Mi?rcoles, 02 de septiembre de 2009
Portada :: Cuba
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 02-09-2009




Desde hace mucho, pero mucho tiempo (tanto que es difícil precisar qué día del año 1959 comenzó semejante campaña, aunque se sospecha fuertemente del 2 de enero), hasta hoy, julio del 2009, reciben difusión en los principales medios del mundo tantas noticias absurdas en torno a Cuba que uno, compasivo e incrédulo, se resiste a aceptar que haya tontos suficientes para creerlas: si la mitad de ellas reflejara la mitad de la verdad de la realidad cubana, cabría esperar una permanente sublevación popular aplastada incesantemente por un brutal sistema represivo que forzosamente dejaría, en alguna parte, decenas de miles de cadáveres, torturadas y torturados, huérfanas y huérfanos, viudas y viudos; la hambruna del país, merecería el calificativo de galopante y sus víctimas fatales infectarían las calles de ciudades dominadas por el terror, indefensas en sus noches a merced de la violencia generalizada. No hay la menor duda de que semejantes eventos serían detalladamente televisados y documentados, por lo que forzoso resulta concluir, modificando convenientemente el conocido proverbio legal: a falta de evidencias, relevo de cargos.

Como es humanamente imposible tratar con el acierto necesario en un solo texto todos los temas que interesan a muchas personas, no enemigas de este país, que viven fuera de él o conocen tangencialmente su realidad, este texto se centrará en el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, con la autoridad que confiere a humanos legos, pero avezados, el residir en Cuba. Esta opinión —sesgada pero laica, en beneficio de su objetividad— versará sobre estas cinco interrogantes:

1.- ¿Bloqueo o embargo?

2.- ¿Causa o consecuencia del fracaso de la Revolución Cubana?

3.- ¿Quién bloquea a quién?

4.- ¿Cuáles son las mejores opciones de Cuba?

5.- ¿Cuáles son las mejores opciones de Estados Unidos?

¿BLOQUEO O EMBARGO? — ¡BLOQUEO!

Las medidas económicas de los Estados Unidos contra Cuba duran ya 47 años. Ninguna nación ha soportado tan prolongado asedio económico, en toda la historia de la humanidad. (Se reta a los lectores a explorar en busca de ejemplos que contradigan esta afirmación.)

El gobierno estadounidense se ha encargado de difundir sistemáticamente la mentira de que no existe “bloqueo” (económico, financiero y comercial), sino un embargo que Estados Unidos ha aplicado a Cuba, por razones que más adelante escudriñaremos. El gobierno de Estados Unidos ha esgrimido como excusa el falaz argumento de identificar exclusivamente el término bloqueo en su acepción militar de cerco, sin considerar que sus acciones multilaterales de aislamiento político en el campo del comercio, las finanzas y la economía tienen sobre la isla justamente los efectos de un cerco.

(En esos empeños de tergiversación de la realidad, las administraciones estadounidenses han contado con el complaciente contubernio de las transnacionales de la información. ¿Algún lector puede dar fe de haber leído alguna vez un trabajo periodístico en uno de los medios que responden al “pensamiento global” que discuta a fondo, con sentido crítico, cuánta mala intención y error hay en la denominación de “bloqueo” que da el gobierno cubano a un conjunto de medidas que solo merecen el calificativo de “embargo”? ¿Por qué no existe semejante trabajo?)

Estados Unidos ha falseado los hechos, porque desde el punto de vista político hay diferencias muy grandes entre embargo y bloqueo.

Canónicamente el “embargo” se refiere a: 1.-) la forma judicial de retener bienes para asegurar el cumplimiento de una obligación contraída legítimamente; 2.-) una medida precautoria de carácter patrimonial autorizada por juez o tribunal o autoridad competente, con igual propósito de cumplir por el deudor sus compromisos con sus acreedores.

Como vemos, sea justa esta medida o simplemente legal, el derecho prevé la aplicación del embargo de los bienes de una persona, entidad o gobierno en el caso que probadamente se presuma que otra persona, entidad o gobierno está en peligro de ser perjudicado por aquel cuyos bienes han sido embargados. Luego, la pregunta válida es: ¿constituye Cuba un peligro para Estados Unidos en cualquier plano? ¿Se ha negado el gobierno de Cuba a discutir sus diferencias con el gobierno de Estados Unidos sin condiciones de ningún tipo? En ambos casos la respuesta es un rotundo NO. Consecuentemente, el embargo —tanto más el bloqueo que el gobierno de los Estados Unidos ha impuesto a Cuba— es absolutamente ilegal.1

En la práctica, la “comprensión ampliada” que del embargo ha hecho el gobierno estadounidense ha incluido su negación a comerciar con el gobierno cubano, haciéndolo aparecer como una medida puntual, individual, aséptica, despersonalizada, que muestra al público interesado —como en vitrina— sus desavenencias con su pequeño vecino.

Cabe destacar que en el mundo actual, en que todas las naciones son cada vez más interdependientes, toda vez que comparten una misma realidad planetaria, cualquier limitación comercial entre estados es una opción perversa que perjudica únicamente a los ciudadanos comunes de las naciones involucradas en la disputa, porque los poderosos, las corporaciones, las grandes compañías y las transnacionales nunca pierden demasiado en comparación con el sufrimiento que las carencias causan a las personas indefensas. Por esa sola razón la Organización de Naciones Unidas ha condenado explícitamente, una y otra vez, el uso de medidas económicas de fuerza para dirimir las discrepancias entre estados civilizados. Se entiende sin mayores esfuerzos que tanto más arrogantes y crueles son estas medidas mientras más grandes sean las diferencias entre las economías en desacuerdo. O sea que si los Estados Unidos, con su poderosísima economía, estuvieran únicamente aplicando un “embargo ampliado” (figura legal inexistente) contra la incomparablemente más débil economía de Cuba, estarían siguiendo conscientemente una política abusiva en contra de una nación soberana, con múltiples implicaciones criminales, razón por la cual la conducta del gobierno de los Estados Unidos respecto a Cuba en este medio siglo califica de ser, además de ilegal, injusta… Es un acto idéntico a la violación que sufre una mujer por el ataque de un agresor muy poderoso.

