Mi?rcoles, 12 de mayo de 2010
Por: Nicolás Urdaneta
Fecha de publicación: 12/05/10
 
Presidente Chávez: Es incontable el número de veces que, ante las acciones conspirativas de los capitalistas, usted ha actuado con la misma candidez del 13 de Abril y ante las actuaciones del Narco-Presidente Álvaro Uribe y de los infiltrados Luis Miquelena, Raúl Isaías Baduel, Manuel Rosendo, etc.

Sin embargo, Presidente Chávez, a lo largo de mi vida, he aprendido que las mayores fortalezas de los seres humanos son al mismo tiempo nuestras mayores debilidades. La candidez es una de sus grandes fortalezas y, por tanto, debe estar muy alerta con respecto a su tendencia natural de hacer uso de ella en la confrontación vital que, como líder de la revolución bolivariana, sostiene con los voceros capitalistas, supongo yo que por creer que éstos actúan como sujetos sociales que tienen almas, aún cuando la historia del capitalismo demuestra que ellos se limitan a asumir los papeles de capataces asignados por el capital y, en consecuencia, se ciñen, cuál robot, a los postulados y leyes. Sobre este tema, me permito señalar los siguientes planteamientos de Carlos Marx:

“La concepción del desarrollo de la sociedad como un proceso histórico natural, hace necesario que sólo nos ocupemos de las personas en cuanto personificación de categorías sociales, como representantes de determinados intereses y relaciones de clase, ya que ellas no son responsables de la existencia de vinculaciones de las cuales son socialmente criaturas, aún cuando subjetivamente se consideren muy por encima de ellas.”

“El principal obstáculo que se le presenta a la formación de la conciencia humana socialista son las furias del interés privado que anidan en el pecho humano y levanta las pasiones más violentas, más mezquinas y más repugnantes, a pesar de que la sociedad no es algo pétreo e inconmovible, sino un organismo susceptible de cambios que está sujeto a un proceso constante de transformación.”

“Como capitalista, él no es más que el capital personificado. Su alma es el alma del capital. Y el capital no tiene más que un instinto vital: el instinto de acrecentarse, de crear plusvalía, de absorber con su parte constante, los medios de producción, la mayor masa posible de trabajo excedente. El capital es trabajo muerto que no sabe alimentarse, como los vampiros, más que chupando trabajo vivo, y que vive más cuanto más trabajo vivo chupa.”

“El producto –propiedad del capitalista- es un valor de uso: hilado, botas, etc. Pero aunque las botas, por ejemplo, sea en cierto modo la base del progreso social y nuestro capitalista sea un hombre progresivo como el que más, él no fabrica las botas por amor al arte de producir calzado. El valor de uso no es precisamente, en la producción de mercancías, la cosa que se quiere por sí misma. En la producción de mercancías los valores de uso se producen pura y simplemente porque son y en cuanto son la encarnación material, el soporte del valor de cambio. Y nuestro capitalista persigue dos objetivos. En primer lugar, producir un valor de uso que tenga un valor de cambio, producir un artículo destinado a la venta, una mercancía. En segundo lugar, producir una mercancía cuyo valor cubra y rebase la suma de valores de las mercancías invertidas en su producción, es decir, de los medios de producción y de la fuerza de trabajo, por los que adelantó su buen dinero en el mercado de mercancías. No le basta con producir un valor de uso; no, el quiere producir una mercancía; no sólo un valor de uso, sino un valor; y tampoco se contenta con un valor puro y simple, sino que aspira a una plusvalía, a un valor mayor.”

Por lo antes expuesto, estoy convencido de que ante los capitalistas se hace indispensable recurrir a la astucia en un cien por ciento.

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Tags: Chávez, capital, Marx, capitalismo, Uribe, conciencia, instinto

Publicado por blasapisguncuevas @ 23:07  | VENEZUELA
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