Viernes, 18 de abril de 2014
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-04-2014


Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

“Rusia… se reconoce ahora como el centro del ‘motín’ global contra la dictadura global de EE.UU. y la UE. Su actitud generalmente pacífica está en contraste directo con los métodos brutales y desestabilizadores utilizados por EE.UU. y la UE… El mundo está despertando a la realidad que actualmente existe, de repente, una fuerte y determinada resistencia al imperialismo occidental. Después de décadas de oscuridad, la esperanza está emergiendo”. (Andre Vltchek, Ukraine: Lies and Realities, CounterPunch).

Rusia no es responsable de la crisis de Ucrania. El Departamento de Estado de EE.UU. organizó el golpe, respaldado por fascistas, que derribó al presidente democráticamente elegido de Ucrania, Viktor Yanukovych, y lo reemplazó por el títere estadounidense Arseniy Yatsenyuk, un exbanquero. Llamados telefónicos hackeados revelan el papel crítico que Washington jugó en la orquestación del golpe y en la selección de sus dirigentes. Vladimir Putin, se piense lo que se piense de su persona, no ha hecho nada para alimentar la violencia y el caos que se han propagado por el país.

El principal interés de Putin en Ucrania es comercial. Un 66% del gas natural que Rusia exporta a la UE transita por Ucrania. El dinero que Rusia obtiene de las ventas de gas ayuda a fortalecer la economía rusa y aumenta los niveles de vida. También ayuda a enriquecer aún más a los oligarcas rusos, tal como en Occidente. A la gente en Europa le gusta el trato porque puede calentar sus casas y negocios a precios basados en el mercado. En otras palabras, es un buen negocio para ambas partes, comprador y vendedor. Es como se supone que debe funcionar el libre mercado. La razón por la cual no funciona de esa manera actualmente es porque EE.UU. lo obstaculizó cuando depuso a Yanukovych. Ahora nadie sabe cuándo las cosas volverán a la normalidad.

El objetivo predominante de la política de EE.UU. en Ucrania es detener la mayor integración económica de Asia y Europa. De ahí proviene realmente todo el escándalo. EE.UU. quiere controlar el flujo de energía de Este a Oeste, quiere establecer una caseta de peaje de facto entre los continentes, quiere asegurar que todos esos negocios se transen en dólares estadounidenses y sean reciclados en bonos del Tesoro de EE.UU., y quiere situarse entre los dos mercados más prósperos del próximo siglo. Cualquiera que tenga incluso el conocimiento más elemental de la política exterior de EE.UU. – particularmente en lo que se refiere al “giro hacia Asia” de Washington – sabe que es así. EE. UU. está determinado a jugar un papel dominante en Eurasia en los años por venir. Causar estragos en Ucrania es una parte central de ese plan.

El teniente coronel en retiro de la Fuerza Aérea alemana, Jochen Scholz, resumió la política de EE.UU. en una carta abierta que apareció en el sitio en la web de la Neue Rheinische Zeitung la semana pasada. Scholz dijo que el objetivo de Washington es “negar a Ucrania un rol como puente entre la Unión Eurasiática y la Unión Europea… Quieren colocar a Ucrania bajo el control de la OTAN” y sabotear las perspectivas para una “zona común económica de Lisboa a Vladivostok.”

¡Bingo! Esa es la política de EE.UU. en pocas palabras. No tiene nada que ver con democracia, soberanía o derechos humanos. Tiene que ver con dinero y poder. Quiénes van a ser los grandes protagonistas en el mayor centro de crecimiento del mundo, es todo lo que importa. Por desgracia para Obama & Cía., EE.UU. se ha quedado atrás respecto a Rusia en la adquisición de los recursos esenciales y la infraestructura de ductos para tener éxito en una competencia semejante. Ha sido superado por Putin y Gazprom en cada ocasión. Mientras Putin ha fortalecido relaciones diplomáticas y económicas, expandido vitales corredores de gasoductos y líneas de tránsito, y superado los numerosos obstáculos colocados en su camino por los cómplices de EE.UU. en la CE, EE.UU. se ha arrastrado de un cenagal al siguiente destruyendo países enteros sin lograr ninguno de sus objetivos económicos.