Pero el gobierno de los Estados Unidos no tiene aplicado un embargo comercial contra Cuba, con el aire de beatífica pasividad que le otorgaría un cierto y señorial “no hacer”: el gobierno del imperio estadounidense tiene impuesto un feroz bloqueo económico, mercantil y financiero contra esta pequeña isla irreductible, plagado de medidas activas con potestades espurias más allá de sus fronteras, porque Estados Unidos no solo retiene en sus bancos bienes que pertenecen al pueblo cubano y se niega a comerciar con Cuba, como correspondería a un “embargo ampliado”, sino que ha elaborado un conjunto de leyes, de vigencia probadamente supranacional y extraterritorial, que preceptúan todos los campos de actividades económicas, comerciales y financieras con el objetivo de ahogar económicamente a Cuba, mediante —entre otras muchas medidas— la prohibición del comercio hacia y desde ella no directamente de las compañías pertenecientes al gobierno de los Estados Unidos, sino de cualquier empresa en la que los accionistas principales sean simples ciudadanos o entidades estadounidenses, independientemente de cuál sea el territorio en el que se encuentre asentada esa compañía. Esto significa, por ejemplo, que ninguna empresa radicada en Europa, en la que trabajen europeos, puede comerciar con Cuba si la mayor parte de sus accionistas son ciudadanos estadounidenses.

Obviamente, el bloqueo estadounidense no ha renunciado al congelamiento de los fondos del estado cubano existentes en los bancos estadounidenses antes del triunfo de la Revolución y de aquellos que se generan como beneficios por actividades tales como la telefonía, las transmisiones televisivas de eventos deportivos y artísticos. Es más, el gobierno estadounidense, no conforme siquiera con impedir que el pueblo cubano administre libremente esos recursos que legalmente le pertenecen, se ha tomado la atribución completamente indebida, en virtud únicamente de su fuerza bruta (es decir, no-inteligente), de disponer de ellos para subsidiar a la contrarrevolución cubana, juicios apañados mediante, y deslegitimar a una toda la historia reciente de su vecina nación.

Ese asedio financiero ha sido extendido hasta perseguir la procedencia de los activos cubanos a fin de incautarlos en caso de que en su formación hayan participado, de cualquier modo y vía, ciudadanos o entidades estadounidenses. Adicionalmente, al estado cubano se le ha prohibido utilizar el dólar como moneda de cambio en sus transacciones comerciales. Son más las personas que persiguen activos cubanos en el Departamento del Tesoro que las que se ocupan de los indocumentados en el servicio de inmigración y extranjería correspondiente. Toda esa teratológica y nefanda actividad para-crematística ha motivado que algunas sociedades bancarias europeas, temerosas por el futuro incierto de sus dividendos, hayan cerrado sus operaciones monetarias en Cuba.

Entre las múltiples aberraciones jurídicas que comprende el bloqueo se encuentran algunas tan bizarras y estrambóticas como el castigo a los empresarios no estadounidenses que comercien con Cuba con la prohibición, aplicable a ellos y a sus familiares en primer grado, del ingreso al territorio de los Estados Unidos, y la proscripción de comercialización de los productos de sus empresas con entidades estadounidenses.

(O sea, que si un español, un canadiense, un esquimal o un turco, pongamos por caso, aparece como propietario de una entidad industrial, digamos, y establece convenios de trabajo con Cuba mutuamente provechosos, se expone a que ni él, ni su esposa, ni sus hijos, puedan visitar el Cañón del Colorado, las Cataratas del Niágara, el Walt Disney World, ni asistir a las premiaciones de los Oscars&hellipGui?o

Compone este conjunto de dictámenes alucinógenos, tomados de una surtida variedad de extravíos de leguleyos, la prohibición de que atraque en puerto estadounidense un buque de cualquier bandera que haya tocado costas cubanas en un período de 180 días anterior a la fecha de que se trate.

Cuba no podrá recibir ningún equipo o aditamento, el valor de cuyos elementos componentes producidos y patentados por los Estados Unidos sea superior al 10%. Sirva de muestra de esta absurdidad, la siguiente noticia difundida —sin acotamientos pudorosos— por una agencia tan enemiga de la Revolución Cubana como Reuters, en cuyo enunciado original hemos subrayado las oraciones pertinentes:

“Petróleo

Martes 16 de junio de 2009

Una plataforma para aguas profundas comenzará a perforar en Cuba en las próximas semanas. La reserva que explorará es 'de dimensiones muy considerables' y 'está bien documentada'. Es 'la primera vez que Cuba tendrá algo de importancia estratégica para EE UU', dijeron analistas.

Una gigantesca plataforma de perforación comenzará pronto a ser arrastrada rumbo a Cuba y podría comenzar a operar en las próximas seis u ocho semanas, bajo un consorcio internacional liderado por la española Repsol-YPF, informó Reuters citando fuentes de la industria y diplomáticos.

Aunque los detalles sobre la llegada a la Isla son aún confusos, la plataforma fue finalmente hallada tras una larga búsqueda. Operadores dijeron que encontrar una instalación adecuada para perforar en aguas profundas fue complicado, pues deben utilizar tecnología con menos del 10% de componentes fabricados en Estados Unidos, según exige el embargo estadounidense.”

El bloqueo alcanza todas las aristas de la sociedad cubana, incluyendo las referidas a la salud, el deporte, la cultura, la educación, el comercio, la industria, la agricultura, la pesca, las ciencias, la informática, la cotidianidad y todas las demás, por lo que han sido perjudicadas la alimentación, la salud, el desarrollo artístico y deportivo, el crecimiento educacional, la mejora de las condiciones de vida de millones de personas por casi medio siglo. En más de 93 mil millones de dólares hasta el año 2008 han sido documentalmente calculadas las pérdidas que han significado el bloqueo estadounidense para la economía de Cuba… El bloqueo es pues un acto idéntico a la violación que sufre una mujer por el ataque de un agresor muy poderoso ayudado por sus amigotes.

Las autoridades del imperio estadounidense necesitan que las personas del mundo entero crean la mentira de que ellos han impuesto un embargo a Cuba y no un bloqueo, para mitigar la naturaleza criminal de esta acción, para disfrazar los propósitos diabólicos que la generan alegando que sus propias virtudes les impiden comerciar con un régimen dictatorial, algo que —en el mundo de hoy, en el que bombas yanquis han cercenado la vida a cerca de un millón de iraquíes— es un verdadero fariseísmo, y —sobre todo— para culpar de las dificultades económicas que enfrenta la pequeña isla caribeña a la administración que ha elegido su pueblo y al sistema social comunista por el que ha optado, con el fin de impedir que el ejemplo de esa nación se difunda por todo el mundo y conservar así el imperio su hegemonía planetaria.

