Mi?rcoles, 25 de septiembre de 2013

No, no, no, estamos viviendo la era de las elucubraciones de cuerdos. Los locos deben ser felices por no ocuparse de la ciencia ficción sino de las crudas realidades que les obligan a vivir en la penuria. Mientras más ilustrado se considera un político enemigo del socialismo más se enreda en la estopa. Los grandes ideólogos que adversaron al marxismo, en tiempo de Marx y Engels o en la época de Lenin y Trotsky, devoraron bibliotecas completas creyendo equivocadamente que podían refutar los argumentos marxistas. Pero ninguno, por mucho rechazo que sintiera por el socialismo, llegó a recurrir a falacias tan absurdas e inconcebibles como los superdotados intelectuales, al servicio del capitalismo, del mundo actual que lanzan al aire chismes, rumores y perogrulladas, sin siquiera detenerse a pensar que los desesperos infundados se devuelven y golpean a la cara de quien los esputa.

                Esos ideólogos de la ciencia ficción y del oscurantismo político e ideológico (unas veces disfrazados de empiristas y otras de racionalistas) vaticinaron que el socialismo es un espejismo peligroso que desemboca en la tiranía y la supresión de las libertades. Allí la mezcla de empirismo y de racionalismo los convierte en pragmáticos. Pero en honor a la verdad tienen algo de razón que debe reconocérsele pero como eso termina siendo una verdad a medias puede resultar, lo más seguro, en una mentira muy desfiguradora de la realidad o de la necesidad y hasta de la casualidad.

                El marxismo no recurre al tapujo, es crudo como la realidad, es sincero y honesto, no engaña a nadie y por eso está hecho de grandes verdades históricas. La transición del capitalismo al socialismo, para los marxistas, se caracteriza por el establecimiento de la dictadura del proletariado. Eso es, ciertamente, tiranía sobre la burguesía y supresión de las libertades a la burguesía pero no a la burguesía en abstracto sino en concreto y, especialmente, en relación con los burgueses que se vuelven contrarrevolucionarios y pretenden derrocar a la Revolución Proletaria o Socialista mediante el uso de la violencia reaccionaria. La dictadura del proletariado precisamente garantiza las libertades a los obreros, a los campesinos, a los marginados, a los pequeños propietarios pero no a los latifundistas y capitalistas que mueven todos sus recursos para derrocar o arrebatarle el poder político a los revolucionarios o socialistas.

La conclusión más “científica” a que llegaron esos grandes ideólogos que se han roto el cerebro día y noche descubriendo las mentiras del marxismo, su espejismo peligroso, su apasionamiento por la tiranía y su excesivo practicismo en negar libertades (aunque no digan concretamente a quiénes pero dejan entender que al pueblo), la sintetizaron de la siguiente manera: el socialismo se funda en el odio a Estados Unidos, en la envidia y en una profunda paranoia. Si no fuese por su elevado nivel de subjetivismo delírium trémens, esa conclusión pudiera ser incluida entre las  grandes maravillas del planeta muy por encima de las pirámides de Egipto.

Socialismo=odio. No lo dijo Marx, lo dijo Hegel, el eminente filósofo idealista e ilustrador de cabezas de la burguesía. Sin odio, hasta ahora, la historia no puede concebirse porque es una fuerza que impulsa la conciencia o el espíritu por alcanzar supremos objetivos históricos. Lo mismo se puede decir del amor. Entonces, decir que el socialismo se fundamenta en el odio execrándole su fundamento del amor, no es más que una falacia y una mentira que busca engañar inocentes para pescar incautos. Ahora, diciendo la pura verdad, comunista que no sienta odio contra el imperialismo estadounidense, no es marxista ni quiere a su mamá. Eso no significa, jamás, que sea odio contra Estados Unidos. Sólo un enfermo decrépito –políticamente hablando- puede sentir odio contra un país o un pueblo. Pero sépase, que los imperialistas sienten desprecio y se burlan de los pueblos. ¿Es mentira? Si no lo creen que lo diga la mayoría de los latinos que vive en Estados Unidos.

Socialismo=envidia. Digamos que la envidia sea un sentimiento de tristeza por desear el bien ajeno o un gran resentimiento obsesionado deseándole el mal a otro por envidiarle su felicidad. Eso no lo vamos a discutir, pero el marxismo no se basa –en ninguna de sus partes- en el deseo del proletariado de poseer lo que tiene la burguesía. No, precisamente, el proletariado no tiene como misión ser dueña de medios de producción ni asirse de poder político para dominar,  someter y explotar a otras clases sociales. Su verdadera misión es la emancipación de sí mismo y de todos los demás explotados y oprimidos por el capitalismo. Eso, eso, no implica ni un ápice de envidia. Egoístas son los burgueses porque unos quieren tener más que otros y por ello, son capaces de cometer cualquier tropelía incluso contra los de su propia clase social.

Socialismo=paranoia. Decir que los socialistas son una sensación de angustia, de sentirse perseguidos por fuerzas incontrolables, sufrir de manía persecutoria, padecer delirium de grandeza, es digno de estudio. Ser humano que no haya sufrido, en algún momento de su vida, de angustia, no sería realmente humano. ¿Será posible creer que una persona que tenga millones y millones de dólares o de euros no sienta angustia por su riqueza en momentos de crisis económica mundial o nacional o que un ser humano, común y corriente, no sienta angustia ante el acaparamiento y especulación que hacen los burgueses de las mercancías de primera necesidad? ¿Será posible dudar de la persecución a que son sometidos los comunistas bajo un régimen nazista o bonapartista? ¿Será posible no reconocer el delirium de grandeza que caracteriza a los gobernantes imperialistas que de paso se consideran dueños del mundo y se toman atribuciones de invadir países cuando les venga en su perra gana? Ahora, los socialistas, para ser tales y merecer ese nombre, deben estar convencidos que sólo el socialismo salva este mundo de una adelantada o apresurada destrucción humana y natural con que le amenaza el capitalismo salvaje. Si eso es delirium de grandeza, bienvenido sea ese delirium. Bueno, también, si eso es paranoia, bienvenida sea la paranoia.

Sin embargo, nadie como el comunismo posee tanto humanismo. Allí está la salvación de este mundo. Que sea más tarde que temprano, es otra cosa, pero la marcha de la Historia se dirige hacia esa dirección y nada ni nadie podrá evitarlo.



Tags: socialismo, envidia, paranoia, odio, amor, burguesía

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