Mi?rcoles, 26 de enero de 2011
?Nunca es suficiente lo que has hecho, o vivido, o le?do, para ser revolucionario?



Enrique Ubieta G?mez (La Habana, 1958), es un ensayista y periodista cubano que, como tantos otros, mantiene vivos los ideales de su juventud. No se volvi? ?cuerdo? con la edad o los aparentes finales hist?ricos. Quiz?s naci? otras veces, sin saberlo, como revolucionario, que es la ?nica forma ?piensa ?l--, de continuar si?ndolo.

Aprovecho entonces el hecho fortuito de compartir la trinchera, para pedirle --desde mis pocos a?os y mi af?n por entender--, que me ayude a mirar la realidad que habitamos, la del d?a a d?a, la urgente, compleja y hermosa.

Por el camino iremos desbrozando certezas, incertidumbres y anhelos, muchos de ellos comunes y desde el convencimiento de que ser revolucionario, con todo lo que ello significa, no solo es hoy la ?nica opci?n ?tica, tambi?n es la ?nica postura cuerda y hasta pragm?tica ante el desastre ecol?gico y social que puede hundir a la civilizaci?n humana.

Terminando la primera d?cada del siglo XXI ?Cree que todav?a es v?lido hablar de la utop?a? ?Qu? sea atractiva su utilidad como impulsora de viajes impostergables y dif?ciles?

Debo primero aclarar un poco el concepto. La palabra utop?a proviene del griego y significa no ? lugar, es decir, ?lugar que no existe?. Tom?s Moro la emplea para nombrar su Isla e imaginar en ella una sociedad alternativa, superior a las existentes. Y aunque el pensamiento socialista ut?pico se convierte en una opci?n retardataria cuando Marx y Engels descubren las leyes que mueven los procesos sociales, no podemos obviar el simbolismo de ese t?rmino en la cultura latinoamericana, surgida de la yuxtaposici?n de sucesivas utop?as humanas. No olvides que la obra de Moro fue escrita en 1516, unos a?os despu?s del descubrimiento de Am?rica. Por los conocimientos geogr?ficos de la ?poca, la Isla as? nombrada por Moro pudo haber sido caribe?a. Y me gusta pensar que era la isla de Cuba. Fuera de los marcos estrictamente filos?ficos, el concepto adquiere un sentido movilizador y no tiene necesariamente que interpretarse como una carencia o una dejaci?n de los instrumentos cient?ficos aportados por el marxismo. Una cosa es ser un ?socialista ut?pico?, un fantaseador de realidades que se desentiende de, o desconoce, las leyes sociales, y otra, asumir el perenne anhelo humano (social) de superaci?n y de perfecci?n como el lugar al que nunca se llega. ?Para qu? sirve la utop?a?, preguntaba Eduardo Galeano y respond?a: ?Ella est? en el horizonte (?). Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos m?s all?. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzar?. ?Para que sirve la utop?a? Para eso sirve: para caminar?. A veces, desde un marxismo doctrinario, aparecen cr?ticos del t?rmino que yerran el tiro; no se defiende al marxismo matando el esp?ritu metaf?rico de ciertos t?rminos, a?n cuando se usen en un sentido diferente al filos?ficamente adoptado por Marx o Engels. No suelo responder a ese tipo de cr?ticas, que nos empantanan en la escol?stica seudo-revolucionaria.

Es significativo en cambio el uso que hacen del concepto declarados enemigos de la Revoluci?n. El mexicano Jorge Casta?eda, por ejemplo, escribe un libro que titula La utop?a desarmada, en la corriente triunfalista de la Reacci?n de los a?os noventa, para referirse al fin de la lucha guerrillera ?y de los sue?os de redenci?n social--, en el continente. Mi libro La utop?a rearmada (2002) que describe la haza?a de las brigadas m?dicas cubanas en Centroam?rica unos a?os despu?s, es una respuesta indirecta a ese enunciado. Rafael Rojas, por su parte, traza dos l?neas matrices para el pensamiento cubano, una supuestamente utilitaria y moderna, la otra, ut?pica y antimoderna. En este ?ltimo caso, hay que anotar que Rojas identifica la modernidad con el capitalismo, y que el uso peyorativo del t?rmino ut?pico engloba los sucesivos proyectos revolucionarios que produjo Cuba en los siglos XIX y XX ?por la independencia y la justicia social--, desde Caballero y Varela, pasando por Jos? Mart?, hasta Fidel Castro.

