miércoles, 13 de octubre de 2010

Por: Rafael Victorino Muñoz 

 
Estados Unidos tiene dos grandes socios en América Latina: México y Colombia. Con estos países, el imperio ha suscrito diversos tratados: de libre comercio, de ayuda militar, de coparticipación en diferentes actividades y pare usted de contar. Pero, para cualquiera que tenga cuatro dedos de frente y ganas de ponerse a pensar un rato en por qué han sido estos dos países los elegidos (sería una ironía cruel llamarlos afortunados), cuál es el interés en que sean ellos y no otros, quizás en algún momento pase por su mente un tema, asunto, problema, elemento: las drogas.

En efecto, en la tríada clásica del comercio, estos tres países hacen perfectamente su papel, todos y cada uno: el productor, el intermediario, el comprador. Colombia, México, Estados Unidos; el que la hace, el que la trae y vende, el que la compra y consume. Y es que estamos hablando no sólo de países donde se vende y se consume cocaína, estamos hablando del mayor productor y del mayor consumidor (Colombia y USA), estamos hablando de dos países controlados en gran parte por los carteles y los narco paramilitares (México y Colombia).

Colombia: el caso triste de un Estado que cedió la mayor parte de su territorio a un cultivo que no puede, o no quiere controlar; un Estado múltiple, o varios Estados: el que tiene su sede en el Palacio de Nariño, para guardar las apariencias; y el que controla los sembradíos, las cosechas de la hoja, el procesamiento de la materia prima a la pasta pura. Ese es otro gobierno, en apariencia. Claro, no pueden ser los ministros de cuello blanco los que se vinculen directamente con el asunto; hay que decir que son otros, que son los malos. Porque los personeros del gobierno tienen que asegurar que a ellos les interesa acabar con el cultivo de la hoja, y decir que apoyan el tristemente célebre plan Colombia, que hasta los momentos no logró nada.

Quién sabe si eso que rociaban no era fertilizantes para las plantas de coca. O quizás lo que destruían intencionalmente eran los otros sembradíos, para disponer de más terreno para el Erythroxylon. Lo único que se logró con el plan Colombia fue convencer a unos ingenuos campesinos de que cultivaran otra cosa, como piña; sin asegurarles quién iba a comprarles la producción. Esos pobres tontos lo que hicieron fue dejar el espacio abierto para que los grandes productores de la hoja acapararan el mercado. Y estamos hablando, claramente, de los que cultivan la hoja para producir la cocaína, y no con fines medicinales, legalmente previstos.

Pero, después de cultivada y procesada, la pasta, la droga en su forma pura o ya rebajada, debe llegar al consumidor final, al joven gringo que va a las fiestas y es quien mantiene funcionando la economía. Porque esto es lo que los mismos ideólogos declaran ufanos: “lo que mantiene a flote la economía de Estados Unidos son los consumidores”. Y hasta allí llega la frase, pero no nos dicen: ¿consumidores de qué? Todos lo sabemos.

Entonces vienen los mexicanos, pero los mexicanos malos, se sobreentiende: ésos que le cortan la cabeza a los miembros de otra pandilla, o ésos que en las ruedas de un camión quieren pasar dos envoltorios, dos paquetes como de un kilo cada uno. Los mexicanos buenos están en el gobierno, y son los que suscriben los tratados para que todo entre y salga con la mayor impunidad. Si no fuera por esos tratados. God blees you.

A mí me da mucho qué pensar este asunto. Cómo es que la tecnología de los gringos permite detectar que hay una familia de tres mexicanos caminando por un desierto a la luz de la luna, pero no ven enormes camiones, barcos, quién sabe qué y cómo, cargados de sustancias extrañas. Porque esos dos o tres paquetes que puede pasar una persona en un bolso de mano, en una maleta, entre los guardafangos, no son suficientes para cubrir la demanda.

Saquen cuentas: un país de trescientos millones de habitantes, con un porcentaje de consumidores alto, que requieren varias dosis diarias o semanales. Si fuera un paquete de cinco gramos diarios sería como un kilo y medio al año por persona; y si el porcentaje de consumidores fuera un 5% del total… Multipliquen todo eso e imaginen el tamaño del camión, o el número de camiones. Porque eso no lo pueden llevar y traer unas pocas mulas. Hacen falta camiones, trenes, barcos aviones. ¿Cómo puede pasar toda esa cocaína por las narices de la policía en las fronteras del Imperio? En sentido figurado y en sentido literal.

La película The Line, de James Cotten (con Andy García y Ray Liotta), propone una respuesta al enigma: hay una agencia del gobierno norteamericano, una de ésas que funcionan de manera extraoficial, con presupuestos ocultos, con tareas que nadie oficialmente reconocería; esta agencia o buró debe permitir el ingreso del producto a través de una zona de la frontera (ésa es la línea), en las proximidades de la ciudad de Tijuana, algo así como un área de libre comercio de la droga; pero dicha agencia también debe velar para que no entren cosas raras (como un contrabando de uranio), o que no sean los tipos malos los que controlen el negocio.

En el caso de la película hay unos afganos que quieren pasar heroína, pero eso no puede ser, porque los afganos son terroristas, no se debe negociar con ellos. Sí se puede con los carteles mexicanos y con los paras colombianos, que son países aliados, que son los socios. Y así todos terminan contentos, todo el mundo sabe lo que pasa, pero no importa. Porque lo que importa es el mercado, lo que demandan los consumidores (ya sabemos de qué).

¿Se imaginan lo que sucedería si de verdad existiera una guerra seria contra el narcotráfico? ¿Si los gringos despliegan contra los narcos (mexicanos o colombianos) todo el aparato militar que llevaron a Irak? Habría un caos, una debacle puertas adentro; porque el mercado interno quedaría desabastecido. Y es que los gringos no producen (ellos no se pueden ensuciar las manos). Sólo consumen. Compran, porque para eso son la primera economía del mundo y el país con más millonarios. Que cultiven otros. Para esos somos socios.

 


rvictorino27@hotmail.com
 
 


Tags: socios, droga, cocaina, Colombia, México, consumidores, productor

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