Con todo, digámoslo sin ambages, a pesar de los esfuerzos y recursos que para los Estadios Unidos significa el bloqueo económico contra Cuba en términos de enmascaramiento público y adecentamiento ciudadano, él constituye a ojos vistas una reacción tan inapropiada, impensada y estéril que nunca más ha sido utilizado por Washington para dirimir diferencias políticas con regímenes discrepantes en el continente americano (Nicaragua, Bolivia, Venezuela, Ecuador y otros), y cuando ha sido aplicado en otras áreas geográficas (Irán, Irak, Corea del Norte), se ha hecho bajo el manto de la aprobación consensual apriorística del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Pero, ¿por qué, cuando se trata de Cuba, Estados Unidos insiste en un proceder tan torpe?

La respuesta a esa interesante pregunta es indispensable, toda vez que numerosas personas sencillas de este mundo, incluso algunas a las que les repugnaría profundamente ser consideradas de derecha, encuentran tan irracional, tan imperial, esa reacción del gobierno estadounidense hacia la pequeña isla vecina, que tratan de darse una explicación “inmediata”, momento en que se dicen cándidamente: “Algo malo tienen que haber hecho los cubanos… No puede ser toda la culpa de los yanquis”. A partir de ese instante, los interesados están psicológicamente listos a admitir los bulos de los fusilamientos desmedidos al triunfo de la Revolución, los ajusticiamientos extrajudiciales, las expropiaciones inmotivadas y sin compensaciones de compañías estadounidenses, la exportación à outrance de la revolución hacia América Latina y África y otros lindos embustes.

Tanto más se acrecienta la referida duda en los observadores legos, especialmente de las naciones del Primer Mundo, cuanto las administraciones estadounidenses posteriores al triunfo de la Revolución Cubana, lejos de haber mitigado esta acritud inicial, la han acidificado (salvo Carter, tal vez, cuya obligada ambivalencia condujo a la apertura de las Oficinas de Intereses en Washington y La Habana y al lamentable episodio del Mariel), al tiempo que los gobiernos de sus propios países primermundistas, sin que cause estupor en la población, luego de haber aceptado el canon económico de Washington, con la naturalidad esperada de tal anuencia, adoptan posiciones políticas cada vez más cercanas a las de Washington, aun si de forma ladina, oportunista y furtiva.

¿EL BLOQUEO FUE IMPUESTO PORQUE LA REVOLUCIÓN CUBANA HA ESTADO DESDE UN INICIO DESTINADA A “FRACASAR” O PARA HACER QUE ELLA FRACASARA?

Desde el triunfo de enero, Cuba fue declarada out of the law por el sistema político de los Estados Unidos. Además, dado el fundamentalismo holístico consustancial a este sistema y el desamparo intelectivo generalizado a que ha sido sometida la mayoría silenciosa y consumista acéfala de la sociedad estadounidense, esta pequeña isla se convirtió, ante los ojos del ciudadano común de aquella nación, en un desvarío histórico, una monstruosidad social, una negación de los valores de la Civilización Occidental, en fin, en algo que no solo resultaba prudente (útil, aconsejable, adecuado) eliminar, sino necesario desde el punto de vista de la virtud. A partir de entonces, de Cuba, como del desliz carnal cometido por una reputada dama o del vástago anormal nacido en una familia por causas hereditarias inexplicables, no ha sido decente hablar. Bastaba pues encontrar un modo suficientemente aséptico de salir de ella, una forma que enmascarara al promotor del hecho ante la opinión pública mundial y —especialmente— ante la simplona mirada de los bonachones ciudadanos estadounidenses, como si la Providencia misma cumpliera ese necesario designio, algo que por añadidura acrecentaría en ellos la fe en su “divina elección como encarnación de la voluntad del Ser Supremo”.

Dicho en otras palabras, el gobierno de los Estados Unidos, ante sus electores y el tribunal de la conciencia individual de cada uno de sus miembros, ha intentado fundamentar éticamente su política de aislamiento hacia Cuba aduciendo que la Revolución Cubana —por razones economicistas que serán analizadas a continuación— está destinada al fracaso, de donde el público interesado debe inferir que la “segura debacle” de la Revolución Cubana es la causa de la política de bloqueo, según la siguiente fórmula

Fracaso Revolución Cubana = causa ® bloqueo USA = consecuencia

Se demostrará que, todo lo contrario, esa política ha sido diseñada e instrumentada para asegurar el mencionado fracaso, en cuyo caso este sería la consecuencia de aquella, de este modo

Bloqueo USA = causa ® fracaso Revolución Cubana = consecuencia

A despecho de que la sorpresa de la ocurrencia de la Revolución Cubana impidió a los verdaderos policymakers and politics designers de los Estados Unidos concebir e implementar oportunamente mejores réplicas que el bloqueo, en busca de coherencia en la conducta política del gobierno imperial en este patológico episodio, parece que el argumento decisivo de esa medida es la “racionalidad económica”, tal como ellos la comprenden: por disparatado que parezca (toda vez que tal aproximación reduce a los humanos a “productores teleológicos&rdquoGui?o, el gobierno de los Estados Unidos solo valora la acción política de cualquier entidad, incluyendo la de los gobiernos extranjeros ora por: a) el grado de beneficio económico que ella reporta a los propios Estados Unidos, si se trata de un estado fuertemente sometido a esa nación; b) la eficiencia económica de su gestión —entendida esta de la manera más “directa”, menos “sofisticada”, posible, esto es, como la relación bruta entre gastos y beneficios—, si se trata de un estado interdependiente que goza de un grado relativamente superior de autonomía respecto a Washington. (Cabe subrayar que en este contexto las categorías mencionadas —“gastos”, “beneficios”— son entendidas de la forma más simple posible, o sea, sin considerar las implicaciones que las políticas tendientes a elevar la relación beneficios/gastos tenga para los seres humanos ni para la naturaleza a corto, mediano y largo plazo.)

Sirva de ejemplo a esta afirmación, las explicaciones que ofrece Alan Greenspan, otrora poderoso presidente de la Junta Federal de la Reserva de los Estados Unidos y aún personaje-algunas-veces-consultado, en el muy revelador, aunque timorato, debate que sostuvo con la activista social Naomi Klein en el programa televisivo de Amy Goodman, publicado el día 1 de octubre del 2007 en la sección de Economía de Rebelion.2 En él Greenspan identifica las políticas que califica de “populistas” con “un estilo muy especial de centrarse en el corto plazo”. Y añade, para no dejar lugar a las dudas: “[…] el término ‘políticas populistas’ es otra forma de decir corto plazo versus largo plazo. Y la gente que prioriza los beneficios de corto plazo sobre los costes a largo plazo acaba muy lejos de la senda del crecimiento económico y la prosperidad.”

