Viernes, 17 de diciembre de 2010

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El reciente conflicto entre los controladores a?reos y el gobierno espa?ol ha producido un interesante debate y una profunda confusi?n en la Izquierda (entendamos Izquierda en sentido amplio, incluyendo a todos aquellos sujetos y grupos que preconizan la transformaci?n de la sociedad capitalista, y no su apuntalamiento) a la hora de tomar una posici?n pol?tica con respecto al mismo. Y esta misma situaci?n de incertidumbre, y en muchos casos de silencio, es fruto de las limitaciones de los diferentes paradigmas (en el sentido ?estricto? que Kuhn le daba a la palabra) de la Izquierda, puestas al descubierto ante una situaci?n l?mite que ha provocado las reacciones m?s dispares.

Las recientes elecciones en Kosovo, donde ha resultado vencedor el partido oficial del primer ministro, no sin acusaciones de fraude electoral, traen a la memoria otra situaci?n, no muy lejana en el tiempo, en la que a la Izquierda se le plante? dilema dif?cil. No cuesta encontrar similitudes entre esta reacci?n dubitativa y contradictoria de la Izquierda ahora, y la que mostr? con motivo de la declaraci?n de independencia de Kosovo en febrero de 2008, con todo el debate surgido en torno al concepto de autodeterminaci?n, y si era o no aplicable al caso kosovar. En aquel momento la duda era si se deb?a apoyar aquella declaraci?n, a pesar de saberse de la implicaci?n y direcci?n estadounidense del proceso, considerando el derecho de autodeterminaci?n como un derecho democr?tico fundamental que deb?a observarse incondicionalmente en todo momento aunque no gustaran los tipos que lo invocaran, o bien, por el contrario, hab?a que diferenciar, atendiendo al contexto concreto, entre lo que era autodeterminaci?n y lo que era una maniobra intervencionista norteamericana, asumiendo los riesgos e inconvenientes que implicaba lanzarse dilucidar esta distinci?n y el consiguiente posicionamiento en contra de la declaraci?n. Para colmo, el debate se hac?a en clave interna, con la vista puesta en las implicaciones que pudiera tener un posicionamiento u otro de cara al conflicto vasco.

La duda estaba, y est? ahora, en posicionarse en abstracto e incondicionalmente a favor de un derecho, obviando las circunstancias concretas, el discurso y las caracter?sticas de quienes lo invocan (o se dice que lo invocan), o bien en analizar esas mismas circunstancias siguiendo alg?n tipo de criterio, aun a riesgo de equivocarse. La huelga de los controladores a?reos, o si se prefiere, el plante, ha puesto de nuevo a la Izquierda ante el mismo problema con respecto al derecho de huelga. Se trata, quiz? m?s a?n que en el caso kosovar, de una situaci?n l?mite en la que los sujetos que intervienen y los repertorios de acci?n colectiva utilizados no encuentran un f?cil acomodo en los paradigmas utilizados habitualmente por la Izquierda como gu?as para situaciones mucho m?s frecuentes, definidas y c?modas, tanto intelectualmente como de cara a un posicionamiento pol?tico.

Para la izquierda, por lo tanto, el conflicto entre el sindicato de controladores a?reos, USCA, y el gobierno, ha supuesto una situaci?n l?mite porque plantea problemas a la hora de definir a los sujetos en conflicto. Para quienes, por un lado, entienden a la clase trabajadora como un sujeto est?tico y eterno, se les plantea el problema de tener que posicionarse en defensa de un grupo profesional especialmente privilegiado, que no son trabajadores al uso, debido a sus elevados salarios y prebendas, pero a los que s? se ha de considerar trabajadores al fin y al cabo, puesto que lo que define a la clase trabajadora, seg?n esta concepci?n, es la mera realizaci?n de un trabajo a cambio de unos ingresos o salario, con independencia de la relaci?n laboral concreta en que se halle inmersa.

