Lunes, 13 de septiembre de 2010


Venezuela es un pa?s capitalista, inserto fuertemente en el mundo capitalista, fundamentalmente por medio del petr?leo.

Venezuela est? intentando construir en este contexto una sociedad socialista, seg?n un modelo todav?a no bien definido que se ha denominado socialismo del siglo XXI, m?s para diferenciarlo de otras experiencias que para describirlo con precisi?n. Como quedan muchos a?os para completar el siglo y saber qu? se ha hecho entonces, me limitar? a algunas cuestiones urgentes del socialismo de ?digamos- 2015.

El Estado

El cambio de un modelo social es inseparable del cambio del modelo de Estado, de las funciones que asume y de las que controla, y de c?mo hace todo esto. Un Estado socialista no es el que lleva a cabo una buena gesti?n de lo p?blico, ni el que realiza un desempe?o p?blico mucho mejor que el de los capitalistas, ni siquiera el que hace todo ello en beneficio de los m?s desfavorecidos; al menos no se trata s?lo de eso. Si la historia y el conocimiento de su funcionamiento nos han llevado al convencimiento de que hablar de capitalismo con rostro humano es un dislate, hay que asumir que la construcci?n de un Estado socialista no es lo mismo que el uso ?eficaz? de un Estado capitalista. Por eso hablamos con propiedad de Revoluci?n.

Durante el proceso de transici?n, sin embargo, el pa?s a?n capitalista tiene que funcionar y las necesidades de sus ciudadanos deben ser atendidas, junto con nuevas necesidades propias de la revoluci?n en marcha que forman parte de su esencia, porque no ser?a posible hoy contar con los ciudadanos para construir el socialismo en un pa?s en regresi?n social o bancarrota. Pero no voy a tratar aqu? de las importantes decisiones de pol?tica econ?mica y de otros tipos que tiene que tomar en esta fase el gobierno del pa?s todav?a capitalista, sino de aspectos que estimo esenciales del cambio revolucionario del Estado y de la sociedad.

El cambio del Estado pasa por otro entendimiento del mismo, de su estructura y sus funciones. En el capitalismo, el Estado funciona normalmente a las ?rdenes de un gobierno que, seg?n reflej? Marx con claridad, es el Consejo de Administraci?n de los intereses generales de la gran burgues?a. Pero, incluso cuando un gobierno toma decisiones contrarias a esos intereses, la inercia de las superestructuras hace que el propio Estado sea el primero que dificulta los cambios. Por ejemplo: una parte muy importante del trabajo de muchos funcionarios consiste en repartir el dinero de los presupuestos en contratos a empresas privadas, que son las que hacen en definitiva el trabajo; la legislaci?n y la pr?ctica hacen que -cada vez m?s, en esta fase del capitalismo terminal- este dinero vaya preferentemente a las grandes corporaciones ?multinacionales en muchos casos- que se encargan de las subcontrataciones. Este funcionamiento favorable a los intereses de las grandes compa??as hay que cambiarlo, pero las estructuras de poder creadas hacen muy dif?cil que un funcionario asuma ?aunque as? se defina por el gobierno- determinadas responsabilidades, que puedan chocar con los intereses dominantes en el a?n dominante capitalismo1, incluyendo la existencia de prolijas normas que debe respetar, porque nadie las cambia, y los intereses de sus jefes. Por otra parte, la destecnificaci?n de la administraci?n del Estado, producto de la concepci?n liberal dominante, hace inviable la asunci?n de determinadas tareas necesarias. No bastan las proclamas de los l?deres, la vida sigue igual por debajo.

La corrupci?n, que est? reglamentada en el capitalismo, es incompatible con el socialismo2.

Esto nos lleva a un punto clave en el proceso de construcci?n del nuevo Estado: la corrupci?n imperante en Venezuela es inadmisible y posiblemente constituye, junto con la delincuencia y la amenaza militar yanqui, el paradigma, causa y efecto de una de las mayores dificultades con que se encuentra el proceso revolucionario. Hablar de corrupci?n en Venezuela no es una acusaci?n, es una constataci?n; todo el mundo lo reconoce, la divisi?n est? en las causas: unos consideran que el culpable es Ch?vez y otros que Ch?vez lucha contra ella o, incluso en un extremo de sectarismo, que la desconoce.

