Jueves, 23 de febrero de 2012

Venezuela: Revolución o contrarrevolución
Autor: Felipe Cuevas
Fecha de publicación: 22/02/12
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Importantes sectores dignos y revolucionarios con todas sus fortalezas y debilidades se movilizan para debatir, para sostener su independencia política y clasista


Este periodo de amplias reformas progresistas y democráticas, de mejoras, y nuevos derechos para la vida del pueblo, dentro del marco de sostener el gobierno socialista en las entrañas de una sociedad capitalista; proyecta el paso a otro momento del proceso revolucionario.

Constantemente se presenta esta consigna, pero sólo en momentos especiales adquiere una proposición direccional por cuanto se ve claramente en la sociedad de manera concreta y directa.

Muchas y arduas son las luchas del pueblo latinoamericano frente a los explotadores. Los tiempos nos llevaron por tantos procesos, miles de veces soportando todo el peso del poder oligárquico e imperial, otras ocasiones apoyándonos con algunos baluartes considerables para librarnos de las cadenas. Particularmente para el pueblo venezolano los últimos 20 años de difícil marcha social, dan testimonio de ambos fenómenos y una cierta combinación todavía sin resolverse definitivamente.

Las modificaciones sufridas en el fondo de las relaciones sociales en el país merecen unas consideraciones previas, es cierto que estas no han variado su esencia, aunque sí se encuentran cambios en la beligerancia de los monopolios internacionales y el imperialismo mundial siendo golpeados o restringidos en sus correrías de explotación. La acción del pueblo y del gobierno les ha marcado una contención a sus apetitos; con el inconveniente de que estos siguen teniendo cabida en la estructura económica y social, se les ha detenido en el nuevo horizonte en que proyectan el neocolonialismo en Venezuela, pero siguen tramando por levantar revuelo poniendo en juego toda su técnica política, influencia y hechicería mediática.

La burguesía venezolana, que en buena parte es una clase subordinada a la oligarquía financiera internacional, ha mostrado más debilidades e incapacidades para recomponerse, aspira a derrocar al gobierno porque no satisface plenamente sus intereses, pero no encuentra más que en la política canallesca sus formas de lograrlo. La burguesía percibe que por mucho que merme o desgaste las posiciones del gobierno, se encuentra frente a nuevas formaciones (boliburguesía, comercio estadal, subsidios, empresas públicas) que le hacen competencia y frente a las cuales su posición tiende a disminuir. Los capitalistas sólo balbucean que se acaben las expropiaciones, los programas sociales, la intervención del gobierno, la corrupción, que se privaticen las empresas estatizadas, comenzando por PDVSA; actos de demostración de una política capitalista desgastada y a la defensiva, que intentará recomponer haciéndose pasar por proceso de cambio para que todo siga igual, en el espectáculo de las nuevas tecnologías de mercadotecnia electorera.

Una nueva capa burguesa proveniente de las filas del gobierno despunta hacia una conducción nacional pero de derecha sobre los destinos del país, se le nota un cierto divorcio frente a la burguesía tradicional por cuanto depende de contratos y subsidios públicos, pero la va uniendo el interés del capital, y el hecho de que puede hacer negocios con sus rivales. De esa burguesía se debe desconfiar tanto como de la primera, su carácter de clase lo exige, si bien se mantendrá más tiempo cobijada en el progresismo.

El gobierno va estableciendo nuevas áreas de producción ha incrementado el desarrollo de relaciones incluso de producción menos dependientes de la fortuna de los imperialistas y la burguesía nacional, va conformando un sector importante para implantar sus propias perspectivas y desarrollar otra líneas de organización social, está inmerso en una serie de luchas importantes frente a la oligarquía. Sin descartar que en su interior las tendencias normales de la actividad económica y política suelen estar enmarcadas bajo la presencia de organismos burgueses que juegan en contra de algunas de sus propuestas, políticas, reformas o decretos. Si bien se crea un panorama de mejoramiento sustancial de la economía popular, estos mismos espacios son escenario de contradicciones y conflictos, de presiones, de dificultades, de ambiciones de la burguesía para “recuperarlos”, y de lucha para el pueblo.

Las presiones entre la emancipación social y la esclavitud capitalista pareciera que únicamente se estuvieron acumulando en un forcejeo que exige nuevas soluciones y resoluciones.

