Martes, 27 de marzo de 2012

Autores: James Petras y Robin Eastman Abaya  Fecha de publicación: 26/03/12 
 

Lo fundamental para comprender la garra de la constelación de poder sionista sobre el gobierno estadounidense es cómo influye en el poder

Introducción: Una semana de humillación nacional

Desde el 4 hasta el 9 de marzo de 2012, 13.000 militantes israelíes convencidos de que la política exterior israelí es lo primero tomaron el «Washington político» (1) e impusieron el programa político de un gobierno extranjero (Israel) ante el clamoroso aplauso y aprecio de los legisladores y ejecutivos estadounidenses vasallos y cautivos que abarrotaban los salones y estrados humillandose ante los gestos imperiosos de sus amos israelíes, que estaban de visita. (2)

El encuentro anual del Comité de Asuntos Públicos Israelo-Estadounidenses (sic) (AIPAC, American Israel Public Affairs Committee) es la exhibición pública más vergonzosa del poder judío-sionista moldeando la política exterior estadounidense. El propósito exclusivo del AIPAC es garantizar el poder político y militar incontestable de Israel sobre una extensa zona que abarca desde el norte de África hasta el Golfo Pérsico. Ante el AIPAC desfilaron más de tres cuartas partes de los congresistas estadounidenses, además del presidente Obama y el vicepresidente Biden y totod alto cargo del gabinete que guardara algún tipo de relación con la política exterior estadounidense (incluidos Clinton, la Secretaria de Estado, y Panetta, el Secretario de Defensa). Todos repitieron en voz alta como loros el calendario político y las prioridades militares que el AIPAC había impuesto a Estados Unidos. (3)

El AIPAC: Una plataforma de lanzamiento para los dirigentes israelíes

La reunión del AIPAC es, a todas luces, no una reunión de «otro grupo de presión cualquiera»: (4) es la plataforma de lanzamiento utilizada por los máximos dirigentes políticos y militares de Israel para arrastrar a Estados Unidos a otra guerra de primera magnitud en Oriente Próximo: en esta ocasión, contra Irán. (5) Simon Peres, el presidente de Israel, inauguró la conferencia estableciendo el tono militar y el marco político para el presidente Obama, que intervino a continuación haciéndose eco con sumisión del lenguaje y el contenido del líder israelí. (6) Al día siguiente, el primer ministro israelí, Netanyahu, habló y marcó con contundencia la línea a seguir para librar la guerra de Estados Unidos contra Irán, (7) mientras millares de judíos estadounidenses destacados y respetables, que piensan que Israel es lo primero, daban docenas de saltitos sobre el terreno apoyando con fanatismo una guerra estadounidense; una guerra en la que pocos de sus hijos, parientes o amigos, si es que alguno, perderían la vida o alguna extremidad. (8) Fue el mismo Bibi Netanyahu quien en una ocasión opinó que el ataque del 11 de septiembre contra Estados Unidos beneficiaba a Israel porque vinculaba más estrechamente a Estados Unidos con los intereses israelíes.

Desdela guerra de 1812, que fue testigo de la ocupación británica y el incendio de Washington, la capital estadounidense jamás ha sido tan abiertamente humillada por una potencia extranjera. A diferencia de la corona británica, que entonces negoció un acuerdo de paz que permitía a los norteamericanos recuperar su soberanía y su capital, los dirigentes israelíes y su furibunda «quinta columna» exigen un acuerdo militar en el que Israel dicte las condiciones bajo las que Estados Unidos declare la guerra a Irán.

Los dirigentes israelíes no se han asegurado la sumisión de Estados Unidos por superioridad militar, económica o política de Israel. Tienen una economía raquítica, una ínfima parte del armamento nuclear que tiene Estados Unidos y menos aliados e, incluso, menos aprobación pública en la comunidad internacional. Pero sí tienen al menos medio millón de militantes sionistas fanáticos e incondicionales en Estados Unidos, entre los cuales hay miles de millonarios y multimillonarios leales que financian la campaña de ambos partidos, el demócrata y el republicano. (9) El AIPAC es la vanguardia de las tropas de choque de Israel en Estados Unidos. Los miembros del grupo de presión del AIPAC, muy disciplinado y muy bien organizado, invaden las oficinas de todos y cada uno de los congresistas armados con un guión legislativo meticulosamente elaborado por y para el Estado de Israel. (10) Han obtenido el compromiso pleno de la mayoría de los miembros del Congreso con el programa de Israel, en el que ondean al mismo tiempo los signos del dólar y las estrellas (de David). Como la historia ha demostrado sobradamente, el personal del Congreso o los legisladores que se atrevan a vacilar o a pedir tiempo para reflexionar, descubren enseguida que son víctimas de las amenazas y el acoso político del AIPAC, que suele garantizar la aquiescencia. Negarse a claudicar ante el AIPAC supone el fin de una carrera política en Washington.