Mientras exista un horizonte, la Humanidad avanzar? esperanzada hacia ?l. Como sabes, en los noventa el cielo se nubl? de tal manera, que era imposible ver el horizonte. Sin horizonte no hab?a viaje. Y se anunci? el fin de la historia. Por eso en cuanto el tiempo empez? a mejorar (o a empeorar, porque en los procesos sociales mientras peor va la cosa, mejor se ve), la contrarrevoluci?n trasnacional sustituy? la neblina original por humo de pirotecnia, para que nadie atisbase el horizonte. Ese efecto paralizante no pod?a mantenerse de forma indefinida, as? que los pueblos volvieron muy pronto a vislumbrarlo y recuperaron la certeza de que un mundo mejor es posible. Hay un cuento largo de Jos? Saramago que habla de una embarcaci?n que a ratos parece una Isla, surcando los mares en busca de una Isla desconocida; una Isla buscando una Isla, busc?ndose, o si prefieres la Utop?a busc?ndose a s? misma. Mi libro La utop?a rearmada se inicia con una versi?n del cuento de Saramago, en el que la Isla que busca y se busca es por supuesto Cuba. Y mi blog en el ciberespacio se llama as?, La isla desconocida. Pero hoy en Am?rica Latina se puede decir que hay muchas embarcaciones que navegan en pos de s? mismas.

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En el libro Por la izquierda, del cual es el compilador, Tom Hayden, considerado por muchos como el l?der social m?s carism?tico e influyente de los sesenta en Estados Unidos, argumentaba que ?si todos decidi?ramos regresar a los ideales de nuestra juventud, el mundo se estremecer?a?. ?Cree que los ideales de la juventud actual no son capaces de estremecer al mundo e incluso coadyuvar en su transformaci?n?

Es cierto que los hombres no se parecen a sus padres sino a su tiempo, como sentenci? Marx, pero esa frase parte de un importante sobreentendido: en cada tiempo hay diferentes tipos de hombres. Cuando Fidel atac? el Moncada, la mayor?a de sus contempor?neos bailaba en los carnavales santiagueros. ?Cu?les eran los hombres de su tiempo? ?Los que bailaban o los que combat?an? Los hombres escogen a qu? grupo generacional, es decir, a qu? tiempo quieren pertenecer. Porque hay dos tiempos que no son cronol?gicos y que igualan a cierto tipo de hombres en todas las ?pocas: el de las minor?as que combaten y el de las mayor?as que se acomodan. Pero incluso esas mayor?as aparentemente desentendidas suelen respetar el honor ajeno, y suelen seguirlo.

?Qu? une a Tupac Amaru con los tupamaros, a Bol?var con los bolivarianos, a Mart? con los revolucionarios cubanos de su centenario, a Sandino con los sandinistas? He mencionado nombres propios, pero ninguno de ellos se mov?a solo, con ellos estaba una generaci?n. Creo que hay ?pocas opacas y ?pocas luminosas, pero en unas y otras existe una vanguardia de hombres y mujeres que se parece a la vanguardia de cualquier otra ?poca: porque los grandes h?roes y acontecimientos no se emparentan en la letra de sus discursos o acciones, sino en su esp?ritu. En el sentido de sus palabras y no en su mero significado, es que Varela, C?spedes, Mart?, Mella, el Che y Fidel establecen un hilo de continuidad hist?rica. Los arque?logos de la historia y los contrarrevolucionarios tratan en vano de diferenciarlos, oponiendo significantes vac?os de sentido.