Si don Alan hubiera hablado ante alienígenas, ellos podrían suponer que el insigne economista se refería al hecho de que los llamados en la actualidad gobiernos populistas promueven una suerte de carpe diem al abogar consumir sin limitaciones hoy sin pensar en el mañana, o dicho mediante una alegoría muy explícita, instan a ingerir —sin elucidar— la conocida gallina de los huevos de oro… Resulta que esa es, respecto a los recursos de la Tierra toda, exactamente la política predadora e irracional que han seguido las potencias capitalistas mundiales, como evidencia la crisis ecológica que sufre el planeta. La preocupación de esas potencias y de los intelectuales que defienden y representan sus intereses proviene del hecho de que los pueblos, responsables de esos recursos por razones de azar genético y accidente geográfico, han comenzado a tomarse en serio ese designio histórico.

En resumen, ¿de qué se habla aquí? Pues Alan Greenspan, sin recibir contradicción ni interlocución alguna por parte de sus entrevistadores y oyentes directos, habla de un “crecimiento económico y prosperidad” que no requieren precisión, definición, intelección, juicio, escrutinio, concisión, como si fueran referentes indiscutidos, categorías sociales evidentes en sí mismas y no construcciones sesgadas de burguesa e imperial conveniencia: lo que para el señor Greenspan constituye “crecimiento económico y prosperidad” es traducido por muchas personas de este mundo con un vocablo que sí se explica por sí mismo — muerte.

Acotemos, en justificación de la pasividad mostrada por los dialogantes de ocasión de don Alan, que justamente esta “universalización de los valores economicistas capitalistas”, que se revierte frecuentemente tanto en “aceptación callada” como o en “apelación (in)-consciente” de tales preceptos, es una muestra del alcance soporífero de la ideología epocal dominante.

Así, con todo fariseísmo o tontería, el fracaso económico de la Revolución Cubana no ha sido planteado por los hacedores de la política estadounidense ante sus electores como el fin principal del bloqueo, sino como su premisa. Ese fracaso es entendido pues por numerosos incautos como un sub-producto muy colateral de la “no-relación” que las elites político-económicas estadounidenses han instrumentado respecto a Cuba, pero cuya ocurrencia era (y es) inevitable e independiente de cualquier política de EE.UU hacia la isla. O sea, la dialéctica de esa actitud ha estado regida por el siguiente pensamiento: “Cuba está destinada a fracasar por sí sola, nosotros no queremos que nuestro dinero se pierda en esa empresa.” (Cabe subrayar una vez más que la política de aislamiento total impuesta por Estados Unidos hacia la in-sur-recta isla de Cuba va mucho más allá de ser una beatífica “no-relación” pasiva: se trata en realidad de una clara agresión plagada de medidas activas.)

Sin embargo, semejante fracaso nunca ocurrió por una simplísima razón: los cubanos, de forma bastante intuitiva (esto es, obligados por necesidades vivenciales objetivas), comenzaron a dar a las categorías “progreso”, “beneficio”, “gasto”, “crecimiento económico” y afines un contenido diferente al impuesto por la ideología burguesa imperante (aceptado ciertamente por don Alan).

Consecuentemente, el supuesto “embargo neutral” debía convertirse, sin perder ante el gran público sus visos de indiferencia, en un acoso ofensivo que incluyera el bloqueo económico, comercial y financiero como se conoce hoy en día.

Fue entonces que los carnales chicos de la comunidad federal de inteligencia, investidos de beatíficos propósitos, diseñaron y ensayaron diversas vías promisorias para obligar a la historia a seguir los caminos trazados por la teoría, o sea, para que el destino de la Cuba post-revolucionaria siguiera el curso esperado (debido, merecido, pronosticado) del más rotundo y sonado fracaso. Ellos pues estructuraron la contrarrevolución interna y, especialmente, a los elementos de la derecha mafiosa de Miami para que actúen como buffer o “barrera-cobertor”, a fin de entregar cuantiosos recursos para la ejecución de acciones violentas que revelen al mundo su existencia y grado de compromiso; idearon un bloqueo económico férreo contra la Isla; organizaron en su momento una invasión al país por una brigada militar de desafectos entrenados, bélicamente pertrechados, operativamente avituallados y políticamente sustentados directamente por el gobierno de los Estados Unidos de América; han desplegado de siempre una campaña mediática de incalculables proporciones, en términos de gastos fiscales, destinada al aislamiento diplomático de Cuba; han agredido permanentemente a Cuba con medios radiales y televisivos, de manera difamatoria y especulativa; han ejecutado actos de terrorismo diversos, y han seguido otras conductas de similar talante, incluyendo las bien documentadas acciones ofensivas de naturaleza química y bacteriológica que realizaron en la década de los años ’70 (epidemia de fiebre porcina, roya de la caña, moho azul del tabaco, etc.) y ’80 contra la economía y población residente en la isla (epidemia de dengue hemorrágico y conjuntivitis hemorrágica, por ejemplo). Como es de dominio público, en los años ’90, el paroxismo que produjo en la derecha contrarrevolucionaria de Miami la resistencia del pueblo cubano tras la caída del socialismo irreal de Eurasia central, los condujo a colocar explosivos en instalaciones turísticas del país.

O sea, mientras que EE.UU ofrece la apariencia de no estar interesado en Cuba porque el futuro de esta isla-nación es para ellos algo sabido y esperado, la no ocurrencia de ese fracaso los lleva a intentar que la realidad histórica se avenga a su racionalidad y expectativas… Es difícil, muy difícil, imaginar tanta soberbia.

¿QUIÉN BLOQUEA A QUIÉN? 

El 2 de abril del 2009 el Washington Post reveló que “[…] el Senador Richard G. Lugar exhortó al Presidente Obama a nombrar un enviado especial para iniciar conversaciones directas con el gobierno comunista de la isla.” El republicano más prominente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado sostiene que este paso debía darse porque “Los casi 50 años de embargo económico contra Cuba colocan a Estados Unidos en contradicción con la opinión del resto de América Latina, la Unión Europea y las Naciones Unidas”, todo lo cual “socava la seguridad e intereses políticos [de los Estados Unidos] en el Hemisferio Occidental”.

