S?bado, 09 de agosto de 2014
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Truthout

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Cuando EE.UU. lanzó dos bombas atómicas en Japón hace 69 años, las sombras de siluetas carbonizadas grabadas en las ruinas de ciudades arrasadas marcaron indeleblemente las armas nucleares como instrumentos de guerra prohibidos. La carnicería indiscriminada realizada en Hiroshima por “Little Boy” (calculada en 15 kilotones) y Nagasaki por “Fat Man” (calculada en 20 kilotones) no ha sido repetida, hasta ahora.

 

Pero siete décadas después, EE.UU. sigue dedicándose a bombas nucleares más precisas, de “menor rendimiento”. A pesar del discurso del presidente Obama en Praga en 2009 en el que declaró “claramente y con convicción el compromiso de EE.UU. de buscar la paz y seguridad de un mundo sin armas nucleares”, EE.UU. planifica el gasto de cientos de miles de millones de dólares en la renovación, modernización y “programas de extensión de la duración” (LEP) de sus propias armas nucleares.

 

William Hartung, director del Proyecto de Armas y Seguridad en el Centro de Política Internacional, advierte que muchas de las actuales armas nucleares son mucho más poderosas que las utilizadas contra Japón. Califica de “lógica peligrosa” la idea de modificar el diseño de armas que puedan ser “ajustadas hacia arriba o hacia abajo” para aumentar o disminuir su rendimiento explosivo.

 

En una era de austeridad y recortes cuando incluso el Pentágono está siendo obligado a hacer recortes que otrora eran considerados inimaginables, el Congreso, con el apoyo del Departamento de Energía (DOE) ha aprobado financiamiento para el LEP de una de las armas nucleares más antiguas y fiables de EE.UU.: la bomba de gravedad B61.

 

Construida por primera vez en 1963, la B61 ha sido llamada la “esencial y básica” del Laboratorio Nacional de Los Alamos. La más reciente encarnación de la bomba, B61-12, será una versión de rendimiento variable, guiada con precisión, de una de las bombas más numerosas en el arsenal estadounidense.

 

Con un nuevo diseño de kit de cola y más precisión que costó 1.800 millones de dólares, se espera que la B61-12 “ponga en riesgo” objetivos que actualmente requieren un mayor rendimiento para ser destruidos. La B61-12 permitirá que los militares eliminen progresivamente otros cinco tipos de bombas nucleares de gravedad, incluyendo una bomba de penetración (“revienta búnkeres&rdquoGui?o B61-11 y la bomba de alto rendimiento B83.

 

La B61-12 tendrá cuatro rendimientos variables: 0,3kt (kilotón), 1,5kt., 10kt. y 50kt.

 

Con una longitud de solo 3,6 metros, un diámetro de 33 centímetros y un peso de unos 317,5 kilos, la B61-12 es suficientemente pequeña para caber en la parte trasera de un todo terreno – algo que se podría perder fácilmente.

 

Vale su peso en oro

 

Dos investigadores de la Federación de Científicos Estadounidenses (FAS), Robert Norris y Hans Kristensen, han escrito extensivamente sobre la familia B61 de bombas nucleares. En su informe para el Bulletin of Atomic Scientists, detallan la historia de la bomba y su propuesto futuro así como sus extraordinarios costes.

 

Norris y Kristensen escriben que el programa B61-12 fue calculado originalmente a 4.000 millones de dólares, un coste que se duplicó en solo dos años y ahora ha excedido 10.000 millones. Señalan que cada B61-12 costará más que su propio peso en oro sólido, convirtiéndola en la bomba nuclear de gravedad más costosa jamás construida.

 

La B1 no es la única arma nuclear estadounidense que está siendo modernizada. Kristensen, director del Proyecto de Información Nuclear de la FAS, explica que según un plan de 25 años promovido por el gobierno de Obama, cuatro diferentes ojivas de la serie W – las

W78, W80, W87 y W88 – serán rediseñadas para obtener más flexibilidad.

