S?bado, 18 de septiembre de 2010
Latinoam?rica ante la crisis ecol?gica global

Voces en el F?nix


Am?rica latina tiene por delante un desaf?o enorme en materia ambiental. A pesar de los cambios pol?ticos profundos suscitados en la regi?n, los gobiernos progresistas no han podido desembarazarse del rol asignado en la divisi?n internacional del trabajo. Es necesario volver a discutir los fundamentos del sistema capitalista para comprender los problemas ecol?gicos. Entender no s?lo la relaci?n contradictoria capital-trabajo sino tambi?n la contradicci?n capital-naturaleza: la capacidad proveedora y receptora de la naturaleza es limitada y, por lo tanto, incompatible con la acumulaci?n ilimitada de capital.

En este art?culo intentaremos exponer brevemente algunos de los desaf?os que afronta Am?rica latina en materia ambiental. A tal fin, comenzaremos analizando los factores estructurales de la crisis ecol?gica global. Luego, expondremos lo que hemos denominado desigualdades ambientales, las formas que asumen y los conflictos que pueden albergar. En ?ltimo lugar, haremos referencia al comportamiento y a las estrategias pol?ticas que los gobiernos latinoamericanos llevan y pueden llevar a cabo.

La humanidad enfrenta una crisis ecol?gica de gran magnitud y con tendencia a agravarse. Sus manifestaciones pueden agruparse en dos grandes problemas, ?ntimamente relacionados. En primer lugar, la degradaci?n ambiental, la cual envuelve la contaminaci?n del aire, de los cursos de agua (superficiales y subterr?neos) y del suelo. El denominado cambio clim?tico se ha vuelto su cara m?s visible hoy en d?a. Y en segundo lugar, el progresivo agotamiento de bienes naturales, esenciales para la vida humana: agua dulce, minerales, tierra f?rtil, fuentes de energ?a. Las estad?sticas de la World Wide Fund For Nature (WWF) indican que la demanda mundial sobre los recursos biol?gicos del planeta supera en un 30 por ciento la capacidad de regeneraci?n de la naturaleza.

Es posible ubicar temporalmente la acelerada degradaci?n ecol?gica en las ?ltimas cuatro d?cadas, per?odo que coincide con la implementaci?n de las pol?ticas neoliberales. Adjudicar la responsabilidad a la acci?n del hombre de modo abstracto, como suele hacerse en an?lisis ligeros o intencionados, oculta la forma hist?rica en la cual est? inserta esa acci?n.

Tampoco nos conforma adjudicarla en el conjunto de ideas propias de la modernidad, es decir, la fe en el progreso indefinido de las fuerzas materiales. No nos dice nada acerca de cu?l es la forma en la que el hombre se apropia de la naturaleza en un momento determinado dado el r?gimen de producci?n y reproducci?n material dominante.

Es necesario volver a discutir los fundamentos del sistema capitalista para comprender los problemas ecol?gicos. Entender no s?lo la relaci?n contradictoria capital-trabajo sino tambi?n la contradicci?n capital-naturaleza: la capacidad proveedora y receptora de la naturaleza es limitada y, por lo tanto, incompatible con la acumulaci?n ilimitada de capital.

Capital contra naturaleza


Dada la estructura atomizada y ca?tica del capitalismo, la forma predominante en la cual el hombre se vincula con la naturaleza es a trav?s de la apropiaci?n privada y la mercantilizaci?n. El hombre se encuentra alienado respecto del mundo natural y el capital "fetichiza" la naturaleza.

El Estado aparece mediando entre el capital y la naturaleza, regulando su acceso y su explotaci?n. Sin embargo, las pol?ticas de privatizaci?n de empresas p?blicas, desregulaci?n de los mercados y apertura econ?mica del neoliberalismo desarmaron los mecanismos estatales que resguardaban en gran medida la naturaleza.

El capital aceler?, por ende, su dominio sobre el mundo natural en funci?n de la producci?n de plusval?a. Es un proceso simult?neamente extensivo e intensivo. Extensivo porque el capital se va adue?ando de cada porci?n de la naturaleza, ampliando las fronteras de extracci?n como continuidad de la acumulaci?n originaria. E intensivo porque cada vez precisa una mayor cantidad de bienes naturales y un mayor sometimiento de las fuerzas naturales.

Asimismo, podemos observar que el debilitamiento de las regulaciones estatales tambi?n acelera los procesos de contaminaci?n ya que deja librado a los capitales individuales deshacerse de desechos s?lidos, l?quidos y gaseosos sin tratamiento alguno. La l?gica de la maximizaci?n de ganancias se?ala que el cuidado del medio ambiente no entra en los gastos productivos del capital.

