Jueves, 19 de mayo de 2011

I?aki Gil de San Vicente????? Rebeli?n


?1.- PRESENTACI?N

2.- ?UN MUNDO ABSURDO E INCOMPRENSIBLE?

3.- LA CORTA RACIONALIDAD DEL IMPERIALISMO

4.- LA LUCHA DE CLASES Y DE LOS PUEBLOS

5.- EL MARXISMO COMO TEOR?A-MATRIZ


1.- PRESENTACION

Los y las compa?eras de Askapena quieren debatir hoy sobre el marxismo y la lucha de clases. Askapena es un movimiento popular internacionalista que tiene como uno de sus objetivos ayudar a que los pueblos explotados y oprimidos entrelacemos nuestras luchas en una ?gil e irrompible red que acabe con el imperialismo. Es un objetivo hermoso y necesario, y tambi?n lleno de peligros y de riesgos. Sabemos de lo que hablamos, y sabemos como nadie cual es el precio de la libertad. Cargamos sobre nuestras espaldas, en nuestro coraz?n y en nuestro pensamiento, con el dolor y el sufrimiento causado por la ferocidad del imperialismo. All? donde haya una prisionera o prisionero por razones humanitarias e internacionalistas, por razones de justicia y de ?tica, all? estar? y est? Askapena. No puede ser de otro modo.

Al ser un movimiento internacionalista, la exposici?n que voy a hacer sobre marxismo y lucha de clases se centrar? s?lo en la situaci?n mundial y no en la vasca. La tesis que voy a exponer en cuatro apartados sostiene que el marxismo es la teor?a-matriz que explica la naturaleza del capitalismo y sus efectos destructores e inhumanos. Por teor?a-matriz entiendo el cuerpo te?rico que articula todos los restantes conocimientos cr?ticos que estudian explotaciones e injusticias espec?ficas de la civilizaci?n del capital. El racismo, por ejemplo, se comprende s?lo si conectamos los sentimientos racistas y xen?fobos, los miedos de los machos por perder ?sus? mujeres a manos de hombres de otras culturas, las excusas para sobreexplotar a las y los migrantes, los sistemas represivos especialmente orientados contra los migrantes, etc., con la necesidad del capital de saquear y esquilmar a todas las sociedades del mundo dot?ndose de una justificaci?n ?tica y cultural que no es otra que el racismo. Algo parecido a la xenofobia exist?a antes del capitalismo, en las culturas cl?sicas griega y china, pero s?lo la burgues?a ha creado el racismo y, lo que es peor, lo ha intentado justificar cient?ficamente inventado la sociobiolog?a, el darwinismo social, los supuestos ?test de inteligencia?, el determinismo gen?tico, etc.

Podemos seguir citando ejemplos --ecolog?a, feminismo, arte, tecnociencia, religi?n, sexualidad?--, y siempre volveremos a la misma pregunta inevitable: ?qu? relaciones internas existen, si las hay, entre estas y otras realidades del sistema capitalista? Antes de responder vamos a recurrir a un ?ltimo ejemplo especialmente valioso para un movimiento internacionalista como Askapena: la FAO afirma que un tercio de la producci?n mundial de alimentos, alrededor de 1.300 millones de toneladas, se desperdician todos los a?os debido a un conjunto de problemas. Para cualquier persona con un m?nimo de sensibilidad estos datos son insoportables. Son varias las razones que explican semejante despilfarro insostenible, pero todas ellas nos remiten en el momento de la s?ntesis a la irracionalidad global del capitalismo.

Para el tema que tratamos en esta reuni?n de Askapena, el marxismo y la lucha de clases y de los pueblos, la teor?a-matriz dispone de los conceptos necesarios para explicar, primero, por qu? las clases sociales se han de definir siempre en movimiento, como relaciones activas, en vez de c?mo cosas pasivas y est?ticas, de modo que definir qu? es le proletariado mundial a comienzos del siglo XXI exige analizar c?mo se ha movido el capitalismo en los dos ?ltimos siglos y c?mo, a pesar de esos cambios, sigue siendo el mismo; segundo, que las clase sociales no son s?lo relaciones en movimiento sino a la vez unidad y lucha de contrarios irreconciliables, de manera que definir a la clase obrera exige definir en el mismo acto a la clase burguesa y viceversa; tercero, que definir las clases a comienzos del siglo XXI exige considerar los cambios en las formas de opresi?n y explotaci?n precapitalistas que han sido subsumidas en el capitalismo, sobre todo y fundamentalmente la patriarcal y la nacional, para ver c?mo se plasman en la lucha de clases actual; cuarto, que definir las clases sociales exige definir los movimientos de su alienaci?n y de su conciencia, de su estado pasivo en cuanto clase en s?, y de su din?mica activa como clase para s?; quinto, que definir las realidad clasista actual exige, adem?s, estudiar los movimientos de las ?clases intermedias? entre la burgues?a y el proletariado; y sexto y ?ltimo, que la historia de la lucha de clases en el capitalismo y en el presente exige analizar la permanente presi?n del Estado burgu?s para debilitar en lo posible al proletariado y reforzar en lo posible a la burgues?a.

Por ?ltimo, es vital recuperar y desarrollar el marxismo como teor?a-matriz ya que en los ?ltimos lustros la f?brica burguesa de mercanc?as ideol?gicas ha producido en serie toda una gama de ofertar ?te?ricas? de usar y tirar antimarxistas que, por diversas circunstancias, han calado en amplios sectores de las viejas izquierdas desilusionadas, a la vez que han frenado cuando no impedido la toma de conciencia de grupos juveniles, disolvi?ndolos. Nos enfrentamos a una decisiva batalla pr?ctica y te?rica para derrotar la ideolog?a burguesa, batalla que en realidad es parte del conflicto mundial entre el capital y el trabajo.

