Mi?rcoles, 25 de mayo de 2011


La torre Sh?bolovka transmit?a al mundo el mensaje de la revoluci?n. Es una torre magn?fica, construida con hiperboloides de celos?a, que recuerda el dise?o de la torre que hizo Tatlin para el monumento a la Internacional Comunista. La torre Sh?bolovka fue dise?ada por Vlad?mir Sh?jov, en 1922, y la falta de acero impidi? que llegase a una altura de trescientos cincuenta metros como estaba previsto: alcanz? s?lo los ciento cincuenta, pero se convirti? en un s?mbolo de la Revoluci?n de Octubre, del Estado revolucionario que acomet?a planes de industrializaci?n y romp?a con el pasado imperial y burgu?s de una Rusia zarista que hab?a esclavizado a sus hijos. Es una de las muchas obras que se construyeron desde los primeros a?os de la revoluci?n, utilizando un nuevo lenguaje.

Sin embargo, la mayor?a esas construcciones ha sufrido un deliberado olvido, que empez? ya en los a?os del realismo socialista y del triunfo del historicismo arquitect?nico con Stalin, y de la dejadez posterior a la contrarrevoluci?n de Yeltsin. El trabajo sistem?tico de documentaci?n y fotograf?a de Richard Pare ha permitido conocer su estado actual, aunque muchas otras construcciones se han perdido para siempre.

El fot?grafo brit?nico Richard Pare, document? desde 1993 (el a?o del golpe de Estado de Yeltsin) el estado actual y el proceso de degradaci?n de la arquitectura sovi?tica que se hab?a construido desde los primeros a?os de la revoluci?n hasta 1935, cuyas fotograf?as se expusieron en Nueva York en 2007 y que podr?n verse durante todo el a?o 2011, primero en Barcelona y despu?s en Madrid y Londres, acompa?adas de fotograf?as de la ?poca cedidas por el Museo Estatal de Arquitectura Sch?sev, de Mosc?, en una muestra (Construir la revoluci?n) acompa?ada de algunas obras de pintores de la vanguardia sovi?tica.

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El triunfo de la revoluci?n bolchevique y las expectativas abiertas por ella suscitan el entusiasmo de j?venes arquitectos como Mois?i Gu?nzburg, los hermanos Leonid y Alexandr Vesn?n, Konstant?n M?lnikov e Ili? G?losov, que tienen en ese momento poco m?s de treinta a?os, o ni siquiera los han cumplido, como M?lnikov e Igor Fom?n, que es un ni?o de catorce a?os en 1917, y tambi?n exalta el ?nimo de otros arquitectos m?s maduros, como Alex?i Sch?sev e Iv?n Zholtovski. Todo est? en revisi?n, aunque el fermento vanguardista anterior al triunfo de la revoluci?n es un semillero de ideas para la construcci?n de la nueva Rusia, una tarea gigantesca que, sin embargo, no arredra a ning?n bolchevique ni a los arquitectos y artistas que se incorporan a la definici?n del socialismo. As?, la Uni?n de Arquitectos Contempor?neos, OSA, parte de planteamientos constructivistas que buscan, de la mano de Alexandr Vesn?n y Mois?i Gu?nzburg, construir los nuevos edificios que doten de sentido al colectivismo comunista, desde los centros proletarios hasta las casas-comuna, siguiendo la tradici?n asociativa que tan arraigada estaba en el movimiento obrero europeo. Miran a su pa?s, pero tambi?n al resto de Europa, en medio de la escasez y la penuria. Por eso, como hizo la OSA, los arquitectos est?n muy interesados en la b?squeda de nuevos materiales (pese a las dificultades que padece un pa?s que acaba de salir de la I Guerra Mundial y de la guerra civil contra los ej?rcitos blancos, zaristas, y contra la intervenci?n de veinte potencias capitalistas) y en los proyectos que realizan otros arquitectos modernos en la Europa capitalista, pero saben que tendr?n que trabajar en condiciones dif?ciles. En la arquitectura europea, el Movimiento Moderno postulaba formas geom?tricas puras, cubiertas planas, ausencia de ornamentaci?n, edificios sustentados por pilares o pilotis, ventanas horizontales. La revoluci?n es el futuro y ese lenguaje gusta a muchos.