El programa israelí (y, por consiguiente, el del AIPAC) consiste en desarrollar una guerra no provocada contra la soberana República Islámica de Irán, ya sea iniciada por Estados Unidos o en el marco de un ataque sorpresa israelí respaldado por Estados Unidos (11). Irán está hoy día en el punto de mira porque los demás oponentes a la colonización de Palestina por parte de Israel han sido destruidos en anteriores guerras estadounidenses respaldadas por los sionistas: las de Iraq, Afganistán y Libia, así como la actual guerra por poderes contra el régimen de Assad en Siria. (12)

Hoy día, los dirigentes israelíes insisten en que a Irán se le debería negar con violencia lo que más de otras 120 naciones practican en libertad: el enriquecimiento legal de uranio con fines médicos, comerciales y científicos. La propaganda israelí anterior, amplificada por los 52 presidentes de organizaciones judío-estadounidenses de primer orden, afirmaba en falso que Irán poseía armas nucleares o... estaba en vías de fabricarlas y, por consiguiente, planteaba una amenaza «vital» para los israelíes. Hasta la mera «capacidad» para enriquecer uranio con fines médicos (en un grado muchas veces inferior al necesario para un arma) se presenta como una amenaza de primer orden para el Estado judío. Mientras tanto, los 27 organismos de inteligencia estadounidenses (en sus «descubrimientos» anuales), y hasta la Agencia Internacional para la Energía Atómica, muy influida por Estados Unidos, no han encontrado ninguna prueba de que haya un programa de armamento nuclear en marcha... de ahí la necesidad de expresiones estrambóticas como «amenaza vital».

Al alto mando de Israel se le ha ocurrido ahora un nuevo pretexto muy endeble para la guerra. El potencial de Irán para adquirir «capacidad de desarrollar armamento nuclear» (mediante su personal científico y técnico avanzado y sus centros de investigación) puede constituir un motivo suficiente para la guerra. (13) En otras palabras: Israel ha ordenado a sus 13.000 militantes del AIPAC que exijan a todos y cada uno de los congresistas estadounidenses que voten a favor de la declaración de guerra sobre la base del actual programa de enriquecimiento de uranio de Irán vinculado a usos médicos y de su sofisticado potencial científico e intelectual. Mientras tanto, el Mosad ha lanzado un programa no tan secreto de asesinatos terroristas de científicos iraníes: en sus hogares, despachos y universidades; sin ni una sola protesta de la prensa estadounidense «sionizada».

Los serviciales verdugos de Israel

El criterio más reciente de Netanyahu para la guerra (la capacidad iraníGui?o cuenta con el apoyo ciego de las principales organizaciones judías en Estados Unidos (14). Los sionistas estadounidenses son los serviciales verdugos que están promoviendo un ataque militar agresivo y no provocado contra la patria (y los hogares) de 75 millones de iraníes. Dejémoslo claro: algunas declaraciones de los principales líderes religiosos judíos estadounidenses dejan ver impulsos genocidas manifiestos. El vicepresidente ejecutivo del Consejo de Rabinos Ortodoxos de Estados Unidos (Orthodox Rabbinical Council of America), Rabbi Herring, sugirió que Israel debería considerar «la utilización de armamento nuclear táctico en zonas que no estén muy pobladas o en el desierto [...] para demostrar a los iraníes que sus vidas penden de un hilo, que Israel no actuará sin hacer ruido». (15) El rabino no especificó si en su definición de «no muy poblados» se incluyen los núcleos de población de un cuarto de millón de habitantes o menos y, por tanto, si son objetivos apropiados para esta exhibición didáctica de devastación termonuclear, «simplemente para demostrar a los iraníes....». Recordemos que entre los fundamentalistas sionistas «no pocos dirigentes de organizaciones [...] querrían utilizar armamento nuclear táctico ahora mismo». (16)

Cuando Netanyahu dio la orden a los delegados del AIPAC de invadir el Congreso estadounidense y arrancar un compromiso de guerra sobre la base de la «capacidad» de Irán (para enriquecer uranio), no hubo debate ni disenso entre las «tropas de choque»; solo aprobación unánime y ciega de los ciudadanos estadounidenses judíos hacia su amo extranjero. Estos estadounidenses judíos respetables avanzaron hombro con hombro en bloques, derechos hasta los miembros del Congreso que aparecían en sus listas, con razonamientos enlatados en una mano y legislación ya redactada de autoría israelí encubierta en la otra. Presumen de haber convocado a una mayoría sustancial de representantes electos estadounidenses... ¡a favor de la guerra!

