Martes, 10 de abril de 2012

     La importancia del Salario Mínimo, y el Sindicalismo capitalista

Autor: Manuel C. Martínez 

A los asalariados, primero se les asigna
su remuneración, según estándares sacados del mercado a fuerza de costumbres. Luego se les mide su trabajo marginal que servirá de base y tabulador para los precios de venta en ese mismo mercado. Esto ha permitido que los salarios de una misma empresa expresen una improductiva discriminación dentro de sus plantillas, con salarios que se mueven desde groseras remuneraciones   hasta los miserables salarios mínimos.

De entrada, reconózcase que si no fuera por los “salarios mínimos” anualmente decretados por el Estado, para muchos empresarios, ese mínimo podría   reducirse a pan y cebollas. La experiencia sufrida por los primeros proletarios europeos de la incipiente industrialización capitalista e inglesa así lo confirma. (Véase Carlos Marx, El Capital, Libro 1, Caps. XXV y siguientes-Cartago).

Por supuesto, los “salarios mínimos” también son usados por los empresarios inescrupulosos-de pequeño capital y con muchas ganas de riqueza fácil y rápida-para arreglar a los nuevos asalariados sólo con ese mínimo desembolso, a pesar de que algunos merezcan otro mayor.

Desde hace tiempo, la burguesía aprendió que le resultaba más rentable pagar un poco más a los trabajadores, mantenerlos “contentos” en su condición de trabajadores sociales, y como tales atribuyéndole su pobreza a los malos gobiernos, o a la compañía Z o a la doble Z: Ese mayor desembolso en capital variable ha estado condicionado a mantenerlos separados estructuralmente, como trabajadores asalariados, unos menos pagados que otros. Así mantuvieron los señores y señoras, los señoritos y señoritas, a “su” servidumbre durante sus buenos 1.000 años, años vividos en olor de santidad como supercristianísimos y medioevales: las “amas de llave” y los mayordomos terminaron creyendo que no eran trabajadores, sino sus contratistas

Digresión: Aunque la división como estrategia bélica para vencer se le atribuye a los políticos, esto podría responder a que no   ha terminado por entenderse que primero es la Economía y luego el Estado. O sea, se trata de una estrategia primariamente clasista; la aplicaron con éxito los esclavistas con verdugos y capataces no menos esclavistas; igual hicieron los señores y señoras feudales con encopetadas amas de llave y abotonados mayordomos y lacayos que humillaban a sus compañeros y compañeras de trabajo servil, y por, supuesto los capitalistas.

Es que la mayoría de los teóricos o apologistas burgueses, de los consejeros famosos y gobernantes exitosos, no han pasado de ser simples agentes bien pagados del Poder Económico de turno. Se les usa para mantener a raya al proletariado, pero los capitalistas en sus fábricas se han encargado directamente, por conseja de Economistas vulgares, de dividir al proletariado, según venimos explicándolo en las primeras entregas sobre este tema del Capitalismo Comunista.

El método más eficaz que han logrado los capitalistas para mantener esa división proletaria ha sido los sindicatos, con inclusión de los llamados sindicatos de “izquierda”, como si izquierdas y derechas no fueran categorías acuñadas por la misma burguesía de la “ultra revolucionaria” y rancia Francia,  con sus traidores de todos los tiempos, falsos sindicalistas encargados de apaciguar los ánimos cuando los trabajadores se calientan mucho ante los diarios abusos patronales; se encargan de operar a favor de los gobernantes de turno, cuadrados estos con la propia burguesía nacional e internacional.

Los ejemplos vividos en la Venezuela de comienzos de esta centuria-con golpes de Estado de variopintos matices-con ayuda de sindicatos politizados, suerte de ex trabajadores o t. parasitarios que terminan irremediablemente aburguesados. Estos agentes de la burguesía, quienes fungen de representantes de los trabajadores-es una etiqueta, y hasta allí-, con muy raras excepciones, son parte de las plantillas empresariales que unen o, más bien, atan a los trabajadores sólo en la superficie, mientras en la base permanezcan ya subyazcan máximamente desunidos en razón de los discriminantes salarios. De esta manera, por fuertes que fueren los lazos sindicales, la desunión proletaria continúa sobre el piso de nuestra estructura económica.

Bueno, si bien los comunistas del mundo no han podido aún aplicar plenamente las enseñanzas de la Economía Política reformulada por Carlos Marx-su critico más sobresaliente- cuyas ideas y apreciaciones científicas siguen a la espera de su admisibilidad plena por parte de la derecha (burguesía) y del proletariado in sólidum-como una sola masa de trabajadores libres de fronteras y patrias. Y ocurre, pues, que para sorpresa del mundo político esa misma derecha capitalista, paradójicamente, sí lo está haciendo: Está fusionando a la clase proletaria a nivel mundial.

