
|
La pirámide capitalista original fue creada en Cleveland, EEUU, en 1911, por un sindicato de trabajadores. A la que aparece ante tus ojos yo sólo le he añadido algunos de los medios de comunicación actuales, imitadores de Goebbels. Varias de las grandes mentiras de los imperialistas-capitalistas y sus mass medias:
Primera gran mentira: Exagerar los asesinatos del stalinismo para dar golpes de estado con el cuento de evitar males mayores e incluso asesinar con el mismo cuento Segunda gran mentira- Ganaron la guerra fría a varios lisiados de guerras y los muy necios se creen supermán. Millones de aneciados superficiales, de analfabetos políticos y alienadores periodistas también creen ver a superman en estos supermanes de hojalata made in USA. A este club de superficiales pertenece también Mario Vargas Llosa Tercera gran mentira para negar lo evidente mientras se ejerce a diario |
|
Pirámide capitalista. Haz clic en la imagen si deseas verla al completo Ver mural de la pirámide original al completo |
| La explotación capitalista es evidente cuando a una mujer se le paga menos por igual trabajo; es decir, se la explota más que al varón. También es evidente la siguiente: compro un robot por 10000 dólares y le saco a su trabajo 15000; 5000 proceden de su explotación. Imaginemos que los obreros son máquinas. Su explotación consistiría justo en el beneficio obtenido tras pagar los gastos de uso de cada una de ellas y los requeridos para adquirirlas. Más fácil de entender para algunos: contratas a un obrero por 10000 dólares anuales y te produce 15000, 5000 que le has explotado Leer más |
| Cómo se explota a los jornaleros, braceros |
| El principio fundamental de la no violencia se basa en abstenerse de la explotación en todas sus formas. Gandhi |
| Capitalismo: cada empresa una dictadura o dictablanda que ordeña a las vacas: obreros, pequeños campesinos, artesanos, etc, con el cuento del riesgo, no muy distinto a los usados por los esclavistas siglos atrás. Si cada empresa es una dictadura o una dictablanda, el capitalismo será ambas aunque convoque elecciones de accionistas a diario.. El contenido lo es todo y no el nombre ni las autocalificaciones a su favor mientras demonizan a cualquier sociedad sin explotación que se intente construir |
| Laissez Faire, bonitas palabras para un timo |
| Atentado en 1976 contra el vuelo 455 de cubana de aviación. 73 muertos |
| Los más de 7000 artículos del blog |
| El oso espera, al acecho, a que la foca salga a tomar aire. Imítalo en cada uno de los siguientes recuadros. Si posa la flecha del ratón en cualquier artículo, se detendrá la aparición de los siguientes. Si esta está detenida, con un clic en el fondo de la ventana, bastara para que ésta se ponga en marcha y aparezcan nuevos enlaces a artículos, en los que podrá entrar con uno o dos clic en ellos. |
| Artículo donde el diario El Mundo confunde sus deseos con la realidad o a sus lectores? |
| Cuando se comparte dinero... queda la mitad del dinero. Cuando se comparte comida.... queda la mitad de la comida; Cuando se comparte conocimiento ....queda el doble. Telesur |
| Las Venas Abiertas de América Latina |
| ¿Quién te lava el cerebro? ¡Descúbrelo! |
| El Che Guevara en los juicios de Nuremberg |
| ¿Por qué se bloquea a Cuba y no a Arabia, a China, etc? |
| ¿Por qué Hugo Chávez es Líder en Venezuela? |
| Todos mis escritos pueden ser usados bajo licencia Copyleft, Recomiendo traducción a otros idiomas y su correspondiente divulgación |
Mentir sobre el cambio climático
|
| Si deseas poner la encuesta en tu blog o web, encontrarás el código en este enlace. |
| Lo más parecido al socialismo somos los organismos pluricelulares más evolucionados. Varios ejemplos de la gran obra realizada durante millones de años por ese “socialismo”: Corazón, pulmones, venas, músculos y huesos equivalen a sectores publicos al servicio de los millones de células que te constituyen y nos constituyen. Entra con un clic en cualquiera de las cuatro imágenes |
![]() |
![]() | ![]() | ![]() |
|
Capitalismo patronista, otra forma de esclavitud: Poco importa la proclamación del trabajo, porque con el nombre de proletariado el esclavo perdura. El que carece de propiedad en nuestras sociedades individualistas, vive obligado a someter su libertad y su fuerza productora al que mejor le pague. El salario es el precio de la servidumbre. Se contrata actualmente en el mercado público al jornalero poco más o menos como se contrataba antes al esclavo. Si la demanda sobrepuja a la oferta, el obrero puede hacerse pagar regularmente el alquiler de la fuerza. Si la demanda es inferior a la oferta, el precío del alquiler baja y queda a unos cuantos la libertad de despedazarse en la disputa por el apetecido mendrugo. Los más deben resignarse a perecer de hambre. Tal es el resultado efectivo de las conquistas democráticas. . Ricardo Mella Cea. Escrito en 1904 |
|
El Líbelo Negro del comunismo A la pregunta: ¿Y dónde están las fosas comunes de los inocentes ejecutados, que se suponen millones? tampoco escucharán ninguna respuesta convincente Después de la propaganda antiestalinista de la Perestroika, lo lógico hubiera sido que hubiesen salido a la luz los lugares secretos de enterramientos masivos de millones de víctimas, donde poder levantar obeliscos y memoriales. Pero no hay ni huella de nada de eso. P Krasnov. Leer artículo completo |
