Lunes, 21 de mayo de 2012
Carlos Taibo imparte una conferencia en la Universitat de València con el título “Su crisis y la nuestra”
 



En tanto que escritor y profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Madrid, Carlos Taibo ha trabajado en líneas de conocimiento muy diversas: los procesos políticos en la Europa central y del este; los movimientos de resistencia a la globalización, el decrecimiento y el 15-M, entre otros. Pero Taibo no es un intelectual al uso cooptado por el sistema. Aporta sus reflexiones y participa en las luchas de los movimientos alternativos y de base, para los que lleva años siendo un politólogo e investigador de referencia. Un intelectual comprometido.

“Somos convocados cada cuatro años a las urnas, pero realmente quienes toman las decisiones son las grandes corporaciones económicas y financieras; por eso, la denuncia de la farsa democrática y la consigna del no nos representan, del 15-M, me parecen críticas muy cabales”, ha afirmado Carlos Taibo en una conferencia celebrada en la Universitat de València, titulada “Su crisis y la nuestra”, con motivo de la celebración del 30 aniversario de Radio Klara.

Prueba del poder real de las grandes corporaciones, es que “nadie ha ido a la cárcel”, ha criticado Carlos Taibo, en el estado español, después de todos los desmanes ocasionados por el sector financiero, y cuyo origen remite al proceso de globalización capitalista y la desregulación que le acompañó. Por ejemplo, la demanda presentada contra Emilio Botín (presidente del Banco Santander) por la posesión de cuentas en Suiza y otros paraísos fiscales, fue paralizada en última instancia “seguramente por las deudas que tanto el PP como el PSOE mantienen con las entidades financieras”, afirma el politólogo.

La explicación tópica y oficial de la crisis: un estado manirroto y unos ciudadanos que viven por encima de sus posibilidades han generado unos disparatados niveles de endeudamiento, que sólo pueden afrontarse con una brutal cura de austeridad. Taibo se abona a una explicación más compleja. A grandes rasgos, en 2002 el estado español se sumó a la zona euro e incorporó la moneda única. Alemania, imponiendo casi un derecho de pernada, pudo colocar sus capitales y mercancías en los países de la periferia europea, entre ellos España. A cambio, éstos pasaron a disponer de dinero barato (crédito fácil, a bajos tipos de interés) con el que financiar la burbuja inmobiliaria.

Esta es la razón, recuerda Carlos Taibo, de que con el tiempo se desbocara la deuda privada, que representa el 80% del total de endeudamiento en el estado español. Por el contrario, “el discurso gubernamental insiste machaconamente en que el problema radica en el sobreendeudamiento público”. “Si la deuda pública creció, explica el profesor, es por la mengua de ingresos estatales provocado por la crisis, el incremento del paro (y el consiguiente aumento en el pago de subsidios) y, sobre todo, por la entrega de más de 100.000 millones de euros a las instituciones financieras. Estas podridas entidades sabían en todo momento que se les rescataría si las cosas les iban mal”.

Hay, por tanto, dos crisis: la suya y la nuestra. “Se están socializando pérdidas y privatizando beneficios”. “Los bancos reciben recursos del erario público, con los que chantajean a los estados e imponen retrocesos en materia de derechos y libertades democráticas”; por ejemplo, los recortes en educación equivalen a la suma entregada para el saneamiento de Bankia”, destaca el autor de “El decrecimiento explicado con sencillez”, “El 15-M en 60 preguntas” y “España, un gran país. Transición, milagro y quiebra”, entre otros muchos trabajos.

Como defensor de los movimientos autoorganizados, la práctica desde la base y la creación de espacios autónomos, Taibo insiste en que la crítica al capitalismo no implica apostar por la reconstrucción de los llamados Estados del Bienestar. ¿Por qué? El Welfare State es una institución exclusiva de los sistemas capitalistas, que ratifica una economía de los cuidados de las que son víctimas sobre todo las mujeres; resulta, además, insostenible ambientalmente e insolidario con los países del sur”, explica Taibo. Pero la cuestión requiere una aclaración inmediata. En un contexto de agresiones neoliberales contra los derechos trabajosamente conquistados durante décadas, “la crítica al Estado del Bienestar ha de ser compatible con la defensa a ultranza de estos derechos”.