Por otro lado, podr?amos hablar de una concepci?n postmoderna, para la que la negaci?n de la relevancia del concepto de clase, forma parte de su ADN intelectual, y busca sujetos transformadores en ?mbitos ajenos al trabajo, desde los estilos de vida a cualquier tipo de fragmentaci?n cultural o discursiva que implique el establecimiento de dos entidades bien diferenciadas en t?rminos de poder, ante las que posicionarse. Sin embargo, una vez inmersos en la actual crisis econ?mica internacional, con las recientes movilizaciones de trabajadores acaecidas en Europa, t?rminos como trabajo, huelga o derechos laborales, vuelven a estar en el primer plano de la agenda pol?tica e ideol?gica. Ante esta situaci?n, el postmodernismo, empe?ado en rechazar un concepto caricaturesco de la clase trabajadora (el mono azul), y renunciando a cualquier an?lisis de tipo estructural por considerarlo irrelevante u objetivista, asume como propia la defensa del derecho a la huelga de cualquier sujeto que la invoque frente a los atropellos del Estado, y opta por una definici?n del sujeto trabajador tan precaria como la del dogmatismo economicista anterior: asume la heterogeneidad de los trabajadores para darla por hecha y, sin molestarse en analizarla, la resuelve bajo el com?n denominador de la realizaci?n de un trabajo a cambio de un salario. Ese sujeto amorfo tendr?a pues un inter?s com?n y arm?nico en la defensa del derecho a la huelga o de las condiciones laborales de cualquiera de sus integrantes frente a las pretensiones del Estado de modificarlas o recortarlas.

La situaci?n se hace especialmente dif?cil, en tanto en cuanto, en este caso, el gobierno ha echado mano del ej?rcito para la gesti?n de una crisis supuestamente espont?nea, en primer lugar, y, acto seguido, para la imposici?n del Estado de alarma como medio de gestionar el conflicto y, ya de paso, el trabajo de los controladores. La militarizaci?n del este sector especializado es sin duda un precedente en las relaciones laborales, cuya importancia y repercusiones no deben ser infravaloradas.

Ahora bien, expuesto as? el problema de la izquierda y su posicionamiento ante el conflicto, conviene hacer algunas consideraciones:

Lo primero que hay que dejar claro es que las dos cuestiones que se entremezclan, a saber, la identificaci?n de los sujetos en conflicto y la valoraci?n pol?tica de su actuaci?n no son f?cilmente separables. En funci?n de a qui?nes se definen como los opresores y a qui?nes como los oprimidos, se establece un porqu? y una posici?n pol?tica.

Despu?s, hay que precisar algunas cosas con respecto al derecho a la huelga y qui?n la lleva a cabo. Para empezar, no ha existido en ning?n momento ninguna declaraci?n de huelga, ni pretensi?n de realizarla de la que se tenga constancia. Pero es que, adem?s de esto, una huelga es un repertorio de acci?n colectiva muy concreto que incluye incluso, parafraseando con una pirueta epistemol?gica a Goffman, sus rituales teatrales de cara a la audiencia, tales como una convocatoria, una serie de reivindicaciones, una difusi?n previa, la existencia de piquetes (informativos o combativos) o la negociaci?n de servicios m?nimos all? donde sea necesario (aunque s?lo sea para luego incumplirlos). Y, por tanto, no es lo mismo ese repertorio, que el sujeto que lo realiza, ni que la mera enunciaci?n del derecho a la huelga. Derecho, por cierto, que tambi?n ha sido reclamado en abstracto hist?ricamente por organizaciones patronales y grupos profesionales de ultraderecha (los famosos cierres y sabotajes patronales en latinoam?rica, por ejemplo), pero que, en este caso (insistamos), no ha sido siquiera invocado. Adem?s, aunque consideremos leg?timos otro tipo de repertorios menos tradicionales en los conflictos laborales, como el absentismo o las huelgas espont?neas no declaradas previamente, ni es el caso, ni de ello est? hablando la Izquierda, ni hay motivo alguno para mantener una postura acr?tica ante cualquiera que lo lleve a cabo por el simple hecho de hacerlo.