|
El imperialismo de EE UU surgió de la guerra con una enorme capacidad industrial, agrícola y financiera al mismo tiempo que todos sus competidores potenciales estaban postrados económicamente. Esto era especialmente cierto en el caso de la Unión Soviética. Horowitz cita una notable descripción aparecida en The Observer escrita por el experto ruso Edward Crankshaw: Viajar tan lentamente por tren sobre las recién abiertas vías férreas desde Moscú hacia la nueva frontera en Brest Litovsk en los días posteriores a la guerra, era una experiencia terrible. En cientos, en miles de millas, no había objeto en pie o viviente a la vista.. Cada pueblo estaba arrasado, cada ciudad. No había graneros; no había maquinaria. No había estaciones ni torres de elevación de agua. No había un solo poste de telégrafo en todo ese vasto campo y las amplias fajas de bosques habían sido cortadas por los guerrilleros a lo largo de la línea como protección Leer artículo fuente, de Ernst Mandel A partir de los anteriores hechos históricos, los ideólogos capitalistas han construido una de las mayores mentiras de la historia; su afirmación de que el socialismo fracasó.: La gran mentira del capitalismo: fracasó el socialismo |
| Para ser un 70% de agua, como sucede con el primate bípedo lector, es indispensable la previa existencia del agua. Lo que nos constituye es anterior a nosotros. Por consiguiente, Dios no puede ser un ser vivo consciente creador de todo. Para que él exista es necesario que existan previamente la energía o la materia X de la que estaría hecho. Sólo hay un creador: materia y energía en evolución. Darwin y Walace fueron sus descubridores a nivel de los seres vivos. Los panteístas, a nivel de la materia y la energía. Los seres vivos conscientes o inconscientes somos hijos de ambas. |
| El principio fundamental de la igualdad y el socialismo es la democracia; de lo contrario, la vida social se regiría por la ley del más fuerte o más astuto. Se podría hablar de socialismo pero existiría sólo en el nombre y no en el contenido. Blasapisguncuevas |
|
Una critica desde la izquierda rusa. Superar a Chomsky Y mira por donde, que al poco tiempo abre Gorbachov los archivos y se aclaran las auténticas dimensiones de las “atrocidades bolcheviques”, y queda en evidencia que la creación inmortal de Solzhenitsyn no es ninguna “literatura del hecho”, sino más bien literatura fantástica, y, por tanto, acientífica. Leer más |
| Transformación del dinero en capital |
| Albert Einstein: Por qué el socialismo. Entrevista publicada en 1949 |
| Evolución Hacia una Sociedad sin Explotación |
| Efectos agente naranja. Vídeo, 16 segundos que te impactarán |
| Los tres personajes que oprimen a la humanidad |
|
Autores Marxistas, Anarquistas, etc Escritos de León Trotsky |

DIOS Y EL ESTADO
DEICIDIO Y DISIDENCIA
La figura de Mijail Bakunin se distingue inmediatamente contra
el fondo de acontecimientos y héroes revolucionarios del siglo
pasado: personaje monumentalmente excéntrico, intoxicado
por los ambientes románticos que frecuentó en su juventud,
movido por apetitos vitales desmesurados, seducido por la sensualidad
que es propia a la acción, arrebatado por la ebriedad
que se experimenta en las conjuras y revueltas, su historia es
también la de las persecuciones, expulsiones y encarcelamientos
sufridos por los fundadores de la I Internacional. La personalidad
“magnética” de Bakunin atrajo a sus filas a revolucionarios
de los cuatro puntos cardinales de Europa, a los que arrastró al
borde del vértigo, hacia el umbral en que una sociedad se
rearticula tomando como modelo a sus antípodas. Era un hombre
que sabía ganarse el corazón de su gente. También era infatigable:
polemizaba con monarcas y reformistas de una punta a
otra del continente, organizaba conspiraciones, fundaba grupos
de afinidad, y aún le quedaba tiempo para mantener una correspondencia
múltiple y para redactar panfletos y proclamas tan
virulentos como certeros. El revolucionario ruso sólo se hallaba
a gusto entre energías desatadas y entre gente decidida. Max
Nettlau lo abarcó en una frase acertada: Bakunin se había transformado
en una Internacional él mismo. Fernando Savater diría
más tarde que fue el mayor espectáculo del siglo XIX. En efecto,
su biografía fue legendaria mucho antes de su muerte.
Sobre su vida, quizás importe mencionar que emigró de la
Rusia absolutista en 1840, que llegó a Alemania contagiado del
“mal de la filosofía”, en especial de Rousseau y Hegel, que se
transformó en el “espíritu” de las revoluciones de 1848, que
aunque por doce años sufrió en Rusia el largo vía crucis del
encarcelamiento sobrevivió a esa experiencia intacto (“el hielo
siberiano preservó la carne del mamut ruso”, diría George
Woodcock), que regresó al continente europeo con el ánimo de
darlo vuelta como a un guante, que su nihilismo romántico se
troca en los años de madurez en la filosofía política del anar6
/ MIJAIL BAKUNIN
quismo, que a él adeuda no sólo sus intuiciones teóricas fundamentales
y una teoría de la organización sino también una pasión
obsesiva: la pasión por la libertad absoluta.
