Martes, 11 de septiembre de 2012
Asia Times Online

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

El viaje de la secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, a China puso de relieve los desafíos inherentes de la relación bilateral más importante del mundo. Ahora hay serias áreas de rivalidad entre China y EE.UU. A medida que China continúa su rápido progreso hacia el reemplazo de EE.UU. como la mayor economía del mundo, toda la dinámica del sistema político global está sufriendo cambios trascendentales, a menudo en detrimento de la influencia de EE.UU.

Tanto China como EE.UU. deben tener cuidado de no repetir los errores de las potencias globales del pasado. Los riesgos intrínsecos de un enfrentamiento directo entre dos naciones económicamente integradas, tecnológicamente avanzadas, son simplemente demasiado altos. Interesa a ambas naciones, así como a toda la raza humana, que la rivalidad china-estadounidense se mantenga en términos amistosos. Afortunadamente, a pesar del lenguaje fuerte utilizado por ambas partes, las realidades económicas y militares fundamentales apuntan a un equilibrio a largo plazo y a una estabilidad competitiva.

Un ejemplo de la creciente seguridad en sí misma de China tuvo lugar durante la visita de la secretaria Clinton. En su conferencia de prensa conjunta en Pekín, el ministro de Exteriores chino Yang Jiechi refutó duramente la afirmación previa de Clinton de que China y Rusia están “en el lado equivocado de la historia” por su oposición a sanciones de las Naciones Unidas contra el gobierno sirio:

“Pienso que la historia juzgará que la posición de China respecto al problema de Siria es un apoyo al manejo apropiado de la situación… los intereses del pueblo de Siria y de la región y los intereses de la paz, la estabilidad y el desarrollo en la región y en todo el mundo” [1].

La reiteración por parte de Yang del desacuerdo chino con EE.UU. respecto al problema sirio en presencia de Clinton envía un mensaje muy fuerte. Clinton respondió rápidamente diciendo: “No es ningún secreto que nos han desilusionado las acciones de Rusia y China bloqueando resoluciones más duras del Consejo de Seguridad de la ONU y esperamos que nos unamos en un verdadero camino adelante para terminar la violencia en Siria”.

El gobierno ya no se muestra tímido al plantear directamente críticas y desacuerdos con la política de EE.UU. Por cierto, la reunión también incluyó las acostumbradas perogrulladas diplomáticas, con llamados a un aumento de la “cooperación” y de “intereses convergentes”.

Para los que leen entre líneas es importante señalar que una reunión planificada de la secretaria Clinton y el futuro líder de China Xi Jinping se canceló en el último momento debido a “inesperados motivos de programa”. Los llamados chinos a abstenerse de “especulación innecesaria” sobre la cancelación solo aumentaron la intriga. En un país donde el simbolismo está en el centro de la política, el desaire de Xi a Clinton es extremadamente relevante.

A fin de comprender la actitud defensiva de China con respecto a la secretaria Clinton, hay que comprender el contexto de su viaje a Pekín y las corrientes más amplias de las relaciones chinas-estadounidenses contemporáneas.

La secretaria Clinton hizo dos escalas significativas en el camino a Pekín. Primero visitó las Islas Cook para asistir al Foro Islas del Pacífico. Sus comentarios en dicho Foro sirvieron para enfatizar las actitudes políticas estadounidenses hacia China en ascenso. Al responder preguntas sobre si el dinero chino estaba afectando negativamente los sistemas políticos interiores de las naciones del Pacífico, Clinton dijo: “Aquí en el Pacífico, queremos ver a China actuando de un modo justo y transparente”.

Obviamente, existe una creciente preocupación estadounidense de que China supere a EE.UU. como principal practicante de la “diplomacia del dólar”. Esta dinámica se ve en todo el mundo: desde África a Suramérica, y por supuesto en el propio Pacífico.

Según el Instituto Lowy, Pekín ha prestado más de 600 millones de dólares a naciones del Pacífico desde 2005. Mientras tanto, la secretaria Clinton ofreció nuevos proyectos de desarrollo por 32 millones de dólares durante su reciente visita. El gobierno estadounidense, con sus amplias preocupaciones económicas y presupuestarias, tiene pocas posibilidades de contrarrestar las crecientes inversiones de China en países extranjeros, excepto, por cierto, criticar los potenciales efectos negativos que semejantes inversiones tendrán en el sistema político interior en dichos países.

En una nota más conciliadora, Clinton subrayó: “Es importante que las naciones isleñas del Pacífico tengan buenas relaciones con la mayor cantidad de socios posibles y eso incluye a China y EE.UU.”, y dijo repetidamente “El Pacífico es lo bastante grande para todos nosotros” [2].