Dado que tenemos poco tiempo y que existen en Askapena diferentes niveles de formaci?n y de opciones, por cuanto es un movimiento popular, voy a dividir mi charla en cuatro partes. La primera reflexi?n que quiere provocar es que, mirado el mundo a simple vista, parece que est? sometido a fuerzas absurdas e incoherentes, que las atrocidades imperialistas no responden a planes meticulosos sino a los caprichos ego?stas de una minor?a. La segunda reflexi?n intentar? explicar las razones de fondo que sustentan el brutalidad imperialista y a qu? contradicciones capitalistas responder. La tercera reflexi?n tratar? sobre qu? es y c?mo es la lucha de clases mundial a comienzos del siglo XXI seg?n la cronolog?a cristiano-occidental, y por ?ltimo, la cuarta reflexi?n versar? sobre por qu? el marxismo es la teor?a-matriz que no s?lo explica estas situaciones sino que adem?s argumenta c?mo se puede luchar contra el imperialismo.

2.- ?UN MUNDO ABSURDO E INCOMPRENSIBLE?

En los comienzos de la d?cada de 1990 el optimismo burgu?s dominaba en el imperialismo occidental. La URSS y su bloque hab?a implosionado; China Popular llevaba desde comienzos de los ?80 abri?ndose cada vez m?s al mercado capitalista; Cuba, la Isla Heroica, sufr?a estrecheces y pobrezas sin cuento, y los medios capitalistas auguraban su debacle; Vietnam y otros pa?ses que se hab?an independizado gracias a sobrehumanos esfuerzos, se encontraban abocados al desastre. En las Am?ricas, el imperialismo hab?a acabado con Nicaragua, con las guerrillas en el Salvador y en Guatemala, y en Colombia exist?a una especie de empate pol?tico-militar, mientras que todo indicaba que no habr?a una oleada revolucionaria tras las dictaduras asesinas en Argentina y Chile. Los problemas de M?xico pod?an resolverse porque su burgues?a aceptaba cada vez m?s las exigencias yanquis, y Brasil nunca hab?a sido un enemigo de los EEUU. Dentro de los pa?ses imperialistas reinaba el orden. Es cierto que Jap?n, la por entonces segunda econom?a mundial, hab?a entrado en crisis pero todos esperaban que las ingentes ayudas p?blicas acabasen pronto con ella. Desde la mitad de los ?80 la liberalizaci?n financiera, el neoliberalismo, el ataque dur?simo a las clases trabajadoras y, por no extendernos, la baratura de las materias y energ?as primas, todo esto, sustentaba las condiciones de la larga expansi?n que concluir?a en 2007.

El triunfalismo sobre la ?victoria de Occidente? ven?a reforzado por la tesis de la previsible ?guerra de civilizaciones? que sobrevendr?a cuando el mundo atrasado, musulm?n y pre-pol?tico, as? lo calificaban, quisiera llegar r?pidamente a los est?ndares de vida y consumo de la ?civilizaci?n cristiana?. Hab?a que prepararse para ?defender a Occidente?, es decir, al ?modelo de vida norteamericano?. El fundamentalismo cristiano yanqui, de extrema derecha racista, dominaba en el plano ideol?gico-cultural y propagand?stico.

Si esto ocurr?a en el lado de la reacci?n, de las fuerzas vivas del capitalismo, en el lado del reformismo reapareci? la vieja tesis de que ya, por fin, era posible el tr?nsito pac?fico, legal y ?democr?tico? a ?otro? socialismo que no tuviera los errores autoritarios del que hab?a fracasado en la URSS. La globalizaci?n, se dec?a, caminaba hacia un ?gobierno mundial?, hacia la ?gobernanza? del mundo mediante la reforma de las instituciones que ya no ten?an sentido tras finiquitar la Guerra Fr?a. La superaci?n de las fronteras estatales, la mundializaci?n del mercado y la p?rdida de poder de los Estados, todo esto permit?a a los pueblos avanzar hacia la ?democracia mundial?. Muchas envejecidas izquierdas se creyeron estas monsergas. La demagogia postmodernista, seg?n la cual ya no ten?an sentido las teor?as sociales de los siglos XIX y XX, los denominados postmarxistas que dec?an que ya no hab?an lucha de clases sino demandas individuales y movimientos populistas resolubles mediante la legalidad de la ?sociedad civil?, la aceptaci?n de la aberrante tesis de las ?intervenciones humanitarias? de la OTAN y la ONU, estas y otras tesis debilitaron profundamente a las izquierdas combativas pero muy poco formadas te?rica, precisamente cuando el imperialismo endurec?a sus ataques a los pueblos.

Mientras tanto, volcada en la preparaci?n de una nueva y moderna ?cruzada?, el grueso de la burgues?a no prest? apenas atenci?n a los crecientes indicios de que cuatro cosas empezaban a torcerse el centro imperialista: la sucesi?n de crisis financieras que cada vez m?s r?pidamente estallaban en todas partes, advirtiendo de que algo profundo se estaba pudriendo en las entra?as capitalistas; la lenta recuperaci?n de las luchas de clases en Europa, Asia, las Am?ricas y ?frica que, con altibajo, volv?a a la escena social; la acumulaci?n de incuestionables estudios cient?ficos sobre la crisis ecol?gica; y la tendencia a la reducci?n de la superioridad del imperialismo occidental, liderado por EEUU, sobre las denominadas ?potencias emergentes?.

De entre todos los disponibles, resaltamos tres acontecimientos que expresaban la progresiva interacci?n de estas din?micas hasta entonces aisladas entre s?: el corralito argentino en 2001 y la derrota del golpe anti Ch?vez de 2002 en Venezuela; el fracaso de la Cumbre de Kioto celebrada en 1997, y el aumento de las luchas internacionales y antiimperialistas que se recuperaron al calor de la ?antiglobalizaci?n?. En ese contexto se produjeron los ataques a las Torres Gemelas en septiembre de 2001. En muy poco tiempo se empez? a esfumar la euforia burguesa arriba vista. Pero faltaba lo peor: la crisis iniciada en 2007 y definitivamente asentada desde 2008, y sus secuelas mundiales, aunque muy especialmente en los pa?ses imperialistas. Ahora hemos le?do algunas excusas de altos managers yanquis diciendo que se podr?a haber evitado la crisis si se hubiera hecho caso a las se?ales econ?micas. Se trata de una excusa mentirosa e ignorante porque, primero, no s?lo no se imaginaron que la crisis podr?a estallar sino que ni siquiera creyeron que se hab?a producido hasta que era muy tarde; y segundo, es una muestra de ignorancia porque la econom?a pol?tica burguesa no puede conocer te?ricamente las contradicciones del capitalismo.