Pero no es fácil matizar en medio de la vorágine maniquea que imponen los medios. Late, en el fondo, según Carlos Taibo, la “feroz contradicción que rodea a la discusión público/privado”; “no es suficiente con salir a manifestarse en defensa de la enseñanza pública”. Esto no pone en cuestión el sistema, insiste. “Hace falta algún adjetivo más”. Además, “los apóstoles del neoliberalismo también apoyan en algunos casos lo público, para proyectos manifiestamente antisociales”, concluye el profesor.

Taibo no se inclina por el neoliberalismo ni por la “socialdemocracia oficial” (como la denomina). Ha sido el principal mentor en el estado español de la idea del decrecimiento, a la que ha dedicado al menos dos libros y un sinfín de artículos y conferencias. En términos generales, el decrecimiento pivota sobre dos certezas: es una imposición de la realidad, ya que “hemos desbordado las posibilidades que el planeta ofrece”; pero, insiste Taibo, “no tiene por qué ser triste ni sombrío; se trata únicamente de vivir mejor con menos”. No hay alternativa: si en 2007 (antes de la crisis) la economía española producía 100, hoy ha pasado a producir 97.

El problema no reside en esta merma (que por sí misma ya implica un decrecimiento económico), sino en “cómo se reparten los recursos disponibles y, más aún, en cómo están creciendo las desigualdades, lo mismo con los gobiernos del PP que con los del PSOE”. “Con un mejor reparto de la riqueza todos viviríamos mejor”, concluye el politólogo. Por otro lado, el decrecimiento implica un sistema de valores muy diferente a los hoy dominantes: la vida social y las relaciones, frente a la productividad y la competitividad; el tiempo libre y creativo, frente al ocio vinculado al dinero; el reparto del trabajo (una vieja demanda sindical); la oposición a las grandes infraestructuras productivas y de transporte; la vida local, la democracia directa y, en suma, la sencillez y sobriedad voluntaria del individuo.

Para que el decrecimiento no ahuyente a nadie: “No equivale a sufrimiento”, aclara Carlos Taibo. Al contrario, “se trata de recuperar la vida social que hemos ido perdiendo, lo que incluye, entre otras muchas cosas, un incremento de las relaciones sexuales satisfactorias”. Mucha gente se abonaría a la idea central del decrecimiento: vivir mejor con menos. Pero, ¿Cómo abrirse camino en un ambiente de austeridad compulsiva, tijeras por doquier y ajustes impuestos a golpe de decreto? ¿Es posible así la simplicidad voluntaria? ¿Deja margen la camisa de fuerza neoliberal para reflexionar libremente sobre los límites ambientales del planeta? Según Carlos Taibo, en un contexto de crisis como el actual “es absurdo situar en primer plano los problemas ambientales y obviar el incremento de las desigualdades y las injusticias”.

Por lo demás, el decrecimiento representa una alternativa integral a un modelo de vida despilfarrador y ecocida. Taibo suele citar como paradigma de este modus vivendi la alta velocidad ferroviaria. Por ejemplo, la línea Madrid-Valencia. “Representa una inversión de miles de millones de euros de dinero público para que los ejecutivos hagan en tren, en 95 minutos, un trayecto que antes realizaban en avión; y ello, mientras se degradan las condiciones del transporte público de la mayoría de los ciudadanos que, para mayor ignominia, aplauden esta inversión”. Vivir para ver.

Ante el aluvión de noticias catastróficas y el imperio del pesimismo, generalmente aprovechado para aumentar la dosis de tijeretazo, Taibo apela a una relativa esperanza: “cada vez hay más gente convencida de que la opción más digna es construir espacios de autonomía con reglas diferentes a las que nos imponen; hay mucha gente gestionando durante años cooperativas integrales, grupos de consumo o medios de comunicación alternativos”. Porque, más allá de lo que afirma la izquierda tradicional (“arriba están ellos y abajo nosotros&rdquoGui?o, “cada uno de nosotros reproduce en su vida cotidiana la lógica del sistema; por eso hay que salirse del mismo; y por eso hay que crear espacios donde pensemos y vivamos de otra manera”, concluye.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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Tags: urnas, votos, autonomía, reglas, democracia directa, conferencia

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