Por cierto, el vasto Océano Pacífico es lo bastante grande para acomodar las ambiciones e intereses de las dos naciones más poderosas del mundo. Los chinos, sin embargo, pueden objetar al tamaño de la parte del Pacífico que cada país está ocupando actualmente. Un mapa de las bases militares de EE.UU. en la región muestra que China está efectivamente rodeada directamente frente a sus costas por la Armada estadounidense. Se pueden imaginar las protestas de EE.UU. si China estableciera una masiva base naval en Fiji y la apocalíptica retórica que resultaría del envío por parte de China de decenas de miles de soldados a Cuba. Mientras el poderío económico de China se invierte crecientemente en capacidades militares, los chinos pueden buscar medios para alejar de las costas chinas la línea de control naval efectivo de EE.UU. en el Pacífico.

La segunda escala de la secretaria Clinton en su camino a China subrayó aún más los temores chinos de cerco regional y contención. Reunida con dirigentes indonesios en Yakarta, Clinton habló del papel de Indonesia como garantía de un frente unido de ASEAN respecto a la disputa del Mar de China Meridional: “Esa muestra de unidad es muy importante para nosotros… Ninguna parte debe dar pasos que aumenten la tensión”. Prometió encarar el tema del Mar de China Meridional con la dirigencia china diciendo: “Discutiré esto [la disputa por el Mar de China Meridional] en Pekín y ojalá logremos un progreso antes de la Cumbre del Este de Asia” [3].

Aunque estas palabras no parecen de ninguna manera beligerantes a primera vista, en china se han interpretado ampliamente como una injerencia estadounidense. Cualquier acción del gobierno de EE.UU. para involucrarse en la disputa territorial del Mar de China Meridional es enérgicamente condenada por Pekín. La dirigencia china ve el respaldo estadounidense a los militares de las Filipinas y de Vietnam, así como el apoyo a Japón en el Mar del Este de China, como parte de un esfuerzo concertado para cercar estratégicamente a China.

El punto de vista de China

Un editorial de periódico Global Times, controlado por el Partido Comunista, con el título “Hillary refuerza la desconfianza entre EE.UU. y China”, da una idea del punto de vista chino con respecto al pivote de EE.UU. hacia Asia:

La mayor “contribución” que ha hecho a la diplomacia de EE.UU, es el “pivote” hacia Asia. Pero aparte de aumentar la desconfianza mutua con China, la acción todavía no ha producido beneficios prácticos a EE.UU. Parece que EE.UU. está tratando de realizar dos objetivos, es decir renovar el vigor económico interior y controlar el ascenso de China, a fin de mantener su hegemonía mundial, que es su objetivo estratégico final. El control del ascenso de China es un objetivo estratégico equivocado de EE.UU. La potencia mayor, a pesar de todas sus ventajas, tiene una fuerza limitada y bastantes tareas espinudas en su diplomacia. Superficialmente, la propuesta de Clinton de contener a China con una diplomacia de “poder inteligente” funciona en el tema del Mar de China Meridional. Pero parece ser simplemente un pequeño truco desde la perspectiva de la estrategia de una superpotencia [4].

China considera que el gobierno de EE.UU. se propone el objetivo irreal de perpetuar una dominación global estadounidense absoluta, incluso en el patio trasero de China. Los esfuerzos diplomáticos de EE.UU. en el Mar de China Meridional son condenados como solo “un pequeño truco” para contener a un rival.

¿Por qué se inquieta tanto el gobierno chino ante una interferencia aparente de EE.UU. en antiguas disputas por pequeñas islas deshabitadas? La respuesta yace primordialmente en el delicado problema de la soberanía.

Desde hace varias décadas China reivindica la mayor parte del Mar de China Meridional como parte integral del territorio chino. Para China, la intervención de EE.UU. en sus disputas con los países vecinos respecto a su territorio representa un ataque directo contra la propia China. Evidentemente es una línea roja para Pekín.

Hay que señalar que no solo Pekín sino también la República de China (ROC) basada en Taiwán, reivindica la soberanía china sobre la región de “la línea nueve puntos” en el Mar de China Meridional. Los nacionalistas chinos en Taiwán y Hong Kong se han pronunciado recientemente a favor de las reivindicaciones chinas de soberanía en la región.