Rusia se agita, se reinventa, incluso en medio de la guerra civil contra los blancos. Ya en 1918, se funda el IZO, o secci?n de artes pl?sticas del Narkompr?s, el comisariado del pueblo para la educaci?n, que organiza las actividades art?sticas en toda Rusia y crea escuelas de arquitectura. Ese mismo a?o se crea el SVOMAS, los Talleres libres del Estado, con una concepci?n revolucionaria de la ense?anza art?stica donde los alumnos pod?an elegir el contenido de la instrucci?n y el profesorado, y en 1920 se crea el VJUTEMAS, Talleres superiores art?stico-t?cnicos del Estado, que agrupar? a una parte de la vanguardia art?stica hasta la clausura de los talleres en 1930. La vieja MAO, el colegio de arquitectos moscovita de la Rusia zarista, adquiere un nuevo papel sobre todo en los a?os veinte, y, en 1920 se crea el INJUK, Instituto de cultura art?stica, de Kandinski, que alberga las discusiones m?s relevantes de los vanguardistas revolucionarios. Tambi?n aparece la ASNOVA, Asociaci?n de Nuevos Arquitectos, creada por Nikol?i Ladovski, Vladimir Krinski y Nikol?i Dokuch?yev en 1923, que defiende una arquitectura racionalista, y, al igual que la OSA, fundada por Akexandr y V?ktor Vesn?n y Mois?i Gu?nzburg en 1925, incorporan a muchos arquitectos revolucionarios, con especial insistencia en el funcionalismo de las nuevas construcciones, con el objetivo de la edificaci?n del socialismo sovi?tico. Las duras discusiones entre tendencias diversas acompa?an al sue?o de construir el socialismo: la VOPRA, Sociedad de arquitectos proletarios de Rusia, por ejemplo, creada en 1929 y que apenas existir? durante tres a?os, combate las propuestas de la ASNOVA y de la OSA, creyendo ver en los planteamientos de la vanguardia el eco de la vieja burgues?a rusa.

La abstracci?n, el empe?o por conseguir una s?ntesis art?stica que englobe a pintura y escultura con la arquitectura, como hab?a propuesto, entre otros, Kandinski, se une a la b?squeda de un nuevo lenguaje, a la definici?n social de la arquitectura, a la captura de un nuevo espacio que iba a estar al servicio de los trabajadores y campesinos. No en vano, los planteamientos constructivistas eran abiertamente militantes, bolcheviques, e iban de la mano de las propuestas comunistas del gobierno de Lenin. Las ideas suprematistas y constructivistas de Tatlin, Kliun, Klucis, Popova, El Lisitski, R?dchenko, Varvara Step?nova, los arquitectones de Mal?vich, se agitan, pelean, discuten en un magma social que estaba imaginando el futuro, no s?lo de la URSS, sino del mundo, utilizando un nuevo vocabulario arquitect?nico, una nueva mirada hacia la estructura, el intercambio de ideas y propuestas con otros pa?ses, que se expresan en la torre de Tatlin, por ejemplo, o en el singular crematorio (un dibujo sobre papel, de 1930) de Iv?n Kliun, o en el monumento de Solom?n Nikritin, que tiene un obrero en la base y un viol?n coronando la obra, y en tantas otras propuestas que ni siquiera se llegaron a construir, aunque ese vigor art?stico no se dispersa, ni se pierde: pone el ?nfasis en la construcci?n de una sociedad nueva. No por casualidad, el Lisitski publica en 1930 un informe de t?tulo contundente y revelador: Rusia: una arquitectura para la revoluci?n mundial. Nada menos.

