domingo, 06 de febrero de 2011

Por: Israel Colina 
 
 
Mientras la mayoría de los pueblos pobres del mundo, consecuencia del latrocinio ejercido sobre ellos por las principales potencias del planeta, se redescubren y buscan formas alternativas de construir su presente y futuro, los pocos países “ricos” persisten en la idea y práctica de mantener el capitalismo como sistema económico. Cínicamente no importa que en EEUU hayan quebrado más de cien bancos hasta la fecha, pareciera no importar que el consumismo obligue a perforar pozos petroleros en alta mar con gula imperial, hasta ocasionar tragedias ecológicas irreversibles y que en esa misma nación, más de cincuenta millones de personas no tengan acceso al sistema de salud o que cuarenta millones de norteamericanos sean consumidores de droga. Obviamente, para los ciegos, el sistema es un éxito y para los corruptos, una oportunidad permanente.

Este sistema es un “éxito” para los delincuentes que permisa, aprovechándose de las grandes fisuras que en su membrana más externa son cráteres. Las operaciones permuta que ejerce una Casa de Bolsa usurpando identidades de pobres son parte del pan que los alimenta. La presencia del pobre es muy requerida pero para seguirlo empobreciendo. Los carnet de identificación o cédulas de identidad de los pobres, sirven para comprar bonos de deuda pública, bonos petroleros, acciones de empresas del Estado -sin que éste se entere nunca- y promediar ingresos cuantiosos si en sus países existen controles cambiarios. Donde estos no existen, es más fácil robar –perdón-, trabajar. Hay agentes cuyo papel es ese, robar legalmente. Si no, pregúntenle a los banqueros cómo es que se hace dinero.

Por otro lado, pregúntele a las empresas aseguradoras si les conviene que existan Sistemas de Salud Públicos eficientes y efectivos, así como Seguridad Personal de los habitantes de una región o país donde ofrecen sus servicios. Usted debe pagar mensualmente una letra en la empresa aseguradora por el servicio que ha contratado dadas las deficiencias del Sistema Público que el Estado ni los Gobiernos logran satisfacer, porque han sido creados y mantenidos por la corrupción.

Si a usted lo atracan, le hurtan bienes, si choca su vehículo esquivando huecos en la vía, si se enferma con frecuencia o sencillamente activa constantemente su seguro, pasa a ser denominada en una lista como persona “siniestrosa”; es decir, que genera muchos siniestros, demanda mucho de la empresa y por consiguiente, le genera pérdidas. Lo que usted paga no se corresponde con la “capacidad real” de la empresa aseguradora. Por ello el estándar del asegurado obliga la empresa, a que sea una persona adulta-joven. Los ancianos les salen muy caros. Además, biológicamente están por irse. Y se precisan adultos-jóvenes por cuanto están circunscritos a grupos etarios donde las actividades biológicas de sus cuerpos son generalmente, óptimas. No son biológicamente “siniestrosos”. El joven es una presa, el anciano, un estorbo. Por eso casi siempre, ni lo aseguran. Pero recuerde el eslogan: “estamos para servirle”.

Las concesionarias de vehículos por su parte, extranjeras todas –generalmente-, pueden no vender en momentos de crisis el número estimado de carros y recurren a la usura por medio de las garantías y las ventas de repuestos, los cuales en comerciales especializados cuestan mil por ciento menos. La mano de obra es otra cosa, el presupuesto la incluye, porque la garantía obliga a que el dueño del vehículo durante un tiempo determinado no debe llevarlo a revisión a otros talleres mecánicos, aunque esos mismos mecánicos sean quienes trabajan para ellos. No es igual ni significa lo mismo en la lógica capitalista. Si la etiqueta o los precintos se violan, se pierde la garantía. No se trata de “imposiciones”, es una norma, es la democracia de las aseguradoras porque nadie está más capacitado que ellos para atender y resolver los desperfectos de las máquinas.

Los Gobiernos cómplices del capitalismo, depauperan los sistemas públicos de educación de sus países y los sustituyen por empresas privadas educativas, donde a cambio los “alumnos” (seres sin luz), reciben también una dosis de alienación que los aleja de sus padres, su nación y los emparenta con el capital y el mercado, convirtiéndolos en consumidores compulsivos e insensibles. El aparato educativo público es una carga para el Estado. Pero la educación privada más que una oportunidad es la solución. Ésta sí es eficiente. La cultura corporativa activa sus neuronas, mientras que la cultura burocrática quema las de la educación pública. El capitalismo es un veneno de amplio espectro y queda un antídoto posible, antes que se extinga el mundo mismo: el socialismo. ¿Va a doler? Va a doler. Pero es la cura. No hay otra vía. Esencialmente si la vida y el ser humano están por encima de todo.


israelcolina@yahoo.es
 
 


Tags: tragedia, capitalismo, socialismo, salud, droga, bonos, repuestos

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