Viernes, 17 de septiembre de 2010

La Democracia y sus falsos amigos: Nuevas perspectivas para nuevos avances
Por: Prensa CIM
Fecha de publicaci?n: 15/09/10?
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Juan Carlos Monedero en La ONU
Credito: CIM
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15 de septiembre de 2010.- A prop?sito del D?a internacional de la Democracia, Juan Carlos Monedero di? el siguiente discurso sobre la Democracia y sus falsos amigos: Nuevas perspectivas para nuevos avances que ofrecemos a continuaci?n:
?Los cuatro puntos cardinales ?dijo el poeta chileno Huidobro- son tres: el Sur y el Norte?. Bien podr?a hacer dicho que en el fondo es tan s?lo uno, el Norte, pero tambi?n sabemos, con Hegel y con el sentido com?n, que sin esclavo no hay amo. El Sur es una met?fora de la ausencia, de lo que no cuenta. La teor?a cr?tica es aquella que entiende que lo que existe no agota las posibilidades de la existencia. Walter Benjamin habl? de cepillar la historia a contrapelo para contar la suerte de los perdedores, Paulo Freire nos trajo la pedagog?a del oprimido y Francisco de Goya en su cuadro sobre los fusilamientos del tres de mayo de 1808, pint? a la derecha el ej?rcito inclemente, geom?tricamente ordenado como el canon de la raz?n manda, bien armado y dispuesto, digno de la Francia ilustrada de Napole?n. Pero no olvid? a la izquierda plasmar a sus v?ctimas, alumbradas por un farol que negaba el brillo a las luces de la Ilustraci?n y se lo entregaba precisamente a los que la historia, tambi?n la historia de la democracia, suele dejar fuera de foco.

Para los cient?ficos sociales empezar citando a un poeta no ser?a bien considerado. Casi una cuesti?n de mal gusto. A la ciencia pol?tica no le gustan las met?foras. Sabemos que dif?cilmente Maquiavelo o Rousseau podr?a publicar en la American Political Sciencie Review. La ciencia social ha aprendido a rechazar todo aquello que no sabe medir, igual que aprendi? a asumir como un dato de la realidad aquello que no sabe cambiar. Muestra una enervante incapacidad para construir nuevos indicadores que den cuenta de las nuevas realidades, y mucho menos se atreve, en nombre de la ciencia, a intentar, en expresi?n de Boaventura de Sousa Santos, una sociolog?a de las ausencias o una ciencia pol?tica de las emergencias. Y lo que no mide, concluye, no existe. Y aquello que existe lo mide con indicadores que ahorman las realidades sociales, como una zapatilla de Cenicienta en manos de pr?ncipes caprichosos. Y disculpen otra vez una met?fora.

En nombre de la ciencia, se rellenan pizarras con f?rmulas matem?ticas para terminar diciendo que, en base a sus c?lculos, es radicalmente imposible que ocurra lo que est? ocurriendo, como se queja Andr?s R?bago. Lejos de abrir nuevos rumbos o teorizar ?ngulos ciegos, la ciencia pol?tica hace poco m?s que reforzar el statu quo.sob En un reciente informe del PNUD se escucha una queja acerca de lo que llama ?facilismo econ?mico? de gobiernos que gastan al parecer con alegr?a en el bienestar de sus pueblos. ?A alguien se le ocurrir?a hablar de ?facilismo econ?mico? o de ?expectativas irrealizables? para referir los cientos de millones de d?lares y euros gastados para rescatar a una banca irresponsable?

Estamos ante una crisis... de sentido


Llevamos muchos decenios con debates sobre la democracia pr?cticamente id?nticos. Los problemas han sido identificados, mensurados y clasificados en listas que amarillean, algunas causas son reiteradamente expuestas, los cat?logos de soluciones se clonan y un cierto optimismo atraviesa a la academia oficial. Sin embargo, las se?ales de mejor?a no pueden ser m?s inequ?vocamente se?ales de empeoramiento. Estamos ante una crisis que afecta a todos los ?mbitos de la vida: crisis econ?mica, ecol?gica, alimentaria, inmobiliaria, financiera, energ?tica, b?lica, y tambi?n, aunque cueste medirla, de sentido. El cumplimiento de los objetivos del Milenio se aleja y los sistemas financieros rescatados hace unos meses han terminado, agradecidos, arrodillando a los pa?ses que los sacaron del agujero. Disculpen la iron?a. Estos, a su vez, han golpeado las bases del Estado social y, de camino, la ayuda al desarrollo. Y ya es un lugar com?n decir que somos como los pasajeros que segu?an bailando mientras el Titanic se hund?a. Si el ser humano es racional ?c?mo es posible ?explicar esta inconsistencia? ?por qu? si supuestamente sabemos lo que nos pasa, no terminamos de salir de esto que nos pasa? Quiz?, y ?sta es una de mis hip?tesis, lo que nos pasa, podemos decir con Ortega, es que no sabemos qu? nos pasa.

