Mi?rcoles, 18 de agosto de 2010

Portada :: Opini?n
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del textoPartir el texto en columnasVer como pdf 17-08-2010

?


Adital


La Iglesia cat?lica del siglo XX, que legitim? tantas dictaduras y mantuvo en secreto la pederastia de algunos de sus miembros, ha sido implacable con aquellos te?logos de honestidad intachable que se atrevieron a disentir

Silencios ominosos y condenas inmisericordes. Esa ha sido la actitud del Vaticano y de buena parte de la jerarqu?a cat?lica durante los ?ltimos 70 a?os. Silencios ominosos ante masacres y cr?menes contra la humanidad y sus responsables. Condenas inmisericordes contra te?logos y te?logas, sacerdotes, obispos, fil?sofos, escritores -cristianos o no- por ejercer la libertad de expresi?n y atreverse a disentir; condenas todas ellas contra toda l?gica jur?dica, que establece que "el pensamiento no delinque". Silencios ominosos sobre personas sanguinarias, ideolog?as totalitarias y dictaduras militares con las manos manchadas de sangre. Condenas inmisericordes a hombres y mujeres de manos limpias, de honestidad intachable, de ejemplaridad de vida.

El m?s grave de esos silencios fue, sin duda, el de P?o XII ante los seis millones de jud?os, gitanos, discapacitados, homosexuales, transexuales, gaseados y llevados a las piras crematorias de los campos de concentraci?n del nazismo. Ya antes, siendo secretario de Estado del Vaticano firm?, en nombre de P?o XI, el Concordato Imperial con la Alemania nazi bajo el Gobierno de Hitler. Ah? comenz? su complicidad con el nazismo. Uno de los intelectuales m?s madrugadores en la denuncia de tama?o y tan ominoso silencio fue el dramaturgo alem?n Hochulth en su obra de teatro El Vicario, estrenada en 1963.

En 1953 P?o XII firm? un Concordato con Franco, legitimando la dictadura, mientras guardaba silencio sobre la represi?n franquista despu?s de la guerra civil, que cost? decenas de miles de muertos.

Un a?o m?s tarde hac?a lo mismo con el dictador Rafael Trujillo, presidente de la Rep?blica Dominicana, sin condenar sus abusos de poder y sus cr?menes de Estado.

En la d?cada de los cuarenta del siglo pasado, el cardenal Emmanuel C?lestin Suhard, arzobispo de Par?s, autoriz? a algunos sacerdotes y religiosos a trabajar en las f?bricas. El dominico Jacques Loew lo hizo como descargador de barcos en el puerto de Marsella. Monse?or Alfred Ancel, obispo auxiliar de Lyon, fue cura-obrero durante cinco a?os. La experiencia fue inmortalizada por Gilbert Cesbron en la novela Los santos van al infierno. Pero pronto se frustr?. Los sacerdotes obreros fueron acusados de comunistas y subversivos, cuando lo que hac?an era dar testimonio del Evangelio entre la clase trabajadora alejada de la Iglesia y descre?da, compartiendo su vida y sus penalidades, identific?ndose con sus luchas, ganando el pan con el sudor de su frente. En vez de hacer o?dos sordos a las acusaciones, P?o XII las dio por ciertas y pidi? a los sacerdotes que abandonaran el trabajo en las f?bricas y se reintegraran en el trabajo pastoral en las parroquias y a los religiosos que se incorporaran a sus comunidades, al tiempo que ordenaba a los obispos franceses que enviaran a los sacerdotes obreros a los conventos para ser "reeducados".

Otro largo, ominoso y c?mplice silencio ha sido el guardado ante los abusos sexuales de sacerdotes, religiosos y obispos con ni?os, adolescentes y j?venes a lo largo de m?s de medio siglo en parroquias, noviciados, seminarios, casas de formaci?n, curias religiosas y casas de familias de numerosos pa?ses, abusando de la autoridad del cargo y de la confianza depositada por los padres en ellos.

Hasta el Vaticano llegaron las denuncias contra el fundador de La Legi?n de Cristo, el mexicano Marcial Maciel. Pero no fueron tenidas en cuenta o fueron archivadas. Lo que le daba a Maciel patente de corso para seguir cometiendo cr?menes sexuales contra personas vulnerables e indefensas abusando de su poder e influencia como fundador y del apoyo de los papas y de los obispos.

Condena inmisericorde fue la que cay?, como una losa, contra la Nouvelle Th?ologie en la enc?clica Humani generis (1950), de P?o XII, seguida de sanciones contra los te?logos m?s representativos de dicha tendencia: Henry de Lubac, Karl Rahner, Yves M. Congar, Dominique Chenu... ?Delito? Hacer teolog?a en di?logo con la modernidad, buscar la unidad de las Iglesias a trav?s del ecumenismo, enterrar definitivamente las guerras de religi?n. ?Sanciones? Censura de publicaciones teol?gicas, destierros (Congar, luego cardenal, sufri? tres destierros), prohibici?n de escribir y de predicar, expulsi?n de las c?tedras, colocaci?n de algunas de sus obras en el ?ndice de Libros Prohibidos y retirada de las bibliotecas de los seminarios y facultades de teolog?a, expulsi?n de las congregaciones religiosas, y, a veces, c?rcel.