 

Según un informe de la Oficina del Presupuesto del Congreso en 2013, los planes de EE.UU. para mantener y modernizar las armas nucleares costarán 355 mil millones de dólares entre 2014 y 2023. Sugiere que los costes anuales aumentarán probablemente después que la producción de sistemas de reemplazo comience en 2023. El Centro para Integridad Pública informa que gastos adicionales relacionados aumentarán los costes totales a cerca de 570 mil millones de dólares durante la próxima década, una cifra que podría llegar a 1 billón [millón de millones] durante los próximos 30 años.

 

¿En función del mejor interés de quién?

 

¿Quién se beneficiará con los programas de extensión de la vida, gestión del arsenal y otras modificaciones del arsenal nuclear de EE.UU.?

 

El LEP critica a la Administración Nacional de Seguridad Nuclear (NNSA), que recibe cerca de 7.000 millones de dólares por año para mantener y mejorar armas e infraestructuras nucleares.

 

También están abocados a beneficiarse los laboratorios de armas nucleares, específicamente Sandia (filial al 100% de Lockheed Martin) y Los Alamos National Laboratories, que supervisan el diseño, producción y pruebas de B61-12.

 

William Hartung dice que los laboratorios nucleares buscan permanentemente nuevas ideas y posibilidades para armas nucleares. Lo llama un “programa a empleo completo para científicos nucleares”. Hartung dice que Lockheed Martin "le saca dos bocados a la manzana" porque diseña y construye el cazabombardero Lightning F 35A, que será modificado para transportar la B61-12, así como el F-15E (McDonnell Douglas), F-16 (General Dynamics), B-2A (Northrop Grumman), B-52H (Boeing), Tornado (Panavia Aircraft) y futuros bombarderos de largo alcance.

 

Adhesivo nuclear

 

Excluyendo misiles basados en submarinos, la B61 es la única arma nuclear de EE.UU. desplegada actualmente en el exterior. EE.UU. tiene cerca de 180 B61 en seis bases en cinco países de la OTAN – Bélgica, Alemania, Italia, Holanda y Turquía. Esas armas nucleares forman parte de lo que muchos llaman el “adhesivo” que une a la OTAN.

 

“La gente dice ‘350.000 millones de dólares para modernización’ pero no estamos

modernizando, estamos sustentando”.

 

Uno de los más firmes partidarios de que se mantengan armas nucleares estadounidenses en Europa es Dr. Keith Payne, presidente del Instituto Nacional para Política Pública. Encarnizadamente opuesto a la reducción de fuerzas nucleares de EE.UU., Payne advirtió en 2012 que la reducción del arsenal nuclear “de aproximadamente 5.000 armas nucleares a 900 haría a EE.UU. vulnerable a sus oponentes”.

 

En 1980, Payne fue coautor de un artículo para Foreign Policy titulado "Victory is Possible," cuyo contenido llevó a un periodista a llamar a Payne “El Dr. Strangelove de Rumsfeld”.

 

El doctor Payne se negó a ser entrevistado para este artículo.

 

Más barato que comida para mascotas

 

Michaela Dodge, analista de política de defensa de Heritage Foundation, argumenta que programas como la B61-12 no tienen que ver con la modernización de armas nucleares. De hecho, dice “EE.UU. es el único Estado con armas nucleares que no está modernizando sus armas nucleares”.

 

“Lo que estamos haciendo actualmente es mantener armas que hemos tenido desde la década de los 80 y que no hemos ensayado con ningún experimento que produzca rendimiento [explosión nuclear] durante 20 años… Es algo sin precedentes”, dice Dodge.

 

“Hay quien dice ‘350.000 millones de dólares para modernización’, pero no estamos modernizando, estamos sustentando”. Según Dodge, el arsenal nuclear de EE.UU. es “fundamentalmente una fuerza para el bien”.