Parece evidente que el moderno cient?fico social, al igual que le ocurre a su ?poca, tiene dificultades para pensar adecuadamente. Esto es, piensa mal. Y en esa senda, tambi?n piensa mal la democracia. Al mismo tiempo, hay personas y grupos interesados en que esto sea as?.

Los avances en Am?rica Latina... son elementos de los ejes del mal que dicta el Norte


Resulta sorprendente que lo que el propio PNUD recoge como avances en Am?rica Latina en la ?ltima d?cada ?surgimiento de nuevos movimientos pol?ticos, reconocimiento creciente de los derechos sociales, incluidas las minor?as y las mujeres, mayor eficacia de los poderes ejecutivos, mantenimiento del equilibrio macroecon?mico, la p?rdida de la influencia del Consenso de Washington y el aumento de la autonom?a- sean todos elementos puestos en marcha por gobiernos como el de Venezuela, Ecuador, Bolivia o Brasil que con frecuencia han ca?do en alguno de los muchos ejes del mal que dicta el Norte, sanciona la academia y publicita la CNN de turno.

Los cient?ficos sociales pensamos mal porque con las herramientas conceptuales melladas con las que obramos no podemos salir del callej?n sin salida en el que est? metida la ciencia social desde, al menos, la crisis del modelo keynesiano a finales de los a?os sesenta.

Un intencionado esfuerzo para debilitar las opciones alternativas

La segunda parte del problema, insistimos, es la existencia de actores interesados en que, a lo sumo, algo cambie para que lo sustancial quede invariable. Que hay gente interesada en negar el pensamiento alternativo es tan evidente como el esfuerzo que se hace para hacer hegem?nico un tipo de pensamiento y para presentar como anacr?nico, inferior, d?bil o ideol?gico y malintencionado el alternativo. Se trata de un intencionado esfuerzo para debilitar las opciones alternativas. De no ser as?, las democracias realmente existentes no insistir?an en esas valoraciones negativas de una supuesta ?izquierda carn?vora? ni tolerar?an con tanta facilidad esos saltos de gigante de la pol?tica a la empresa y de la empresa a la pol?tica que privatizan las magistraturas pol?ticas hasta generar la sospecha, resucitada del joven Marx, de si no se han convertido en representantes de los intereses de las grandes corporaciones.

Resulta llamativo el creciente inter?s por asuntos mercantilizados (bien sean deportivos, musicales, televisivos o festivos), junto al evidente desinter?s por los asuntos vinculados al quehacer pol?tico colectivo, pese a que el primero no ofrece sino identidades d?biles y cierta interacci?n del grupo, mientras que las segundas est?n ligadas al tipo de vida al que se va a tener acceso uno mismo y el resto de la ciudadan?a.

Estamos en un cambio de ?poca

Hay cierto consenso en que estamos en un cambio de ?poca que afecta al diagn?stico de la democracia y a su terapia. Un momento de activar los frenos de emergencia para no precipitarnos al vac?o. Un mundo se marcha, aunque no termina de despedirse, y otro se aproxima, aunque no termina de llegar. El desarrollo tecnol?gico est? obrando un cambio civilizatorio y ciertas inercias, a veces institucionales, no dejan que esas fuerzas desplieguen toda su capacidad emancipatoria. Como todo cambio pol?tico, por definici?n puede caer del lado de la regulaci?n o del lado de la emancipaci?n. Ese cambio civilizatorio puede mercantilizar a?n m?s todos los ?mbitos sociales o puede generar una corresponsabilizaci?n y una consciencia que permitan un nuevo salto en el proceso de democratlizaci?n. Le corresponde a organismos esenciales como Naciones Unidas acompa?ar a la prudencia de tiempos imprudentes, la audacia de tiempos de transformaci?n.

?Por qu? se mueve en zigzag tambaleante la reflexi?n sobre la democracia? Debemos entender que las tres grandes autopistas que nos han tra?do hasta la actualidad ?el Estado moderno, el sistema capitalista y el pensamiento moderno- est?n sometidas a grandes mutaciones que los cuestionan, al tiempo que no hay en el horizonte alternativas a la altura de su capacidad demostrada. Se sabe lo que no se quiere pero a?n no es momento de saber con claridad qu? y c?mo se quiere.