Unos meses antes de que Juan XXIII inaugurara el concilio Vaticano II, el cardenal Alfredo Ottaviani, que ejerc?a de Gran Inquisidor al frente de la Congregaci?n del Santo Oficio, dirigi? a los obispos de todo el mundo la carta Crimen sollicitudinis, en la que instru?a sobre las medidas a tomar en determinados casos de abusos sexuales por parte de los cl?rigos: exig?a que fueran tratados "del modo m?s reservado" los casos de solicitud en la confesi?n e impon?a "la obligaci?n del silencio perpetuo". M?s a?n, a todas las personas involucradas en dichos casos (incluidas las v?ctimas) se las amenazaba con la pena de excomuni?n en caso de no observar el secreto. El silencio se mantuvo durante los pontificados de Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II y Benedicto XVI hasta hace unos meses.

Con el concilio Vaticano II pareciera que se iban a contener las sanciones y se iba a levantar el velo de silencio contra los cr?menes de lesa humanidad. Pero no fue as?. Con motivo de la publicaci?n de la enc?clica Humanae vitae (1968), de Pablo VI, que condenaba el uso de los m?todos anticonceptivos, se produjeron nuevos procesos, censuras, prohibiciones y condenas contra los te?logos que disintieron. Dos ejemplos emblem?ticos: Edward Schillebeeckx y Bernhard H?ring, asesores del Vaticano II e inspiradores de algunos de sus textos renovadores, fueron sometidos a severos juicios por la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe.

Mientras se endurec?an las condiciones de los procesos eclesi?sticos en manos del Santo Oficio (aceptaci?n de denuncias an?nimas, indefensi?n del reo ante los tribunales eclesi?sticos, las mismas personas que instru?an el proceso eran las que juzgaban y condenaban, imposibilidad de apelaci?n...), el mismo organismo vaticano impon?a silencio sobre los cr?menes de pederastia, proteg?a a los culpables, los absolv?a sin ning?n prop?sito de la enmienda y, como mucho, les daba un nuevo destino pastoral, a veces sin siquiera avisar de las verdaderas razones del traslado a los obispos y sacerdotes vecinos.

En la carta De delictis gravioribus, de 2001, el cardenal Ratzinger ratificaba el silencio impuesto por el cardenal Ottaviani 40 a?os atr?s. Mientras tanto, en numerosos documentos condenaba la homosexualidad, considerando "objetivamente desordenada" la mera inclinaci?n homosexual y "moralmente inaceptables" las relaciones homosexuales, y exigiendo la expulsi?n de los candidatos al sacerdocio homosexuales de los seminarios. Hace unos d?as fue expulsado de la Academia Pontificia de Santo Tom?s de Aquino de Roma el te?logo alem?n David Berger por hacer p?blica su homosexualidad. Mientras la mantuvo en secreto, no hubo problemas. ?El cinismo vaticano no tiene l?mites!

Recientemente la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe ha hecho algunas modificaciones al documento de 2001 que, bajo la apariencia de endurecer las penas, empeoran las cosas al calificar como delitos graves y punibles la ordenaci?n sagrada de las mujeres, la apostas?a, la herej?a y el cisma al mismo nivel que la pederastia.

Para el Vaticano, afirma la te?loga feminista Rosemary Redford Ruether, "intentar ordenar a una mujer es peor que el abuso sexual de un ni?o. El abuso sexual de un ni?o por un sacerdote es un desliz moral deplorable de un individuo d?bil... El intento de ordenar a una mujer es una ofensa sexual, una contradicci?n de la naturaleza del Orden Sacerdotal, un sacrilegio, un esc?ndalo". Otra condena inmisericorde m?s contra las mujeres, mayor?a silenciada en la Iglesia cat?lica. ?Hasta cu?ndo?

Juan Jos? Tamayo es director de la C?tedra de Teolog?a y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Teolog?a de la liberaci?n en el nuevo escenario pol?tico y religioso (Tirant Lo Blanc, Valencia).

Fuente: http://www.adital.org.br/site/noticia.asp?lang=ES&cod=50217



Env?a esta noticia
Compartir esta noticia: delicious?digg?meneametwitter


Tags: condenas, Iglesia, Benedicto, Pablo, dictaduras, nazismo, pederastia

El primer vídeo pertenece al segundos, como todos los subidos por mi

Pirámide capitalista
Pirámide capitalista. actualizada


Comentarios