Ahora bien, la vanguardia de una generaci?n puede marcar la conducta, heroica incluso, del resto de sus coet?neos, pero no deja de ser una vanguardia: los ?Adelantados? producen la chispa, pero si la hierba no est? seca, si no existe un sentimiento de inconformidad y una vocaci?n de justicia en las masas, no hay incendio. En la sicolog?a social de los pueblos existe una tendencia al cambio extremo de consensos. Si revisas la historia del siglo XX, apreciar?s el predominio de los valores de la izquierda en las d?cadas del veinte y del treinta, los de derecha en los a?os cuarenta y cincuenta, los de izquierda, nuevamente, en los sesenta y setenta; y el regreso de la derecha en los ochenta y noventa. Los intelectuales son celebrados seg?n el color pol?tico de cada ?poca: en los sesenta, hasta Borges y Paz se mostraban ?izquierdosos? y publicaban entusiastas poemas rojos de los que despu?s renegaron. Los noventa fueron opacos por muchas razones, pero tuvieron, tienen, una vanguardia, y los j?venes que entonces se formaron en Cuba, a?n los m?s apol?ticos, heredaron valores que son visibles incluso en aquellos que abandonaron el proyecto social.

Por eso, no hay que hacerle demasiado caso a los signos de una ?poca: el conservadurismo de las masas, que por lo general refleja cierto cansancio social o el agotamiento de alguna v?a redentora, siempre es un estado pasajero si los problemas sociales persisten. No acepto explicaciones tan superficiales como las que se refugian en un ?as? piensa o siente la gente?: el optimismo, como el pesimismo, se construyen. En los sesenta la mayor?a de los escritores se declaraba p?blicamente de izquierdas, y eso no impidi? que la Reacci?n trabajara en la creaci?n de escritores de derechas. Las generaciones literarias se construyen, y no por ello dejan de ser hijas de una ?poca. La juventud es rebelde por naturaleza, porque las sociedades necesitan de un factor iconoclasta que las renueve. El capitalismo encausa esa rebeld?a hacia el libre albedr?o por la v?a del mercado, de forma que en unos a?os, la transforma en un nuevo conservadurismo; el socialismo necesita encausar la rebeld?a hacia el conocimiento (que conlleva responsabilidad) y liberarla de las atractivas ofertas de un mercado que vende y compra conciencias. No siempre lo logra.

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?Existe una manera nueva de ser revolucionario, es un t?rmino que tambi?n se ha resemantizado o sigue teniendo las mismas significaciones?

En primer lugar, un revolucionario no se conforma con la descripci?n y transformaci?n de lo visible, que suele ser lo aparente, la manifestaci?n inmediata del problema; busca las razones ?ltimas, descubre la ra?z, e intenta soluciones aut?nticas. En ese sentido es un radical. Es exactamente lo contrario a un reformista. Este ?ltimo acepta el estado de cosas existente, lo describe minuciosamente como si fuese la inamovible Realidad, y proyecta sobre ?l los cambios que considera posibles; es cientificista, no cient?fico, porque se atiene a lo visible, a lo emp?ricamente demostrable. Los positivistas cubanos del siglo XIX fueron casi todos reformistas. Un revolucionario ?-tenemos en Cuba dos ejemplos luminosos: Jos? Mart? y Fidel Castro--, sabe que tras lo visible o aparente, existen posibilidades ocultas. Hay una an?cdota de Mart? muy ilustrativa de lo que digo: despu?s de un encendido discurso revolucionario en Tampa, cuentan que un emigrado reci?n llegado le dijo, pero se?or, en la Isla no se respira la atm?sfera que usted describe, a lo que el Ap?stol respondi?: es que yo no hablo de la atm?sfera, yo hablo del subsuelo.

Un segundo aspecto, tan importante o m?s que el anterior, lo resume el Che en una frase: ?D?jeme decirle, a?n a costa de parecer rid?culo --afirmaba sin titubear--, que el verdadero revolucionario est? guiado por grandes sentimientos de amor?. Si no existen motivaciones ?ticas, no se es revolucionario. La definici?n m?s reciente y completa de Revoluci?n que hace Fidel es esencialmente ?tica. No se lucha por los pobres porque as? lo dice una teor?a o un libro; se lucha contra las injusticias, ocurran donde ocurran, porque es una necesidad ?tica. Las teor?as explican las razones de las injusticias y las posibles soluciones, y pueden equivocarse y mejorarse, pero un revolucionario no se equivoca a la hora de tomar partido por los explotados. Roque Dalton se burla de los seudorevolucionarios de sal?n en unos versos certeros: "Los que / en el mejor de los casos / quieren hacer la revoluci?n / para la Historia para la l?gica / para la ciencia y la naturaleza / para los libros del pr?ximo a?o o el futuro / para ganar la discusi?n e incluso / para salir por fin en los diarios y no simplemente / para eliminar el hambre / para eliminar la explotaci?n de los explotados". Esos fueron los que no soportaron el derrumbe de lo que se llam? ?el campo socialista?.