Bakunin llevó una vida desordenada. Su vida fue una incesante
aventura, plena de golpes de suerte, sinsabores varios, conspiraciones
resonantes y reveses tragicómicos, todo ello consecuencia
de una disposición inmediata para la vida libre y sin ataduras. En
verdad, casi todas las biografías revolucionarias del siglo pasado
estaban sujetas a los complejos avatares políticos del momento
tanto como a las intermitentes intrusiones policiales. De cualquier
modo, Bakunin carecía por completo de la paciencia necesaria
como para perseverar en una actividad de cabo a rabo. En palabras
de Alexander Herzen, Bakunin “había nacido bajo la influencia
de un cometa”. Así como iniciaba tareas que otros debían continuar
pues él mismo ya se encontraba en otros dominios de la acción,
también solía planificar y comenzar libros kilométricos que
jamás finalizaba, o bien redactaba prólogos y consideraciones filosóficas
que se bifurcaban hacia otros temas y asuntos políticos
acuciantes. Dios y el Estado es uno de sus frutos intermitentes.
El desorden activo que dio contorno a su vida también determinó
las características de su obra, signada por una correspondencia
monumental, por parrafadas inconclusas, sugerencias
larguísimas a congresos revolucionarios y libros a medio escribir
recuperados postmortem del desorden de su escritorio. Toda
su obra es asistemática, y casi se podría decir que su escritorio
era una encrucijada postal revolucionaria. El saldo hubiera quedado
indeciso de no ser porque Bakunin “descubrió” un hecho
fundamental, tanto como se puede decir que Marx develó el secreto
de la plusvalía o Freud el enigma del inconsciente: toda su
obra –y sus energías vitales– centraron su atención en la cuestión
del poder, en la cual cifró la clave de la desdicha humana.
Bakunin desarrolló una teoría política que se adecuaba
dúctilmente a las energías populares que eran desencadenadas en
las revoluciones. 1789 era para él una cifra tan renombrada como
subvalorada: el emblema del “pecado original” de la política moderna,
el inicio del moderno linaje de la autoorganización, correspondencia
material para las capacidades autocreativas del ser
humano. En este sentido, Bakunin nunca dejó de ser un ilustrado
radical convencido de que los hombres y sus sociedades debían
inventarse a sí mismos, y que para ello sólo era necesaria una
DIOS Y EL ESTADO / 7
dosis máxima de libertad. Aun más: a Bakunin no le era ajeno un
intenso aprecio histórico por las rebeliones campesinas –las
Jacqueries, la Pugatchevina rusa– e incluso por las ansias criminales
del lumpenproletariado urbano, en las que percibía un contrapeso
a la opresión estatal, de la cual eran –a su vez– consecuencia.
El hecho de que Bakunin proviniera de Rusia, región
gobernada autocráticamente, le facilitó el odio por toda autoridad.
Pues aunque los estados despóticos no sean equivalentes a
los democráticos, no por ello dejaban de ser isomórficos. Los desplazamientos
erráticos de los habitantes, sus pasiones insondables
y sus decisiones caprichosas son para la mentalidad estatalista
insoportables, o cuanto menos, sospechosos. De faraones a presidentes,
una misma voz advierte a la población que la disidencia y
la protesta pública han de orientarse por un cauce establecido y
que la desobediencia radical es un lujo que la autoridad no tolera.
Bakunin sostenía que el Estado no sólo es inaceptable porque
regula y garantiza la desigualdad económica y política; además,
como sucedáneo moderno del principio jerárquico divino, humilla
y empequeñece al hombre. Del orden estatal únicamente
emergen criaturas tortuosas o torturadas, contrahechas a imagen
y semejanza de su regulador. Por eso mismo, Bakunin enfatizó la
importancia de los lazos sociales espontáneos y recíprocos, posibles
articuladores de una suerte de hermandad no forzada cuya
horma de posibilidad residía en la asunción de que la libertad –y
no sólo la opresión– era germen de relación social.
Si bien fue un hombre a la vanguardia de su época, Bakunin
también fue medianamente positivista en cuestiones del conocimiento.
No obstante, se hallan en Dios y el Estado una desconfianza
pionera ante la figura del científico y de sus castas gremiales,
de las cuales recelaba sus ambiciones tecnocráticas.
Instintivamente, Bakunin se negó a tratar a las personas vivas
como abstracciones estadísticas o conejos de laboratorios sociales,
prefiriendo el crisol de la vida activa y sus antinomias. Para
él, era la unidad entre ciencia y vida colectiva lo que podía eludir
la autonomización de las prácticas institucionales de los científicos.
En una carta de Bakunin a la condesa Salias de Tournemir
leemos: “Que mis amigos construyan, yo no tengo más sed que
la destrucción, porque estoy convencido de que construir con
unos materiales podridos sobre una carroña es trabajo perdido
y de que tan sólo a partir de una gran destrucción pueden apare8
/ MIJAIL BAKUNIN
cer de nuevo elementos vivientes, y junto con ellos, elementos
nuevos”. En la metáfora biológica que subyace a estas palabras
podemos diferenciar la destrucción renovadora de la mera depredación
aniquiladora: el arte de reinventar una sociedad o bien
a uno mismo adeuda su potencia y posibilidad a la amalgama
espontánea de artes sociales vitales y al desmontaje de las antiguas
y perimidas formas de sociabilidad. Lo nuevo emerge de
los materiales de desecho y deshechos.