Pues bien, de forma acelerada desde 2008 la euforia se ha transformado en desconcierto, miedo y hasta p?nico por el futuro. El rearme es una respuesta l?gica del capital en situaciones como esta, y unido a ?l tambi?n el aumento represivo y policial. Luego veremos con m?s detalle el por qu?. Pero si el miedo cunde en la alta burgues?a, en sectores de las masas alienadas que votan al centro-derecha y al reformismo el miedo se refuerza con una mezcla de desconcierto y de autoritarismo. Una vez que se han hundido las c?modas certezas que alegraban una vida gris y anodina, la sangrante realidad es vista por esta mayor?a silenciada y castrada mentalmente con una mezcla de desconcierto y pasmo y, en muchos casos, con una fuerte dosis de agresividad teledirigida por la industria pol?tico-medi?tica.

Las escenas del asesinato del supuesto Osama Bin Laden, los intentos de asesinato de Gadafi, el que la OTAN deje morir de sed en la mar a decenas de emigrantes, los aplausos a la entrega ilegal por Venezuela de un s?bdito sueco a los torturadores colombianos, el rechazo de los europeos ricos a ayudar a los europeos empobrecidos despu?s de haberles impuesto condiciones leoninas para entrar en la UE, estos y otros acontecimientos diarios que solamente son la c?scara de tragedias espantosas, son vistos como expresiones de un mundo absurdo y peligroso que debe ser salvado por la civilizaci?n occidental. La decisi?n de que los alimentos y otros productos vitales coticen en los mercados financieros, conlleva que una minor?a los acapare a la espera de que se multipliquen artificialmente sus precios, sin preocuparse por las inhumanas hambrunas que proliferan. Pues bien, esta y otras decisiones son vistas con indiferencia por buena parte de las masas occidentales porque creen que es la ?mano invisible? del mercado la que rige la econom?a, y otra parte m?s reducida por ahora, las aplaude.

La idea de la ?mano invisible?, cargada de esoterismo idealista, fue popularizada por la primera corriente econ?mica burguesa, y sostiene que el mercado, la econom?a en su conjunto, se rige por razones desconocidas en ?ltima instancia, por fuerzas invisibles e incomprensibles al conocimiento humano. Desde entonces, algunas corrientes burguesas, como la keynesiana, han tratado de iluminar con una tenue luz esa invisibilidad, pero han fracasado siempre. Ya que la econom?a capitalista es incognoscible en su esencia, solo podemos ayudarnos del neokantismo y del subjetivismo individualista para intuir c?mo funciona. Atrapados en esta ceguera ignorante e idealista, los acontecimientos mundiales nos parecen igualmente indescifrables y absurdos.

3.- LA CORTA RACIONALIDAD DEL IMPERIALISMO

Sin embargo, en la fase imperialista del capitalismo la ?mano invisible? del mercado necesita del ?pu?o de acero? del Estado para importe a los pueblos explotados cuando han fallado otros instrumentos previos de soborno, enga?o y divisi?n. La historia real del capitalismo, la que padecen las clases oprimidas, ha mostrado desde siempre que este modo de producci?n no ha logrado derrotar al modo feudal en Europa y expandirse luego por el planeta entero sino gracias a la fuerza armada del Estado, o como dijera Marx, gracias a los m?todos terroristas, fundamentalmente. Las primeras expediciones sistem?ticas europeas en busca de riquezas que robar a los musulmanes, las sanguinarias Cruzadas, ya adelantaron algunas pr?cticas que al poco mejorar?an los aventureros portugueses y espa?oles cuando se lanzaron a la b?squeda de especias, esclavos y oro, en expediciones sufragadas por el Estado y por comerciantes.

Si los ej?rcitos estatales han sido necesarios para la victoria del capitalismo colonial, tambi?n lo han sido sus burocracias recaudadoras, administrativas, t?cnicas y cient?ficas, educativas y religiosas, etc. Por ejemplo, proyectar buenos mapas resolviendo c?mo trasladar a dos dimensiones una superficie esf?rica era tan vital como crear buena artiller?a, buenos barcos, buena alimentaci?n y buena salud; y era igualmente vital resolver el problema de la latitud y de la longitud de la esfera terrestre, lo que exig?a hacer precisos y fuertes relojes y minuciosas tablas matem?ticas, astron?micas, de corrientes marinas y de vientos, etc. Lo que ahora llamamos ciencia creci? impulsada por las exigencias implacables de la expansi?n militar y econ?mica, sobre todo a partir del siglo XIX cuando la burgues?a comprendi? que, para imponerse a la humanidad, deb?a lograr la proeza cient?fica de sintetizar y concentrar en un buque de guerra moderno toda la civilizaci?n del capital.