Sin embargo, podemos afirmar que ninguna respuesta ser?a tan irresponsable como pretender regresar a un pasado idealizado y que ya no existe. El Estado moderno est? desbordado por problemas para los que es muy peque?o o demasiado grande, y las respuestas que ofrece, basadas en la competitividad entre Estados y no en la complementariedad, ahonda en la crisis que lo pone en cuesti?n. El sistema capitalista vive ahora mismo una de sus recurrentes crisis, y si bien es dif?cil saber si se trata de una crisis ?del? capitalismo o una crisis ?en? el capitalismo, parece evidente que su abanico de respuestas cada vez es m?s reducido y sus soluciones m?s dram?ticas. Por ?ltimo, el pensamiento de la Modernidad est? confrontado por el lastre de su linealidad (que deja fuera de vista lo que ignora su visi?n simplista del progreso), por su eurocentrismo y occidentalismo (que le hace olvidar, por ejemplo, que hubo antes democracias en Am?rica Latina que en Europa), por su productivismo (que hace de la tierra un recurso supuestamente inacabable y que ya ha logrado hacer de la mitad del planeta tierra un yermo irrecuperable) y por su machismo (que no permiti? que la mirada femenina complementara en igualdad de condiciones a la mirada masculina, empe?ada en tutelarla y condenarla a la ?infantilidad? del que ?no fona?, del que no tiene voz).

S?lo entendiendo los cuellos de botella a los que nos conducen estas tres cansadas autopistas, podemos replantearnos algunos supuestos que superen igualmente los callejones sin salida de una democracia basada en el Estado nacional, en el pensamiento moderno y en el capitalismo, especialmente en la fase de globalizaci?n actual en que los procesos de valorizaci?n del capital han puesto a su servicio, sin posibilidad de marcha atr?s, el resto de los ?rdenes sociales.

Dar un salto a la altura del cambio civilizatorio
Esto no significa que el Estado, el capitalismo o la modernidad est?n muertos. Ya sabemos en qu? quedaron esos certificados prematuros de defunci?n en el pasado. Y tampoco significa que haya que derribarlos sin saber por qu? van a ser sustituidos. Significa que, y este es un plano normativo que est? en la pol?tica al menos desde Arist?teles, hay que utilizar sus potencialidades para dar un salto a la altura del cambio civilizatorio que nos sit?e en otro momento de la humanidad. Si hablamos de ?d?ficit democr?tico? hay ah? una valoraci?n normativa. Atrev?monos a ir hasta el fondo.

Igualmente, la crisis de estas tres grandes autopistas sit?a en un nuevo lugar la discusi?n acerca de la democracia ?realmente existente.? La desafecci?n ciudadana; el cuestionamiento de la capacidad de la representaci?n para autorizar a los gobiernos; la incapacidad del modelo para lograr autogobierno, igualdad y justicia, claves para su legitimidad; la irrupci?n de nuevas formas de articulaci?n pol?tica que priman la identidad como forma de crear cemento social; el aumento de las ?zonas marrones? donde operan sin reglas estatales mafias, corporaciones, narcotraficantes, terroristas, clubes u otros estados, o la misma p?rdida de legitimidad de las instancias internacionales, son todos elementos que invitan a un esfuerzo de clarificaci?n conceptual que vaya m?s all? de un ejercicio intelectual o una justificaci?n de lo que ya existe.

Es tiempo tambi?n de gestos que se?alen la posibilidad del cambio. En el d?a internacional de la democracia, cabe una pregunta. Los pueblos han demostrado una enorme paciencia siempre y tambi?n recientemente. Valga pensar en desastres como el Katrina en Nueva Orleans, el Tsunami de Indonesia, el terremoto de Hait? o la riada de Pakist?n; en derrames petroleros como el del Golfo de M?xico o los constantes derrames, m?s silenciados, en Nigeria; los abusos contra los derechos humanos que estremecen en Palestina, en la franja de Gaza, en la Nicaragua en los ochenta, condenados en este caso por Naciones Unidas; las matanzas de etnias por etnias en pa?ses de ?frica, el asesinato de dem?cratas, comunistas o rebeldes en Asia, en Am?rica, pongan en definitiva ustedes la atrocidad que quieran referir, nos hace pensar, dec?a, si no va siendo hora de alg?n gesto que d? esperanza a los sin esperanza, un Jefe de Gobierno que dimite por no poder cumplir su programa electoral, un Gobernador de un Banco Central que entrega el cargo porque le pesa m?s el bienestar de su pueblo que las presiones de los mercados o de las instancias financieras internacionales, un Presidente de Asamblea que deja la magistratura porque no puede hacer las leyes ni controlar al gobierno, un Secretario de Asamblea general de Naciones Unidas que abandona el cargo porque no acepta mandatos ni vetos de nadie que no sea el G-192. Podemos leerlos como gestos vac?os, como gestos demag?gicos, o como se?ales de una nueva manera de entender la democracia que avance en la senda del autogobierno, la libertad y la justicia. Porque, recordemos, estamos hablando de democracia.