Tambi?n parece conveniente situar al gremio de los controladores a?reos, en lo que respecta a su posici?n social con respecto a otros trabajadores y otros actores implicados en el conflicto. Se trata de trabajadores, s?, en un sentido ampl?simo. Son, ante todo, trabajadores de un organismo p?blico, como es AENA, que se financia con fondos p?blicos y cuya propietaria es, en ?ltima instancia, el Estado, en representaci?n de la sociedad espa?ola en su conjunto, no una empresa privada con la vista puesta en la obtenci?n de beneficios a trav?s del trabajo ajeno. Sus elevad?simos salarios, como los de cualquier otro funcionario, son pagados por los impuestos del resto de trabajadores y su funci?n es, o deber?a ser, la de prestar un servicio p?blico, el cual ha de atender a las necesidades de la poblaci?n.

Sin embargo, este grupo profesional, a trav?s de su sindicato USCA, ha ido consiguiendo a lo largo de los a?os una serie de priviegios y prebendas que lo sit?an en el l?mite de lo que puede ser considerado un trabajador, un empresario y un alto funcionario del Estado. Sus salarios, superiores en m?s del doble al de ministros, alcaldes e incluso a lo que facturan al a?o muchos empresarios con trabajadores a su cargo, son causa y consecuencia de determinadas relaciones sociales y no, como se pretende a veces, una mera caracter?stica anecd?tica que complementa su esencia de trabajador com?n. Relaciones sociales que tambi?n les han proporcionado poderes, por ejemplo, en lo que respecta a la pol?tica de contrataci?n que debe seguir AENA, algo impensable e inasumible, al menos en teor?a, para la Izquierda o para la mera defensa de los servicios p?blicos, en tanto que p?blicos. En lugar de realizarse a trav?s de una Oferta P?blica de Empleo, los contratos de nuevos controladores a?reos han tenido que pactarse con USCA, que ha tendido a limitar esta contrataci?n y solicitar horas extras pagadas a m?s de 1.000?, antes que ver reducidos sus salarios.

Y toda esa serie de prebendas y privilegios que se han ido adquiriendo en contra del resto de trabajadores, han sido facilitadas y promovidas, en concreto, por el gobierno del Partido Popular a partir del I Convenio de 1999, jam?s a trav?s de los mecanismos habituales de huelga y negociaci?n colectiva, sino de pactos a puerta cerrada. El PP, que con aquel convenio convirti? a los controladores a?reos en un leal grupo de presi?n, ha sido un garante durante meses de los intereses de los controladores, exigiendo permanentemente al gobierno que negocie con los mismos, al contrario de la pol?tica de ?mano dura? que ha propugnado para con cualquier otro sector o grupo profesional. Las reuniones que mantuvieron representantes del PP y de USCA en varias ocasiones antes del plante de los controladores, fueran preparatorias o no del mismo (est? por demostrar), desde luego no fueron casuales, y ponen de manifiesto una afinidad e inter?s com?n en la vuelta a las relaciones privilegiadas que ten?an ambos con el I Convenio. Y sobra decir que una acci?n como la de los controladores bien podr?a haber adelantado las elecciones. En cuanto a los motivos del plante, en contra de lo que se ha argumentado en medios de la Izquierda, lo que lo ha motivado no ha sido el plan de privatizaci?n de AENA propuesto por el gobierno, sobre el que USCA no se ha pronunciado, sino un fragmento del decreto que regula las horas de trabajo de los controladores, ampliando su l?mite m?ximo a una cantidad menor de una jornada laboral completa normal, para contabilizar de otra manera las horas ordinarias y extras, y reducirles as? el salario; una medida en la t?nica neoliberalizadora y de contenci?n del gasto del gobierno del PSOE y que no es en absoluto excepcional, despu?s de haber atacado los derechos del resto de trabajadores a trav?s de la Reforma Laboral, la reforma de las pensiones o la reducci?n del salario de los funcionarios. Por lo dem?s, el discurso de los controladores ha brillado por su silencio y mutismo, salvo las declaraciones a posteriori de su representante Cesar Cabo que reclamaba estabilidad en el empleo, algo sorprendente en un colectivo caracterizado no s?lo por su estabilidad y nivel de ingresos, sino por su poder dentro del organismo p?blico en el que opera. Las quejas, que se han comentado en varias ocasiones, sobre sus condiciones laborales, sobre el exceso de horas trabajadas, el estr?s, los turnos imposibles, etc. s?lo se han realizado en foros privados y en ning?n momento USCA ha emitido ninguna declaraci?n p?blica exigiendo alg?n tipo de reivindicaci?n al respecto. Adem?s, resulta relativamente f?cil desmontar este discurso a partir del momento en que los controladores asumen horas extras (voluntarias, recu?rdese) a raz?n de 1000? y condicionan la contrataci?n de nuevos controladores, reclamando ?nicamente el n?mero de nuevos trabajadores que ellos consideran necesarios. No se puede descartar la existencia de abusos con respecto a los turnos u otros derechos laborales de este colectivo, pero s? dejar claro que ello no es lo que motiva el plante.