Est? claro que no la desconoce. Las destituciones de altos cargos y las explicaciones en torno a ellas lo demuestran. Tampoco hay nada en el contexto que apoye seriamente que ?l es la causa; los dictadores ladrones a los que los medios de difusi?n imperialistas quieren asimilarlo no convocan y ganan elecciones, no se dirigen a su pueblo en esa forma y de ninguna manera hacen la pol?tica internacional de Ch?vez. Entonces, ?por qu? no acaba con la corrupci?n de una vez? La respuesta es clara: porque no puede, porque no dispone de las herramientas que se lo permitan, porque no controla absolutamente el Estado ni la sociedad -ni es posible ni conveniente que lo haga-, porque la vida no se cambia por decreto.

La estructura social

Y llegamos al problema de fondo. ?Cu?les son las fuerzas sociales que apoyan el proceso revolucionario? La respuesta obvia ser?a: la mayor?a de la poblaci?n, como se ha demostrado en muchas elecciones. Sin embargo, habr?a que considerar los diferentes niveles de apoyo a los diversos objetivos t?cticos y estrat?gicos del proceso: estar contra las anteriores formas corruptas de gobierno y a favor de determinadas reformas en beneficio de las capas m?s desfavorecidas no implica tener necesariamente una conciencia revolucionaria. Ni apoyar un proceso significa ser su soporte. Lo que nos lleva a preguntarnos por la estructuraci?n pol?tica de esta mayor?a de la poblaci?n, por la formaci?n de su opini?n y por su participaci?n en el proceso. Si con raz?n criticamos en el mundo capitalista la ficci?n que consiste en llamar democracia al hecho del voto cada cuatro a?os en sociedades inertes dominadas por la propaganda del poder econ?mico, no podemos conformarnos con constatar las victorias electorales de Ch?vez sin considerar los contenidos de las transformaciones en la conciencia popular y los avances en su participaci?n, en definitiva en la democracia real, base imprescindible de un proyecto socialista.

Estoy convencido de que el Presidente Ch?vez es consciente de esta situaci?n de carencia de referentes pol?ticos y sindicales v?lidos para la estructuraci?n y participaci?n social, y con ese contenido entiendo la creaci?n del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), como el organismo pol?tico de la Revoluci?n3. La revoluci?n no es un selecto experimento de laboratorio, se lleva a cabo con amplias masas que tienen que comprender d?nde est?n sus intereses, y que se enfrentan a personas y estructuras que tienen muy claros los suyos y mucho poder para defenderlos, y tienen que vencer inercias culturales y religiosas muy importantes, incluso dentro del propio Estado. Todo ello viviendo el d?a a d?a y explorando nuevos caminos, tambi?n d?a a d?a. Por ello, en ausencia de otra estructura, la creaci?n del PSUV se trata de una medida imprescindible, a pesar de haberse tomado con mucho retraso, pero no exenta de riesgos, el m?s importante de los cuales ser?a crear un partido gubernamental que, en vez de cumplir su finalidad, reprodujese hacia el pueblo los problemas del Estado, incluidas las luchas de poder4.

?Va a ser el PSUV un partido popular y revolucionario independiente del Estado? Voy a narrar una an?cdota que me pareci? enormemente significativa y que puede contener las claves de la respuesta. En una de las sesiones del I Congreso Extraordinario celebrado hace unos meses, el Presidente Ch?vez se dirigi? de repente en medio de su alocuci?n a uno de los delegados en su acostumbrado tono directo: ?Fulano, ?t? no eres alcalde de X?, ?no tienes tareas que cumplir y problemas que solucionar en tu ciudad?, ?qu? haces aqu?, entonces?? Luego repiti? las mismas preguntas a otro alto cargo de un Estado.

