Martes, 26 de abril de 2011
Djamel Labidi?????? Le Quotidien d?Oran

?

Traducido para Rebeli?n por Caty R.

?

Despu?s de intervenir en Libia, Francia interviene en Costa de Marfil. Tambi?n se podr?a decir que antes de intervenir en Libia Francia intervino en Costa de Marfil, ya que la injerencia y la intervenci?n militar de Francia son cr?nicas en este pa?s desde su independencia. En 2004 las tropas francesas abrieron fuego sobre la multitud en Abidjan causando 90 muertos y 2.000 heridos.

Ambas intervenciones militares, Libia y Costa de Marfil, tienen puntos en com?n. En primer lugar ambas han buscado el aval del Consejo de Seguridad de la ONU para legalizar una injerencia flagrante en los asuntos de otro Estado. En lo que se refiere a Costa de Marfil, las fuerzas de la ONU s?lo han sido, obviamente, una tapadera de la intervenci?n de las fuerzas francesas. En el caso de Libia todo el mundo sabe c?mo se ha manipulado y violado la resoluci?n 1973 sin que se haya podido hacer una verdadera oposici?n a ella en el Consejo de Seguridad.

?

El ?consejo de inseguridad?

Debido a esas pr?cticas reiteradas, el Consejo de Seguridad aparece en la actualidad como un ?rgano de una especie de dictadura mundial integrada por una alianza de las principales potencias militares occidentales, Estados Unidos, Inglaterra, Francia. Generalmente estas tres potencias comparten todas las intervenciones militares.

China y Rusia, en plena transici?n industrial, es obvio que en la actualidad no disponen de medios para oponerse a esa dominaci?n. Parece que reservan su derecho de veto a las situaciones que afectan directamente a sus intereses vitales lo que por otra parte las potencias occidentales evitan que suceda.

Se trata de una dictadura porque la ?comunidad internacional? a la que se refiere y la cual presuntamente suministra la justificaci?n moral de esas intervenciones, nunca ha estado tan ausente y silenciosa en la ONU. La Asamblea General de la ONU, que constituye la expresi?n de dicha comunidad internacional, ya no juega el papel de portavoz de la opini?n p?blica mundial que antes desempe?aba como, por ejemplo, cuando conden? el apartheid o defini? el sionismo como una forma de racismo. Tambi?n el papel del Secretario General de la ONU parece que cada vez se reduce m?s al de un empleado d?cil y anodino del Consejo de Seguridad cuya presencia sirve de coartada en las conferencias internacionales y ni siquiera osa inquietarse por la correcta aplicaci?n y el respeto de las resoluciones del Consejo de Seguridad.

La Corte Penal Internacional (CPI), concebida inicialmente como un instrumento de la democracia internacional, poco a poco se ha desviado y se ha instrumentalizado al servicio de una dictadura internacional de doble rasero. Los dirigentes occidentales y pro occidentales gozan de inmunidad. Los muertos civiles causados por los bombardeos de las fuerzas militares occidentales son ?errores? o ?da?os colaterales?, mientras que los que causa el adversario, o se le atribuyen, son ?cr?menes contra la humanidad?. Con respecto a Libia y Costa de Marfil, es interesante observar c?mo se esgrime o se retira la amenaza de la CPI seg?n el objetivo, aplastar y humillar a un dirigente o dejar entreabierta una puesta de salida.

Injerencia y guerras civiles

Otro punto en com?n de las situaciones de Libia y Costa de Marfil es que la intervenci?n militar extranjera ha desencadenado y/o cebado una guerra civil. ?sta, como su nombre indica, es la m?s costosa en vidas civiles, mientras que el objetivo proclamado al principio de la intervenci?n es el de proteger a las poblaciones. En Libia, como en Costa de Marfil, las intervenciones se transformaron r?pidamente en una injerencia cl?sica en beneficio de un campo, el m?s pro occidental con respecto al otro. La injerencia falsea el juego de las relaciones de fuerza internas en una sociedad y siempre vuelve m?s dif?cil la b?squeda del compromiso y el di?logo entre las fuerza nacionales de un pa?s.