Este periodo de amplias reformas progresistas y democráticas, de mejoras, y nuevos derechos para la vida del pueblo, dentro del marco de sostener el gobierno socialista en las entrañas de una sociedad capitalista; proyecta el paso a otro momento del proceso revolucionario. Importantes cambios en las relaciones políticas, en la dignificación social del proletariado y pueblo en general (haber salido de la profunda miseria, la visibilización de los que construyen la sociedad venezolana, y en sectores económicos para mejorar nuestras condiciones de vida); son parte de una nueva etapa de tensiones frente a una burguesía vieja y nueva que sabe sacar buen provecho económico a las condiciones presentes al paso que vocifera contra las restricciones que se le imponen. Una posible etapa de avances progresistas, de marchas y contramarchas frente a la burguesía y los imperialistas, de restricciones y cesiones frente a los monopolios, de lucha por la conciencia social clasista, de aciertos y errores, de condicionantes y resistencias, de penetraciones y asimilaciones entre las clases sociales en disputa; está dando pie al conflicto entre la revolución y la contrarrevolución.

A la fecha el proceso giraba en base al consenso popular de ampliar las medidas estatales de mejoras y reivindicaciones sociales, de respaldo a las acciones de gobierno y un acompañamiento masivo, de detener las pretensiones de los escuálidos; en adelante la situación nos plantea:

1. Una transformación revolucionaria de las bases de la sociedad.

2. Superar cuestiones tan serias como la insuficiente construcción del poder popular de las y los trabajadores junto a todo el pueblo.

3. La crítica y autocrítica abiertas y efectivas a las ineficacias e incompetencias en materia de gestión pública. No hay porqué congraciarse con lo que está mal.

4. El rechazo a la corrupción y el aburguesamiento de altos funcionarios públicos, que están fuera de lugar con relación al proceso social revolucionario.

5. Combatir la enajenación contra el sentido revolucionario organizacional de los distintos sectores, facilitada por una presencia evidente de elementos mediáticos, el control burocrático, la maniobra y la falta de consulta sobre actos, cargos, candidaturas y políticas.

6. Destrabar la invisibilización sobre el fondo de las relaciones sociales del sistema capitalista realmente existente.

7. Dar señales de avance claro y firme frente al burocratismo, la presencia de elementos populistas y dirigistas desde arriba apoyados en las estructuras de imposición.

8. Crearle condiciones a la crítica popular revolucionaria, es decir la que emana del seno del pueblo. El debate popular abierto para establecer condiciones a una democracia popular.

9. El trazo sostenido en la lucha por el socialismo apoyándose en la realización de sus pilares: propiedad social, democracia de clase, poder de los explotados y oprimidos, control obrero, campesino, juvenil y popular, organización revolucionaria de las mayorías, trabajo dignificador y mejoramiento sustancial de las condiciones de vida.

10. Romper la médula de la dominación imperialista aún activa dentro del país (económica, política, cultural, social).

El escenario del proceso se abre en estos términos. Qué tan pronto nos demos cuenta de ello es algo que el tiempo lo condiciona, provista la nueva intentona burguesa de destruir todos nuestros sueños, pero también de cuánto seamos capaces de asimilar nuestras conquistas sociales en su dimensión, su amplitud y limitación a las circunstancias que ya vivimos de 1999 a la fecha.

Se estrecha el campo de la derecha, crece la perspectiva de fundir sus políticas en una sola contra el proceso social. La derecha cuenta ya con su política para llevarnos a la entrega del país, a la vuelta neocolonial, todas las potencialidades económicas y políticas se le suman para repartirse posteriormente el botín de cuanto en estos años les impedimos apoderarse, y para recuperar su propia dinámica de mantener al pueblo agotado.

Su tenacidad sorprende a quienes se sienten seguros con sus cargos, que confían en la eficacia burocrática, a estos ni la historia reciente de sus fracasos les enseña a mirar las cosas de frente, siguen empecinados en buscarle debilidades e irregularidades al candidato oposicionista para verlo más débil de lo que es, como si éste fuera un ser independiente y no el representante tras el cual los capitalistas del mundo apostarán el todo por el todo.

No debemos apostar a las burocracias, a los afectos de poder político, a los que quedan atrapados en las marañas del poder con las estructuras que recrean, a quienes sobre todo “reafirman” su posición según sus ingresos; porque a todos ellos la iniciativa y perspectiva revolucionarias se les escapa de las manos, si de ellos dependiera la perspectiva del proceso rodaría en un dos por tres, aún cuando también las burocracias jugarán su rol, pelean y pelearán por sus propios privilegios, y sabiendo que todavía no pueda eliminarse por completo el poder que continuarán ejerciendo; no radica en éstas el firme bastión de la revolución, pues bastante la han perjudicado con sus arrogancias y descomposición, más bien son a quienes se tendrá que cuestionar por tantos problemas, removerles y movilizarles, hasta donde sea posible en estas estructuras todavía por revolucionar.

