Viernes, 11 de junio de 2010
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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 11-06-2010


Sistema Digital


Hay un consenso total entre los poderes financieros, la gran patronal y los economistas y pol?ticos liberales que se transmite constantemente a los medios de comunicaci?n sobre la necesidad de realizar una reforma del mercado laboral.

Tambi?n lo hay sobre los contenidos que deber?a tener esa reforma. B?sicamente, el abaratamiento del despido, la descentralizaci?n de la negociaci?n colectiva, la flexibilizaci?n de los modos de contrataci?n y ahora con menos ?nfasis, la disminuci?n de costes laborales como los asociados a las cotizaciones sociales.

Sin embargo, es verdaderamente sorprendente que no haya coincidencia sobre los objetivos que pretende la reforma. Es como si un grupos de m?dicos se pusiera de acuerdo sobre la medicina que deber?a tomar un paciente pero cada uno de ellos dijera que as? se iba a resolver una enfermedad distinta. ?No nos har?a eso sospechar de sus conocimientos o de sus intenciones?

La mayor?a de quienes defienden la reforma suelen coincidir en que es imprescindible llevarla a cabo para hacer frente a la crisis y al desempleo tan preocupante que se produce en nuestra econom?a. Pero el acuerdo no va m?s all?.

Los economistas del Grupo de los 100 que forman parte de la autocalificada "elite" de la profesi?n, como hicieron el pasado mi?rcoles en el informativo del programa 24 Horas de TVE Bentolila y Santos, afirman que dichas propuestas se realizan para crear empleo, tal y como ha afirmado tambi?n el propio presidente de gobierno. Pero hasta dirigentes de la patronal, personalidades tan expertas como Felipe Gonz?lez y otros economistas liberales m?s sinceros y rigurosos reconocen, por el contrario, que las refomas de este tipo no lo crean y que, si acaso, permitir?n que el que se cree sea mejor cuando se empiece a generar.

Me parece que esas contradicciones no son fruto de la casualidad.

Lo que ocurre sencillamente es que las propuestas que se est?n haciendo de reforma laboral se basan en una serie de falsedades que de tanto o?r se dan por buenas y en un abanico de prejuicios ideol?gicos que se difunden sin cesar para disimulan lo que de verdad se busca con la reforma laboral.

La primera falsedad es que la reforma laboral sea necesaria para hacer frente a la crisis y m?s concretamente para acabar con el paro que ?sta ha provocado. Es falso porque el desempleo que hoy d?a se registra en nuestra econom?a no es el resultado de la legislaci?n laboral, de los costes de despido imperantes (cuando se han perdido casi dos millones de puestos de trabajo sin mayores dificultades por parte de las empresas) o de las rigideces de la negociaci?n colectiva. Es bastante evidente que se han perdido tantos puestos de trabajo como consecuencia de la crisis financiera que ha provocado la irresponsable actuaci?n de la banca y que ha dejado sin financiaci?n a miles de empresas, del estallido de la burbuja inmobiliaria, de la desconfianza empresarial que todo ello ha originado y, quiz? como fen?meno a?adido, de un incremento an?malo (aunque no por ello indeseable) de la poblaci?n activa arrastrado por el propio crecimiento del empleo de a?os anteriores.

Por tanto, para hacer frente a la crisis lo necesario no es la reforma laboral, como se viene diciendo, sino dar soluciones a estos problemas que la originaron en ?ltima instancia y de los que apenas se habla, y mucho menos cuando de la banca y del aseguramiento de la financiaci?n se trata.

Otra falsedad es la que deriva de afirmar que se podr? garantizar ahora o m?s tarde mayor volumen de empleo o de mejor calidad simplemente actuando sobre el mercado de trabajo. Se trata de una tesis liberal que la evidencia emp?rica ha demostrado en innumerables ocasiones que es falsa, o cuanto menos insuficiente, porque la creaci?n de empleo no depende simplemente de las condiciones de la oferta y la demanda en el mercado de trabajo sino de lo que pase en el mercado de bienes.

Lo que puede ofrecer una reforma como esta es lo mismo que produjeron las anteriores, en Espa?a y en todos los pa?ses en las que se han llevado a cabo: mano de obra m?s barata y m?s d?cil, puestos de trabajo m?s precarios y mejores facilidades para obtener beneficios a costa de producir menos y peor, pero nunca un incremento en el nivel de empleo por s? misma. Lo que crea empleo general es la demanda global del conjunto de la econom?a y no la demanda de trabajo de cada empresa: por muy barato que sea el despido, o por muy buenas condiciones de negociaci?n que tenga un empresario, o por muy atractivo que sea el modelo de contrataci?n, los empresarios no contratar?n empleo si no tienen expectativas de obtener beneficios y eso depender? principalmente de su volumen de ventas, de las condiciones imperantes en el mercado y de su estructura general de costes que generalmente tiene m?s que ver con factores relativos al entorno general de la empresa que con el montante particular de sus costes laborales.