Si el poder de Israel en Estados Unidos se basa en el control férreo que ejerce el AIPAC sobre el Congreso estadounidense, el grupo de presión, por su parte, se basa en el poder de la constelación de poder sionista general infiltrado en cargos políticos y administrativos estratégicos, estructuras de partidos políticos y en el propio proceso electoral. Esto, a su vez, se basa en la influencia de los medios de comunicación sionistas vinculada al poder económico y financiero. El proceso democrático y representativo ha quedado absolutamente aplastado bajo este gigante corto de miras favorable a declarar una guerra en nombre de Israel.

Los ejecutivos y congresistas colaboradores del AIPAC

Aunque se ha hablado mucho de los ejercicios de influencia del AIPAC sobre el Congreso y el ejecutivo estadounidenses a través de los «grupos de presión», mejor denominadas «tácticas de intimidación y presión», gran parte de su éxito se basa en la matriz general de poder sionista que opera en el seno del gobierno, la sociedad civil y la economía. Cuando los agentes de presión del AIPAC se dirigen a los miembros del Congreso llevando en la mano las prioridades de política exterior dictadas por Israel, coordinan y encuentran una plataforma importante en los más de cuarenta legisladores electos sionistas que, por casualidad, ocupan cargos estratégicos, como los presidentes de comités del Congreso que se ocupan de asuntos de política exterior, en especial de políticas relacionadas con Oriente Próximo. Dicho de otro modo, la conquista del Congreso estadounidense por parte del AIPAC se lleva a cabo «por invitación». La relación es «recíproca». El AIPAC y los 52 presidentes de las principales organizaciones judías estadounidenses y diversos recaudadores de fondos movilizan dinero y activistas para contribuir a elegir a sionistas fiables para los cargos. Una vez en sus puestos, colaboran abiertamente redactando legislación favorable a Israel y garantizando que las «mayorías» voten «del modo correcto». (17)

Mark Cubowitz, director ejecutivo de la «Fundación para la Defensa de las Democracias» contribuyó a redactar la última propuesta de ley de sanciones (contra Irán)... (The Financial Times, 6 de marzo de 2012, p. 9). La «Fundación» es más célebre por haber sido promotora incondicional y ciega del programa de Israel. Dubowitz es uno de los muchos «legisladores» no elegidos que redactan y promueven leyes a instancias de Israel. La legislación para imponer sanciones a Irán, obra de Dubowitz, está concebida para insensibilizar y matar de hambre a 75 millones de ciudadanos iraníes con el fin de someterlos al posterior objetivo de Israel de alcanzar una supremacía incontestada en Oriente Próximo.

Las actividades del AIPAC no se circunscriben al Congreso de Estados Unidos o al proceso electoral. Desde el gobierno de Reagan hasta el de Obama, el AIPAC ha suministrado sionistas comprometidos para puestos clave en el Tesoro, el Departamento de Estado, el Consejo de Seguridad Nacional y el círculo más estrecho de asesores del presidente sobre asuntos de Oriente Próximo. (18) La presión del AIPAC garantiza el nombramiento de sionistas en las ramificaciones del gobierno y ha desembocado en la creación de puestos administrativos especiales concebidos específicamente para promover el programa de Israel. Un buen ejemplo del éxito del AIPAC es el puesto de Subsecretario del Tesoro para asuntos de Terrorismo e Inteligencia. El cargo fue ocupado por primera vez por Stuart Levey, un sionista fanático cuyo único propósito era diseñar e instaurar sanciones estadounidenses (y posteriormente europeas) contra Irán. Quien le sustituyó en el cargo, David Cohen, un clon procedente también del AIPAC, es el autor de la legislación que impulsa sanciones de castigo contra Siria. (19)

Dennis Ross, conocido popularmente como «el abogado de Israel» y antiguo dirigente del AIPAC, fue nombrado asesor de los presidentes Clinton, Bush y Obama y fue el arquitecto del apoyo estadounidense al bloqueo de Israel para matar de hambre a Gaza, así como del bombardeo criminal de 1999 y la invasión asesina de Líbano en 2006. Ha suministrado «cobertura» a la construcción masiva por parte de Netanyahu de asentamientos exclusivos para judíos en territorios ocupados palestinos y de su cínico ardid de las «negociaciones de paz». (20)

Jeffrey Feltman, el actual testaferro del AIPAC en el Departamento de Estado, es la principal autoridad responsable de los asuntos de Oriente Próximo, en especial en Líbano, Siria e Irán. (21) El círculo más estrecho de asesores del propio Obama está dominado por partidarios incondicionales de Israel, entre quienes se encuentran David Axelrod como principal confidente y antiguo Jefe del Gabinete Presidencial, o Rahm Emanuel, con doble nacionalidad estadounidense e israelí y actual alcalde de Chicago. (22) Lo que sorprende es el ciclo continuo de liderazgo y actividad en organizaciones sionistas (el frente israelíGui?o, el ingreso en puestos de gobierno poderosos, el regreso a uno u otro grupos de estudio y reflexión pro-israelíes, «organizaciones ciudadanas», cargos electorales o prácticas privadas lucrativas.... todas en apoyo de los intereses de Tel Aviv.