Desigualdades ambientales


Habiendo analizado las caracter?sticas espec?ficas del modo de producci?n capitalista en lo que hace a su relaci?n con la naturaleza, ahora veremos cu?les son sus impactos sociopol?ticos. As? como estamos acostumbrados a hablar de desigualdad social o econ?mica, consideramos pertinente introducir el concepto desigualdad ambiental para dar cuenta de las relaciones de poder que se reproducen tambi?n en el ?mbito ecol?gico.

Existen dos formas en las que se manifiesta la desigualdad ambiental: la desigualdad en el acceso a y control de los bienes naturales y la desigualdad en el acceso a un ambiente sano. La primera forma se refiere a las asimetr?as de poder existentes para disponer, aprovechar, utilizar bienes esenciales para la vida, tales como agua, tierra y energ?a. La segunda forma est? relacionada con la protecci?n del medio ambiente y con las asimetr?as de poder en la distribuci?n de la degradaci?n ambiental derivada de actividades productivas.

En el caso de la actividad extractiva de la miner?a y de los hidrocarburos se conjugan ambas formas de desigualdad, ya que en todo el mundo son apropiadas por poderosos capitales transnacionales en detrimento del acceso de poblaciones locales, que adem?s sufren desplazamientos territoriales, y se realiza con bajos costos econ?micos y alt?simos costos ecol?gicos, dada la utilizaci?n de grandes cantidades de agua, contaminaci?n con qu?micos, quema de gases, etc. Tambi?n resultan peligrosas estas actividades en su transporte, sea por la rotura de mineraloductos, oleoductos y gasoductos o las p?rdidas en barcos petroleros.

La persistencia o la magnitud de las desigualdades ambientales son generalmente condici?n de posibilidad de conflictos socioambientales: se trata de disputas por la apropiaci?n y/o mantenimiento de los bienes naturales y por el acceso a un ambiente sano o por la protecci?n del medio ambiente, a escala local, nacional o internacional. Al mismo tiempo atraviesan distintos tipos de desigualdad social que generan nuevos conflictos o disputas en viejas relaciones desiguales, como el cl?sico intercambio desigual entre los pa?ses del Norte y los pa?ses del Sur. En los primeros se ubican los grandes centros de demanda, consumo y contaminaci?n, mientras que los pa?ses m?s pobres quedan relegados a meros proveedores de bienes naturales. Un dato que ilustra: el 80 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero que producen el cambio clim?tico pertenece al 20 por ciento de la poblaci?n mundial, concentrada en Estados Unidos, Europa y Jap?n.

Se reedita la divisi?n internacional del trabajo, donde las regiones con grandes riquezas naturales que escasean en otras partes del mundo se tornan apetecibles para la apropiaci?n capitalista. Las riquezas de Am?rica latina la convierten nuevamente en un proveedor de materias primas, alimentos y energ?a para las econom?as industrializadas. A su vez, los pa?ses m?s ricos intentan trasladar el costo ambiental de las industrias m?s sucias. El ejemplo m?s cercano son las plantas de celulosa, siendo la pastera UPM (ex Botnia) la que gener? m?s conflictos y cobr? mayor notoriedad.

Dentro del ?mbito nacional, tambi?n existen desigualdades ambientales que se superponen con desigualdades de otro tipo. En condiciones normales de acumulaci?n, la apropiaci?n capitalista restringe progresivamente el acceso a los bienes naturales y genera una distribuci?n de los efectos de la degradaci?n ambiental en mayor medida sobre pobres, negros, ind?genas, campesinos, etc?tera. En tiempos de crisis, sea econ?mica o ecol?gica, la brecha de la desigualdad ambiental tambi?n se agranda porque el capital est? dispuesto a salvar su propio pellejo a cualquier precio, transfiriendo los costos hacia otros sectores sociales.

Del extractivismo al neoextractivismo


En el contexto de las desigualdades analizadas, Am?rica latina tiene por delante un desaf?o enorme en materia ambiental. A pesar de los cambios pol?ticos profundos suscitados en la regi?n en la ?ltima d?cada, los gobiernos progresistas no han podido desembarazarse del rol asignado en la divisi?n internacional del trabajo y en algunos casos lo han profundizado.

Pa?ses como Venezuela y Bolivia han tenido un destacable rol a nivel internacional como sucedi? en Copenhague en diciembre pasado, responsabilizando al mismo sistema capitalista en relaci?n con el cambio clim?tico. Asimismo, cabe enfatizar la importancia de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Clim?tico impulsada por el presidente boliviano Evo Morales y que tuvo lugar en Cochabamba en abril ?ltimo.