Estamos diciendo que existe una l?gica nada absurda e irracional que explica por qu? y c?mo el colonialismo capitalista por expandi?ndose a la vez que desarrollaba lo que se define como ?logros de la civilizaci?n?, es decir, que junto a la atrocidad terrorista del exterminio de culturas y pueblos tambi?n se produc?a el avance de la ciencia. Se trata de una unidad dial?ctica de contrarios sin la cual no entendemos nada de la historia. Esta l?gica ya latente en las Cruzadas --los salvajes saqueos de Jerusal?n, Constantinopla, etc.,-- se ha desarrollado luego con ritmos e intensidades diferentes, pero de forma imparable hasta que chocaban con las resistencias de las clases y de los pueblos. En el fondo de tanta brutalidad rug?a y ruge la necesidad ciega de la acumulaci?n de capital, es decir, la necesidad dictatorial de acumular cada vez m?s capitales, m?s riquezas, m?s tierras, m?s dinero, m?s oro, porque, bajo las leyes del capital, por un lado, los empresarios y los Estados que no mantienen este ritmo creciente son vencidos por otros Estados y empresarios, son aplastados; y por otro lado y a la vez, la clase burguesa que no explota lo suficiente a su clase trabajadora, exprimi?ndole hasta el ?ltimo aliento de su vida, empieza a rezagarse en la carrera por la hegemon?a imperialista, lo que le debilita frente a sus competidores y tambi?n frente a su propio pueblo explotado.

Todos los ejemplos presentes que hemos visto arriba tienen su causa com?n en el ataque global que el imperialismo lanz? desde finales de los ?80 endureci?ndolo desde 2001. Son los efectos externos de diversas estrategias que, por diferentes caminos y medios, con diferentes t?cticas, buscan los mismos objetivos b?sicos: apropiarse de los recursos energ?ticos, reservas vitales y espacios productivos; arrinconar a las ?potencias emergentes? para que no se atrevan a presentar una resistencia conjunta al imperialismo occidental; amenazar a los Estados y pueblos que pueden resistirse al imperialismo con su destrucci?n, a la vez que crear nuevos poderes colaboracionistas sobre las ruinas de los Estados destruidos; y sobreexplotar a las clases trabajadoras del centro imperialista.

Sin mayores precisiones ahora, desde finales del siglo XX hemos asistido a una secuencia marcada por los siguientes hitos: destrucci?n de Yugoslavia, balcanizaci?n y contrarrevoluciones ?naranjas? en pa?ses de la ex URSS; primer ataque a Irak e invasi?n y destrucci?n definitiva en un segundo ataque; ataque a Afganist?n y extensi?n de las incursiones a Pakist?n; crecientes amenazas a Rusia al querer asentar la OTAN muy cerca de sus fronteras; despliegue de la IV Flota en centro y sur Am?rica, ocupaci?n yanqui de Colombia consentida por su burgues?a, extensi?n yanqui en la cordillera andina y cerco militar a Venezuela, Ecuador, Bolivia, Cuba, etc., as? como amenazas a otros Estados soberanos; creaci?n de bases militares en el gigantesco arco que va desde los montes cauc?sicos, el Indukush, Asia Central y el Himalaya, hasta llegar a la Corea del Norte amenazada y al sur de China Popular; partici?n del Sud?n para dejar sus recursos en manos de la derecha cristiana; y, por no extendernos, recomposici?n del poder en el norte de ?frica y otras zonas para apropiarse de sus riquezas, y cercar y preparar un ataque a Ir?n. Como se aprecia, en esta breve lista no hemos introducido los ataques contra las clases trabajadoras, contra las mujeres, pueblos oprimidos y migrantes dentro de los Estados imperialistas.

Pero debemos hacernos una visi?n hist?rica de esta l?gica. Ning?n an?lisis del presente es completo si no est? afianzado en las experiencias hist?ricas anteriores. La perspectiva hist?rica es imprescindible para conocer el presente y saber c?mo podr? ser el futuro, c?mo podemos actuar hoy mismo y ma?ana. Veamos tres experiencias anteriores: una, la denominada ?diplomacia de las ca?oneras? sobre todo en la primera mitad del siglo XIX, que abarc? pr?cticamente a todo el mundo; dos, la reorientaci?n del imperialismo brit?nico tras llegar al pico de producci?n de carb?n en su Isla, lo que le oblig? a lanzarse a la conquista de otros territorios agudizando las tensiones del ?Gran Juego? en Eurasia con la Rusia zarista y con otros imperialismos; tres, la estrategia yanqui de control de su ?patio trasero? expulsando a espa?oles, brit?nicos y franceses de las Am?ricas; cuatro, la denominada ?creaci?n de ?frica? mediante las pugnas y negociaciones entre potencias europeas a finales del siglo XIX; cinco, el reparto similar pero m?s complicado del sudeste asi?tico y de China entre imperialismos occidentales; y por no extendernos, la pol?tica imperialista mundial durante la ?Guerra Fr?a? conclu?a a finales de los ?80.

Esta larga experiencia hist?rica se caracteriza por una continuidad en lo esencial de la l?gica capitalista, y por una innovaci?n muy importante a?adida durante el tr?nsito de la fase colonial a la fase imperialista. La constante esencial es que el capitalismo siempre ha sido, es y ser?, invasor, esquilmador, saqueador y expoliador de los pueblos y de la Naturaleza. No tiene otra alternativa porque la l?gica del m?ximo beneficio en el menor tiempo posible exige a las burgues?as, como hemos dicho arriba, sobreexplotar a sus pueblos y a la Naturaleza y a la vez, luchar entre ella, entre las diversas burgues?as, para no perder poder. Da lo mismo que en el siglo XV se buscasen especias, oro y esclavos, o que en el siglo XXI se busque litio, tierras raras, uranio, etc. Estos cambios son secundarios porque lo permanente sigue siendo la necesidad ciega de acumular capital. La innovaci?n no es otra que con la fase imperialista adquiere preponderancia el capital financiero-industrial, que no s?lo el industrial y menos a?n el comercial. Desde comienzos del siglo XX y de forma creciente, la exportaci?n de capitales se ha convertido una obsesi?n, y es ?sta la que mejor explica el porqu? de las decisiones tomadas desde la segunda mitad de los ?80, cuando EEUU y Gran Breta?a, abrieron el mel?n podrido de la desregulaci?n absoluta de los movimientos financieros, decisiones que han marcado al imperialismo en su etapa m?s reciente.

