Lunes, 23 de diciembre de 2013



Desde el inicio de su explotación comercial, a mediados del siglo XX, la televisión se constituyó en el principal, más extendido, más barato y más popular medio de entretenimiento social: dibujos animados, teleteatros, cine, deportes y espectáculos cómicos y musicales conforman ese universo de utilización del tiempo libre.

Un poco más adelante la TV incursionó en el ámbito informativo, noticioso o periodístico. Y en esta esfera también ha conseguido éxitos indudables.

En esa esfera de la información periodística, al principio la televisión cumplió más o menos con la principal e ineludible tarea de todo medio de comunicación: informar verazmente.

Pero en esta vertiente periodística la TV pronto cayó, rotunda y lamentablemente, en el mayor vicio en el que puede incurrir un medio noticioso: la información falaz, interesada y parcializada, cuando no el franco ocultamiento.

Esta reprobable conducta de la TV ha dado lugar a una frase que ya es del dominio público: “Lo que no sale en la televisión no existe”, lo que implica la negación y el ocultamiento de importantes aspectos de la vida social de México y del orbe.

Se trata de una modalidad moderna de la vieja y odiosa práctica de la censura. Y a esa práctica de la censura le debe la TV su mayor desprestigio y su enorme carencia de credibilidad.

Hoy, en México y en muchos otros países, informarse por la TV es, realmente, desinformarse. Es no saber, realmente, qué pasa en el país y en el planeta.

Y para colmo de males, la TV ha pasado de la censura a la descalificación, al ataque y a la vil calumnia contra no pocos personajes de la vida pública nacional y planetaria.

¿Qué tiene de extraño, en consecuencia que, por ejemplo, la sociedad mexicana ignore la verdad sobre lo que pasa en Venezuela y que sólo haya oído mentiras y sólo haya visto imágenes trucadas y montajes sobre ese gran líder latinoamericano que fue Hugo Chávez?

¿Y qué tiene de extraño asimismo que frente a las contrarreformas económicas, políticas y sociales impulsadas por el gobierno de Enrique Peña Nieto la sociedad ignore los verdaderos alcances y las desgraciadas consecuencias de esas medidas antipopulares, privatizadoras y extranjerizantes?

Frente a la contrarreforma educativa, por ejemplo, la televisión comercial tomó partido por el oficialismo y sin el menor análisis se ha dedicado a descalificar, denostar y calumniar a los maestros que se oponen a los propósitos peñanietistas que buscan hacer de la educación un negocio en manos de empresarios particulares.

Con la contrarreforma petrolera se ha dado el mismo fenómeno de desinformación y ocultamiento sobre los desastrosos efectos que tendrá para los mexicanos la transferencia de la propiedad de los hidrocarburos a empresas privadas, sobre todo extranjeras.

Ajena por completo a su deber informativo, la televisión comercial ha optado sólo por la difusión de las tesis oficiales en un propósito clara y exclusivamente apologético y propagandístico.

 

Esta conducta claramente lesiva para los intereses de la nación se torna realmente monstruosa cuando se reflexiona sobre el hecho de que muchos millones de mexicanos sólo se informan del acontecer nacional e internacional por medio de la televisión.

¿Cómo extrañarse, en consecuencia, de que sólo los sectores sociales bien informados manifiesten decisivamente su oposición a la entrega del petróleo a las corporaciones extranjeras y a los afanes privatizadores en materia educativa?

En el combate ideológico sobre el destino del país, la televisión comercial ha jugado y está jugando un papel muy relevante en favor de los intereses del gran capital y del imperialismo. Esta ha sido su tarea y, lamentablemente, la ha cumplido muy bien.

 

Blog del autor: www.miguelangelferrer-mentor.com.mx


Tags: desinformación, deportes, barato, televisión

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