Los avances democr?ticos nunca han sido una concesi?n graciosa de ning?n poder
La discusi?n sobre la democracia no va a avanzar en tanto en cuanto no se entienda que los avances democr?ticos nunca han sido una concesi?n graciosa de ning?n poder. La Revoluci?n Francesa sent? las bases para los derechos civiles, identificando como enemigo a la monarqu?a y a la aristocracia en donde primaba la herencia de familia por encima del m?rito. Las revoluciones de 1830, de 1848, la Comuna de Par?s de 1871, identificaron como enemigo al privilegio y la exclusi?n y sentaron las bases del sufragio universal y los derechos pol?ticos. La revoluci?n mexicana de 1910 o la rusa de 1917, sentaron las bases de los derechos sociales, se?alando como enemigo a la explotaci?n y al autoritarismo por el que se desliz? el pensamiento conservador en el periodo de entreguerras, el que llev? a la derecha, liberada de compromisos democr?ticos, al fascismo, el nazismo o al franquismo. Aunque de manera menos n?tida, el mayo del 68 sent? las bases para los derechos de identidad y una nueva oleada de derechos individuales y colectivos que acompa?? a los procesos de descolonizaci?n, a la incorporaci?n de la mujer a mayores niveles de ciudadan?a, a una mayor libertad sexual y a una cr?tica general al autoritarismo y la violencia que tuvo como enemigos a rescoldos de la guerra mundial escondidos en la guerra fr?a, a la deriva autoritaria sovi?tica, a c?pulas eclesi?sticas y a sectores militaristas.

Este an?lisis demostrar?a, frente a interpretaciones tan amables como insostenibles, que la democracia nace, crece y se consolida contra sus enemigos. La discusi?n sobre el futuro de la democracia tiene aqu? uno de sus principales palancas o frenos. En la corriente principal de la ciencia pol?tica, estos principios se asumen solamente en el discurso, pero no en la pr?ctica. La ret?rica liberal manten?a la prohibici?n del mandato imperativo como un elemento funcional a la construcci?n de mercados nacionales. Pese a la evoluci?n del sufragio censitario al sufragio universal, se mantiene en los parlamentos actuales, aunque la pr?ctica de los partidos pol?ticos la niega sistem?ticamente. De la misma manera, hay un discurso sobre la soberan?a popular, la justicia, la libertad que, al tiempo que se expresa, es hurtado precisamente por los enemigos de la democracia. Hab?a un solo Muro en Berl?n, pero parec?an mil. Hay muros entre Palestina e Israel, entre M?xico y los Estados Unidos, entre Marruecos y Espa?a, pero parece que no existen porque los que los levantan tienen el don de etiquetar y hacer que la carga de la prueba recaiga sobre las v?ctimas. La lucha democr?tica, cuando renuncia a los hechos, complica su trabajo pues tiene lugar contra el fantasma de un discurso dicho por antidem?cratas en nombre de la democracia.

Ignorando este aspecto, los te?ricos se refieren al discurso, los medios se refieren al discurso, las asambleas se refieren al discurso, Naciones Unidas se refiere al discurso, pero los pueblos viven en las pr?cticas. Eso explica ese alejamiento de una democracia que se dice pero que no se hace.

En una encuesta a estudiantes sobre el ?ltimo libro de ciencia pol?tica que hab?an le?do, una alumna contest?: El principito de Maquiavelo. Sabemos emocionarnos con Saint Exup?ry. Sabemos mirar con recelo las recetas del florentino al pr?ncipe para ganar o retener el poder. Pero cuando una cosa enmascara a la otra, sonre?mos si es inocuo o debemos alertarnos cuando supone una amenaza. Repito: aquellos aspectos que se?ala el PNUD como logros de logros en Am?rica Latina en la ?ltima d?cada, fueron denostados como populistas, demag?gicos o, con esas categor?as que funcionan como balas, como propios de Estados canallas.

La democracia no es consenso sino... un producto del conflicto
Quiz? la idea central que traigo a este foro tiene que ver con el convencimiento de que la democracia no es consenso sino, muy al contrario, un producto del conflicto. Si bien es sensato construir ?consensos de gobierno?, esto s?lo es posible asumiendo su correlato de conflicto social con los que, hist?ricamente ?y noten que es un problema emp?rico, no te?rico- han frenado el desarrollo de la inclusi?n democr?tica.

