Martes, 24 de mayo de 2011
24-05-2011

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Las graves preguntas que plantea el affaire Dominique Strauss-Kahn


Traducci?n del ingl?s de Atenea Acevedo

El arresto y la posterior detenci?n del financiero y pol?tico franc?s Dominique Strauss-Kahn en Nueva York por imputaci?n de delitos sexuales constituye un hecho desconcertante con implicaciones de gran alcance.

Strauss-Kahn, hasta la fecha en que escribimos estas l?neas, es director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), probablemente la instituci?n financiera internacional capitalista m?s poderosa, y prominente figura del Partido Socialista Franc?s, una de las agrupaciones pol?ticas con v?nculos empresariales m?s importantes del pa?s. Se esperaba que pronto anunciara su candidatura a la presidencia para los comicios de 2012 y las encuestas nacionales lo situaban por arriba de sus rivales, el presidente en funciones Nicolas Sarkozy y la candidata de la extrema derecha Marine Le Pen, del Frente Nacional.

Tanto por su postura de clase, sus privilegios y su imagen social, Strauss-Kahn representa todo aquello a lo que se opone World Socialist Web Site. Sin embargo, tambi?n es un ser humano con derechos democr?ticos, entre ellos el derecho a un juicio conforme a la ley y la presunci?n de inocencia hasta que se demuestre su culpabilidad. En vista del tratamiento al que ha sido sometido Strauss-Kahn desde su arresto y la cobertura de los hechos por parte de los medios estadounidenses, dicha presunci?n no existe.

Ni nosotros ni nadie m?s, aparte del acusado y la parte acusadora (y, quiz?s, otras partes con intereses que permanecen en el anonimato), sabemos exactamente qu? pas? en la suite de Strauss-Kahn en el Hotel Sofitel de Manhattan aquel domingo. La informaci?n que conoce el p?blico proviene del Departamento de Polic?a de la Ciudad de Nueva York, del abogado de la supuesta v?ctima y de los medios de comunicaci?n masiva; ninguna puede considerarse una fuente confiable.

Hasta ahora, nadie ha escuchado la versi?n de Strauss-Kahn. Por el contrario, ha sido sometido a un calculado proceso de humillaci?n y deshumanizaci?n, como el aberrante ?desfile del perpetrador?, cuyo obvio objetivo es condenar al acusado en el imaginario colectivo incluso antes de que se hayan formulado oficialmente los cargos.

La violaci?n es un delito execrable y toda persona que resulte culpable de haberlo cometido ha de rendir cuentas por ello. No obstante es un hecho, vergonzoso e innegable, que las acusaciones de conducta sexual inadecuada se han utilizado de manera implacable, y no solo en Estados Unidos, para destruir a personas concretas. El caso que de inmediato viene a la mente es el de Julian Assange, fundador de WikiLeaks.

El hecho de que las acusaciones de violaci?n y otras modalidades menores de conducta sexual inadecuada hayan cumplido fines pol?ticos no significa que Strauss-Kahn sea v?ctima de una conspiraci?n. Sin embargo, habr?a que ser infinitamente cr?dulos para descartar por completo, antes de una investigaci?n a fondo, la posibilidad de que Strauss-Kahn, una figura cuyas decisiones tienen importantes consecuencias pol?ticas y financieras, haya ca?do en una trampa tendida con lujo de cuidado.

La vieja pregunta Cui Prodest (?Qui?n se beneficia?) debe plantearse al investigar una acusaci?n cuya consecuencia inmediata, independientemente del resultado final del caso, con toda probabilidad ser? la remoci?n del cargo al frente del FMI y la destrucci?n de la carrera pol?tica del posible futuro presidente de Francia. ?A qui?n favorecer?a el traslado de Strauss-Kahn a una c?rcel estadounidense? Sin duda, este es el tipo de pregunta que formular?a el gran novelista franc?s Alexander Dumas, autor de El Conde de Montecristo.

No es el tipo de curiosidad que distingue al consejo editorial del New York Times. De hecho, en un ejemplo m?s de su afici?n por el periodismo sensacionalista, ayer el diario public? no una ni dos, sino tres columnas (de Maureen Dowd, Stephen Clarke y Jim Dwyer) que se deleitan con la humillaci?n de Strauss-Kahn, se refieren a la acusaci?n de violaci?n como si su veracidad no pudiera cuestionarse y de modo provocador incitan la animadversi?n de sus lectores hacia el acusado. Las tres columnas apelan al desconocimiento del p?blico de las garant?as procesales y a sus instintos m?s primitivos. El grado de inmundicia de los tres textos se evidencia en el t?tulo que Clarke eligi? para su columna: ?Droit du Dirty Old Men? (El derecho de los viejos raboverdes).

