Lunes, 23 de mayo de 2011

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El aparato organizativo espa?ol ?pol?tico, sindical, medi?tico, cultural, econ?mico, judicial- fue escorando a la derecha y acab? dejando a miles de ciudadanos completamente desamparados



Que me perdone el profesor Julio Anguita por este titular. No piense que ha vuelto a la arena period?stica aquel esbirro que por un salario en el grupo Prisa estuvo dispuesto a acosar y tergiversar con tanta malicia la labor del entonces coordinador general de Izquierda Unida, justo en el momento de esplendor de una organizaci?n pol?tica que empezaba a molestar y a asustar de verdad al poder pol?tico, econ?mico y medi?tico de Espa?a. No olvidemos que en aquella ?poca, una ley electoral m?s justa le habr?a permitido conformar un grupo parlamentario de m?s de treinta diputados con los dos millones de votos obtenidos en las Elecciones Generales de 1996. Que me perdone el intachable profesor Anguita, pero a la presencia masiva de esbirros como el citado colega period?stico y a la ausencia de personas como el pol?tico cordob?s se debe, como veremos a continuaci?n y en mi opini?n personal, el germen de las protestas en las calles de estos d?as. No creo que las protestas se deban a la indiscutible corrupci?n del ?partidismo? (bi, tri o tetrapartidismo) espa?ol. Ese dato no es nuevo. Una parte muy minoritaria de la sociedad espa?ola se ha echado a la calle porque no soporta la desolaci?n de no tener ya referencias de izquierda real entre los sindicatos o los partidos pol?ticos, al menos entre los altos portavoces de ?stos. Esto va contra el grueso de opiniones que se escriben estos d?as en Rebeli?n, pero estoy convencido de que la chispa que ha llenado las calles de personas indignadas no es la falta de democracia decidida por el PPSOE (esto se da por hecho desde hace a?os; estos manifestantes nunca pensaron votar por el PPSOE) sino la desolaci?n que produce a estas personas el hecho de no poder agarrarse a ninguna instituci?n, partido o sindicato que ejerza una ideolog?a de izquierda real, abnegada, conectada con los problemas reales y el sufrimiento real de millones de personas. Es motivo de esc?ndalo que la direcci?n de Izquierda Unida no reflexione, se disculpe ante la sociedad y se pregunte por qu? la mayor?a de los manifestantes no permiten que esta organizaci?n pol?tica encabece una protesta que deber?a llevarla a la primera l?nea de combate. Durante a?os, IU aglutin? la indignaci?n de la mayor parte de los que hoy est?n en la calle, que ahora se sienten hu?rfanos. Los indignados han sufrido, emulando las m?ticas pel?culas Mad Max o Waterworld, el impacto emocional de quejarse en soledad sin ning?n tipo instituci?n u organismo bajo el que protegerse o reunirse, como si fuera un mundo apocal?ptico donde los rojos o los que no viven de saquear el sistema son islas marginales en el desierto, de arena o de agua.

Veamos. Espa?a ya era un pa?s profundamente corrupto hace veinte, treinta y cuarenta a?os; no estamos descubriendo nada. No nos olvidemos de que el franquismo no s?lo se ocup? de ejercer la tortura f?sica y la prohibici?n de libertades fundamentales de la ciudadan?a. Tambi?n consolid? un modelo econ?mico y burocr?tico que todav?a estamos pagando. La Espa?a franquista asent? el peor clientelismo de Europa, promovi? una dependencia del ladrillo que enferm? la econom?a hasta hoy mismo, favoreci? la subvenci?n y el paternalismo antes que la creatividad empresarial, eludi? la investigaci?n y las plusval?as del conocimiento y el talento, cerr? la competencia exportadora y las relaciones comerciales con el resto del mundo, promovi? a ilustes familias de rentistas explotadores y especuladores antes que a las de emprendedores. Y todo esto sin contar c?mo se ha transformado interiormente el pensamiento de generaciones de espa?oles con miedo al pared?n, a los uniformes o a la c?rcel. No perdamos la perspectiva: los manifestantes tienen toda la raz?n en sus quejas y contribuyen a un mundo m?s justo, pero hay m?s j?venes simpatizantes de Nuevas Generaciones (la secci?n juvenil del Partido Popular) que acampados en todas las calles de Espa?a. Esto no es T?nez.

Los periodistas de izquierda nos hemos acostumbrado, en estos a?os, a no denunciar la progresiva derechizaci?n de las instituciones de izquierda para no echar m?s le?a al fuego y propiciar su desaparici?n, tan ansiada por la ultraderecha y la progres?a del PSOE. Tambi?n los periodistas tenemos una responsabilidad c?mplice. Todav?a hoy seguimos hablando m?s de la protesta, de la puesta en escena, que de la precariedad laboral, el paro, la siniestralidad, el grav?simo feudalismo fiscal y, sobre todo, de la corrupci?n peque?a de millones de espa?oles de los que surgen nuestros pol?ticos y sindicalistas, una corrupci?n de lo cotidiano que empieza por llevarse de la oficina un paquete de folios o colocar a un sobrino en el Ayuntamiento y que acaba en el esca?o de un diputado que firma la reforma laboral mientras vota por enviar unos soldados a invadir un pa?s que no ha pedido militares espa?oles. El resto de periodistas, los del poder, s? han cumplido su papel: atacar como perros de presa a los manifestantes, degrad?ndolos porque no se expresan de acuerdo a las normas del pol?tico empalagoso. Todos los periodistas que hemos tenido que tratar con politiquillos de medio pelo nos hemos echado las manos a la cabeza alguna vez cuando se apaga el micr?fono y se va el asesor de turno: te puedes topar con un ga??n, un troglodita codicioso e inculto que s?lo quiere decir, al dictado, aquello que suene lo suficientemente bien como para seguir ascendiendo y trepando. Casi como un periodista, oiga.