Vimos que derechos civiles, pol?ticos, sociales e identitarios son producto de protestas y, m?s a?n, de revoluciones que s?lo la distancia dulcifica. Lo m?s vinculado a la idea de justicia de los ordenamientos constitucionales y de la propia Carta de Naciones Unidas tiene que ver con el antifascismo y la derrota de las potencias del eje. De la misma manera, la discusi?n sobre el futuro de nuestra democracia, dar? vueltas y vueltas sin moverse del sitio mientras no entienda que hay un enemigo incompatible con la democracia. Me refiero al paradigma neoliberal, que, recordemos, no naci? como el liberalismo para enfrentar el feudalismo, sino que su objetivo, como se?alaron Friedrich Hayek o Milton Friedman, era el Estado social. La propuesta neliberal de privatizaci?n, desregulaci?n laboral y liberalizaci?n, subvirti? derechos y garant?as adquiridas en todos los ?rdenes y se erigi? como el enemigo por excelencia de la democracia, ahora victorioso, que recuperaba todos los viejos enemigos anta?o derrotados: el aristocratismo en esa suerte de c?mara alta que son los mercados y las finanzas, el privilegio de decidir o incidir en las decisiones que reconstruyen privilegios fiscales, legales o laborales; el autoritarismo vinculado al complejo militar industrial y armament?stico; o la explotaci?n directa o indirecta ligada al aumento de desempleo, del empleo precario y de las jornadas laborales junto a descensos salariales.

La reconstrucci?n de la democracia necesita clarificar su enemigo, que hoy no es otro, repito, que el neoliberalismo. No puede Naciones Unidas afirmar la bondad de los avances democr?ticos medidos en elecciones, aumento de la seguridad o de la libre expresi?n si no asume que esos tres ?mbitos se ven privatizados por los intereses defendidos en un Consenso de Washington al que se declara muerto pero que goza de una extrema buena salud, quiz? no como Consenso, pero s? como Washington.

Buena parte de los discursos cl?sicos sobre la democracia son discursos f?nebres en honor de los ca?dos en defensa de la soberan?a (el autogobierno), la libertad y la justicia. Al Discurso de Pericles, de Lincoln en Gettysburg, del sucesor de Toussaint de Lovertoure proclamando la independencia de Hait?, de los Libertadores americanos, de Sim?n Bol?var, hay que sumar hoy los discursos de los Presidentes de la Am?rica Latina en pie en el Mar del Plata, en esta sede o en las proclamaciones de sus nuevas constituciones. En sus denuncias de la incompatibilidad entre la democracia y los dictados del FMI o el Banco Mundial se est? dejando claro que el discurso del fin de la pol?tica es una excusa del dinero para definir en solitario la pol?tica. En el ?buen vivir? ecuatoriana, en la defensa de la Pachamana boliviana, en el ?inventamos o erramos? venezolano que genera las misiones y las comunas, hay m?s inventiva democr?tica que en los envejecidos discursos de la academia y en los agotados recitales de las instancias internacionales al servicio de la plutocracia que, una vez m?s, ya denunciara Arist?teles. Si repetimos que la soluci?n es la participaci?n ?d?nde est? en nuestras propuestas los presupuestos participativos, el empoderamiento popular, los movimientos sociales con capacidad ejecutiva, los revocatorios de los mandatos p?blicos, la postulaci?n de pol?ticas p?blicas participadas popularmente, la defensa de una democracia deliberativa sobre la base de medios de comunicaci?n alternativos, la apuesta por formas de democracia social?

LA DISCUSI?N SOBRE LAS PALABRAS

Cuando le preguntaron a Miguel de Unamuno si cre?a en la existencia de Dios, contest?: ?d?game qu? entiende por creer, por existir y por Dios y le contesto?.

Habr?a un consenso m?nimo en que la democracia es una forma de organizaci?n que tiene como principios el autogobierno, la justicia y la libertad. Estos tres principios tienen como resultado la inclusi?n en los beneficios de la vida en sociedad, as? como las responsabilidades rec?procas que esa vida reclama. De ah? la fuerza que a?n guarda el Discurso de Lincoln en Gettysburg al afirmar que la democracia ?es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo?. Legitimidad de origen, legitimidad de ejercicio y legitimidad de resultados. La soberan?a emana del pueblo, no de ning?n dios, de ning?n rey ni de ning?n sabio, grupo de sabios o estrategas (y aqu? est?n incluidos los polit?logos). Es el pueblo el que se gobierna a s? mismo de manera directa o, en forma consentida, a trav?s de representantes con capacidad para mantener una relaci?n de identidad o de satisfacci?n de intereses. Y la democracia deja de serlo si el resultado de esa f?rmula de autogobierno y de garant?a de libertad no reparte de manera inclusiva las ventajas de la vida social.