La cuestión religiosa obsesionó a los anarquistas. Por un lado,
la ontología anarquista centrada en la autocreación del ser no
podía aceptar la hipótesis divina; por otra parte, sociológica e
históricamente, el rol de la Iglesia cristiana en la ignorantización
de la humanidad y el control de la autoridad eclesiástica sobre la
conciencia eran datos políticos de peso. Los anarcoindividualistas
–creadores morales de sí mismos– eran los máximos recusadores.
Ya Stirner les daba toda una cobertura teórica al respecto, a lo
que se sumaron a principios de siglo las provocaciones en materia
de libertad sexual y moral por parte de Émile Armand. Antes
de ellos, Bakunin había advertido las consecuencias políticas
derivadas de la continuidad entre el principio de jerarquía divina
y el estatal. Tanta fue la fobia antieclesiástica que llegó a ser
habitual el “bautismo anarquista”, a saber, el cambio de nombre
a fin de rechazar el santoral o bien la elección de un apodo o
nombre de guerra para fundar huellas de una nueva sociedad.
Sin embargo, no han faltado intentos de vincular el cristianismo
con el anarquismo. Así, Tolstoi percibía en la fe sencilla y en la
organización comunitarista de los primeros cristianos un modelo
de anarquía deseable; Dorothy Day, una suerte de “santa”
anarquista de origen católico-irlandés difundió en los Estados
Unidos una versión obrerista y libertaria del cristianismo a través
del periódico The Catholic Worker; y ya en nuestra época
Jacques Ellul, pensador de la técnica y cristiano asumido, creía
encontrar en las comunidades religiosas posteriores a la Reforma
el eslabón perdido entre la fe y la anarquía.
Tampoco el combate de Bakunin contra la “superchería ontológica”
supone a Dios un mero dato cuya sustancia es “fantasmática”.
En tanto la hipótesis divina se difunde con eficacia simbólica,
existe y justifica la jerarquía terrestre. La emancipación de
toda tutela exige impugnar a los homónimos modernos de la jerarquía
celestial, pues la figura de Dios emblematiza a la autoridad
DIOS Y EL ESTADO / 9
en estado puro. Quizá lo que se agitaba en el alma eslavófila de
Bakunin era un antiteísmo visceral más que un cientificismo ateo,
un humanismo radical ante una imagen terrible y vengativa de
Dios antes que una ateología. Así se comprenden mejor las continuas
reivindicaciones de Satanás y de Eva, las añoranzas del paganismo
o del tolerante politeísmo griego. Bakunin renegaba de las
teologías religiosa y estatal que suponen al hombre esencialmente
malo y peligroso. En última instancia, creía que esa “locura colectiva”
llamada religión había sido consecuencia de “una gran sed
del corazón y una insuficiente confianza en la humanidad”.
Durante las dos décadas que siguen a 1848, se encarnó en el
nombre de Mijail Bakunin el fantasma del comunismo que atemorizó
al mundo burgués. A las autoridades, Bakunin les parecía
una suerte de Danton que preconizaba un firmamento inconcebible
a la vez que promovía agitaciones sociales destinadas a
apurar la llegada del nuevo mundo. Cuando murió, hacía poco
tiempo que la Comuna de París había sido literalmente aplastada
y todo el horizonte estaba impregnado de republicanismo
burgués. Quizá Bakunin no alcanzó a darse cuenta del todo de la
bola de nieve que había impulsado y que alcanzaría una magnitud
amenazante para la cultura burguesa una década más tarde
y culminaría su rodada en 1936, durante la Revolución Española.
Alexandrina Bauler, quien conoció a Bakunin en sus últimos
años, recuerda haberse impresionado por la devoción afectuosa
de sus compañeros, “semejante a la que en el pasado debió existir
entre los grandes maestros de la pintura y sus alumnos”. Sólo
un Blanqui o un Garibaldi generaron esa especie de seguimiento
por un hombre al que se admiraba por su devoción a la causa de
la libertad absoluta. Habría que esperar a la relación entre Breton
y los surrealistas para presenciar algo semejante. De hecho, en
Bakunin se pueden encontrar antecedentes de la idea de amor
loco surrealista. Poco antes de morir, Bakunin describía a Eliseo
Reclus el papel que él mismo y sus compañeros habían jugado
en la gran obra del siglo XIX: “Nuestro trabajo no se perderá
–nada se pierde en este mundo–: las gotas de agua, aun siendo
invisibles, logran formar el océano”. A Bakunin debemos la acuñación
política de una de las últimas imágenes deslumbrantes de
la libertad humana, oceánica e inabarcable.
Christian Ferrer
DIOS Y EL ESTADO / 11
EL PRINCIPIO DE AUTORIDAD
¿Quiénes tienen razón, los idealistas o los materialistas? Una
vez planteada así la cuestión, vacilar se hace imposible. Sin duda
alguna los idealistas se engañan y sólo los materialistas tienen
razón. Sí, los hechos están antes que las ideas; el ideal, como
dijo Proudhon, no es más que una flor de la cual son raíces las
condiciones materiales de existencia. Toda la historia intelectual
y moral, política y social de la humanidad es un reflejo de su
historia económica.
Todas las ramas de la ciencia moderna, concienzuda y seria,
convergen a la proclamación de esa grande, de esa fundamental y
decisiva verdad: el mundo social, el mundo puramente humano,
la humanidad, en una palabra, no es otra cosa que el desenvolvimiento
último y supremo –para nosotros al menos y relativamente
a nuestro planeta–, la manifestación más alta de la animalidad.