Por lo tanto ahora EE.UU. ha arrojado por la borda toda su estrategia económica y pasado al Plan B: cambio de régimen. Washington no pudo derrotar a Putin en una lucha justa, por lo tanto ahora se ha sacado los guantes. ¿No es eso lo que realmente está sucediendo? ¿No es el motivo por el cual las ONG estadounidenses y las agencias de inteligencia, y el Departamento de Estado fueron desplegados para lanzar su descuidadamente organizado golpe nazi que ha llevado el país al caos?

Una vez más, Putin no jugó ningún papel en nada de esto. Todo lo que hizo fue honorar la voluntad del pueblo en Crimea que votó abrumadoramente (97%) a favor de reunificarse con la Federación Rusa. Desde un punto de vista puramente pragmático, ¿qué otra alternativa tenían? Después de todo, ¿quiénes en su sano juicio querrían alinearse con la confederación peor administrada económicamente de todos los tiempos? ¿Quiénes no optarían por no participar en un sistema semejante?

Como hemos señalado, el principal objetivo de Putin es ganar dinero. En contraste, EE.UU. quiere dominar la masa continental eurasiática, despedazar Rusia en unidades más pequeñas, no amenazadoras, y controlar el crecimiento de China. Es el plan de juego básico. Asimismo, EE.UU. no quiere ningún competidor, lo que podemos ver en la siguiente declaración de Paul Wolfowitz que se convirtió en la Estrategia Nacional de Defensa de EE.UU.:

“Nuestro primer objetivo es impedir que vuelva a emerger un nuevo rival, sea en el territorio de la antigua Unión Soviética o en alguna otra parte, que plantee una amenaza del tipo que planteó anteriormente la Unión Soviética. Es una consideración dominante que subyace a la nueva estrategia de defensa regional y requiere que nos esforcemos por impedir que alguna potencia hostil domine una región cuyos recursos podrían ser suficientes, bajo control consolidado, para generar una potencia global”.

Esta es la doctrina prevaleciente según la cual vive Washington. Ningún rival. Ninguna competencia. Somos el jefe. Lo que decimos, vale. EE.UU. es Número Uno. ¿Quién no lo sabe todavía? Y Wolfowitz también ha dicho:

“EE.UU. debe mostrar el liderazgo necesario para establecer y proyectar un nuevo orden que sostenga la promesa de convencer a potenciales competidores de que no aspiren a un papel más importante o mantengan una postura más agresiva para proteger sus intereses legítimos. En áreas no relacionadas con la defensa, debemos tener en cuenta suficientemente los intereses de las naciones industriales avanzadas para desalentarlas de cuestionar nuestro liderazgo o tratar de abolir el orden político y económico establecido. Debemos mantener el mecanismo para disuadir a potenciales competidores de llegar a aspirar a un mayor papel regional o global.”

En otras palabras, “ni siquiera penséis en llegar a ser más poderosos u os aplastaremos como una mosca”. Ese es el mensaje, ¿verdad? El motivo por el cual llamamos la atención sobre estas citas no es atacar a Wolfowitz, sino mostrar cómo las cosas no han cambiado bajo Obama; de hecho, se han empeorado. La así llamada Doctrina Bush está en más efecto actualmente que nunca antes y por eso es necesario que nos recuerden sus temas centrales. Las fuerzas armadas de EE.UU. son el vigilante de facto del capitalismo neoliberal, o lo que Wolfowitz llama: “el orden político y económico establecido”. Así es. La declaración suministra una justificación general para las guerras en Iraq, Afganistán, Libia, Siria y ahora Ucrania. EE.UU. puede hacer todo lo que considere necesario para proteger los intereses de sus electores, las corporaciones multinacionales y el gran capital. EE.UU. es dueño del mundo y cualquier otro es solo un visitante. De modo que callaos, y haced lo que se os dice. Ese es el mensaje. Y de nuevo cito a Wolfowitz:

“Seguimos reconociendo que colectivamente las fuerzas convencionales de los Estados que antiguamente formaban la Unión Soviética mantienen el mayor potencial militar de toda Eurasia; y no echamos por la borda los riesgos para la estabilidad en Europa de una reacción nacionalista en Rusia o esfuerzos por reincorporar a Rusia las recientemente independizadas repúblicas de Ucrania, Bielorrusia, y posiblemente otras.”