La derecha, en su momento de mayor auge, all? por los a?os noventa, trat? de trazar las coordenadas de una izquierda ?civilizada?, ?democr?tica?, ?pol?ticamente correcta? ?imag?nate a la derecha estableciendo un canon de comportamiento para la izquierda--, que se opusiera a la que identifica muy claramente como ?izquierda revolucionaria?. Todav?a hoy intenta oponer ambos conceptos, con lo cual no hace sino ratificar la vigencia y la coherencia hist?ricas de los revolucionarios.

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?Le parece que al final de esta primera d?cada del siglo XXI est? la condici?n revolucionaria en v?as de desaparecer, como parec?a que suceder?a con el internacionalismo en los umbrales del a?o 2000?

En lo absoluto. Ser revolucionario no solo es hoy la ?nica opci?n ?tica, tambi?n es la ?nica postura cuerda, casi dir?a que pragm?tica, ante el desastre ecol?gico y social que puede hundir a la civilizaci?n humana. Por eso Fidel insiste en que la batalla de los revolucionarios hoy es cultural. Los internacionalistas cubanos de la salud, por ejemplo, libran una batalla cultural, y hacen Revoluci?n sin hablar de pol?tica, donde quiera que est?n.

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Usted ha planteado que deben organizarse estrategias culturales eficientes para reproducir los valores socialistas en la juventud cubana, ?Cree que se ha sido certero en transmitirle a los j?venes el ?xtasis de la Historia que fue y sigue siendo el triunfo de la Revoluci?n Cubana, cuando lo imposible se hizo posible, como le dijo Cintio Vitier en una entrevista?

El enemigo juega a la desmemoria: los cubanos de hoy no vivieron el pasado pre-revolucionario, ni han vivido la cotidianidad del capitalismo. A ?l se asoman desde la pantalla del televisor, una ventana de ficci?n construida para seducir, no para instruir, a pesar de los esfuerzos educacionales de nuestro pa?s. Del capitalismo, lamentablemente, nos llega la luz de los escaparates, porque la cultura dominante en el mundo es la del consumismo. Hay que pelear, mente a mente, sin retoricismos. La historia debe ense?arse, desde luego, pero no van a comprender el ?xtasis de la Historia, si no lo viven. Es decir, no se trata de cuan bien o mal lo expliquemos, sino de que la Revoluci?n debe producir en ellos ese ?xtasis en el presente.

F?jate, creo que los internacionalistas ?hablo de los verdaderos, los que se entregan de cuerpo y alma a dar y recibir--, lo sienten. Y cada internacionalista que ha vivido la experiencia de rescatar para s? el instante de poes?a en el que una acci?n particular alcanza trascendencia hist?rica, vuelve a nacer como revolucionario. El capitalismo nos llena de objetos, de luces, de pirotecnia, y termina convirti?ndonos en objetos; una revoluci?n ?no quiero en este caso hablar de socialismo, algo a?n por hacer--, debe transformarnos en sujetos. Las mujeres de origen humilde suelen ser las m?s entusiastas defensoras de una Revoluci?n, porque pasan abruptamente de la condici?n de objetos del sistema y del hogar, a sujetos, a protagonistas de la Historia. El capitalismo mide la calidad de vida seg?n la cantidad de dinero o de objetos que posea el individuo; la Revoluci?n ofrece una nueva perspectiva: una vida es m?s plena si el individuo es protagonista de ella, de los acontecimientos de su ?poca. Pero te advierto: ser objeto (vivir como un idiota) es c?modo, ser sujeto requiere esfuerzo. El capitalismo se reproduce sin explicaciones ?prefiere mantener a las masas en la ignorancia o en un analfabetismo funcional, las idiotiza y las hace dependientes del ?saber? que proporciona--, el socialismo necesita explicarse hasta el cansancio, por eso empieza siempre alfabetizando y promoviendo el estudio en las capas m?s humildes. Tanto debe explicar, y tantos deben hacerlo, que la explicaci?n acaba por convertirse en teque. Y los j?venes, por lo general m?s instruidos que los padres, suelen cansarse de las explicaciones que no se renuevan.