(Richard G. Lugar sin dudas basó sus inferencias en el hecho de que 185 países de los 190 que componían la Asamblea General de las Naciones Unidas en el 2008 votaron a favor de la suspensión del bloqueo de Estados Unidos contra Cuba. Esa cifra de apoyo a la Isla constituye el pináculo de un proceso de adhesiones a las razones del país en votaciones que comenzaron en 1992, momento en que la moción cubana fue apoyada por 59 países, impugnada por 3 e ignorada por 71.3)

Entre los días 17 y 19 de abril de este mismo año, en Trinidad y Tobago se celebró la V Cumbre de las Américas (estructura con nombre más pretencioso que real, toda vez que son reuniones en las que, por designio imperial, Cuba se ve excluida), con una agenda en la que figuraban temas económicos y sociales, la lucha contra el tráfico de drogas y el terrorismo, pero cuyas expectativas principales se centraban en las relaciones entre el Norte y el Sur de las Américas en la recién inaugurada “era Obama”.

A pesar de la importancia de estos temas y el interés de los gobiernos regionales en ellos, el show se lo robó la nación estigmatizada, Cuba. Así, Luis Andrade, secretario general de la Asociación de Estados del Caribe llegó a asegurar que la clara ruptura lograda por Cuba del aislamiento a que ha sido sometida, gracias a su fuerza y autoridad morales, marginó a los Estados Unidos en la reunión hemisférica. Todos los países latinoamericanos y caribeños exigieron el retorno de Cuba hacia al seno de su entorno geográfico natural.

En el extremo del surrealismo político y el cantinfleo imperial generado por esta situación anómala, un cable de ANSA apuntó que “[…] el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, reconoció que los programas que lleva adelante el Gobierno de Cuba, como el envío de contingentes de médicos a países de América Latina y el Caribe, pueden ser más efectivos que el poder militar de Washington a la hora de ganar influencia en la región” y que “le había resultado ‘interesante’ escuchar a varios colegas destacando la labor de los miles de médicos cubanos”.

Por esas mismas fechas, Notimex anunciaba que “La legisladora estadounidense Barbara Lee afirmó que impulsará iniciativas que permitan a Estados Unidos tener con Cuba intercambios estudiantiles y académicos en áreas médicas y biotécnicas”. La presidenta de la bancada afroamericana en el Congreso de los Estados Unidos agregó al corresponsal en California de la agencia de prensa mexicana que “Ahora que se habla de nuevos mercados, Cuba tiene mucho equipo de manufactura, hablamos de turismo, hablamos de las posibilidades que existen en Cuba para los estadounidenses; la Cámara de Comercio (estadounidense) apoya una normalización de relaciones”. Coincidiendo con R. Lugar, la congresista expresó en un comunicado oficial que los “50 años de embargo simplemente no han funcionado; tiene sentido normalizar las relaciones diplomáticas y comerciales con Cuba.”

El 12 de mayo de 2009, la Asamblea General de la ONU reeligió a Cuba como miembro del Consejo de Derechos Humanos (CDH) para un segundo período de tres años. En la misma votación secreta efectuada por el organismo internacional, Estados Unidos fue elegido miembro del Consejo por primera vez.

(No es ocioso recordar que el CDH es un órgano intergubernamental compuesto por 47 Estados miembros, que forma parte del sistema de las Naciones Unidas, destinado a fortalecer la promoción y la protección de los derechos humanos en el mundo. El CDH fue creado el 15 de marzo de 2006 por la Asamblea General de la ONU, en sustitución de la Comisión de Derechos Humanos, suprimida tras 60 años de trabajos debido a la crisis de legitimidad que permeó su trabajo. Es significativo que una de las primeras decisiones del Consejo fue la de eliminar la figura del relator especial para Cuba.)

En el propio mes de mayo de 2009, Hillary Clinton, secretaria de estado del gobierno del Presidente Obama, reconoció en conferencia de prensa que la política de aislamiento económico que por casi cinco décadas ha mantenido el gobierno de los Estados Unidos contra Cuba no ha provocado en la isla los cambios políticos que el gobierno de los Estados Unidos se había propuesto.

Días más tarde, a principios de junio, durante el trigésimo noveno Periodo Ordinario de Sesiones de la Asamblea General de la OEA, celebrada en San Pedro Sula, Honduras, los representantes de América Latina y el Caribe, en un acto de insubordinación al imperio estadounidense inimaginable apenas unos años antes, derogaron la decisión tomada en 1962 de suspender la pertenencia de Cuba a la institución por su filiación ideológica al comunismo.

De acuerdo a lo expuesto, las afirmaciones de Ms. Clinton son, simplemente, obvias; casi irrelevantes. Pero más allá de ellas, las consecuencias del bloqueo en verdad han sido contraproducentes, incluso inesperadas, no solo en el plano político internacional, en el que —ha quedado dicho— son los Estados Unidos quienes se encuentran aislados, sino —más impactante aún— en el orden económico: el gobierno de la poderosa nación enfrenta fenómenos adversos imprevistos, como consecuencia de su política hacia Cuba.

Por una parte, comoquiera que Cuba no solo resiste y existe, sino que alcanza éxitos a escala humana (la única importante) en muchos sectores y modos, parece evidente que el bloqueo no solo ha obligado a las autoridades cubanas a diversificar sus relaciones con el extranjero4 y la producción del país para desarrollar nuevos rubros de exportación y sustituir importaciones, sino que los cubanos “de a pie”, en una escala que borra fronteras regionales y generacionales, se han visto forzados a desarrollar su inventiva y creatividad en la solución inmediata de muchísimos problemas, incluyendo un numeroso grupo de dificultades de naturaleza pedestre, hogareña y rutinaria, apenas individualmente trascendente.

Al mismo tiempo, la imposibilidad de acceso al mercado estadounidense ha significado para los cubanos el alejamiento de ese ámbito de manipulación holística anti-humana que la modernidad denominó American way of life, con resultados ambivalentes:

a) las personas de mayor cultura y experiencia han aprendido a descubrir “la vida sin mitos” y a plantearse en consecuencia paradigmas existenciales mucho más ricos que sus pares bajo el capitalismo, centrados más en el “vencer circunstancias en el cumplimiento de aspiraciones” que en el “tener más para satisfacer ambiciones”;

b) particularmente entre algunos jóvenes, por carecer de suficientes resortes ideológicos derivados de penurias vividas y experiencias penosas, y entre los mayores a quienes el triunfo de la Revolución tronchó sueños pequeñoburgueses, el espejismo del American way of life se erige en lontananza como una suerte de fruto prohibido… y anhelado.

Por otra parte, cada vez son más activas las voces de empresarios estadounidenses que exigen el levantamiento de las restricciones de comercio con Cuba. Veamos algunos ejemplos aislados.