 

Dodge dice que la comunidad del control de armas presenta de forma sesgada las cifras combinando los sistemas nucleares y no nucleares. El coste es relativo dice, agregando: “Los estadounidenses gastan 60.000 millones de dólares al año en comida para mascotas”.

También sugiere que los estadounidenses gastan más en golosinas para Halloween que en la modernización de armas nucleares.

 

“Sí, cuesta”, dice. “Pero en comparación con otros elementos de nuestros gastos –nuestras asignaciones– y lo que obtenemos en cambio, pienso que en realidad no es tanto”.

 

Una fuerza para el bien

 

Según Dodge, el arsenal nuclear de EE.UU. es “fundamentalmente una fuerza para el bien”. En sus palabras: “Es una fuerza que nos protege contra un ataque estratégico en gran escala; asegura a nuestros aliados; impide más proliferación, y no hemos tenido una gran guerra convencional de la escala de la primera o segunda Guerra Mundial desde el invento de las armas nucleares”.

 

Pero a Dodge le preocupa que los ensayos nucleares simulados en ordenador sean inadecuados para verificar la funcionalidad de armas nucleares existentes. En su lugar, Dodge dice que debiera permitirse experimentos en pequeña escala de “muy bajo rendimiento”.

 

“Podría ser hecho en una pieza del tamaño de un apartamento para ayudar a comprender… la física del envejecimiento de armas nucleares”, dice.

 

“No es muy difícil conceptualmente ingeniárselas para construir una bomba nuclear. Después de todo, come-hierbas norcoreanos hacen armas nucleares”, dice Dodge, quien define que una “bomba nuclear segura” es la que “nunca detona a menos que sea a través de una cadena de comando adecuada”.

 

No importa que se considere que las modificaciones de EE.UU. sean “actualizaciones”, “modernización” o “sustentación”, los objetivos son los mismos: hacer que las armas nucleares existentes sean más flexibles, más exactas y produzcan un menor rendimiento, permitiendo que los militares reduzcan la cantidad de sistemas de armas.

 

Mientras algunos arguyen que esto refuerza la credibilidad del disuasivo nuclear de EE.UU., otros como Kristensen y Hartung, dicen que estos cambios hacen que las armas sean más fáciles de usar – por lo menos desde una perspectiva militar, si no política.

 

Hartung señala que en combinación con armas nucleares rediseñadas, la construcción de una nueva instalación de plutonio, una nueva instalación de producción de uranio y una planta para fabricar partes no nucleares significan que toda la infraestructura de ojivas nucleares coloca a EE.UU. por delante en caso de una nueva o acelerada carrera armamentista.

 

“La política provinciana y el interminable deseo del sacerdocio nuclear de concebir nuevas ideas sobre armas nucleares está superando el sentido común y las consideraciones de control de armas”, dice Hartung. En breve, envía el mensaje equivocado.

 

El mensaje

 

¿Y cuál es el mensaje enviado a otras naciones cuando EE.UU. invierte cientos de miles de millones de dólares para modernizar sus propias armas nucleares?

 

Joseph Gerson, director del Programa de Paz y Seguridad Económica del Comité Estadounidense del Servicio de los Amigos (AFSC) y desde hace mucho tiempo activista por el desarme nuclear, dice que LEP y modernización de armas nucleares, junto con el despliegue de un avión caza stealth F-35 con capacidad nuclear, probablemente reforzarán a los partidarios de una línea dura en Rusia y efectivamente disminuirán la seguridad de EE.UU. Un F-35 con capacidad nuclear sigue siendo controvertido, incluso entre personalidades militares que apoyan la modernización de la B61-12.

 

La modernización del arsenal nuclear de EE.UU. también es problemática desde el punto de vista de Irán, que ha sido amenazado por EE.UU. con sus bombas durante décadas.