As?, en mi opini?n son dos los detonantes de estas encomiables protestas:

1. La desaparici?n de referencias de izquierda tangibles. Los manifestantes ya no se f?an ni se sienten identificados con las tradicionales organizaciones de izquierda. Viendo que toda Europa y EEUU se escoraba hacia la derecha y al peor neoliberalismo, sindicatos y partidos pol?ticos de izquierda se dejaron llevar por la corriente, se acomodaron como se?oritos y acabaron abandonando a decenas de miles de personas que no tienen siglas a las que aferrarse pero que siguen teniendo un sufrimiento y una conciencia de izquierda real que no ha podido aburguesarse. Su oficina y su consuelo es ahora la calle. El caso de los sindicatos -pactando a?o tras a?o recortes laborales, promoviendo empleo precario a sus propios empleados, haciendo gui?os a la derecha de siempre, pensando m?s en el afiliado que en un modelo de sociedad m?s justo para toda la clase trabajadora, pervirtiendo el uso del dinero destinado a formaci?n para mantener una estructura sobredimensionada y perezosa, etc.- es pavoroso para millones de espa?oles en paro o con precariedad extrema. La direcci?n de IU, salvo honrosas excepciones, ha amparado todo ello con la excusa de no dar argumentos a la derecha medi?tica. Adem?s del abandono de la clase trabajadora no afiliada (hay dirigentes sindicales que todav?a piensan que el trabajador medio est? en una f?brica de coches y se olvidan del ?lumpen? que sufre de verdad en los centros comerciales, las oficinas, las centralitas telef?nicas, las cafeter?as o las motos de reparto), hay una segunda cuenta pendiente de los dirigentes ?oficiales? de izquierdas en un plano m?s ideol?gico: el desprecio a los movimientos democr?ticos de masas en Latinoam?rica. Por no enfrentarse verbalmente a la caverna medi?tica ?la cl?sica de ultraderecha y la ?progre? de derechas que defiende a las multinacionales espa?olas en aquel continente- los portavoces de la izquierda oficial han mirado para otro lado ante el linchamiento generalizado en Espa?a contra los ?nicos movimientos sociales de democracia antiimperialista y humanista que se han producido en todo el planeta: Cuba, Venezuela, Bolivia, etc. Ha sido una cobard?a imperdonable c?mo se han callado. Y eso, cuando no criticaban directamente estos movimientos emancipadores y se hac?an c?mplices del linchamiento generalizado y de la ignorancia que los espa?oles tenemos sobre el dolor de los pueblos americanos. No estaba de moda apoyarles, deb?an pensar, a pesar de que sab?an que se estaban ocultando los 500 a?os de genocidio y saqueo en Am?rica Latina. A los que han conocido un poco del sufrimiento americano se les ha acabado la paciencia con tanto miramiento clasista, carajo. Jam?s un pa?s en la historia mundial del periodismo ha sido sometido a un acoso como el que soporta Cuba, donde la prensa occidental dedica su tiempo a buscar el m?s m?nimo gesto de un polic?a para decir que hay represi?n. Y no consiguen fotografiar nada, pese a su empe?o. Y los portavoces de alto rango de la izquierda oficial, callados o silbando durante a?os. Esa misma prensa es la que en la dictadura de Qatar s?lo habla de motos y en la tiran?a de Bahrein habla de autom?viles. Y la izquierda que todos esperan sigue sin hacer autocr?tica, ensimismada. Es que son sus te?ricas bases las que est?n en la calle, no son las bases de los grandes partidos espa?oles.

2. La desinformaci?n. La transformaci?n en la propiedad de los medios ?los cl?sicos empresarios de comunicaci?n han sido sustituidos por accionistas procedentes de las grandes corporaciones de sectores estrat?gicos como el financiero y energ?tico- ha trasladado el llamado Pensamiento ?nico a las redacciones de los grandes peri?dicos espa?oles, que en la pr?ctica informan de lo mismo en los mismos t?rminos. La consigna estaba clara: hay que defender los intereses de nuestros accionistas, que ya no son empresarios locales, ni mucho menos los lectores sino los bancos, los inmensos fondos de inversi?n o las corporaciones con intereses a nivel planetario. Hay que admitir que la campa?a de acoso contra la izquierda real que empez? con el mencionado Julio Anguita se perfeccionado mucho y ha castigado duramente a IU, pero la izquierda pod?a haberse esforzado un poquito m?s antes de rendirse. El mayor ?xito de la desinformaci?n programada por el poder es que millones de personas, entre ellos algunos de los acampados, dicen no tener muy claro cu?l es la diferencia entre izquierda y derecha, y mucho menos se?alar cu?l de los personajes que ve en un telediario son de izquierdas o derechas, por mucho que se presenten a s? mismos de una u otra manera. La prensa ha logrado que una parte relevante de la opini?n p?blica vea grandes diferencias entre el PSOE y el PP (yo no las veo, se lo aseguro) o, peor todav?a, esas personas piensan que en los l?mites del bipartidismo se ocultan fuerzas malignas, incivilizadas y violentas. Ochenta a?os despu?s, es lo mismo que el franquismo dec?a de los republicanos. Para asumir esto, tendr?amos que asumir que la mayor?a de los espa?oles siguen sin ser capaces de desvincularse del franquismo, y esto es un plato muy dif?cil de asumir para los pol?ticos pol?ticamente correctos.




Tags: Julio Anguita, bipartidismo, derecha, Cuba, izquierda, planeta

Publicado por blasapisguncuevas @ 17:31  | ESPA?A
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