S?bado, 30 de abril de 2011
Patra?as ?meritocr?ticas?

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Le Monde

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Traducido para Rebeli?n por Jorge Aldao y revisado por Caty R.

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El principal desaf?o de nuestras sociedades modernas consiste en establecer las condiciones de una cooperaci?n entre individuos con opiniones pol?ticas, convicciones religiosas u or?genes culturales diferentes. Las nuevas tecnolog?as de comunicaci?n deber?an abrir esta posibilidad. Y lo hicieron, como lo han demostrado los movimientos populares en ?frica del Norte. En Egipto, Twitter permiti? movilizar a las clases sociales, hasta entonces separadas, que jam?s se hab?an comprometido en una acci?n pol?tica com?n. En Europa, sin embargo, los nuevos medios de comunicaci?n todav?a no se han aprovechado de este modo. ?Por qu?? Comencemos con una paradoja formulada mucho antes de la invenci?n del iPhone.

La paradoja de Burckhardt

?En el siglo XIX, el historiador Jacob Burckhardt defin?a la modernidad como ?la era de las simplificaciones salvajes?. La paradoja, seg?n ?l, consist?a en que la creciente sofisticaci?n de las condiciones sociales concretas iba acompa?ada de un empobrecimiento de las relaciones sociales. La teor?a que me propongo defender aqu? es que la complejidad de los medios de comunicaci?n sobrepasa nuestra capacidad de usarlos bien y, particularmente, de establecer una verdadera cooperaci?n. La sociedad moderna produce una complejidad material que no sabe explotar.

En apoyo de esta teor?a presentar? el an?lisis de dos casos. El primero se refiere a una aplicaci?n inform?tica que deb?a promover el trabajo cooperativo, pero cuyos desarrolladores ten?an una concepci?n demasiado rudimentaria del tema como para que el esfuerzo llegara a buen t?rmino. El segundo ata?e al modo de funcionamiento actual del capitalismo: las desigualdades impiden la comunicaci?n y la cooperaci?n dentro de las organizaciones. El empobrecimiento de las relaciones sociales se ilustra por una mala comprensi?n de los mecanismos de cooperaci?n y por las trabas no igualitarias a su puesta en ejecuci?n.

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Tecnolog?a de la cooperaci?n

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GoogleWave era una aplicaci?n Web destinada a promover el intercambio de ideas. Al materializar en la pantalla la evoluci?n de las intervenciones, abr?a una plataforma a los internautas que pod?an as? participar en un proyecto en curso. Con GoogleWave, se lanz? la noci?n de laboratorio participativo en el espacio cibern?tico. Desgraciadamente, esta ambici?n fracas?; la aplicaci?n s?lo dur? un a?o, de 2009 a 2010, antes de que Google la cerrara.

Form? parte de los usuarios de la versi?n beta y fui de los primeros en pagar el pato. El grupo del que formaba parte se impuso la tarea de recolectar datos y elaborar una pol?tica en materia de inmigraci?n en Londres. Los participantes, diseminados por Inglaterra y en toda Europa, intercambiaban mensajes y chateaban regularmente en GoogleWave. Se trataba de analizar las razones por las que, en Inglaterra, los inmigrados de segunda generaci?n tienden a reducir las inversiones en el pa?s que acogi? a sus padres -una cuesti?n que ata?e muy particularmente a las familias originarias de pa?ses musulmanes-.

Pero el desaf?o tambi?n era de orden t?cnico. Estadistas y etn?grafos, ciertamente, no interpretan este desinter?s de la misma manera. Unos alegan los obst?culos a la movilidad social; los otros consideran que los j?venes, cualquiera sea su modo de vida actual, idealizan las costumbres de su pa?s de origen. ?Un trabajo cooperativo en l?nea estaba en condiciones de desenredar la situaci?n?

GoogleWave segu?a un principio lineal que implicaba una progresi?n continua hacia un resultado claro y definido. Pero este programa simple, demasiado simple, no tomaba en consideraci?n las complejidades que produce el trabajo cooperativo. La condici?n lineal de la trama narrativa desalienta el pensamiento lateral, aquel que confronta ideas o pr?cticas diferentes fuera de los caminos trillados.

Frente a la imposibilidad de combinar niveles complejos de significaci?n, tanto en t?rminos sociales como t?cnicos, nuestro grupo agot? r?pidamente el marco previsto por el programa y acabamos resolviendo tomar un avi?n para discutir personalmente.

En definitiva GoogleWave demostr? que, involucr?ndose en un trabajo cooperativo, los internautas eran capaces de manejar una complejidad muy superior a la prevista por la aplicaci?n. Los estudios que dediqu? al mundo del trabajo me confirmaron siempre esta constataci?n: las capacidades de los trabajadores son superiores al uso institucional o formal que se les da. Es lo que muestra tambi?n el economista Amartya Sen, cuya ?teor?a de las capacidades? subraya la diferencia entre las capacidades cognitivas del hombre y su realizaci?n en la sociedad moderna.

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Desigualdades y competencias

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Las desigualdades se basan en ?simplificaciones salvajes? que inhiben la comunicaci?n y, por lo tanto, la cooperaci?n. A priori, esta cr?tica puede parecer absurda. ?Estructuras fuertemente jerarquizadas, como el ej?rcito o la Iglesia Cat?lica , no demuestran que es posible trabajar en conjunto en misiones dif?ciles? Sin embargo, hay casos donde las desigualdades ponen obst?culos a la cooperaci?n: cuando las competencias de un individuo no corresponden a la funci?n que ocupa en una organizaci?n, cuando un empleado competente est? bajo las ?rdenes de un jefe incompetente. En un contexto institucional, esta desigualdad tiene consecuencias desastrosas. Los subalternos se sienten incomprendidos, irritados, sometidos a la impostura de un mand?n, y la comunicaci?n social tiende a volverse m?s y m?s rudimentaria.