?C?mo convertir la realizaci?n personal en necesidad colectiva? El sacrificio conciente no es una opci?n perdurable; pronto se convierte en un sacrificio a secas mediado por el teque, y la presi?n social, y deja de ser un medio de realizaci?n personal. Porque hay que advertir que ?a diferencia del que se hace por compulsi?n--, el sacrificio conciente no es exactamente sacrificio: la entrega hasta la inmolaci?n de Mart? y del Che constituye tambi?n ?por la manera que ambos ten?an de entender la vida--, una forma elevada de realizaci?n personal. El ?nico camino que existe para que los j?venes entiendan la felicidad que experimentaron los j?venes de ayer, es que la sientan hoy, y eso solo es posible si se asumen como protagonistas de la Revoluci?n. Hace unos d?as le di botella a una muchacha reci?n graduada de f?sica te?rica que dej? su plaza en un importante centro de investigaciones para ense?ar durante dos a?os en una escuela secundaria, porque el pa?s necesitaba de profesores en ese nivel. Yo cre?a que eso ya no exist?a, pero la relativa excepcionalidad del hecho, casi a contracorriente de ciertas tendencias actuales, la hac?a feliz.

?C?mo propiciar el inter?s individual sin que contradiga o da?e el colectivo? La reproducci?n de valores socialistas ser? en lo adelante una tarea m?s compleja, que exigir? la ruptura de moldes desde hace tiempo ineficaces. Esa es la ganancia. Antes movilizabas a treinta trabajadores calificados en otras ramas para la campa?a contra el mosquito, por ejemplo. Pagabas un salario desproporcionado, concebido para otras labores, por sustituir a los fumigadores que cobraban por no hacerlo. En realidad, esos treinta sobraban, no eran indispensables o en el peor de los casos, se dejaban de hacer cosas importantes en su centro. Con ello, ?hac?as o deshac?as conciencias? Ahora no tendr?s la n?mina inflada, no puedes sacar a treinta personas de sus puestos, ni pagarle un salario a los fumigadores para que hagan mal las cosas. ?C?mo haces el trabajo pol?tico, c?mo involucras a toda la sociedad en las labores m?s urgentes? Si te olvidas de responder esas preguntas, si solo piensas en los est?mulos salariales ?sin duda, important?simos--, y olvidas que tienes que reproducir valores que no se asocian exclusivamente con la relaci?n necesaria entre lo producido y lo devengado, el socialismo se va a bolina. Si las respondes, bien, regular o mal, siempre alertas para rectificar, podremos avanzar por caminos nuevos hacia una sociedad diferente, m?s humana. Porque f?jate, todos los caminos conocidos nos llevan a una realizaci?n de corte individualista, ?c?mo reproduces los valores del socialismo en un mundo culturalmente dominado por valores capitalistas?, ?c?mo estimulas el inter?s individual, el que la propia Revoluci?n cre? en los j?venes, sin que se convierta en individualista en un mundo en el que los medios audio-visuales (las pel?culas, las telenovelas, los videos musicales) incentivan por lo general el consumismo?, ?c?mo conduces la realizaci?n del individuo hacia metas profesionales o laborales, de creaci?n, que exijan de ?l lo mejor, en su bien y en el de la sociedad?

Nuestros padres hicieron una Revoluci?n para solucionar grandes problemas colectivos que imped?an la realizaci?n individual de todos y cada uno de los cubanos: la Revoluci?n que toca ahora es la de hacer que cada inter?s personal sea un inter?s colectivo (y no al rev?s) e impedir, legal y moralmente, que pueda convertirse en un inter?s individualista. Hay que intentarlo, aunque ninguna sociedad lo ha logrado a?n.

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Usted ha expuesto que el socialismo no siempre ha sabido o ha podido desencadenar al m?ximo, como un inter?s social, las potencialidades del individuo y que la actualizaci?n cubana de su econom?a potencia esas posibilidades. ?Puede abundar sobre ello?