Sin embargo, son numerosas las tareas pendientes en el marco interno. Si en la etapa neoliberal predomin? una pol?tica extractivista con respecto a la naturaleza, la ?ltima d?cada es caracterizada por el investigador uruguayo Eduardo Gudynas bajo el r?tulo de neoextractivismo.

El t?rmino extractivismo se refiere al predominio de actividades econ?micas basadas en la remoci?n de grandes vol?menes de bienes naturales, que no son industrializados o se hace limitadamente, con el objetivo prioritario de destinarlos a los mercados internacionales. En la historia de Am?rica latina no resulta una novedad ya que podr?amos remontarnos a los inicios de la colonia misma. Pero s? es interesante observar c?mo las pol?ticas neoliberales de la d?cada de los noventa profundizaron el perfil primario exportador de las econom?as latinoamericanas a partir de una legislaci?n favorable a capitales transnacionales.

A pesar de una ret?rica cr?tica del neoliberalismo, en las pol?ticas de los gobiernos progresistas persiste buena parte de los componentes de aquel extractivismo combinados con nuevas caracter?sticas. El neoextractivismo promueve un estilo de desarrollo basado en la explotaci?n intensiva y extensiva de la naturaleza, que alimenta un entramado productivo escasamente diversificado y muy dependiente de la inserci?n internacional como proveedores de bienes naturales. Los altos precios internacionales redoblan las exportaciones petrolera, minera y de monocultivos. El componente m?s novedoso es que el Estado adquiere un rol m?s activo en esos sectores, buscando fundamentalmente la captaci?n de una mayor renta que le permita una redistribuci?n de ingresos a trav?s de pol?ticas sociales. En muchos casos, los gobiernos logran una legitimaci?n importante hacia el conjunto de la poblaci?n pero se avizora como una pol?tica con l?mites muy definidos. Adem?s de los impactos negativos sobre la naturaleza, se agrandan las desigualdades ambientales en las regiones donde abundan riquezas. No casualmente sino causalmente, se multiplican los conflictos ambientales donde es com?n encontrar poblaciones locales, campesinas e ind?genas enfrentadas a transnacionales petroleras y mineras o resistiendo el desplazamiento que imponen los monocultivos.

Dif?cilmente los gobiernos latinoamericanos cambiar?n el rumbo en el corto plazo y todo hace suponer que las tensiones sociales seguir?n presentes en los pr?ximos a?os. Si bien Gudynas nota las diferencias entre pa?ses de acuerdo con el tipo de intervenci?n del Estado y el desenvolvimiento de las econom?as extractivas, creemos necesario enfatizar a?n m?s estas diferencias.

En algunos casos se mantiene el control privado de aquellos sectores, como claramente podemos notarlo en la Argentina. La explotaci?n de hidrocarburos sigue en manos del capital a pesar de la brusca ca?da de reservas y la crisis energ?tica que acecha la econom?a desde hace unos a?os. Los megaemprendimientos de miner?a a cielo abierto se multiplican por decenas pese a las consecuencias negativas para el medio ambiente y la salud de las poblaciones aleda?as. La soja transg?nica sigue ampliando su frontera, a costa de poner en riesgo la soberan?a alimentaria nacional y a costa de la contaminaci?n con agroqu?micos.

Por otro lado, hay pa?ses que avanzan en el control estatal de las econom?as extractivas, como es el caso de Venezuela. A trav?s de una profunda reforma en la legislaci?n y la renegociaci?n de contratos, el Estado logr? alzarse con el control mayoritario de los pozos petroleros. Ciertamente los impactos ambientales de la explotaci?n de hidrocarburos no desaparecen simplemente por un cambio en la forma que se asume el control. Pero s? nos interesa destacar el control estatal como un paso necesario para, posteriormente, avanzar hacia el control social de la actividad y sus impactos.

La transformaci?n pol?tica y social es condici?n ineludible hacia la planificaci?n democr?tica de la explotaci?n de los bienes naturales y del cuidado del medio ambiente. Ello requiere tambi?n una transformaci?n cultural que estimule una democracia cada vez m?s participativa. Finalmente, aun con buenas intenciones, la transici?n a una sociedad ecol?gica es una utop?a si no se cuestionan y trastocan los fundamentos de la producci?n y reproducci?n capitalista.

Ignacio Sabbatella es becario Conicet, Instituto Gino Germani (UBA)


Fuente: http://www.vocesenelfenix.com/sabbatella2.html

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Tags: Latinoamérica, crisis ecológica, capitalista, naturaleza, plusvalía, vida, contaminación

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