El programa bolchevique incluye una r?pida industrializaci?n, con la edificaci?n de miles de f?bricas, centrales el?ctricas, casas-comuna, para sacar al pa?s del atraso econ?mico y de la miseria; afronta la creaci?n de infraestructuras modernas en el pa?s m?s extenso del mundo, y la cuesti?n de la vivienda obrera, donde se impulsar?n criterios de vida vecinal comunitaria, con el dise?o de barrios obreros y la creaci?n de nuevas ciudades socialistas. Arquitectos, pintores, te?ricos y pensadores, artistas de diversas disciplinas se unen a la causa. Arquitectos de otros pa?ses se incorporan tambi?n a la gran epopeya de la construcci?n de ciudades socialistas, como Le Corbusier y Erich Mendelsohn, y como el director de la Bauhaus, el suizo Hannes Meyer, quien, a partir de 1930, dise?a nuevas ciudades en Siberia, entre ellas Birobidzh?n, la capital de la nueva regi?n aut?noma jud?a (de dimensiones algo mayores que Catalu?a) que la revoluci?n hab?a creado cerca de Jabarovsk y no lejos de Vladivostok.

Los arquitectos, los artistas, trabajan con un nuevo objetivo: saben que la revoluci?n bolchevique ha iniciado una nueva era en la historia de la humanidad, en la que todav?a nos encontramos, pese a tantas cat?strofes, errores y cr?menes. Si en los siglos anteriores las grandes construcciones eran el palacio nobiliario y la gran iglesia, la catedral que muestra el poder del clero, ahora el protagonismo ser? para las f?bricas donde la clase obrera trabaja y cambia el mundo, para los edificios donde viven los trabajadores, para las nuevas infraestructuras y el nuevo transporte, que lleva a crear garages modernos como los de M?lnikov. La burgues?a nunca se hab?a preocupado por las casas obreras: se hab?an formado en barrios de aluvi?n, con materiales pobres, de desecho, y hab?an recorrido un largo camino hacia la dignidad, hacia una existencia dom?stica precaria, dif?cil, que la revoluci?n, y sus arquitectos, quieren tambi?n cambiar. Para ello, ten?an que ser eficaces, y, utilizando un lenguaje nuevo, el de la arquitectura moderna, luchaban contra la escasez, porque en la Rusia posrevolucionaria faltaba de todo: tras la derrota del ej?rcito blanco y de los cuerpos de ej?rcitos de veinte pa?ses capitalistas, en la Uni?n Sovi?tica apenas exist?an materiales, y en muchas regiones la destrucci?n alcanzaba cotas dram?ticas, pero el entusiasmo colectivo vence a las dificultades, el optimismo hist?rico, la convicci?n de estar construyendo el futuro, impulsa la recuperaci?n econ?mica y la construcci?n del socialismo, no sin titubeos, problemas, decepciones.

El I Plan Quinquenal llega en 1928, con objetivos concretos en todas las ?reas del pa?s, y, dos a?os despu?s, el alem?n Ernst May desempe?a un destacado papel en el nuevo urbanismo sovi?tico, como en Magnitogorsk (donde se construy? al mismo tiempo la ciudad y el combinado metal?rgico, que durante d?cadas ser?a la mayor siderurgia del mundo hasta el punto de que fabric? buena parte de los tanques sovi?ticos durante la II Guerra Mundial), y en Mosc?, aunque, finalmente, el proyecto aprobado por el gobierno para la capital sovi?tica fue el de Vladimir Semionov. Tambi?n el arquitecto alem?n-norteamericano Albert Kahn planific?, por encargo del gobierno revolucionario en 1928, m?s de quinientas f?bricas en apenas tres a?os.