 

Reza Marashi, director de investigación del Consejo Nacional Iraní Estadounidense, dice que desde la perspectiva del gobierno iraní, los esfuerzos de modernización de armas nucleares por EE.UU. ilustran un doble rasero.

 

“EE.UU. debería recordar que es una tarea difícil decir a otros países, ‘haced lo que digo, no lo que hago’”, escribió Marashi en un correo electrónico.

 

“Es exactamente lo contrario de lo que [EE.UU.] debiera estar haciendo si desea convencer a otros países de que no construyan sus propias bombas nucleares”.

 

Hartung dice que en vista de lo que pueden hacer las armas nucleares, “nadie es realmente suficientemente responsable para poseer una gran cantidad en vista de la posibilidad de un accidente, de que a un dirigente se le zafe un tornillo o de que sea llevado a una crisis… y algún idiota termine por tratar de utilizar una de esas cosas.”

 

Como EE.UU. aprovecha su propia superioridad técnica y rediseña sus propias armas nucleares y amenaza con atacar a cualquiera que no se ajuste a la línea de ese país, Hartung cree que esto hará más probable que otros países quieran armas nucleares.

 

“Es exactamente lo contrario de lo que [EE.UU.] debiera estar haciendo si quiere convencer a otros países de que no construyan sus propias bombas nucleares”, dice Hartung.

 

Uno de los desafíos para comprender las armas nucleares de EE.UU. es simplemente comprender lo que está ocurriendo, tanto en el Congreso y en el público en general.

 

Mucha gente asocia las armas nucleares con la era de la Guerra Fría, y algunos, particularmente los más jóvenes, se sorprenden de que todavía existan. El Instituto Internacional de Investigación de la Paz calcula que unas 16.300 ojivas nucleares –4.000 de ellas operacionales– están en manos de nueve Estados nucleares. De ellas, más de 90% son rusas y estadounidenses.

 

Gerson, de AFSC califica de “absurdo” el argumento de que la modernización es esencial para la “seguridad” de las armas nucleares.

 

“Volvamos a realidades fundamentales. Ahora sabemos que si hubiera un intercambio de solo unas 50 armas nucleares… terminaríamos con la hambruna global. Son armas que no deberían existir”, dice Geson, calificándolas de “la violación más fundamental de derechos humanos básicos”.

 

“Decidme cómo el gasto de miles de millones de dólares en un arma nuclear mejorada es compatible con la creación de un mundo sin armas nucleares”, pregunta.

 

“De cierto modo dejamos de pensar en la política de armas nucleares y estrategia después del fin de la Guerra Fría. Es muy desafortunado.”

 

Todos los entrevistados para este artículo estuvieron de acuerdo en que cada vez es más difícil atraer la atención del público a las armas nucleares. Desde un concepto erróneo de que las armas nucleares fueron estrictamente un “problema de la Guerra Fría” a la competencia de otros problemas urgentes, gran parte del público estadounidense actual está desconectado del tema.

 

Gerson dice que la generación crecida entre 1983 y hoy “ignora tristemente estos peligros”, y agrega: “Uno de los grandes desafíos que enfrentamos es encontrar caminos para educar a la gente y hacer sonar la alarma”. Hay acuerdo general al respecto entre oponentes y proponentes de las armas nucleares. “De cierto modo dejamos de pensar en la política de armas nucleares y la estrategia después del fin de la Guerra Fría. Es muy desafortunado”, dice Michaela Dodge de la Heritage Foundation.

 

Incluso el Secretario de Defensa Chuck Hagel se quejó recientemente de que los militares estadounidenses “no están prestando suficiente atención” a la misión nuclear y llamó a que se fortalezca la “empresa nuclear”.

 

¿Supervisión? ¿Qué supervisión?

 

Considerando el potencial para un desastre sin precedente resultante de la pérdida, robo, uso abusivo, u otro accidente nuclear, y los extraordinarios costes asociados, se podría pensar que tendrían una supervisión a toda prueba.