Lo hace mediante una nivelación salarial que minimice las diferencias salariales entre sus trabajadores tanto en cada empresa como en todas ellas de todos los escenarios dominados por la inversión capitalista. Precisamente, el pivote de la defensa a ultranza del individualismo exacerbado manejado hasta ahora como vía burguesa para lograr una economía sana y en constante progreso ha sido esa diferenciación salarial.

A los trabajadores se les paga un salario personalísimo porque, supuestamente, personalísimo también es su capacidad de trabajo. Hay trabajadores que defienden la tesis de la desigualdad de los seres humanos, que no hay dos personas iguales, y conste que esto lo afirman universitarios, Ingenieros, Contables, Abogados y Economistas no científicos, quienes en común tienen el rasgo de no ser comunistas.

La división burguesa aplicada para vencer o ganar a máxima capacidad consiste en aplicar el principio socialista (?), según el cual de cada trabador, según su capacidad, y a cada quien según su trabajo-individual-, sin tomar en cuenta que el trabajo es social y por eso no debe regirse por tal principio, si bien, por razones técnicas y obviamente un mismo trabajadora no puede atacar el paralelo ni simultáneamente todas las variantes laborales.

A estas diferencias técnicas, como quiera que se trata del valor de uso de la fuerza de trabajo, el sistema capitalista las ha usado para justificar esa discriminación, y, lo más perjudicial para ambas clases es que el capitalista ha  pretendido hallar en ello una mejora en las productividades de la empresa.

 Nunca se le ocurrió pensar que sus crisis recurrentes podrían tener allí una poderosa causa estructural, y no lo hacía por la profunda alienación que la clase burguesa sufre, particularmente desde que Carlos Marx colocó al sistema capitalista en su lugar, como explotador de proletarios, porque hasta la aparición del burgués, a los comerciantes de la antigüedad pudo haberles asistido alguna razonable dosis de veracidad cuando firmaban que sus ganancias procedían del mercado, y hasta allí. No pudieron concebir, no podían-no lo pudo ni Aristóteles- que sus ganancias procedían de la riqueza creada por “sus” esclavos, y por los “zarrapastrosos y “pestilentes” campesinos de “sus” tierras.

 Ciertamente, la división técnica del trabajo tiene esa propiedad, que unos trabajadores realizan labores más simples que la de otros, pero el asalariado, además de entregar su trabajo durante una jornada, también compromete y congela su vida fuera de su empresa. Lo hace con los salarios discriminatorios que asiste al mercado, y esto tiene un efecto negativo para las mayorías: se trata de una persona que se aliena con la condición de ganar menos que otros, para expresarlo con la mayor simpleza.

Bueno, ahora, luego de tantos siglos de ensayo y error, de aplicar ese nefasto principio individualista, inconveniente para ambas clases, el empresariado burgués de alto giro ha decidido, superar esa gran falla, según venimos explicando en estas entregas, y lo seguiremos haciendo a petición de partes interesadas..

Resulta que de muy poco ha servido la ganancia forzosa derivada del método marginalista  aplicado en el cálculo de los precios de mercado mediante la promediación de los rendimientos de los diferentes trabajadores de una misma fábrica ni la de su mezcla con los costes constantes, materias primas, desgastes depreciativos y afines en general. Cuando Marx precisa que el valor lo determina la productividad media de los trabajadores especializados en tal o cual mercancía, hace abstracción del resto de los costes, pero es de inferirse que se trata de una método de cálculo que rige para todos los insumos del caso. Que se trata de un trabajo o valor social.

Sin embargo, a manera de hipótesis circunstancial, pensemos que hubo alguna razonable imprecisión metafórica en el tratamiento comercial “burgués”   que Marx le da al valor de la fuerza de trabajo, alrededor del cual él centró sus análisis cuando a esta la señala como la única mercancía que un trabajador “libre” (carente de medios de producción-sin tierra y sin herramientas) puede llevar al mercado. Pero, deja asentado que el precio de esa mercancía debe corresponderse con “el valor exacto de los medios de subsistencia familiar de los trabajadores, y de cada uno en particular. Y viene al caso la siguiente digresión. Es necesario conocer la capacidad de cada trabajador, y hasta medírsela con la mayor exactitud a fin de meter a las diferentes fuerzas de trabajo en la criba de la Estadística, y determinar el valor social o valor medio, pero nada de eso quita que cuando aplica o usa su fuerza de trabajo lo haga con el concurso ligado del resto de trabajadores.

Se trataría de una hipótesis que hoy por hoy nos vincula la diferenciación de los salarios de un paquete de trabajadores reunidos en un taller y relacionados con maquinarias y materiales ajenos, pero a su disposición, con los valores específicos de cada una de las diferentes fuerzas de trabajo de cada uno de los trabajadores, particularmente tomadas en cuenta, y sin ver dichas fuerzas como un valor social. Es decir, la fábrica los contrata como vendedores de una mercancía en el mismo plano que se trataría a la compra de una silla, de unos zapatos o de cualquier mercancía producida y propiedad de su productor.