Wolfowitz consideraba que llegaría el momento en el cual EE.UU. tendría que enfrentar a Moscú a fin de impulsar su estrategia imperial en Asia. Parece que Putin todavía no lo entiende. Todavía se aferra a la noción equivocada de que gente racional encontrará soluciones racionales para terminar la crisis. Pero se equivoca. Washington no quiere una solución pacífica. Washington quiere un enfrentamiento. Washington quiere llevar a Moscú a un conflicto a largo plazo en Ucrania que re-creará Afganistán en los años noventa. Ese es el objetivo, hacer que Putin caiga en la trampa de un cenagal militar que lo desacreditará a los ojos del mundo, aislará Rusia de sus aliados, creará tensión en nuevas alianzas, debilitará la economía rusa, enfrentará tropas rusas con mercenarios armados respaldados por EE.UU. y Operaciones Especiales, destruirá las relaciones rusas con socios de negocios en la UE, y creará una justificación para la intervención de la OTAN seguida por el despliegue de armas nucleares en territorio ucranio. Ese es el plan. ¿Por qué no lo ve Putin?

Putin ha aceptado una reunión esta semana con ministros de Exteriores de EE.UU., la Unión Europea, y Ucrania. Es otro error. Originalmente, Putin se negó a reconocer como legítimo al gobierno del golpe. Ahora ha cambiado de opinión. Ahora aceptó reunirse con sus representantes. Es una victoria para Washington y una derrota para Rusia. El equipo de Obama lo interpretará como una señal de debilidad, lo que es.

Según Al Jazeera: “La reunión incluirá al secretario de Estado de EE.UU., John Kerry, a la jefa de política exterior de la UE, Catherine Ashton, al ministro de Exteriores ruso Sergei Lavrov, y al ministro de Exteriores de Ucrania, Andriy Deshchytsia, dijo la UE el martes. Un portavoz de Ashton dijo que las conversaciones apuntan a “des-escalar” la crisis en Ucrania.”

La reunión no tiene nada que ver con “des-escalar” la crisis. “Es una cabriola de relaciones públicas. Esas conversaciones tienen toda la credibilidad de las conversaciones de paz Israel-Palestina, o sea, ninguna.

No tiene ningún sentido hablar con gente que no quiere paz. Hace que parezca que son sinceros, y no lo son. Obama y Cía. no quieren paz. Quieren cambio de régimen. Quieren debilitar y desmembrar Rusia. Quieren reducir la influencia de Moscú sobre Estados dependientes de energía en Europa interrumpiendo el flujo de gas a través de Ucrania. Y quieren crear una justificación para realizar su agenda imperial, lo que significa que tienen que hacer que Putin parezca ser un agresor peligroso. La represión del gobierno del golpe contra rusos étnicos en Donetsk y Jarkiv podría llevar a una intervención rusa que suministraría la justificación que busca Washington. Por doloroso que sea para Putin ver que ucranios ruso-hablantes son golpeados y tal vez asesinados por matones nazis y mercenarios extranjeros disfrazados de Fuerzas de Seguridad ucranias, debiera evitar enviar sus tropas. Es una trampa.

Actualmente, la moneda de Ucrania cae en picada, sus deudas y déficits aumentan, y su economía está quebrada y se acerca al default. El FMI ha prometido suministrar un paquete de préstamos de 27.000 millones de dólares que serían utilizados para pagar a grandes bancos y dueños de bonos en Berlín y Salzburgo, pero que no hará nada para sacar a la economía de la inactividad. Nada del dinero de los préstamos del FMI será utilizado para pagar los 2.200 millones de dólares en cuentas no pagadas de gas a Gazprom o para compensar a Rusia por los más de 34.400 millones de dólares en subsidios que Moscú ha suministrado a su vecino enfermo en los últimos años. Primero vienen los dueños de bonos.

Según World Socialist Web Site: “Las ‘duras’ medidas requeridas por el FMI a cambio de un préstamo de 27.000 millones de dólares ya son aclaradas por un aumento de 120% en los precios del gas y la calefacción, el recorte de prestaciones sociales, incluyendo la asistencia médica, y el cierre de varios hospitales”.