De los tres, el peor art?culo se debe a la pluma de Maureen Dowd. En el transcurso de su larga estad?a en el Times como columnista la autora nos ha regalado un sinf?n de ejemplos de obsesiones lascivas (ver sus textos sobre el esc?ndalo Clinton-Lewinsky), degradadas a?n m?s por su incontrolable y subjetivo tono asqueroso.

Recientemente, antes de dirigir su atenci?n al caso de Strauss-Kahn, Dowd celebraba el asesinato fuera de la ley de Osama bin Laden (?una victoria que nos hizo sentir otra vez estadounidenses?). Su columna del 17 de mayo, ?Powerful and Primitive? (Poderoso y primitivo) inicia as?: ?Ella lo deseaba y con ganas. Es lo que desea toda joven viuda trabajadora y temerosa de dios que se rompe el lomo como criada en un hotel de Times Square para mantener a su hija adolescente, justificar su calidad migratoria y aprovechar las oportunidades que brinda Estados Unidos: un viejo s?tiro enloquecido, anquilosado y arrugado que arremete desnudo desde el ba?o contra ella y la arrastra por la habitaci?n al m?s puro estilo cavern?cola?.

?En qu? pruebas se basa este escabroso p?rrafo? ?Con qu? informaci?n cuenta Dowd? ?Acaso entrevist? a la parte acusadora? ?Sabe siquiera lo que la supuesta v?ctima le dijo a la polic?a? Para esta columnista del Times la presunci?n de inocencia no existe. Por el contrario, se indigna ante la m?nima sugerencia de que Strauss-Kahn podr?a ser inocente o, a?n peor, que se le haya tendido una trampa. Al igual que en todos los casos que han merecido la tinta de Dowd en los que hay imputaciones de conducta sexual inadecuada, la culpabilidad de la persona acusada opera como supuesto b?sico.

Dowd contin?a: ?La defensa francesa de Strauss-Kahn aduce absurdas teor?as de la conspiraci?n, igualito que los pakistan?s cuando hablan de Osama. Incluso hay quienes afirman que fue v?ctima de una carnada sexual armada por los adl?teres de Sarkozy?.

?Imposible? ?Por qu? ser?a descabellado creer que Strauss-Kahn tiene poderosos enemigos con los medios para tenderle una trampa o, al menos, aprovechar la oportunidad del esc?ndalo para darle la estocada pol?tica? Excluir esa posibilidad no solo es absurdo en t?rminos pol?ticos, sino que cierra por completo una perspectiva cr?tica de investigaci?n. ?Es posible imaginar que los investigadores no preguntar?an a Strauss-Kahn si hab?a personas interesadas en ponerle una celada y, adem?s, pod?an hacerlo? ?O suponer que los investigadores no tienen raz?n para analizar a las personas asociadas a quien lo acusa?

Para entender la manera en que diversos poderes est?n aprovechando el esc?ndalo basta con citar la nota de primera plana publicada el mi?rcoles pasado en el Wall Street Journal con el t?tulo ?Pressure Is Building on Jailed IMF Chief? (Crece la presi?n contra el director del FMI que se encuentra preso). El art?culo se?ala que el gobierno de Obama ha ?enviado contundentes se?ales de que ya era hora de que el FMI retirara a Dominique Strauss-Kahn del cargo, ya que no puede seguir cumpliendo con las exigencias del puesto?. No cabe duda que el arresto de Strauss-Kahn es, a los ojos del gobierno estadounidense, una oportunidad pol?tica.

Seg?n el Wall Street Journal, en sus primeras declaraciones en torno al caso, el Secretario del Tesoro Timothy Geithner ?exhort? a un reconocimiento formal del Consejo de que el segundo a bordo del FMI, el estadounidense John Lipsky, al frente del organismo desde el arresto de Strauss-Kahn, seguir? en el cargo como interino?.

Se entiende que la persona que reemplace a Strauss-Kahn tendr? importantes implicaciones de pol?tica, y ya ha iniciado una acre lucha entre los gobiernos europeos y el estadounidense en cuanto a la elecci?n de su sucesor. El Wall Street Journal apunta que Europa desea conservar a uno de los suyos en el primer puesto dentro del FMI, pero ?Estados Unidos, como principal accionista del organismo, ser? fundamental en la determinaci?n del resultado?.