Sin embargo, la evoluci?n de lo que pueda ser una democracia se ha ido vaciando de contenido, de manera que nunca ha habido m?s pa?ses formalmente democr?ticos y, al tiempo, nunca la democracia ha estado tan vac?a de contenido real. Tanto en los resultados como en el ejercicio pues cada vez hay menos aspecto de la vida social sobre los que la ciudadan?a es consultada. Si una de las preguntas esenciales de la ciencia pol?tica actual es ?sobre qu? aspectos soy consultado?, podemos afirmar que la lista se ha reducido considerablemente, al caer buena parte de las definiciones de la pol?tica econ?mica en una suerte de factum divino definido desde una morada extra?a donde habitan los mercados y los dioses.

Este vaciamiento de los nombres se construye en una esfera p?blica donde los medios de comunicaci?n tienen una creciente influencia.

No se trata de un resultado azaroso. Los medios de comunicaci?n, en realidad empresas de medios de comunicaci?n, han operado perversamente en esta direcci?n. Desde el nacimiento de la Trilateral en 1973, y m?s en concreto a partir de 1975, los responsables de esa suerte de gobierno mundial en la sombra, retomando una expresi?n usada por Joan Garc?s, establecieron que el exceso de democracia, junto a la informaci?n libre y una participaci?n por encima del nivel de institucionalizaci?n, eran responsables de lo que llamaron ?crisis de la democracia?.

Los medios son el principal actor pol?tico en las sociedades contenidas
Desde ese momento, los medios son, quiz?, el principal actor pol?tico en las sociedades contenidas, pues tiene capacidad de doblegar a los partidos, ensalzar o hundir candidatos, direccionar a la opini?n p?blica, perfilar sus contornos a trav?s de encuestas, preparar guerras, ocultar informaci?n, cambiar consejos de administraci?n, adjudicar rating de audiencia, ubicar publicidad y ocultar otra, en definitiva, hurtar la creaci?n de una esfera p?blica deliberativa que es condici?n sine qua non de un juego democr?tico basado en la alternancia de opciones que se conocen.

Por su parte, la academia hizo su parte, y, adem?s de expulsar de los curr?culum cuestiones vinculadas a la teor?a pol?tica, redujo la discusi?n acerca de la democracia a cuestiones electorales, toda vez que las llamadas ?escalas? (esto es, el hecho de que las ciudades actuales con millones de personas exceder?an el tama?o de la polis griega) har?an necesaria la representaci?n. En cualquier caso, ese no era el problema de fondo, y s? m?s el hacer del modelo de democracia liberal representativa no ya el hegem?nico, sino el ?nico. Si el problema fuera de escalas, no se explicar?a la oposici?n f?rrea que se despierta ante los casos de democracia participativa que se intentan en otros lugares, algo similar al uso de formas de trueque, monedas de intercambio nacional o internacional alternativas, medios de comunicaci?n comunitarios o ligados a movimientos sociales, etc. Si fuera un problema t?cnico, bastar?a dejarlos hundirse y no mostrar tanta disposici?n a determinar su hundimiento.

Recientemente, el premio Nobel Joseph Stiglitz se?alaba la falta de consistencia emp?rica de los principales axiomas neoliberales: primero crecer y luego repartir, rebajar impuestos a los ricos como medida econ?micamente eficiente, vender el patrimonio p?blico, abrir las fronteras, mantener enormes reservas de divisas, no incurrir en d?ficit p?blico pese a elevadas cifras de desempleo, etc. Como quiera que la ciudadan?a no lee libros acad?micos, corresponde a los medios la responsabilidad de haber construido eso que se llam? ?pensamiento ?nico?, esto es, un grupo de recetas fuera de las cuales s?lo exist?a la tiniebla de quienes no entend?an de econom?a. El llamado ?Consenso de Washington? expres? su canon. Los medios lo convirtieron en ??nico?.

Igualmente, vemos ahora mismo im?genes estremecedoras de mujeres que sufren castigos antiguos, pero esas im?genes no son gratuitas pues coinciden en el tiempo con tambores de guerra sonando en Oriente pr?ximo. Millones de mujeres son lapidadas en el mundo por el hambre, la esclavitud sexual, la enfermedad o abortos ilegales, pudiendo establecerse vinculaciones f?rreas entre el comportamiento de los que reclaman guerra para defender a las mujeres y el sufrimiento de millones de mujeres y ni?os en el mundo. Y otro tanto podemos afirmar respecto a las armas de destrucci?n masiva que generaron el genocidio de Irak. No es posible pensar la democracia con semejante ruido de fondo.