Por cierto, Pekín se podría beneficiar en la escena internacional si tomara una línea más suave en las actuales disputas marítimas. Las disputas territoriales chinas con las Filipinas y con Vietnam ofrecen una oportunidad de que los militares estadounidenses aumenten su presencia en la región. Sin embargo, una posición china más firme es imperativa por motivos políticos internos. Recientes protestas espontáneas en las Islas Diaoyu (Senkaku en japonés) se han salido de control, y productos japoneses, incluidos vehículos policiales, han sido atacadas por turbas indignadas. Mientras Pekín se prepara para el traspaso del poder político a una nueva generación, una posición dura en la protección de la aparente soberanía china en la región marítima es esencial.

Mientras tanto, la fuerte participación de EE.UU. en la disputa del Mar de China Meridional ha ofrecido a la dirigencia china una oportunidad única. Puede haber sido difícil para el gobierno chino presentar a las Filipinas o a Vietnam como terribles amenazas para la soberanía china, pero en cuanto el Tío Sam entró en escena con el “pivote” hacia Asia, la dinámica psicológica del enfrentamiento cambió por completo. Se agregó más presión cuando Japón, aliado de EE.UU. intensificó las tensiones territoriales en el flanco oriental de China. Ahora el gobierno chino puede trasladar la narrativa interior (y hasta cierto punto internacional) del enfrentamiento en el Mar de China Meridional: en lugar de amedrentar a pequeñas potencias, la propia China está amenazada por un matón hegemónico.

Por cierto, a pesar de estas narrativas políticas China no es, de ninguna manera, impotente para contrarrestar la intrusión estadounidense en la región.

Destrucción mutua asegurada

El mes pasado, la televisión estatal china anunció el exitoso ensayo del más reciente misil intercontinental de China, el Dongfeng 41. Esta última serie en la línea Dongfeng (Viento del Este) tiene un alcance máximo de 14.000 kilómetros y es capaz de transportar múltiples ojivas [5]. La antigua política china de ocultar estratégicamente y de limitar sus informaciones sobre capacidades militares implica que las especificaciones de alcance publicadas podrían ser cálculos conservadores. Mientras tanto han aparecido informes sobre progresos de China en el despliegue de submarinos nucleares equipados de misiles.

Esta actualización de las capacidades de misiles estratégicos de China es un factor potencialmente estabilizador en las relaciones chinas-estadounidense. Todo EE.UU. continental está ahora al alcance del armamento nuclear de China. Además, la capacidad de desplegar múltiples ojivas en un solo misil supera efectivamente cualquier sistema moderno de defensa de misiles. China ha logrado un estatus de Destrucción Mutua Asegurada (MAD) con EE.UU. en el evento de una guerra nuclear hecha y derecha. Ahora las apuestas son demasiado elevadas como para que una de las dos potencias busque un conflicto militar.

Ni EE.UU. ni China podrían garantizar que un pequeño choque en Asia-Pacífico no pudiera escalar hacia una guerra real, que por su parte podría escalar hasta un evento a nivel de extinción de la raza humana. Esta peligrosa dinámica es el motivo por el cual el “pivote” de EE.UU. hacia Asia, y los temores chinos de las capacidades agresivas de las fuerzas convencionales de los militares estadounidenses, se basan en una visión del mundo extremadamente obsoleta. Los militares de EE.UU., a pesar de todo su poderío, se han vuelto inútiles ante el arsenal nuclear estratégico de China. La concentración naval estadounidense frente a las costas de China no es mucho más que un “tigre de papel”.

Lo que tendrá lugar es un enfrentamiento mucho más sutil, en el cual cada país apuesta por áreas de influencia, primordialmente por los recursos económicos. A este nivel, China ha realizado un juego mucho más hábil que EE.UU. en la última década. Mientras Pekín se ha concentrado sobre todo en vínculos económicos con otras naciones, Washington ha estado ocupado estableciendo y manteniendo costosas bases militares en todo el globo.

El rendimiento de las inversiones de cada estrategia ha sido obvio. EE.UU. recibe muy poca ventaja estratégica contra China al posicionar fuerzas militares convencionales en la región. El costoso despliegue de varios cientos de marines en Australia, por ejemplo, no tiene prácticamente ningún efecto en la ecuación de la seguridad entre dos potencias capaces de destruir totalmente las principales ciudades del otro en unas pocas horas.

Naturalmente surge la pregunta: ¿por qué insiste EE.UU. en un costoso cerco estratégico de China si las fuerzas militares convencionales no tendrán que utilizarse nunca? Parte de la respuesta yace en una visión obsoleta del mundo, pero un factor motivador más importante es la política interior.