En Libia se trata de una insurrecci?n, desencadenada en condiciones oscuras, la que ha proporcionado el pretexto a la intervenci?n y despu?s, resueltamente, a la injerencia. De repente los verdaderos datos sobre la situaci?n de Libia se encuentran mezclados y la intervenci?n del pueblo libio paralizada. Por otra parte la poblaci?n aparece extra?amente ausente y silenciosa, como si s?lo fuera el objetivo pasivo de los combates. As? ambos campos pueden reivindicar el apoyo del pueblo sin que nada permita comprobar la veracidad de lo que proclaman. Que la intervenci?n tuviera el objetivo de desencadenar un enfrentamiento interno o haya sido consecuencia de ?ste, el resultado es el mismo: Se ha instalado la guerra civil y ?sta, a su vez, alimenta la injerencia en una situaci?n en la que ya no se pueden distinguir los efectos de las causas. La situaci?n enquistada de Irak y Afganist?n puede convertirse en la misma en Libia y Costa de Marfil. El odio que siembra una guerra civil en la sociedad hace que el pa?s se convierta en una v?ctima fr?gil y vulnerable durante mucho tiempo.

En Costa de Marfil ha sido la falta de respeto al resultado de las elecciones la raz?n proclamada de la injerencia. Pero en ese caso la injerencia precedi? a la violenta intervenci?n militar actual, ya que la presencia de tropas, oficialmente bajo el control de la ONU pero cuya actuaci?n en realidad depende operativamente de la de las tropas francesas, es muy antigua. Por lo tanto es la prueba de que la injerencia puede agravar los problemas hasta llegar a provocar y justificar al mismo tiempo una intervenci?n militar. As? se instal? un mecanismo en el cual la intervenci?n ha alimentado la guerra civil en Costa de Marfil cuando, en el origen, se supon?a que iba a impedirla.

El resultado de las elecciones, tanto seg?n el recuento de la Comisi?n de la ONU, favorable a Ouattara, como el del Consejo Constitucional de Costa de Marfil, a favor de Gbagbo, en ambos casos fue que el n?mero de votos de cada candidato es muy aproximado e indica una poblaci?n repartida en dos campos casi igual de importantes. En esas condiciones, la presi?n de Francia sobre Ouattara para que actuase militarmente y despu?s la intervenci?n militar francesa en su favor s?lo pueden empujar a la guerra civil, una tragedia para la sociedad de Costa de Marfil, y falsear los equilibrios que se revelaron en las elecciones. Hay que cotejar el ardor y la impaciencia del gobierno franc?s para intervenir con la actitud paciente de la Uni?n Africana en buscar una soluci?n pac?fica.

La confesi?n

Es tomar a las personas por imb?ciles el hecho de afirmar, como ha hecho el ministro de Asuntos Exteriores Alain Jupp?, que fue Ouattara quien atac? la residencia de Gbagbo o que la ONU requiri? la intervenci?n de las tropas de Francia. En efecto es obvio que sin la presencia de las tropas francesas Ouattara no tendr?a ninguna eficacia militar y lo m?s probable es que no se le ocurriera actuar militarmente. Por su parte las tropas de la ONU parec?an poco motivadas para actuar, lo que se demuestra, por otra parte, en la intervenci?n francesa. Encontramos pr?cticamente la misma situaci?n en Libia, donde cada vez se ve m?s claro que la insurrecci?n es totalmente dependiente de la intervenci?n extranjera.

En ambos casos, tanto en Libia como en Costa de Marfil, las fuerzas extranjeras y sus aliados locales acusan tanto a las tropas de Gadafi como a las de Gbagbo ?de utilizar a las poblaciones civiles como escudos humanos?. De esa forma se hace un llamado a los valores caballerescos contra un adversario al que est?n atacando, sin riesgo, desde cielo por medio de helic?pteros en Costa de Marfil y cazas y misiles en Libia y al que obviamente preferir?an tener a su merced en un campo raso. Los medios de comunicaci?n, convertidos en simples instrumentos de propaganda, machacan con esos argumentos. Olvidan un peque?o detalle, el hecho de que Gadafi y Gbagbo est?n en sus propios pa?ses, se piense lo que se piense de ellos. ?Por qu? alguien puede arrogarse el derecho de ocupar el pa?s de otros? ?Y por tienen ese derecho ciertos pa?ses, siempre los mismos??