En el caso se?alado, como en lo que ocurre en la actualidad en pa?ses azotados por el narcotr?fico, la conmoci?n anula la reflexi?n, la conciencia no crece, el miedo deja paso a respuestas securitarias y el entendimiento se retira. Y otro tanto es v?lido cuando vemos magnificado el caso triste de un preso en huelga de hambre, al tiempo que observamos c?mo se silencian las huelgas de hambre de indios mapuches, de mineros o de sindicalistas, decenas de personas en huelga de hambre, que son hurtadas a la opini?n p?blica, sin olvidar los millones de personas en hambre forzada que no provocan tantas riadas de tinta.

Los pueblos del Sur sometidos al modelo de valorizaci?n del Norte

La academia tiene que revisar sus conceptos, y entender que el discurso sobre la modernizaci?n desarraig? a los pueblos del Sur y los someti? al modelo de valorizaci?n del Norte; que el discurso sobre las transiciones a la democracia se hizo sobre la ausencia de participaci?n popular y la renuncia a las reparaciones (valga el ejemplo de la democracia espa?ola, presentada como ejemplar, y a la que no le import? llamarse as? pese a asentarse sobre 150.000 cad?veres asesinados por la dictadura de Franco y que a?n hoy, siguen en cunetas, campos y caminos; junto a cosas parecidas pod?amos decir de Indonesia, Brasil, Chile, Guatemala, El Salvador, Colombia, etc.); debe la ciencia pol?tica entender que la gobernabilidad puso la sospecha en la arena popular en un momento donde la crisis de legitimidad pon?a la responsabilidad en el lado de los gobiernos, al igual que la gobernanza, m?s cerca de la plutocracia que de la democracia, niega el conflicto en un momento de la humanidad en donde nunca las desigualdades fueron tan grandes.

La teor?a pol?tica democr?tica tiene grandes retos ante s?. Una democracia que corriera con los tiempos podr?a atreverse a presentar el consumo que excede el propio territorio como una invasi?n de otros pa?ses, reserv?ndole el mismo trato que el de una guerra de conquista. Si un pa?s con el 5% de la poblaci?n mundial es responsable del 25% de la emisi?n de CO2, ese exceso est? poniendo una suerte de bota militar ecol?gica sobre otros pa?ses. La teor?a democr?tica puede pensar en nuevos indicadores que incorporen nuevas miradas para salir de su par?lisis. Recuperar?a as? una presencia social que hoy no tiene y ser?a m?s f?cil ver a polit?logos acompa?ando a movimientos sociales que asesorando a estructuras de decisi?n incapaces de generar cambios. ?Se atreve el pensamiento social a devolver a a sociedad el esfuerzo que ?sta hace para que nos dediquemos a nuestra labor?

En nombre de la democracia se estar?a excluyendo, como hizo la Grecia cl?sica con los esclavos
Una nueva definici?n de democracia que entienda que hay un nuevo demos, un nuevo pueblo, debido a las migraciones: que explique que todo el que vive en un lugar debe ser considerado de ese lugar. Porque, de lo contrario, en nombre de la democracia se estar?a excluyendo, como hizo la Grecia cl?sica con los esclavos, a parte importante de los que sostienen laboralmente a los pa?ses. E igualmente reflexionar que hay un demos en el futuro, con derechos pero sin deberes, que son las nuevas generaciones, lo que obliga a incorporar al nuevo demos a la naturaleza y hace de la idea de decrecimiento, especialmente en el Norte, una idea sin la cual ya no es posible pensar la democracia.

En definitiva, hay elementos en la discusi?n sobre la democracia que estaban atascados en la teor?a pero que han sido resueltos en la pr?ctica. Si se quiere entender el posicionamiento de pueblos conscientes sobre la democracia, hay que incorporar como variables duras de su an?lisis elementos emp?ricos tales como el colonialismo, el imperialismo, la subordinaci?n de las mujeres como ciudadanas de segunda clase, las empresas de medios de comunicaci?n, la crisis ecol?gica y la sumisi?n de los aparatos judiciales a un modelo periclitado de democracia. Un ejemplo claro de esta contradicci?n la hemos visto en Honduras, donde un gobierno leg?timo a?n est? esperando su regreso al poder. Esa estrategia parte de los enemigos de la democracia, forma parte de una estrategia de uso interesado de los aparatos judiciales o parlamentarios cuyo fin es lograr por medios diferentes a los electorales la derrota de gobiernos que est?n intentando modelos alternativos. Intentos similares en Venezuela y otros pa?ses de la zona estar?an dentro de este apartado y obliga a la teor?a pol?tica a ponerse al lado de los gobiernos constitucionales o de los subterfugios pseudolegales.