 

Sin embargo, solo en la última década ha habido una serie de incidentes publicados que involucraban armas nucleares en Montana, Wyoming, Dakota del Norte, Carolina del Norte, Tennessee, Luisiana y en ultramar. Un autor dijo que supervisar el arsenal nuclear de EE.UU. se “hace negligente”.

 

Una seria ausencia del entendimiento de las armas nucleares se extiende al Congreso, dice Kristensen de FAS. “Puedo decirle gracias a experiencia de primera mano que la cantidad de personal y de miembros del Congreso actual que no tienen la menor idea al respecto, forma un grupo muy, muy pequeño, y está disminuyendo”.

 

Aunque el Comité de Servicios Armados del Congreso tiene subcomités encargados de la supervisión del arsenal nuclear de EE.UU., Kristensen dice que la mayoría del Congreso no tiene conocimientos personales de los temas de armas nucleares y ningún interés excepto cuando se trata de cuestiones de coste.

 

Kristensen advierte que sin educación y conocimiento básico, es probable que el personal del Congreso se encuentre ante lobistas de los contratistas de la defensa que insisten en la importancia de nuevos sistemas de armas y no tenga ningún contexto o manera de formular preguntas bien informadas.

 

En 2013 la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de EE.UU. (GAO) suministró testimonio escrito sobre los esfuerzos de supervisión de DOE/NNSA relacionados específicamente con la modernización de armas nucleares. La GAO citó procedimientos de seguridad defectuosos, “continuos problemas de seguridad” y excesos de costes sextuplicados.

 

La nueva matemática (nuclear)

 

Mientras el gobierno de Obama, el Congreso, los laboratorios nucleares y contratistas de la defensa y NNSA avanzan con planes para modernizar y extender la vida de una de las bombas nucleares de gravedad más viejas y ahora más costosas, Kristensen dice que una preocupación inmediata para los estadounidenses es: “¿Queréis gastar una semejante cantidad de dinero en esto cuando vuestros hijos ni siquiera pueden obtener un almuerzo en la escuela?”

 

“¿Es justo”?, pregunta, “¿gastar más de 10.000 millones de dólares en menos de 500 bombas de gravedad cuando tenemos un enorme poder de fuego –tanto nuclear como convencional– a todos los otros niveles?”

 

En última instancia, Kristensen no piensa que la B61-12 aumentará la seguridad de EE.UU.

 

Recordando el discurso de Obama en Praga, Kristensen señala que esa discusión de “profundos recortes y la eventual eliminación de armas nucleares” fue solo la mitad del mensaje del presidente. En la otra mitad, Obama dijo: “No os equivoquéis: Mientras esas armas existan EE.UU. mantendrá un arsenal seguro y efectivo para disuadir a cualquier adversario, y garantizar esa defensa a nuestros aliados…”

 

Esta es la “nueva matemática nuclear” – la idea de que la mejora de la diversidad y precisión de un sistema de arma nuclear (B61) y agregarlo a múltiples sistemas de lanzamiento permitirá que EE.UU. retire o elimine progresivamente otras bombas y pretenderá estar reduciendo el arsenal en general. Al mismo tiempo, la Fuerza Aérea de EE.UU. se aferra a sus planes a largo plazo para asegurar que siga “capaz en lo nuclear” cuando vuestros nietos aún por nacer lleguen a la madurez.

 

“Argumentan de esta manera irónica”, dice Kristensen, “que el camino a la reducción del arsenal es realmente construir un arma”.

 

Copyright, Truthout.

 

 

Jon Letman es un periodista independiente en Kauai. Escribe sobre política, la gente y el entorno en la región Asia-Pacífico. Está en Twitter @jonletman.

 

 

 

 

 

Fuente: http://www.truth-out.org/news/item/25312-the-cost-of-teaching-an-old-nuclear-weapons-new-tricks

 


Tags: trucos, nuclear, siluetas, armas, Nagasaki

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