ha sido tópico de análisis exhaustivo. No por casualidad, hay conexiones ocultas entre quienes ejercen el marketing político, la publicidad comercial, la persuasión de masas, la guerra psicológica, y las “ciencias sociales y de la conducta”. Todo un conjunto de dispositivos y tecnología sociales se cruza con técnicas de gobierno, en función de la conquista de “mentes y los corazones”.

Chomsky lo resume con facilidad: ambición por controlar el pensamiento. De allí que Chomsky se incline por una organización de los medios de carácter democrático-radical. Se trata de defender la posibilidad misma del pensamiento crítico. Como lingüista sabe, como una pléyade de investigadores, que si es posible alterar los filtros y contextos comunicativos para manipular percepciones, cogniciones, actitudes y conductas. Orwell y el “gran hermano” son transfigurados por sistemas de poder y dinero, desde cadenas transnacionales hasta los amos locales. El asunto ha adquirido complejidad y sofisticación.

Hoy sabemos que quienes controlan la comunicación, controla una herramienta fundamental de poder, así de sencillo. Detrás de cualquier aparente ingenuidad socio-lingüística, se encubren intereses, tácticas de poder y conflictos ideológicos fundamentales, que atraviesan a sociedades marcadas por diferencias, contradicciones y antagonismos. No hay que hacerse expertos en la teoría de la “percepción selectiva”, “disonancia congnitiva”, “agenda-setting”, “teoría del cultivo”, o en comprender el papel de los periodistas como “gatekeepers”; es decir, individuos o grupos que tiene el poder de decidir si dejan pasar o bloquean la información; para comprender que existen filtros de selección ideológica hacia determinadas prácticas de comunicación (no solo contenidos y mensajes). Hay espirales de silencio y regímenes de visibilidad, la comunicación no es neutra, como tampoco lo son las palabras, contenidos y mensajes.

El tema es altamente sensible, ya que desmonta prejuicios acerca de la “capacidad de libertad, elección y decisión” del “individuo social”. Pone en juego visiones contrapuestas de la condición humana, y del papel de condicionamientos históricos, culturales e ideológicos.

Las democracias capitalistas tienen poderosos filtros de selección ideológica e inducción de marcos de pensamiento: 1. La “magnitud, propiedad y orientación de los medios de comunicación”, un ámbito de oligopolios por excelencia, basado en concentraciones empresariales; 2. El beneplácito de los anunciantes y la publicidad como determinante de la rentabilidad económica de estas empresas. Las elecciones de los anunciantes influyen en la prosperidad y la supervivencia de los medios”. Si alguna información agrede a poderosos anunciantes, desaparece; 3. La fuente de suministro de noticias por parte de la publicidad política y las relaciones públicas empresariales. La información que reciben los periodistas está pre-diseñada por burocracias o empresas. A través de la manipulación de los medios se manipula a los públicos. Se financian “expertos” que se pronuncian sobre diversos temas, para justificar intereses de elites; 4. El silenciamiento de críticas orquestadas para eliminar cualquier información que suponga una oposición a los intereses dominantes. 5. El reciclaje del viejo anticomunismo asociado actualmente con “nuevas amenazas”: terrorismo, narcotráfico, antiglobalizadores y fundamentalistas, centrada en la “regla de la simplificación y del enemigo único”, edulcorada por la creencia en el ``milagroso mercado´´ (Reagan).

Y por si fuera poco, el control estatal implicaría que aquellos grupos políticos con control de los centros estratégicos del Estado monopolizarán las comunicaciones, controlando marcos de pensamiento.

Como vemos, contra-hegemonía y democratización pasa por dos orientaciones: luchar contra los poderes monopólicos de la información-comunicación, privados y estatales. Hacer posible lo imposible.
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Tags: Biardeau, libertad de prensa, democracia socialista, monopolio, liberal, hegemonnía, régimen

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