Ocurre que los empresarios tienden a invertir en los negocios financieros lo que no invierten en la industria y en los servicios comerciales debido a que los negocios industriales y de servicios tienden a ir reduciendo sus beneficios, por razones que ahora no podemos explicar. Los capitales sobrantes son improductivos, lo que es suicida para los empresarios, as? que invierten esos capitales sobrantes en la banca, en las finanzas, en la especulaci?n de alto riesgo, etc. Se abre as? una espiral mortal que hace que cada vez sobre m?s capital por lo que hay que presionar cada vez m?s para que los pueblos acepten ese capital financiero extranjero que les arruina y empobrece. Con el tiempo, se crea una burbuja financiera y de otros negocios totalmente dependientes de ella, que termina estallando en crisis cada vez m?s profundas, largas y da?inas. Y con cada hecatombe, el imperialismo redobla sus ataques. Ahora nos encontramos en la m?s reciente, demoledora y terrible crisis.

Hemos empezado este apartado hablando de la ?corta racionalidad? del imperialismo. Queremos decir que, primero y efectivamente, el imperialismo es racional, no es absurdo, porque sabe buscar los medios adecuados para obtener los fines que busca. Un ejemplo de su racionalidad es su supervivencia, las victorias p?rricas que ha cosechado y las derrotas que ha inflingido a la humanidad trabajadora. Pero esta racionalidad es parcial, limitada y corta, es operativa en parcelas determinadas y en tiempos breves, porque en general, vista a escala temporal larga, el imperialismo es irracional porque no puede evitar conducir a la humanidad al desastre, a la barbarie y al caos. Por ejemplo, un empresario debe llevar bien sus negocios y modernizar sus m?quinas, y en este sentido es y debe ser lo m?s racional y l?cido posible siempre dentro de los l?mites capitalistas; pero cuando pasamos de un empresario individual y aislado al conjunto de la burgues?a mundial, entonces no sirve la suma de racionalidades individuales, sino su sinergia sist?mica, el hecho de que la resultante no es otro que la irracionalidad global del sistema capitalista. El imperialismo, como fase actual del capitalismo, lleva al extremo esta dial?ctica entre la racionalidad parcial y la irracionalidad total, que es la que domina a la larga.

Para comprender mejor c?mo y por qu? funciona el imperialismo, y qu? sucede ahora mismo, c?mo interact?an en todo momento la corta racionalidad del sistema con su irracionalidad global, para esto, debemos estudiar la lucha de clases a comienzos del siglo XXI.

4.- LA LUCHA DE CLASES Y DE LOS PUEBLOS

De la misma forma en que existe una continuidad de la explotaci?n capitalista pero tambi?n innovaciones y cambios en sus fases y etapas, tambi?n sucede lo mismo con la lucha de clases, con la misma naturaleza y composici?n de las clases sociales. Como hemos dicho al comienzo, no debemos pensar las clases sociales como estructuras quietas e incomunicadas, sino como contradictorios procesos sociales en lucha mutua y en cambio. Por ejemplo, a comienzos del siglo XIX la clase obrera era absolutamente minoritaria en Europa y EEUU, y s?lo en Gran Breta?a aparec?a como un movimiento en formaci?n inseparable de sus formas de resistencia. Fuera de la clase obrera exist?an grandes masas de campesinos y artesanos arruinados que cada vez m?s ten?an que compaginar sus labores con trabajos en peque?as y medianas empresas. Las mujeres segu?an siendo explotadas en el domicilio aunque en Gran Breta?a tambi?n en las f?bricas. A finales del siglo XIX el movimiento obrero era ya una realidad temida por la burgues?a, y empezaba a extenderse por otras zonas del mundo, pero tambi?n era una realidad minada por un tendencia reformista interna potente porque el capitalismo pod?a sobornar y corromper a amplias franjas de trabajadores. El marxismo era muy minoritario y excepto otras corrientes socialistas revolucionarias y anarquistas, la mayor?a del movimiento obrero y sindical se guiaba por ideas reformistas.

Pero las contradicciones sociales minaron la dominaci?n burguesa. La fase imperialista agudiz? tales contradicciones y a?adi? un impresionante sujeto de masas, que ya hab?a aparecido hac?a a?os pero que ya era imparable a comienzos del siglo XX: las guerras de liberaci?n nacional anticolonial y antiimperialista. Y tambi?n, y sobre todo en muchas luchas, las mujeres se reafirmaron como otro sujeto decisivo, sobre todo el feminismo socialista que desbord? al feminismo burgu?s anterior. Desde la Comuna de 1871 la burgues?a mundial hab?a aprendido que la clase trabajadora era su enemigo mortal, y en 1917 la revoluci?n bolchevique lo confirm? definitivamente. Pero ya no era el proletariado inconexo y ut?pico de comienzos del s. XIX, sino una fuerza inquietante, y tanto m?s peligrosa dado que pese a estar desunida por la existencia de una corriente reformista interna, a?n as? hab?a demostrado una temible fuerza. Peor a?n, adem?s de la revoluci?n bolchevique y de la oleada que le sigui?, se hab?an asentado las luchas de liberaci?n antiimperialista como se demostraba en todos los continentes.

La dur?sima crisis mundial de 1929 dio la oportunidad al capital para reforzar su contraofensiva ya iniciada con anterioridad. Una forma de destrozar la lucha obrera fue la progresiva introducci?n del sistema fabril denominado como taylorismo, o producci?n de cadena en serie, teorizada en 1912 y demoledor para la clase obrera pretaylorista y muy beneficiosa para la patronal. Otro sistema fue el del planificar el consumismo, algunas reformas sociales y las migajas repartidas de las sobreganancias imperialistas, sin olvidarnos del nacionalismo burgu?s y del racismo imperialista. Pero sobre todo, en los muy contados Estados burgueses afianzados, el capital pudo contar con el apoyo del reformismo, de las ganancias imperialistas y con la propia alienaci?n que genera la sociedad burguesa, as? como de las primeras medidas keynesianas, pero tambi?n con el miedo al socialismo y con organizaciones de extrema derecha y hasta nazifascistas toleradas hasta 1940, que amenazaban al movimiento obrero. Pero el grueso de la respuesta burguesa internacional fue el endurecimiento represivo, el militarismo, el fascismo y el nazismo, la contrarrevoluci?n sangrienta.