Es una falsedad tambi?n decir que se puede combatir la dualidad en el mercado de trabajo (un problema que efectivamente habr?a que resolver en nuestro mercado laboral) incorporando nuevas formas de contrato y concretamente un tipo ?nico.

Es una falsedad porque se soslayan las razones que han dado lugar a esa dualidad y que fundamentalmente tienen que ver con el modelo productivo y de creaci?n de actividad que han impuesto las grandes empresas con gran poder de mercado a las dem?s, y no con los modelos de contrato: la externalizaci?n abusiva, la subcontrataci?n generalizada, el deterioro del empleos generado por las administraciones p?blicas como consecuencia de la escasez de gasto p?blico para financiar la creaci?n del capital social, la conversi?n en aut?noma de buena parte de la poblaci?n trabajadora asalariada?

Tambi?n es falso y no cuenta con evidencia emp?rica que pueda justificarlo afirmar que se va a crear m?s empleo o de mejor calidad abaratando el despido o flexibilizando la contrataci?n. Es justamente lo contrario lo que ha ocurrido despu?s de las reformas anteriores (algo que los liberales reconocen pero que justifican diciendo que no fueron tan lejos como debieran). Lo que ha venido despu?s de todas ellas ha sido el aumento de la temporalidad y de la rotaci?n de los contratos (hasta 13 millones en el pasado a?o) y nunca aumentos en la calidad del empleo o incluso de su volumen con independencia de las condiciones generales de la econom?a.

Y tampoco es exactamente cierto decir que el mercado laboral espa?ol es r?gido, o m?s que otros pa?ses de la Uni?n Europea, cuando hemos podido comprobar que las empresas han podido realizar ajustes de todo tipo y recurrir a pr?cticamente cualquier tipo de contrato en estos a?os y a despedir sin problema a la mano de obra que no pod?an asumir cuando la crisis bancaria ha destrozado la actividad econ?mica. Como tampoco lo es que los salarios espa?oles sean excesivamente altos y limiten nuestra competitividad.

El problema del empleo en Espa?a no est? en el mercado de trabajo. Est? en el modelo de crecimiento, en el predominio de un tipo de actividad de bajo valor a?adido y dependiente, en el tama?o tan reducido de las empresas como consecuencia del tipo de redes interempresas que han impuesto las grandes, en la escasez de capital social que pueda dinamizar la innovaci?n y que permita competir por una v?a diferente a la de abaratar la mano de obra, en la gran oligopolizaci?n de los mercados, en el excesivo poder pol?tico de la banca que le permite imponer condiciones favorables a sus beneficios pero letales para la creaci?n de riqueza productiva, entre otros factores. Y el problema radica, sobre todo, en que los grandes capitales obtienen tantos beneficios en las ?pocas de crecimiento intensivo a base de este modelo que les compensa soportar las fases recesivas sin modificarlo porque no es sobre ellos sobre quien recaen sus costes e inconvenientes. Sobre todo cuando ocurre como ahora, que esas grandes empresas o los bancos que han acumulado cientos de miles de millones de beneficios en los ?ltimos a?os gracias a este modo de actuar no tienen dificultades para imponer nuevas medidas que permitan reforzarlo para volver a las andadas.

En resumen, la reforma laboral que la gran patronal y la banca est?n reclamando al gobierno no responde a las causas que han provocado la crisis y el desempleo, no va a lograr crear m?s puestos de trabajo, no acabar? con la dualidad entre empleos indefinidos y temporales, no elevar? la productividad ni mejorar? la competitividad de nuestras empresas, salvo las de aquellas que solo la buscan abaratando la mano de obra.

Su funci?n no responden a las mentiras que nos cuentan. Como escrib?a Joaqu?n Estefan?a recientemente es "la de se?al o emblema de que en Espa?a se practica una pol?tica econ?mica ortodoxa de gran austeridad" (El Pa?s, 6-6-2010). Y desde hace mucho tiempo sabemos que lo ?nico que busca esa pol?tica no es otra cosa que crear mejores condiciones para que los poderosos ganen m?s dinero todav?a.

Juan Torres L?pez es catedr?tico de Econom?a Aplicada en la Universidad de Sevilla y miembro del Consejo cient?fico de ATTAC-Espa?a. Su web personal: www.juantorreslopez.com


Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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Tags: reforma laboral, flexibilización, despido, patronal, Sistema Digital

Publicado por blasapisguncuevas @ 17:37  | ESPA?A
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