En 2005, los hombres de negocios del estado de Nebraska vendieron a Cuba 110000 toneladas de trigo, soya, frijoles y otros reglones, cifra que, según expertos, es cuatro veces inferior al estimado posible si existieran facilidades de pago y un clima comercial normal. El gobernador estadual, Dave Heineman, declaró a la prensa el interés de esa región por incrementar las relaciones con el mercado cubano, para ellos emergente a causa del bloqueo.

La empresa Carolina Turkey, dedicada a la exportación de carne de pavo en Carolina del Norte, lamentó no recibir las visas estipuladas del Gobierno de Estados Unidos, para asistir en 2005 a la XXIII Feria Internacional de La Habana. A fin de salvar la situación creada en su perjuicio, la firma envió a La Habana a sus representantes en México. "Esto complica las negociaciones porque no pueden establecerse relaciones comerciales de forma directa", expresó un representante comercial de la entidad.

Michelle Butler, ejecutiva de la empresa Navarretta Group, entidad facilitadora de exportaciones de productos destinados a la salud y los alimentos, en visita a La Habana ha declarado: “No me gusta el bloqueo ni estoy de acuerdo con él. Pienso que no es útil, y como me gustaría ver una modificación en las relaciones de ambos países, estoy aquí. Cuando mi gobierno toma medidas para impedir el comercio con Cuba, yo estoy entre quienes desean formar parte del cambio positivo”.

Eduardo Leiva, gerente de ventas para América Latina de Irridelco International Corporation, empresa de Nueva Jersey especializada en productos de riego para la agricultura ha afirmado que “[…] el bloqueo es totalmente negativo, inoperante e ineficaz; este es un criterio muy generalizado en los inversionistas de los Estados Unidos, que están contra esa política que lleva más de 40 años y no ha servido para nada, pues el que está perdiendo es el inversionista norteamericano porque Cuba continúa desarrollándose y se encuentra abierta al intercambio con el resto del mundo”.

En la lista —que recoge, para unos pocos años5, los resultados del bloqueo ilegal (condición resaltada) de las administraciones estadounidenses contra Cuba— aparece desde la denegación de permiso (¿?) para comprar anestesia para la operación quirúrgica de un niño (septiembre de 2007) hasta impedir a músicos viajar a la Isla, imposibilitar a Silvio Rodríguez asistir al nonagésimo aniversario de Pete Seeger, negar a un niño cubano ganador de un concurso de pintura de la Unesco una cámara Nikon ofrecida previamente como premio, procesar judicialmente a ciudadanos estadounidenses por viajar a Cuba, prohibir a Isaac Rosa editar en Cuba la novela El vano ayer, y otras monstruosidades.

Obsérvese, no obstante, que esa relación no exhibe ni un solo evento que permita a un lector neutral aseverar que el bloqueo ha logrado modificar en algún grado, por mínimo que sea, el curso político elegido por el pueblo de Cuba en la dirección y sentido perseguido con su instrumentación.

Admitamos que la razón de esa “parcialidad” en la presentación de los resultados del bloqueo se deba a que la lista está confeccionada por Cuba. Muy bien, los lectores quedan retados a revelar los giros políticos del gobierno cubano hacia la restauración del capitalismo y el desmontaje de los logros de la Revolución Cubana, hayan sido o no consecuencias de las presiones económico-comerciales y financieras del bloqueo.

A pesar de todo lo expresado, el aspecto directa e inmediatamente humano es el que más nítidamente revela la irracionalidad del bloqueo: la interpretación consecuente de la política de los Estados Unidos ha provocado una deformación mayúscula y esdrújula en la legalidad de la nación. Obsérvese que no se trata aquí de una contradicción legal, de un error interpretativo, de un desliz jurídico, de un desacierto circunstancial en la jurisprudencia federal; se habla de un verdadero agujero negro en el cuerpo constitucional y legislativo de los Estados Unidos de América, que supone —además— un pesadísimo fardo sobre los hombros de los ciudadanos comunes de ambos extremos de esta inecuación.

En efecto, para impedir que el gobierno de Cuba reciba fondos procedentes de los Estados Unidos, los ciudadanos estadounidenses han visto conculcado su derecho constitucional de viajar a cualquier país del mundo. ¿Será necesario recalcar que el daño cultural, social y humano que ocasiona esa medida a los estadounidenses es incomparablemente mayor que el estropicio económico que provoca a Cuba?

Al mismo tiempo, con el doble protervo propósito de hacer ver que actúan contra una dictadura brutal de la que, a riesgo de sus vidas, escapan desesperados muchos cubanos humildes, y de organizar un “robo de cerebros” que afecte una vez más al desarrollo económico de Cuba, el gobierno de los Estados Unidos ideó la “Ley de ajuste cubano”, que constituye un verdadero adefesio jurídico. Ella diluye hasta convertir en letra muerta todo el estricto orden constitucional que acompaña en cada paso el proceso de adjudicación de permiso de residencia en territorio estadounidense y ciudadanía de ese país a todos los extranjeros que aspiren a obtener uno u otro status, salvo si son cubanos: ellos no tienen más que alcanzar el territorio estadounidense y manifestar su deseo de residir en el país.

Pero incluso esta medida, de naturaleza demoníaca y aspecto demencial, tiene una segunda cara: es muy popular la anécdota, absolutamente cierta, de que, ante una enfermedad infecciosa que se desató entre los balseros que en la década del ’90 fueron internados en la Base Naval de los Estados Unidos en Guantánamo, uno de aquellos jóvenes se acercó a las autoridades exigiendo la presencia del “médico de la familia”…

Es importante destacar el carácter interpretativo-coyuntural de la prohibición de viajar a Cuba impuesta a los ciudadanos estadounidenses y de la “Ley de ajuste cubano”. Esa condición les ofrece cierta independencia del cuerpo central del bloqueo y las convierte en fuertes candidatas para ser de las primeras medidas eliminadas durante el eventual desmontaje del bloqueo.

¿CUÁLES SON LAS MEJORES OPCIONES DE CUBA?

Como ha sido expuesto, el bloqueo ha causado pérdidas mil millonarias a la economía cubana, razón por la cual las condiciones materiales con que Cuba ha contado para construir una nueva sociedad han sido más difíciles que las que gozan los países del rebaño capitalista.