Quiero interpretar la anterior an?cdota como la clara conciencia del Presidente Ch?vez de que el PSUV no puede estar dirigido ni comandado en cada Estado o Ayuntamiento por los poderes locales ni ser una herramienta a su servicio. Eso no s?lo significar?a la inanidad del partido, sino, en tanto que ?ste es un elemento imprescindible, la muerte del proceso revolucionario.

Si es as?, si el PSUV, junto con el PCV (y posiblemente otras organizaciones, sindicatos transformados incluidos), es capaz de articular el poder popular, es decir, de apoyar al Presidente, pero tambi?n de lanzar propuestas, de realizar cr?ticas, de denunciar abusos, de vigilar el funcionamiento de las instituciones, y todo ello como voz de un pueblo cada vez m?s estructurado social, territorial y laboralmente, y protagonista consciente, ser? posible empezar a hablar de cambio del Estado y la sociedad, y de avances s?lidos al socialismo.

Basta mirar los partidos pol?ticos europeos (los usamericanos no son realmente partidos, sino c?rteles, pero ya nos vamos acercando) para encontrar los males de los que hay que huir: la cesi?n del Labour Party de las competencias pol?ticas (?qu? otras se reserva?) a ?su? gobierno ?socialista?, o el Bad Godesberg del SPD, que han llevado al poder a tipos tan despreciables como Blair y Schr?der, y a pol?ticas imperialistas y modelos de capitalismo feroz como el ?teorizado? por Giddens como tercera v?a. Pongo estos dos ejemplos porque se trata de dos partidos aut?nticamente obreros en sus or?genes y ejemplifican v?vidamente la degeneraci?n de sus organizaciones, la renuncia a sus objetivos y el abandono de las reivindicaciones de sus bases, pero podr?an extenderse a muchos m?s, incluyendo caricaturas, aunque peligrosas, como el PPOE espa?ol ?en sus dos vertientes, la gubernamental y la de oposici?n- dedicadas a recaudar fondos, re?rle las gracias a sus jefes y sacarle la lengua a los de la otra fracci?n.

En resumen, considero que, sin restar importancia a otros muchos factores, la clave de la transformaci?n revolucionaria del Estado y la sociedad venezolanas, est? en la capacidad del PSUV -con otras fuerzas afines- de cumplir su cometido hist?rico en el sentido antes mencionado.

Hay elecciones pr?ximas. Las va a ganar ?el chavismo?, pero la explotaci?n de esa victoria conformar? el futuro de Venezuela y, en gran parte, el de Latinoam?rica y el mundo.

* * *

Dos apostillas internacionales

Dicho lo esencial que quer?a plantear, lanzo esquem?ticamente dos comentarios.

1- Apoyo internacional. Aunque tendr?n que valorarlo los propios venezolanos, creo que el apoyo internacional que reciben en la red, a pesar de su alcance limitado, est? desempe?ando un papel importante en la defensa de la Revoluci?n, las libertades y la democracia en el mundo, fundamentalmente en los campos del periodismo y del an?lisis pol?tico, econ?mico y social. Sin embargo, sugiero que esta idea podr?a extenderse a aspectos que ahora no contempla. Las insuficiencias t?cnicas del estado venezolano y sus empresas hacen que sean muy dependientes de sus proveedores, tanto en la operaci?n y el mantenimiento de las instalaciones actuales como en la planificaci?n y desarrollo de las nuevas. La renovaci?n formativa y los cambios estructurales que le pondr?n fin tardar?n varios a?os. Hay miles de t?cnicos en todo el mundo que querr?an apoyar la revoluci?n bolivariana desde sus puestos actuales de trabajo y no tienen un cauce para hacerlo por no conocer qu? asuntos lo requieren ni poder transmitir sus opiniones. Informaci?n, asesoramiento y contactos son necesarios para muchas actividades industriales o agr?colas, para especificar instalaciones, fijar condiciones en pliegos o controlar su ejecuci?n. Ser?a tarea a considerar por parte del gobierno venezolano organizar las Brigadas Internacionales de apoyo t?cnico.