El AIPAC y las 52 organizaciones de base

El poder del AIPAC en Washington depende del activismo de centenares de miles de sionistas estadounidenses afiliados a organizaciones bajo el mando de los 52 presidentes de las Principales Organizaciones Judías Estadounidenses (MAJO, Major American Jewish Organizations). Aunque existe un considerable solapamiento de miembros, los dirigentes de MAJO sirven abiertamente como correa de transmisión de Israel: difundiendo orientaciones políticas desde Tel Aviv hacia sus miembros, entre los que hay médicos, dentistas y agentes de bolsa de Nueva York, Miami, Kansas City, Los Ángeles o San Francisco y en todos los puntos cardinales del país. Cuando el AIPAC tiene «problemas» para conseguir la firma de un representante electo para alguna ley de sanciones contra cualquier país que sea blanco de Israel en ese momento, el legislador reticente se convierte en un objetivo prioritario de los notables sionistas y «recaudadores» locales, que le hacen una «visita» para convencerlo, si es posible, o amenazarlo con represalias, si es necesario. Si un legislador sigue negándose a ceñirse a las orientaciones de Israel, o considera que prestar servicio a una potencia extranjera es perjudicial para Estados Unidos, enseguida descubrirá que el AIPAC ha recaudado millones de dólares para financiar una campaña de difamación que conduzca a su derrota electoral. (23)

Junto con estos activistas «de base» de clase media y alta se encuentran los numerosos mega-millonarios y multimillonarios sionistas muy politizados, como Adelson, Saban y varias decenas más, que no ocultan ser fanáticos convencidos de que la política exterior israelí es lo primero y donan millones a congresistas dispuestos a subordinar los intereses estadounidenses a la lucha de Israel por alcanzar la supremacía en Oriente Próximo. (24)

Además de esta corrupción legal del proceso político, está el asunto del espionaje ilegal y el matonismo por parte de AIPAC, evidenciado recientemente mediante la demanda en curso interpuesta por uno de los dos autiguos altos cargos de AIPAC, Steven Rosen, sorprendido espiando para Israel (entregando documentos clasificados sobre la política exterior estadounidense hacia Irán). Rosen, que fue absuelto en un «juicio» enormemente manipulado, sostiene que el AIPAC animaba habitualmente a sus cargos a obtener documentos oficiales estadounidenses confidenciales para Israel. (25)

Y luego están los sionistas destacados que van por libre, que se enzarzan en actividades de matonismo político, violencia física y chantaje contra los críticos de Israel depravadas y con mucha publicidad. (26) Los difamadores más sobresalientes, como Abraham Foxman, de la Liga Anti-Difamación (sic), el profesor de derecho de Harvard Alan Dershowitz, Daniel Pipes o David Horowitz, manipulan legiones de matones acaudalados y respetables para presionar en las escuelas universitarias y universidades y a sus empleados para que censuren y despidan a los críticos con Israel. Estas organizaciones sionistas superan con mucho el alcance y la eficacia de las listas negras de una generación anterior de cazadores de brujas, como el senador Joseph MacCarthy, que comparados con estos no eran más que aficionados. Las payasadas recientes de Andrew Adler, director de The Atlanta Jewish Times y creyente también en que Israel es lo primero, formuló una petición al Mosad israelí de que asesinara al presidente Obama, (27) hecho que desembocó sin más en su dimisión como director después de varias semanas de ataques de nervios (pero sin ninguna investigación federal ni acusación de ningún tipo).

Lo que llama la atención en este aspecto es que mientras que los sionistas más respetables se desvinculan de los espías y los asesinos verbales del AIPAC, el poder de los israelíes partidarios de que la política exterior de Israel se imponga a cualquier otra cosa garantiza que estos gansos y matones raras veces sean acusados por sus delitos y jamás hayan ido a la cárcel. (28)

El impacto generalizado de la influencia y el matonismo sionista queda patente en la timorata auto-censura de la mayoría de los estadounidenses, que en privado manifiestan miedo y aversión ante los estadounidenses sionistas pendencieros, estridentes y abusivos que promueven una agenda extranjera. (29)
 
 Fuente: http://www.aporrea.org/tiburon/a140834.html


Tags: constelación, sionista, nuclear, poder, conferencia, judíos, víctimas

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