Jueves, 16 de septiembre de 2010

?



La violencia no es un cuerpo extra?o en las relaciones interhumanas. Por el contrario, es parte medular, fundante, definitoria de todas nuestras vinculaciones. Las relaciones entre seres humanos, entre grupos, entre naciones, est?n siempre marcadas por ella. Las relaciones pol?ticas, en tanto una de las tantas expresiones del lazo social que nos une, est?n as? determinadas enteramente por esa violencia.

Hay que apurarse a despejar el equ?voco de identificar violencia con hecho natural, con "esencia" de lo humano. Ser?a aventurado, presuntuoso quiz? ?o simplemente err?neo? afirmar con suficiencia que la historia de nuestra especie nos lleva a extraer la conclusi?n que somos violentos ?y por tanto ego?stas, competitivos, depredadores hambrientos de nosotros mismos? como si respondi?semos a un supuesto instinto, a una naturaleza irrevocable. Que hoy d?a el ser humano "confeccionado" en el molde de la propiedad privada y la lucha por el poder se haya entronizado y reine victorioso, no es suficiente para sacar la anterior conclusi?n. Si somos violentos al modo que sabemos que lo somos ?el hambre del que muere tanta gente, que es no es un hecho biol?gico sino pol?tico, o las guerras, o cualquiera de las interminables formas que adopta la violencia sesgando vidas con velocidad siempre creciente? de ning?n modo podemos decir que eso responda a una presunta conformaci?n natural. Somos as? porque un molde social determinado nos construye de esa manera. Nos alienta la esperanza de pensar que otro molde es posible, molde que podr?a haber sido el que existi? en los millones de a?os que precedieron a las sociedades de clases basadas en la propiedad privada, e igualmente que podr?a ser el molde del futuro, dando como resultado otro tipo de sujeto, obviamente no vertebrado en la din?mica del poder como centro de todas las relaciones.

Si a partir de ese molde social ?construido hist?ricamente? podemos decir hoy que la lucha en torno al poder nos define, que es lo mismo que decir que la violencia nos define, entonces la pol?tica, en tanto ?mbito "especializado" para el manejo de esas relaciones interhumanas, no puede dejar de ser violenta.

"?A las armas ciudadanos! / ?Formad vuestros batallones! ?Marchemos, marchemos! / ?Que una sangre impura /empape nuestros surcos!"

Este himno de guerra ?que no otra cosa es? inaugura el mundo moderno en t?rminos pol?ticos, inaugura la era de los Derechos del Hombre?("Hombre" como sin?nimo de humanidad, valga agregar? ?qu? machismo!, es decir: otra forma de violencia), era de la fraternidad, de la ?igualdad? Pero curiosamente? lo hace pidiendo sangre. Sin dudas podemos estar todos de acuerdo que nadie osar?a calificar a la Marsellesa, cuyo coro es el citado m?s arriba, como una invitaci?n al primitivismo sino, por el contrario, el broche de oro de una refinada elaboraci?n intelectual. Pero por m?s "civilizada" que se pretenda, la violencia est? marcando su totalidad. La sed de sangre no puede dejar de ser eso: sed de sangre, el deseo de terminar con el otro. Aunque la sangre en cuesti?n se considere "impura" (lo cual, por cierto, deber?a alertarnos sobre el sentido del pedido en juego: ?cu?ndo una sangre comienza a ser "impura"?, ?c?mo y cu?ndo se "purifica"?, ?matando a quien la porta?), pedir que corra es en s? mismo un hecho tremendamente violento. O sea que el mundo moderno, pretendidamente "civilizado", que se levanta sobre las injusticias de reg?menes "primitivos", no deja de estar basado en la violencia m?s elemental: "matemos a ese portador de sangre impura".

Las relaciones interhumanas son siempre, en mayor o menor medida, relaciones de poder; y el ejercicio del poder siempre est? indisolublemente ligado al recurso a la violencia. "El individuo s?lo puede convertirse en lo que es a trav?s de otro individuo; su misma existencia consiste en su 'ser-para-otro'. No obstante, esta relaci?n no es en absoluto una relaci?n arm?nica de cooperaci?n entre individuos igualmente libres que promueven el inter?s com?n en persecuci?n de la propia conveniencia. Es m?s bien una 'lucha a vida o muerte' entre individuos esencialmente desiguales, en la que uno es el 'amo' y el otro es el 'esclavo'", sintetiza Marcuse leyendo a Hegel. Idea de lucha, de conflicto que dar? como resultado la aparici?n del marxismo, quien hace de la lucha de clases el n?cleo de esa dial?ctica.

Esta dial?ctica se inscribe en los t?rminos de una lucha incesante, que se materializa en la aplicaci?n concreta de una metodolog?a violenta. Ninguna relaci?n de dominaci?n se establece sin la utilizaci?n de una fuerza, disuasiva a veces, operativa otras, pero que tiene que estar presente para afianzar que el poder es tal.

Poder va de la mano de violencia. Hoy, igual que nuestros ancestros, gana aquel que tiene "el garrote m?s grande". La famosa frase "la guerra es la continuaci?n de la pol?tica con otros medios", del prusiano von Clausewitz, puede ser le?da a la inversa: la pol?tica es la afirmaci?n de un poder?o basado, entre otras cosas, en una fuerza que puede llegar a ser usada, y que legitima la "dial?ctica del amo y del esclavo". La pol?tica ?incluso desarrollada por una casta de tecn?cratas profesionales ad hoc cada vez m?s especializada como sucede hoy d?a?, la pol?tica en sentido moderno ("arte de evitar que la gente tome parte en los asuntos que le conciernen", seg?n Paul Val?ry) es, en otros t?rminos, el arte de ejercer una dominaci?n antes de utilizar la violencia f?sica, aunque recordando siempre que la misma es posible.