Pero como todo desenvolvimiento implica necesariamente una negación,
la de la base o del punto de partida, la humanidad es al
mismo tiempo y esencialmente una negación, la negación reflexiva
y progresiva de la animalidad en los hombres; y es precisamente
esa negación tan racional como natural, y que no es racional
más que porque es natural, a la vez histórica y lógica, fatal como
lo son los desenvolvimientos y las realizaciones de todas las leyes
naturales en el mundo, la que constituye y crea el ideal, el mundo
de las convicciones intelectuales y morales, las ideas.
Nuestros primeros antepasados, nuestros Adanes y nuestras
Evas, fueron, si no gorilas, al menos primos muy próximos al
gorila, omnívoros, animales inteligentes y feroces, dotados, en
un grado infinitamente más grande que los animales de todas las
otras especies, de dos facultades preciosas; la facultad de pensar
y la facultad, la necesidad de rebelarse.
Estas dos facultades, combinando su acción progresiva en la
historia, representan propiamente el “factor”, el aspecto, la potencia
negativa en el desenvolvimiento positivo de la animalidad
humana, y crean por consiguiente todo lo que constituye la humanidad
en los hombres.
12 / MIJAIL BAKUNIN
La Biblia, que es un libro muy interesante y a veces muy profundo
cuando se lo considera como una de las más antiguas
manifestaciones de la sabiduría y de la fantasía humanas que
han llegado hasta nosotros, expresa esta verdad de una manera
muy ingenua en su mito del pecado original. Jehová, que de todos
los buenos dioses que han sido adorados por los hombres es
ciertamente el más envidioso, el más vanidoso, el más feroz, el
más injusto, el más sanguinario, el más déspota y el más enemigo
de la dignidad y de la libertad humanas, que creó a Adán y a
Eva por no sé qué capricho (sin duda para engañar su hastío,
que debía de ser terrible en su eternamente egoísta soledad, o
para procurarse nuevos esclavos), había puesto generosamente
a su disposición toda la Tierra, con todos sus frutos y todos los
animales, y no había puesto a ese goce completo más que un
límite. Les había prohibido expresamente que tocaran los frutos
del árbol de la ciencia. Quería que el hombre, privado de toda
conciencia de sí mismo, permaneciese un eterno animal, siempre
de cuatro patas ante el dios eterno, su creador y su amo. Pero he
aquí que llega Satanás, el eterno rebelde, el primer librepensador
y el emancipador de los mundos. Avergüenza al hombre de
su ignorancia y de su obediencia animales; lo emancipa e imprime
sobre su frente el sello de la libertad y de la humanidad,
impulsándolo a desobedecer y a comer del fruto de la ciencia.
Se sabe lo demás. El buen dios, cuya ciencia innata constituye
una de las facultades divinas, habría debido advertir lo que sucedería;
sin embargo, se enfureció terrible y ridículamente: maldijo
a Satanás, al hombre y al mundo creados por él, hiriéndose,
por decirlo así, en su propia creación, como hacen los niños
cuando se encolerizan; y no contento con alcanzar a nuestros
antepasados en el presente, los maldijo en todas las generaciones
del porvenir, inocentes del crimen cometido por aquéllos.
Nuestros teólogos católicos y protestantes hallan que eso es muy
profundo y muy justo, precisamente porque es monstruosamente
inicuo y absurdo. Luego, recordándose que no era sólo un dios
de venganza y de cólera, sino un dios de amor, después de haber
atormentado la existencia de algunos millares de pobres seres
humanos y de haberlos condenado a un infierno eterno, tuvo
piedad del resto y para salvarlo, para reconciliar su amor eterno
y divino con su cólera eterna y divina siempre ávida de víctimas
y de sangre, envió al mundo, como una víctima expiatoria, a su
DIOS Y EL ESTADO / 13
hijo único a fin de que fuese muerto por los hombres. Eso se
llama el misterio de la redención, base de todas las religiones
cristianas. ¡Y si el divino salvador hubiese salvado siquiera al
mundo humano! Pero no; en el paraíso prometido por Cristo, se
sabe, puesto que es anunciado formalmente, no habrá más que
muy pocos elegidos. El resto, la inmensa mayoría de las generaciones
presentes y del porvenir, arderá eternamente en el infierno.
En tanto, para consolarnos, dios, siempre justo, siempre
bueno, entrega la Tierra al gobierno de los Napoleón III, de los
Guillermo I, de los Fernando de Austria y de los Alejandro de
todas las Rusias.
Tales son los cuentos absurdos que se divulgan y tales son las
doctrinas monstruosas que se enseñan en pleno siglo XIX, en todas
las escuelas populares de Europa, por orden expresa de los
gobiernos. ¡A eso se llama civilizar a los pueblos! ¿No es evidente
que todos esos gobiernos son los envenenadores sistemáticos,
los embrutecedores interesados de las masas populares?
Me he dejado arrastrar lejos de mi asunto, por la cólera que
se apodera de mí siempre que pienso en los innobles y criminales
medios que se emplean para conservar las naciones en una esclavitud
eterna, a fin de poder esquilmarlas mejor, sin duda alguna.
¿Qué significan los crímenes de todos los Tropmann del mundo,
en presencia de ese crimen de lesa humanidad que se comete
diariamente, en pleno día, en toda la superficie del mundo civilizado,
por aquellos mismos que se atreven a llamarse tutores y
padres de pueblos? Vuelvo al mito del pecado original.