Desde luego que no debemos caer en desesperación de ningún tipo, ultraizquierdismos, ni creernos más Papistas que el Papa, ni sectaria, porque muchas cosas no marchen como debieran, ahí debe despejarse gran cantidad de situaciones siempre en el marco de que no hemos construido el estado socialista ni la sociedad libre. Hay un proceso en puerta, el cual se compone de una compleja telaraña de condiciones, relaciones y sus contradicciones, desde las que viven las distintas expresiones de la burguesía, hasta las que se incuban en el seno del pueblo y las clases sociales que lo componen.

Los análisis estratégicos que se presentan de este universo sociopolítico venezolano difícilmente han sido descritos en todos sus aspectos y pormenores, cada clase social hace referencia a los propios, con una tendencia irresistible a ocultar o tergiversas los contrarios para acomodar sus criterios, si a ello le agregamos todos los balances que cada partido y grupo político realiza, tenemos un cuadro bastante denso sobre la situación, denso por la cantidad de perspectivas que se plantean, pero que están siendo cohesionadas bajo varios programas y las influencias o alcances que estos tienen. Los hay que su alcance es de primer nivel, y los que su radio de acción es menor, pero cual sea el nivel de su accionar contribuyen en algún grado a la lucha de clases.

Dentro de las instancias del gobierno está una fuerza hegemónica de ejes revolucionarios, populares y antiimperialistas en sus posiciones que es la protagonizada por el comandante Hugo Chávez. Pero también sobre las instituciones del estado concurren las tendencias hacia la derecha protagonizadas por la nueva burguesía y las posiciones estructurales de la burguesía tradicional y los imperialistas las cuales para romperlas nos exige marchar hacia cambios fundamentales en las relaciones sociales, mismos que reclaman todo un proceso de modificación en la correlación de fuerzas. Así también coexisten posiciones izquierdistas y revolucionarias desde distintas instancias que a ratos parecen ser desplazadas y luego reposicionadas en sus labores, de igual forma en la contracara del burocratismo en el plano general está presente el sectarismo mesiánico que bajo el argumento de la pureza y el encontrar sólo los defectos de sus adversarios, impide el avance generalizado de la lucha apoyándose en todos los recursos disponibles. Todo es parte de una realidad muy diversa y contradictoria, nada viene sin inconvenientes, si algo debemos superar es ese estilo constante de la descalificación, aquí todo consiste en observar atentamente los distintos aspectos en que nos encontramos que nos influyen, que nos desvían y que nos colocan en presencia de factores que se deben despejar, que nos llaman a superar todas esas ataduras, dado que se representan distintos segmentos, ideologías y teatros de lucha. Como en todas las estructuras estatales, tienen sus inercias, sus palancas, sus burocracias clientelares, sus sectas, pero sin las clases sociales que representan, no se logrará más que catapultar una etapa de estancamiento político, que le apuesta a las maquinarias electorales, la eficacia del discurso burocrático y la rutina hasta el 7 de octubre, es decir que sólo se valga del poder del aparato estadal para ganar, pues es inocultable que esa parte funciona y obtiene sus méritos propios.

La concepción popular se forja en que sean las clases populares, los proletarios, los campesinos, las mujeres, la juventud, los sectores oprimidos quienes protagonicen esa victoria elevando en consecuencia la correlación de fuerzas hacia la continuación del proceso revolucionario. Ambas tendencias están en pie, para el proceso revolucionario es claro que deba ser la posición proletaria y popular, la expresión movilizadora desde abajo quien trascienda fundamentalmente. El liderazgo asoma fundamentalmente por cuanto se afirma la defensa de los intereses del pueblo, y las estructuras de apoyo con que contamos son nuestras palancas para impulsar la lucha.

Importantes sectores de demócratas dignos y revolucionarios con todas sus fortalezas y debilidades se movilizan para debatir, para sostener su independencia política y clasista. Esta es una batalla complicada, la concientización y la correspondiente participación popular tendrá que ser consistente con la necesidad de impulsar cambios revolucionarios, siendo más lo que en este renglón podemos y debemos hacer.

El factor externo sigue siendo amenazante, los imperialistas desean poner un alto al avance de las corrientes nacionalistas en Latinoamérica, en especial a la política popular del presidente Chávez y el proceso que lidera, los imperialistas saben bien que en la región, nuestro proceso le favorece a los pueblos y sin duda también a la burguesía latinoamericana al disponer de petróleo y una imagen de influencia internacional entre las y los trabajadores del mundo. Los imperialistas yanquis en particular no han dejado de reconocer que el golpe debiera darse contra Venezuela, ellos están acostumbrados a esa intransigencia sin importarles el derecho de los demás. Pero este mismo factor de presiones y provocaciones puede permitirnos impulsar aún más la brecha revolucionaria antes que los designios imperialistas tengan modo de cumplirse, por ello, en vista que los personeros abiertos de la burguesía nacional se volvieron simples mensajeros yanquis; la política popular y revolucionaria debe subir de tono en el discurso y la práctica en la medida que siga esa tendencia amenazante de corte neocolonial.

