Jueves, 14 de abril de 2011
La intervenci?n europea en Libia suena como el resurgimiento de la mentalidad colonial del siglo XIX

Al Jazeera

Traducido del ingl?s para Rebeli?n por Germ?n Leyens

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?Como anunci? recientemente el primer ministro del Reino Unido, David Cameron, Gran Breta?a, Alemania, Francia y EE.UU. han comenzado conversaciones para apoyar la transici?n de Libia de una dictadura violenta y para ayudar a crear las condiciones para que el pueblo de Libia pueda escoger su propio futuro.

Parece que las potencias norteamericana y europea han decidido tomar la iniciativa, despu?s de que las revoluciones tunecina y egipcia les pillaran por sorpresa.

?El razonamiento tras la intervenci?n militar en Libia me recuerda a una declaraci?n de la Conferencia de Berl?n de 1885, en la cual las potencias coloniales de la ?poca acordaron: ?comprometerse a vigilar la preservaci?n de las tribus nativas, y a cuidar la mejora de las condiciones de su bienestar moral y material? instruyendo a los nativos y haci?ndoles entender las bendiciones de la civilizaci?n?.

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Cuando se trata de pol?ticas en Medio Oriente, ?parece que no ha habido gran cambio!

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En un momento de frustraci?n, me sent? tentado de volver a leer a Kipling y su ?Oriente es Oriente, Occidente es Occidente y jam?s sus caminos han de encontrarse? en busca de solaz, para explicarme por qu? las potencias norteamericanas y europeas se han lanzado a tanta pasi?n y presura a las operaciones militares.

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Pero el occidentalismo, que es ?la relectura de Kipling?, es una generalizaci?n tan falsa como su hermana ?Este es Este? y una burda tergiversaci?n de la parte del mundo llamada convencionalmente Occidente.

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As?, la ra?z del problema no es ?occidente?, sino m?s bien una determinada maquinaria pol?tica, econ?mica y militar, un imperio que busca soberan?a antes que legitimidad, en todo el globo, por todos los medios, y a pesar de la voluntad de sus pueblos, quienes son casi tan vulnerables y v?ctimas de sus pol?ticas como cualquier otro pueblo del mundo.

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Problemas de legitimidad

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Al ver como se desarrollan en sus numerosas formas las pol?ticas norteamericana y europea en la regi?n, con la intervenci?n espont?nea, auto-invitada y mal recibida en Libia, tengo algunas preguntas sobre la moralidad pol?tica.

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?Qu? es lo que hace que la intervenci?n militar sea deseable, agradable y familiar para los protagonistas norteamericanos y europeos a pesar de su naturaleza obscena, perdidamente pragm?tica y ego?sta, condescendiente e irrespetuosa?

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?Por qu? se arrogan los gobiernos la prerrogativa de poder lanzar ataques militares a pesar de que su acci?n carece de apoyo popular leg?timo en el interior y de demandas obvias del pueblo libio?

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?Hay algo en la historia reciente que pueda esclarecer un poco el modo de pensar de los responsables pol?ticos en los pasillos del poder de las potencias norteamericana y europea?

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Conocemos la respuesta inmediata. Voy a excluir justificaciones humanitarias y altruistas. Simplemente no son l?gicas.

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Las potencias norteamericanas y europeas tienen ciertos intereses nacionales, mundanos, concretos, y pragm?ticos, en la regi?n. Consideran que la zona es simplemente demasiado importante para abandonarla.

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Esto su puede deducir de c?mo los due?os del poder en la OTAN se esfuerza por asegurarse una buena tajada tras la salida de Gadafi, encastrarse en Libia para por fin distribuirse los contratos, fijar un precedente para una posible intervenci?n en Siria e Ir?n, dise?ar y canalizar las olas de cambio en Medio Oriente, e lanzar a Europa a la pol?tica mundial de un golpetazo.

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Puede que sea de gran ayuda el que el lenguaje de la pol?tica internacional considere los intereses de la naci?n-Estado como la divisa del espacio internacional, en el que domina en ?ltima instancia la fuerza bruta y/o el equilibrio del poder. Pero dejo los detalles de este tema a analistas m?s capaces que yo,

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?La carga del hombre blanco?

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Hay una corriente oculta, m?s sutil pero omnipresente ?y por lo tanto peligrosa? una actitud y manera de pensar visibles en la intervenci?n de la coalici?n en Libia: la mentalidad de los participantes en la Conferencia de Berl?n.

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Me refiero espec?ficamente al discurso de la mission civilisatrice, que considero profundamente arraigado en la cultura del arte de gobernar europeo desde el siglo XIX.