Como recuerda Christina Lodder con palabras de Gu?nzburg, las ideas constructivistas compon?an buena parte de la nueva arquitectura: ?El constructivismo, como faceta de una est?tica moderna [?] es incuestionablemente uno de los aspectos caracter?sticos del nuevo estilo, que asume ?vidamente la modernidad?. Mois?i Gu?nzburg fue el inspirador del movimiento constructivista en la arquitectura, y desarroll? sus propuestas en Estilo y ?poca, publicado en 1924, en di?logo con las ideas de Le Corbusier, hecho que no es una excepci?n, puesto que, pese al bloqueo capitalista impuesto y al cintur?n sanitario con que las principales potencias rodearon a la URSS, la relaci?n de la arquitectura sovi?tica con la europea occidental y la norteamericana fueron una constante durante todo el per?odo de entreguerras, a trav?s del inter?s occidental por la experiencia revolucionaria y de la atenci?n sovi?tica hacia las corrientes innovadoras y modernas que se desarrollaban en los pa?ses capitalistas, como la Bauhaus, o como las propuestas de Le Corbusier, Perret (quien, pese a su academicismo, utilizaba el hormig?n) y Lur?at, defensor de las ?viviendas sociales?, quien construir? en el municipio comunista de Villejuif, junto a Par?s, un interesante centro escolar, adem?s de trabajar con el gobierno sovi?tico durante los a?os treinta.

Los arquitectos sovi?ticos se interesan tambi?n por Mendelsohn, por los proyectos presentados para el concurso del Chicago Tribune, en 1922 (que ganaron Howells y Hood con un edificio neog?tico, y donde se presentaron desde la ?columna? de Loos hasta las propuestas de Gropius, Saarinen y Taut), por los esquemas de reformas urbanas desarrollados en Francia, Holanda y Alemania. Al mismo tiempo, las nuevas ideas sovi?ticas se difunden en Europa y Estados Unidos (y llegan incluso a Jap?n), de la mano de la torre de Tatlin, de los ejemplos de edificios sovi?ticos en construcci?n que se publicaban en revistas europeas y norteamericanas, y en citas como la Exposition internationale des Arts d?coratifs et industriels modernes de Par?s, en 1925, donde las propuestas modernas de M?lnikov, con el pabell?n sovi?tico (que trae a la memoria dibujos como el de Boris Korol?v, Construcci?n, de 1921), el club obrero de R?dchenko y las ideas de Le Corbusier, se enfrentan con la tendencia mayoritaria entonces del art d?co. Adem?s, los viajes a la URSS del propio Le Corbusier, que constata el entusiasmo por la construcci?n del socialismo, y de Mendelsohn, que viaja con frecuencia a Leningrado para supervisar las obras de la factor?a Bandera Roja, contribuir?n a la popularizaci?n de la arquitectura sovi?tica en los medios profesionales. Adem?s, las citas y congresos organizados por el CIAM, Congr?s International d'Architecture Moderne, tambi?n se interesar?n por la arquitectura constructivista y revolucionaria de esos a?os. Junto a ello, revistas como La URSS en construcci?n (dirigida por Mijail Koltsov y en la que participaban desde R?dchenko hasta El Lisitski, y fot?grafos como I?cop Jalip, probablemente el mejor reportero gr?fico sovi?tico) difund?an en el mundo la arquitectura sovi?tica, incluyendo viviendas, infraestructuras, combinados industriales y nuevos edificios p?blicos inspirados en la vanguardia art?stica, influjo que, sin embargo, se abandonar? a partir de mediados de los a?os treinta en favor de las nuevas orientaciones pol?ticas y art?sticas que representa el realismo socialista.