Dios dio razón a Satanás y reconoció que el diablo no había
engañado a Adán y a Eva prometiéndolos la ciencia y la libertad,
como recompensa del acto de desobediencia que les había
inducido a cometer; porque tan pronto como hubieron comido
del fruto prohibido, dios se dijo a sí mismo (véase la Biblia):
“He aquí que el hombre se ha convertido en uno de nosotros,
sabe del bien y del mal; impidámosle, pues, comer del fruto de la
vida eterna, a fin de que no se haga inmortal como nosotros”.
Dejemos ahora a un lado la parte fabulesca de este mito y
consideremos su sentido verdadero. El sentido es muy claro. El
hombre se ha emancipado, se ha separado de la animalidad y se
ha constituido como hombre; ha comenzado su historia y su
desenvolvimiento propiamente humano por un acto de desobediencia
y de ciencia, es decir por la rebeldía y por el pensamiento.
14 / MIJAIL BAKUNIN
Tres elementos o, si queréis, tres principios fundamentales,
constituyen las condiciones esenciales de todo desenvolvimiento
humano, tanto colectivo como individual, en la historia: 1º la
animalidad humana; 2º el pensamiento; y 3º la rebeldía. A la
primera corresponde propiamente la economía social y privada;
a la segunda, la ciencia y a la tercera, la libertad.
Los idealistas de todas las escuelas, aristócratas y burgueses,
teólogos y metafísicos, políticos y moralistas, religiosos, filósofos
o poetas –sin olvidar los economistas liberales, adoradores
desenfrenados de lo ideal, como se sabe–, se ofenden mucho cuando
se les dice que el hombre, con toda su inteligencia magnífica,
sus ideas sublimes y sus aspiraciones infinitas, no es, como todo
lo que existe en el mundo, más que materia, más que un producto
de esa vil materia.
Podríamos responderles que la materia de que hablan los materialistas
–materia espontánea y eternamente móvil, activa, productiva;
materia química u orgánicamente determinada, y manifestada
por las propiedades o las fuerzas mecánicas, físicas, animales
o inteligentes que le son inherentes por fuerza– no tiene
nada en común con la vil materia de los idealistas. Esta última,
producto de su falsa abstracción, es efectivamente un ser estúpido,
inanimado, inmóvil, incapaz de producir la menor de las
cosas, un caput mortum, una rastrera imaginación opuesta a esa
bella imaginación que llaman dios, ser supremo ante el que la
materia, la materia de ellos, despojada por ellos mismos de todo
lo que constituye la naturaleza real, representa necesariamente
el supremo Nada. Han quitado a la materia la inteligencia, la
vida, todas las cualidades determinantes, las relaciones activas o
las fuerzas, el movimiento mismo sin el cual la materia no sería
siquiera pesada, no dejándole más que la imponderabilidad y la
inmovilidad absoluta en el espacio; han atribuido todas esas fuerzas,
propiedades y manifestaciones naturales, al ser imaginario
creado por su fantasía abstractiva; después, tergiversando los
papeles, han llamado a ese producto de su imaginación, a ese
fantasma, a ese dios que es la Nada: “Ser supremo”, y, por consiguiente,
han declarado que el ser real, la materia, el mundo, es
la Nada. Después de eso vienen a decirnos gravemente que esa
materia es incapaz de producir nada, ni aun de ponerse en movimiento
por sí misma, y que por consiguiente ha debido ser creada
por dios.
DIOS Y EL ESTADO / 15
En otro escrito* he puesto al desnudo los absurdos verdaderamente
repulsivos a que se es llevado fatalmente por esa imaginación
de un dios, sea personal, sea creador y ordenador de
los mundos; sea impersonal y considerado como una especie de
alma divina difundida en todo el universo, del que constituiría el
principio eterno; o bien como idea indefinida y divina, siempre
presente y activa en el mundo y manifestada siempre por la totalidad
de seres materiales y finitos. Aquí me limitaré a hacer resaltar
un solo punto.
Se concibe perfectamente el desenvolvimiento sucesivo del
mundo material, tanto como de la vida orgánica, animal, y de la
inteligencia históricamente progresiva, individual y social, del
hombre en ese mundo. Es un movimiento en absoluto natural de
lo simple a lo compuesto, de abajo a arriba o de lo inferior a lo
superior; un movimiento conforme a todas nuestras experiencias
diarias, y por consiguiente conforme también a nuestra lógica
natural, a las propias leyes de nuestro espíritu que, no conformándose
nunca y no pudiendo desarrollarse más que con la
ayuda de esas mismas experiencias, no es, por decirlo así, más
que la reproducción mental, cerebral, o su resumen reflexivo.
El sistema de los idealistas nos presenta completamente lo
contrario. Es el trastorno absoluto de todas las experiencias humanas
y de ese buen sentido universal y común que es condición
esencial de toda entente humana y que, elevándose de esa verdad
tan simple y tan unánimemente reconocida de que dos veces dos
hacen cuatro, hasta las consideraciones científicas más sublimes
y más complicadas, no admitiendo por otra parte nunca nada
que no sea severamente confirmado por la experiencia o por la
observación de las cosas o de los hechos, constituye la única
base seria de los conocimientos humanos.