En cuanto a la intervenci?n del ej?rcito y el estado de alarma, el m?s espinoso de todos los puntos en este debate, tambi?n habr?a que valorar algunas cosas: cuando se dice que representa un peligroso precedente de cara a las futuras relaciones laborales, cosa que es totalmente cierta, se olvida que el precedente ya exist?a en el anterior decreto que inclu?a la posibilidad de recurrir al ej?rcito en el caso de producirse una situaci?n como la acaecida. USCA ten?a, por tanto, conocimiento de ello y, en lugar de denunciarlo, actu? a sabiendas de que podr?a ocurrir lo que, de hecho, ha ocurrido, ya fuera premeditadamente o por simple estupidez pol?tica, cegada por su habitual prepotencia.

Ello no justifica que el gobierno incluya en un decreto la posibilidad de militarizar un sector laboral en caso de huelga o cese de la actividad, pero muestra c?mo el ?golpe de Estado social? al que se ha aludido en algunos medios es algo m?s complejo que una demostraci?n de fuerza fascista por parte del gobierno ante el empoderamiento de los trabajadores mejor situados para llevar a cabo una contestaci?n y, en todo caso, ese ?golpe de Estado social? comenz? mucho antes de que los militares hicieran su aparici?n en las torres de control. El gobierno ha actuado en todo momento de manera coherente en su l?gica de conservar un orden al servicio de los mercados y contra los trabajadores, y no ha dudado en emplear la fuerza contra un grupo profesional impopular, en un momento en el que le ha servido la victoria en bandeja, con una opini?n p?blica rabiosa ante la actitud de los controladores, y un Partido Popular dubitativo y contemporizador con USCA. Y la jugada, al gobierno, le ha salido bien. En definitiva, no se est? en presencia de un conflicto de clase al uso, sino de un pulso entre ?lites pol?ticas y sociales, ante el cual, el resto de trabajadores, y ciudadan?a en general, se hallan espectantes, indignados y lo perciben como ajeno.

Dicho esto, tambi?n ser?a necesario comentar los t?picos de un discurso muy simplista, m?s propio del desprecio por ?las masas? de Gustave Le Bon que de an?lisis de izquierdas, seg?n el cual los medios de comunicaci?n, en simbiosis perfecta con un poder estatal y empresarial monol?tico y sin fisuras, han teledirigido el coraz?n y las mentes de los ciudadanos consumidores, siempre alienados y dispuestos a defender con u?as y dientes su derecho al consumo frente a los derechos sindicales y laborales, otorgando la legitimidad que el gobierno necesitaba para hacer uso del ej?rcito en la represi?n de los trabajadores. Sin negar que est? m?s que emp?ricamente demostrada la funci?n de direcci?n de la opini?n p?blica que ejercen los medios, al servicio de gobiernos y poderes econ?micos (los propios medios son importantes poderes econ?micos y pol?ticos en s? mismos), y sin negar que el discurso que enfrenta a trabajadores y consumidores es esgrimido sistem?ticamente por el poder, para blindar los derechos de los ?ltimos frente a los de los primeros, en ?sta situaci?n, la reacci?n popular ante el plante de los controladores no se debe ?nicamente a una relaci?n vertical de control de la opini?n p?blica por parte de los medios de comunicaci?n.