Me pides que abunde en un tema que por el momento solo alcanzo a intuir. Creo que el socialismo se ha pensado hasta ahora solo en funci?n de metas colectivas. Y que el reto que debe enfrentar es enorme: si ha creado una sociedad de profesionales, de t?cnicos, donde el nivel m?nimo es de noveno grado, tiene que saber engranar esas individualidades sedientas de realizaci?n ?que gracias a la Revoluci?n tienen ahora la posibilidad de ser sujetos de su destino, en un pa?s pobre y bloqueado--, para que la felicidad de cada una de ellas genere la corriente colectiva del desarrollo. No podemos ofrecerle al joven grandes salarios, pero somos una de las pocas sociedades del Tercer Mundo que puede propiciarle una realizaci?n profesional, es decir, espiritual. Un cubano al nacer puede aspirar a ser el mejor neurocirujano, el mejor bailar?n cl?sico, el mejor pelotero o voleibolista, el mejor escritor o m?sico, sea cual sea su origen social.

No me creo el cuento ?la antiutop?a reaccionaria--, de una sociedad de clase media, de peque?os productores en un incipiente e id?lico capitalismo que nunca en parte alguna existi?. No se trata de avanzar moderadamente, bajo control, hacia el capitalismo. Al capitalismo no se avanza, se retrocede. Y el capitalismo siempre termina siendo incontrolable. Termina, en pa?ses como el nuestro, siendo dependiente de otros capitales, de otros intereses, y para Cuba est? muy claro que eso implicar?a una p?rdida de independencia a favor del imperialismo norteamericano. Se trata de recontextualizar algunas formas de trabajo, de creatividad individual. Se trata de establecer una relaci?n nueva entre el individuo y el Estado, en la que ninguno de los dos factores ceda responsabilidad. Detesto la mala interpretaci?n del concepto de humildad. Hay que desterrar la absurda suposici?n de que si un individuo desea ser protagonista ?en su trabajo o en el mundo, valga la exageraci?n--, es alguien presuntuoso al que hay que detener. ?Que vivan los hombres y las mujeres dispuestos a ser protagonistas! El socialismo crea masas de individuos ?redibuja el rostro de cada persona en una multitud--, y solo puede triunfar si logra convertirlas a todas o a la mayor?a en individualidades.

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Los caminos que ha recorrido desde que se gradu? de filosof?a han sido diversos. El final de cada viaje geogr?fico o espiritual muchas veces ha tenido como resultado la escritura de un libro como los casos de Ensayos de identidad (1992), De la historia, los mitos y los hombres (1999), La utop?a rearmada (2002) o Venezuela rebelde. Solidaridad contra dinero (2006). H?bleme de la persona que comenz? cada viaje y de la que los termin?.

Quisiera tener muchas vidas, para tener en cada ocasi?n una diferente. Como no puedo, como solo dispongo de una, he tratado de hacer cosas que rompan y enriquezcan lo que ven?a haciendo antes. Todos los viajes son espirituales, incluso los geogr?ficos, de lo contrario no son viajes. Mis puntos cardinales son la filosof?a, la literatura, la historia y la pol?tica, pero esta ?ltima domina, porque me siento en primer lugar un revolucionario. Digo, contrario a lo est? de moda decir, que no vivo en Cuba porque me resulte imposible alejarme de mi paisaje de palmas o del Malec?n habanero, ni siquiera porque en este pa?s viva mi familia: vivo en Cuba porque existe una Revoluci?n que le da sentido a mi vida. No vivo en Cuba porque sea cubano, sino porque soy revolucionario. Si no existiese la Revoluci?n, qui?n sabe d?nde estar?a. Fui investigador de la Academia durante casi diez a?os, y particip? en la elaboraci?n colectiva de una Historia de la Literatura Cubana que me permiti? entender el pensamiento cubano desde el estudio de la ensay?stica nacional, una carencia que tra?a de mis estudios de filosof?a en Kiev, antigua Uni?n Sovi?tica. Ese primer viaje culmina en Jos? Mart?. Todos los caminos human?sticos conducen en Cuba a Jos? Mart?, y una vez que llegas a ?l, no lo abandonas. Hay un texto m?o sobre Mart? que pudo haberse incluido en Ensayos de identidad (1992), pero que fue escrito cuando ya el libro estaba en fase de edici?n. Es mi ?ltimo ensayo de corte puramente acad?mico y sin embargo, ya en ?l polemizo con Rafael Rojas. Se public? en la revista Casa de las Am?ricas, en la saga de una discusi?n p?blica que desat? una propuesta de divisi?n del pensamiento cubano en moderno y antimoderno, que lanzara en esos a?os Rojas, por entonces no totalmente definido en las filas de la contrarrevoluci?n. Ese trabajo abrir?a sin embargo mi siguiente libro: De la historia, los mitos y los hombres (1999), un peque?o cuaderno de transici?n, donde el tono es m?s period?stico.