En esos primeros a?os bolcheviques, no faltan tampoco las cr?ticas a la arquitectura de la revoluci?n: Mendelsohn constata la precariedad de la tecnolog?a sovi?tica, y Alfred H. Barr critica la pobreza de los materiales, tal vez sin reparar ambos en el atraso tecnol?gico heredado con que la revoluci?n tiene que construir el socialismo. Pero su cr?tica es cierta: Le Corbusier, por ejemplo, tiene que renunciar al sistema de calefacci?n que hab?a pensado para la sede de la Tsentropsoyuz. Adem?s, ten?an escasez de materiales como el acero, y eso explica la morfolog?a de muchas obras, aunque otros arquitectos, como Nikol?i Ladovski (y, en general, todo el racionalismo de la ASNOVA), cre?an que, para construir, materiales y tecnolog?a eran cuestiones relevantes, pero menores. La limitada existencia de materiales no impidi?, de todas formas, la creaci?n de magn?ficas obras, como los quioscos y las tribunas que dise?? Klucis, con ocasi?n del Cuarto Congreso de la Internacional Comunista en 1922, utilizando apenas madera, cables, tejidos industriales. Sin olvidar que la magn?fica casa de Konstant?n M?lnikov en el centro de Mosc?, construida entre 1927 y 1931, est? levantada con ladrillos y madera, y se compone de dos cilindros adosados, de once y ocho metros de altura. Tambi?n Trostki recuerda, en ?Arte revolucionario y arte socialista?, que los edificios de la Exposici?n Agr?cola de Mosc?, de 1923, se construyeron en madera por la escasez de materiales, y da la raz?n a Tatlin en su rechazo a la ornamentaci?n caprichosa, a los ?estilos nacionales?, hijastros del historicismo m?s caduco, pero critica tambi?n su proyecto para la torre de la Internacional Comunista cuyas vigas le parecen un ?andamio olvidado?. No estuvo muy afortunado en esa ocasi?n el dirigente bolchevique.

Tras el final de la guerra civil, uno de los objetivos prioritarios del gobierno fue la construcci?n de viviendas para los obreros, inscritas en una planificaci?n que inclu?a cocinas industriales, centros de cultura, bibliotecas, escuelas e instalaciones deportivas, para terminar con el hacinamiento de los trabajadores que era habitual antes de la revoluci?n. Se levantaron muchos edificios destinados a viviendas, desde cooperativas de profesiones diversas, comunas de estudiantes, colonias obreras y complejos de viviendas para la poblaci?n, como el dise?ado por Alexandr Nikolski, Alexandr Gueguello y Grigori Simonov para la Traktornaya ulitsa, destinada a los obreros del barrio leningradense de N?rvskaya Zastava. De igual forma, se construy? el complejo Chekistov, por ejemplo, levantado por Iv?n Ant?nov, Veniamin Sokolov y Arseni Tumbasov a partir de 1929 en Ekaterimburg, para los funcionarios de los servicios de seguridad (despu?s, KGB), que recuerda el Dibujo para un contrarrelieve de esquina, hecho por Tatlin con carboncillo hacia 1915, y que tiene planta semicircular, con diez pisos de altura, esquema que recuerda el perfil de una hoz, claro elemento simb?lico de la revoluci?n bolchevique. Cuenta con apartamentos, cantina, guarder?a, peluquer?as, tiendas, y sigue utiliz?ndose en nuestros d?as. Un magn?fico ejemplo de la respuesta de los arquitectos de la revoluci?n a las necesidades sociales es la casa-comuna Narkomfin, levantada por Mois?i Gu?nzburg e Ignati Milinis en Mosc?, donde se contemplan las necesidades de espacio para grupos familiares diversos, y donde se crearon servicios comunales como comedor, lavander?a, guarder?a e incluso un jard?n en el terrado, todo ello en un edificio de amplios corredores que juega con la luz y deja que penetre la vida del exterior en la planta baja y en toda la fachada. La casa-comuna Narkomfin ser? una referencia ineludible para Le Corbusier cuando construya una de las obras de referencia de la arquitectura del siglo XX, la unit? d'habitation de Marsella. El mismo Le Corbusier, junto con Jeanneret y Nikol?i Kolli, dise?ar? el edificio de la Tsentrosoyuz, la Uni?n de Cooperativas de Consumo, en Mosc?, aunque finalmente el complejo ser? ocupado por el Narkomlegprom, el Comisariado para la Industria ligera. Cuenta con tres bloques unidos que aprovechan la luz natural con una planta baja abierta y unas rampas internas de comunicaci?n que facilitaban el movimiento de los miles de trabajadores del complejo.