2. Amenaza internacional. Cualquier an?lisis pol?tico, aunque sea parcial, requiere alguna referencia al marco internacional. Venezuela, como sabemos, no est? aislada, sino que, gracias a una inteligente pol?tica exterior ?favorecida por el petr?leo, pero m?s petr?leo tienen los saud?es y no la hacen- est? aumentando su integraci?n e influencia internacionales y contribuyendo grandemente a la lucha antiimperialista, sobre todo de Latinoam?rica, con todas sus contradicciones, pero tambi?n del resto del mundo.

Dejo aqu? este punto de vista, pero no es mi objeto ahora tratar la pol?tica internacional venezolana, como no he tratado la nacional, sino en lo que hace referencia al n?cleo de este art?culo, es decir, el proceso revolucionario. Y en ese sentido, la principal amenaza ?las otras est?n en la l?gica cotidiana del imperialismo- es la de una intervenci?n militar norteamericana (V Flota y bases en Colombia, a?n con ciertas inc?gnitas)

La relaci?n de Latinoam?rica con Norteam?rica no puede m?s que empeorar con el cambio de Bush por Obama. El primero es un cuatrero que, seg?n las leyes que ?l aplic?, deber?a haber sido colgado de un ?rbol por el primero que lo hubiera encontrado, y estaba al servicio de una cuadrilla de salteadores dispuestos a repartirse cualquier bot?n a su alcance; de ah? que descuidara algo su patio trasero, que incordiaba m?s que val?a. Obama est? en la l?nea de restaurar una pol?tica imperialista m?s coherente y global y no va a desatender ning?n frente; no olvidemos sus apoyos y qui?n es su secretaria de Estado.

Sin embargo, su herencia internacional es muy pesada y las relaciones con sus sat?lites son m?s complicadas que antes: no se ven en el horizonte nuevos payasos de las Azores y, aunque nada puede descartarse, no parece razonable esperar una intervenci?n militar en fr?o desde Colombia. Pero las cosas pueden calentarse, y los estados fronterizos venezolanos Zulia y T?chira est?n en manos de la oposici?n a Ch?vez por lo que, dependiendo de la evoluci?n de los acontecimientos en Colombia, es esperable una actividad de desestabilizaci?n de la frontera de la que se ha registrado alguna muestra, junto con un aumento de la desinformaci?n medi?tica.

La respuesta c?vica y la internacional son muy importantes en esta posible fase inicial del conflicto para evitar que llegue a calentarse y las cadenas norteamericanas lo conviertan en un casus belli. La primera recaer? de nuevo en gran parte en manos de la organizaci?n popular venezolana; la segunda, en los gobiernos de los pa?ses del entorno y en la atenta red mundial de informaci?n y contradesinformaci?n que apoya el proceso revolucionario.

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Notas:

1 Existe una experiencia muy interesante en ese sentido. PDVSA, la mayor empresa estatal, asume el tratamiento de las reivindicaciones laborales de los trabajadores de las empresas contratadas, satisfaci?ndolas en su caso a su costa en corto tiempo, y encarg?ndose de repercutirlas posteriormente a la empresa responsable.

2 Ya se encargan los medios de desinformaci?n de resaltar lo deleznable que resulta que un dirigente sovi?tico tuviera una ?dacha? en las afueras de Mosc?, mientras que el palacio de un empresario, posiblemente un delincuente, revela las bondades del capitalismo.

3 S? que el PSUV se cre? hace tiempo, pero apenas ha empezado a cumplir su papel y s?lo hace unos meses que se empez? a plantear muchas de sus tareas en su I Congreso Extraordinario, por lo que estas consideraciones no est?n sobrepasadas por la realidad.

4 Opino, en este contexto, que el Partido Comunista de Venezuela ha actuado correctamente al no integrarse en el PSUV, pero que ser?a un grave error querer afirmarse por oposici?n a ?ste. Por su experiencia pol?tica, puede ser un elemento important?simo en la articulaci?n del poder popular si asume los objetivos revolucionarios y tiene en cuenta los riesgos a los que se enfrenta.

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Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


Tags: Venezuela, socialismo, amenaza, PSUV, PCV, sindicatos, democracia

Publicado por blasapisguncuevas @ 23:49  | Socialismos
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