S?bado, 20 de agosto de 2011
APC


Las crisis, en todos los órdenes de la vida, ponen a prueba las estructuras institucionales y los tejidos sociales que ha construido cada sociedad en un determinado momento histórico.

Estamos frente a reiteradas explosiones e implosiones del sistema capitalista: “Asia”, “el tequila”, “la burbuja inmobiliaria”, el euro, el cuasi default estadounidense, los niveles de deudas, España, Irlanda, Grecia, Portugal, son las manifestaciones de esta situación, que se va reiterando cada vez con más frecuencia.

Recortes a las jubilaciones, menor inversión en salud y educación, miles de trabajadores despedidos, cierres de fábricas, son elementos constitutivos de una geografía que se manifiesta, de un lado y del otro del Atlántico Norte.

En ese marco, cuando los ciudadanos expresan su bronca, su rechazo y su indignación la respuesta es mayor represión, defensa a ultranza del rol de las fuerzas de seguridad y por sobre todo priorizar en los salvatajes, a los bancos y las grandes empresas.

Esto no es nuevo, lo grave es que sigue siendo la única receta que pretende aplicarse desde los centros de poder.

Frente a esta historia y este presente, Suramérica ha elegido otro camino. A pesar de su diversidad ideológica, de sus procesos políticos, de viejas rencillas, los gobiernos de la región, plantean otros desafíos y nuevas estrategias frente a las crisis que no han generado, pero si sufriendo las consecuencias, en mayor o menor medida.

La herramienta política ha sido la construcción de la UNIÓN de NACIONES SURAMERICANAS (UNASUR) que ya ha probado su eficacia en la defensa del sistema democrático y de los derechos humanos; pero que ahora aborda el contexto internacional con un claro perfil propio, priorizando las necesidades de los pueblos que la contienen y no al mundo financiero, a los organismos multilaterales de créditos, a la banca privada.

Esa decisión se expresó en la reunión de Ministros de Economía que se realizó en Buenos Aires hace días atrás, después del encuentro de los presidentes en Lima y de una solicitud expresa del primer mandatario colombiano. El blindaje –como algunos le llaman- es sustancialmente una serie de medidas que refuerzan la soberanía política de las naciones suramericanas y que elabora –no ya acciones desesperadas- sino un conjunto de propuestas; operativizándolas en el corto y mediano plazo.

El Banco del Sur es una de esos mecanismos. La generación de crédito de la región para la región, sin necesidad de depender del FMI y otros estamentos similares, de sus auditorías y directrices en política económica.

La creación de un paquete de reservas que proteja a las economías muy dolarizadas o con fuerte dependencia en sus exportaciones de Estados Unidos pone al resguardo o atenúa los efectos de estas crisis, que en más o en menos, en un mundo globalizado, afectan a cada país. Es claro que esto implica definir un rol muy preciso de los Bancos Centrales, alejando aquella concepción neoliberal de la autonomía de los mismos, frente al proceso económico y a las políticas de estado, que adoptaba cada gobierno.

La posibilidad de establecer una moneda de cambio común para las operaciones entre los propios integrantes de la región, alejada de los vaivenes del dólar y del euro; es otra iniciativa que forma parte del debate entre los funcionarios de economía y las cancillerías.

En esta dirección hubo señales concretas para fortalecer la Comunidad Andina de Naciones y el MERCOSUR y por sobre todo, las declaraciones de los propios presidentes que reafirmaron que las respuestas a estas crisis no deben imaginarse por la toma de medidas que contraigan las economías, sino en seguir apostando a la inversión y el desarrollo, tanto desde el aspecto público como el privado.

Estamos, evidentemente, asumiendo posturas que implican fortalecer un polo político, social y económico en Suramérica, en un contexto internacional cada vez más diverso y heterogéneo.

No es fruto de la casualidad; la política, los gobiernos surgidos de la voluntad popular, y no los asesores financieros, son los que adoptan las decisiones.

A la luz de los resultados electorales en Brasil, Perú y Argentina, los pueblos siguen ratificando este modelo de desarrollo y de integración regional. En un mundo multipolar, hablar de la Patria Grande no es ya una intencionalidad de deseos o el regreso utópico a la historia post colonial.

* Embajador OSCAR LABORDE es Representante Especial para la Integración y la Participación Social de la Cancillería Argentina.

Fuente: http://www.apc-suramerica.net/?p=1613

Tags: UNASUR, oscar, MERCOSUR, inversión

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