Tal vez Maureen Dowd no est? especialmente informada de los muchos intereses cruciales en juego ante el reemplazo de Strauss-Kahn, pero los de arriba en el New York Times no son ingenuos. Es un hecho demostrado que el editor ejecutivo del diario, Bill Keller, coordina la cobertura de asuntos de importancia vital para el gobierno estadounidense. En este caso, las incendiarias columnas de Dowd y otros autores contribuyen a incrementar la presi?n que busca la renuncia de Strauss-Kahn.

La opini?n p?blica oficial francesa se muestra comprensiblemente consternada tanto por la manera en que se arrest? a Strauss-Kahn como por la decisi?n de las autoridades estadounidenses de hacerlo desfilar, esposado, ante los paparazzi. Sin embargo, su tribulaci?n solo indica lo poco que los europeos entienden de lo que se ha estado cocinando en Estados Unidos en las ?ltimas d?cadas.

El periodista y fil?sofo de derecha Bernard Henry L?vy se queja leg?timamente del escandaloso trato prodigado a Strauss-Kahn al afirmar que ?lo lanzaron a los lobos? y se?alar que ?nada permite al mundo entero regodearse ante el espect?culo [...] del hombre esposado, con el rostro ajado tras 30 horas de detenci?n e interrogatorios?.

Sin embargo, las figuras como L?vy, embelesadas por la propaganda del ?libre mercado?, se han cegado a las condiciones sociales de ese pa?s: el autor no se ha molestado en advertir que m?s de 2,2 millones de personas, en su mayor?a tratadas con la misma o m?s crueldad que Strauss-Kahn, se encuentran hoy presas en la pesadilla para los derechos humanos que denominamos Estados Unidos.

La triste realidad es que el car?cter despiadado y vengativo del sistema estadounidense ?de justicia? ?nicamente sale a la luz cuando en sus garras cae una persona famosa.

La postura de Dowd y otros seres de su cala?a como defensores de los pobres y oprimidos es pura hipocres?a. La columnista afirma que en el caso de Strauss-Kahn los estadounidenses ?podr?n sentirse orgullosos de que se har? justicia, sin importar la riqueza, la clase social o los privilegios [...] Se trata de un episodio inspirador de nuestro pa?s: una camarera puede ser escuchada dignamente mientras denuncia a uno de los hombres m?s poderosos del mundo?.

Basura. En el d?a a d?a, las camareras y el resto de la ?ayuda? son invisibles para la clase media alta a la que pertenece Dowd.

Si bien gente como L?vy ha manifestado su preocupaci?n, el establishment franc?s ha reaccionado con cobard?a o, como en el caso de Nicolas Sarkozy, quien ve a un rival posiblemente eliminado, esgrimiendo c?lculos pol?ticos de corto plazo.

Sin duda, el miedo y la intimidaci?n atraviesan a Francia (y a Europa) cuando se trata del comportamiento de Estados Unidos y sus operaciones como banda de mafiosos alrededor del globo. Washington exigi? (y consigui?) la liberaci?n del asesino de la CIA Raymond Davis de una c?rcel pakistan? en marzo. ?Acaso alguien puede imaginar a una gran figura pol?tica estadounidense sometida en Par?s al trato que recibi? Strauss-Kahn en Nueva York en total impunidad?

El asunto Strauss-Kahn plantea preguntas de enorme relevancia. El World Socialist Web Site insiste en la presunci?n de inocencia y otros derechos democr?ticos fundamentales. No hay raz?n que justifique el negarle la liberaci?n bajo fianza. Quienes, desde la izquierda, creen absurdamente que la suerte de Strauss-Kahn no amerita la menor atenci?n o debe encomiarse como merecido castigo por su fortuna personal y pecados pol?ticos no entienden nada de garant?as individuales en democracia. Adem?s, vale la pena subrayar que las convicciones socialistas no se basan en un esp?ritu vengativo de miras estrechas.

Ciertamente esperamos que una defensa competente, no acobardada por la tremenda presi?n para aceptar un arreglo en el que el acusado se declare culpable, se dedique a investigar los hechos. Para las autoridades, sobre todo si est?n motivadas por objetivos pol?ticos, el asunto ya tiene el tufo de la misi?n cumplida, entendida ?sta como la destrucci?n de la imagen pol?tica de Strauss-Kahn.

Si nos concentramos en los hechos del caso tal como se han informado, hay razones de sobra, hoy m?s que nunca, para plantearnos preguntas de gran complejidad, m?s all? de toda duda razonable.

Fuente: http://www.wsws.org/articles/2011/may2011/pers-m19.shtml


Tags: Dominique Strauss-Kahn, presunción de inocencia, clase media, camarera, violación, derechos humanos, wikileaks

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