La crisis de 1929 reafirm? las ense?anzas de las precedentes en una cuesti?n ya tratada antes: el papel de las ?clases intermedias?, de la peque?a burgues?a y de las ?clases medias?, sectores que crecen en los per?odos expansivos pero decrecen durante las crisis, arruin?ndolos y dividi?ndolos entre reaccionarios y revolucionarios, separados por una mayor?a dudosa que casi siempre termina girando a la derecha m?s por los errores de la izquierda que por los aciertos de la derecha. La crisis de 1929, al impactar en las colonias y pueblos oprimidos, azuz? los movimientos de emancipaci?n nacional lo que multiplic? las dificultades del imperialismo al ver reducidas sus ganancias. La existencia de la URSS, sumado a lo anterior, llenaba el cupo de lo tolerado por el imperialismo. La guerra de 1939-45 busc? antes que nada acabar con el peligro comunista y asegurar la docilidad de una clase explotada mundial, y en segundo lugar pero supeditado al primer objetivo, reordenar la jerarqu?a interimperialista.

La lucha de clases posterior a 1945 se caracteriz? por tres novedades fundamentales: una, en el centro imperialista, por un pacto interclasista entre la burgues?a y el reformismo, con el apoyo de los partidos estalinistas, de modo que el capital pudo abrir una nueva fase expansiva, pacto interclasista que estaba tambi?n sostenido por la represi?n selectiva pero dura de las izquierdas revolucionarias como en Alemania Occidental, Jap?n, USA, Gran Breta?a, y en el Estado franc?s por la ?dictablanda? del general De Gaulle; otra, en los Estados capitalistas m?s d?biles por diversas dictaduras y reg?menes fuertes vitales para la pol?tica yanqui de cerco y agresi?n a la URSS, a China Popular, y a las luchas de liberaci?n nacional en todo el tercer mundo; por ?ltimo, por la definitiva burocratizaci?n de la URSS y del socialismo que representaba, de modo que internamente los pueblos iban despolitiz?ndose y girando poco a poco hacia un capitalismo id?lico e inexistente en la realidad, que m?s tarde les hundir?a en la pobreza y destrozar?a su calidad de vida, mientras que en el exterior la burocratizaci?n min? la legitimidad incuestionable de la revoluci?n bolchevique y del marxismo --el monstruo nazi fue vencido s?lo gracias a la superioridad del socialismo sovi?tico que aplast? al 80% de los ej?rcitos nazifascistas-- acelerando la descomposici?n reformista de los PCs, y el largo desierto del marxismo frente a la ideolog?a burguesa.

La propaganda capitalista ha manipulado la historia, ha mentido y ha creado otra historia reciente sobre la verdadera evoluci?n de la lucha de clases mundial desde 1945 hasta ahora. Se nos ha hecho creer que los ?treinta gloriosos?, las tres d?cadas transcurridas hasta finales de los ?70, con el inici? del ataque neoliberal, fueron una demostraci?n inequ?voca de la superioridad de la ?democracia occidental? sobre el socialismo. Esto es mentira. Como ya hemos dicho, s?lo unos muy contados Estados burgueses, los imperialistas, pudieron desarrollar sistemas democr?ticos formales pero gracias a las excepcionales condiciones posteriores a 1945, gracias al despojo imperialista y gracias a una sofisticada represi?n interna. Las violencias de signo opuesto, la contrarrevolucionaria e imperialista y la revolucionaria y liberadora, fueron la realidad mayoritaria a nivel mundial, y muy en especial desde 1973 cuando mediante las criminales dictaduras en el cono sur latinoamericano el neoliberalismo apareci? como la alternativa antisocialista y antiobrera a aplicar dentro mismo del imperialismo, como as? sucede desde entonces.

Como a comienzos del siglo XX con el taylorismo y otros m?todos, uno de los objetivos del neoliberalismo desde comienzos de los ?70 era y sigue siendo el de destroza la fuerza de lucha del proletariado, liquidando sus derechos, desuni?ndolo, haci?ndole retroceder a las brutales condiciones de explotaci?n de finales del siglo XIX, etc. De nuevo, para saber qu? son las clases debemos estudiar c?mo el Estado burgu?s golpea muy duramente a las masas trabajadoras. Con la crisis iniciada en 2007, adem?s del ataque a las y los trabajadores, las ?clases medias? y la peque?a burgues?a est?n siendo arrinconadas y mermadas bajo la presi?n de la gran burgues?a. A la vez, el campesinado del mundo entero debe acelerar su emigraci?n a las megaciudades para proletarizarse porque la agroindustria capitalista los empobrece a?n m?s y los expulsa de sus reducidas tierras privadas y de sus tierras comunales. Simult?neamente, las mujeres campesinas, obreras y autoexplotadas en las grandes urbes, y en el centro imperialista, sufren un acoso creciente del sistema patriarcal y del terrorismo religioso.

La masa asalariada, es decir, la que vive s?lo y exclusivamente de un m?sero salario, la que no tiene ninguna autonom?a econ?mica, por no decir ninguna independencia productiva, esta masa que forma el componente decisivo de la humanidad trabajadora, va aumentando en todo el mundo y van reduci?ndose los sectores aut?nomos, los que pueden compaginar el propio trabajo no explotado por nadie con un trabajo asalariado. Esta din?mica, ya teorizada por el marxismo de mediados del siglo XIX, choca cada vez m?s con su opuesta e irreconciliable pero unida a ella por lazos irrompibles: va reduci?ndose la minor?a multimillonaria poseedora de los medios de producci?n.