En cualquier caso, frente a la intervenci?n extranjera, tango Gbagbo como Gadafi habr?n conseguido dar a su actuaci?n el sentido de un acto de resistencia nacional. Ambos hombres, en distintos contextos, han dado pruebas de una fiereza y una valent?a f?sica que los ha convertido en s? mismos en elementos de la relaci?n de fuerzas que no parec?an estar previstos por las fuerzas de intervenci?n. Las declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores franc?s exigiendo a Laurent Gbagbo la humillaci?n de firmar un documento reconociendo la victoria de Ouattara, y declarando el 7 de marzo que se rendir?a en unas horas, traicionan el tufo del desprecio colonial y aclaran, mejor que cualquier an?lisis, el esp?ritu real y los objetivos ocultos de la intervenci?n. Francia intent? guardar las apariencias declarando que no intervendr?a en el ataque final a Gbagbo. Pero tuvo que hacerlo y revel? al mismo tiempo que Ouattara no es nada sin Francia. La insistencia de las autoridades francesas en decir que ellas no proceder?an a la detenci?n de Gbagbo es significativa. Traiciona el miedo a una reacci?n de la opini?n p?blica de Costa de Marfil, lo que supone, por lo tanto, la propia confesi?n del car?cter inmoral de la intervenci?n militar.

Debido a su resistencia encarnizada y testaruda y a pesar del enorme desequilibrio de la relaci?n de fuerzas, Laurent Gbagbo ha conseguido un importante m?rito: el de poner al desnudo, a la vez, los aut?nticos objetivos de la injerencia y sus consecuencias previsibles sobre la independencia de su pa?s. Al mismo tiempo, esa resistencia entra en la historia de Costa de Marfil. La victoria francesa no ha resuelto nada. Es una victoria p?rrica. Su ?nico resultado ser? empa?ar la imagen de Francia en Costa de Marfil y en toda ?frica y unificar todav?a m?s a los marfile?os en su larga lucha nacional. Pondr? muy dif?cil la gesti?n del pa?s al exdirector general adjunto del FMI, Alassane Dramane Ouattara, privado de autoridad moral. Y ahora corre el riesgo, como fue el caso de algunos de sus predecesores de la ?Franc?frica? de empujarlo, sean cuales sean sus intenciones, hacia una dictadura. Entonces todo volver? a estar igual.

En el nombre de la democracia

El tercer punto, pero no el menos importante, que tienen en com?n las intervenciones de Costa de Marfil y Libia es que ambas se llevan a cabo en nombre de la democracia. En Libia la justificaci?n ha sido la ausencia de democracia y en Costa de Marfil la falta de respeto a los resultados del sufragio popular. ?Democracia, cu?ntos cr?menes se cometen en tu nombre!

Se podr?a pensar que es un avance si la misi?n de la injerencia es la defensa de la democracia. Es cierto en un sentido determinado, y no deja de ser la se?al de un cambio de ?poca. Porque, en efecto, desde hace mucho tiempo las intervenciones militares se han hecho para salvar a los reg?menes dictatoriales y corruptos de ?frica. Por ejemplo las intervenciones francesas en Gab?n en 1964; en El Zaire para salvar al dictador Mobutu en 1978 y 1996; en El Chad en 1983; en Ruanda en 1994. Pero si miramos de cerca podemos preguntarnos si ?sta no es ?nicamente una operaci?n dirigida a vender mejor el mismo producto. Ouattara aparecer? siempre como un presidente instalado por extranjeros, para m?s escarnio por la antigua (y todav?a presente) potencia colonial. Los insurgentes libios nunca podr?n legitimar el hecho de haber recurrido a los extranjeros para conseguir su objetivo declarado de derrocar o expulsar a Gadafi, si lo consiguen. En ambos casos aqu?llos que han debido recurrir a esos medios lo mejor que han conseguido, para ellos y para sus pueblos, son unos nuevos amos.

Esto recuerda la ilusi?n, a principios del siglo XX, de una cierta burgues?a ilustrada ?rabe en Oriente Medio, fascinada por Occidente, que cre?a que ?ste iba a liberarla de la dominaci?n turca y traer?a la democracia. Sabemos lo que ocurri?. De la misma forma hoy, tanto en el Machrek como en el Magreb o en ?frica, aqu?llos que esperan que una intervenci?n militar occidental les proporcione democracia, se parecen como gotas de agua, por una especie de filiaci?n hist?rica, a los que esperaban que el colonialismo les llevase modernidad y civilizaci?n. No se puede dominar una sociedad sin tener relaciones dentro de ella. Los que sirvieron como puente del colonialismo y ve?an los aspectos positivos, su descendencia gen?tica o espiritual, en la actualidad ven en la injerencia extranjera aspectos positivos para la democracia.