Eso no ha impedido al país, a partir de sus circunstancias específicas, definir los principios rectores de esa sociedad (necesaria), erigir firmemente las bases políticas requeridas, atribuirlas de un conjunto mínimo de leyes que sirvan tanto para la orientación de la línea de acción cotidiana como para el desenvolvimiento en condiciones imprevistas, y estructurar en forma adecuada y perfectible los órganos de poder exigidos. Al mismo tiempo se desarrolla una intensa actividad educativa y cultural, dentro de un marco muy especial de eventos conocido como “Batalla de Ideas”, con el fin de lograr que cada cubano se convierta en un portador consciente y potencialmente irreductible de las nuevas relaciones sociales.

El grado de solidaridad ciudadana y compromiso social alcanzado en la construcción del socialismo en Cuba, le ha permitido a su pueblo, apoyado en la condición que le otorga ser dueño de sus recursos y tomar con entera independencia sus decisiones políticas, un nivel de vida que se caracteriza —entre otros— por el derecho irrestricto a la educación y a los sistemas de salud; la seguridad alimentaria (ningún cubano está excluido de los sistemas sociales de alimentación que le correspondan, incluyendo el acceso universal a la cuota normada de víveres); la seguridad social (ningún ciudadano cubano se ve desvalido en la vejez, ni ignorado en las enfermedades crónicas; todos los ciudadanos cubanos tienen derecho a la recreación); la seguridad ciudadana (Cuba es uno de los países con más bajo índice de drogadicción, tráfico de estupefacientes y criminalidad del mundo; el sistema de defensa civil cubano, que le permite enfrentar con mucho éxito los huracanes y otros desastres naturales, recibe el reconocimiento y encomio de numerosos gobiernos y entidades internacionales); la seguridad de vivienda (ningún ciudadano cubano será sometido a desalojo de la vivienda a que tiene derecho); la seguridad laboral (ningún ciudadano cubano será despedido y abandonado sin derechos laborales; todos los ciudadanos cubanos tienen derecho a 30 días de vacaciones anuales y a otras licencias laborales que estipula la ley).

Por tanto, el levantamiento del bloqueo, siquiera la eliminación de sus aspectos más repulsivos, supondría necesariamente un escenario de menos penurias económicas y materiales para el pueblo cubano, pero en ningún modo este hecho puede ser visto como “una panacea universal”, “la solución de todos los problemas”, “el acceso a la felicidad”, “la puerta de la libertad”, y otras necedades, porque Cuba ha demostrado que: a.) los principales problemas de una nación, y consecuentemente el desarrollo integral de sus ciudadanos, la libertad que disfruten y su felicidad individual, están más relacionados con el grado de equidad real con que se establezcan las relaciones entre sus ciudadanos que con el monto de la riqueza de que dispongan; b.) la solución a esos problemas depende casi exclusivamente de la nación misma.

Hay quienes ven un peligro potencial no pequeño en el ingreso masivo de estadounidenses en Cuba, por la influencia ideológica que ese evento supondría para la ciudadanía del país caribeño… Como se trata de especulaciones, estoy obligado a exponer mis opiniones personales. (Pido disculpas por ello, a los presuntos lectores.)

Aquí, la base de cualesquiera inferencias debe ser la comprensión de que el aislamiento entre pueblos es siempre un fenómeno completamente artificial, impuesto, espurio, antinatural, tanto más si se trata de naciones vecinas. En otras palabras, no puede ser el comunismo quien impida semejantes relaciones: la famosa Iron Curtain, especialmente su infamante interpretación burocrática, es una aberración ideológica, totalmente ajena a uno de los principios rectores de la construcción de la nueva sociedad en Cuba, según ha sido proclamado muchas veces por la máxima dirección de la Revolución, que reza que esta es una empresa de seres humanos absolutamente libres, ergo completamente voluntaria.6

Sin embargo, no hay fatalismo en esta visión, puesto que ella no equivale a una aceptación de que “siendo inevitable su ocurrencia, que sea lo que sea”.

Todo lo contrario, los hechos, el curso de la historia, y el tiempo definitivamente validan la elección del esquema inclusivo, mínimamente jerarquizado, de desarrollo tecnológico ecológicamente sustentable y progreso social, libérrimamente elegido por el pueblo de Cuba.

Las conquistas de Cuba no son entelequias. Su sistema de vida, su carencia de angustias, sus niveles existenciales, su solidaridad y seguridad ciudadana no son virtuales.

Los ciudadanos estadounidenses, al visitar esta isla, tienen que estar preparados para confrontar su bonanza material y sus riquezas contra esa humilde realidad de existencia llena de alma cultivada, calor humano y esperanzas, con hijas e hijos como Ramón, Fernando, René, Gerardo, Antonio, y las decenas de miles de mujeres y hombres que han recorrido los caminos más inhóspitos de este mundo para compartir la suerte de millones de seres desamparados por el capitalismo imperante en sus países y llevarles amor, enseñanzas y salud…

Dentro de cualquier grupo social definido, todo acto humano es históricamente trascendente, por mínimo que sea su peso y el ámbito de su influencia grupal. Si el diseño de la sociedad no es fruto de la espontaneidad en las que desventajas individuales aleatorias respecto a ciertas metas definen el carácter de las relaciones interpersonales de manera universal mediante jerarquizaciones ubicuas y omnímodas, las decisiones que se tomen han de ser racionales, o sea, redundarán en acciones con propósitos tan predecibles y controlables como sea cronológicamente posible, aun si la pre-visión del contenido de las ideas que las anteceden y acompañan no sea un fenómeno ni factible, ni sometible a vigilancia, ni definitivamente deseable. Como ha demostrado fehaciente y dolorosamente la implosión del socialismo irreal euroasiático, si la participación consciente de los ciudadanos de la sociedad en la toma de esas decisiones sesgadas es la premisa suficiente para la construcción del socialismo, el liderazgo ético (o eticidad del liderazgo) constituye su condición necesaria.

Por incomprensible que resulte la incomprensión de que el sólo planteamiento de una meta pone a la humanidad en el camino de su consecución7, mucho se ha discutido si es o no posible la construcción del socialismo en un solo país, tema íntimamente relacionado con el propio concepto de socialismo, o lo que diferentes personas entiendan por tal. Otros aseguran, con diferente grado de consciencia acerca de lo que dicen y de las implicaciones de sus afirmaciones, que cualquier régimen no capitalista es una utopía. Y lo hacen quienes, lo sepan o no, han sucumbido al “pragmatismo” y —aún reconociendo los males del capitalismo, y por hacerlo— intentan reformarlo hasta lograr su máximo perfeccionamiento… cronológicamente posible.