Desde el primer momento, Lenin plantea que la liberaci?n de las mujeres debe ser un objetivo revolucionario. As?, la revoluci?n otorga un nuevo papel a las trabajadoras, a las ciudadanas, y el esfuerzo bolchevique por liberar a la mujer de las tareas dom?sticas y hacer posible que trabaje en f?bricas y empresas, lleva a construir cocinas industriales, f?bricas de pan, y centros para la atenci?n de los ni?os. En Leningrado, por ejemplo, se construye la cocina industrial N?rvskaya, tambi?n con rasgos vanguardistas y donde la funcionalidad era el criterio principal, que serv?a alimentos a los habitantes de la ciudad, y muchas casas-comuna ser?n dotadas tambi?n de cocinas para devolver el tiempo vital a las mujeres. La f?brica de pan de Mosc?, dise?ada por Gueorgui Marsakov en 1931, trabajaba las veinticuatro horas del d?a. Sigui? funcionando hasta 2007.

Otros proyectos relevantes fueron la Comuna de estudiantes del Instituto Textil, levantada en Mosc? por Iv?n Nikol?iev, a partir de 1929; la Comuna de viviendas hecha por Mois?i Gu?nzburg en Ekaterimburg, y otra m?s en Rostokino, en Mosc?; la Casa-comuna Lensoviet, en Leningrado, pensada por Evgu?ni Levinson e Igor Fom?n en 1934, destinada a funcionarios de la administraci?n y del ej?rcito; y el famoso complejo residencial VTSIK, Comit? Ejecutivo Panruso, que se levant? en la orilla del r?o Moscova y muy cerca del Kremlin, grupo habitacional que dispone de un original teatro, con techumbre retr?ctil que permit?a representaciones en un escenario abierto al exterior. Sin olvidar la casa de Konstant?n M?lnikov, en Mosc?, edificada a partir de 1927, gracias a la cesi?n de un solar para que viviese all? el arquitecto, y que est? compuesta por dos cilindros unidos y unas originales ventanas hexagonales que inundaban de luz el interior, austero pero alegre, dividido en tres espacios, uno de los cuales tiene doble altura. Vesn?n hizo tambi?n casas-comuna en Volgogrado y Kuznetsk, y el centro comercial Mostorg. El edificio del Gosprom, de Samuil Kr?vets, de 1929, construido en Jarkov, que se hab?a convertido en la nueva capital de Ucrania, y que se destinada a sede central del gobierno, y de m?s de treinta organismos gubernamentales, incorporaba ideas de las ciudades-jard?n y se conecta con pasadizos elevados, consiguiendo un gran dinamismo combinando el lenguaje constructivista y suprematista, y rasgos de los arquitectones de Mal?vich.

Junto a las viviendas, la revoluci?n impuls? centros para que los trabajadores pudieran desarrollar actividades culturales, deportivas, teatrales, que fueron pensados tambi?n como lugares de formaci?n pol?tica y social para consolidar el proyecto comunista. Su creaci?n supuso un cambio trascendental en la vida cotidiana de los obreros, condenados anta?o a la taberna debido a la escasez de centros culturales y de relaci?n antes de 1917. Se construyeron miles de esos centros y clubs en toda la Uni?n Sovi?tica, ligados a los combinados industriales, a los bloques de viviendas, a los barrios, a los sindicatos y a muchas localidades. Uno de los m?s interesantes es el construido por M?lnikov en la Stromynka ulitsa de Mosc?, en 1927, llamado club de trabajadores Rusakov, con un auditorio con tres partes en voladizo sobre el exterior que configuran una peculiar y atractiva fachada, de claro contenido vanguardista. Tambi?n es notable el club de trabajadores Z?yev, de Ili? G?losov, levantado en la Lesnaya ulitsa de Mosc?, compuesto por un cilindro de cristal rodeado por un edificio funcional de perfiles rectos; y el club Pishchevik, en Kiev, para obreros de la industria alimentaria, dise?ado por Nikol?i Shejonin en 1931. Por ?ltimo, se impuls? la construcci?n de centros de veraneo y de hoteles destinados a todos los trabajadores para que pudiesen descansar y disfrutar del tiempo de sus vacaciones, decisi?n que cambi? por completo la situaci?n anterior a la revoluci?n, donde s?lo los ricos frecuentaban los ?sanatorios? y lugares de veraneo. Son muestras de ello, el sanatorio NarKomTyazhProm, para los obreros de la industria pesada, dise?ado por Mois?i Gu?nzburg a partir de 1934, y el sanatorio Voroshilov, en Sochi, en la costa del Mar Negro, levantado por Miron Merzh?nov, a partir de 1930 y destinado a miembros del ej?rcito. Merzh?nov, que construy? para Stalin una dacha cerca de Mosc? (Bl?zhniaia, la ?dacha cercana?) y una casa en el Mar Negro (Jol?dnaia Rechka, en Gagra, Abjasia, austera, cuyos ?nicos lujos eran un billar y un proyector de pel?culas), tropez? con la arbitrariedad del poder stalinista: fue detenido en 1942, aunque sigui? trabajando como arquitecto en el campo de trabajos forzados del Gulag donde estaba detenido.