En lugar de seguir la vía natural de abajo a arriba, de lo inferior
a lo superior, y de lo relativamente simple a lo más complicado;
en lugar de acompañar prudente, racionalmente, el movimiento
progresivo y real del mundo llamado inorgánico al mundo
orgánico, vegetal, después animal, y después especialmente
* Se refiere a las Consideraciones filosóficas sobre el fantasma divino, sobre
el mundo real y sobre el hombre, publicado en castellano con el título
Consideraciones filosóficas juntamente con otros trabajos del autor (Editorial
La Protesta, Buenos Aires, 1926). [N. de la E.]
16 / MIJAIL BAKUNIN
humano; de la materia química o del ser químico a la materia
viva o al ser vivo, y del ser vivo al ser pensante, los idealistas,
obsesionados, cegados e impulsados por el fantasma divino que
han heredado de la teología, toman el camino absolutamente
contrario. Proceden de arriba a abajo, de lo superior a lo inferior,
de lo complicado a lo simple. Comienzan por dios, sea como
persona, sea como sustancia o idea divina, y el primer paso que
dan es una terrible voltereta de las alturas sublimes del eterno
ideal al fango del mundo material; de la perfección absoluta a la
imperfección absoluta; del pensamiento al Ser, o más bien del
Ser Supremo a la Nada. Cuándo, cómo y por qué el ser divino,
eterno, infinito, lo Perfecto absoluto, probablemente hastiado
de sí mismo, se ha decidido al salto mortale desesperado; he ahí
lo que ningún idealista, ni teólogo, ni metafísico, ni poeta ha
sabido comprender jamás él mismo ni explicar a los profanos.
Todas las religiones pasadas y presentes y todos los sistemas de
filosofía trascendentes ruedan sobre ese único o inicuo1 misterio.
Santos hombres, legisladores inspirados, profetas, mesías,
buscaron en él la vida y no hallaron más que la tortura y la
muerte. Como la esfinge antigua, los ha devorado, porque no
han sabido explicarlo. Grandes filósofos, desde Heráclito y Platón
hasta Descartes, Spinoza, Leibniz, Kant, Fichte, Schelling y Hegel,
sin hablar de los filósofos hindúes, han escrito montones de volúmenes
y han creado sistemas tan ingeniosos como sublimes, en
los cuales dijeron de paso muchas bellas y grandes cosas y descubrieron
verdades inmortales, pero han dejado ese misterio,
objeto principal de sus investigaciones trascendentes, tan insondable
como lo había sido antes de ellos. Pero puesto que los
esfuerzos gigantes –como de los más admirables genios que el
mundo conoce y que durante treinta siglos al menos, han emprendido
siempre de nuevo ese trabajo de Sísifo– no han culminado
sino en la mayor incomprensión aún de ese misterio, ¿podremos
esperar que nos será descubierto hoy por las especulaciones
rutinarias de algún discípulo pedante de una metafí-
1 Lo llamo “inicuo”, porque, como creo haberlo demostrado en mis
Consideraciones filosóficas a que hice mención, este misterio ha sido y
continúa siendo todavía la consagración de todos los horrores que se han
cometido y que se cometen en el mundo humano; y lo llamo “único”
porque todos los otros absurdos teológicos y metafísicos que embrutecen
el espíritu de los hombres no son más que sus consecuencias necesarias.
DIOS Y EL ESTADO / 17
sica artificiosamente recalentada, y eso en una época en que todos
los espíritus vivientes y serios se han desviado de esa ciencia
explicable, surgida de una transacción, históricamente explicable
sin duda, entre la irracionalidad de la fe y la sana razón
científica?
Es evidente que este terrible misterio es inexplicable, es decir
que es absurdo, porque lo absurdo es lo único que no se puede
explicar. Es evidente que el que tiene necesidad de él para su
dicha, para su vida, debe renunciar a su razón y, volviendo si
puede a la fe ingenua, ciega, estúpida, repetir con Tertuliano y
con todos los creyentes sinceros, estas palabras que resumen la
quintaesencia misma de la teología: Credo quia absurdum. Entonces
toda discusión cesa, y no queda más que la estupidez triunfante
de la fe. Pero entonces se promueve también otra cuestión:
¿Cómo puede nacer en un hombre inteligente e instruido la necesidad
de creer en ese misterio?
Que la creencia en un dios creador, ordenador y juez, amo,
maldiciente, salvador y bienhechor del mundo se haya conservado
en el pueblo, y sobre todo en las poblaciones rurales, mucho
más aún que en el proletariado de las ciudades, nada más
natural. El pueblo, desgraciadamente, es todavía muy ignorante;
y es mantenido en su ignorancia por los esfuerzos sistemáticos
de todos los gobiernos, que consideran esa ignorancia, no
sin razón, como una de las condiciones más esenciales de su propia
potencia. Aplastado por su trabajo cotidiano, privado de
ocio, de comercio intelectual, de lectura, en fin, de casi todos los
medios y de una buena parte de los estimulantes que desarrollan
la reflexión en los hombres, el pueblo acepta muy a menudo sin
crítica y en conjunto las tradiciones religiosas que, envolviéndolo
desde su nacimiento en todas las circunstancias de su vida, y
artificialmente mantenidas en su seno por una multitud de
envenenadores oficiales de toda especie, sacerdotes y laicos, se
transforman en él en una suerte de hábito mental y moral, demasiado
a menudo más poderoso que su buen sentido natural.