Otra caracter?stica ya anunciada por el marxismo y que se confirma d?a a d?a es la interacci?n entre el militarismo imperialista y la sobreexplotaci?n de los pueblos. Malvivimos en un mundo finito, con recursos finitos en su inmensa mayor?a, y en un planeta tan saturado y sobrecargado de porquer?a y detritus de muy dif?cil desintegraci?n y asimilaci?n, que literalmente el imperialismo se est? comiendo el futuro de la siguiente generaci?n, que no s?lo de la juventud actual. S?lo la sobreexplotaci?n de los pueblos puede sostener durante unos pocos a?os este desquiciado irracionalismo. Y para que las naciones empobrecidas se resignen pasivamente al expolio de ellas mismas, de su vida e historia, de su cultura y recursos, la civilizaci?n del capital se rearma al m?ximo, se militariza como nunca antes y advierte a viva voz al mundo entero que har? lo que le venga en gana. Las declaraciones de Obama antes y despu?s del asesinato del supuesto Bin Laden, as? lo explican sin verg?enza alguna, y encima ampar?ndose en la voluntad de su dios cristiano.

5.- EL MARXISMO COMO TEOR?A-MATRIZ

Sumergidos en esta vor?gine ?por qu? debemos recurrir al marxismo? Pues porque es la teor?a que mejor ha resistido el criterio de la pr?ctica, la prueba de los hechos. Y no hablo s?lo de la teor?a revolucionaria, comparando el marxismo con el anarquismo y con otras corrientes socialistas, sino fundamentalmente contratando el marxismo con la ideolog?a burguesa. De entrada, y sin que podamos ahora extendernos en esta cuesti?n, el marxismo no es una ?teor?a?, ni una ?ciencia?, y mucho menos una ?ideolog?a? y una ?sociolog?a?, en el sentido dominante de estos t?rminos, aunque por desconocimiento o razones vulgarizadoras y pedag?gicas se utilicen para explicar qu? es el marxismo. En realidad es una praxis, una dial?ctica entre la mano y la mente, la acci?n y el pensamiento, la pr?ctica y la teor?a.

El concepto de ?praxis? proviene de lo mejor de la filosof?a dial?ctica de la Grecia cl?sica, y quiere decir la capacidad del ser humano libre para crear cosas nuevas. Por un lado, las diversas ramas del socialismo premarxista, desde el lassalleanismo hasta el anarquismo, se caracterizaron por repetir de alg?n modo anteriores concepciones sin aportar una s?ntesis cualitativa novedosa. Por otro lado, la ideolog?a burguesa ha retrocedido al marginalismo del ?ltimo tercio del siglo XIX, que surgi? precisamente para impedir el avance del marxismo y para evitar que otros estudiosos burgueses investigasen m?s all? de lo alcanzado por la econom?a pol?tica cl?sica. Solamente el marxismo aport? una visi?n totalmente nueva, mejor dicho, esa visi?n se caracteriz? ya entonces y sobre todo ahora, no tanto por las respuestas dadas a las preguntas ya existentes sobres las causas de la injusticia y la explotaci?n, como muy en especial por el planteamiento de nuevas preguntas, de nuevas interrogantes que nadie se hab?a hecho hasta entonces, y obviamente, a darles una soluci?n inaceptable para la burgues?a y de my dif?cil comprensi?n para el socialismo premarxista.

La fuerza del marxismo como teor?a-matriz radica precisamente en que plantea nuevas dudas y aporta nuevas respuestas, y, adem?s, lo hace desde una nueva concepci?n de lo que es el pensamiento y de lo que es la acci?n humana. Como no tenemos ahora espacio para desarrollar en detalle esta crucial novedad, vamos a verla en su desenvolvimiento en tres problemas decisivos en el presente y que exponen la esencia inhumana de la civilizaci?n del capital. Los tres tienen directa relaci?n con la militancia internacionalista de Askapena.

El primero es la din?mica de formaci?n de un ?nuevo? sujeto revolucionario a escala mundial, una ?nueva? clase trabajadora explotada que se crea tanto como efecto tanto de la contraofensiva general capitalista denominada neoliberalismo, como por respuesta de las propias masas explotadas que, a golpes, van aprendiendo de sus errores, de las traiciones pol?tico-sindicales, de las innovaciones represivas de la burgues?a, etc. Entrecomillamos lo de ?nueva? para indicar que, de hecho, mantiene lo esencial de la clase explotada ya existente a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, sobre todo lo esencial de la clase existente entre 1830 y 1871, pero con a?adidos fundamentales ?nuevos? como el papel decisivo de las naciones oprimidas, el papel decisivo de las mujeres, el papel decisivo de la juventud empobrecida, etc., siempre a escala mundial, planetaria.

Naturalmente, esta ?nueva? clase mundial no surge de golpe sino que necesita una o dos generaciones, tal vez m?s, para irrumpir con fuerza renovada. Siempre ha sido as?, siempre la recomposici?n del proletariado mundial, unida irreconciliablemente a la recomposici?n de la burgues?a mundial, ha necesitado de atroces e insufribles experiencias para superar las cadenas mentales y materiales que ataban a la vieja clase trabajadora al reformismo de su ?poca. Al igual que la econom?a capitalista tiene fases y ondas, la lucha de clases tambi?n las tiene, y la dial?ctica entre ambas muestra c?mo las viejas clases explotadoras y explotadas deben mudar su piel, adquirir nuevas formas externas manteniendo su naturaleza interna, para responder a las nuevas problem?ticas que ellas mismas han ido generando en su lucha de clases, unas veces abierta y otras veces encubierta y latente, pero siempre activa.