Los grandes logros del pueblo y del gobierno, son ejemplos para un programa socialista, no son punto y aparte, sino reivindicaciones valiosas con las que se puede dar continuación a un proceso más elevado, en otra correlación de fuerzas nacional e internacional.

La numerología burguesa apuesta al triunfo por las buenas o por las malas, los políticos capitalistas intentan omitir los cambios en el panorama social venezolano, pero esa es una tarea muy difícil de asegurarse, chantajean sobre el sistema mundial instalado, amenazan con que nadie puede desbordarse de éste, hacen suponer que es un pleito entre ellos y Chávez. La maniobra burguesa consiste más o menos en que por una parte da garantías de resguardo a la “seguridad y estabilidad del país” sólo en el marco de que se respete su sistema, amenaza contra los presagios o actos revolucionarios, avanza desgastando los procesos al tiempo que siembra nuevos conflictos sociales, declaran la muerte del presidente sin el menor reparo en su necrofilia, una tras otra lanzan injurias con la pretensión de aislar al comandante de su pueblos siempre bajo ese estira y afloja para imponer su régimen de negreros, por nuestra parte, sabidas esas amenazas, la realidad mundial es muy otra, los pueblos están combatiendo, están presionando a sus gobierno por cambios del tipo de los que hemos protagonizado en estos años, también tenemos que hacer conciencia de que revolución que no avanza es derrotada, la complicación está en moverse lo más acertadamente posible en las circunstancias, las formas del conflicto social están predeterminadas por estas condiciones, operar todavía dentro de los marcos de la vieja democracia burguesa electorera al tiempo que se forman los nuevos medios de hacer política popular, de consulta, de debate, de organización, de decisión popular en ámbitos que hasta ahora estaban vetados a favor de los dirigentes, apoyándonos en todos los instrumentos posibles.

Sería una visión muy cortoplacista y coyuntural el suponer que sólo está en juego una elección y una presidencia, está en juego un proceso concreto de luchas de clases, lo realmente en juego es la condición de nuestras vidas como explotadas-explotados y oprimidos-oprimidas, como pueblo para doblegar o liberar, está en juego toda nuestra riqueza humana como productores y consumidores, como proletariado, está en juego el sometimiento humano a las minorías o el proceso de emancipación que no termina de realizarse, está en juego una perspectiva de revolución, está en juego el petróleo, el cacao, el trabajo, el café, el oro, la producción manufacturera, nuestro comercio, el control del estado, la lucha latinoamericana, la guerra y la paz, los cien años de lucha venidera por la independencia y la libertad, el bienestar económico del pueblo y el impulso de nuevas relaciones sociales socialistas en todos los ámbitos de la vida nacional.

Batallas y campañas vienen, plagadas de la lucha por la unidad, una unidad por construir en las nuevas condiciones sociales, en la correlación de fuerzas que se formó, trabajadores-trabajadoras, jóvenes, mujeres, pueblos, revolucionarios-revolucionarias, activistas, grupos, organizaciones, instancias movilizadas, partidos pequeños y grandes, movimientos sociales, el polo patriótico; todo cuanto hay que invertirle a la lucha, tenemos una gran labor qué realizar.

En nuestro seno también existen conflictos, críticas, cuestionamientos, preocupaciones, interpretaciones, posiciones, acotaciones, correcciones, resistencias, observaciones, aportes, todo ello no es para guardarse, debe ponerse a la altura de los acontecimientos y los retos que afrontamos frente a la burguesía y su sistema, tenemos que crear los escenarios en que se pueda dar cobijo a tantas iniciativas de lucha y cuestionamientos de la realidad social, encontramos resistencias para eso, pero hay que encontrar los modos de avanzar con dignidad y consecuencia, el pueblo debe hacerse escuchar y respetar, porque nadie más podrá hacer lo que nos corresponde. Vamos por la unidad de todo el pueblo, por sus intereses sociales y de clase, no aquella falsa unidad de la Venezuela fraccionada por antagonismos, de aparente reconciliación entre el oligarca y el proletario, la unidad en torno a un programa que hable claro y que actúe contundentemente por el socialismo, la unidad organizada, voluntaria, consciente y en la lucha que marche con sus liderazgos hacia la gran misión del 7 de octubre.

http://www.lahaine.org/index.php?p=59636
 
 


Tags: Venezuela, revolución, socialismo, programa, resistencia

Publicado por blasapisguncuevas @ 0:19  | VENEZUELA
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