S?bado, 12 de octubre de 2013

La cultura ofende. Califica de inculta a una persona inculta y será tu enemiga hasta la quinta generación. O sexta. Dile inculto a alguien culto y se reirá de ti. No sé quién fue el irracional que dijo que el ser humano es un animal racional. El culteranismo suele discriminar y ofender feo a quienes percibe ajenos a su excluyente gremio. De allí el resentimiento a menudo enérgico y comprensible que desata.


Peor aún, la cultura elitista ha servido para justificar incluso genocidios, como el de estos mismos parajes durante la destrucción de las Indias comenzada tal día como hoy hace 521 años. No hablo, pues, de una pamplina.

Todo complejo, es, sí, complejo, es decir, enmaraña muchos elementos heterogéneos, antagónicos. Por ejemplo, hay gente que odia esa cultura antipática que discrimina y excluye. No tiene razón, equivoca el enemigo. Pero hay que comprenderla también, pues no todo el mundo tiene la madurez de Chávez y Maduro para entender, como Lenin, que la cultura que detentaba la burguesía se vuelve proletaria luego de la revolución, como las fábricas y riquezas expropiadas. Que Gustavo Dudamel no es agente de la CIA porque toca a Ludwig Van. Son conceptos múltiples que la gente simple encuentra difíciles de comprender.


Pero el complejo todavía va más allá. Ahora resulta que tanto oposición como alguna poca gente de la revolución se hermanan en la idea de que Nicolás es un presumido fatuo y no-sé-qué porque se puso a citar a Aristóteles, Enrique Dussel, Luis Beltrán Prieto, Luis Britto García, Mario Briceño Iragorry, Jacques Derrida, la CEPAL, etc. Es una impertinencia, una brejetería, brillante palabra venezolana que significa algo así como entremetimiento, mangoneo, zascandileo, faramallería. Es un automatismo que he oído incluso a personas bastante revolucionarias. Es decir, hay un Maburro como hay un Chaburro (http://j.mp/SVMBbE). La orden imperial es destruir a Nicolás tanto como a Chávez. Lo que consigue es más bien atornillarlos en el corazón popular. No es ni tan malo que nos zahieran tanto.


Porque hay entre gente bolivariana el extravío de que ser intelectual y académico es un vicio burgués. Algo así, hasta donde capto esa ineptitud resentida. No sé para qué entonces la Revolución distribuye millones de libros, computadoras, crea universidades, alumbra a millón y medio de analfabetas, etc.


«Todo buen razonamiento es ofensivo», decía Sartre. Como los argumentos del discurso de Nicolás en la Asamblea Nacional. En lugar de concentrarnos en lo que dijo, nos detenemos en estas necedades. Yo uno más. «Cuando un verdadero genio aparece en el mundo, lo reconoceréis por este signo: todos los necios se conjuran contra él», dijo Jonathan Swift. De ahí sacó John Kennedy O’Toole el título de su novela La conjura de los necios. No hace falta ser genio, basta ser pasaderamente inteligente y hacer razonamientos contundentes para que la necedad se conjure espantada. La inteligencia asusta.


Hablo esto para apartar necedades y comprender que es histórico que un presidente denuncie por primera vez, en el parlamento, a la burguesía parásita y proponga un revolcón cultural para superar la corrupción.
@rhm1947


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Roberto Hernández Montoya

Licenciado en Letras y presunto humorista. Actual presidente del CELARG y moderador del programa "Los Robertos" denominado "Comos Ustedes Pueden Ver" por sus moderadores, el cual se transmite por RNV y VTV.

 [email protected]      @rhm1947

Tags: conjur, inculto, genocidios, generación, Indias, complejo, Maduro

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