Otras construcciones notables de ese periodo, son el edificio destinado a la redacci?n y rotativas del diario Izvestia, dise?ado por Grigori y Mijail Barjin, que constituye una muestra de las propuestas vanguardistas de la primera hora de la revoluci?n, con un dise?o inspirado en el proyecto que presentaron Gropius y Hannes Meyer para el Chicago Tribune, en 1922; as? como el edificio para Pravda, ambos constructivistas, y al igual que el complejo de la MOGES, la central el?ctrica de Mosc?, dise?ada por Iv?n Zholtovoski en 1926, que cuenta con una innovadora fachada interior, levantada con vidrio aplicando criterios constructivistas, aunque la parte que mira al r?o utilizaba un lenguaje clasicista de inspiraci?n renacentista, de mucho menor inter?s. Tambi?n es rese?able el Palacio de la imprenta, de Bak?, dise?ado por Semen Pen en 1932, tiene una estructura vanguardista, deudora de Le Corbusier, con pilotis, terrazas en la cubierta, balcones ovalados que recuerdan la f?brica Bandera Roja, de Mendelsohn, en Leningrado. Pen continu? construyendo edificios vanguardistas, aunque lejos de las principales ciudades, cuando ya se hab?a impuesto el historicismo stalinista. Como si fuera signo de tiempos dif?ciles, el Palacio de la imprenta se ha convertido hoy en un banco.

Las instalaciones industriales tuvieron un protagonismo central en un pa?s que se declara regido por los obreros, y en toda la geograf?a sovi?tica se levantaron grandes f?bricas y complejos, necesarios para impulsar la producci?n industrial. La DnieproGES, la presa y central hidroel?ctrica del Dni?per, fue dise?ada por Alexandr Vesn?n, Nikol?i Kolli, Sergu?i Andrievski y Gueorgui Orlov entre 1927 y 1932. Cuando se termin?, el pa?s de los s?viets present? con orgullo la mayor presa hidroel?ctrica del planeta. Fue construida con hormig?n armado, vidrio y metal, y respond?a a la visi?n constructivista, funcional, capaz de producir millones de kilovatios que mov?an la industria de la zona y suministraban a una ciudad en expansi?n, al lado de la vieja Zaporizhia, levantada a unos setenta kil?metros de Dnipropetrovsk. La DnieproGES contin?a siendo la mayor central hidroel?ctrica de Ucrania. De gran relevancia es tambi?n la factor?a textil Bandera Roja, dise?ada por Mendelsohn, que se levant? entre 1925 y 1937, y aunque las diferencias entre los criterios del arquitecto alem?n y los ingenieros sovi?ticos llevaron a introducir cambios significativos, dejaron intacta la propuesta de la nave de la central el?ctrica que abastec?a a la f?brica, nave que tiene una curiosa forma de ?bside en uno de sus extremos. Mendelsohn, que ya hab?a levantado su famosa Torre Einstein, un observatorio, en Postdam, acab? rechazando el resultado final.