Pero el trabajador, cuando sale de la fábrica tiene necesidades iguales, ya que esa fuerza de trabajo “reside en su organismo”, y ese trabajador-vendedor deja la fábrica cuando termina su jornada. Aquí sí tendrían razón los Ingenieros, los Contables, los Abogados, los Socociçólgos y demás profesionales anticomunistas, para afirmar que las personas no somos iguales frente a la bodega, ni frente al abasto, a la carnicería, zapatería, etcétera. Somos muy diferentes allí, en el mercado de consumo, tan diferentes como diferentes sean neutras rentas.

Es preciso tomar en cuenta las observaciones pertinentes que Marx recoge de la siguiente manera:

“El lector debe advertir que no se trata del salario o del valor que el obrero recibe por una jornada de trabajo, sino del valor de la mercancía en que se realiza esta…” Nota marginal 15 del Cap. I.II, El Capital, Libro I, Autor citado.

Estamos ahora viendo más de cerca el problema, y por eso consideramos que el coste medio de fábrica recoge un valor medio que comprende todos los medios de producción y todos los tipos de trabajo que socialmente se hallan presente en el proceso de trabajo correspondiente. El precio de compraventa de los medios de producción es reconocido por todos los compradores y fabricantes como valores sociales; si eso es así, entonces, ¿por qué no se le puede pagar a cada uno de los trabajadores según el valor medio de las distintas fuerzas de trabajo intervinientes? El Capitalismo actual perece apuntar hacia una respuesta positiva.

Entendamos que fue una metáfora desprendida del mismo medio exterior impregnado de relaciones y categorías comerciales con todo y para todo. Los precedentes inmediatos del Capitalismo que conocemos tuvieron su “Prehistoria”, precisamente en el capital comercial que venía desarrollándose desde los mismos tiempos bíblicos y herodotianos. Cuando Marx afirma que el trabajador libre sólo tiene para vender en el mercado su fuerza de trabajo, y la considera como la única mercancía; también aclara que su libertad consiste en que cuando realiza la venta no vende a su persona, sino que permite el uso de sus fuerzas durante una jornada predeterminada.

En la entrega reciente dijimos:

“A los trabajadores, fábricas adentro, se les trata como si fueran trabajadores de igual preparación artesanal, apelotonados, cada uno realizando labores independientes y desconectadas entre sí, como el los viejos tiempos de la manufactura burguesa preindustrial, y sin entenderse aún que se trata de un trabajo dividido en razón de las diferentes fases involucradas y propias de cada proceso de trabajo impuesto por cada mercancía. La excusa que ofrece el sistema capitalista para semejante trato es la mayor o menor simpleza de los trabajos concretados, un hecho que deja a un lado la homogeneidad de las personas como tales y opta por tratarlos como simples vendedores de su fuerza de trabajo.” (Véase: http://www.aporrea.org/ideologia/a141421.html )

Precisamente, ese es el punto: repetimos: Marx, por abstracción2, presenta al trabajador asalariado (capitalizado) como simple vendedor de Fuerza de trabajo, y a esta como la única mercancía que podría vender por su carencia de  medios de producción. En consecuencia, le pagarían un precio según la capacidad laboral de cada uno de esos “vendedores-que no lo son, porque en concreto son simples trabajadores. Y este el punto sobresaliente en estas críticas que venimos haciendo.

Como quiera que los costes complementarios diferentes a  la mano de obra son comprados a unos precios que también ha fijado el mercado, y en cada uno de esos materiales y materias ha intervenido la fuerza de trabajo correspondiente, en suma, tanto la mano de obra viva como la “muerta” responden a valores medios, pero sus precios son puntuales y específicos para cada mercancías, según el trabajo que en ellos se haya vaciado. Es por eso que Marx se cuida y es claro al hablar de “trabajo social”, un concepto que va más allá de la simple suma de los valores que aporten los tejedores de la misma tela, cuando estos operan en compañía de otros especialistas, digamos los hilanderos, digamos los mecánicos de la fábrica, digamos los estibadores, los caleteadores y aseadores de la empresa que los agrupa, los contables, los ingenieros de costes3.

1 www.sadelas-sadelas.blogspot.com

2 La abstracción fue el método usado por Marx en toda su obra e investigaciones en los campos sociológicos, y el económico particularmente. La usó y   recomendó como método alternativo ante la carencia de los instrumentos físicos y concretos de los laboratorios de ciencias como la Química o la Física. Mediante la abstracción pudo avanzar desde los aspectos más simples de cualquier fenómeno analizable hasta su máxima concreción lograda por su enriquecimiento de aspectos y modalidades formales que van oscureciendo la esencia de cada fenómeno, al punto de presentar una forma en cada fase suya desligada aparentemente de su contenido.

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08/04/2012 6:33:35

 
 
 


Tags: salario, tiempo, comunistas, capitalismo, capital, mercancia, trabajo

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