En la ideolog?a meritocr?tica, tal situaci?n es inconcebible: s?lo los m?s competentes acceden a los cargos de altos ejecutivos. El capitalismo moderno declara que recompensa el m?rito. En la escuela y despu?s en la oficina nos eval?an constantemente seg?n nuestras aptitudes y nuestros ?xitos. Pero, este sistema meritocr?tico es tramposo.

Muy a menudo el artesano moderno (t?cnico, enfermero, docente) debe dar cuenta a superiores menos competentes que ?l. En el fondo, el capitalismo no ha sido capaz de sostener los compromisos de la meritocracia.

La jerga de los administradores atribuye las disfunciones de la comunicaci?n institucional al ?efecto de silo?. Las empresas est?n amenazadas por los empleados que operan cada uno en su ?silo?, sin comunicarse entre ellos. Las teor?as de la gesti?n lamentan muy particularmente el efecto de silo entre los ejecutivos, que pierden su liderazgo y son incapaces de hacer frente a los problemas si se quedan incomunicados y se a?slan del mundo exterior.

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Dos a?os de estudios

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Me he preguntado sobre la relaci?n entre esta compartimentaci?n y las desigualdades que acabamos de mencionar a prop?sito de la falacia meritocr?tica. Con el fin de esclarecer la relaci?n entre dicha compartimentaci?n y la incompetencia, mi equipo pas? dos a?os estudiando los medios financieros de Nueva York y de Londres. Los testimonios recogidos permitieron establecer si los ejecutivos prestaban atenci?n a sus subalternos y, particularmente, a los programadores encargados de concebir los algoritmos que originaron instrumentos financieros tales como los derivados de cr?dito (1).

He encontrado que los c?lculos matem?ticos son a menudo tan abstrusos para los que toman decisiones como para el gran p?blico. Los directivos de los bancos de inversi?n miran para otro lado en cuanto se entra en detalles t?cnicos. ?Cuando ped? que me resumiera el algoritmo, relata una joven contable a prop?sito de su superior -gerente de productos derivados y conductor de un Porsche- fue incapaz de hacerlo?.

Para el soci?logo, todo el problema de las desigualdades se resume en el hecho de que los altos ejecutivos, a pesar de una remuneraci?n y unas responsabilidades mayores, frecuentemente son menos competentes, t?cnicamente, que sus subalternos. Y volvemos a la paradoja de Burckhardt: las capacidades t?cnicas de las empresas financieras est?n mucho m?s all? del uso que se hace de ellas. Las desigualdades son, en este caso, proporcionales a la compartimentaci?n organizativa.

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El saber y el poder

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En muchas instituciones financieras, esta ausencia de colaboraci?n es funesta. Socava la autoridad y los empleados discuten la legitimidad de los ejecutivos, no los aprecian y la rabia que se tragan en presencia del jefe estalla tan pronto como les da la espalda. En conclusi?n, este tipo de desigualdad incita a los t?cnicos a aislarse en su silo, a quedarse en su compartimento, renunciando a cualquier di?logo con sus superiores. Tantos son los factores que carcomen la lealtad hacia la empresa. Durante la ?ltima crisis econ?mica, cuando las empresas se esforzaban en cerrar filas para sobrevivir, vimos sin embargo que la erosi?n de la lealtad y de la cooperaci?n ten?a consecuencias muy concretas.

La postura sociol?gica tiende a invertir la relaci?n entre competencia y jerarqu?a. En este contexto, las desigualdades provocan simplificaciones salvajes; deterioran el complejo tejido de confianza y respeto mutuo que forma la trama de las organizaciones. Cuando los individuos permanecen aislados, la cooperaci?n pierde toda su sustancia.

Para salir de la paradoja de Burckhardt, deber?amos reconciliarnos con el artesano que est? en nosotros, aprender a trabajar con la diferencia con vistas a una cooperaci?n m?s eficaz. En su tiempo se consideraba a Burckhardt un pesimista nost?lgico del ideal social del Renacimiento donde los hombres cultivaban sus capacidades individualmente. Hoy, un enfoque verdaderamente social de las capacidades deber?a hacernos m?s combativos, hacernos desafiar las formas de saber y de poder que el capitalismo impuso con un esp?ritu arbitrario y de desigualdad.

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Nota del traductor:

(1) En el vocabulario com?n los derivados de cr?dito se conocen como p?lizas de seguros contra el riesgo que corre un inversor. Los derivados de cr?dito m?s comunes son los Credit Default Swap (CDS) y los Equity Default Swap (EDS).

Traducido del ingl?s al franc?s por Myriam Dennehy

?Nacido en 1943, este eminente investigador estadounidense es profesor en la London School of Economics y en la Universidad de New York. Adem?s es novelista y m?sico ("Une soir?e Brahms", 1985). En particular ha publicado en la editorial Albin Michel "Le Travail sans qualit?" (2000), " La Culture du nouveau capitalisme" (2006) y "Ce que sait la main. La culture de l?artisanat".

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Fuente: http://www.lemonde.fr/idees/article/2011/04/09/mensonge-meritocratique_1505307_3232.html


Tags: meritocracia, paradoja, capitalismo, cooperación, silo

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