* * *

A partir de 1929 empieza el retorno hacia el realismo, y, de forma clara, en 1935, las inclinaciones de Stalin por la arquitectura historicista se dejan ver en todos los terrenos, y la innovaci?n y el riesgo de apostar por una arquitectura radicalmente moderna y vanguardista cede el paso al conformismo, a una visi?n academicista, aunque no por ello se olvide la necesidad de construir bloques de viviendas para los trabajadores a lo largo de toda la Uni?n Sovi?tica. Pero Stalin impone un lenguaje cl?sico en la arquitectura, como en la Universidad Lomon?sov de Mosc?, dise?ada por Lev V. R?dnev. Los franceses Perret, Lur?at y Roux-Spitz participan en el nuevo rumbo clasicista que toma la arquitectura sovi?tica, aunque algunas construcciones, como el sanatorio Ordzhonikidze, de Gu?nzburg, levantado a mediados de los a?os treinta, denotan una gran libertad formal. El proyecto de Boris Iofan para Palacio de los S?viets, que, por fortuna, no lleg? a realizarse, y que preve?a una fara?nica construcci?n de cuatrocientos quince metros de altura (pese a las obvias diferencias, tiene un lejano aire de familia con algunos arquitectones de Mal?vich, como Zeta, de 1926), con una gigantesca e innecesaria estatua de Lenin de cien metros, mostraba los nuevos aires que se hab?an adue?ado del pa?s de los s?viets. Iofan, que estaba interesado en la obra de Wright, ser?a el responsable del pabell?n sovi?tico de la Exposici?n de 1937, que coronaba la c?lebre escultura de Vera Mujina, Obrero y koljosiana, que sostienen una hoz y un martillo, y que no por seguir los nuevos rumbos clasicistas dejaba de ser una magn?fica muestra de la pujanza de la URSS en el momento de ascenso del fascismo: no en vano, los trabajadores franceses, que retrasaron con sus protestas y huelgas la finalizaci?n de los edificios de la Exposici?n, hicieron una excepci?n con el pabell?n sovi?tico, por el simbolismo que le otorgaban al pa?s de la revoluci?n de octubre.

Despu?s, a?os de dejadez, de desinter?s por la arquitectura de los primeros veinte a?os de la revoluci?n, agravado por las dos ?ltimas d?cadas de contrarrevoluci?n triunfante con Yeltsin y Putin, han hecho que muchas de esas obras est?n en peligro, y no sabemos cu?ntas habr?n desaparecido en el furor especulativo de la Rusia capitalista.

El peque?o gouache de El Lisistski, Monumento a Rosa Luxemburgo, con un cuadrado negro sobre un c?rculo rojo, hecho entre 1919 y 1921, parec?a advertir los cambios que experimentar?a la revoluci?n.

La torre Sh?bolovka sigue existiendo, y funciona como repetidor de radio y televisi?n con otras voces, mientras Mosc? padece la furia de la destrucci?n capitalista: los veinte a?os transcurridos desde el triunfo de la contrarrevoluci?n han sido el escenario de la especulaci?n m?s vergonzosa y desenfrenada, que ha barrido muchos de los edificios y parte de la trama urbana, hasta el punto de que muchas construcciones protegidas por la ley han sido derribadas con la complicidad de la municipalidad y del gobierno central. La piqueta abre el camino al latrocinio y a las operaciones millonarias, que no s?lo persiguen grandes beneficios con la destrucci?n de la antigua propiedad colectiva sino, adem?s, quieren arrasar buena parte de la historia sovi?tica, present?ndola como algo sin inter?s, superado por la vida. Todo vale en una Rusia tomada por los ladrones y los nuevos burgueses sin escr?pulos. La torre Sh?bolovka, s?mbolo de la nueva industria y de la revoluci?n, ya no transmite al mundo el mensaje de la Internacional Comunista, como si la voz de la revoluci?n hubiera enmudecido desde hace veinte a?os y estuviera esperando otros tiempos nuevos.

Rebeli?n ha publicado este art?culo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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Tags: URSS, socialismo, Arquitectura, revolución, fascismo, exposición

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