Martes, 12 de abril de 2011


La pol?tica en Per? no es cuesti?n de proyectos, sino de personas. Es un denominador com?n de los pa?ses presidencialistas, donde la elecci?n del Presidente no depende de las fuerzas parlamentarias. Estados Unidos nos ense?? lo que era el liderazgo y en Am?rica Latina cas? muy bien, quiz?s por aquello que comentaba Lynch del buen entendimiento entre el presidencialismo y los patrones caudillistas. Per? no es la excepci?n; al contrario, podr?a considerarse el paradigma. El sistema de partidos era pobre cuando Fujimori gan? las elecciones cantando la canci?n del chino sobre un tractor, y el autoritarismo que sigui? al autogolpe (disoluci?n del parlamento, constituci?n aprobada para dicha y honra del dictador) produjo un efecto antibi?tico que acab? con lo poco que quedaba. S?lo el APRA, hist?rico partido de or?genes socialdem?cratas (f?jense en sus siglas: Alianza Popular Revolucionaria Americana) y algunos partidos de izquierda sobrevivieron al caos. Fuera los partidos, ?qui?n los echaba de menos? En un pa?s donde pol?tica es igual a corrupci?n, y donde el parlamento es la instituci?n m?s desprestigiada, nadie.

Sin un sistema asentado de proyectos pol?ticos, el escenario est? predispuesto a las sorpresas electorales. Si hace seis a?os, sentado en la cafeter?a Hait? del ?valo Miraflores, en Lima, o quiz?s en la Tiendecita Blanca, que tanto le gusta recordar a Vargas Llosa, hubiera usted participado en una tertulia de caf? de la tarde a la que los lime?os, afortunadamente, siguen siendo tan proclives, cualquier peruano le hubiera tachado de desinformado si hubiera pronosticado el retorno de Alan Garc?a a la Presidencia de la Rep?blica, ese mismo se?or que nacionaliz? la banca, mantuvo instalada a la corrupci?n, descontrol? a la guerrilla y consigui? que la inflaci?n fuera tan alta ?m?s de 800% a principios de los noventa- como impredecible, hasta el punto de que el precio de la cuenta en el restaurante variaba desde el momento de pedir los platos hasta que se pagaba. Pero f?jense ustedes por donde, va y Garc?a se hace de nuevo con el poder, de eso hace ya cinco a?os. Es cierto que algo ayud? la embajada de Estados Unidos, que pocas cosas tiene tan claras como la necesidad de evitar un gobierno populista en Per?. No son elucubraciones; sali? publicado en Wikileaks y, por lo tanto, es de conocimiento p?blico.

La victoria de Garc?a sobre Humala en 2006 tuvo lugar, adem?s de por no pocas denuncias de fraude, por la posici?n com?n entre todos los candidatos del establishment, los principales grupos econ?micos y los norteamericanos: ?Todos contra Ollanta? era el lema. Humala, apadrinado por Ch?vez ?el abrazo del oso-, era conocido desde que hace once a?os, como militar en activo, realiz? un levantamiento en Locumba contra el r?gimen dictatorial de Fujimori. El salto a la pol?tica no tard? en llegar. A trav?s de una propuesta renovadora (?La gran transformaci?n? era su lema), propuso una asamblea constituyente (Chile y Per? son los ?nicos pa?ses sudamericanos donde perviven constituciones de las dictaduras) y un nuevo rol del Estado en la econom?a, y encendi? las esperanzas de una gran parte de la poblaci?n peruana. Pr?cticamente todo el pa?s vot? por Ollanta. Lima, donde se concentra un tercio del voto nacional, inclin? la balanza hacia el l?der de la coalici?n antiollanta, encabezada en ese momento por Alan Garc?a.

En esta ocasi?n, ante el debate de los candidatos presidenciales del ?ltimo domingo de campa?a, era inevitable sentir un d?j? vu en las caras y las palabras que plagaron el oscuro plat? del Sheraton. La presencia de Toledo, que hab?a desperdiciado la posibilidad de iniciar un cambio desde el fondo cuando asumi? el gobierno tras la ca?da del dictador; la hija de Fujimori, que reivindicaba el papel ?hist?rico? de su padre y ped?a la reinstauraci?n de la pena de muerte; Casta?eda, exalcalde de Lima, acosado por los numerosos casos de corrupci?n y destinado a un papel mediocre en el escenario pol?tico peruano; el exministro toledista Pedro Pablo Kuzcynski, alias PPK, con nacionalidad norteamericana, representante de la gerontocracia blanca (72 a?os, uno m?s de la esperanza de vida en Per?). Y Ollanta Humala. Propositivo, de piel oscura ?como el 85% de los peruanos- y de mirada segura. ?C?mo no recordar al Todos contra Ollanta de las elecciones anteriores?

Mientras Ollanta no despegaba del diez por ciento en todas las encuestas, los candidatos del establishment, seguros de que la amenaza no se iba a repetir, se hab?an insultado entre ellos, se hab?an acusado de mil y una perfidias, se hab?an sacado motes para burlarse unos de otros. Por el contrario, Ollanta hab?a planteado sus propuestas dejando clara la diferencia entre el pasado y el futuro: cambio de la Constituci?n, m?s pensiones, m?s justicia, revoluci?n en la educaci?n. Cuando comenz? a despuntar en las encuestas, pas? a ser el centro de la atenci?n. ?La democracia est? en juego?, dir?a Toledo, lanzando el mismo mensaje que tan bien le result? en la ?poca de Fujimori; ?s?lo yo puedo salvar a la democracia?, alegar?a Casta?eda ante los resultados de las encuestas en una hipot?tica segunda vuelta. De nuevo, como en el pasado, la pol?tica del miedo: detr?s de Humala est? Ch?vez. Es un candidato como la sand?a: blanco por fuera y rojo por dentro. Un lobo con piel de cordero? Pero en esta ocasi?n la estrategia no parece que vaya a tener un buen resultado.

Se dice ?a veces se acusa- a Ollanta Humala de haber cambiado. ?Qui?n no lo ha hecho en el Per? durante los ?ltimos a?os? Este tiempo ha cumplido objetivos macroecon?micos ?crecimiento del PIB, estabilidad de la moneda-, pero la desigualdad es mayor que nunca ?un diez por ciento de los hogares peruanos cuenta con menos educaci?n y salud que en 2008-, el hambre aprieta y la corrupci?n sigue campando a sus anchas. En efecto, Ollanta ha cambiado: ya no discute, sino que propone; ya no va solo, sino en el marco de una coalici?n progresista -Gana Per?- que habr? promovido a hist?ricos l?deres al futuro Congreso; ya no esquiva las acusaciones de injerencia venezolana, sino que las enfrenta: las elecciones de Per? son un tema de los peruanos, ha reiterado. El cambio en Ollanta es indiscutible. Lo que es discutible es la falta de cambio en sus contrincantes, que siguen creyendo en el fomento del miedo para vencer a la voluntad de la mayor?a. Seguramente por eso ha ganado Ollanta Humala: porque segundas partes no suelen ser buenas.

Rub?n Mart?nez Dalmau. Profesor Titular de Derecho Constitucional. Universitat de Val?ncia,

Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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Tags: Ollanta, Fujimori, Toledo, educación, constitución, Perú

Publicado por blasapisguncuevas @ 13:01  | PER?
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