Se podr?a argumentar incluso que la relaci?n es la contraria: dec?a Gramsci que cuando un gobierno quiere aplicar alguna medida impopular, previamente crea un consenso favorable sobre la misma a trav?s de sus medios de propaganda y comunicaci?n. En este caso al gobierno no le ha hecho falta. Ha sido el propio consenso social el que ha actuado de campo abonado sobre el que ese discurso medi?tico ha calado con la mayor facilidad. Nunca previamente en la sociedad espa?ola ha existido un consenso tan amplio contra las protestas de un grupo profesional y eso no se puede explicar simplemente mediante la acumulaci?n machacona de las infamias vertidas por los medios sobre otros colectivos de trabajadores en huelga, como los del metro de Madrid, o la huelga general del 29S.

Por un lado, la influencia de los medios sobre la opini?n p?blica no es mec?nica y autom?tica, ni necesariamente, cuando ambas coinciden, se debe a una manipulaci?n (v?anse, por ejemplo, las diferencias entre los temas que los grupos medi?ticos tratan de imponer como el ?rden del d?a pol?tico, y los datos del CIS en torno a las principales preocupaciones de la ciudadan?a; o las divergencias entre los discursos de los medios privados y la opini?n popular en pa?ses como Venezuela). Los usuarios de l?neas a?reas y el resto de la poblaci?n trabajadora, cuentan tambi?n con su experiencia cotidiana, y no s?lo con los medios de comunicaci?n, para obtener informaci?n del mundo. Y es que resulta muy dif?cil de justificar una paralizaci?n repentina del espacio a?reo espa?ol, por parte de un grupo profesional que gana en torno a 200.000? al a?o, ante miles de trabajadores que dif?cilmente llegan (con mucho estr?s, por cierto) a 12.000?, muchos de los cuales es posible que se desplazaran, no a Canc?n o Punta Cana, como se ha dicho, sino a Canarias o a Coru?a para ver a sus familiares, por ejemplo, o a las costas para trabajar en la hosteler?a. No solamente no todos los que sal?an de puente son unos pijos ego?stas que no comprenden la lucha de los trabajadores, sino que esas vacaciones forman parte de su retribuci?n por un trabajo bien precario, al igual que el bajo sueldo que ganan, y ha costado muchos a?os conquistar eso. Recu?rdese, adem?s, que viajar en l?neas de bajo coste puede ser mucho m?s barato y accesible para la mayor?a de los trabajadores que hacerlo en tren. Por todo ello, cuando se hace una huelga sectorial, y sobre todo en un sector tan clave como la navegaci?n a?rea u otros servicios del mismo tipo, debe seguirse cierto ?protocolo? si no se quiere provocar un rechazo generalizado entre la poblaci?n.

Y por otro lado, hay que insistir una vez m?s en el errante comportamiento del PP y sus medios afines que, si bien se han posicionado contra el gobierno y a favor de los controladores desde antes y al inicio del conflicto, m?s tarde han reculado tras decretarse el Estado de alarma, pues es un precedente que ellos tambi?n pueden rentabilizar si se presenta la ocasi?n, y la contradicci?n entre el apoyo a los controladores y su ret?rica de la ?mano dura? frente a los desmanes de los trabajadores, les puede quitar muchos votos. Este hecho viene a contradecir tambi?n la supuesta teledirecci?n un?voca de la opini?n por parte de los medios.