De un modo muy semejante a la manera en que la posición china en el Mar de China Meridional es impuesta en gran parte por la política interior china, de un modo similar la dirigencia estadounidense está obligada a adoptar una línea dura contra Pekín. Ninguno de los dos principales partidos políticos estadounidenses puede permitirse parecer débil frente a China. Las preocupaciones económicas de EE.UU., y el rápido ascenso económico de China, convierten a esta en un fácil chivo expiatorio de la continua crisis de desempleo de EE.UU. y la decadencia global de la influencia estadounidense, que en gran parte es auto-generada.

En resumen, la clase política estadounidense tiene miedo. Después de dominar el globo durante más de 60 años, es probable que EE.UU. sea reemplazado como la superpotencia preeminente del mundo dentro de dos o tres décadas. El Imperio del Medio desafía ya la supremacía económica de EE.UU. en todo el mundo. Incluso las piedras angulares del “pivote” de EE.UU. hacia Asia –Japón, India, Corea del Sur, Indonesia y Australia– tienen mucho más comercio con China que con EE.UU.

Aunque la rivalidad china-estadounidense seguirá siendo un problema serio, las áreas de contención se limitarán a los campos económico, político y cultural. Las apuestas militares son simplemente demasiado elevadas. La adopción de posturas marciales por ambas partes se hace primordialmente para el consumo interior.

Hay señales esperanzadoras del desarrollo de una rivalidad amistosa. En primer lugar, con la excepción de la Guerra de Corea (1950-1953), no existe una larga historia de animosidad política mutua entre las dos potencias. Por cierto, hay una historia bastante prolongada de cooperación contra amenazas externas, como el Imperio de Japón y la Unión Soviética. En segundo lugar, los pueblos de ambos lados se muestran en general mutuamente amistosos.

Desde un punto de vista más concreto, tanto China como EE.UU. se necesitan económicamente. El milagro económico de China se agriaría de un día al otro sin acceso a los mercados estadounidenses. En el futuro previsible, China tendrá que seguir exportando bienes de consumo e importando granos como trigo y soja. Por otra parte, EE.UU. seguirá dependiendo del comercio y de los préstamos chinos para prevenir una crisis económica aún más profunda.

Finalmente, y lo más importante, ambas potencias han llegado a un cierto equilibrio nuclear. EE.UU. podrá tener muchas ojivas nucleares más que China, pero el arsenal chino es más que suficiente para actuar como un disuasivo creíble. Las amenazas militares y la adopción de posturas por ambas partes se producen primordialmente para consumo interior. Por el momento, seguirá habiendo estabilidad en la rivalidad chino-estadounidense. Ninguna de las dos potencias puede amenazar directamente a la otra con medios militares o económicos coercitivos.

El pivote de Washington hacia Asia es un esfuerzo abiertamente militarizado y regionalizado por contener a China. Está condenado al fracaso porque la creciente influencia de China no se limita a Asia-Pacífico, sino que cubre todo el globo. Además, la existencia de armamento nuclear avanzado significa que es probable que la lucha china-estadounidense por la dominación se limite a los campos económico, cultural, y político. Si Washington quiere competir en el Siglo XXI, la dirigencia debe sacarse sus anticuadas anteojeras militares. El pivote de EE.UU. hacia Asia sirve para poco aparte de indignar a una China cada vez más poderosa y unir al pueblo chino contra una aparente amenaza exterior.

La recepción menos que amistosa dada a Clinton en Pekín sirve de advertencia a EE.UU. Una rivalidad amistosa solo es posible si ambas potencias se temen y respetan mutuamente. China ya no escuchará las denuncias estadounidenses respecto a su política exterior o interior sin responder de la misma manera. China tiene ahora la influencia económica y capacidades militares de largo alcance para interactuar con EE.UU. sobre una base de igual a igual.

Notas: 1. Clinton's China Visit Produces No Breakthrough, Time, Sep 5, 2012

2. Clinton says Pacific big enough for China, US, Daily Times, Sep 2, 2012

3. Clinton Applauds Indonesia's Asean role, The Irrawaddy, Sep 4, 2012

4. Hillary reinforces US-China mistrust, Global Times, Sep 4, 2012

5. China tests new generation ICBM capable of carrying 10 nuclear warheads, The Economic Times, Aug 28, 2012

Brendan P O'Reilly es un escritor y educador de Seattle residente en China. Es autor de The Transcendent Harmony

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Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Global_Economy/NI07Dj02.html

rCR

 


Tags: misiles, islas, Mar de China, EEUU, bases militares, Taiwan

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