El segundo es el creciente peso de las luchas tanto en defensa de las propiedades comunales y comunes que todav?a resisten a los empites imperialistas, como de las luchas por recuperar de nuevo, en el actual contexto de mundializaci?n del capital, el valor humano de la propiedad com?n, social, p?blica y/o estatal, sin matizar ahora las diferencias entre ellas. Desde la segunda mitad del siglo XIX el marxismo fue cobrando conciencia de la importancia decisiva de la propiedad comunal precapitalista no s?lo en la lucha contra el colonialismo sino tambi?n en la antropogenia, en la autog?nesis de la especie humana. En pugna permanente con el determinismo economicista de la cultura euroc?ntrica, el marxismo, no sin dificultades, fue integrando la reivindicaci?n de los bienes comunes precapitalistas con la reivindicaci?n del socialismo, integraci?n que se realizaba con naturalidad pasmosa en las lucha de liberaci?n nacional pero que segu?a, y sigue, siendo incomprendida por las izquierdas de los Estados que no sufren opresi?n nacional, que no est?n invadidos ni ocupados militarmente, y que tampoco padecen un saqueo masivo, p?blico, notorio, sin tapujos e implacable, de sus recursos.

Pero tambi?n dentro de las sociedades imperialistas y de los pueblos no oprimidos siempre se han librado luchas populares por la recuperaci?n de los bienes comunes. Lo que ocurre es que durante la fase de los ?treinta gloriosos?, del mal llamado ?Estado del bienestar? (??), de las pol?ticas keynesianas, etc., estas reivindicaciones parec?an haber sido conquistadas para siempre, y s?lo los denominados ambiguamente ?nuevos movimientos sociales? desde los ?60 en adelante plantearon algunas reivindicaciones en este sentido, sobre todo el feminista, el ecologista, el antimilitarista, el antiracista, etc. La contraofensiva neoliberal est? acabando con la suicida ilusi?n de que la ?democracia? garantizaba los ?derechos sociales? para siempre y sin necesidad de luchar por ellos. Ahora es cada vez m?s obvio para centenares de miles de j?venes de origen obrero y trabajador, incluso de origen peque?o burgu?s, que ya viven peor que sus padres, con menos derechos, con m?s y peor trabajo explotado y con menores sueldos, con m?s control, con m?s vigilancia y con m?s represi?n dentro de la ?democracia occidental?. De nuevo, como en el pasado, lucha por una vivienda, por unos derechos laborales y sindicales, por una libertad de expresi?n, por unos servicios sociales y p?blicos, por unas ayudas institucionales, por una reducci?n de la dictadura empresarial, estas y otras reivindicaciones que enlazan b?sicamente con la lucha por los bienes comunes, vuelven a escena como en el pasado.

El tercero es la sinergia de las contradicciones cl?sicas y ?nuevas? del capitalismo a escala mundial. Por contradicciones cl?sicas entendemos las que fueron teorizadas en las fases colonialista e imperialista, hasta la guerra de 1939-45: producci?n social versus apropiaci?n privada, racionalidad parcial versus irracionalidad global, aumento de la producci?n versus disminuci?n del consumo, desarrollo del pensamiento cient?fico versus mercantilizaci?n de la ciencia, acumulaci?n de capital versus explotaci?n asalariada. Por contradicciones ?nuevas? entendemos las que irrumpieron definitivamente desde 1945 en adelante aunque ya estaban embrionariamente latentes en el pasado: autodestrucci?n termonuclear y bioqu?mica versus acuerdos de paz y desarme, multiplicaci?n exponencial del consumo versus recursos finitos, y mercantilizaci?n de la Naturaleza versus cat?strofe ecol?gica.

La sinergia de estas contradicciones es acelerada por el movimiento de las leyes tendenciales del capitalismo: concentraci?n, centralizaci?n y perecuaci?n de capitales; asalarizaci?n y proletarizaci?n progresiva de la humanidad; aumento del trabajo muerto, del capital constante y fijo instalado, de la composici?n org?nica del capital y reducci?n del capital variable y del trabajo vivo; tendencia a la baja de la tasa media de beneficios, y socializaci?n de la producci?n. La interacci?n entre las contradicciones inherentes y las leyes tendenciales se expresa mediante la lucha de clases que a su vez agudiza tal interacci?n en una din?mica de retroalimentaci?n que, al final, estalla en forma de crisis cada vez m?s devastadoras y duraderas. Para salir de las crisis, al final el capitalismo no tiene otros recursos de la derrota inmisericorde del movimiento obrero y revolucionario, y de las naciones oprimidas que luchan por su libertad, as? como la reestructuraci?n brusca de la jerarqu?a interimperialista mediante implacables presiones econ?mico-pol?ticas, o en su defecto y fracaso, mediante guerras locales que pueden terminar y terminan en guerras mundiales. En s?ntesis, de las crisis el capital sale destruyendo inmensas fuerzas productivas, empezando por la fundamental, la de los seres humanos, que son sacrificados por decenas de millones en el altar de la propiedad privada. Para la civilizaci?n burguesa la muerte es la vida.

Pues bien, y concluyendo, solamente el marxismo puede actuar como teor?a-matriz del resto de luchas y de pensamientos cr?ticos parciales y sectoriales, focalizados hacia y en una opresi?n concreta, en una injusticia particular y en una dominaci?n determinada. Y puede hacerlo porque s?lo esta praxis ha planteado las nuevas preguntas y ha dado con las nuevas respuestas generales, comunes y b?sicas, con las constantes elementales y esenciales que bullen en el interior del capital y del trabajo, en el interior de su lucha permanente. Saber desarrollar de manera cr?tica y creativa las lecciones sustantivas del marxismo con las aportaciones particulares pero necesarias de todas las formas de lucha de la humanidad oprimida, esta permanente dial?ctica, es especialmente decisiva para los movimientos internacionalistas porque ellos han de moverse en escenarios diferentes, en culturas, tradiciones e historias colectivas distintas a las de sus naciones de origen. Es por esto, que para los movimientos internacionalistas, como Askapena, el marxismo es el ?nico instrumento emancipador v?lido para estudiar y conocer otras experiencias y sus conexiones de fondo con la lucha antiimperialista general.

Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


Tags: Vicente, rebelión, teoría, matriz, marxismo, anarquismo, comunal

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