Una vez hecho este an?lisis de situaci?n, cabe preguntarse por lo que puede esperarse de ahora en adelante y, sobre todo, a partir de hoy, una vez que ayer fue aprobada una pr?rroga del Estado de alarma por el Consejo de Ministros. La opini?n seg?n la cual, en lo sucesivo, ?el gobierno podr? reprimir todas las huelgas a trav?s del ej?rcito? es tremendamente exagerada. El gobierno justifica el Estado de alarma, entre otras cosas, por su excepcionalidad como respuesta a una situaci?n tambi?n excepcional, y s?lo puede hacerlo de esa manera. Pero s? es cierto que la militarizaci?n del espacio a?reo va a suponer una serie de peligros reales:

En primer lugar, se asiste a una degeneraci?n autoritaria de las relaciones laborales, ya en marcha antes del suceso, a partir de la cual acaba siendo habitual recurrir a los decretos sin negociaci?n colectiva previa. El incidente de los controladores viene a reforzar esta tendencia.

En segundo lugar, garantiza la privatizaci?n de parte de la gesti?n de AENA sin ning?n tipo de conflictividad, no s?lo de los controladores, que no han protestado por ello en ning?n momento, salvo a posteriori, sino de la opini?n p?blica y el debate pol?tico. Se refuerza as? el argumento seg?n el cual lo privado es m?s eficaz.

En tercer lugar, se crea un precedente que, si bien no justificar? f?cilmente acciones militares contra huelgas de trabajadores, s? puede justificar acciones ?militarizantes? y expeditivas como la sustituci?n de trabajadores en huelga por otros trabajadores de otros servicios, sin recurrir a la negociaci?n para la resoluci?n de conflictos. O bien la imposici?n de servicios m?nimos abusivos, tambi?n sin negociaci?n previa, en sectores donde no sean necesarios.

En cuarto lugar, el plante de los controladores da un argumento m?s, en este caso fundado, al discurso seg?n el cual los trabajadores en huelga y los sindicatos son unos privilegiados que atentan contra los derechos del consumidor-ciudadano.

Por ?ltimo, y como consecuencia de todo lo anterior, lo m?s grave: se refuerza el clima generalizado anti-huelga entre la poblaci?n y el miedo a las represalias entre los trabajadores. Varias organizaciones de trabajadores de los servicios ya han anunciado que ?mantendr?n la calma? durante las navidades: pilotos, maquinistas y taxistas.

A esta alturas, la postura de la izquierda, deber?a tener algunos lineamientos claros, b?sicamente tres:

a) exigir al gobierno la retirada inmediata del Estado de alarma y de cualquier medida de excepci?n que implique el uso de militares en un conflicto laboral;

b) rechazar de manera tajante la privatizaci?n de AENA y denunciar la falacia del gobierno seg?n la cual aquella es necesaria para evitar que vuelva a producirse un plante de los controladores;

c) plantear una alternativa a la actual organizaci?n de AENA que pase por la eliminaci?n de los privilegios de los controladores y que establezca un mecanismo p?blico y transparente de contrataci?n del personal laboral a trav?s de una Oferta P?blica de Empleo, lo que no es incompatible con la negociaci?n colectiva en torno a las dificultades de cualquier ?ndole que los controladores puedan encontrar en sus condiciones de trabajo.

Volviendo a la idea origen de este art?culo, resulta evidente c?mo los paradigmas te?ricos que la Izquierda utiliza habitualmente para representarse el mundo y actuar sobre ?l, son, con frecuencia, superados por los propios acontecimientos, lo cuales exigen, cada vez m?s, nuevos esfuerzos te?ricos y pol?ticos para poder seguir luchando por una transformaci?n de lo real. Esto es probablemente m?s cierto hoy que nunca. No s?lo, como quiere el pensamiento postmoderno, por la fragmentaci?n creciente y acelerada de sujetos y discursos (aunque buena parte de raz?n no le falta), sino porque las herramientas te?ricas y pol?ticas no se superan en una competici?n escol?stica de discursos asumidos como identidades; avanzan mediante la confrontaci?n con el mundo del que pretenden dar cuenta.

Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


Tags: huelga, izquierda, controladores, AENA, derecho, reivindicaciones, sindicato

Publicado por blasapisguncuevas @ 10:49  | ESPA?A
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