Naturalmente, las condiciones del FMI incluirán más privatización de activos y servicios públicos, más recortes de pensiones y salarios, más “flexibilización” de las protecciones laborales, y más desguace de la economía. La economía de Ucrania indudablemente caerá en la misma severa depresión experimentada en todas partes donde esas políticas fracasadas han sido implementadas. Al mismo tiempo, voraces bancos de inversión y especuladores con capital privado obtendrán miles de millones de dólares mediante el saqueo del angustiado y vulnerable país.

Los medios estadounidenses han convertido en una gran noticia el hecho de que “Putin ha amenazado con cortar el gas a Ucrania”. Aunque la afirmación es ciertamente verdad, no hemos visto titulares semejantes sobre productores de energía en EE.UU. que cortan el combustible a familias estadounidenses que carecen del dinero para pagar su cuenta de gas y que han “sido abandonadas congelándose en la oscuridad”. Tampoco hemos visto una cobertura semejante sobre los 7 millones de estadounidenses que fueron arrancados de sus casas como parte de una estafa de lavado de hipotecas que fue fraguada por corruptos banqueros de Wall Street. En realidad, Putin está buscando una manera de no cortar el gas y ha pedido la ayuda al respecto a dirigentes de EE.UU. y de la UE. La semana pasada dijo:

“Rusia está dispuesta a participar en el esfuerzo por estabilizar y restaurar la economía de Ucrania. Sin embargo, no de manera unilateral, sino con condiciones iguales con nuestros socios europeos. También es esencial tomar en cuenta las inversiones, contribuciones y gastos reales que Rusia ha soportado por sí sola durante tanto tiempo en el apoyo a Ucrania. Tal como lo vemos, solo un enfoque semejante sería justo y equilibrado, y solo un enfoque semejante puede conducir al éxito.”

Evidentemente, Putin no quiere seguir cargando por sí solo la cuenta, motivo por el cual hizo la declaración. El nuevo gobierno golpista ha incumplido repetidamente los plazos para el pago de sus suministros de gas. Hay quienes creen que ha deliberadamente dejado de pagar para que Putin corte el gas exponiéndose así a duras críticas en los medios occidentales. Es imposible saber si es verdad o no, pero hasta ahora, Washington ha tenido poco éxito en la venta de la idea de que Putin es “el nuevo Hitler”. EE.UU. sigue siendo visto como el país que plantea la mayor amenaza para la paz en el mundo, mientras el presidente ruso es ampliamente admirado como un dirigente sobrio y comedido. Sin embargo, eso podría cambiar rápidamente si Putin envía tropas para defender a manifestantes en Donetsk y Lugansk. Aún así, el ministro de Exteriores ruso Sergei Lavrov advirtió al secretario de Estado de EE.UU. John Kerry el domingo que si el gobierno golpista utiliza la fuerza contra los manifestantes que se han apoderado de edificios gubernamentales, Rusia no participará en la futura reunión de las cuatro partes sobre la crisis. Lavrov agregó que “la aguda crisis política en Ucrania en general y en sus regiones sudorientales en particular fue causada por el hecho que las actuales autoridades en Kiev no han tomado en cuenta las legítimas necesidades e intereses de la población rusa y ruso-hablante”.

El domingo, el presidente impostor ucranio Oleksandr Turchynov anunció un plan para lanzar una “operación antiterrorista en gran escala” en Donetsk y Lugansk para evitar que “se repita el escenario crimeo en el este de Ucrania”. La operación incluirá “fuerzas militares, fuerzas antiterroristas y de mantenimiento del orden de Ucrania”, y ha sido programada para comenzar a las 9 AM de ayer.

Es obvio que Turchynov está tratando de hacer que Rusia caiga en la trampa de un enfrentamiento, y es obvio que el presidente no habría aprobado la represión sin recibir luz verde de Washington.

Putin no permitirá que personas ruso-hablantes sean muertas en Ucrania, esa es la línea roja que el gobierno de la junta no debe cruzar si quiere evitar un enfrentamiento con Rusia. Por desgracia, Washington quiere que Rusia invada para poder poner en acción su “guerra por encargo”.

 

Mike Whitney vive en el Estado de Washington. Contribuyó a Hopeless: Barack Obama and the Politics of Illusion (AK Press). Hopeless también existe en una edición Kindle. Contacto: [email protected]

Fuente: http://www.counterpunch.org/2014/04/15/is-putin-being-lured-into-a-trap/  




Tags: juego, trampa, Ucrania, Putin, Rusia, dictadura, global

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