Hay otra razón que explica y que legitima en cierto modo las
creencias absurdas del pueblo. Es la situación miserable a que se
encuentra fatalmente condenado por la organización económica
de la sociedad en los países más civilizados de Europa, reducido,
intelectual y moralmente tanto como en su condición material,
al mínimo de una existencia humana, encerrado en su vida como
18 / MIJAIL BAKUNIN
un prisionero en su prisión, sin horizontes, sin salida, sin porvenir
mismo, si se cree a los economistas, el pueblo debería tener el
alma singularmente estrecha y el instinto achatado de los burgueses
para no experimentar la necesidad de salir de ese estado;
pero para eso no hay más que tres medios, dos de ellos ilusorios
y el tercero real. Los dos primeros son el burdel y la iglesia, el
libertinaje del cuerpo y el libertinaje del alma; el tercero es la
revolución social. De donde concluyo que esta última únicamente,
mucho más al menos que todas las propagandas teóricas de
los librepensadores, será capaz de destruir hasta los mismos rastros
de las creencias religiosas y de los hábitos de desarreglo en
el pueblo, creencias y hábitos que están más íntimamente ligados
de lo que se piensa; y que, sustituyendo los goces a la vez
ilusorios y brutales de ese libertinaje corporal y espiritual, por
los goces tan delicados como reales de la humanidad plenamente
realizada en cada uno de nosotros y en todos, la revolución
social únicamente tendrá el poder de cerrar al mismo tiempo
todos los burdeles y todas las iglesias.
Hasta entonces, el pueblo, tomado en masa, creerá, y si no
tiene razón para creer, tendrá al menos el derecho.
Hay una categoría de gentes que, si no cree, debe al menos
aparentar que cree. Son todos los atormentadores, todos los opresores
y todos los explotadores de la humanidad. Sacerdotes, monarcas,
hombres de Estado, hombres de guerra, financistas públicos
y privados, funcionarios de todas las especies, policías,
carceleros y verdugos, monopolizadores, capitalistas, empresarios
y propietarios, abogados, economistas, políticos de todos
los colores, hasta el último comerciante, todos repetirán al unísono
estas palabras de Voltaire:
Si dios no existiese habría que inventarlo.
Porque, comprenderéis, es preciso una religión para el pueblo.
Eso es la válvula de seguridad.
Existe, en fin, una categoría bastante numerosa de almas honestas,
pero débiles, que, demasiado inteligentes para tomar en
serio los dogmas cristianos, los rechazan en detalle, pero no tienen
ni el valor, ni la fuerza, ni la resolución necesarios para rechazarlos
totalmente. Dejan a vuestra crítica todos los absurdos
particulares de la religión, se burlan de todos los milagros, pero
DIOS Y EL ESTADO / 19
se aferran con desesperación al absurdo principal, fuente de todos
los demás, al milagro que explica y legítima todos los otros
milagros: a la existencia de dios. Su dios no es el ser vigoroso y
potente, el dios brutalmente positivo de la teología. Es un ser
nebuloso, diáfano, ilusorio, de tal modo ilusorio que cuando se
cree palparle se transforma en Nada; es un milagro, un fuego
fatuo que ni calienta ni ilumina. Y sin embargo sostienen y creen
que si desapareciese, desaparecería todo con él. Son almas inciertas,
enfermizas, desorientadas en la civilización actual, que no
pertenecen ni al presente ni al porvenir, pálidos fantasmas eternamente
suspendidos entre el cielo y la tierra, y que ocupan entre
la política burguesa y el socialismo del proletariado absolutamente
la misma posición. No se sienten con fuerza ni para
pensar hasta el fin, ni para querer, ni para resolver, y pierden su
tiempo y su labor esforzándose siempre por conciliar lo inconciliable.
En la vida pública se llaman socialistas burgueses.
Ninguna discusión con ellos ni contra ellos es posible. Están
demasiado enfermos.
Pero hay un pequeño número de hombres ilustres, de los cuales
nadie se atreverá a hablar sin respeto, y de los cuales nadie
pensará en poner en duda ni la salud vigorosa, ni la fuerza de
espíritu, ni la buena fe. Baste citar los nombres de Mazzini, de
Michelet, de Quinet, de John Stuart Mill2. Almas generosas y
fuertes, grandes corazones, grandes espíritus, grandes escritores
y, el primero, resucitador heroico y revolucionario de una gran
nación, son todos apóstoles del idealismo y los adversarios apasionados
del materialismo, y por consiguiente también del socialismo,
en filosofía como en política.
Es con ellos con quienes hay que discutir esta cuestión.
Comprobemos primero que ninguno de los hombres ilustres
que acabo de mencionar, ni ningún otro pensador idealista un
poco importante de nuestros días, se ha ocupado propiamente
de la parte lógica de esta cuestión. Ninguno ha tratado de resolver
filosóficamente la posibilidad del salto mortale divino de las
2 Stuart Mill es quizás el único de quien es permitido poner en duda el
idealismo serio, y eso por dos razones: la primera es que si no es absolutamente
el discípulo, es un admirador apasionado, un adherente de la filosofía
positiva de Comte, filosofía que, a pesar de sus reticencias numerosas, es
realmente atea; la segunda es que Stuart Mill es inglés, y en Inglaterra
proclamarse ateo es ponerse al margen de la sociedad, aun hoy mismo.
Leer más en: http://www.quijotelibros.com.ar/anarres/Dios_y_el_estado.pdf
Tags: Dios y el Estado, Bakunin, Marx, Freud, animal, esclavitud, materialistas