Lunes, 11 de abril de 2011

R?mulo Hern?ndez????????? ?Rebeli?n



El matrimonio entre personas del mismo sexo, a menudo, uniformiza criterios en ambos extremos de la sociedad, tanto conservadores como progresistas. Unos por defender intereses propios (econ?micos o pseudo-religiosos), otros por desinformaci?n. Estos ?ltimos son quienes prefieren atacar o ignorar, antes que arriesgarse a dejar en entredicho su conducta ?ntima, individual. Ambas posiciones niegan una solidaridad imprescindible hacia cualquier grupo humano, que en este caso representa con igual peso un n?mero de votos electorales y una cantidad apreciable de ingresos por impuestos en cualquier pa?s.

A menudo cuando se habla de matrimonios o uniones civiles entre homosexuales, se deja correr la cortina de humo m?s pesada que a lo largo de la historia se ha utilizado para distraer puntos esenciales de la sociedad, la religi?n cat?lica. Dejando as?, a un lado, creencias de otras pr?cticas que no siempre han coincidido ni con el rol pol?tico de la alta jerarqu?a cat?lica ni con sus planteamientos morales.

Negarle a un grupo social el derecho al matrimonio o a la uni?n civil, implica generarle consecuencias emocionales y financieras adversas, como es el privarles de su derecho a seguridad social, protecci?n migratoria (en el caso de uniones entre parejas binacionales), presentaci?n de impuestos en conjunto cuando sea necesario, seguros m?dicos privados, propiedades en herencia, la posibilidad de tomar decisiones m?dicas en el caso de incapacidad de la pareja, permisos por concepto de salud del otro o de la otra, visitas al hospital o cuidado de la pareja y seguridad financiera de la pareja y/o de los hijos. Exactamente como ocurre si a una pareja heterosexual se le negara el derecho a legalizar su status.

En el anterior p?rrafo se sintetiza una gran cantidad de dinero y costo social y es donde a menudo se tocan los extremos ideol?gicos, coincidiendo a veces gobiernos progresistas con corporaciones multimillonarias a quienes no les interesa aportar beneficios a un mayor grupo social, especialmente si hasta ahora se ha mantenido en el anonimato.

En la intimidad de los monasterios

Cada vez que se vislumbra la posibilidad de discusi?n de leyes que podr?an favorecer la legalizaci?n de matrimonios entre homosexuales, la jerarqu?a eclesi?stica utiliza los medios complacientes de comunicaci?n, para exponer su desaprobaci?n, haci?ndose la vista gorda con lo que ocurre entre los paredones de sus monasterios.
Es f?cil inquirir que a la edad en que seminaristas (cat?licos, budistas, etc) se aprestan para convertirse en l?deres religiosos con potestad para censurar conductas carnales y hasta gobiernos elegidos democr?ticamente, a?n carecen de madurez sexual o ideol?gica como para establecer juicios de valor.
Es indudable que los monasterios o conventos aglutinan enormes cantidades de personas temorosas, ignorantes o hasta v?ctimas de sus experiencias ?ntimas, lo cual en cualquier ambiente seglar o eclesi?stico, sin dudas, les deja en desventaja frente a los m?s expertos.

La iglesia y las bodas ?show? de TV

As? como la iglesia desestima la oportunidad de vigilar la conducta de sus propios miembros, tanto al momento de su formaci?n religiosa como al momento de su ejercicio profesional, igualmente mira hacia otro lado cuando en la televisi?n mundial se promueven programas donde algo tan serio como escoger una pareja, se convierte en un espect?culo en el cual una persona escoge entre varias, para protagonizar su boda ante millones de espectadores a cambio de una buena suma de dinero y m?ltiples anunciantes.

Este nuevo estilo de trueque o matrimonio heterosexual concertado, donde quienes seleccionan a la pareja son en realidad productores de TV, jam?s ha sido motivo de preocupaci?n ni por la iglesia, ni por el estado. Por el contrario, el silencio de la jerarqu?a eclesi?stica podr?a implicar que en el fondo le da sus bendiciones, al fin y al cabo, desconoce lo que es vivir en pareja... abiertamente.

Ni hablar cuando se trata de ?bodas reales? como la que entretiene a medio mundo la actual de un pr?ncipe de Inglaterra, donde los ?flashes? fotogr?ficos suenan al comp?s del sonido de las m?quinas registradoras y multiplicadoras de dinero. Capital generalmente proveniente de unos cuantos tontos que todav?a invierten tiempo y capital en seguir historietas a menudo tan inventadas como las comiquitas de la tele.

De seguir ignor?ndose los intereses econ?micos que hay detr?s de la negaci?n al reconocimiento legal de parejas del mismo g?nero, la sociedad seguir?a perpetuando una ciudadan?a de segunda categor?a, sin protecci?n legal y siempre expuesta a la condena de una iglesia que se niega a mirarse a si misma. El problema no es la homosexualidad, es la homofobia. La misma que permite el cr?men que va desde la burla p?blica (que alimenta la violencia), alimentada a veces hasta por personajes que deben sus salarios a los pagadores de impuestos, a quienes en ning?n documento se les pregunta si el dinero que aportan pertenece a un heterosexual, bisexual, homosexual o lesbiana.
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(*) Periodista, autor del libro de cuentos?"La mitad de un tamarindo"?.

Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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Tags: Gay, matrimonio, heterosexual, derechos, impuestos, progresistas, moral

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