La dominaci?n tiende a perpetuarse, y ello se consigue, entre otras cosas, por medio de la coacci?n f?sica. Por otro lado, el dominado tiende a quitarse de encima la opresi?n, y el instrumento de que dispone para ello es igualmente la acci?n violenta. Por tanto se instaura un ciclo en el que continuidad y renovaci?n van de la mano de la violencia. "La historia de la Humanidad" ?dir? Marx? "es la historia de la lucha de clases", para completar la idea con la formulaci?n: "la violencia es la partera de la historia".

Toda formaci?n pol?tica ?es decir: toda organizaci?n cultural? que nos hemos dado hasta ahora los seres humanos a trav?s de la historia de las sociedades que instauran la propiedad privada, la divisi?n de clases ?con no m?s de 10.000 a?os? es la manera como la dial?ctica del amo y del esclavo se ha corporizado, siempre con el resguardo de la fuerza, del garrote ?hoy d?a, del misil nuclear?. Hasta la actualidad ning?n r?gimen pol?tico conocido (el esclavismo de los faraones egipcios, el jefe con su consejo de ancianos en una tribu reducida, la confederaci?n inca o las democracias representativas surgidas de la Revoluci?n Francesa, por poner algunos ejemplos) ha podido prescindir de los cuerpos de seguridad que lo resguardan, tanto interna como externamente. Inclusive la experiencia del socialismo real surgida en el pasado siglo no deja de transitar la misma senda.

La organizaci?n de las relaciones de poder entre los seres humanos legitima las diferencias, legitimando al mismo tiempo el uso de la violencia para su perpetuaci?n. Para ning?n pueblo conquistador el hecho de invadir, de hacer esclavos o de saquear al derrotado fueron injusticias. Ni lo son tampoco para el rey tener un pueblo fam?lico que trabaja para mantener la opulencia de su corona, o para el empresario capitalista pagar salarios miserables gracias a lo cual deviene millonario, o para el jerarca del partido comunista ?tal como sucedi? en cuestionables experiencias del balbuceante socialismo en sus primeros pasos? mantener privilegios irritantes. Todo ello, en definitiva, es el resultado de las relaciones pol?ticas vigentes, de la forma en que se distribuye y ejerce el poder en el seno de la comunidad. En tal sentido, entonces, la pol?tica es la instancia por medio de la que queda organizada la violencia dentro de la sociedad. Y ella legitima, en ?ltima instancia, otras manifestaciones violentas, como el machismo, el racismo, el autoritarismo.

Cuanto m?s compleja la sociedad, m?s pol?tica; por tanto, m?s elaborada. Y lo mismo puede decirse hoy a escala planetaria. El grado de complejidad de las relaciones internacionales es abrumadoramente complicado, pero en definitiva se sigue repitiendo el mismo principio: quien detenta el garrote m?s fuerte impone las condiciones.

Los llamados a la "paz" y la "concordia" entre los seres humanos, m?s all? de buenas intenciones ?no sin cierta dosis de ingenuidad quiz?, ?o de hipocres?a?? no parecen haber prosperado. Ni pueden prosperar, por lo que la historia nos ense?a. Las relaciones de poder no se negocian, no se arreglan en encuentros "civilizados" de buena voluntad. Por el contario, mal que nos pese, se modifican en la lucha. Los M?todos Alternativos de Resoluci?n de Conflictos ?Marcs?, tan a la moda hoy luego de ca?do el muro de Berl?n, parecen haber reemplazado a Marx. Pero m?s all? del llamado a una cultura de la negociaci?n y el consenso, la violencia sigue siendo el motor de las relaciones pol?ticas. "Cuando Estados Unidos marca el rumbo, la ONU debe seguirlo. Cuando sea adecuado a nuestros intereses hacer algo, lo haremos. Cuando no sea adecuado a nuestros intereses, no lo haremos", pudo expresar sin empacho el candidato de Estados Unidos a Embajador ante la ONU, John Bolton, para expresar la idea con un ejemplo algo pat?tico. La diplomacia, parece, tiene l?mites. Y la fuerza bruta sigue siendo la opci?n.

?Estamos "condenados" a la violencia entonces? As? planteada, la cuesti?n es una apor?a que no ofrece salida. Si somos productos hist?ricos, queda la esperanza de poder generar otro tipo de sujeto, no constituido en torno al poder. El reto, que las primeras propuestas socialistas tomaron en serio aunque no terminaran su construcci?n, es darle forma a eso que hoy, todav?a, parece una utop?a inalcanzable: construir nuevas relaciones de poder, concebir una nueva idea de poder. Quiz?, un poder no machista, no masculino, tal como ha sido la historia hasta ahora. El reto est? abierto.

Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


Tags: violencia, guerra, sangre, propiedad, natural, machismo, marxismo

Comentarios
Discurso Impecable de Fidel Castro y ¿Por qué MoReNa? @Taibo2 Paco Ignacio Taibo II

Pirámide capitalista
Pirámide capitalista. actualizada