Cuba, por su parte se ha empeñado en construir el socialismo “cronológicamente posible”, en plena concordancia con la realidad que ha alcanzado (tras la superación de etapas ya pasadas), entendiendo por tal una sociedad genocentrada, profundamente dialéctica (esto es, categóricamente anti-dogmática) por ser científicamente fundamentada, de democracia incluyente y participativa, sin propiedad privada sobre los medios de producción y, consecuentemente, sin clases sociales ni antagonismos irresolubles entre los diferentes estratos sociales que en ella existen, aplicada a lograr un desarrollo integral ecológicamente sustentable, orientado a satisfacer las necesidades materiales y espirituales de sus mujeres y hombres para que estos puedan dar el sentido pertinente a sus existencias que les permitan la maximización de sus circunstancias individuales.

Para Cuba, la única opción sensata es resistir en sus propósitos, con inteligencia, con racionalidad, con creatividad, pero sin renunciar a sus principios internacionalistas, sin dudar de la justeza de sus metas, sin hacer concesiones a los mecanismos de control social y manipulación humana propios de este mundo de tendencia globalizada, como son la propiedad privada sobre los medios de producción, el multipartidismo y la falaz democracia representativa. (No hay que olvidar que cualquier partido político es el representante de una clase social.) Cuba no tiene que “inventarse” clases sociales, lo cual no significa que no se reconozca la diversidad de pensamientos y tendencias respecto a los modos, métodos, vías, matices, plazos, etapas, preponderancia coyuntural de fuerzas sociales y medios para la mejor consecución de los mismos fines.

Los que adelantan la conjetura de que, para el caso de Cuba, se pueden aplicar sin riesgos los mecanismos del mercado como si fueran un simple “como” para acercar el ansiado “que”, no comprenden que ese “como” es la esencia misma del “que” vencido.

Con ello buscan —sean o no conscientes de eso— el fin de la Revolución Cubana: incluso si el máximo “desarrollo” capitalista fuera el curso deseable para nuestra sociedad (perspectiva difícilmente demostrable, aunque posiblemente aceptable para la mayoría de la población mundial, como consecuencia del poder de la ideología dominante de la época), hay que ser como mínimo muy ingenuo para suponer que las administraciones estadounidenses van a permitir que esta isla haya provocado su ira con el ejemplo que de ella dimana durante medio siglo y que, tras una rendición total o una semi-rendición (para el caso es lo mismo, puesto que luego de dado un primer paso en este sentido por presiones externas, nada puede impedir aceptar los peldaños subsiguientes, menos traumáticamente inclusive), ellas estén dispuestas a “regalarle” a este país, como premio, un “desarrollo (tecnológico) de vitrina” sin consecuencias… Todo lo contrario, castigarán a este pueblo de modo muy terrible, tanto como para que nadie jamás ose intentar experimentos sociales semejantes en este mundo.

Sirva de ejemplo a lo dicho el resumen de la siguiente información de Notimex relacionada con la “era Obama” respecto a Cuba:

“Multa Estados Unidos a petrolera texana por violar bloqueo comercial a Cuba

ESTADOS UNIDOS, MIAMI, 8 de mayo de 2009.

Estados Unidos impuso una multa de 110000 dólares a la petrolera texana Varel Holdings por violar el embargo (bloqueo) comercial a Cuba al exportar tecnología a la isla.

La multa es la primera del gobierno del presidente Barack Obama contra una petrolera, y la segunda que se decreta bajo la nueva administración durante el año fiscal que inició en octubre pasado. En marzo último multó con 20 950 dólares a la compañía de lácteos Lactalis USA de Nueva York.

[…]

La medida se produce en momentos en que Cuba comenzó a atraer la atención de poderosos consorcios internacionales sobre la prospección petrolera en aguas profundas del noroeste cubano.

Estados Unidos ha multado a otras tres petroleras en años recientes por violaciones similares: En el 2006 penalizó a Dresser-Rand Group, en el 2007 a PSL Energy Services y desde el año pasado la firma Platte River Associates enfrenta un proceso legal que podría costarle un millón de dólares.”8

Quienes confían en el relativamente poderoso exilio cubano para “salvar” el país no han entendido nada de las burguesías “nacionales”, del alcance de sus “sentimientos patrios” y del funcionamiento del mundo actual: Cuba, además de que ya se salvó a sí misma, no les hace falta a ninguno de los representantes de esa burguesía para enriquecerse continuamente y reproducir las circunstancias que les aseguran sus beneficios; Cuba sería por largo tiempo una inversión comprometida y azarosa. Quienes tengan duda acerca de estas afirmaciones deben leerse cuidadosamente el contenido de la Ley Helms-Burton.

Cuba constituye una oportunidad histórica única para la izquierda y el pensamiento progresista mundial, porque lo que está en juego en ella —en última instancia— es la demostración de la identidad esencial de los seres humanos y la unicidad de sus singularidades fenotípicas individuales. Si estas precepciones básicas fueran falsas, si en verdad pudieran demostrarse diferencias esenciales (genéticas) entre los humanos atribuibles a su raza, su sexo, su complexión, etc., y evidenciables en unos u otros signos externos, o —peor aún— si las disparidades culturales fueran expresión de una predestinación “divina”, como alegan las varias vertientes de fundamentalismos que en este mundo son, estarían justificadas las jerarquías humanas, las estratificaciones sociales, las diferenciaciones en la repartición de los réditos colectivamente obtenidos, y finalmente la explotación en su provecho de los seres humanos inferiores por los seres humanos superiores. Así de sencillo.

¿CUÁLES SON LAS MEJORES OPCIONES DE ESTADOS UNIDOS?

A pesar de haber recibido el apoyo mayoritario de los electores del estado de la Florida, el presidente Obama no debe su alta magistratura a ese estado: la hubiera obtenido a pesar de él. Ese es un buen precedente, porque libra al nuevo presidente de compromisos ineludibles con la mafia cubano-americana floridana.

Existen indicios de que el presidente Obama, cual ha sido su tendencia conductual ante otros temas, preferiría actuar respecto a Cuba sin presiones del pasado.

La idea no es mala si esa perspectiva, como en todos los otros casos, incluyera no obviar 

Continúa en el siguiente enlace: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=90809


Tags: bloqueo, Cuba, Rebelión, fracaso, economía, global, prohibición

Publicado por blasapisguncuevas @ 16:26  | CUBA
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Comentarios
Publicado por Angeles1989
Domingo, 25 de marzo de 2018 | 10:31

Sin duda un blog muy interesante obre la situación económico-social de Cuba. Para todo aquel que quiera viajar a Cuba es realmente interesante

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Pirámide capitalista. actualizada