En el fondo la historia siempre se repite y al mismo tiempo no se repite nunca, porque siempre existen las mismas cuestiones pero cada vez en un contexto diferente. Las relaciones entre la cuesti?n de la democracia y la cuesti?n nacional siempre han sido estrechas. En 1789 en Francia, la idea de la democracia era inseparable de la de la naci?n. Lo mismo que en el nacimiento de la naci?n americana. En Argelia, durante mucho tiempo el movimiento nacional crey? que podr?a conseguir la independencia pac?ficamente, por medio de la democracia. De hecho fue Francia quien cre? en Argelia el sistema de manipulaci?n de los resultados de las urnas, con lo que se denomin? ?elecciones al estilo Naegelen? (nombre del socialista franc?s que gobern? Argelia de 1948 a 1951 y se hizo famoso por organizar un fraude electoral masivo). Poco despu?s estall? la revoluci?n armada y la democracia se sacrific? en aras de las necesidades de la liberaci?n nacional. ?sta puede ser una de las razones de la infravaloraci?n de la democracia en beneficio del nacionalismo durante mucho tiempo despu?s de la independencia.

As? pues la historia se repite en el sentido de que hoy la injerencia extranjera lejos de facilitar la transici?n democr?tica por el contrario la bloquea, obligando a los pueblos agredidos a movilizar sus fuerzas para obtener o defender en primer lugar su independencia. Quiz? sea precisamente ?se el objetivo de las injerencias y las intervenciones militares, el de impedir la verdadera democracia.

As?, esto nos lleva a una cuesti?n particularmente interesante que merece una reflexi?n. ?C?mo se difundi? la democracia en las naciones europeas? Porque las naciones europeas, aparte del intento de Napole?n de exportar la revoluci?n francesa, que se sald? con un desastre, nunca han conocido una situaci?n en la que una fuerza extranjera fuese a arreglar con las armas un conflicto relativo a la aplicaci?n de las reglas democr?ticas. Sin embargo esos conflictos son inherentes al ejercicio de la democracia. No hace mucho tiempo, por ejemplo, todo el mundo sabe que durante su primera elecci?n el presidente Bush result? ?muy mal? elegido. Sin embargo todo el mundo en Estados Unidos acept? la decisi?n del Tribunal Supremo. Todos consideraron m?s importante la cohesi?n social que las diferencias en torno al resultado de las elecciones. ?Por qu? la decisi?n del Tribunal Constitucional de Costa de Marfil en favor de Gbagbo no puede tener la misma autoridad? Cierto, se puede dudar, y con raz?n, de su imparcialidad. Pero Gbagbo, por su parte, podr?a considerar, tambi?n con raz?n, que la presencia de las fuerzas francesas podr?a falsear el resultado de las elecciones y que la ONU y Francia eran al mismo tiempo jueces y partes.

Bien sea en forma de apoyo a los reg?menes antidemocr?ticos y corruptos o en forma de intervenci?n militar en nombre de la democracia, la injerencia occidental puede ser leg?timamente sospechosa de dirigirse siempre a los mismos objetivos puesto que siempre desemboca en el mismo resultado: el de paralizar las capacidades internas de cada sociedad para resolver sus conflictos y exacerbarlos siguiendo el viejo principio de ?divide y vencer?s?.

A finales de los a?os 90, al mismo tiempo que la relaci?n de fuerzas en el mundo basculaba en beneficio de las principales potencias occidentales, el ?derecho de injerencia? se bland?a como un deber de las naciones m?s fuertes. Amortiguada al principio por la palabra ?humanitaria?, ha acabado produciendo ?bombardeos humanitarios?. Calificado al principio como ?deber de injerencia?, poco a poco se ha convertido, por sucesivos deslizamientos, en ?derecho de injerencia? sin m?s, con la nueva misi?n de exportar la democracia. El balance de este derecho de injerencia es muy duro en t?rminos de sufrimientos de los pueblos y tensiones internacionales. Los hechos est?n ah?: la injerencia s?lo ha sido un instrumento al servicio de los designios de los dominadores. En ninguna parte ayud? a la democracia, ni en las relaciones internacionales ni en los ?mbitos nacionales.

Fuente: http://www.lequotidien-oran.com/?news=5151774


Tags: Costa de Marfil, Libia, Gadafi, democracia, daños, dictadura, Penal

Comentarios
Discurso Impecable de Fidel Castro y ¿Por qué MoReNa? @Taibo2 Paco Ignacio Taibo II

Pirámide capitalista
Pirámide capitalista. actualizada