La democracia s?lo puede entenderse como inclusi?n en los cuatro principales ?mbitos de lo social: el econ?mico, el pol?tico, el normativo-jur?dico y el cultural. Y podemos hablar de autogobierno cuando las decisiones tomadas en nombre del pueblo reflejan las preferencias del pueblo tomadas de manera libre e informada. Un pueblo est? empoderado cuando est? incluido y esa inclusi?n genera derechos y responsabilidades.

Una vez m?s regresamos a la educaci?n y a la informaci?n. El fin de la educaci?n no es crear ni clientes ni productores, sino ciudadanos conscientes que generan problemas de gobernabilidad. As? avanza la democracia. Por eso es igualmente relevante la memoria de los pueblos. Los esfuerzos de los pueblos m?s exitosos se plasman en las instituciones que, por eso, tienen su objetivo en el bien com?n. Si esas presiones sociales exitosas se ignoran, se pierde la experiencia, se pueden perder f?rmulas adecuadas para el inter?s general y se cae, en el mejor de los casos, en el ensayo y error. La ocultaci?n de la memoria va contra la democracia, y su tergiversaci?n en libros, peri?dicos, noticieros, pel?culas o juegos inform?ticos es un atentado contra la democracia.

CONCLUSIONES

Ya lo plante? Polanyi: la econom?a de mercado genera una sociedad de mercado. La econom?a est? empotrada en lo social, y su separaci?n es un delito contra la democracia. Si el acceso a los bienes b?sicos, alimento, vivienda, sanidad, educaci?n, cultura, trabajo, quedan fuera del ?mbito pol?tico electoral, el resultado debe ser necesariamente la desconfianza ciudadana por la pol?tica. Como plantea Chomsky, cuando has decidido que la elecci?n del rey se eche a cara o cruz, ya te da lo mismo que la moneda est? trucada.

Hay que entender que en las nuevas formas de democracia participativa hay cosas que, aunque no se puedan medir, existen. Al participar se sabe uno parte de la construcci?n de las bases comunes de una sociedad. En la participaci?n se nutre la idea de reciprocidad y de corresponsabilidad. En la participaci?n, que no puede reducirse, a riesgo de quedarse en nada, al acto mediado de votar, se est? construyendo sentido. Un nuevo sentido que no puede medirse en criterios mercantiles. Por eso los pueblos sumidos en procesos participativos hacen de la alegr?a un elemento central: saben que est?n en un camino muy fecundo. Los esfuerzos no basados en la competencia sino en la complementariedad, rompen la falta de evidencia de la que se quejan los cient?ficos sociales, polit?logos, soci?logos, economistas: son posibles y ?tiles. Alguien tendr? que explicar, m?s all? de las insuficiencias, c?mo un peque?o pa?s como Cuba lidera el apoyo m?dico en el Pakist?n o el Hait? desolados por los terremotos, y a?n tiene m?sculo para ayudar a Venezuela en su voluntad de llevar m?dicos a los cerros pobres donde una medicina mercantilizada no quiere subir porque no lo ve rentable.

La lucha por los ODM que no avance, necesariamente retrocede. Retrocede porque las opiniones p?blicas pierden inter?s ante la falta de avances y la dejaci?n de las autoridades, porque el tiempo siempre desgasta, y m?s cuando no pasa nada, porque la ausencia de logros desmoraliza, porque la naturalizaci?n del fracaso invita a la resignaci?n.

Nos encontraremos, como le dec?a a su amigo Francesco de Vettore, con Maquiavelo en un sitio diferente al cielo y all? seguiremos hablando con ?l. Pero en la reconstrucci?n de la democracia, es momento de escuchar al peque?o pr?ncipe republicano de Saint Exup?ry, cuando afirmaba: ?Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo. Evoca primero en los hombres y mujeres el anhelo del mar?. Es por eso que la discusi?n sobre la democracia, no est? ahora tanto en cuestiones t?cnicas como en discusiones ideol?gicas.

Necesitamos saber que el drag?n puede ser derrotado. De lo contrario, a lo m?s que anhelaremos es a que sus llamas no nos quemen. Para que no huela azufre, hay que limpiar, y para limpiar, hay que abrir las ventanas.

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Tags: Juan Carlos Monedero, discurso, democracia, ONU, crisis, academia, Objetivos del Milenio

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