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Este discurso ha ayudado a justificar pol?ticas coloniales, as? como a aliviar la disonancia moral y cognitiva causada por la brutalidad de la empresa colonial.

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Articulada abiertamente o implicada, la mission civilisatrice siempre ha sido ?til para escribir la historia y dar nueva forma a identidades, culturas, y estructuras socio-econ?micas y pol?ticas de los colonizados, de tal manera que se haga comprensible y ?til para el colonizador.

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Lo que se intenta ahora mismo en Libia (y se ha intentado en Iraq y Afganist?n) es un procedimiento colonial similar.

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Mediante la modalidad de la tutela, las potencias norteamericanas y europeas anuncian que proteger?n al pueblo libio contra el dictador (se?alo, pero no voy a discutir, el doble rasero que existe cuando se trata de otros dictadores) y que establecer?n un gobierno amigo que no plantee un riesgo para sus intereses en la regi?n.

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Por lo tanto, la intervenci?n militar en Libia marca un retorno al discurso de la mentalidad ?medio diablo, medio ni?o? que infantiliza a los colonizados: los ?rabes no se pueden representar a s? mismo, tienen que ser representados; no pueden resolver sus problemas, las naciones civilizadas tienen que hacerlo por ellos.

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Este cuidado paternal y aleccionador implica la presencia de la coerci?n y el castigo cuando sea necesario. Apuntan a educar a ?rabes (y musulmanes) paso a paso para que puedan superar el lastre de su cultura (en singular) y de su subdesarrollo.

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Actualizando el discurso del intervencionismo

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Seg?n el an?lisis de Roland Paris de la relaci?n entre la creaci?n de la paz internacional y la mission civilisatrice, la revoluci?n de dise?o tambi?n parece representar una versi?n actualizada de la mission civilisatrice, o de la noci?n de la era colonial de que los Estados ?avanzados? de Europa ten?an la responsabilidad moral de ?civilizar? a las sociedades ind?genas que estaban colonizando.

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Hay que enfrentarse a ese tipo de mentalidad. Promete una perspectiva insalubre en las relaciones estadounidenses y europeas con Medio Oriente, precisamente porque es simplemente ofensiva, ego?sta y arrogante.

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A corto plazo, ha privado a los revolucionarios de su autoridad moral, debilitado la credibilidad de su causa, y alentado al dictador a recurrir a narrativas nacionales, tribales, y xen?fobas para reunir el apoyo en su persona.

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A largo plazo, abre la puerta a nuevas formas de colonialismo y dependencia y propaga un falso sentido de inocencia, incluso orgullo, entre los ciudadanos de las potencias norteamericanas y europeas al tergiversar la intervenci?n y su resultado.

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Por ello, existen varias interpretaciones posibles de la intervenci?n. Uno puede verla de manera altruista, como que genuinamente se propone ayudar a los revolucionarios. Puede ser interpretada tambi?n pragm?ticamente, en el sentido de que la intervenci?n apunta a proteger los intereses vitales de las potencias norteamericanas y europeas en Libia y en la regi?n.

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Aunque ambas interpretaciones son plausibles, aluden y se hacen eco de otra antigua narrativa.

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Por lo tanto tiendo a interpretar la intervenci?n en forma diagonal. No se puede entender la intervenci?n militar y el discurso que se forma alrededor de ella fuera de su correspondiente historia, que es la misi?n colonial civilizadora ? la carga del Hombre Blanco.

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No veo otra lectura alternativa viable de la intervenci?n militar que sea consciente de este contexto en su an?lisis.

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Sean humanitarias o pragm?ticas, las pol?ticas en Libia y en la regi?n van a conformarse dentro del discurso de la mission civilisatrice hasta, y a menos, que los responsables pol?ticos demuestren que han analizado, encarado, y dejado atr?s este legado colonial.

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Al ver al lobo disfrazado de cordero, casi se olvida la buena mentalidad del cruzado, que a pesar de su fastidioso salvajismo, tuvo bastante valor, honestidad y caballerosidad para llamar al enemigo por su nombre.

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El doctor Hayrettin Y?cesoy es profesor asociado de historia en la Universidad Saint Louis y autor de Messianic Beliefs and Imperial Politics in Medieval Islam (Columbia: South Carolina University Press, 2009) y Tatawwur al-Fikr al-Siyasi inda Ahl al-Sunna (Amman: Dar al-Bashir, 1993).

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Fuente: http://english.aljazeera.net/indepth/opinion/2011/03/20113319222581597.html#

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Tags: misión, civilización, tribus, conferencia, árabes, OTAN, Libia

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