Es que entre un 1994 y 1999, ocurri? un terremoto en mi vida: acompa?? a Cintio Vitier en la direcci?n del Centro de Estudios Martianos. Pas? abruptamente del tempo acad?mico, que es m?s sosegado, de resultados semestrales, al tempo huracanado de la pol?tica en los a?os de Per?odo Especial. Es la ?poca en que surge y adquiere prestigio la revista Contracorriente (1995 ? 2004), de la que fui fundador y director, que asimila por igual trabajos acad?micos que period?sticos, pensada como una publicaci?n de corte pol?tico, que enfrentara la corriente de pesimismo y desesperanza en las filas de la izquierda, dominante por entonces. Fue un viaje, como todos, sin retorno. Cuando sal? del Centro no volv? a ocupar mi asiento en la Academia. Empezaba un tercer largo viaje en dos etapas, esta vez s? geogr?fico ?entre 1999 y 2000, recorr? como un Indiana Jones, mochila al hombro, casi sin dinero, todas las ciudades y pueblos de Nicaragua, Honduras, Guatemala y Hait?; y entre 2005 y 2006, en mejores condiciones, todo el territorio nacional de Venezuela--, para escribir dos libros pol?ticos que mezclan sin rubor el ensayo, el periodismo, el testimonio: La utop?a rearmada (2002) y Venezuela rebelde (2006). Entre uno y otro, recorr? algunas pocas millas interiores como director de la Cinemateca de Cuba, y conduje las primeras sesenta ediciones de la Videoteca Contracorriente, una memoria f?lmica del pensamiento contempor?neo de la izquierda mundial. Me qued? con las maletas hechas para una tercera etapa, y un tercer libro, en Bolivia, porque en 2008, como sabes, tuve el privilegio de fundar una nueva publicaci?n mensual, La Calle del Medio, que intenta pelear mente a mente, por los valores del socialismo, desde temas y tonos que simulan ser lights. As? que he sido profesor universitario, acad?mico, funcionario cultural, periodista, y un poco aventurero. Y no renuncio a ser todas esas cosas a la vez. Mart?, el Che y Don Quijote, son mis tres personajes de cabecera. A?n me invitan como ponente a Congresos Internacionales de Filosof?a y siento que mi forma de pensar est? definitivamente marcada por esa profesi?n. Pero mi vida es y ser? la Revoluci?n.

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?No le agota siempre vivir a contracorriente de lo que dictan las modas, el mercado, las ?pocas, la l?gica de los hombres?

Cuba sabe navegar a contracorriente. Cuando otras embarcaciones naufragaron, la nuestra prosigui? su viaje. A veces las contracorrientes marinas son las que en realidad establecen el movimiento de los oc?anos. Pero no es una elecci?n premeditada, llegar? el d?a en que la Humanidad tomar? el camino de la Revoluci?n y del socialismo. Entonces Cuba, y por supuesto yo, viviremos en la corriente. No trabajo ni me gu?o por modas o estrategias de mercado; no soy un anarquista siempre en contra. Creo en lo que hago y no concibo mi vida sino como participaci?n revolucionaria. Nunca es suficiente lo que has hecho, o vivido, o le?do (que es otra forma de vivir) para ser revolucionario, puedes serlo hoy y ma?ana no. Puedes dejar de serlo sin darte cuenta. Por eso, como dice Frei Betto, un revolucionario tiene que volver a nacer muchas veces en su vida. Espero tener la fuerza y el valor de volver a nacer muchas veces m?s.

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Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


Tags: consumismo, Cuba, José Martí, revolucionario, utopía, El Quijote, leyes

Publicado por blasapisguncuevas @ 13:53  | Socialismos
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El primer vídeo pertenece al segundos, como todos los subidos por mi

Pirámide capitalista
Pirámide capitalista. actualizada


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